De cómo los prejuicios sexistas oscurecen las más lúcidas mentes pensantes


marzo 20, 20150

Artículo original:

http://antropomaster.blogariak.net/2015/03/18/el-sexismo-cientifico-en-la-europa-decimononica/

El sexismo «científico» en la Europa decimonónica

http://mujeresconciencia.com/2015/03/09/el-sexismo-cientifico-en-la-europa-decimononica/

Lo que conocemos como femenino en el patriarcado no es lo que las mujeres son o han sido, sino lo que los hombres han construido para ellas.

Luce Irigaray

Las ciencias biológicas, sobre todo en la segunda mitad del XIX, experimentaron un gran auge gracias a novedosos descubrimientos y fructíferas investigaciones que en el siguiente siglo darían a la disciplina una gran relevancia.

Los naturalistas varones europeos, sin embargo, se otorgaron a sí mismos la autoridad para hacer ciencia y con ello esparcieron sus prejuicios por toda la sociedad. Apoyados en premisas que sostenían que las desigualdades entre los sexos eran exclusivamente debidas a causas naturales, y por ello inalterables, aprovecharon el prestigio de la ciencia moderna para potenciar un sexismo científicoque permitió que variopintas intuiciones e ideas preconcebidas introdujeran errores subjetivos en métodos revestidos de una supuesta objetividad.

En la Inglaterra victoriana, uno de los personajes que más hincapié hizo en desarrollar múltiples argumentos con el fin de justificar la diferencia entre los sexos y abordar la cuestión de la inferioridad femenina en términos evolutivos fue el filósofo Herbert Spencer (1820-1903). Este autor puso el acento en el conocido, y por entonces ampliamente admitido, argumento de que los atributos intelectuales no son necesarios para la función reproductora de las mujeres y por tanto apenas se desarrollaron en el curso de la evolución.

Sostenía Spencer, además, que el intelecto femenino tampoco debía estimularse porque en ese caso las funciones maternales se irían deteriorando, y terminarían por provocar una degeneración de la especie con la pérdida de gran parte de sus más altos logros evolutivos. La medicina de la época corroboraba esta creencia, pues los médicos defendían que la naturaleza femenina, su fisiología y anatomía, se resentirían radicalmente si la mujer ejercía una función que no fuese la reproductora. Eltándem supuestamente científico estaba logrado.

Fuera de Gran Bretaña, la biología evolutiva encontró notable acogida en Alemania, donde se impuso de modo casi general gracias a un defensor muy singular, Ernst Haeckel (1834-1919). Era éste un médico dedicado a la biología por vocación, en concreto a la zoología, notablemente carismático y muy popular como divulgador de la evolución biológica. Se lo ha acusado, sin embargo, de ser más darwinista que el propio Darwin, dada la radicalidad de las conclusiones que fue capaz de extraer de la nueva teoría.

Una de las contribuciones que más suele destacarse de la obra de Haeckel es la llamada ley biogenética fundamental, que señalaba esencialmente que las fases o estadios por los que pasa un organismo durante su desarrollo embrionario representan las principales etapas de la evolución de su especie. Al observar el desarrollo de un ser vivo a partir del óvulo fecundado podría, por lo tanto, verse su pasado evolutivo en miniatura o concentrado.

La ley biogenética contenía, sin embargo, una importante carga de discriminación ya que aportó una de las principales argumentaciones «científicas» del arsenal sexista. Suponía que el desarrollo embrionario de las mujeres, aunque repetía su propia historia evolutiva, era incompleto porque se acababa en la etapa infantil. Pretendía así demostrar la inferioridad del sexo femenino: su anatomía, más juvenil que la de los hombres, quedaba reflejada, según Haeckel, en el incompleto desarrollo embrionario que, por supuesto, él y sus seguidores eran capaces de detectar bajo el microscopio sin el menor atisbo de duda.

La Francia decimonónica también quiso contribuir a consolidar «científicamente» la posición secundaria de las mujeres. La naciente antropología, que se constituyó como disciplina independiente impulsada por la teoría darwiniana, optó por usar infinidad de datos numéricos supuestamente objetivos, procedentes de medir las distintas partes del cuerpo humano, para evidenciar que la superioridad masculina era una «realidad científica demostrable». Los criterios sexistas se tradujeron entonces en una obsesión por contar, pesar y medir con el fin de estigmatizar a las mujeres y delimitar cuál debía ser su papel en la sociedad.

Las medidas del tamaño del cerebro y su relación directa con la capacidad intelectual fueron, sobre todo, las que más hondamente calaron. Un cerebro más grande significaba, en opinión de los especialistas, un nivel mayor de inteligencia; y dado que los hombres (que eran quienes realizaban las mediciones e inventaban los aparatos para llevarlas a cabo) tenían los cráneos de mayor tamaño, no cabía duda de que ocupaban la cúspide de la jerarquía humana. Los números no hacían sino confirmar la posición marginal y subordinada de las mujeres.

Este tipo de estudios alcanzaron su cima con la destacada figura del brillante médico y antropólogo francés Paul Broca (1824-1880). Sus contribuciones en el campo de las neurociencias fueron muy valiosas y lo convirtieron un prestigioso científico. En 1859 fundó la célebre Sociedad de Antropologíaen París que abrió sus puertas a los postulados evolucionistas que llegaban desde Inglaterra.

