Jesus profeta de compasión.ppt: José Antonio Pagola


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Las Ammas del desierto= Madres del Desierto


5. AMMA MACRINA (330-380)

 

Siguiendo el ejemplo de santa Tecla de Iconio (que como hemos visto fue la primera mujer mártir, llamada también “apóstola”), muchas mujeres cristianas se marcharon al Desierto y fueron llamadas “madres del desierto” (ammas, femenino de Abbas = Padres). Ellas empiezan a llenar el desierto en el año 250, pero “sin hacer ruido”. Como los grandes acontecimientos que cambian la historia, aunque a menudo pasen desapercibidos.

Recordar la historia, nos hace conscientes de todo lo que hemos recibido de muchos hombres y mujeres que ni siquiera conocemos, pero que nos han dejado el precioso legado de sus vidas. Dice San Juan Crisóstomo: “si visitas el desierto de Egipto encontrarás a una multitud de mártires y de vírgenes que tienen aquí sus celdas”.

– Amma Macrina la Joven es considerada la primeraAmma (Madre) del Desierto de Turquía (año 380). Era nieta de Sta. Macrina la Vieja (mártir en la época de Diocleciano, s. III), y discípula de San Gregorio, el Taumaturgo
(= sanador). Macrina la Vieja tuvo que huir al desierto con su marido, durante la persecución. Murió en el año 350.

Esta familia de “santos” vivía en el Ponto, cerca del Mar Negro, llevando una vida ascética y pobre, a pesar de ser de clase acomodada. La nuera de Sta. Macrina la Vieja, también fue santa, y es venerada con el nombre de Sta. Emelia. Tuvo 10 hijos. La mayor, Macrina la Joven, recibió de Dios la capacidad de armonizar la actividad y la contemplación.Ayudó a su madre en la educación de sus hermanos. Tres de los hermanos también serán santos: Basilio, Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste. Pedro, el menor, fue educado exclusivamente por Macrina. Debemos la “Vida de Sta. Macrina” a la pluma de su hermano S. Gregorio de Nisa, en agradecimiento a todo lo que ella ha hecho por él, a quien llama su “segunda madre, fuerte, benevolente, y maestra de su vida”.

La joven Macrina estaba muy compenetrada con su madre, Emelia, y cuando ésta ya era viuda, la convenció de convertir a su hogar en un monasterio, llevando vida monástica junto con sus sirvientas, sin que hubiera ninguna distinción entre ellas.

A diferencia de los monjes de Egipto, el monacato capadocio (actual Turquía) era más culto, y las austeridades eran menos severas que las de los monjes coptos y sirios. Podía haber influido también el paisaje: la dureza del desierto de Egipto no tenía nada que ver con la belleza de las orillas del río Iris, donde estaban los monasterios de Asia Menor. Cuando Basilio el grande inició la vida monástica (356), el monasterio de su hermana Macrina ya era floreciente.

La última plegaria de Macrina, antes de morir fue: “Tú, Señor, me has quitado el miedo a la muerte. Yo sé que nosotros somos de barro, y que Tú ahora lo devuelves a la tierra. Pero después harás que este barro se revista de inmortalidad.”

Al morir ella, todas las monjas lloraban diciendo: “se ha extinguido la lámpara de nuestros ojos…”.

Entre las monjas conocemos los nombres de la diaconisa Lampa-dion, que era maestra de coro, y de Veciana, una viuda noble que la amortajó. El obispo Araxios, con todo el presbiterio, fueron al entierro de Macrina (380). Su fiesta se celebra el 19 de julio.

 

Otras Ammas

Teodoreto de Ciro en la “Historia de los monjes”, junto con la vida de 23 monjes, nos explica la vida de 3 monjas: Mara, Cirina y Domnina. Entre los Padres, dice Teodoreto, también a estas 3 Ammas se les puede aplicar el calificativo de “renunciantes”, porque para seguir a Cristo hace falta renunciar a otros intereses, para llegar a la pureza del corazón y conseguir la plegaria contínua, fundamentada en el amor. Las Ammas practican, sobre todo, esta oración del amor. Dicen: “Quien ama, recordando siempre al Amado, descubre su Palabra en la soledad y el silencio”. Según ellas: “es mejor vivir con la gente y desear la soledad, que llevar una vida solitaria y desear constantemente la compañía.”

 

– Amma Synclética es la más famosa de las Madres del Desierto. Su vida se escribió poco después de su muerte. Anterior a este escrito, sólo está la vida de Sta. Macrina (del 380) y las actas de los Mártires.

Synclética abrazó la vida solitaria, en tiempo de S. Antonio. Su nombre quiere decir“asamblea celestial”. Hija de Macedonia, fue a vivir con su familia (1 hermana y 2 hermanos) a Alejandría, en ese entonces una gran ciudad cosmopolita, la mayor del Imperio, después de Roma.

