Boletín de Iglesia de San Romero.           domingo, 21 de febero, 2016 2º Domingo de Cuaresma


Oscar_Romero_by_puigreixach                  

Querido/as amigos y amigas,

 

Una vez más, no habrá la Misa de este domingo (21 de febrero), porque todavía estoy hablando en un graznido, así como estar bajo las órdenes del doctor no cantar hasta mi voz sana. Aparentemente, hay un horrible virus pasando alrededor y el efecto dura un tiempo, pero estoy bien.

Hay forros de plata en las nubes. Para una cosa, tuve la buena fortuna de estar enfermo, durante esta semana la gran tormenta de nieve aquí en Rochester. Mientras que otros estaban manejando en la nieve o atascado en la autopista, estaba durmiendo. Me desperté a cerca de dos pies de nieve sepultando el paisaje (y mi coche). Al día siguiente leí en el periódico la polémica aquí en el condado de Monroe acerca de por qué las personas encargadas de hacerlo esperó tanto tiempo para emitir una advertencia de viaje. Desde mi lugar confortable como observador, me preguntaba acerca de eso. ¿Por qué necesitamos funcionarios a decirnos a permanecer fuera de la carretera? No es nuestro propio sentido común nos dicen que? Pero luego me di cuenta de que la mayoría de la gente por la conducción que por la mañana estaban intentando llegar a su trabajo, un trabajo que no sería cancelada a menos que alguien emitido ese asesoramiento.

A veces me parece que como una cultura, tenemos una especie de locura colectiva sobre el mantenimiento en ir, no importa qué. Me parece a mí, en mi reticencia a tomar tiempo libre esta semana. Yo lo veo en las personas que regresan a trabajar sólo un día o dos después de enterrar a un ser querido. …y en esa cosa que nos envía fuera de conducción cuando el clima es claramente diciéndonos que quedarse en casa.

En diciembre, parecía que no íbamos a tener un buen invierno en todo este año. Empecé a recibir preocupado por todas las plantas que necesita el invierno – que necesita un tiempo de latencia y frío, almacenando energía para la primavera. Nosotros los seres humanos – necesitamos nuestros tiempos inactivos, demasiado. Tenemos nuestro Desierto, nuestro tiempo cuando nada parece estar creciendo. Jesús lo sabía, y se tomó el tiempo para adentrarse en el desierto, dejando ir de tiempo normal y actividades, estar con Dios. Sabemos que el tiempo no era tiempo de «nada», sino un momento de lucha interior ante las tentaciones de poder y control, y se enfrentó a ellos.

A veces los tiempos del desierto no son tanto de lucha, como una oportunidad para dejar que las cosas lleguen tranquilo, y enterarse de cosas que no son fáciles de ver cuando uno está constantemente ocupado. Así, la cuaresma es demasiado, o puede ser, si lo dejamos. Eliminando algunas de las cosas ordinarias que llenan nuestras vidas pueden hacer espacio para cosas nuevas para crecer -como el desmalezado del jardín.

Que el silencio del invierno, la nieve y la Cuaresma sea una bendición para usted. Que la Cuaresma sea un tiempo de crecimiento!

 

Ninguna Misa alcanzar este domingo, pero usted es bienvenido a unirse a nosotros la próxima semana, el 28 de febrero, a las 11 de la mañana. Nos vemos entonces, quizás!

Amor a todo/as,

 

Chava+ RCWP

 

fondo de construcción para el migrante ministerio ahora es de $18,520. Si ud. desea hacer una donación en línea, el sitio web esHttp://www.oscarromerochurch.myevent.com/ ; o si por cheque por favor hacen a Oscar Romero Inclusive Catholic Church. Poco a poco lo estamos consiguiendo!

 

Fallece el sacerdote nicaragüense Fernando Cardenal, sancionado por Juan Pablo II


De acuerdo con los medios, Cardenal murió por complicaciones cardíacas luego de someterse a una operación quirúrgica para atender una hernia umbilical.

El padre jesuita falleció luego de haber permanecido por más de dos semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital de Managua.El padre jesuita falleció  luego de haber permanecido por más de dos semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital de Managua.
El padre jesuita falleció luego de haber permanecido por más de dos semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital de Managua. Tomada de La Prensa de Nicaragua

El sacerdote jesuita Fernando Cardenal, nacido en Granada el  26 de enero de 1934, fue uno de los seis religiosos nicaragüenses sancionados por el Vaticano en 1984 y hermano del también sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, falleció este sábado tras complicaciones de salud, dijeron fuentes de la orden.

Cardenal, de 82 años y teólogo de la liberación, fue ministro de Educación Y dirigió la cruzada de Alfabetización en el gobierno revolucionario sandinista en la década de 1980.

En 1984, el papa Juan Pablo II le suspendió a divinis del ejercicio del sacerdocio, junto con su hermano Ernesto y otros cuatro religiosos nicaragüenses por defender la teología de la liberación y ocupar cargos en el gobierno, aduciendo que era incompatible con su condición de religiosos.

El papa Francisco levantó esa sanción en agosto de 2014 y estaba dedicado a la organización Fe y Alegría.

