¿Son reales las narcolimosnas?: María Teresa Cifuentes Traslaviña 1


 

En el debate que se da en México acerca de la presencia y las acciones del narcotráfico en el país azteca se dice que “México se está colombianizando,” en tanto allí como en Colombia es evidente la maquinaria de muerte que han desplegado los narcotraficantes para atacar a quienes se oponen a sus acciones ilegales o para combatir a sus rivales. Pero no sólo ha sido en el amplio espectro de la violencia donde se presentan semejanzas; en México como en Colombia se han realizado tareas, a veces muy sofisticadas, para penetrar las instituciones y permear diversos sectores de la sociedad. En ese propósito no han escapado ni las instituciones religiosas.

Es así como en México se ha hecho pública la presencia de los dineros de los narcos entre sectores de la Iglesia católica, en el que aparecen involucrados obispos y sacerdotes, y por las respuestas que éstos dan a los señalamientos se evidencia que las afirmaciones en tal sentido son ciertas, como se deduce de las declaraciones ventiladas en la prensa donde algunos clérigos aceptan haber recibido estas donaciones. Así las justifican: “Apoyado en el pasaje bíblico en el que María Magdalena le lava los pies con perfume a Jesucristo, el Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Ramón Godínez Flores, admitió que a la Iglesia católica llegan limosnas del narcotráfico, pero que se purifican al entrar a ella”2. Otro clérigo, encargado de asuntos educativos de la Conferencia Episcopal mexicana, a quien se le preguntó “si la Iglesia no debería rechazar las limosnas de las que sospeche provienen del narcotráfico”, respondió: “No porque el origen del dinero sea malo hay que quemarlo. Hay que transformarlo, más bien. (…) Si una persona se puede transformar, cuánto más lo material.” Otra respuesta también de un sacerdote señala: “He conocido casos, pero se han purificado” 3.

Estos ejemplos muestran, por una parte, que las narcolimosnas han sido reales en la Iglesia mexicana y por otra, la complacencia de ciertos clérigos con estas prácticas. Lo anterior ha provocado titulares de prensa cómo: “Polémica con la Iglesia en México por narcolimosnas.”4 Estas discusiones han llevado a pronunciamientos del cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera, en el que señala que “el dinero del narcotráfico no tiene cabida en los recursos de la Iglesia católica.”5

En México, cuando se toca el tema de las narcolimosnas, con frecuencia se hace alusión a hechos similares en Colombia. Vicente Leñero, guionista de la película “El crimen del Padre Amaro”, en reflexiones ante el escándalo que la película suscitó en sectores católicos, señala: “Pienso que al episcopado mexicano le enoja también la película por el tema de las narcolimosnas (…) No hay duda que los Escobar de Colombia y los Arellano de México o el Señor de los Cielos tendrían mucho que decir sobre un asunto que evidentemente preocupa a nuestros cardenales Salazar y Rivera. ¿O es acaso inverosímil el episodio que aborda las narcolimosnas en la película? ¿Es calumnioso?…”6

La situación en Colombia en relación con las narcolimosnas no ha tenido la trascendencia de México y esto nos lleva a preguntarnos ¿Ha sido tan afortunada la Iglesia Católica en Colombia que el narcotráfico no ha logrado acercarse a ella con estas dádivas, ni aprovecharse de su prestigio para acogerse a su sombra, al desarrollar prácticas de aparente “beneficencia” y así conseguir el aval de tan prestigiosa institución y sumar adeptos que se tornen complacientes con sus prácticas? Esta pregunta es pertinente mucho más cuando cada día las noticias, las investigaciones de las autoridades y los estudios académicos muestran cuán grande ha sido la penetración del narcotráfico en instituciones tanto gubernamentales como no oficiales y cómo han desarrollado métodos tan sofisticados para incrustarse en el corazón de los mismos organismos de seguridad el Estado.

La Iglesia Católica en Colombia ha salido bien librada en tanto no se han presentado pruebas que soporten ante las autoridades el acercamiento de los narcotraficantes a sus organizaciones y a sus clérigos, pero las denuncias de ciertas relaciones de conocidos capos con algunos clérigos no ha tenido la trascendencia que se le ha dado en el país azteca, y cuando hace algunos años también se ventilaron en los medios situaciones similares, rápidamente la jerarquía entró a desmentir tales aseveraciones y, vale decirlo, emitió comunicaciones rechazando la aceptación de dineros de los narcotraficantes por cualquier sector de la sociedad; pero eso no quiere decir que no aparecieran algunos sacerdotes cercanos a los capos, sólo que aquí rápidamente esas denuncias no tuvieron eco entre los ciudadanos ni entre los creyentes católicos y sólo unos cuántos columnistas o personas allegadas a los narcos han denunciado esas posibles relaciones.

