Encuentran sello de 2.600 años con nombre de mujer


El sello, símbolo de posesión y poder económico, confirma el importante papel de la mujer en la época del Primer Templo, como se describe en el libro bíblico de Proverbios. AUTOR Redacción P+D JERUSALÉN 07 DE MARZO DE 2016 21:24 h El sello fue hallado en las excavaciones de Givati en Jerusalén. /AII

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La Autoridad de Antigüedades de Israel acaba de hacer público el descubrimiento de dos sellos personales de la época del Primer Templo (800-600 a.C.), hallados en la excavación de Givati, la Ciudad de David, en Jerusalén. Se trata de un hallazgo “excepcional”, según el comunicado de la Autoridad, dado que uno de los sellos lleva el nombre de una mujer. “Elihana Bet Gael” es el nombre de la mujer, de la que no se tienen otras referencias históricas, aunque según los historiadores, debió tener posesiones, poder adquisitivo o negocios importantes.

El otro sello lleva el nombre de un hombre, “Sa’aryahu ben Shabenyahu”, un nombre que aparece en el libro bíblico de Job (capítulo 38) y significa “El Señor, que se revela en la tormenta”. Según los directores de la excavación, la dueña del sello “tenía un estatus legal que le permitía realizar acuerdos, negociar y ser propietaria de objetos y territorios”.

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El nombre que aparece en el sello, Elihana Bet Gael, no se encuentra en la Biblia. “Encontrar sellos que llevan nombres de la época del Primer Templo no es común, y encontrar un sello que pertenecía a una mujer es un fenómeno aún más raro”, añadieron los investigadores. Los sellos se encontraron juntos dentro de “unos magníficos sillares, en un edificio probablemente construido para ser un centro administrativo”.   UNA MUJER IMPORTANTE Según los arqueólogos, el Dr. Doron Ben-Ami, Yana Tchekhanovets y Salomé Cohen los “sellos personales, tales como las de Elihana y Sa’aryahu, fueron utilizados para la firma de documentos, y con frecuencia fueron incrustados como parte de un anillo que fue usado por el propietario. En la antigüedad designaban la identidad, la genealogía y el estatus del dueño del sello”. El sello de la mujer está hecho de una piedra semipreciosa, y en él aparece su nombre en letras hebreas antiguas. La inscripción menciona también a su padre, Gael, del que tampoco se tienen otras referencias. Según Hagai Misgav, doctor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, “los sellos que pertenecieron a las mujeres representan sólo una muy pequeña proporción de todos los sellos que se han descubierto hasta la fecha. Esto es debido a la situación económica general inferior de las mujeres, aparte de los casos extraordinarios como este. El nombre Elihana no aparece en la Biblia, y no hay ninguna otra información relativa a la identidad de la mujer, pero el hecho de que poseía un sello demuestra su alto estatus social”.

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El sello indicaba un estatus elevado y capacidad para negociar. Misgav añade: “La mayor parte de sellos de mujeres que se conocen llevan el nombre del padre en lugar del nombre del marido. Aquí, como en otros casos, esto podría indicar el estatus relativamente elevado de Elihana, que dependía de su familia de origen, y no en la familia de su marido. Parece que Elihana mantuvo su derecho de propiedad y la independencia financiera incluso después de su matrimonio y por lo tanto el nombre de su padre fue conservado; sin embargo, no tenemos información suficiente acerca de la ley en Judá durante este período”. El nombre Eliha se conoce de un sello amonita contemporáneo y es la forma femenina del nombre de Elí, muy común en la Biblia. “La secuencia de letras que aparece en el sello es notablemente similar a la secuencia de los sellos de los amonitas, y esto podría indicar el origen extranjero del artesano que talló el sello y, posiblemente, el origen extranjero del Elihana, que al parecer llegó desde el este del río Jordán”, explica Misgav.   ALABANZA DE LA MUJER TRABAJADORA El libro de Proverbios (31:10-23) contiene un bello poema dedicado a la “mujer ejemplar” (31.10), que -entre otras acciones y cualidades- organiza su hogar, atiende a su familia, o realiza negocios de compra y venta que prosperan: Se levanta de madrugada, da de comer a su familia y asigna tareas a sus criadas.   Calcula el valor de un campo y lo compra; con sus ganancias planta un viñedo.

Decidida se ciñe la cintura y se apresta para el trabajo.   Se complace en la prosperidad de sus negocios, y no se apaga su lámpara en la noche.   (Proverbios 31:15-18, NVI)   Este poema que bien pudo ser compuesto en una época cercana a la del sello hallado en Jerusalén.
Leer más: http://protestantedigital.com/cultura/38802/Encuentran_un_sello_de_hace_2500_anos_con_nombre_de_mujer

8 de marzo. La mujer y la Iglesia: ALEJANDRO PALACIOS


En febrero de 2015, el Papa Francisco, en un discurso al Pontificio Consejo de Cultura, se mostraba “convencido de la urgencia de ofrecer espacios a la mujer en la vida de la Iglesia” y pedía “una presencia femenina más capilar e incisiva en las comunidades”.

Una conferencia en la que el pontífice afirmaba que “la Iglesia es mujer, es ‘la’ Iglesia, no ‘el’ Iglesia”.

Como cada 8 de marzo, celebramos el Día Internacional de la Mujer, un día instituido en 1975 por la ONU para luchar por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. La ONU recuerda de esta manera a las mujeres corrientes como artífices de la historia. Un día que hunde sus raíces en la lucha de la mujer por participar en la sociedad en una situación de igualdad con el hombre.

Hoy hablamos de igualdad. El Papa Francisco nos recordaba el pasado año que la Iglesia, en este terreno, se encuentra en una situación algo más que mejorable. No es normal que, a día de hoy, una institución donde la mayor parte de sus fieles son mujeres (vayan un día entre semana a cualquier misa), donde el mayor número de personas consagradas son mujeres, y donde el mayor número de vocaciones proviene de mujeres, esté dirigida casi exclusivamente por hombres.

Y no me refiero a ámbitos congregacionales, sino al conjunto de la Iglesia.

Constataba el teólogo católico Edward Schillebeeckx que “de hecho, hay más mujeres comprometidas en la vida de la Iglesia que hombres. Y, no obstante, están desprovistas de autoridad, de jurisdicción. Es una discriminación”. Y yendo un poco más allá, el teólogo dominico sostenía que “la exclusión de las mujeres del ministerio es una cuestión puramente cultural, que en el momento actual no tiene sentido. ¿Por qué las mujeres no pueden presidir la Eucaristía? ¿por qué no pueden recibir la ordenación?No hay argumentos para oponerse a conferir el sacerdocio a las mujeres».

Creo que es bueno que en este día todos los católicos reflexionemos sobre esta situación y recordemos cómo en repetidas ocasiones Jesús recriminó la hipocresía social construida por los varones de su tiempo. Recordemos a ese Jesús que rompió esquemas, ese Jesús que trae a las mujeres un mensaje liberador y humanístico, que las las hace protagonistas.

En definitiva, ese Jesús que nos llama siempre a cuestionar la realidad. Incluso la de nuestra propia Iglesia.

http://www.navarra.com/opinion/alejandro-palacios/8-marzo-mujer-y-iglesia/20160307225843029139.html

El ministerio sacerdotal femenino.


February 22, 2015

Os dejamos aquí la entrevista sobre el sacerdocio femenino en la que participó nuestra socia Mª Pau Trayner. Se puede ver a partir del minuto 1:08:00

¡Merece la pena!

http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2-27-01-15/2967763/

http://www.asociaciondeteologas.org/#!El-ministerio-sacerdotal-femenino/chig/F77A5136-8936-451C-9BA2-75E70147BC67

 

8 DE MARZO 2016 Mebaseret: DOLORES ALEIXANDRE RSCJ


Maquillaje y manicure, ¿así se celebra el Día de la Mujer?


Berta Cáceres, dirigente hondureña asesinada el 3 de marzo. En Perú, el diario más importante tardó dos días en tocar el tema. Foto: The GuardianBerta Cáceres, dirigente hondureña asesinada el 3 de marzo. En Perú, el diario más importante tardó dos días en tocar el tema. Foto: The Guardian

– «Sinceramente, a mí me es difícil pensar en saludos y obsequios el día de mañana. Creo que el reto debe ser construir una sociedad más justa y luchar para ello corresponde a hombres y mujeres», sostiene el autor.  

Por Wilfredo Ardito Vega*

Reflexiones Peruanas 600, 7 de marzo, 2016.- Hace unos días, en una panadería de Palermo, vi unos chocolates en forma de corazón, envueltos en color amarillo y con unas florecitas del mismo color. El vendedor me explicó que era un regalo por la Festa della Donna. A mí me pareció interesante que en Italia, el Día de la Mujer fuera una ocasión para regalar chocolates a la novia, la esposa o alguna colega del trabajo. De hecho, mi mamá compró algunas cajitas de chocolates para mis sobrinas.