Diversos miembros de esta sociedad llevaron a cabo una extensa investigación con el fin de constatar con la mayor exactitud posible la relación existente entre el tamaño del cerebro y la inteligencia. Su trabajo, aunque altamente sesgado en lo que respecta al sexo, tenía una apariencia irreprochable; las medidas parecían tomadas con la mayor precisión y meticulosidad posibles, y las cifras proporcionadas resultaban incuestionables. La metodología seguida, sin embargo, demasiado a menudo sólo ofrecía resultados favorables a sus prejuicios apriorísticos.

Paul Broca, aunque sabía que parte de la diferencia de volumen del cerebro entre hombres y mujeres podía atribuirse a la mayor talla física de los varones, y pese a su considerable capacidad como investigador, no tuvo en cuenta el efecto del tamaño del cuerpo en relación al del cerebro. Partiendo de una premisa que en realidad deberían verificar las pruebas, razonaba: «Podemos preguntarnos si el pequeño tamaño del cerebro femenino depende exclusivamente del pequeño tamaño de su cuerpo […]. Pero no debemos olvidar que las mujeres son, por regla general, un poco menos inteligentes que los hombres, una diferencia que no hay que exagerar pero que es, no obstante, real. Por lo tanto, nos está permitido suponer que el tamaño relativamente pequeño del cerebro de la mujer depende en parte de su inferioridad física y en parte de su inferioridad intelectual.» Este hecho, argumentaba el científico, puede que refuerce un prejuicio común existente en la sociedad de los hombres, pero también es una verdad científica.

Los sucesores de Broca exageraron los resultados del maestro. Así, un importante miembro de la escuela antropológica parisina, G. Le Bon, publicaba en 1879, en una conocida revista francesa, un trabajo donde atacaba a las mujeres de una manera vergonzosa. Terminaba su artículo afirmando: «En las razas más inteligentes […], existe un gran número de mujeres cuyos cerebros son de un tamaño más próximo al de los gorilas que al de los cerebros más desarrollados de los varones. Esta inferioridad es tan obvia que nadie puede discutirla ni siquiera por un momento; tan sólo su grado es digno de discusión. Los psicólogos que han estudiado la inteligencia de las mujeres […] reconocen que ellas representan las formas más inferiores de la evolución humana y que están más próximas a los niños y a los salvajes que al hombre adulto civilizado […]. Sin duda, existen algunas mujeres distinguidas, muy superiores al hombre medio, pero resultan tan excepcionales como el nacimiento de cualquier monstruosidad […]; por consiguiente, podemos olvidarlas por completo.»

Afortunadamente, en la escuela de Broca también hubo algunos autores, aunque los menos, que se atrevieron a rechazar la supuesta inferioridad de la mujer y los razonamientos esgrimidos para sostenerla. Cabe por ejemplo recordar un párrafo escrito por L. Manouvrier: «[Los] números caían sobre las pobres mujeres como un martillo pilón e iban acompañados de comentarios y sarcasmos más feroces que las más feroces imprecaciones misóginas de ciertos padres de la Iglesia. Los teólogos se habían preguntado si las mujeres tenían alma. Varios siglos más tarde, algunos científicos estaban dispuestos a negarles la inteligencia humana.»

España puso también su granito de arena. Los escasos autores del XIX que aceptaron y defendieron la teoría darwiniana no dudaron en aprovecharla para dejar claro que la evolución, desde los primeros momentos, marcó y acentuó las diferencias entre hombres y mujeres. Se sumaron sin rubores a la ideología dominante: ellas, tanto por su físico como por su inteligencia, representaban de manera natural un estadio inferior de la evolución humana. Como ha apuntado la profesora de filosofía Amparo Gómez (2004), «en el evolucionismo, la naturalización de la inferioridad de las mujeres encontró firme apoyo».

No obstante, en la España de aquel siglo una mujer, la gallega Concepción Arenal (1820-1893), llevó a cabo una valiente defensa de la dignidad de las mujeres. Esta lúcida jurista, socióloga y pedagoga, negó con firmeza que la supuesta inferioridad femenina fuese debida a causas biológicas. La tesis de Concepción Arenal, publicada en su obra La mujer del porvenir (1868), se basaba en la educación de las mujeres como elemento fundamental para su emancipación. En palabras de la propia autora: «Ni el estudio de la fisiología del cerebro ni la observación de lo que pasa en el mundo, autorizan para afirmar resueltamente que la inferioridad intelectual de la mujer sea orgánica», esta extraordinaria estudiosa creía firmemente que las diferencias empezaban en la educación.

Aunque, por fortuna, la ciencia moderna ha relegado al rincón de los desatinos gran parte de aquellas conclusiones sexistas, no debemos olvidar que representan un fiel reflejo de cómo los oscuros prejuicios dominantesen una sociedad pueden afectar al quehacer de sus más lúcidos investigadores.
Referencias

Gómez, A. (2004). La estirpe maldita, Minerva Ediciones. Madrid
Gould, S. J. (2003). La falsa medida del hombre. Biblioteca de Bolsillo. Barcelona [pdf en otra edición]
Martínez Pulido, C. (2006). La presencia femenina en el pensamiento biológico. Minerva Ediciones. Madrid

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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Es la comunidad cristiana la que debería ir exigiendo de sus líderes los cambios de comportamiento a partir de sus vivencias


Artículo original:
http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=84349

Destaco:

“Es la comunidad cristiana y, en este caso, la católica romana, esparcida por tantos lugares, la que debería ir exigiendo de sus líderes cambios de comportamiento a partir de sus vivencias. Comenzar por abajo, aunque los de arriba también pueden ayudar, en la medida en que sean más sensibles y receptivos a las señales de cada tiempo y de cada espacio, es un camino para ajustarnos a las necesidades actuales de las mujeres y de los hombres de nuestro tiempo.”

