REFLEXIÓN DE COLOMBIA: MANOS CAMPESINAS


redECAP
3 de septiembre 2015

por Natalia Vaca

 

No hay cosa más bonita que mirar los frutos de la tierra, sembrados por manos campesinas que pronto llegan a nuestro hogar.

El universo, la pacha mama, la verde tierra nos clama a gritos por su protección y cuidado. Algunos y algunas le defendemos, protegemos y protestamos con ella al resto del mundo que le preservemos y amemos. Es importante destacar el trabajo de nuestros campesinos y campesinas que labran esa tierra, le cuidan como otro de sus hijos y desarrollan una conexión especial con ella, que siente y vive como cualquiera. Ellos y ellas son el más digno ejemplo de un trabajo hermoso como es sembrar la tierra con sus propias manos para así comer de ella.

Comunidades campesinas del Guayabo, Garzal y Nueva Esperanza nos mostraron sus parcelas, sus cultivos, sus animales, sus casas, su tierra y su hogar. Una economía basada mayormente en el cultivo de cacao, plátano, el ordeño de vacas para obtener su leche, coco, maíz y frutas que le permiten sostener una familia, una casa sencilla y acogedora y una tierra extensa y hermosa. No ha amanecido aún cuando ellos y ellas despiertan alegres con el ritmo de un gallo cantor, los terneritos esperan ansiosos a sus madres para ayudar con el ordeño de la leche, el maíz que ha crecido por meses brota de un lado a otro a la espera de ser recolectado, los gajos de plátano se despiden de los más pequeños porque pronto emprenderán un viaje en burro y canoa para ser comercializados hasta el puerto más cercano. Es así; una rica diversidad de cultivos que nos ofrece la tierra y el campesino y campesina colombiano ha decidido con la ayuda de sus manos mantenerla.

Los procesos de tierra que se están llevando a cabo en estas comunidades son caminos largos, diversos, sobre todo difíciles pero lo más importante: Llenos de esperanza. Dios como padre y madre de una creación bellísima desde el principio de la tierra, conoce el trabajo de estos campesinos y campesinas que han dedicado su vida al cuidado de su creación, la buena semilla crece en estas tierras y en sus frutos y se multiplicaran al ciento por uno. Es hermoso poder conocer tan de cerca su lucha, su fe infinita en el proceso y la alegría de compartir su mesa juntos y juntas.

Son estas manos campesinas las que nos permiten a ti y a mí comer en la comodidad de nuestra casa, de tener variedad de alimentos derivados de sus cultivos, de gozar de una barriga llena y una recarga de energía para ir a trabajar. Demos gracias a Dios por el campesino y campesina trabajador, oremos para que pronto reconozcan legalmente sus tierras, para que su arduo trabajo sea muchísimo más valorado  por las personas de la ciudad y para que el estado colombiano les reconozca sus derechos fundamentales como personas que con poco hacen mucho. A nuestros campesinos y campesinas infinitas gracias por su labor, mi más sincera admiración.

 

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