Me puse a pensar que el Día de la Mujer puede ser recordado de manera muy diferente, de acuerdo al contexto.  Para algunas mujeres, también en el Perú, puede ser ocasión de saludos y obsequios. Sin embargo, en la mayoría de casos, debería tratarse de una ocasión para reflexionar sobre cuánto nos falta avanzar en lograr que las mujeres puedan llevar una vida digna.

En América Latina, en problemas como la indocumentación o el analfabetismo, las mujeres se encuentran en una situación mucho más grave. Por su relación directa con las tareas agrícolas, las mujeres suelen ser las principales víctimas de problemas ambientales. No es casualidad que existan tantas lideresas que luchan contra la contaminación, como Berta Cáceres, la dirigente hondureña asesinada el jueves pasado.

Muchas familias pobres envían a sus hijas adolescentes a trabajar a las ciudades como empleadas domésticas. Estas chicas, totalmente solas, son las trabajadoras del hogar más explotadas. Con bastante frecuencia, la falta de afecto las lleva a aceptar como enamorados a individuos que las abandonan si quedan embarazadas, con lo cual su situación se volverá aún más precaria. Atendí alguna vez a una de ellas que no sabía cómo demandar a su enamorado, porque él siempre le había impedido ver su DNI y le daba un nombre falso. Otra ni sabía donde vivía él: sólo conocía su caseta como huachimán.

Pero estas historias no son las peores: las redes de trata de personas también llevan a las muchachas para explotarlas sexualmente. La semana pasada, un policía fue sentenciado en Trujillo a 25 años de prisión por reclutar jovencitas para prostituirlas, pero los casos siguen siendo muy numerosos.

Un frecuente espacio de maltrato a la mujer es la familia: de hecho, muchos hogares son dirigidos por mujeres que fueron abandonadas. Son muchas mujeres las que se ven obligadas a entablar juicios de alimentos contra los padres de sus hijos. Aún en familias de sectores medios se suele abusar de las mujeres mayores (abuelas, tías). Conozco muchos casos en que, pese a sus problemas de salud, son obligadas a cuidar de familiares enfermos o de niños.

Otro problema recurrente es la violencia contra la mujer. El año pasado, fue promulgada la Ley 30364 que cambia el antiguo concepto de “violencia familiar”, pues la mujer puede sufrir agresiones también de quienes no son familiares suyos, como un exconviviente, un compañero en la universidad o un colega en la oficina.

Es más, en varios casos de hostigamiento laboral que he conocido, los jefes acosadores maltrataban con mucho más ensañamiento a las mujeres. Varios de esos jefes eran los primeros en sonreír en actividades por el Día de la Mujer y firmar pronunciamientos. Como en los casos de violencia doméstica, muchas de las agredidas guardaban silencio. El agresor suele saber quién es la más vulnerable, por su personalidad, o por tener carga familiar.   En algunos complejos agroexportadores contratan especialmente madres solteras, porque saben que temen reclamar. Otras veces, como también ocurre en la violencia doméstica, la víctima realmente cree que ella es culpable de la violencia y desea creer que si “corrige” su conducta, evitará el maltrato. Normalmente esto no ocurre: la violencia solamente se acelera y agrava.

El sistema legal con frecuencia no está preparado para proteger los derechos de la mujer. La investigación de Wilson Hernández: ¿Cuánto le cuesta la justicia a las mujeres? muestra la necesidad de reformar los procesos judiciales en temas como alimentos o violencia familiar, para que sean más accesibles a las afectadas. Una pésima muestra de la ineficacia del sistema judicial es la impunidad que tienen las violaciones sistemáticas de campesinas durante los años ochenta o las esterilizaciones forzadas de los años noventa.

Pensaba en todo esto cuando me enteré que la Dirección de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Lima está convocando, por el Día de la Mujer, a una campaña de “belleza integral”, que incluye manicure, maquillaje, limpieza de cutis y peinado, como si la mujer fuera un adorno. Me impresiona realmente que pueda frivolizarse hasta este extremo la percepción sobre la mujer.

Sinceramente, a mí me es difícil pensar en saludos y obsequios el día de mañana. Creo que el reto debe ser construir una sociedad más justa y luchar para ello corresponde a hombres y mujeres.

Además…

– A diferencia de la prensa de otros países, los periódicos peruanos han brindado muy poca información sobre el asesinato de la dirigenta hondureña Berta Cáceres. El Comercio no hizo ninguna mención durante dos días. En toda América Latina y en el Perú dirigentes indígenas enfrentan serios riesgos y amenazas. Es vergonzoso que esto sea invisibilizado por la prensa nacional.

– Felicitamos al INPE por incluir en el Censo Penitenciario diferentes preguntas a los presos sobre su lengua materna, su identidad étnica y situaciones de discriminación. Esto permitirá plantear políticas.

– Felicitamos a RENIEC por comenzar el registro civil bilingüe, en idioma wampís, que se suma a la labor en jaqaru, awajún y aymara.

– Felicitamos a la empresa Maestro por su anuncio por el Día de la Mujer, rompiendo una serie de estereotipos: https://www.youtube.com/watch?v=05u29V3_MPM

– Lamentamos los fallecimientos de la etnohistoriadora María Rostorowski y del antropólogo Tom Zuidema.  Ambos, a lo largo de sus vidas, hicieron aportes valiosísimos para comprender mejor a nuestra sociedad.

Aportes y comentarios: 

Sobre la situación de Santiago Manuin, RP 599

– Me parece absolutamente indignante. El estado debería pagarle todas las cuentas. Yo ya colaboré, ojalá más personas lo hagan (Una psicóloga).

– Hay tanto sufrimiento en nuestro pueblo. ¿Por qué? ¿Para qué?  ¿Qué hacer?  ¡Qué dolor! (Un abogado).

– Lo quieren hundir en la cárcel para escarmentar a su pueblo. (Un antropólogo).

– Es increíble que Alan García aún este postulando a la presidencia luego de semejante delito (Un comentario en el Facebook).

– El Baguazo inició mi vida universitaria en San Marcos y como antropóloga me acercó más a la realidad indígena en el Perú. Recuerdo la indignación ante tantos atropellos hacia un pueblo indígena y también recuerdo al gobierno autoritario de entonces. ¡Qué pena saber que a pesar de tantos años y tantas pruebas se quiera seguir implicando a los indígenas como si ellos tuvieran la culpa! (Un comentario en el Facebook).

– Perú, ¡país injusto! Felizmente Alan García, narcoindultador y responsable político de la masacre de Bagua, está de picada en las encuestas. Ya es hora de ver en el banquillo a los culpables de la sangre derramada en Bagua y de las injusticias cometidas contra los peruanos como Manuín (Cecilia Méndez, historiadora).

– Mi tío querido, sé que saldrás bien de todo esto que te acusan. Sé que nuestro pueblo awajún nunca te va abandonar. Tú eres inocente (Silvia Kiyak Pujupat, sobrina de Santiago Manuin).

La frase W:

Percibir a la mujer como un ornamento del varón es malo. Que una mujer se perciba así es mucho peor.

__
* Wilfredo Ardito Vega es un abogado, escritor, catedrático y activista peruano especializado en temas de derechos humanos, democracia, justicia comunitaria y derechos de los pueblos indígenas.

http://www.servindi.org/actualidad-noticias-opinion/07/03/2016/maquillaje-y-manicure-asi-se-celebra-el-dia-de-la-mujer?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_ca

Los evangélicos estadounidenses, divididos ante Donald Trump


Donald Trump, con la Biblia

Apoyo entre los «cristianos renacidos»

En ocho de las primarias presidenciales ha ganado el apoyo de más evangelistas que Ted Cruz

Redacción, 07 de marzo de 2016 a las 11:11

Trump es un presbiteriano que dice que nunca ha buscado el perdón de Dios por sus pecados, confunde referencias bíblicas y, en una visita reciente a una iglesia, confundió un plato de comunión por uno de donaciones

La lista de evangélicos prominentes que critican a Donald Trump sigue creciendo. Pero la feligresía no parece estar escuchando. El bloque de votantes que ha impulsado al magnate en las primarias republicanas está significativamente cargado de «cristianos renacidos».

Mientras el ascenso de Trump fuerza al establishment del partido republicano a confrontar cómo ha alienado a tantos votantes conservadores, los líderes evangélicos enfrentan su sus propios problemas, preguntándose qué ha atraído a tantos cristianos a un magnate de casinos soez,dos veces divorciado con un historial confuso de opiniones sobre aborto y matrimonio gay.

John Stemberger, crítico de Trump y líder del Florida Family Policy Council, afiliado de Focus on the Family, dijo que muchos evangélicos han cambiado. Pruebas decisivas que durante mucho tiempo definieron los límites de lo moralmente aceptable para candidatos han sido abandonadas por muchos cristianos este año, dijo, sin importar cuánto tratan los líderes evangélicos de defender esos estándares.

«Los evangelistas están prestando cada vez menos atención a esos asuntos. Ellos se han vuelto demasiado mundanos, dejado que la frustración y la furia les controlen, en lugar de confiar en Dios», dijo Stemberger.