“El Papa Francisco tiene buena voluntad, procura entender algunas reivindicaciones de las mujeres, pero, viviendo dentro de una tradición sagrada masculina, no tiene condiciones para dar pasos revolucionarios para promover de hecho la innovación necesaria para el mundo de hoy. Él es fruto de su tiempo, de su formación clerical y de los límites que la engloban.”

Entrevista completa:

Ivone aclara, inclusive, que es erróneo hablar de ‘una mayor participación de la mujer en la Iglesia’, como si las mujeres no estuvieran entre aquellos que la construyen diariamente. “No se trata, por lo tanto, de una reinserción de las mujeres en la Iglesia, como si las mujeres tuvieran que insertarse en un lugar que no es el suyo. Da hasta la impresión de que la Iglesia es una realidad fuera de nosotros”.

Más allá de la discusión sobre femenicidio y otras formas de violencia contra la mujer en Brasil, la estudiosa muestra que el análisis no debe ser superficial sino llegar a la raíz de la cuestión. “[Los estados y las religiones] no perciben que la reproducción de la violencia contra las mujeres está todavía muy presente en los procesos educativos (…) Lo que nosotras, pensadoras feministas, hacemos es alertar a las personas para que no se establezcan modelos teóricos e idealistas y mostrarlos como metas absolutas a ser alcanzadas. Eso no funciona”.

En relación con el Día Internacional de la Mujer de 2015, celebrado el pasado domingo 8 de marzo, según la teóloga, a pesar del aparente retroceso observado en el mundo en esos últimos años, es preciso reconocer las conquistas y los avances del movimiento feminista. “[Este 8 de marzo de 2015] tenemos que celebrar los enfrentamientos políticos de muchas mujeres que no dudan en levantar sus voces contra la violencia de la ‘cultura política’ vigente. Tenemos que celebrar las innumerables redes feministas que continúan su labor de denunciar los abusos de los poderosos y la manipulación de nuestros cuerpos. Tenemos que celebrar a las mujeres que frecuentan las iglesias y que son capaces de decir al sacerdote o al pastor ‘no estoy de acuerdo con usted’”.

Vea la entrevista que la teóloga Ivone Gebara concedió en exclusividad a Adital.

Adital: Observamos pronunciamientos del Papa Francisco en apoyo a una mayor participación de la mujer en la vida sacerdotal, aunque sepamos que en muchos casos su voluntad choca con el conservadurismo de la Curia Romana. ¿Podemos esperar algún cambio concreto en ese sentido para su papado?

Ivone Gebara: Creo que antes de hablar de los pronunciamientos del Papa Francisco sobre las mujeres, es preciso recordar tres puntos para que tengamos un poco más de claridad sobre la situación actual de la Iglesia Católica Romana. El primero de ellos tiene el objetivo de recordar que la función de las leyes eclesiásticas y de los dogmas es también ejercer una cierta contención en la vida de los fieles. Se determina qué debe ser objeto de creencia para evitar la multiplicidad de interpretaciones y conflictos, que fragmentaron y fragmentan la comunidad de fieles. Sin embargo, no se puede olvidar que las leyes, dogmas e interpretaciones nacen en contextos históricos determinados. Éstos son mutables y nunca deberían ser establecidos como normas absolutas o como voluntad divina, como ha ocurrido. Surge de ahí el segundo punto, que se refiere al hecho de que se legitiman esas nuevas leyes y creencias como voluntad de Dios o de Jesucristo. Esas voluntades, según muchos, son inmutables. Se establece así un argumento de autoridad pronunciado o promulgado por el magisterio de la Iglesia. Y el último punto que puede observarse claramente es que ese magisterio es masculino y, en general, anciano y celibatario. Las mujeres no participan directamente de él como si por orden divina debieran ser excluidas. Esta estructura e interpretación patriarcal, considerada sagrada, dificulta los cambios más significativos en la actual cultura eclesiástica transmitida al pueblo. A partir de ahí, se puede situar la cuestión en relación con las mujeres.

El Papa Francisco tiene buena voluntad, procura entender algunas reivindicaciones de las mujeres, pero, viviendo dentro de una tradición sagrada masculina, no tiene condiciones para dar pasos revolucionarios para promover de hecho la innovación necesaria para el mundo de hoy. Él es fruto de su tiempo, de su formación clerical y de los límites que la engloban. Me atrevo a decir que es la comunidad cristiana y, en este caso, la católica romana, esparcida por tantos lugares, la que debería ir exigiendo de sus líderes cambios de comportamiento a partir de sus vivencias. Comenzar por abajo, aunque los de arriba también pueden ayudar, en la medida en que sean más sensibles y receptivos a las señales de cada tiempo y de cada espacio, es un camino para ajustarnos a las necesidades actuales de las mujeres y de los hombres de nuestro tiempo.