En un documento titulado «Carta a mis amigos», que fue publicada en 1984, Cardenal defendió su decisión en términos teológicos.»Sinceramente considero delante de Dios que cometería pecado grave si yo abandonara mi puesto», dijo Cardenal sobre el cargo que aceptó.

«Desde mi punto de vista es posible vivir, en mi caso, simultáneamente mi fidelidad a la Iglesia como jesuita y como sacerdote y también dedicarme al servicio de los pobres de Nicaragua desde la Revolución Popular Sandinista. Sin embargo se me prohíbe conjugar los dos grandes amores de mi vida».

Fernando Cardenal dejó su cargo en 1990 y al final rompió con el Frente Sandinista —que era encabezado por Daniel Ortega— por considerar que la organización se alejó de los principios de la revolución que derrocó a la dictadura somocista.

En algo más inusual que su decisión, fue reinstalado en la orden jesuita en 1997. En 1980, siendo ministro de Educación, Cardenal coordinó a más de 95.000 estudiantes, maestros, técnicos, profesionales, hombres y mujeres, para ejecutar la Cruzada Nacional de Alfabetización, que redujo drásticamente el analfabetismo en Nicaragua —del 50.35% al 12.96%— lo que mereció un reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) al país centroamericano en 1981.

«Fernando dejó un legado, fue un voz profética para la juventud nicaragüense», dijo a la AP la ex guerrillera y ex ministra de Salud de la década de 1980 Dora María Téllez.

Entre los anhelos del sacerdote, estaba «que los jóvenes volvieran a las calles a hacer historia» en Nicaragua e insistía —ante la enorme migración de muchachos hacia otros países por falta de empleo y oportunidades— en que «no se cambien de país, quédense a cambiar el país», agregó Téllez.

Sus restos serán velados en la capilla de la Universidad Centroamericana y sus funerales están previstos para mañana domingo.

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Nunca olvide: Nuestra invasión de Irak fue un abuso de confianza


Richard A. Clarke

Orlando Sentinel

 

El martes, en este 10 aniversario de la invasión estadounidense de Irak, haríamos bien en recordar acerca de algunos hechos dolorosos.

 

Mantener esos hechos en nuestra memoria colectiva puede hacer que sea más fácil para nosotros, como nación, para evitar futuros errores.   Por lo tanto, recordemos cinco hechos desafortunados sobre la invasión estadounidense de Irak.

 

En primer lugar, los líderes de la administración Bush tenían la intención de invadir desde el principio de su tiempo en la Casa Blanca.   Cuando ocurrieron los ataques del 9-11, los miembros del gabinete de Bush inmediatamente discutieron la forma que la tragedia podría utilizarse para justificar una invasión.

 

El propio Bush me pidió que trate de echar la culpa de 9-11 en Irak.   El vicepresidente Dick Cheney propaga un mito que un secuestrador se había reunido con funcionarios de inteligencia iraquíes en Praga, siempre sin embargo sabíamos en el momento Cheney dijo que que el informe era falso y que el secuestrador estaba en Virginia en el momento de la presunta reunión.

 

En segundo lugar, el equipo de Bush-Cheney se posó en la excusa para invadir Irak que estaba haciendo las armas de destrucción masiva.   Ellos sacaron a relucir al Congreso, el pueblo estadounidense y de las Naciones Unidas una serie de informes de inteligencia fabricados.

 

Irak fue supuestamente comprando uranio «torta amarilla» de Níger.   El usados ​​prueba documental resulta haber sido una falsificación.   Irak tenía laboratorios móviles de armas biológicas.   El testigo se ha demostrado que es un mentiroso.   Irak fue supuestamente de entrenamiento de al-Qaida.  La única evidencia de que eran los delirios de un terrorista bajo tortura extrema.

 

La prueba de que estos y otros informes de inteligencia fabricados eran erróneas estaba disponible mucho antes de que invadimos.

 

En tercer lugar, el mal manejo de la guerra costó miles de vidas estadounidenses y más de 100.000 vidas iraquíes y decenas desfigurados, descuartizados o traumatizadas de miles de estadounidenses.   El costo financiero y humano de esas bajas se hará sentir durante décadas.

 

La administración Bush no tenía ningún plan real para ocupar Irak, pero desestimó el ejército iraquí, a pesar del hecho de que el ejército tenía acceso a un tesoro de los brazos.   Una insurgencia siguió inmediatamente y durante meses después, el secretario de defensa no sólo se negó a admitirlo, se prohibió el uso de la palabra insurgencia.

 

En cuarto lugar, los que más se benefició eran Irán y Al Qaeda.   Durante años, la agresión de Irán en la región se mantiene bajo control por el gobierno de Bagdad.   Desde la invasión de Estados Unidos, Irán ha adquirido una mayor influencia en toda la zona, lo que socava los EE.UU. y sus aliados.

Porque estábamos ocupados en Irak, los activos militares y de inteligencia de Estados Unidos no estaban disponibles para terminar rápidamente la presencia de Al-Qaida y los talibanes en Afganistán y Pakistán.   Por lo tanto, las personas que realmente nos atacaron el 11 de septiembre eran libres durante años para recuperar su fuerza.