A pesar de ser de una casa acomodada, quería vivir según las enseñanzas de Sta. Tecla (ver Umbrales n.176). Por eso evitaba las conversaciones, para permanecer en la profundidad interior. A pesar de que amaba las penitencias como medio para fortalecer su vida en Dios, obraba con tanta discreción que nadie notaba sus renuncias.

Al morir sus padres, abandonó su casa, dio sus posesiones a los pobres, y, junto con su hermana ciega, se fue a vivir al Desierto, cerca de un sepulcro. Como lo hizo todo con mucha humildad, bien pronto la rodearon muchas jóvenes discípulas. Algunas vivían en comunidad con ella, y otras solas. Cuando las discípulas le preguntaban sobre el camino de salvación, ella acostumbraba a responder: “si quieren instruirse, vayan a la Fuente, Cristo”.

Su doctrina está muy centrada en el amor, de donde proviene todo, y adonde va todo. Según ella el amor es doble: dar y recibir. Y enseñaba a mantener el alma libre, en medio de las riquezas espirituales. A los 84 años murió víctima de una enfermedad, que soportó con gozo.

Tenemos 27 apotegmas (dichos famosos) de Amma Synclética. Presentamos algunos de ellos:

1- Se puede vivir solo en la multitud, y vivir con la multitud estando solo.

2- Al principio del camino hacia Dios hay dificultades, pero después se llega a un gozo inefable.

3- Cuando pases dificultades alégrate de que Dios te visite, y no dejes de cantar. La ascesis consiste en dominarse en el sufrimiento y continuar dirigiendo a Dios acciones de gracias.

4- Si las ventanas de tu casa están abiertas, entrarán los ladrones y te robarán todo (quiere decir que debemos cuidar nuestra vida interior, sin exhibicionismo).

5- Por la medida y la discreción, conocerás si tu ascesis viene de Dios o de tu orgullo.

 

– Amma Sara se retiró (a finales del s. III), cerca de Escete (al lado de Alejandría) y durante 60 años estuvo en una celda cerca del Nilo. Un día el demonio quiso hacerla caer con la vanagloria y le dijo provocativamente: “Sara, tú me has vencido”. Pero ella le respondió: “Te ha vencido Cristo que vive en mí”. Así, Amma Sara permaneció siempre humilde.

Se cuenta que en una ocasión en que 2 anacoretas de fama la visitaron para que les diera un buen consejo, ella respondió: “yo no soy más que cualquier mujer esforzada y tenaz, fundamentada en Cristo. Él es mi Roca”. El deseo de Amma Sara era ser olvidada por todo el mundo, a fin de que su centro fuera sólo Cristo. Demostrando una gran libertad interior, afirmaba: “lo que yo quiero es mantener el corazón libre para Dios. Tenemos que hacer buenas obras, pero no para ser alabados por los demás, sino para gustar a Dios”.

 

– Amma Teodora fue una mujer culta y con conocimientos teológicos, de finales del s. IV. Como Sara, vivió cerca de Alejandría. Tenía una gran penetración psicológica, y era muy delicada y prudente. Mientras los apotegmas de los Padres se centran más en la ascesis, la renuncia y la penitencia, Amma Teodora, igual que las otras Ammas, pone más atención alvivir en Cristo a través de las Escrituras y del camino de la liberación interior, para descubrir el Dios Misericordioso que es Padre y Madre. Las sentencias de Teodora están llenas de sabiduría, decía: “Ni la rigidez de la observancia monástica, ni las austeridades corporales, nos salvan, sino la humildad sincera”. Un día Abba Teófilo le preguntó qué quería decir “redimir el tiempo”, y ella le respondió que era “aprovechar todo lo que te pasa, para transformarlo en bien… Si te hacen una injuria, aprovéchala para ser humilde y penitente. Así el tiempo se convierte en una ganancia”. Según ella ni la ascesis, ni las vigilias, ni nada nos salva, sino la humildad sincera, que proviene de un auténtico conocimiento de uno mismo.

 

Quinto Regazzoni

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Teresa de Ávila y las mujeres bobas


Por: EL PAÍS | 01 de abril de 2015

Por JUAN G. BEDOYA

Feminista y rebelde, su obra contrasta con la “santa de la raza” que ensalzaron Franco y los obispos nacionalcatólicos. Quinientos años después, la situación de la mujer en la Iglesia romana apenas ha mejorado. En el Vaticano II, en 1965, solo hubo 21 mujeres, sin voz ni voto y sin poder entrar en la cafetería del concilio. Los carmelitas descalzos aprovechan el centenario para depurar el perfil de su fundadora, “muy emborronado” por el franquismo.