Adital: En su nuevo libro “Evangelio e Institución”, el monje Marcelo Barros afirma que la Iglesia Católica debería retornar a sus orígenes (primeros siglos), cuando las mujeres ejercían un papel más activo en la Iglesia. En su opinión, ¿como debería ser esa reinserción?

IG: Pienso que la idea de “retorno”, en este caso, retorno a los orígenes cristianos, debe ser revisada, pues muchas veces podemos caer en anacronismos, incluso involuntarios. La referencia a los orígenes es una especie de nostalgia de algo bueno que se gustaría tener. Es una esperanza en forma de discurso sobre los orígenes. En general, pensamos que el antes, el pasado, los orígenes, son siempre más coherentes y verdaderos. La vuelta al útero materno, por ejemplo, es una aspiración de pretendida paz del deseo humano, como si ‘en aquel tiempo’ todo hubiera estado bien. En realidad, en los orígenes, podemos encontrar muchas cosas, inclusive aberraciones e inadecuaciones para nuestro tiempo. Cada tiempo es un tiempo y tiene sus grandezas y sus miserias. El tiempo “que se llama hoy” es nuestro tiempo real y en él debemos buscar nuevas formas de convivencia, teniendo conciencia de que éste es, como otros, un tiempo limitado. No se trata, por lo tanto, de una reinserción de las mujeres en la Iglesia, como si las mujeres tuvieran que insertarse en un lugar que no es el suyo. Además, el lenguaje eclesiástico y el lenguaje de muchos de nosotros evidencia la dificultad de reconocer a la Iglesia como una comunidad de hermanas y hermanos que viven una diversidad de situaciones. A veces tengo la impresión de que el término Iglesia significa para muchos, prioritariamente, la jerarquía, las funciones de poder y la autoridad.

Es preciso afirmar que lo que está ocurriendo hoy tiene que ver con un movimiento cultural y social mundial, que viene mostrando un protagonismo y un papel femenino diferente de aquel que conocíamos hasta pocos años atrás. Ser sólo madre o hija o esposa u ocuparse de las cosas domésticas ya no corresponde a la realidad actual de las mujeres. Las identidades femeninas están pasando por una mutación muy grande. Otro aspecto importante es el de percibir los límites de la pregunta sobre en qué Iglesia nosotras mujeres queremos insertarnos o reinsertarnos. Da hasta la impresión de que la Iglesia es una realidad fuera de nosotros. Por eso, muchos afirman que “nosotros somos Iglesia” y quieren vivir en la práctica esta afirmación. ¿Sería sólo retórica? En mi opinión, sí y no. Sí, en la medida en que el discurso de muchos no corresponde a los comportamientos que se viven cotidianamente de las relaciones humanas. No, en la medida en que se percibe el compromiso de muchos en buscar caminos de mayor participación e igualdad en las relaciones de la comunidad eclesial. La cuestión de la igualdad entre los seres humanos es insoluble.

Hablar de igualdad significa buscar, en cada nuevo contexto y en cada nuevo momento de la historia, sanar el egoísmo visceral que nos lleva a preferir siempre nuestros intereses en detrimento de los demás. Creamos la esclavitud de todos los tipos, establecemos colores y etnias superiores unas a otras, sexos superiores a otros, orientaciones sexuales más normales que otras. Y quien está del lado del poder y de la normalidad no duda en mantener relaciones excluyentes y culpabilizar a “los diferentes” por muchos males del mundo. No existe una pre definición de igualdad. Lo que nosotras, pensadoras feministas, hacemos es alertar a las personas para no establecer modelos teóricos e idealistas y mostrarlos como metas absolutas a ser alcanzadas. Esto no funciona. Lo que parece que ha surtido algún efecto es colocarnos en estado de educación continúa, una educación que despierte en nosotros el valor de cada ser, sin la tentación de querer justificar a partir de visiones jerárquicas pre establecidas.

Adital: ¿Qué es la Teología Feminista? ¿Cómo esa corriente de pensamiento entiende el mundo actual? ¿Cuáles son los desafíos en este comienzo de siglo XXI?

IG: El gran esfuerzo de la mayoría de las teologías feministas ha sido el de denunciar el absolutismo de las interpretaciones bíblicas y teológicas del pasado, aún vigentes en la mayoría de las Iglesias. Interpretaciones absolutistas son aquellas que usan a Dios y a las Escrituras para justificar su ideología de mantenimiento de poderes y privilegios religiosos, muchas veces disfrazados con capas de santidad y solidaridad. Esos poderes son ejercidos en nombre de Dios y son controladores de los cuerpos femeninos, tanto a nivel individual como cultural y social. El control religioso de los cuerpos se da, en primer lugar, en el interior de la dimensión simbólica de la vida simbólica, o sea, en la estructura subjetiva, en la que valores y culpas se entrelazan y convierten a la persona en cautiva de un imaginario impuesto de afuera hacia dentro. Jugar con la voluntad de Dios para manipular cuerpos queriendo mantener un orden imaginario denominado divino es impedir el derecho al pensamiento y a la libertad.