Trump ha ganado el respaldo de una tercera parte de los «cristianos renacidos» en los más de una decena de estados que han realizado contiendas republicanas y donde se realizaron encuestas a boca de urna. En ocho de las primarias presidenciales, Trump ha ganado el apoyo de más evangelistas que Ted Cruz, un bautista que ha colocado a los cristianos conservadores en el centro de su campaña.

 

 

Trump es un presbiteriano que dice que nunca ha buscado el perdón de Dios por sus pecados, confunde referencias bíblicas y, en una visita reciente a una iglesia, confundió un plato de comunión por uno de donaciones.

Críticos insisten en que las encuestas han exagerado el respaldo evangélico a Trump, argumentando que muchos votantes que se han identificado como «renacidos» son cristianos solamente de nombre. Un sondeo realizado en octubre por el Instituto de Estudios de Religión del Público respalda esa posición, concluyendo que personas que van frecuentemente a la iglesia tienden menos a respaldar a Trump.

«Hay una forma de cristiandad cultural que hace que la gente responda como ‘evangélico’ y ‘renacido’ siempre que no sea católico, aunque no han ido a la iglesia desde que eran niños», dijo el reverendo Russell Moore, jefe de la rama de política pública de la Convención Bautista del Sur. Moore se ha opuesto a Trump desde muy temprano.

El mayor respaldo evangélico a Trump en la contienda – de Jerry Falwell Jr., presidente de la Liberty University, quien dijo que el multimillonario «vive una vida de amar y ayudar a otros» – refleja la división entre los cristianos e incluso en la propia universidad, donde Trump apenas consiguió 90 de casi 1.200 votos en las primarias de Virginia el martes, de acuerdo con un reporte del precinto.

En una crítica prominentemente pública, Mark DeMoss, miembro de la junta de Liberty y asesor por mucho tiempo del fundador de la escuela, el difunto reverendo Jerry Falwell padre, dijo que el respaldo de Falwell Jr. es un error.

«Lo que me preocupa, pensando en el evangelismo y en la Liberty University, es el estilo y el comportamiento y la conducta y un vocabulario que no tienen ningún respaldo en las sagradas escrituras», dijo DeMoss, que asesoró al republicano Mitt Romney en sus campañas presidenciales.

 

(RD/Agencias)

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2016/03/07/los-evangelicos-estadounidenses-divididos-ante-donald-trump-religion-iglesia-elecciones-republicano

Falleció María Rostworowski, la gran etnohistoriadora del Perú


Servindi, 6 de marzo, 2016.- El domingo 6 de marzo, a los 100 años de edad, falleció la etnohistoriadora María Rostworowski Tovar de Diez Canseco, destacada investigadora autodidacta que dedicó toda su vida a ampliar los saberes sobre el pasado andino del Perú.

Dotada de una gran curiosidad intelectual, entre sus vastos aportes a la historia y la cultura del Perú, se encuentran sus contribuciones a los conocimientos sobre el mundo prehispánico, el desarrollo cultural de la costa peruana y el rol de la mujer.

María Rostworowski formó parte del grupo de intelectuales que fundó el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en el año 1964. Desde entonces el IEP ha sido el lugar desde donde realizó numerosas e invalorables investigaciones y publicaciones.

La Asamblea de Asociados, el Consejo Directivo, la plana de investigadores y todos los colaboradores del IEP hicieron extensivas sus condolencias a sus familiares y amigos.

En agosto de 2015, con ocasión de sus 100 años de vida, el IEP realizó una serie de actividades dedicadas a reflexionar sobre su trayectoria de vida, su trabajo académico y sus aportes a la historia del país.

A continuación reproducimos una entrevista a María realizada por el historiador Nelson Manrique:

María de los Andes

Conversación con la Doctora María Rostworowski, la gran etnohistoriadora peruana.

María Rostworowksy es sin duda alguna una de las más importantes intelectuales peruanas y son muchos sus aportes a la comprensión de la historia andina. Es también una mujer excepcional, cuya vida da luces sobre la historia de este siglo que termina. De esas y otras cosas conversamos.

— ¿Podrías contarme cómo es que llegaste a la investigación científica?

Me gustó siempre la historia. Desde cuando estaba en el colegio, en Bélgica, me interesaba mucho; el medioevo me fascinaba.

— ¿Tu familia de dónde es?

Polaca. Yo soy barranquina.

— ¿Cómo llegó tu padre al Perú?

Mi padre era un hombre sumamente culto, hablaba ocho idiomas; era agricultor pero creo que no le interesaba mucho la agricultura, lo que le interesaba era la poesía. Escribía poemas pero por la guerra nunca se publicaron. Era un hombre muy curioso, muy inquieto. Salió de Polonia porque creo que quería cambiar de ambiente. Estuvo de ingeniero agrónomo en Haití y allí atrapó un tremendo paludismo. Le dieron tanta quinina (eso fue a principios de siglo) que perdió el oído; luego regresó a Suiza donde siguió un tratamiento y lo recobró. Después, ya en París, no sabía qué hacer; era amigo de los Darcourt, que se venían al Perú, y le dijeron: ¿por qué no se viene con nosotros? Dijo bueno, y se vino, y le gustó el Perú.

— ¿Ya estaba casado?

No. En el Perú conoció a mi madre y se enamoraron. Después regresó a Polonia; en esa época había que pedir permiso al hermano mayor. Los miembros de mi familia polaca eran intelectuales. Entre mis tíos está Karol Humberto Rostworowski, uno de los mayores dramaturgos de Polonia. Mi tío Miguel era abogado internacionalista, uno de los primeros del Tribunal de La Haya. Mi familia era sumamente religiosa, católica. Mi tío Juan era uno de los grandes oradores jesuitas. Mi tío Alberto, hermano de mi padre, fue senador por Varsovia y uno de los que hicieron la Constitución polaca después de la guerra. Mi otro tío, Antonio, fue uno de los fundadores de la Universidad Católica de Berlín. Todos escribían. Un primo mío entró a la Academia de Historia de Polonia el mismo año que yo llegué aquí. Pero mi generación, como que se truncó después porque muchos murieron en la guerra. Sin embargo, otro primo mío es uno de los grandes especialistas en Rembrandt de Europa y lo convocan cuando necesitan expertos. O sea que es una familia de intelectuales…

— Es notable que con esos antecedentes familiares, tu padre terminara viniéndose al Perú.

Bueno, mi padre era aventurero y le gustaba lo nuevo, lo exótico; para él el Perú era algo totalmente distinto. Mi familia materna es gente afincada aquí desde tiempo atrás; yo creo que son del siglo XVII; tengo documentos sobre ellos. Mi abuelo hablaba quechua y aymara, fue presidente del Senado; ahí está su retrato, es de los primeros peruanos que fueron a investigar a los Estados Unidos. Tenía el título de ingeniero agrónomo; fue uno de los primeros. Era una persona muy dinámica. Me imagino que era gamonal, pero un gamonal con inquietudes. Todo su dinero se perdió: yo creo que la vida tiene altas y bajas, y es más fácil hacer fortuna que conservarla; todo se pierde. Tenía muchas haciendas en Puno porque se casó con una persona rica. Nunca me he explayado en mi biografía. He sido concebida en los Andes, en Puno, y pienso que eso para mí es importante porque creo que de ahí viene ese profundo sentimiento andino que tengo.

— ¿Hiciste tus estudios secundarios en Europa?

Sí, primarios también, pero en una hacienda. Nos fuimos de aquí cuando tenía cinco años. Estuvimos dos años en Polonia, pero mi madre no aguantó su clima duro y entonces mi padre compró una hacienda en Francia. Mi infancia ya consciente es francesa. Yo amaba mucho ese sitio, ese rincón. Me gusta mucho el campo y me siento en el fondo campesina. Ahora, después de tanto tiempo en Lima, forzosamente ya soy citadina, pero a mí el campo me fascina. Cuando vine a Lima, Lima me traumó porque era árida, el verde era sucio. Me imagino que mucha gente que viene de la sierra tiene el mismo sentimiento que yo…

— Puedo testimoniarlo…

Sí, esa falta de verde, de naturaleza. No me acostumbré al principio al Perú, en absoluto. También contribuyó a eso que mi matrimonio polaco naufragaba; salí encinta, el malestar y todo eso hizo que no me adaptara al Perú. Después, cuando nació mi hija, me fui con mi padre al Cusco; me deslumbró su luz, su aire, su clima, porque era diciembre: fue para mí la revelación de otro Perú.

— Era el Cusco de antes del terremoto y la reconstrucción.