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“Basta ser mujer para caérseme las alas”, escribió Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada, mundialmente conocida como Teresa de Ávila y, entre los cristianos, como Santa Teresa de Jesús. Escritora, monja, mística, doctora de la Iglesia Católica, fundadora de las carmelitas descalzas y copatrona de España, nació en una familia judía conversa perteneciente a la nobleza y su vida fue una aventura quijotesca, contra molinos que parecían invencibles, como el desprecio por la mujer y la persecución de los inquisidores al libre pensamiento. Teresa de Ávila quería a sus monjas despiertas y valientes, que miraran a los ojos a obispos, curas y otros personajes vestidos de negro. Además, las quería leídas y viajeras. Una de las cosas que más irritó al inquisidor encargado de vigilar a la reformadora descalza fue que de pequeña Teresa había sido lectora empedernida, “incluso de libros de caballerías”.

Fue mística, pero también mujer de negocios fría, muy hábil para cerrar tratos inmobiliarios para sus conventos. “Tenía un elevado concepto de sí misma; se creía llamada a grandes empresas; rechazaba la mediocridad”, escribe el hispanista Joseph Pérez (Teresa de Ávila y la España de su tiempo. Algaba Ediciones. 2007). Era guapa. Con cincuenta años cumplidos, le confesará a un carmelita: “Sabed, padre, que en mi juventud me dirigían tres clases de cumplidos; decían que era inteligente, que era una santa y que era hermosa. En cuanto a hermosa, a la vista está; en cuanto a discreta, nunca me tuve por boba, en cuanto a santa, solo Dios sabe”. No tuvo dudas cuando decidió tomar ella misma el poder, con gran escándalo de sus superiores y mucho temor de los amigos. “El ejercicio de la autoridad tiene mucho que ver con la autoestima”, afirma la socióloga Alicia E. Kaufmann en Mujer, poder y dinero (Editorial Lo Que No Existe. 2015. Página 111). Usando un término muy estudiado por Kaufmann, Teresa de Ávila fue una mujer empoderada, segura de sí misma. Por eso triunfó, y de qué manera.

Cuando Teresa de Ahumada (de joven decidió tomar como primer apellido el de su madre) era una adolescente, Baltasar Castiglione se hizo notar en todo el orbe culto con El Cortesano, un manual  de costumbres publicado en Italia en 1528 y traducido inmediatamente a todas las lenguas europeas, también al español. A Teresa debió llegarle al alma este párrafo, que copiaba pensamientos de Aristóteles, san Pablo de Tarso y santo Tomás de Aquino. “La mujeres son animales imperfectos y, por consiguiente, de menor valor que los hombres. En ellas no caben las virtudes que caben en ellos. Cuando nace una mujer es falta y yerro de natura y contra su intención, como sucede en uno que nace ciego o cojo o con algún otro defecto”.

Limage from http://s3.amazonaws.com/hires.aviary.com/k/mr6i2hifk4wxt1dp/15033016/301e9bab-3c8d-434b-86eb-6853b8864994.pngos hombres, sobre todo los eclesiásticos, querían a las mujeres bobas, como dice un personaje de Lope de Vega en La boba para los otros y discreta para sí:“Más quiero boba a Diana / con aquel simple sentido / que bachillera a Teodora”. “Era una mujer, pero lo era sin duda por un error de la naturaleza”, sostenía mucho más tarde José Zorrilla para alabar el talento de Gertrudis de Avellaneda. A Teresa de Ávila le pasó lo mismo muchas veces. Pero al dicho clásico: “Ni espada rota ni mujer que trota”, ella opuso un sufrido y tenaz recorrido por los campos de Castilla, hasta llegar a Sevilla, a lomos de asnos o andando por caminos imposibles. Lo cuenta con gracia que admiró a Jovellanos en el Libro de la Vida y en Las Fundaciones.

Durante siglos, la figura de Teresa de Ávila, culta, libre, fresca y retadora, fue sometida a todo tipo de mixtificaciones, hasta el punto de que le sirvió al alicorto nacionalcatolicismo franquista para proclamarla como “santa de la raza”. “La dictadura franquista hizo a Teresa de Ávila un flaco favor al proclamarla la santa de la raza”, sostiene uno de sus mejores biógrafos, el gran hispanista francés Joseph Pérez. El secuestro de la Teresa auténtica, adelantada a su tiempo, no sólo lo perpetró el dictador Franco haciéndose acompañar toda su vida en el poder de una mano incorrupta de la santa. Aún permanece. El actual ministro de Interior, Jorge Fernández, dijo en la presentación en la última Feria de Turismo (FITUR) del proyecto ‘Huellas de santa Teresa’: “Santa Teresa hablaba de tiempos recios, y estoy seguro de que estará siendo una importante intercesora para España en estos tiempos también recios”, dijo el ministro.