 

En quinto lugar, la invasión y ocupación de Irak añaden entre un billón y dos billones de dólares a nuestra deuda a largo plazo, dependiendo de lo que se consideran los costes (en sustitución de los equipos, el cuidado de los veteranos).

 

Contratistas de defensa como Halliburton y Blackwater hicieron enormes beneficios.  Dichos gastos se iniciaron al mismo tiempo que la administración Bush comenzó una reducción de impuestos.   Las dificultades financieras de nuestro gobierno y la cara economía de hoy en día son en gran parte impulsado por esas decisiones individuales.

 

Es conveniente que agradecemos a nuestros soldados veteranos y civiles por su servicio en Irak, porque ellos hicieron lo que se les pedía.  Sin embargo, es inadecuado que damos gracias por su servicio a los altos funcionarios que inventaron esta debacle.

 

Podemos tener como nación implícitamente decidió que sería mejor sin pruebas o incluso sin una Comisión de la Verdad y Reconciliación, pero no hay que olvidar lo que los funcionarios hicieron a nosotros, como nación, a nuestros soldados, a nuestras finanzas, a nuestro integridad moral en el mundo.   Para hacer eso, para dar la bienvenida de nuevo como estadistas, sería ofender a nuestros caídos y nuestros heridos, y para recompensar la duplicidad por los que juró un bien público.

 

Uno de los puntos fuertes de los Estados Unidos es que mira hacia el futuro, no el pasado.   También puede ser una de nuestras mayores debilidades.   A menudo nos pagamos un precio por nuestra amnesia colectiva o la ignorancia de nuestra propia historia.   En su lugar, hay que recordar, debemos enseñar la historia, no cubrirlo, y nunca olvidarlo.

 

Richard A. Clarke, el coordinador de contraterrorismo en el Consejo Nacional de Seguridad

  1993-2001, es presidente de la Buena Harbor Consulting y autor de

  «Contra todos los enemigos: Guerra del interior de América contra el terrorismo.»

NICARAGUA: “Cardenal vivió para el amor”


Fernando Cardenal

Familiares, académicos, sacerdotes, escritores y políticos, se despiden del sacerdote Fernando Cardenal


A Fernando Cardenal no podía encomendársele la simple tarea de ir a comprar pan. En el camino lo partía y repartía entre los pobres, y a su casa no llevaba ni las migas. Él, de cejas cerdosas y ojos azules, fue un pésimo mandadero, pero un diestro cazador de olas, un seguidor de Cristo y el hombre que, a la cabeza de la Cruzada Nacional de Alfabetización, redujo del 51 al 12.9 por ciento los índices de analfabetismo en Nicaragua. Ortodoxo con los horarios (debía comer a las 12 en punto) y víctima de un eterno dolor de cabeza, Fernando Cardenal, —el jesuita, el aventurero, el alfabetizador— falleció la madrugada del 20 de febrero, a los 82 años.

“Quienes están aquí hoy despidiéndose de él, están despidiendo a tres personas: a un amigo, era buen amigo, a un guía espiritual y a un confidente”, dijo su sobrino, Fernando Cardenal. Familiares, académicos, sacerdotes, escritores y políticos, se reunieron este sábado en la capilla de la Universidad Centroamericana, UCA, para decirle adiós a este ex ministro de educación.

Fiel creyente de “la libertad para opinar en cosas discutibles”, el padre Cardenal podía soltar, en una misma plática, opiniones directas sobre el celibato, el aborto terapéutico, la pedofilia y el sacerdocio femenino. “Ojalá los teólogos morales de la Iglesia aprueben que el Estado pueda castrar a los violadores”, aseguró en una ocasión.

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El poeta Ernesto Cardenal despide a su hermano durante la vela que organizada en la Universidad Centroamericana. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Él no vivió lejos de la polémica. El Papa Juan Pablo II, en 1985, lo apartó de la Compañía de Jesús por estar vinculado a la Revolución Sandinista. “Él me obligó a dejar la Revolución. Yo había tomado una decisión muy pensada en 1973, estando convencido que era Jesús el que me pedía que por los pobres me comprometiera a esa revolución. Yo decía, en mi discernimiento espiritual y comunitario, que la voz de Jesús era más fuerte que la del Papa”, confesó Cardenal en su última entrevista concedida al programa Esta Noche.

Años después revocaron su suspensión y le permitieron regresar. Era 1997. Para la ex comandante guerrillera, Dora María Téllez, de él queda su inconformidad. “Inconformidad con que Nicaragua no podía ser un país con pobres, que Nicaragua no podía ser un país sin libertades y él siempre estaba apelando por los jóvenes, a que la juventud, muchachas, muchachos, pudieran intervenir para cambiar el país”, aseveró. “Fue el general de la batalla más importante que se libró durante la Revolución, que fue la batalla contra la ignorancia”, afirmó la escritora Gioconda Belli.

“Una vida para el amor”

Fernando Cardenal
Fernando Cardenal conversa con un grupo de jóvenes durante la Cruzada Nacional de Alfabetización. Foto de archivo cedida por la familia Vijil Gurdián.