Así es. Te estoy hablando del año 36; era algo maravilloso y para mí era una apertura a otro Perú. Fue muy importante porque después tuve que regresar. Yo siempre he soñado con vivir en el Cusco, por lo menos unos años para investigar, pero las situaciones de la vida te llevan por caminos distintos a los de tus deseos. Después mi padre compró una hacienda en Huánuco y pasamos tres años allí; ya estaba divorciada. Huánuco era muy bonito, teníamos una casa con una huerta muy grande; tenía un caballo y podía montar a caballo y recorrer pueblos; eso me reconcilió con el Perú. Después, pasado un tiempo, me casé con Alejandro Diez Canseco y él me ayudó a comprender el Perú. Por eso en la Historia del Tahuantinsuyo se lo agradezco expresamente. Viajamos mucho y me estimuló enormemente para que investigara, porque yo tenía enormes inquietudes por el Perú; a borbotones tenía la inquietud y había que encauzarla. Leí el libro de Markham que habla mucho de Pachacútec y me entusiasmó la idea de investigar. Yo soy autodidacta…

— ¿No has seguido estudios universitarios?

No. Fui alumna libre en San Marcos pero yo iba a escuchar a quien me interesaba, y a quien no, no iba.

— ¿Y quién te interesaba?

Bueno, me interesaban Tello, Valcárcel, Porras. Porras consiguió que yo pudiera ir de alumna libre, de cachimba y hasta sacar libros de la universidad.

— ¿Estabas casada?

Ya estaba en el segundo matrimonio.

— Es excepcional que en esa época el esposo alentara a su esposa a salir de la casa para formarse.

Sí. Tengo que confesar que tenía dos empleadas magníficas; siempre he tenido empleadas maravillosas que forman parte casi de la familia y me decían: «señora, vaya nomás a la universidad y no se preocupe que nosotras vemos todo». Yo nunca he sido fuerte de salud; ahora de vieja sí, pero de muchacha y de mujer joven, era bastante enfermiza; me habían operado varias veces, tuve una serie de enfermedades y no podía hacer una vida muy activa; pero para ir al archivo sí tenía tiempo. Era a fines de los cuarenta. Recuerdo haber ido al archivo durante dos años todos los días, como si fuera mi trabajo.Pero tenía que hacer una vida bastante descansada, en cama bastantes horas, y mi marido me traía todas las crónicas que entonces estaban saliendo y eso me ayudaba para ficharlo casi todo. Para recuperarme de un paludismo, una de mis muchas y recurrentes enfermedades, un invierno fuimos a Ancón (que a mí me gustaba en invierno, no en época de temporada) con mi hija y mi marido. Estábamos en la pensión nosotros y ahí venía a almorzar Porras que organizaba reuniones en un departamento con todos sus discípulos, y entonces le interesó que una mujer joven estuviera leyendo a Riva Agüero. Conversamos y yo le hablé de mi inquietud por escribir sobre Pachacútec y me ayudó. Vio mis cuadernos, me dijo «hay que botar esto, hay que hacer fichas». Entonces me enseñó desde lo preliminar: cómo fichar, cómo investigar; los puntos básicos de un investigador: la veracidad de lo que uno dice, citar siempre exacto, nunca citar de citas, qué sé yo, todas las cosas básicas de lo que es una ética del investigador. Después empezó a darme bibliografía a medida que yo iba trabajando, y entonces ya no iba tanto a San Marcos, porque, como te digo, no tenía una salud muy buena. El más bien venía a la casa, en parte porque a mí me gusta cocinar, soy buena cocinera.

— Ese era un importante atractivo para que Raúl Porras fuera a tu casa.

Claro, la buena comida siempre es un atractivo para los varones. Yo hacía platitos franceses y él venía generalmente con sus discípulos o a veces solo. Después del almuerzo teníamos una tertulia y lo recuerdo sin su chaleco, caminando de arriba a abajo y yo apuntando todo lo que me decía: «archivo tal, archivo cual, ve a tal, ve a éste, ve al otro, busque aquí». En ese sentido me ayudó pero yo nunca he ido, por ejemplo, a las reuniones en su casa porque mi marido —que era muy celoso— no me hubiera dejado. Estaba muy limitada, pero yo me encontraba tan feliz con mi investigación sobre Pachacútec que no me importaba y seguía trabajando. Eso duró más o menos 7 o 9 años, entre escribir e investigar y sé que fiché e investigué muy meticulosamente las crónicas, con fichas cruzadas de una exactitud de principiante. Después le di el libro () a Porras para que lo leyera. Le gustó, era justamente el año 51. El Congreso Internacional de Peruanistas, organizado por el cuatricentenario de la fundación de San Marcos, fue mi debut, porque me dijo que presentara una ponencia sobre las sucesiones incas, que encontró muy original…

— ¿Cómo fue recibida la ponencia?

La ponencia muy bien, pero yo con unos sustos terribles. Yo soy tímida; claro, ahora no lo soy tanto, porque si a los 81 años fuera tímida pues ya sería un fracaso total, pero me ha costado mucho trabajo sobreponerme. Como había estudiado siempre sola, sin colegas con quienes discutir fuera de Porras, no tenía costumbre de explayarme, de conversar con otros, y hasta ahora me ha quedado un poco de eso.

— O sea que tampoco tenías conciencia de la importancia de lo que habías hecho.

Ah no, ninguna, ninguna. Sencillamente el tema me apasionaba. Me imagino que soy muy apasionada en eso. Mi hija sentía celos porque yo le decía: «es tu hermano Pachacútec», y ella me respondía, «no, yo soy hija única». Esa cosa de chicas, ¿no?

— Tu libro Pachacútec Ynca Yupanqui debió haber sido premiado, ¿no es cierto?

Sí, pero no me dieron el premio; me lo quitaron.

— Cuéntame.

Era el premio Garcilaso de la Vega, que otorgaba entonces la Casa de la Cultura. Me lo quitaron por una situación curiosa…Después me enteré de los entretelones: el gobierno sostenía un juicio con la casa Cosmana y no había forma de coimear con dinero a Eguiguren para que apoyara al gobierno en ese juicio. La única manera era dándole lo que él quería: el premio por un trabajo que no era original. Y se lo dieron.

— ¿Ya había un fallo del jurado?

Con fallo del jurado y todo. Entonces, como compensación y para que me callara la boca, me ofrecieron publicar el libro. Mi marido dijo «de ninguna manera; yo publico tu libro; no quiero nada». Porras se portó muy hidalgamente conmigo porque renunció, protestó. Ahí tengo los recortes de periódico de todo ese suceso. Fue una injusticia muy grande. Bueno, esa fue mi primera experiencia.

— ¿Sientes que de alguna manera ha habido una reparación a esa injusticia?

Sí, claro, a la fecha sí.

— Estaba pensando que es un gusto que el reconocimiento llegue.

Sí, es una compensación, porque me dolió muchísimo. Y entonces, yo le dije a Porras: y ahora qué estudio…Y Porras me contestó: «por qué no estudia a Toledo». Yo le dije «no, no quiero saber nada del virreynato, yo me quedo en los Andes».

— Pensaba en Raúl Porras y su inclinación por la Colonia, el virreynato, Pizarro, etc., y usted con Pachacútec. De alguna manera siento que era una especie de contraparte muy curiosa, ¿no?

Sí, yo creo que a Porras lo influencié porque después cambió, no era ya tan extremista. Una cosa que lo cambió fue ser embajador del Perú en España. Le pasó lo de Garcilaso: aquí se sentía español, allá se sintió peruano. Defendió la bandera y tuvo líos allá. Yo creo que un poco, un poquito, lo influenciaría.

— Este tema me parece particularmente importante porque conmemoramos su centenario…

Sí, yo creo que le abrí un poco horizontes indígenas.

— Vamos a hablar de tus períodos básicos de formación. Hay temas que son dominantes en la profesión de un autor…

Para mí la costa. Yo quería el Cusco, mi corazón era cusqueño, con mi amor por Pachacútec, los incas y todo lo demás, pero me era imposible ir al Cusco, tenía marido, hija, padre, no había forma de ir al Cusco. Fui dos o tres veces y me di cuenta de que era absolutamente imposible. Yo quería trabajar en los libros parroquiales pero era imposible, entonces no me quedó otra cosa que estudiar la costa porque era el lugar donde vivía. Yo tenía acceso a los archivos limeños. Es así como trabajé en esto de los Curacas y sucesiones durante dos años y comencé a estudiar la costa; me fui interesando cada vez más. Una palabra puede ser un derrotero. Por ejemplo, Collique fue para mí una palabra mágica, no sé por qué, por intuición quizás. Pero yo dije «esto es un derrotero» y seguí estudiando Collique, y no era cusqueño. Es así como el destino, si quieres, me llevó a estudiar la costa y después me fui entusiasmando y llegué a seguir estos estudios durante dos años, y desde ahí casi todo el tiempo.

— Es un tema que no has dejado.

No, ahora acabo de terminar el segundo tomo de Ensayos de Historia Andina y los temas son las rayas de Nazca, donde propongo una hipótesis diferente a la de María Reiche: yo no creo en el calendario; yo creo que es mágico religioso. Es que hay que meterse en el alma de la gente. Eran animistas: el mar, la tierra, el viento, todo eso tenía vida.