El quinto centenario del nacimiento de Teresa de Ávila, el 28 de marzo de 1515, está sirviendo para espantar tantos tópicos y manipulaciones, con la publicación ya de un centenar de libros de todo tipo (novelas, estudios teológicos, análisis literarios, etc.) que la presentan como lo que fue: gran reformadora eclesiástica y una de las grandes escritoras del Siglo de Oro de la lengua castellana pese a que, amenazada por la Inquisición, no se atrevió a publicar nada en vida. Su prudencia, sin embargo, era también atrevimiento. Cuando enviaba sus escritos y cartas a amigos, protectores y admiradores (la mayoría mujeres, como la Princesa de Éboli), les requería que guardasen bien esos papeles e, incluso, que los destruyesen. Sabía de sobra que lo escrito circulaba por doquier, como demuestra en algunas de sus cartas al poderoso Felipe II. Los inquisidores conocían la protección real y no llegaron a meterla presa. Lo hicieron, en cambio, con gran brutalidad, con el mejor colaborador de la santa, el sufrido san Juan de la Cruz, y más tarde con fray Luís de León, primer editor de las obras de la escritora de Ávila.

“Entre pucheros anda Dios”. “Son tiempos recios”. “La verdad padece, pero no perece”. “No hagan caso de la opinión del gremio sacerdotal, medio letrado. No son tiempos de creer a todos sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo”. Esto último lo escribe en Camino de perfección, como consejo para las  doce mujeres que inician con ella la reforma-fundación del nuevo Carmelo. Frases de este tipo se hicieron famosas en vida de la mística carmelita, que tenía muy mala opinión sobre los curas de su tiempo. En el Libro de la Vida retrata a uno que es avaro, poco formado, amante de vivir sin trabajar, que se exhibe con concubinas.

El Concilio de Trento (1545-1563) intentó poner remedio a ese estado de cosas, muy jaleadas por el anticlericalismo de la época. Teresa de Ávila fue una adelantada y su nombre corrió pronto de boca en boca por toda Europa. Es ensalzada por doquier. Lo hace Cervantes, que le dedica una poesía; también Góngora, Quevedo y Lope de Vega, éste mediante dos obras de teatro y nueve sonetos. La pinta en 1576 (su único retrato en vida) el carmelita Juan De la Miseria (“Dios te perdone, fray Juan, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa”, le escribe), y se afanan en la iconografía teresiana Velázquez, Rubens y el gran escultor barroco Bernini, en Transverberación de Santa Teresa.

TeresaberniniLos inquisidores no aguantan que una mujer, encima monja, esté de boca en boca, con admiración o escándalo. Qué hace una mujer diciendo esas cosas sin control de los prelados. Teresa no hace caso. Mejor aún, Teresa no para. Cuando habla de los “tiempos recios”, hacia 1562, ya tiene 47 años, una edad avanzada para aquel tiempo, e inicia la campaña que culmina con la fundación de 17 conventos. La tarea, quijotesca y peligrosa, va a contarla en libros que son una delicia: frescos, irónicos, documentados, un relato sobre la España de aquel tiempo, con narraciones sobre cómo eran los caminos que recorría y las gentes con las que se relacionaba.

La orden de los Carmelitas Descalzos -800 conventos en 120 países, con 12.000 monjas y 5.000 frailes-, ha programado este quinto centenario de su fundadora  para depurar su faceta literaria, reformadora y mística, con el convencimiento de que nunca como ahora habrá mejor oportunidad para “recolocar en escena el verdadero perfil de santa Teresa, muy emborronado durante décadas del siglo pasado”. Añaden los promotores: “Por primera vez en cinco siglos ha llegado el momento de fijar la importancia de una de las figuras más complejas del más temprano Siglo de Oro español”. En la vanguardia del cristianismo romano como fieles al Concilio Vaticano II, los carmelitas descalzos tienen ahora viento a favor desde la llegada al pontificado romano del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio.El papa Francisco se ha declarado admirador de la santa de Ávila, aunque ha dado el disgusto a los obispos de no venir a España con motivo de esta efemérides.

Otra cosa es que el Vaticano vaya a tomar como guía de sus reformas pendientes (y anunciadas por este papa) algunas de las ideas de la mística española. Sorprende lo poco que ha avanzado la Iglesia romana en estos cinco siglos en el trato que da a la mujer. Ni siquiera el Vaticano II fue un revulsivo pese a los intentos de algunos grandes prelados. Lo cuenta Isabel Gómez-Acebo, teóloga y feminista. Pese a que el feminismo y el papel de la mujer en la Iglesia estaban en la mesa en el momento de la celebración el concilio, “fue muy difícil cambiar las mentalidades”. Para empezar, sólo fueron convocadas diez religiosas y 13 laicas, “sin voz ni, por supuesto, voto”, y solo para la tercera sesión conciliar. Muchos cardenales habían puesto el grito en el cielo por su sola presencia. Gómez-Acebo pone este ejemplo: ante las protestas de muchos obispos, que se negaban a sentarse junto a las mujeres, la organización tuvo que habilitar una cafetería solo para ellas.