Fernando Cardenal creía en un Dios incluyente y amoroso. Uno que no podía mandar a sus hijos al infierno. “Vos tenés que hacer algo para los demás para lograr la gracia”, le repetía a su sobrino. “La vida de Fernando no puede verse sino desde la integridad de sus sentimientos y sus convicciones, y de sus acciones como consecuencia de esos sentimientos y convicciones, que forman todos un denso tejido ético, en unidad indisoluble”, afirmó Sergio Ramírez. “Su vida misma ha sido desde el principio una vida para el amor”, sostuvo el escritor.

En una recopilación de fotografías personales y familiares a las que Confidencial tuvo acceso, a Cardenal, puede vérsele anclándose a las rocas de un precipicio. Leyendo. Enseñando. Navegando. Sonriendo. Siempre sonriendo.

“El legado más grande del padre Fernando para los nicaragüenses es el amor por los demás, sobre todo a los que menos tienen”, aseguró Ana Margarita Vijil. Ella se dio a la tarea de armar esta memoria a base de instantáneas. Ya sea detrás del volante de un carro o con las narices metidas en un libro, en cada imagen, se nota cercano. Él, según su amiga Odilie Pallais, “irradiaba amor y fe”. Era, dice Pallais, un hombre un tanto impaciente. Capaz de bracear, a los 75 años, 15 kilómetros mar adentro.

Sencillo al vestir y sencillo en su forma de percibir a Dios, “a Dios que era amor y acción”, agregó su sobrino, Fernando Cardenal. “Nunca pidió nada para él, si pedía, era para alguien más”, apuntó.

La escritora Gioconda Belli lo admiraba por su integridad. “Este es un país donde nos faltan personas así”, subrayó. Para Silvio Gutiérrez, director ejecutivo de Fe y Alegría Nicaragua —organización de la que Cardenal fue impulsor—, “el legado del padre es su ética, una coherencia increíble en su vida. Una vida llena de muchas batallas. Un guerrero de muchos campos. Tratando de provocar cambios sociales. Fernando no era nuestro, era de muchos”.

“Cardenal vivió para el amor”

Muere Fernando Cardenal en Nicaragua


20 FEB 2016 15h03 actualizado a las 16h09

Fernando Cardenal, un sacerdote nicaragüense que fue suspendido por el papa Juan Pablo II en la década de 1980, falleció la madrugada del sábado. Tenía 82 años de edad.

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La asociación religiosa Fe y Alegría de Nicaragua, de la cual fue director, informó de su muerte en un comunicado.
Cardenal fue expulsado de la orden jesuita en 1984 por cumplir funciones como ministro de Educación en el gobierno sandinista, aunque más tarde regresó a Fe y Alegría. «Agradecemos inmensamente por su entrega, cariño y lucha incansable por defender a los más desprotegidos», dijo el texto de Fe y Alegría, un programa jesuita que lleva educación a partes pobres de Nicaragua y otros países.

El jesuita practicaba la teología de la liberación y se unió a los rebeldes sandinistas después de que derrocaron al dictador Anastasio Somoza en 1979, primero encabezando una campaña literaria y luego como ministro de Educación.

«Hemos perdido al general de la batalla más hermosa de nuestro país: la batalla contra la ignorancia», lamentó la poeta Gioconda Belli.

De acuerdo con medios nicaragüenses, Cardenal murió por complicaciones cardiacas luego de someterse a una operación quirúrgica para atender una hernia umbilical.

Cardenal fue —junto con su hermano Ernesto— uno de cuatro sacerdotes nicaragüenses expulsados de la Iglesia católica por participar en política como miembro activo del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Cardenal fue ministro de Educación entre 1984 y 1990.

En un documento titulado «Carta a mis amigos», que fue publicada en 1984, Cardenal defendió su decisión en términos teológicos.

«Sinceramente considero delante de Dios que cometería pecado grave si yo abandonara mi puesto», dijo Cardenal sobre el cargo que aceptó. «Desde mi punto de vista es posible vivir, en mi caso, simultáneamente mi fidelidad a la Iglesia como jesuita y como sacerdote y también dedicarme al servicio de los pobres de Nicaragua desde la Revolución Popular Sandinista. Sin embargo se me prohíbe conjugar los dos grandes amores de mi vida».

Fernando Cardenal dejó su cargo en 1990 y al final rompió con el Frente Sandinista —que era encabezado por Daniel Ortega— por considerar que la organización se alejó de los principios de la revolución que derrocó a la dictadura somocista.

En algo más inusual que su decisión, fue reinstalado en la orden jesuita en 1997.

En 1980, siendo ministro de Educación, Cardenal coordinó a más de 95.000 estudiantes, maestros, técnicos, profesionales, hombres y mujeres, para ejecutar la Cruzada Nacional de Alfabetización, que redujo drásticamente el analfabetismo en Nicaragua —del 50,35% al 12,96%— lo que mereció un reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) al país centroamericano en 1981.

«Fernando dejó un legado, fue un voz profética para la juventud nicaragüense», dijo a la AP la ex guerrillera y ex ministra de Salud de la década de 1980 Dora María Téllez.