— ¿Cuál es tu hipótesis para explicar el porqué de las rayas de Nazca?

Primero, que son costeños del siglo III; no creo que se interesaran realmente en un calendario tan complicado; ni ahora lo entienden. Para mí su calendario era lunar. Según un documento de 1558 los costeños no adoraban al sol sino a huacas; todo eso me hace pensar que no era un calendario, que más bien era algo mágico religioso. Con nuestra mentalidad resulta difícil entrar en la mentalidad de gente de otra época. Creo que ante todo hay que ver, y es una de mis preocupaciones, el modo de pensar andino, la lógica andina. Bueno, sería muy largo explicarte Nazca.

Después me interesé por las islas del litoral, por los recursos hidráulicos, porque sin ellos no se puede vivir en la costa. Si hablo de costeños y serranos no es con la idea de apoyar a unos o a otros, sino para mostrar la situación en que vivía nuestro pueblo, nada más, como, por ejemplo, con el agua. Los serranos se sentían con derecho a las tierras costeñas porque el agua viene de la serranía, pero cuando había una sequía se juntaban serranos y costeños y abrían las lagunas. Desgraciadamente el documento no dice cómo abrían las lagunas y en qué consistía abrir lagunas. Y así una infinidad de pequeñas cosas que me hacen ver el sentido de lo costeño. Ahora ya me gusta la costa, no la ciudad; me gusta la costa lejos de la población.

— Entiendo que la primera mitad de la década de los 60 fue un período de intensos debates, que ya no atañen a tal estilo iconográfico en particular, o a tal rasgo estilístico, sino a algo más de fondo, que es una racionalidad andina. Pienso en Polanyi y en Murra.

Claro…

— Cuéntame un poco.

Bueno, mientras vivió mi marido yo permanecí totalmente aislada y no podía entrar en contacto con nadie. Si bien mi marido me apoyó bastante en el estudio, después «la criada le resultó respondona». Eramos muy amigos del grupo indigenista de José Sabogal; aquí tengo el cuadro que me pintó Sabogal, no porque yo se lo pidiera sino porque él me quiso pintar. Eramos amigos de Arguedas, de todo ese grupo. Y en una oportunidad Arguedas mete la pata y nos presenta: «María Rostworowski y el esposo de María Rostworowski». Eso me valió un mes entero de peleas. Fue algo terrible. Esa era mi situación en esa época; que no podía salir de casa. Después muere repentinamente mi marido, hombre sano y fuerte, en diez minutos, con una embolia, el año 61.

Fue muy duro para mí porque, primero, formábamos una linda pareja, pero quizás si hubiera vivido ya no habría podido seguir trabajando, porque uno necesita conversar con colegas, necesita interlocutores y no puedes vivir siempre encerrado en tu casa. Creo que su muerte me traumó tanto que no pude investigar durante más de 6 años. Además, tenía que trabajar. Quedé en una situación no muy buena. Fue una época muy dura. Heredé una ladrillera y ahora dime ladrillo y para mí es una mala palabra.

— ¿Qué hacías ahí?

Era la directora, tenía que manejar una ladrillera. Y tenía una muy buena cartera de clientes pero se me acabaron las tierras. Tuve que comprar tierras, fue muy duro…

— Así que tuviste tu etapa empresarial también…

También, sí, pero está casi borrada del mapa de mis trabajos. Después me dieron la agregaduría cultural en Madrid, lo que me permitió ir a archivos. Pero no fui mucho, porque me interesó enormemente la parte humana de los estudiantes.

— Yo quería hacer antes un balance de lo que hemos conversado; con relación a qué significaba ser mujer en el Perú de los años 50, porque hay cosas muy especiales en la relación con tu esposo que me parecen combinar continuidad y cambio.

Sí, era un poco oponerse a todo, que yo no viera a nadie, que no fuera a ninguna parte. Murra me invitó un día a tomar té, yo tuve que decirle que no y me sentí tan tonta de decirle no, no puedo, estoy ocupada… Después él me contó que suponía que algo así debía pasarme. Un día Rowe me invitó a tomar un café —una cosa normal— y él dijo no, aquí en la casa. A almorzar. Entonces ese día hice una comidita —bien rica, para qué—; fue frustrante a más no poder: no abrí la boca, toda la familia metió su cuchara, inclusive mi hija, y yo no hablé con Rowe para nada, y se fue y no intercambiamos nada. Después lo he conversado con él.

— ¿Y no había espacio para arreglos?

Nada, era muy difícil.

— ¿Pero era el medio o qué lo que hacía imposible la rebelión?

No podía haber rebelión, primero porque fuera de eso me llevaba bien, porque mi marido se ocupaba de mi hija que no era de él sino del primer matrimonio, y era un verdadero padre para ella. Entonces no se puede ser malagradecida y rebelarse contra una persona que muestra tanto cariño y afecto.

— Y que además está convencida de que las cosas son como deben ser.

Claro, yo quería liberarme pero no podía. Además vivían con nosotros mis padres, yo estaba completamente amarrada, no podía. Me acuerdo que tuve que suspender las clases de Tello porque eran a las 7 de la mañana y a las 6 se confabulaban mi marido con mi hija para no dejarme salir temprano. Entonces forzosamente tenía que quedarme en la casa. Pero cuando tuve la libertad, estuve tan agobiada por la pérdida, por el trabajo, por las dificultades económicas, por un trabajo que no conocía, que era ajeno a mí, a mis gustos, que poco podía hacer, ni pensar en escribir, ni investigar, nada.

— Hay un paralelo interesante que se me ocurre. Trabajando documentos sobre Clorinda Matto…

.. yo enviudé a los 45.

— Ella tenía 29 años cuando se queda en esa condición y tiene que hacerse cargo de un molino de trigo y del rescate de lana durante años para sobrevivir. Veo que 80 años después la situación en el Perú no era muy distinta.

No, y en Lima igual que allá.

— Estuviste fuera entre el 64 y 69…

En principio del 64 al 68, pero como tenía pagado mi departamento me quedé tres meses por mi cuenta, y es ahí que pude encontrar el documento de Chincha. En Madrid investigué muy poco porque me dediqué a los estudiantes peruanos. Y fue una labor muy grata para mí que me ayudó a reponerme. O sea que yo les debo también agradecimiento: yo les di y ellos me dieron. Había que ayudarlos, estaban abandonados. Me acuerdo que el Ministro Consejero me dijo: «María, por favor, no se meta con estudiantes», y yo fui donde el embajador y lo convencí de que era una obligación. Yo decía «si voy a estar acá ganando dinero del Estado, yo quiero hacer algo, son ciudadanos peruanos que necesitan apoyo; ir a cocteles no me interesa, yo quiero ocuparme de los estudiantes». Lo primero que hice fue un censo. Escribí cartas a todos los cónsules para ver cuántos chicos peruanos había en distintos sitios; claro que el censo no era completo pero reveló que eran más de 3 mil, lo que es bastante. Pero me las ingenié. Ellos sabían que podían recurrir a mí en caso de dificultad. Me las arreglé para tener acceso a los que daban los títulos; se demoraban años para dárselos; yo en 8 días se los conseguía; iba, pasaba mi tarjeta, decía: «acá el muchacho necesita, por favor ayúdeme…» y le daban facilidades, hasta perdí mi timidez. En parte algo me queda, un rezago. Después, en muchos otros casos, cuando estaban con problemas, he sido madrina de matrimonio, de nacimiento; soy madrina de matrimonio de Corcuera.

— Hablaste de una reconstrucción personal hace un momento.

Sí, mira, eso me ayudó. Y también algo de lo que casi nunca he hablado: con el agregado cultural se ofreció la oportunidad de ir de misionera al Leprosorio de San Pablo, en la frontera con Brasil; inclusive me cayó un dinero que no esperaba…y me fui; una experiencia así también me ayudó mucho. Gente que realmente tenía tales problemas, que lo mío no era nada. Te podría contar cada caso, que realmente me hacían sentir muy infeliz…Creo que inconscientemente buscaba cosas que me ayudaran a reponerme, a rehacerme, a entrar en mi ser. Pero todo eso tomó años.

— Ahora, me imagino que para el 68 tu hija ya era independiente.

Era casada, con hijos y todo.

— Entonces realmente ya estabas en condiciones de iniciar una nueva etapa en tu vida.

Sí, ya podía.

— Es la época del gobierno de Velasco. Retornas a un Perú que ha cambiado.

Ah, sí, con Velasco. Y entonces me ofreció Martha Hildebrandt ser directora del Museo y estuve ahí 5 años. La verdad es que no me gustó el trabajo. Yo quería hacer cambios en el Museo, pero no me lo permitían. Quería hacer reformas pero me cortaron toda iniciativa. Entonces me dediqué a investigar; de ahí salió la historia de los Señoríos indígenas de Lima y Canta, que publiqué después.

— Un hito …

No creo que sea mi obra mayor. Yo creo que mi obra mayor es Poder, ideología religiosa y política.