Esta otra anécdota la cuenta el historiador Hilari Raguer: “A lo largo de todo el Concilio, ninguna mujer fue nombrada perita o experta. Cosa más escandalosa aún: en las celebraciones de la eucaristía con que comenzaban las congregaciones generales, se distribuía la sagrada comunión a algunos de los presentes, pero tenían que ser varones. En una eucaristía del Concilio, los periodistas católicos habían sido invitados a recibir la comunión de manos del obispo celebrante, pero cuando la periodista Eva Fleischner se puso en la fila los ceremonieros la sacaron con malas maneras del grupo de sus colegas varones”.

Fue el cardenal Leo Josef Suenens, belga, quien convenció a Pablo VI de que debía invitar a mujeres al concilio. Las resistencias fueron terribles, pero el argumento demoledor: “Las mujeres, si no me equivoco, constituyen la mitad de la humanidad”. Le replicaron con una cita de san Pablo, el primer secretario de organización del cristianismo: “Que las mujeres callen en la asamblea” (primera carta a los Corintios 14,34).

Teresa de Ávila, feminista a su manera (lo argumenta Maximiliano Herráiz, uno de sus mejores estudiosos), sobreponiéndose con coraje a los machismos de su tiempo, habría cantado muchas verdades en ese concilio, clausurado hace apenas medio siglo. Quinientos años y todo parecía seguir como en aquel tiempo. Aconsejaba a sus monjas que no se arrugasen (“Nada te turbe, / nada te espante”), y menos ante “esos negros devotos destruidores de las esposas de Cristo”. No tenía buena opinión de sus colegas fundadores, tan poderosos en el Vaticano II, todos hombres, todos empeñados en hacer cuanto antes la romería (¡a Roma, a Roma!). “Siempre nuestros Generales residen en Roma, y jamás ninguno vino a España”, escribe en el Libro de las Fundaciones. Ella nunca se prestó a esa romería, que afea a un general: “Es que su señoría, estando allá, no entiende lo que pasa acá”.

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La historia de la Mujer en el Ministerio: por Isaías A. Rodriguez


Las mujeres ejercieron una función trascendental en el apostolado de Jesús (Lucas 8, 1-4), y posteriormente durante todo el Nuevo Testamento e Iglesia primitiva.

Según el Comentario Bíblico de san Jerónimo, Lucas presenta a Jesús quebrantando tres normas culturales judías: Jesús está con mujeres que no son sus familiares. Una mujer le sirve. Jesús enseña a una mujer en su casa (Lucas 10,38-42).

Para Pablo en el bautismo se habían borrado las distinciones de raza, sexo y clases sociales (Gálatas 3, 27-28). Con todo, aunque creía en la igualdad en Cristo entre hombre y mujer, (Gálatas 3,28), no pudo superar totalmente las ideas imperantes en aquella sociedad con respecto a la mujer. Por ello, en ese contexto, es significativo que Pablo reconociera y exaltara el ministerio que las mujeres ejercían en la Iglesia. Un ejemplo claro lo tenemos en la carta a los romanos: “Les recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas” (Romanos 16, 1). “Saludos a Prisca y Áquila, mis colaboradores en la obra de Cristo Jesús, (…) Saludos a María, que tanto ha trabajado por ustedes. (…) Saludos a Trifena y a Trifosa, que han trabajado por el Señor. Saludos a la querida Pérside, que ha trabajado mucho en el Señor (Romanos 16, 1-16). Y lo mismo a los filipenses: “Evodia y Síntique…que lucharon por el evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos” (Filipenses 4,2-3). Se podrían mencionar otros textos, pero estos son suficientes.

Documentos primitivos como la Didascalia (215) y las Constituciones Apostólicas (350-380) definen las funciones de las diaconisas. En concreto, en el capítulo dieciséis de la Didascalia se le pide al obispo que escoja a mujeres para que sean diaconisas ya que estas pueden ejercer funciones que no podían ejercer, en aquel tiempo, los diáconos, entre ellas, en el bautismo “se requiere que las [mujeres] que desciendan al agua sean ungidas con el óleo de la unción por la diaconisa” porque “no es conveniente que las mujeres sean vistas por los hombres” pues el bautismo se realizaba estando totalmente desnudos. “Cuando la que es bautizada sale del agua, la diaconisa la recibirá, la instruirá y la adoctrinará, para que el sello infrangible del bautismo le sea impreso con pureza y santidad”. “Hemos dicho que el servicio de una mujer diaconisa es muy deseable y necesario, porque también nuestro Señor y Salvador fue servido por mujeres que le servían que fueron: María Magdalena, y María, hija de Santiago, y la madre de José, y la madre de los hijos de Zebedeo” (Mateo 27, 55-56).