Entre los anhelos del sacerdote, estaba «que los jóvenes volvieran a las calles a hacer historia» en Nicaragua e insistía —ante la enorme migración de muchachos hacia otros países por falta de empleo y oportunidades— en que «no se cambien de país, quédense a cambiar el país», agregó Téllez.

http://noticias.terra.com.co/mundo/latinoamerica/muere-fernando-cardenal-en-nicaragua,292a5f17d36b9fdaf9c5c01c2efd36bbo07lzbhn.html

MEXICO: Expulsan a cura pederasta que ejercía en Cancún


Fuera de la Iglesia católica

Foto: Megamedia

Fuera de la Iglesia católica

CIUDAD DE MÉXICO.— Por órdenes del Vaticano, el cura Heriberto Monroy Camiruaga, fundador del movimiento Misioneros Eucarísticos Marianos bajo el Signo de la Cruz (MECM), fue destituido por haber cometido abusos sexuales, publica el sitio electrónico proceso.com.mx.

Así lo informó el obispo de la prelatura Cancún-Chetumal, monseñor Pedro Pablo Elizondo, quien precisó que el MECM tampoco podrá continuar en Quintana Roo.

A su arribo a Cancún, luego de acompañar al papa Francisco, quien pidió a los obispos “no tener miedo a la transparencia de la Iglesia”, el religioso indicó que la Santa Sede giró instrucciones para expulsar al cura Monroy Camiruaga de la Iglesia católica, asunto que se notificó a la Arquidiócesis Primada de México.

Los otros tres sacerdotes que integran el MECM, dos de ellos vicarios, podrán continuar en la prelatura, pero únicamente como padres diocesanos, mientras las 12 religiosas que integraban la comunidad deberán buscar otro movimiento o la aprobación de la diócesis.

El cura Monroy Camiruaga fue denunciado en el Estado de México, donde ejercía su labor pastoral en Tlalnepantla, de donde también fue expulsado hace dos años por abuso a menores, luego de lo cual migró a Cancún.

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COLOMBIA. HISTORIA DE LA JERARQUÍA COLOMBIANA: PASTORAL COLECTIVA (1948)


El Arzobispo Primado, los Arzobispos y Obispos de Colombia, al venerable clero secular y regular y a los fieles de sus respectivas jurisdicciones, salud y bendición en el Señor. Al considerar el vasto campo de destrucción material y de espiritual devastación que dejaron los recientes acontecimientos trágicos en toda nuestra amada patria colombiana, y particularmente en la capital de la república, ningún hecho hay tan dolorosamente significativo como el bárbaro y sacrílego atentado que se cometió, desde los primeros momentos de la criminal revuelta, contra la residencia del Excmo. Sr. Nuncio Apostólico, dignísimo representante de nuestro Santo Padre el Papa Pío XII. Porque este hecho no puede explicarse sino como la más clara e inconfundible manifestación del origen tenebroso de todo aquel movimiento, del espíritu diabólico que animó a sus principales dirigentes, y de la finalidad preponderante con, que se planeó y se desató la catástrofe. Se trataba de golpear y de herir en lo más vivo el sentimiento religioso de un pueblo católico en su filial amor y devoción a la persona augusta del Romano Pontífice, Vicario de Jesucristo y Jerarca Supremo de su Iglesia, auténticamente representado en medio de nosotros por el Excmo, Sr. Nuncio Apostólico. Por eso nuestra primera y más enérgica palabra de reprobación y de protesta, como Prelados de una nación eminentemente católica, en nuestro propio nombre y en el de todos y cada uno de los católicos de la nación, se levanta contra ese incalificable atentado de irreligiosidad y de barbarie. Nunca hubiéramos podido imaginar que un hecho semejante, realizado en suelo colombiano, hubiera de venir a añadirse a las múltiples y notorias manifestaciones del odio satánico con que en otras latitudes el ateísmo y la barbarie comunistas han ultrajado y perseguido, con los más criminales procedimientos, a la religión católica y a la Iglesia de Jesucristo, cuyo Jefe Supremo, el Romano Pontífice, es también en el mundo el gestor supremo de todos los intereses espirituales y morales de la civilización cristiana contra la barbarie materialista del comunismo internacional. Hasta los pies del Soberano Pontífice, por medio de su dignísimo representante, queremos hacer llegar este clamor de reprobación, de desagravio y de protesta, salido de lo más íntimo del corazón de sus fieles y atribulados hijos de Colombia, junto con el testimonio de la renovada devoción y de la adhesión inquebrantable al Supremo Pastor y al Padre amadísimo de todos los Prelados, sacerdotes y fieles de esta Iglesia colombiana. Pero faltaríamos a ineludibles deberes de nuestro sagrado cargo pastoral si no hiciéramos oír también nuestra más clara y severa palabra de reprobación y de protesta contra todos los demás atroces delitos cometidos contra la Iglesia y contra las personas y las cosas sagradas, con la sacrílega profanación, el pillaje, la destrucción y el incendio de la catedral de Barranquilla y de varios otros templos, del palacio arzobispal de Bogotá, de muchas casas curales, de varios conventos, colegios y casas religiosas; con los atentados contra la dignidad y la libertad de los Prelados, sacerdotes y religiosos, a quienes se obligó a abandonar sus residencias con atroces ultrajes y con las amenazas del incendio y de la muerte, habiéndose llegado hasta reducir a prisión a muchos sacerdotes, y hasta el extremo de perpetrar el horrible asesinato de dos beneméritos sacerdotes de la diócesis de Ibagué. Añadiendo a la violencia la perfidia, se propaló la calumniosa imputación de que los sacerdotes hacían fuego contra el pueblo o contra el ejército desde las torres de las iglesias; y para hacer más verosímil la acusación hubo quienes hicieran uso del ardid de disfrazarse con el hábito eclesiástico para disparar sus armas desde aquellos lugares sagrados y concitar así contra el clero el furor de las turbas. La Iglesia, fiel a su misión, se ha mantenido dentro del deber sagrado que le incumbe de predicar a todos la verdad y la justicia, de combatir el error, de procurar mantener el orden, la paz y la armonía social; no existía, por consiguiente, para los ataques de que se la hizo objeto otro motivo que el odio a la religión y el empeño de acabar en el pueblo fiel con el respeto y la veneración a la fe de sus mayores y a los ministros de Dios. Igualmente reprobamos los atentados cometidos contra el Estado y contra las legítimas autoridades civiles, con la sediciosa subversión del orden público, y los crímenes, atropellos y violencias de todo orden contra la vida, el honor y los bienes de innumerables personas y familias, sumidas hoy en la aflicción y muchas de ellas reducidas a la indigencia por los inicuos ultrajes y despojos de que fueron víctimas inocentes e indefensas. Ni es menos clara y enfática nuestra condenación del atentado aleve que segó la vida de un distinguido ciudadano y connotado hombre público, con alarmante y deplorable quiebra de nuestras honrosas tradiciones de humanidad y de cultura civil.