Afirmar a Dios como masculino, afirmar que existe una voluntad poderosa pre-existente, justificar el sacerdocio masculino a partir del sexo de Jesús, valorizar el cuerpo masculino como el único capaz de representar el cuerpo de Dios son afirmaciones teológicas aún vigentes que tocan, en forma especial, los cuerpos femeninos. Estas afirmaciones son, muchas veces, productoras de violencia, de exclusión y del cultivo de relaciones de sumisión ingenua a la autoridad religiosa. Lamentablemente, en este comienzo de siglo, el espacio dado a las teologías feministas está muy restringido. Su acceso a los centros de formación teológica oficial en América Latina es bastante limitado. Por eso, está ocurriendo una migración significativa de los lugares de producción teológica hacia afuera de las instituciones oficiales, ya que las formas de control eclesiástico parecen desconocer los avances vividos por las mujeres a nivel nacional y mundial.

Adital: El mundo todavía convive con los femenicidios (muchos de los cuales terminan impunes), mutilaciones genitales, poca participación femenina en la política… ¿Cuáles son los principales obstáculos para la plena dignidad femenina en la actualidad?

IG: La producción de la violencia cultural y social contra grupos considerados inferiores por las razones más diversas es una constante en las culturas humanas. La afirmación de la superioridad de unos en relación con los otros, las jerarquías de raza, género, cultura, de saberes y poderes son parte de la historia humana. Las mujeres fueron y son, en muchas culturas, consideradas seres subalternos, dependientes, objetos de la voluntad masculina, aunque actualmente los discursos oficiales de los Estados y de las religiones hablen de igualdad en la diferencia. Muchos adeptos a los discursos igualitarios son capaces de denunciar, por ejemplo, la mutilación genital, sin duda una aberración y un delito, pero no son capaces de darse cuenta de la producción de violencia contra los cuerpos femeninos en los discursos de bondad difundidos por las diferentes expresiones del Cristianismo. Denuncian los asesinatos de mujeres, la violencia física directa, los femenicidios, pero no perciben que la reproducción de violencia contra las mujeres está todavía muy presente en los procesos educacionales.

La marca jerárquica excluyente, presente en nuestras relaciones, sin duda necesaria para la continuidad de la actual forma de capitalismo, mantiene socialmente esa violencia. Necesita de ella y de otras para continuar fabricando nuevas formas de privilegio y exclusión social. Las mujeres a pesar de las muchas conquistas de los últimos años todavía son, en el imaginario de la cultura capitalista económica y social, buenos chivos o cabras expiatorias para ser acusadas de incompetencia en los asuntos públicos. Esa cultura excluyente, presente en las instituciones sociales y culturales es, sin duda, un obstáculo para que hombres y mujeres construyan nuevas relaciones y reconozcan sus diferentes dones y saberes.

Adital: Algunos movimientos feministas, para obtener espacio, utilizan como estrategia producir un shock en la sociedad, exponiendo el cuerpo desnudo, autodenominarse “putas”… ¿Cómo entiende usted esa forma de protesta? ¿Es válida, válida con salvedades o colabora negativamente al movimiento feminista?

IG: Hay una ingenuidad en los analistas de los movimientos sociales en la medida en que pretenden limitar las protestas y reivindicaciones a sus propias concepciones de decencia, de lo permitido y de lo prohibido. Es claro que nos chocamos con el quebrantamiento de los grupos en las manifestaciones de calle y reclamamos cuando eso entorpece nuestra vida cotidiana. Es claro que el diálogo sobre las reivindicaciones sería el mejor camino. Pero no siempre el sistema capitalista reconoce el mejor camino, y él mismo incita a la violencia sin control, aquella que deja salir lo peor de nosotros contra los demás, aquella que es capaz de bombardear campos de arroz y destruir obras de arte milenarias, aquella que me lleva a robar a mi mejor amigo y mandar a matar a aquel que entorpece mis planes políticos. Muchas formas radicales de protesta de las mujeres nos chocan porque no estamos habituados a un comportamiento público de las mujeres, sobre todo cuando exponen el cuerpo desnudo como forma de protesta.

El cuerpo desnudo de las mujeres continúa siendo expuesto para vender mercaderías masculinas, para excitar deseos, pero ese desnudo es soportable por la mayoría. Ese desnudo aprobado por el mercado da dinero y favorece emprendimientos económicos, puede ser como máximo criticado por algunos religiosos puristas. Sin embargo, ¿quién se preguntó por qué ese grupo de mujeres se autodenominó “putas”? ¿Cuál es su historia? ¿Qué reclaman con su irreverencia? Google puede hasta dar una respuesta breve a esas pertinentes preguntas. Esas formas de protesta, pienso, no afligen al movimiento feminista mundial, ya que éste es plural y tiene formas variadas de expresión.

Adital: Durante las últimas elecciones brasileras, algunos analistas políticos afirmaron que una de las razones enfrentadas por Dilma Rousseff para su reelección se debió al hecho de que es mujer. La afirmación suena un poco extraña, vista la presencia de mujeres en la Presidencia de países como Argentina, Chile, Alemania… En su opinión, ¿esa afirmación tiene sentido? Nosotros, los brasileros, ¿todavía somos un país machista?