— Es una obra de síntesis, ¿no?

Yo creo que es la que más he tenido que pensar porque tienes que rumiar los problemas, meterte dentro de lo que pensaban, de lo que sentían. Cuando hablas de un personaje no tienes referencias directas, porque te llegan a través de la documentación española. Y ahí viene el problema de entender qué cosas nos dicen y cuándo las están diciendo, pues a veces se desdicen de lo que han dicho porque no encaja con la realidad y uno ni cuenta se da.

— No encaja en los esquemas mentales con que están viendo la realidad.

Sí, no encaja porque en vez de buscar la mentalidad andina se vierten ellos, entonces te hablan de primogenitura, de bastardía, cosas que no existieron en el mundo andino. Ese es un peligro que constantemente acecha al historiador y del cual hay que estar constantemente prevenido. Por eso no he querido hacer nunca una reedición de «Pachacútec», porque me han asaltado muchas preguntas, a veces sin respuestas. Sólo ahora que se va a editar un libro en homenaje a Aurelio Miró Quesada, he preparado un trabajo cortito sobre quién fue Pachacútec Ynca Yupanqui y doy las dos versiones, la del 53 y la de ahora, mucho más andina.

— Sería interesante confrontarlas ambas.

Que los investigadores como tú busquen, investiguen; yo no opino.

— Estaba pensando que en tu preocupación central por la costa, por los hombres y las mujeres de la costa, hay un par de temas que me parecen interesantes. Te pediría conversar sobre ellos. Sobre doña Francisca Pizarro y el Cristo Morado. —

Bueno, Francisca Pizarro es mujer. Y como es del mismo género que yo, pues me interesó lo que sintió. Pizarro trató de hacer de ella una española. La separó probablemente de su madre apenas terminó la lactancia. Tuvo una aya española. La cuñada, doña Inés Muñoz, fue su madre sustituta. Cómo la arrancaron, cómo debió sentirse. Y después, en otro trabajo que tengo, en un artículo de este nuevo libro que es un juicio de hechicería de 1547 de doña Inés Huaylas Yupanqui, hago una comparación entre la infancia de Francisca y la infancia de Garcilaso.

Es muy interesante ver el paralelismo y la diferencia entre ambos. La madre de Francisca fue rechazada a temprana edad. Es el padre quien la educa, el padre quien le habla de España; seguramente comentan todas las hazañas de la conquista y por último es enviada por la Corona a España y allí se casa dos veces. Garcilaso, al revés, tiene la madre cusqueña, la madre que con todo el cariño cusqueño da a sus hijos toda su educación. Entonces hay una diferencia enorme en cómo se desarrollan sus vidas después. Yo creo que esa etapa materna es muy importante, marca a los dos. Y cómo después Garcilaso, que se sintió acá español y allá se sintió indio, emprende un retorno a esa madre, a ese tío, a esos antepasados. Entonces es muy bonito comparar…

— Mientras que Francisca, va y regresa…

Pero no creo que haya tenido muchos sentimientos por su madre, porque en el testamento Francisca le deja su herencia si a ella le pasa algo en el viaje, pero no hay una palabra de cariño. No sabemos si alguna vez la madre le habló en quechua, seguramente de pequeña, si le dio un sobrenombre quechua como su «guagua». Eso no lo sabemos. Entonces no sabemos si en ella quedó un resentimiento de eso.

— Decías que te interesaba porque era mujer, y esto al parecer desde los años 50, pero yo me atrevería a decir que el momento para estudiarla fue precisamente en los 80 y no en el 50.

No, es que en el 50 yo no sabía nada de nada.

— Ya estabas trabajando…

Pero estaba toda metida en el Cusco.

— Pienso que de alguna manera ayudó la emergencia del movimiento feminista…

No soy feminista…

— En la reflexión…

No estoy para nada en el movimiento feminista porque nunca he querido ser hombre, porque estoy muy contenta de ser mujer…

— ¿Crees que las feministas quieren ser hombres?

Sí, yo creo que lo añoran. Son explicaciones que mis amigos sicoanalistas dan, yo no entro en eso. Pero yo siempre estuve contenta de ser mujer. Tiene muchas ventajas si lo quieres aprovechar. Ante los mismos varones, no necesitas ser prepotente, mejor te haces la pobrecita, la que no sabe hacer nada y el varón corre a hacerlo todo.

— Pero me has estado hablando de tus dificultades para liberarte en los años cincuenta.

Bueno, pero ahí es que había cambiado un poco. Yo ya había escrito un libro y ya no sabía cómo seguir, cómo podía hablar con colegas… Creo que había agotado el estar sobre mí misma. Era ya una planta agotada, que tenía que abrirse sus propios horizontes.

— A pesar de las limitaciones que tuviste en el 50, pienso que de todas maneras tenías ventajas que eran excepcionales para las mujeres de entonces.

Claro, mi marido trabajaba y yo no necesitaba trabajar, podía dedicarme…

— Pese a los límites que te podía poner hubo un apoyo, un estímulo que quizá no tenían otras mujeres…

Ah, sí, ahora, por ejemplo, a mi marido le encantaban los dulces criollos de cuchara. Yo los hacía, no me importaba estar una hora batiendo, pero yo estaba leyendo mi cronista.

— Leyendo tu cronista y moviendo tu cuchara.

Sí.

— Quedaba más rico, seguro.

Sí, es que batía mucho. No, mira, cuando tú quieres conseguir una cosa, la consigues. Todo depende de la intensidad de tu deseo de conseguir algo, y yo sabía que sobre la cabeza de un tiñoso yo iba a investigar, y lo logré.

— ¿Qué permanece y qué cambia de estos años de los que hemos conversado?

De mi vida…

— De tu vida intelectual para circunscribir más…

Mi apego al mundo andino.

— Esa es una continuidad…

Esa es una continuidad que ya será para siempre. Me hicieron no hace mucho un reportaje: «María de los Andes» me han puesto, soy andina…

— Ahí hay una continuidad, pero sospecho que lo que dices sobre los Andes suena de una manera diferente a como podías percibirlo en los 50.

Claro, es que había una incomprensión…

— Algo ha cambiado, digamos.

Mucho, porque piensa que yo comienzo a trabajar como mujer, era un handicap tremendo ante el machismo de entonces. «Estudio indios», como me decían despectivamente. Después soy autodidacta y lo digo; nunca he tratado de decir que he estudiado porque sería una tontería, además porque me siento muy orgullosa de ser autodidacta. Sabes que yo lo veía antes como un handicap tremendo, pero creo que ha sido bueno porque los profesores me hubieran exigido seguir lo que ellos querían y yo quería hacer lo mío. Entonces creo que no me han maleado.

— Esa es una buena cosa.

Entre comillas.

— Me gustaría, para terminar, hablar algo sobre el futuro.

Bueno, mira, tengo un largo pasado, tengo un larguísimo pasado…Ochentaiuno es bastante. Tengo un presente y no tengo un futuro porque el futuro se acaba en cualquier momento y no me importa que se acabe. Ya, pues, ya hice mi trabajo, ya hice mi obra, mi hija, mis nietos casados, tengo 7 bisnietos. ¿Ya para qué más?

— Pero tienes planes.

Tengo planes porque no puedo vivir sin investigar.

— Estamos conversando rodeados de un conjunto de textos que tienes a tu alrededor y…

Sí, siempre los tendré mientras pueda, pero ya no es…

— ¿Qué estás trabajando?

Mira, ahora estoy haciendo pequeñas cosas. Después quieren publicar el documento de Pachacamac, un volumen de más de 200 folios que es muy interesante para muchas personas, porque de un documento así cada quien saca lo suyo y hay que pensar en los demás, en los otros investigadores; publicarlo para que lo tengan a mano. Entonces se va a publicar, pero tengo que hacerle el prólogo, la introducción. He tenido que releerlo desde el principio, y volver a fichar. Y siempre me interrumpen porque quieren otras cosas.

— Y así me dices que no tienes futuro.

Pero no es un futuro largo ni pensado a largo plazo. No tengo largos plazos.

— Nadie sabe, uno tiene 5 años y no sabe si tiene futuro más allá del día siguiente, pero…

Sí, pero tampoco quiero tener un futuro vegetal ni esas cosas, ¿ah? Eso no es futuro.

— Disculpa, pero si hay algo diferente en este país a un vegetal es María Rostworowski trabajando.

No sé si lo es, pero tú no sabes cómo puedes quedar de una enfermedad, de un accidente. He escrito una carta a mi nieto en la que le digo: si por enfermedad o accidente me ponen tubos y todas esas cosas, no me da la gana. Nadie puede decidir hacer eso de mi vida. Mi vida es mía y yo decido lo que quiero de mi vida. He prohibido terminantemente someterme a esa prolongación de enfermedades.

— Reivindicas el derecho a disponer de tu vida.

Es mi vida, yo la he vivido, la he sufrido, la he gozado. Es mía; yo dispongo, y nadie más tiene derecho. En eso tengo ideas bien claras sobre lo que quiero y lo que no quiero.