Crímenes todos abominables, que deshonran a cualquier país civilizado y cristiano, y que ponen en claro la degradación moral de quienes los ejecutaron y la perversidad inmensa de quienes los planearon y de cuantos en una u otra forma incitaron a que se cometieran. Al dirigirnos a vosotros, amadísimos fieles, en esta hora aciaga, en que hemos visto tan hondamente perturbada la vida de un pueblo culto y cristiano y tan peligrosamente amenazada la existencia misma de la nación por el ataque insospechadamente violento de extrañas fuerzas destructoras, no podemos menos de llamar clamorosamente vuestra atención sobre las causas de tan funestos acontecimientos. Ya antes, en repetidas ocasiones, habíamos señalado y denunciado oportunamente el gravísimo peligro que entrañaban los continuos y variados empeños por debilitar y quebrantar todos los más sólidos e imprescindibles fundamentos de la sociedad, y de nuestra propia nacionalidad. Hemos clamado muchas veces contra las diversas formas de manifiesta o velada propaganda anticatólica, con la cual se han venido relajando la conciencia religiosa y los resortes morales en la vida individual, familiar y social de nuestro pueblo, sustituyendo la salvadora influencia del espíritu cristiano en sus costumbres por toda suerte de influencias corruptoras. Hemos clamado contra la imperdonable negligencia de los padres de familia en procurar la cristiana educación de sus hijos y en velar por su esmerada formación moral y religiosa, y contra el descuido y la indiferencia general en lo que mira a la propia instrucción religiosa y al cumplimiento de los deberes elementales de la vida cristiana. Hemos inculcado el respeto y acatamiento debidos a las legítimas autoridades eclesiásticas y civiles, ya que sin el respeto a la autoridad no hay garantía de orden y de estabilidad social. Hemos hecho reiteradas advertencias contra la inmoderada exaltación de las pasiones en las luchas políticas, y hemos exhortado al equilibrio y armonía entre los diversos sectores del organismo social, que se hacen imposibles con el recrudecimiento de ambiciones antagónicas, con las incitaciones a la lucha de clases con el excesivo, afán por los intereses económicos y puramente materiales, olvidando los de orden moral y espiritual, que son más altos y más eficaces factores de prosperidad y bienestar. Ante la dolorosa experiencia que hoy nos acongoja, volvemos a insistir encarecidamente en la necesidad urgente de que todos los católicos y todos los hombres de buena voluntad, dejando a un lado los secundarios y transitorios intereses que puedan dividirlos se unan eficazmente para afrontar el peligro común, que a todos amenaza. Se trata de defender la integridad y la vida misma de las personas, la santidad de los hogares, el porvenir de los hijos, el patrimonio moral y cultural de la República: la Religión y la Patria, todos los bienes que con ingentes sacrificios nos legaron nuestros mayores en una Patria libre, civilizada y cristiana. Es indispensable que todos trabajemos, cada uno dentro de sus posibilidades y en el puesto que le corresponde, para construir un orden social cristiano, en el que reinen la justicia en vez de la iniquidad y la violencia, y la caridad cristiana en lugar del odio diabólico entre quienes deben amarse como hermanos dentro de la gran familia humana, hijos todos del mismo Padre que está en los cielos. Contra el criminal empeño de sembrar el odio y de ahondar la división entre las diversas clases sociales, es necesario procurar por todos los medios posibles el acercamiento benévolo y pacífico entre ellas, a base de claros principios morales y cristianos de caridad y de justicia. A los más favorecidos con los bienes de fortuna debemos recordarles la obligación en que están de usar debidamente de esa ventajosa situación, no dejándose esclavizar por el apego inmoderado y por el goce egoísta de los bienes que poseen, sino antes sirviéndose de ellos para hacer el bien, para aliviar generosamente las necesidades materiales y morales de los pobres y para buscar a los graves problemas sociales que atormentan hoy a la humanidad, una solución humanitaria y cristiana. Especialmente deben procurar el mejoramiento económico, social y moral de quienes les prestan sus servicios, fomentando entre ellos la instrucción general y, especialmente, la enseñanza religiosa, mejorando sus condiciones de vida, propendiendo por la moralización de sus costumbres, brindándoles las posibles facilidades para la educación de sus hijos. A los menos favorecidos con aquella clase de bienes, debemos recordarles también que, a la par con los