IG: Creo que, en la mayoría de los países del mundo, inclusive las figuras femeninas tradicionales fuertes como Margaret Tachter e Indira Gandhi vivieron los límites del poder impuestos por la condición femenina. De hecho, hay un cierto susto de tener a una mujer en el tope del poder de una nación. Recluidas en los límites de la vida privada para el ascenso público el recorrido es grande por demás. Tal vez el título de reina sea hasta más soportable porque está involucrado con todos los aspectos fantasiosos del pasado y de la actual disminución real de ese poder. En ese sentido, es casi espontáneo atribuirle al gobierno de una mujer deficiencias, flaquezas y otras cosas por el estilo.

Dilma Rousseff enfrenta, como otras mujeres, las dificultades de estar en el tope político de la nación. Sin embargo, lo que la mayoría de las personas no ve es que la política de un país no depende sólo de la o del presidente, sino que depende igualmente de las fuerzas económicas y políticas en juego, así como de la participación de los ciudadanos. Combinar políticas y prebendas, intereses corporativos y bien común, partidos de intereses sectarios con la administración de un país de proporciones continentales es un difícil juego de ajedrez. De hecho, el machismo persiste en Brasil, pero la falta de carácter y de visión del bien común es una enfermedad mucho más difundida y peligrosa. Asola a políticos y empresarios, contagia a la clase media y a las clases populares, se instala en las instituciones sociales y en las iglesias como plaga a ser combatida diariamente.

Adital: A fin del año pasado, asistimos a la infeliz declaración de un parlamentario brasilero, que afirmó que “no estupraría” a una colega parlamentaria sólo “porque así no lo quería”. ¿Cómo analiza usted este y otros casos parecidos?

IG: La falta de carácter y de visión del bien común convierte a hombres y mujeres en ciegos a cualquier visión humanista de respeto a todo ser humano en la igualdad y en la diferencia de unos en relación con otros. El parlamentario brasilero que usó ésa y otras expresiones durante sesiones de la Cámara se mantiene en el poder porque la cultura política brasilera lo permite. Él es útil al ‘vale todo’, que se puede ver en las acciones y discursos de los políticos. La falta de decoro parlamentario es moneda de intercambio de privilegios políticos y satisface a aquellos que buscan la justicia y la injusticia por sus propias manos. En esa situación, las mujeres no están exentas de esos pecados, aunque los cometan con menor intensidad pública. Somos todas y todos esa mezcla contradictoria y paradójica y es dentro de ella que podemos encontrar caminos que hagan la vida ciudadana algo más respetado.

Paulo Emanuel Lopes
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María de Magdala


(Emer O’Boyle)

Mary of Magdala 'Apostle to the Apostles'

Imagen publicada con el permiso de We are Church Ireland.

Traducción de Priscila.

María de Magdala fue la líder de un grupo de mujeres que seguían a Jesús y le proveían con sus propios recursos. Estuvo al pie de la cruz (cuando todos los apóstoles varones habían huido). Fue la primera testigo a la que se apareció Cristo resucitado, quien le pidió que fuera a dar la buena noticia a los demás apóstoles. Tristemente, se la conoce mayormente como una prostituta, gracias a las falsas declaraciones realizadas sobre ella. La “María de Magdala” de Emer O’Boyle fue pintada en 2003 y la presenta es su rol de apóstol de los apóstoles, predicando la buena noticia a los apóstoles y discípulos.

El cuadro original es óleo sobre lienzo y mide 59cm x 89cm (23″ x 35″).

Es posible adquirir impresiones de diversos tamaños y precios (incluyendo postales) en We are Church Ireland:
http://wearechurchireland.ie/last-supper/

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Pentecostés (Nora Kelly)


marzo 3, 20150

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Imagen publicada con el permiso de We are Church Ireland.

Traducción de Priscila.

Algunos cuadros de Pentecostés muestran las lenguas de fuego descendiendo sólo sobre los hombres presentes. Sin embargo, los Hechos de los Apóstoles establecen claramente que las lenguas de fuego descendieron sobre las cabezas de todos los presentes. El cuadro de Nora Kelly “Pentecostés” fue pintado en 2002 y muestra el poderoso viento del cielo y las lenguas de fuego descendiendo sobre toda la comunidad.

El cuadro original es óleo sobre lienzo y mide 76 cm x 107cm (30″ x 42″).

Es posible adquirir impresiones de diversos tamaños y precios (incluyendo postales) en We are Church Ireland:
http://wearechurchireland.ie/last-supper/

La Última Cena


(Bohdan Piasecki)

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Imagen publicada con el permiso de We are Church Ireland.

Traducción de Priscila.

La gran obra de Leonardo da Vinci “La Última Cena” es para muchos cristianos la imagen más clara que tienen de la última cena de Cristo con sus discípulos. Sin embargo, aunque es grande desde el punto de vista artístico, es una “mala historia”.

Da Vinci presenta a trece varones del Renacimiento italiano, con su vestido oriental en su palacio florentino, no una celebración judía de la Pascua en Palestina. Las figuras están sentadas en bancos alrededor de la mesa comiendo pescado y pan ordinario, mientras que Jesús y sus discípulos se habrían reclinado en una especie de divanes e ingerirían la comida Pascua consistente en pan no fermentado, cordero asado y hierbas amargas.

Más importante, Da Vinci muestra sólo a Jesús con los doce apóstoles, omitiendo las mujeres y los niños. La cena pascual era compartida por todos los miembros de la familia y las leyes de la Pascua requerían a los niños que hicieran preguntas de modo que pudieran aprender de sus padres el significado de la cena pascual.