— Completamente de acuerdo contigo. Y sobre lo andino qué piensas para el futuro. Hay una serie de cambios, Lima ya no es lo que era.

Mira, si tú comparas la Lima que yo he conocido, del año 85 al 97 hay enormes cambios a favor, no en la belleza de Lima pero sí en la gente. Ya no hay ese repudio al indio. El indio ya está integrado al país. Habrá afeado a Lima, pero Lima tomó conciencia de los Andes porque los Andes han venido a Lima, y yo me alegro; me alegro, porque es la única manera en que iban a darse cuenta de que hay otro Perú.

— ¿Crees que haya desaparecido el racismo en Lima?

Está desapareciendo. En la gente joven tú lo ves. Para mí la esperanza es la gente joven. La gente joven tiene otra visión, otros deseos, que ya se están integrando; ya estamos formando una nación. Y una cosa que yo veo como ejemplo de integración es la comida peruana, una de las mejores comidas del mundo. ¿Y qué es?: integración total.

Mejor que mejor, porque nos da una riqueza interna que es ese crisol que se está formando, que va a dar una visión muy rica.

— Y el Señor de los Milagros.

— Pues las reminiscencias de Pachacamac.

— Pachacamac y la herencia africana.

Ese crisol. A mí lo que me gusta del Señor de los Milagros es que surge espontáneamente como un movimiento popular. No es de la Iglesia; la Iglesia no ha hecho al Señor de los Milagros. Es la unión indígena y negra, espontánea y popular, la que lo crea. Por eso es rico y por eso subsiste hasta hoy día y subsistirá, porque proviene de las profundas raíces étnicas nuestras. Eso es justamente lo que debe pasar en el Perú, esa amalgama. No podemos negar lo español, no podemos negar lo negro ni lo andino. Esa amalgama. Ese es el futuro del Perú. Y por eso yo creo profundamente en el futuro del Perú. Tenemos que integrarnos y ya lo estamos haciendo; queriendo o no queriendo lo estamos haciendo, y la gente joven sobre todo.

— Hace un par de años estuvimos en la entrega del premio Juan Mejía Baca y…

Fuimos premiados los dos…

— Y… hablábamos de la reparación que suponía ese premio, en relación a la injusticia cometida tres décadas antes con el premio que debieron haberte dado…

Sí.

— Ahora has recibido una nueva distinción. ¿Cómo se siente «María de los Andes» al ser reconocida?

Muy contenta, y naturalmente porque junto conmigo son los Andes; no estoy sola. Ya principian a interesarse por los Andes, ya principian a estudiarlos. Por lo menos sonarán ya un poquito los Andes. Y por eso es que me gusta.

— Debe ser un gusto saber que uno ha contribuido…

Sí, aunque sea un grano de arena, pero es un alguito.

Bibliografía mínima

Desde 1953, cuando publicó su primer libro sobre Pachacútec, María Rostworowski ha publicado un gran número de trabajos, entre libros, artículos en revistas, ensayos en publicaciones especializadas, ponencias para seminarios o congresos, conferencias, etc. Su bibliografía completa ocuparía un gran espacio. Nos limitamos aquí a establecer un registro cronológico de sus libros más importantes:

1953 Pachacutec Inca Yupanqui

1961 Curacas y Sucesiones. Costa Norte.

1977 Etnía y sociedad. Costa peruana prehispánica. Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

1978 Señoríos indígenas de Lima y Canta, Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

1983 Estructuras andinas del poder. Ideología religiosa y política, Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

1988 Historia del Tahuantisuyo Instituto de Estudios Peruanos-CONCYTEC.

1989 Doña Francisca Pizarro. Una ilustre mestiza (1534- 1598), Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

1990 Quipu y Yupana, CONCYTEC, Lima.

1991 El umbral de los dioses, Sociedad Peruana de Psicoanálisis, Lima.

1992 Los Incas y el Antiguo Perú, 3000 años de historia, Quinto Centenario, Madrid.

1992 Pachacamac y el Señor de los Milagros. Una trayectoria milenaria, Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

1993 Ensayos de historia andina. Elites, etnías, recursos, Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

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Fuente de la entrevista: Ciberayllu: http://www.andes.missouri.edu/andes/Cronicas/NM_Rostworowski.html

http://www.servindi.org/actualidad-noticias/06/03/2016/fallecio-maria-rostworowski-la-gran-etnohistoriadora-del-peru?utm_source=feedburner&utm_medium=em

CHILE: Laicos chilenos caminarán desde Osorno a Valdivia para pedir la renuncia de Juan Barrros


Indignación en la diócesis de Osorno

El obispo, defendido por el Papa, presuntamente involucrado en los abusos de Fernando Karadima

Paso adelante del movimiento, después de la «ocupación pacífica» de la catedral de San Mateo

Redacción, 07 de marzo de 2016 a las 18:39

Tanto nos preocupa la situación de nuestra iglesia que somos capaces de dar un testimonio fuerte no solo para Osorno, sino al mundo. Para poner los temas sobre la mesa necesitamos a los laicos de Chile

Encierro en la catedral de Osorno/>

Encierro en la catedral de Osorno

Para el 1, 2 y 3 de abril los laicos de Osorno anunciaron una caminata por la Ruta 5 Sur como medida de protesta para pedir la salida del actual obispo de la ciudad, Juan Barros Madrid, presuntamente involucrado en el casoKaradima.

El 9 de enero pasado fue la primera aparición mediática del 2016 por parte de la Organización, donde llevaron a efecto lo que denominaron como una «ocupación pacífica»en lo que fue el ingreso de la catedral San Mateo de la ciudad para protestar y pedir la renuncia de prelado. Ya en aquel momento advirtieron una radicalización del movimiento.

En ese contexto, el portavoz de la organización, Juan Carlos Claret, anunció ahora una caminata por la ruta 5 Sur desde Osorno hasta Valdivia para buscar apoyo en la causa.

«Tanto nos preocupa la situación de nuestra iglesia que somos capaces de dar un testimonio fuerte no solo para Osorno, sino al mundo. Para poner los temas sobre la mesa necesitamos a los laicos de Chile y es por eso que caminamos a otra diócesis», explicó.

Claret fue enfático en señalar que si bien no se ha conseguido el objetivo principal de la organización, relativo a la renuncia del actual obispo, la agrupación ha conseguido impulsar avances en la propia iglesia católica. «Se han hecho muchos cambios, hoy en día para nombrar obispos por ejemplo se deben elevar estándares de transparencia, es un logro para nosotros», dijo.

Desde la Organización de Laicos y Laicas de la ciudad estiman que aún existen numerosos temas tabú en la jerarquía de la Iglesia Católica, los cuales pretenden abordar el próximo 21 y 22 de mayo en lo que será el segundo Encuentro Nacional de Laicos a realizarse en Osorno.

 


(RD/Agencias)

http://www.periodistadigital.com/religion/america/2016/03/07/laicos-chilenos-caminaran-desde-osorno-a-valdivia-para-pedir-la-renuncia-de-juan-barrros-religion-ig

ALEMANIA: Un cura de origen congolés deja su parroquia por amenazas xenófobas


Olivier Ndjimbi-Tschiende

«Que te manden a Auschwitz»

Anunció la decisión a sus feligreses durante la misa

Redacción, 07 de marzo de 2016 a las 17:45

Djimbe-Tshiende vive en Alemania desde 2005, desde 2011 es ciudadano alemán y se ocupaba de Zordening, cerca de Múnich, desde 2012

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S. Boher

Un sacerdote católico de origen congolés decidió dejar su parroquia en la localidad deZordening, en Baviera (sur de Alemania), por haber recibido una serie de amenazas de muerte de motivación xenófoba.

Así lo informó hoy un portavoz de laarchidiócesis de Múnich y Freising, Bernhard Keller, que indicó que el 1 de abril el sacerdote asumirá otra parroquia.

Según medios bávaros, el sacerdote, Olivier Ndjimbi-Tschiende, anunció a sus feligreses que dejaría la parroquia durante la misa de esta mañana y explicó sus razones.

Ndjimbi-Tshiende, de 66 años, había recibido cinco amenazas de muerte tras haber criticado duramente las declaraciones racistas de la exlíder local de la Unión Socialcristiana (CSU) Sylvia Boher. Según el diario «Süddeutsche Zeitung», el sacerdote recibió, entre otras amenazas, tarjetas postales en la que estaba escrito «que te manden a Auschwitz».

La CSU, que gobierna con mayoría absoluta en Baviera, es considerada el ala bávara de la Unión Cristianodemócrata (CDU), de la canciller Angela Merkel, pero se ha distanciado claramente de su política de refugiados.

Boher había dicho en un artículo del periódico local de su partido que Baviera estaba siendo invadida por refugiados y calificó a los inmigrantes procedentes de Eritrea de personas que sólo querían huir del servicio militar.