derechos que les corresponden, deben enaltecer su vida con la dignidad del trabajo honrado y fecundo, con la nobleza de las sanas costumbres, con el bienestar y decoro de una vida realizada por la virtud, y no envilecida por la abyección del vicio. Los trabajadores católicos deben mantenerse alerta contra toda incitación a la violencia y al odio, y buscar solamente por los caminos honestos y legales las garantías de sus legítimos derechos, el mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo y la satisfacción de sus justas aspiraciones, acogiéndose a las instituciones legales que miran a favorecerlos y a ampararlos, tales como las pertinentes a los sindicatos y cooperativas, y a la legítima adquisición de parcelas de trabajo. Mas por sabia, generosa y avanzada que se suponga la legislación social, por eficaz y provechosa que ella sea para ordenar y armonizar los encontrados intereses económicos y sociales, no sería sin embargo suficiente por sí sola para resolver radicalmente el problema, que es, ante todo, un problema de orden moral, radicado en el concepto y en la conciencia que cada uno tenga, no sólo de los derechos, sino también, y sobre todo, de los deberes que le corresponden como hombre y como cristiano. Ni sería tampoco suficiente para ponernos a salvo del malestar social y de las amenazas revolucionarias y subversivas; porque si bien el mejoramiento económico y social de las clases trabajadoras les sirven de propaganda y de pretexto, no es ese ciertamente el verdadero y primordial objeto de la empresa revolucionaria internacional, que busca por todos los medios, aun los menos honrados y los más violentos, la expansión de teorías y de sistemas diametralmente opuestos al concepto civilizado y cristiano de la sociedad y del Estado, y que se propone derruir los fundamentos mismos de todo orden social y político, de toda moral individual y colectiva y de toda legitima libertad, porque parte de la negación de todos los valores espirituales y de la dignidad trascendente de la persona humana, y necesita borrar a Dios mismo de la conciencia y de la vida de los hombres. Por eso los Romanos Pontífices han condenado y reprobado en la forma más severa y categórica, las doctrinas, tendencias y sistemas del comunismo ateo y materialista, y han denunciado con toda claridad el peligro y amenaza que él encarna para la civilización cristiana. De él dijo Su Santidad Pío XI en la Encíclica “Divini Redemptoris”: “El comunismo es intrínsecamente perverso y no puede admitirse en ningún campo la colaboración con él por quienes desean salvar la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen a la victoria del comunismo en su país, caerán entre los primeros como víctimas de su error; y cuanto más se distingan por su antigüedad y por la grandeza de su civilización cristiana las regiones donde el comunismo consiga penetrar tanto más devastador se les mostrará el odio de los sin Dios”. Por eso creemos hoy oportuno recordar y renovar también nuestra reprobación y condenación del comunismo, ya anteriormente hecha en la Conferencia Episcopal de 1944. Encarecidamente exhortamos a todos nuestros sacerdotes y al venerable clero regular a que redoblen con todo empeño su reconocido celo y su ejemplar abnegación en el sagrado ministerio; a que se esfuercen cada día por infundir eficazmente en todos los sectores de la sociedad el espíritu cristiano con la esmerada y diligente instrucción religiosa de los niños y de los adultos en los catecismos parroquiales, y con la moralización de los individuos y de las familias; a que procuren por todos los medios a su alcance llevar a los fieles a la práctica ilustrada y sincera de sus deberes religiosos. Creemos especialmente oportuno recordarles las sabias advertencias del Sumo Pontífice Pío XI, en la ya citada Encíclica…“Divini Redemptoris”: “Id a los obreros, especialmente al obrero pobre; y en general, id a los pobres, siguiendo en esto las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia. Los pobres, en efecto, son los más asediados por los falsarios que explotan su mísera condición para encenderlos en odio contra los ricos y excitar los a apoderarse por la fuerza de lo que les parece injustamente negado por la suerte. Y si el sacerdote no va a los obreros y a los pobres para premunirlos o desengañarlos de los prejuicios o de las falsas teorías, ellos se convertirán en fácil presa de los apóstoles del comunismo”. La Iglesia es, ante todo, madre extremadamente bondadosa, que sólo busca el bien verdadero de sus hijos y la salvación eterna de sus almas. Desea con toda su maternal solicitud la conversión y la enmienda de sus hijos extraviados, y a quienes sinceramente se arrepientan de sus faltas, les brinda en nombre de Dios el perdón y la misericordia. Mas como la impunidad es uno de los peores incentivos del delito, castiga también con severidad a los contumaces y rebeldes, para moverlos a la penitencia y a la enmienda. Por tanto, conforme al Derecho Canónico: 1) Los que violaron la clausura papal de los Monasterios de la Concepción y de Santa Inés en Bogotá, allanándolos o simplemente entrando en ellos -excepto quienes sólo se propusieron salvar a las Religiosas o ayudarles caritativamente-, incurrieron en excomunión simplemente reservada a la Santa Sede (Canon 2342). 