Para contrarrestar la poderosa imagen de la Última Cena, BASIC (Brothers And Sisters in Christ) encargó al eminente artista polaco Bohdan Piasecki un cuadro de la Última Cena como cena pascual judía con mujeres y niños presentes. En 2012, BASIC acordó fusionarse con We are Church Irlanda y cedió los derechos de publicación de la “Última Cena” a We are Church Irlanda.

El cuadro original es óleo sobre lienzo y mide 150cm x 74 cm (50″ x 29″).

Es posible adquirir impresiones de diversos tamaños y precios (incluyendo postales) en We are Church Ireland:
http://wearechurchireland.ie/last-supper/

San Romero de América, pastor y mártir en defensa de los pobres


may202015

 

RomeroMartirDeLaJusticia¡Alegrémonos! El sábado 23 de mayo tendrá lugar en San Salvador la ceremonia de beatificación de Óscar Arnulfo Romero, que fuera arzobispo de esa ciudad desde 1977 hasta su asesinato, a los 62 años, mientras celebraba la eucaristía, el 24 de marzo de 1980. Su vida y su muerte nos interpelan a los que formamos parte de Redes Cristianas a vivir el cristianismo con coherencia y poniendo en primer lugar a los pobres y a los que sufren por la violencia y la injusticia, y a seguir trabajando por una iglesia cuyas prioridades sean las que tuvo Monseñor Romero, cuya sangre -en un mundo sediento de testimonio- ha sido la mejor “teología narrativa” que podíamos recibir de un obispo:

                «Como pastor estoy obligado por mandato divino a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas, desde ya ofrezco a Dios mi sangre por la redención y resurrección de El Salvador.»

Su beatificación, y su eventual canonización posterior, devolverá –como dice su postulador- a los hombres de buena voluntad el legítimo derecho a enarbolar el ideal del amor a los otros hasta el extremo. “Y para los cristianos-católicos, lo hayamos conocido o no, será la expresión personificada del creyente que, con la coherencia de su testimonio y los principios fundamentales de su fe, entendió e hizo suya, con plena conciencia, la opción incondicional por la vida”.

Siguiendo el intrincado protocolo que nuestra Iglesia exige para seleccionar ejemplos existenciales que proponernos, el camino de San Romero de América (tal como lo bautizó Casaldáliga, recogiendo una costumbre popular iniciada el mismo día de su muerte) ha sido largo. En vida, sufrió por sus difíciles relaciones con algunos de sus hermanos obispos. Y, tras su muerte, sólo uno de los miembros de la Conferencia Episcopal Salvadoreña asistió a su funeral. Jon Sobrino nos cuenta que, aún años después, en marzo de 1996, monseñor Revelo (que fue en el pasado obispo auxiliar de Romero, y su gran adversario) le criticó, en un almuerzo con Juan Pablo II, por ser responsable de nada menos que “los 70.000 muertos que se dieron en este país”. Así que no es de extrañar los treinta y cinco años necesarios para llegar aquí. A pesar de que en pocas figuras se produce como en él la aclamación del pueblo sencillo con la que tradicionalmente se elegía a los santos. Y aunque contraste con lo notorios que han resultado, en décadas recientes, algunos procesos de beatificación y canonización desarrollados de forma fulminante, y que obviaron las controversias que ensombrecían a algunos de sus protagonistas. Ha sido, sin duda, decisivo -y muy de agradecer- el impulso dado al proceso por el papa Francisco, que en febrero pasado autorizó la promulgación del decreto para declararlo mártir de la Iglesia… Un obispo asesinado por «odio a la fe». Y, para escándalo de muchos, ¡a manos de otros cristianos!

Óscar Romero fue a lo largo de su vida un notable cristiano, sacerdote y obispo, de talante conservador, que tomó posesión del cargo de arzobispo de San Salvador el 22 de febrero de 1977, en una época particularmente convulsa en su país. El asesinato, unas semanas después, de su íntimo amigo, el jesuita Rutilio Grande, párroco comprometido con las Comunidades Eclesiales de Base y la organización de los campesinos, le llevó a convocar –en contra de la opinión del nuncio apostólico y de otros obispos- una misa única, para mostrar la unidad de su clero. Esta misa, celebrada en la plaza Barrios de San Salvador, fue el inicio de un profundo cambio personal, de una coherente radicalización, y de tres años de “vida pública” que –como a Jesús de Nazaret- le llevaron al martirio.

Monseñor Romero dijo la verdad pública, vigorosa, insistente, larga, repetida y responsablemente, con autoridad, y en fidelidad total al Evangelio. Las palabras de la homilía pronunciada la víspera de su asesinato son memorables:

«En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!»

Treinta y cinco años después, celebramos con el pueblo salvadoreño y con la Iglesia universal, mediante su proclamación como beato, lo que ya Ellacuría dijo en el funeral pronunciado en la UCA pocos días después del asesinato: “con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”.

http://www.redescristianas.net/san-romero-de-america-pastor-y-martir-en-defensa-de-los-pobres/

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Follow Your Calling

por Lori BUCKLE

Cuando yo era niña, quería ser como mi padre. Él era un predicador, y me encantó verlo compartir la Palabra de Dios con su rebaño. En especial me encantó cuando él expuso en el original griego y hebreo en el texto bíblico. Pensé que la cosa más maravillosa del mundo sería la de asistir al seminario, aprender idiomas, y luego compartir mis ideas con otros como mi padre.