Los concilios fijaron las condiciones para su ordenación sacramental y se elaboraron rituales de ordenación. Sin embargo, en el año 398 en el IV sínodo de Cartago, se decidió que “una mujer aunque sea erudita y santa, no presumirá enseñar a hombres en una asamblea y no podrá bautizar”.

En la Iglesia Bizantina el diaconado femenino se desarrolló durante los siglos octavo y noveno. Muchas diaconisas santas son veneradas en el calendario de la Iglesia Ortodoxa.

La decadencia y desaparición temporal del diaconado femenino ha sido atribuido a dos causas principales: al miedo a la impureza ritual debido al periodo menstrual femenino, y al descenso de bautismos de adultos. Esto hizo disminuir la necesidad de la ayuda de las diaconisas, tal como se menciona en algunos rituales sirios antiguos.

Siempre ha habido mucha oposición a las diaconisas en la zona de la Iglesia de habla latina, como: Italia, norte de África, la Galia y Bretaña. Las principales razones fueron, la influencia del derecho romano, según el cual la mujer no podía ocupar ningún puesto de autoridad, y el miedo a la impureza ritual. Durante la Edad Media, pocas personas conocían lo que el diaconado de las mujeres había significado en la Iglesia primitiva.

Pero hay más. Según el historiador Giorgio Otranto, director del Instituto de estudios clásicos y cristianos de la universidad de Bari, Italia, hay evidencia de que hasta el siglo IV, las mujeres ejercieron funciones sacerdotales. Al parecer, en las paredes de las catacumbas de Priscila en Roma, hay un fresco en el que se representa a una mujer bendiciendo el pan eucarístico. Inscripciones en tumbas halladas en Italia y Francia identifican a mujeres llamadas Leta, Flavia, María y Marta como sacerdotisas. Y en la iglesia de san Praxido en Roma hay un mosaico con cuatro obispos incluida una mujer, Teodora.

No es de extrañar que tarde o temprano, las denominaciones cristianas se plantearan la cuestión de la ordenación de la mujer al ministerio.

En el Anglicanismo tenemos el primer caso en 1862, cuando el obispo de Londres ordena a una diaconisa con la imposición de las manos. En 1885, los obispos de Alabama y Nueva York hacen lo mismo. En 1919 se publica en Inglaterra el informe de una comisión nombrada por el arzobispo de Cantorbery, Randall Thomas Davison, bajo el título El ministerio de las mujeres.

En 1944 se da un paso más cuando el obispo R.O.Hall de Hong Kong ordena a Li Tim-Oi al presbiterado en Zhaoqing, China. Cantorbery y York repudian la ordenación y ella renuncia a sus órdenes. Cuatro años más tarde la conferencia de Lambeth niega el permiso a Hong Kong para ordenar mujeres al presbiterado con base experimental, alegando que “no es el tiempo propicio” para considerar el asunto. Lambeth urge que se renueve el énfasis del papel y trabajo de las diaconisas.

En 1966 se publica en Inglaterra el informe: Las mujeres en órdenes sagradas, escrito por la comisión de estudio de los arzobispos de York y Cantorbery. Ese mismo año la Cámara de los Obispos recibe un informe titulado: El lugar adecuado de las mujeres en el ministerio de la Iglesia. La Cámara recomienda que la conferencia de Lambeth de 1968 estudie la ordenación de las mujeres al presbiterado.

En 1970 la Convención General declara que las diaconisas están dentro del diaconado. La convención cambia los cánones para permitir a las mujeres ser ordenadas diáconos bajo las mismas condiciones que los hombres. También en 1970, la diócesis de Hong Kong y Macao aprueba la ordenación de mujeres al presbiterado y reconoce la ordenación de Li Tim-Oi realizada 26 años antes. El obispo Gilbert Baker de Hong Kong, actuando con la aprobación de su sínodo, ordena dos mujeres al presbiterado: Jane Hwang Hsien-Yuen y Joyce Bennett, en 1971. La Cámara de los Obispos reunida en Nueva Orleans en 1972 aprueba, por escasa mayoría, que es “el sentir de la cámara” que las mujeres sean ordenadas, pero un año más tarde la Cámara de los Diputados reunida en la Convención General de Louisville, Kentucky, no lo aprueba.

En l973 el obispo John Gilbert Baker ordena a Pauline Shek Wing Shuet a la orden del presbiterado, constituyéndose así en la tercera mujer sacerdote en la Comunión Anglicana.