Después de que el consejo de la parroquia descalificara las declaraciones de Boher y que Ndjimbi-Tshiende pidiera a la CSU que fuera consecuente con la doctrina cristiana, el segundo del partido en la localidad, Johann Haindle, se refirió despectivamente al sacerdote como «negro».

Tras las duras críticas recibidas, tanto Boher como Haindl dejaron sus cargos dentro del partido y el segundo también dejó su escaño de concejal.

Djimbe-Tshiende vive en Alemania desde 2005, desde 2011 es ciudadano alemán y se ocupaba de Zordening, cerca de Múnich, desde 2012.

(RD/Agencias)

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2016/03/07/amenazas-xenofobas-en-alemania-a-un-cura-de-origen-congoles-iglesia-religion-jesus-dios-papa-baviera-politica-racista-dimision-amenazas.sht

El pecado de Sodoma y el Dios que salva: VÍCTOR HERNÁNDEZ 


sodoma

POSTED ON 08/03/2016 

 

¿En qué consistió el pecado de Sodoma? ¿Es realmente un pecado sexual, como quiere interpretarlo el debate contemporáneo sobre la homosexualidad? ¿Qué mensaje ofrece Génesis 19 si partimos desde la misma propuesta del texto bíblico? Estas notas quieren evitar interpretaciones reduccionistas y plantean la importancia que tiene el uso de una adecuada hermenéutica.

Dos observaciones previas. La primera, se debe tener en cuenta que no es sencillo definir “pecado”, porque remite a un problema complejo que ha acompañado la historia humana: el problema del mal[1]. Existe una tendencia a definir el pecado como meras “transgresiones” a reglas morales; y no es así, pues aunque incluye la transgresión y la culpabilidad, la noción de pecado es algo más mucho más profundo: incluye el misterio de la ceguera humana, y su apego, a la capacidad de destruir a los demás y a sí mismo.

Segunda observación, el pecado se define de un modo en el lenguaje doctrinal, o en la teología dogmática, pero en la Biblia se muestra de modo diferente, con un lenguaje que tiene la forma literaria y que comunica un mensaje de salvación[2]. Es fundamental darse cuenta que la Biblia no es un manual de moralidad ni un libro con definiciones doctrinales; no, la Biblia es historia de salvación que nos interpela. El Dios que se revela en las Escrituras siempre está llamando a la conversión, a reconocerle y a responder de acuerdo a la misericordia con que Dios actúa.

El pecado de Sodoma, y su castigo, se narra en Génesis 19, pero el relato comienza en el capítulo 18. Allí, Dios visita a Abraham en Mamré y tiene lugar la conversación en la que Dios reitera su promesa de darle un hijo a Abraham (eran ya largos años de espera con respecto a esa promesa), Sara se ríe y Dios le dice que al año siguiente tendrá un hijo y se llamará Isaac (risa). La risa de Sara es por lo que está pensando (el v. 12, en hebreo, dice: “después de gastada, voy a sentir placer sexual [‘edná]?) pero en esa situación tan imposible, reside el poder de Dios para cumplir su promesa (v. 14 ¿qué hay imposible para Dios?), que es una promesa de salvación para todos, pues en Abraham serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Y entonces, antes de partir, Dios le habla a Abraham sobre Sodoma. La expresión del v. 17 es peculiar: Dios se pregunta cómo puede ocultarle a Abraham lo que viene y los vs.18 y 19 muestran la confianza de Dios puesta en Abraham y la intimidad que les une. La expresión hebrea yêda’tiv (le conozco) tiene el sentido de esa confianza íntima. Aquí podemos destacar dos cosas que contrastan con el pecado de Sodoma: Abraham es un estupendo y diligente hospedador con sus invitados (18:2-8) y los habitantes de Sodoma actuarán de modo radicalmente opuesto. Por otro lado, vemos dos significados opuestos del verbo hebreo yadá’ (conocer íntimamente, tener sexo): mientras que la relación de Dios con Abraham es cercana, de confianza total (v. 19, yêda’tiv), en cambio los de Sodoma quieren agredir sexualmente a los invitados de Lot (19:5 yêda’h). Son las acciones y actitudes en el relato, radicalmente opuestas, las que determinan el sentido que tiene el verbo hebreo.

En 18:20 Dios dice que han llegado a sus oídos una “denuncia” (en hebreo ze’acá, “querella”, es un término técnico jurídico que designa la petición de ayuda de quien se siente gravemente lesionado en su derecho, la RV60 traduce “clamor”) de la extrema maldad de Sodoma y Gomorra.

Como vemos, Dios se dirige a verificar este reclamo de quienes sufrían la violencia de la injusticia. Y entonces tiene lugar el famoso diálogo de amigos, entre Dios y Abraham (18:23-33). Es una conversación formidable, porque vemos en juego la íntima confianza, el regateo de Abraham, la incansable paciencia de Dios para bajar la cuota de justos y así perdonar a Sodoma y Gomorra. Es un bello texto que nos muestra a un Dios que baja el listón de modo inimaginable (¿se perdona a toda una ciudad por 50 justos, 45, 40… por tan sólo 10? ¡Sí, por la ridícula cantidad de 10 se le perdonará!). Sobre todo, la Biblia quiere dejarnos claro que Dios tiene un incasable propósito de salvar, de redimir.

Pero el capítulo 19 nos muestra el extremo de la maldad de los habitantes de Sodoma. Lot acoge a los visitantes (en hebreo mal’ajím, mensajeros) y les hospeda, como es propio de la culturas orientales del mundo antiguo (el derecho de hospitalidad era algo sagrado). Pero los ciudadanos de Sodoma vienen y quieren violarlos (v. 5). El verbo yadá’ se traduce por acostarse con ellos, como ya dije, pero el relato deja en claro que se trata de una agresión sexual colectiva, que incluye “desde el más joven hasta el más viejo” (v. 4). No es que toda la población masculina fuera homosexual, sino que todos quieren participar de la agresión sexual contra los visitantes. Sabemos que la violencia sexual es propia de toda situación de dominación, de fuertes sobre débiles, sobre todo en situaciones de guerra, pero es inconcebible que se pretenda violar al huésped de un vecino que cumple con el deber sagrado de hospedar.

Es un relato que muestra la crudeza extrema de la maldad, la violencia que se ejerce contra el prójimo. Los profetas interpretaron así la maldad de Sodoma y Gomorra: Isaías 3:9; Ezequiel 16:49; Jeremías 23:14. Jesús también interpretó la maldad de Sodoma como pecado que rechaza la buena nueva, es decir que rechaza a Dios: Mateo 11:20-24; Lucas 10:10-12.

El mensaje de la Biblia es profundo, rico, inexhaurible, pero además es un mensaje vivo que nos interpela para volvernos a Dios. Por eso me parece lamentable el reduccionismo de la interpretación contemporánea sobre la homosexualidad, que hace uso del relato del pecado de Sodoma para sus argumentos[3].

Hay otros textos bíblicos que se pueden (y se deben) debatir, pero este relato tiene un mensaje distinto: en medio de la profunda (e incomprensible) maldad humana extrema, hay un Dios que quiere salvarnos y que se propone actuar para que esa salvación alcance a todos, incluso al pobre Lot que se guía sólo por lo que ven sus ojos (13:10-11). Por eso la Biblia destaca el papel de Abraham, que se fía de la promesa, aún cuando sus ojos no vieran nada y seguía esperando en Dios, porque sabía que es fiel y que cumple su promesa (Santiago 2:23). Sabemos que esa promesa se hizo carne y vida en Jesucristo, y creemos que en su muerte y resurrección Dios nos hace vivir en la sobreabundancia de su gracia.

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[1] Cf. Paul Ricoeur (2006), El mal. Un desafío a la filosofía y a la teología, Buenos Aires: Amorrortu.

[2] Por eso, en buena teología bíblica, es un error partir del pecado (la caída del ser humano) y luego ir a la redención. El punto de partida es la gracia, el perdón que nos reconcilia con Dios y sólo entonces se comprende lo que significa el pecado. Cf. Bárbara Andrade (2004) Pecado original ¿o gracia del perdón?, Salamanca: Secretariado Trinitario.

[3] Esta es mi objeción al texto de Will Graham, publicado en Protestante Digital:http://protestantedigital.com/magacin/37049/Por_qu3_fueron_destruidas_Sodoma_y_Gomorra

NOTA: Este breve texto no fue aceptado para su publicación por Protestante Digital; explico su historia: lo escribí para responder a un intento de diálogo con otras posiciones, que se dicen muy preocupadas por la fundamentación bíblica en el tema de la homosexualidad. Lo envié varias veces, desde hace meses, a la sección “mi blog” (miblog@protestantedigital.com) y no recibí respuesta. No obstante, me habían publicado un par de textos previamente, incluyendo mis “respuestas a las 10 preguntas de Will Graham” sobre el tema de la homosexualidad [http://protestantedigital.com/tublog/37141/repuestas_a_las_10_preguntas_de_will_graham].

http://www.lupaprotestante.com/blog/el-pecado-de-sodoma-y-el-dios-que-salva/

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