2) Si alguno tuviere la osadía de destinar a su propio uso y usurpar, en el sentido canónico, por sí mismo o por medio de otros, cualquier clase de bienes eclesiásticos, muebles o inmuebles, corporales o incorporales, queda excomulgado mientras no haya restituido íntegramente dichos bienes, y haya sido luego absuelto por la Sede Apostólica (Canon 2346). 3) De acuerdo con el canon 119 todos los fieles deben a los clérigos reverencia, según sus grados y oficios, y cometen delito de sacrilegio si infieren a la misma injuria real. Además, según el canon 2343, los que injuriaron por obra a los sacerdotes, clérigos y religiosos, v.gr. golpeándolos, y los que atentaron contra la libertad de los mismos encarcelándolos, han incurrido en excomunión reservada al propio Ordinario. Es así mismo reo de sacrilegio real el que haya hurtado o tratado indignamente las cosas destinadas al culto divino, ya sea por institución divina, como los sacramentos, o por consagración o bendición, como las imágenes de santos y beatos, o por destinación como los bienes eclesiásticos ya en posesión de la Iglesia. 4) En virtud de la facultad que nos confiere el mismo Derecho Canónico, declaramos además que quienes, para cometer atentados se hubieren disfrazado de sacerdotes, y todos los que incendiaron cualquier clase de edificios, incurrieron en un pecado cuya absolución queda reservada al Prelado diocesano y a sus Vicarios Generales. En cambio, los que salvaron bienes eclesiásticos en los momentos de peligro para entregarlos oportunamente a su legítimo dueño, y los que prestaron auxilio a los sacerdotes y religiosos, o a otras personas inocentes e indefensas, prestaron un gran servicio a la Iglesia y a la sociedad, y son acreedores a nuestra gratitud. Damos gracias muy fervientes a Dios Nuestro Señor, a cuya protección debemos, en primer lugar, que no hubiesen sido mayores aún los desastres causados por la criminal revuelta. Y queremos rendir también público testimonio de admiración y de gratitud al Excelentísimo Señor Presidente de la República, a cuya entereza de cristiano y de patriota deben la Nación y sus instituciones jurídicas el no haber sucumbido a la catástrofe; a sus ilustres colaboradores en el Gobierno legítimo, y a las fuerzas militares que han dado tan noble ejemplo de lealtad, de patriotismo y de respeto a nuestras tradiciones de cultura civil. Deseamos que los meses de Mayo y de Junio, especialmente consagrados al culto de Nuestra Señora y del Sagrado Corazón, se celebren este año con especial solemnidad para desagraviar a Dios por los muchos pecados y delitos cometidos, y para implorar de su divina misericordia el perdón de nuestras culpas y el remedio de tantas y tan graves necesidades que nos aquejan. Es asimismo nuestro deseo que el Congreso Eucarístico de Cali, cuando las circunstancias permitan su celebración, tenga el carácter de un desagravio nacional a la Divina Majestad.

La presente pastoral será leída a todos los fieles de nuestras respectivas jurisdicciones en todas las iglesias y oratorios públicos y semipúblicos.

Dada en la fiesta de la Ascensión del Señor, día 6 de mayo de 1948.

+Ismael Perdomo, Arzobispo de Bogotá. +José Ignacio López, Arzobispo de Cartagena. +Joaquín, Arzobispo de Medellín. +Diego María, Arzobispo de Popayán. +Rafael, Obispo de Nueva Pamplona. +Pedro María, Obispo de Ibagué. +Miguel Angel, Obispo de Santa Rosa. +Crisanto, Obispo de Tunja. +Luis Concha, Obispo de Manizales. +Antonio José Jaramillo, Obispo de Jericó. +Julio Caicedo, Obispo de Cali y Administrador Apostólico de Barranquilla. +Gerardo Martínez, Obispo de Garzón. +Angel María Ocampo, Obispo de Socorro y San Gil. +Bernardo Botero, Obispo de Santa Marta. +Emilio Botero, Obispo de Pasto

http://www.cec.org.co/sites/default/files/WEB_CEC/Documentos/Asamblea-Plenaria/1948/Ataque%20violento%20a%20la%20Iglesia%20Catolica%20y%20sus%20col

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