En l974 el sínodo de la iglesia en Nueva Zelanda aprueba la ordenación de las mujeres. Mientras que en Filadelfia, ese mismo año once diaconisas reciben el presbiterado en una ceremonia no autorizada. Tres semanas más tarde la Cámara de los Obispos, en Chicago, declara inválidas las ordenaciones.

Finalmente, 1976 la Convención General de Minnesota, aprueba la ordenación de mujeres al presbiterado y al episcopado con un cambio en los cánones. Ante tal decisión se produce un éxodo de sacerdotes y congregaciones, para fundar sus propias iglesias.

En 1977 reciben el presbiterado legalmente el primer grupo de mujeres en la Iglesia Episcopal y se reconocen las ordenaciones ilegales de Filadelfia.

En l980 la Iglesia Anglicana de Canadá aprueba la ordenación de mujeres al presbiterado y comienza a ordenarlas.

Y en l983 el obispo Francisco Reus-Froylán de Puerto Rico, ordena al presbiterado a Nilda Anaya, siendo así la primera mujer hispana ordenada sacerdote en la Comunión Anglicana.

En l988 la diócesis de Massachusetts, elige a Bárbara Harris como la primera mujer obispo en la Comunión Anglicana, y es consagrada en Boston el 1 de febrero de 1989. Esto provocará un nuevo éxodo de gente de la Iglesia Episcopal.

 

http://www.episcopaleslatinos.org/teologia/mujeres2.htm

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DIA 14 ENERO/16


Oración y Liturgia » Comentario a las Lecturas
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Oración y Liturgia » Comentario a las Lecturas

Si quieres…… Escrito por Comentarista 4 el 14 enero, 2016 . Posteado en Comentario a las Lecturas “Si quieres, puedes curarme”. Un leproso se acerca al S…
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EL EVANGELIO EN AUDIO.


Welby insta a la reconciliación, no al acuerdo, entre los líderes anglicanos


Por Matthew Davies | January 13, 2016 Leave a Comment |

[Episcopal News Service] El arzobispo de Cantórbery Justin Welby está esperanzado de que los principales líderes anglicanos reunidos esta semana en Cantórbery, Inglaterra, puedan ser capaces de encontrar una senda hacia la reconciliación en lugar de [terminar en] un cisma sobre profundas diferencias de opinión respecto a los problemas de la sexualidad humana.

Hablando en el Programa “Today” de la BBC Radio 4’s antes de la reunión del 11 al 16 de enero, Welby dijo: “Ciertamente quiero la reconciliación. La reconciliación no siempre significa acuerdo; de hecho muy rara vez es tal cosa. Significa encontrar modos de discrepar bien y eso es lo que hemos logrado hacer esta semana”.

De los 38 líderes anglicanos que asisten esta semana a la Reunión de los Primados, un puñado de arzobispos africanos ha amenazado con abandonar la reunión a menos que Welby acceda a sus demandas de disciplinar a la Iglesia Episcopal y otras provincias con cuyas acciones discrepan.

“No hay nada que yo pueda hacer si hay personas que deciden abandonar el salón”, dijo Welby, “pero queremos permanecer juntos, escucharnos mutuamente en el servicio de Jesucristo y concentrarnos no tan sólo en el tema de la sexualidad, sino también en los enormes problemas que afectan a las personas alrededor del mundo: conflictos armados, persecución, violencia religiosa”.

En un esfuerzo por evitar el boicot de los arzobispos conservadores africanos, tal como el que ocurrió en la última Reunión de los Primados en 2011, Welby ha invitado al arzobispo Foley Beach, líder de la Iglesia Anglicana en América del Norte (ACNA, por su sigla en inglés) a reunirse con los primados en una conversación antes de que comience oficialmente la Reunión de los Primados en Cantórbery. La ACNA está compuesta en gran medida por ex episcopales que decidieron separarse de la Iglesia Episcopal. Algunos primados africanos han declarado su afiliación a la ACNA.

“La Iglesia es una familia, y uno sigue siendo una familia incluso si toma por distintos caminos”, dijo Welby en la entrevista radial. “Tenemos que resolver cómo coexistimos con eso y cómo servimos fielmente a Dios de manera que mostremos que podemos discrepar profundamente y aun así amarnos y cuidarnos mutuamente.

“Un cisma no sería un desastre —Dios es más grande que nuestros fracasos—, pero sería un fracaso”, añadió. “No sería bueno que la Iglesia se mostrara incapaz de darle el ejemplo al mundo de enseñar como podemos amarnos los unos a los otros y aun discrepar profundamente, porque es Jesucristo quien nos congrega, no nuestra propia elección. Esto no es un club formal o un partido político. Esto es algo hecho por Dios”.

Michael Curry, el obispo primado de la Iglesia Episcopal, asiste a su primera Reunión de Primados desde que fuera instalado como obispo presidente y primado en noviembre pasado.

