Dudas ante la posición del Papa sobre las mujeres en la Iglesia.


Por Kris Maher, The Wall Street Journal

El papa Francisco ha asumido posiciones audaces sobre la pobreza, el cambio climático y la injusticia económica, y ha apoyado un enfoque más abierto hacia el divorcio y la homosexualidad. Pero cuando se trata de asuntos de la mujer, ha sido mucho menos enfático.

Al inicio de su papado hubo esperanzas de un nuevo enfoque acerca de la función de la mujer en la Iglesia. Algunos incluso anticiparon cambios en la enseñanza de la Iglesia con respecto a un sacerdocio exclusivamente masculino.

Pero la falta de acciones concretas y una serie de comentarios del Papa que pusieron de manifiesto cierta falta de sensibilidad en este tema han decepcionado a algunas mujeres líderes, mientras que otras dicen que no era realista esperar cambios radicales en el papel de la mujer en la Iglesia Católica.

“El papa Francisco es conocido cariñosamente como nuestro enigma sagrado”, dijo Linda Pinto, coeditora de Corpus Reports, la revista de un grupo progresista católico llamado Corpus. “Es un líder sensible y acogedor para millones de católicos de todo el mundo, pero todavía está trabajando a partir de un modelo muy patriarcal”.

El Santo Padre ha alabado con frecuencia el rol eclesial de las mujeres, tanto laicas como religiosas. En Evangelii Gaudium, la exortación apostólica de 47,000 palabras que ha sido llamada el manifiesto del pontificado de Francisco, éste dijo que las mujeres son centrales para la fe y para la Iglesia. “De hecho una mujer, María, es más importante que los obispos”, afirma en un pasaje.

El Pontífice prolongó este mensaje con una serie de gestos: lavó los pies de mujeres durante los rituales del Jueves Santo y denunció la brecha salarial entre hombres y mujeres como un “escándalo”. También habló de la necesidad de incluir más mujeres en puestos de toma de decisiones dentro de la Iglesia y aumentó su presencia de dos a cinco en la Comisión Teológica Internacional, un grupo de 30 miembros que hace recomendaciones doctrinales al Vaticano. Hace un par de semanas denunció como “ofensivos” los estereotipos sobre la mujer y dijo que él era un “poco feminista”.

Pero al mismo tiempo ha excluido la posibilidad de admitir mujeres al sacerdocio y ha tardado en nombrar a otras mujeres a posiciones de poder en el Vaticano.

Muchas mujeres consideran que algunas de sus declaraciones son bien intencionadas pero fuera de lugar, como cuando por ejemplo comparó el incremento del número de mujeres en la Comisión Teológica Internacional con una decoración de torta. “Me gustaría destacar la mayor presencia de las mujeres, [que] aún no [son] demasiadas…son [como] las fresas del pastel, pero necesitamos más”, dijo el Papa.

En 2013, instó a un auditorio de 800 monjas a ser “madres” espirituales en lugar de “solteronas”, y más tarde comparó a una Europa débil con una “abuela [que ya no es] fértil y vibrante”.

“Creo que desde su punto de vista, como una persona de su edad [que proviene] de cierta parte del mundo, su intención es decir algo agradable y amable acerca de las mujeres”, dice Helen Alvaré, profesora de derecho en la Universidad George Mason, que ha participado en conferencias en el Vaticano. Pero más allá de las meteduras de pata, ella ve un progreso. “Existe en realidad un intento [para que] hombres y mujeres trabajen más juntos en la Iglesia y [para] ofrecer ese modelo al mundo”, dijo.

Otros dicen que las expectativas de cambio radical eran demasiado altas para una institución de 2,000 años de antigüedad.

“Cualquier persona que creyera que el papa Francisco iba a ordenar mujeres [sacerdotes] no era realista”, dice la hermana Sara Butler, teóloga y miembro de la orden de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad, una congregación católica basada en Filadelfia. Un Papa no puede contradecir las enseñanzas de la Iglesia. “Esa no es la naturaleza de la fe católica”.

Aun así, la cuestión de un papel más importante para las mujeres es cada vez más urgente para la Iglesia. En efecto, dos tendencias —el severo y preocupante descenso del número de mujeres que se unen a las órdenes religiosas y la lucha por atraer a más jóvenes de la generación del milenio a la Iglesia— podrían estar en parte vinculadas a las posiciones de la Iglesia sobre las mujeres, dicen los expertos.

En EU, el número de monjas ha caído de 125,000 en la década de los 60 a 50,000 hoy, y su edad promedio ha subido a más de 75 años, según un informe del Vaticano publicado el año pasado. Algunos líderes de la Iglesia abogan por permitir que laicas puedan convertirse en diáconos como una forma de compensar la caída de las vocaciones, pero esta iniciativa ha ganado poco apoyo bajo el papado de Francisco.

“Los jóvenes de la generación del milenio viven en un mundo donde la barrera de la desigualdad de género se rompe el tiempo”, dijo Pinto. “El hecho de que la jerarquía católica todavía impida la plena participación de las mujeres es preocupante”.

http://elperiodicodemexico.com/nota.php?id=810125

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