Por desgracia, me enfrenté a un gran obstáculo: las mujeres no debían predicar. Sabía esto porque he oído a mis padres hablar de ello. Un día en nuestra casa en la que se quejaba de cómo nuestra denominación fue simplemente volviendo demasiado extrema. Recuerdo claramente oír a mi madre decir: “¿Por qué, me entero de que en algunas de nuestras iglesias que están permitiendo incluso mujeres predicadoras!” Un par de años más tarde papá se llamaba a otra iglesia. Antes de irnos, nos encontramos con que una mujer predicadora él reemplazaría a nuestra actual. Una vez más, recuerdo que preocuparse. Vivíamos en un pueblo pequeño. ¿Las personas en nuestra iglesia aceptar el nuevo predicador dama? El mensaje no pudo ser más clara. Dios no quiere que las mujeres que predican. Es contra el orden natural de las cosas.

Cuando llegué a la universidad, me uní a un grupo de ministerio dirigido por una denominación diferente. Varios de los miembros del personal eran mujeres, y se turnaron predicación con los hombres. Mi mente no podía reconciliar lo que vi con lo que yo creía, así que es racionalizado. Dado que la mayoría de nosotros vivimos en casa, entonces era aceptable porque los chicos de nuestro grupo estaban todavía bajo la autoridad de sus padres. En cierto sentido, aún eran niños. Cuando me gradué, solicité una posición con esta organización, pero el Señor cerró la puerta.

Seguí tratando de responder a mi llamada sin realmente contestarla. Siguiente decidí ser una mujer misionera hecho predicando aceptable. Después de todo, y me estremezco al admitir esto ahora que no fue realmente predicando. Los nativos no tenían la bendición de la civilización occidental. No que los hacen como niños?

Así que me perdí varios años de mi vida tratando, y en su defecto, para convertirse en un misionero. Con el tiempo, conocí a mi marido Inglés y se trasladó a Gran Bretaña. Allí vi a un mundo completamente nuevo, donde las personas aceptan la igualdad para las mujeres, ya que parecía tan natural. Aquí las mujeres predicaron y todos aceptaron.

Cuando compartí mi vocación con mi marido, no dudó. Conviértete en un predicador local, como yo, dijo. Vas a tener buena compañía, porque la mayoría de ellos son mujeres! Después de entrevistar a nuestro pastor, él me recomendó a la asociación de nuestro distrito. La noche más feliz de mi vida fue cuando mi marido regresó de la reunión en la que habían votado a aceptarme.

Yo serví durante tres años junto a mi marido. Ahora que vivimos en Estados Unidos, y asistimos a una iglesia que permite a las mujeres el ejercicio de sus llamamientos. Estoy encantado de que Dios me ha utilizado para ablandar los corazones de mis padres para que ellos han llegado a aceptar que esto es bíblico. Sin embargo, todavía me arrepiento mucho de los años que pasé en el desierto espiritual. Mencioné mi grupo pastoral universitaria. Lo que no dije fue que me uní a ellos solamente hacia el final de mi tiempo en la universidad. Hasta ese momento, yo era una feminista enojado que sentía que tenía lugar en la iglesia, por lo que simplemente dejé.

Si pudiera decirle a las jóvenes una cosa que sería así: no sólo tienes que seguir tu llamado, pero casarse con alguien que le apoyará en ella. Hablo por experiencia dolorosa cuando digo que no va a desaparecer. Negar que hará que toda una vida de angustia. Si Dios te ha llamado a hacer algo, entonces evitando que significa que se está ejecutando de Dios. Y si usted tiene un marido que le niega su santa llamándolo sólo hará que la amargura y el resentimiento porque él está de pie entre usted y Dios.

En cambio, mira a María la madre de Jesús y seguir su ejemplo. Cuando el ángel Gabriel se le apareció la noticia de que ella daría a luz al Mesías, ella no apeló a su padre o incluso su prometido para su aprobación. . “Cubierta” Ellos no actúan como su “cabeza”, o cambio, María aceptó triunfalmente su vocación y conectado a tierra su identidad en Dios: “Entonces María dijo:” He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra . ‘ [No es la palabra de aquellos hombres que en el mundo antiguo tenían autoridad sobre ella.] “(Lucas 1:38 RV)

Para los hombres jóvenes, yo le pido a seguir el ejemplo de José. No se sentía amenazado o celoso por el llamado de María. Más bien, él reconoció que tenía uno, también, para mantener al bebé precioso y seguro a su madre. Juntos, trabajaron juntos en traer el reino de Dios en la tierra. Mi marido y yo hemos encontrado esto en nuestras propias vidas. Cuando estábamos primero comprometidos, hablé de liderazgo y la sumisión, porque así fue como comprendí matrimonio. En la práctica, sin embargo, nunca hemos seguido ese modelo. Tenemos un amor genuino y respeto por los demás que simplemente no tenemos necesidad. Cada uno de nosotros aceptamos el llamado de la otra y animamos a la otra en el cumplimiento de la misma. Esto ha proporcionado una enorme fuente de alegría y libertad para los dos. Ruego que se hará lo mismo para usted.

http://www.cbeinternational.org/blogs/follow-your-calling

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