Curry y muchos de sus colegas primados han pedido oraciones mientras los líderes se reúnen por primera vez en cinco años.

Invito a los episcopales a orar conmigo por esta reunión, en la que Dios estará plenamente presente con nosotros y en la que podemos seguir a nuestro Señor Jesús en los caminos de Su amor y de este modo ser parte de la bendición de Dios para el mundo”, dijo Curry en una declaración el 7 de enero.

Luego de su elección como obispo presidente y primado en junio de 2015, Curry dijo que la Comunión Anglicana tiene tanto que ver con las relaciones como con la estructura y la organización. “tenemos algo que hacer. Creo en verdad que tenemos alguna tarea de Jesús que hacer” dijo. “Este mundo clama por nosotros y nos necesita, y la Comunión Anglicana es una manera en que Dios nos usa unidos para hacer realmente de este mundo un mundo mejor”

Antes de la Reunión de los Primados, más de 100 líderes ordenados y laicos de la Iglesia de Inglaterra, entre ellos obispos y deanes, publicaron una carta abierta a los arzobispos de Cantórbery y de York llamando a la Iglesia a arrepentirse del trato de “ciudadanos de segunda clase” dado a algunos cristianos por motivo de la sexualidad.

Entre los signatarios se encuentra el Muy Rdo. David Ison, deán de la catedral de San Pablo en Londres. “Creo que es imperativo para nosotros recordar que mientras procuramos abordar sincera, amorosa y respetuosamente nuestras diferencias de contexto y de interpretación bíblica, nuestras discusiones son realmente sobre las vidas de hermanas y hermanos que a menudo han sido rechazados y victimizados por causa de su sexualidad”, afirmó. “La Iglesia debe ser el primer lugar al que ellos sientan que pueden acudir para encontrar amor y aceptación en lugar de juicio”.

Desde la publicación de la carta la semana pasada y la invitación de los organizadores a que otras personas la firmen, más de 3.200 anglicanos y episcopales lo han hecho.

Se ha abierto una página web con materiales concernientes a la reunión e incluirán colectas y peticiones de oración mientras los primados se encuentren reunidos.

Los primados son los principales arzobispos y obispos presidentes electos o nombrados para dirigir cada una de las 38 provincias autónomas de la Comunión Anglicana. El arzobispo de Cantórbery los invita a la Reunión de los Primados para consultas sobre asuntos teológicos, sociales e internacionales.

La Reunión de los Primados de la Comunión Anglicana es uno de los tres instrumentos de la Comunión, siendo los otros dos la Conferencia de Lambeth [que reúne a todos los obispos de la Comunión] y el Consejo Consultivo Anglicano, el principal organismo normativo de la Comunión. Al arzobispo de Cantórbery, como primus inter pares, o “primero entre iguales” se le reconoce como el centro de la unidad de la Comunión Anglicana.

Cada provincia se relaciona con las otras provincias dentro de la Comunión Anglicana por estar en plena comunión con la Sede de Cantórbery. El arzobispo de Cantórbery convoca la Conferencia de Lambeth, preside la Reunión de los Primados y es el presidente del CCA.

En algunas provincias anglicanas al primado se le llama arzobispo o metropolitano, o ambas cosas, mientras en otras se usa el término de obispo presidente, o de primus [otra manera de decir primado] como en Escocia.

El arzobispo de Cantórbery también invita a las reuniones de primados a los moderadores que presiden las iglesias ecuménicas unidas del Norte de la India, el Sur de la India y Pakistán.

En 1978, el arzobispo Donald Coggan, el 101er. arzobispo de Cantórbery, estableció la Reunión de los Primados como una oportunidad de “meditación pausada, oración y consulta a profundidad”.

Los primados se han reunido en Ely, Inglaterra, en 1979; Washington, D.C., en 1971; Limurú, Kenia, en 1983; Toronto, Canadá, en 1986; Chipre en 1989; Newcastle, Irlanda del Norte, en 1991; Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en 1993; Windsor, Inglaterra, en 1995; Jerusalén en 1997; Oporto, Portugal, en 2000; Centro de Conferencias de Kanuga, Hendersonville, Carolina del Norte, en 2001; Cantórbery, Inglaterra, en 2002; Gramodo, Brasil, en mayo de 2003; Londres, Inglaterra, en octubre de 2003; Newry, Irlanda del Norte, en febrero de 2005; Dar es-Salam, Tanzania, en febrero de 2007; Alejandría, Egipto, en febrero de 2009 y Dublín, Irlanda, en enero de 2011.

Las provincias y primados de la Comunión Anglicana aparecen listados aquí.

Visite la página web oficial de los Primados 2016

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Matthew Davies es redactor y reportero de Episcopal News Service. Traducido por Vicente Echerri.

Welby insta a la reconciliación, no al acuerdo, entre los líderes anglicanos

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