Desde los años ochenta fueron apareciendo en la prensa algunas referencias sobre la recepción de dineros del narcotráfico por parte de miembros del clero. En el libro de Fabio Castillo “Los jinetes de la cocaína” se señala que las campañas cívicas adelantadas por Pablo Escobar Gaviria, el jefe del cartel de Medellín, estuvieron avaladas por los sacerdotes “Elías Lopera Cárdenas y Hernán Cuartas quienes pronunciaban encendidas homilías en defensa de las campañas de Escobar Gaviria. (…) Pese a que en el periódico del narcotraficante se publicaban las fotos de Lopera y Cuartas, el Arzobispo de Medellín, Mons. Alfonso López Trujillo, nunca se opuso a su práctica…”7Igualmente se afirmó que los señalados sacerdotes Lopera y Cuartas formaban parte de la Junta Directiva de la organización “Medellín sin tugurios”, obra social emprendida por Pablo Escobar para dar soluciones de vivienda a los pobladores más empobrecidos de ciudad.

Las campañas benéficas de Pablo Escobar le sumaban réditos al vender la imagen de gran benefactor de los sectores populares. Lo mismo consiguió con la Campaña Medellín Cívico, a través de la cual donó miles de arbustos para sembrarlos en parques y zonas verdes de la ciudad. La Revista Semana tituló un artículo sobre el capo como “Un Robin Hood Paisa.”8 En 1983, siendo congresista, fue expulsado del movimiento de Renovación Liberal por sus nexos con el narcotráfico. Es decir, cuando posaba de hombre generoso con los desvalidos, iban creciendo sus excentricidades como la compra de la hacienda Nápoles donde llevó un buen número de animales exóticos, pero igualmente se iban conociendo sus actividades en el narcotráfico.

Ahora bien, ante las constantes revelaciones de las actividades ilegales de Escobar, algunos columnistas se preguntaban por qué, por ejemplo, el Cardenal Alfonso López Trujillo, Arzobispo de Medellín en la época, no tomaba medidas al ver a dos de sus sacerdotes vinculados con las actividades sociales del capo. La respuesta del arzobispo ante insinuaciones de cierta permisividad e inclusive de cercanía con el jefe del cartel de Medellín, fue siempre defenderse, así lo hizo cuando demandó por injuria y calumnia a María Jimena Dussán, por una columna publicada en El Tiempo el 25 de abril del 2005, en la que se habló de las buenas relaciones del purpurado con el programa Medellín sin Tugurios. Es difícil entender porqué no se conocen contundentes pronunciamientos públicos del fallecido cardenal frente a la relaciones de sacerdotes con el capo, caso de los padres Lopera y Cuartas, cuando en otros campos estaba pronto a fijar su posición cuando los sacerdotes osaban criticar al establecimiento por mantener las profundas desigualdades sociales.

A pesar de que las actividades de los narcotraficantes eran de conocimiento público, sus donativos eran bien recibidos, seguramente con cierta ingenuidad por sencillos sacerdotes de provincia. El párroco de Necoclí, Luis Angel Gutiérrez, señalaba: “la Fiesta del Coco no sería nada sin el apoyo de don José” y “las gentes han fijado la mirada en este hombre (Pelusa) que como obra de Dios llegó a Necloclí para ayudar en torno a las obras de desarrollo”. Se refería, el buen párroco, a uno de los primeros grandes narcotraficantes, José “Pelusa” Ocampo.9

Pero no solamente sacerdotes de alejados municipios aceptaban haber recibido dineros de ilegales. Cuando era obispo de Pereira, el hoy Cardenal Darío Castrillón, hizo una denuncia sobre la presencia de dineros del narcotráfico en la política y allí aceptaba haber recibido narcolimosnas: “Hasta yo mismo he recibido dinero de la mafia y lo he repartido entre los pobres.”10 Igualmente Fabio Castillo, en el libro “Los jinetes de la cocaína”, recoge una fotografía en la que aparece Mons. Darío Castrillón junto a Carlos Lehder durante la inauguración de la Posada Alemana, ocasión en que el prelado bendijo las instalaciones.

Parece que Mons. Castrillón nunca negó haber recibido donaciones del narcotráfico. Siendo Arzobispo de Bucaramanga y cuando la Iglesia Católica se sumaba a las muchas denuncias por el ingreso de dineros de la mafia en la campaña presidencial de Ernesto Samper, en declaraciones al informativo NTC “sostuvo que los aportes de narcotraficantes arrepentidos destinados a los pobres son ‘buenas acciones’, y enfatizó que deben diferenciarse de las sumas depositadas a favor de las campañas políticas. El obispo (…) consideró que cuando una persona se arrepiente y destina el ‘producto del pecado’ a los pobres, es cosa buena. Cosa distinta es tomar champán con ellos (los narcotraficantes), disfrutar de la riqueza de ellos y tomar una buena parte de esa riqueza para hacerse con el poder.”11 Bueno, no sabemos, seguramente se arrepintieron los narcos que hicieron las donaciones a Monseñor Castrillón.

Pero ¿qué repercusiones tuvieron las declaraciones del destacado monseñor en la sociedad colombiana y en el seno de la Iglesia? Pues que se conozcan, no muchas y lamentablemente por la apreciación que se tiene, en el sentido de que en Colombia nadie se salva de haber recibido algún “beneficio económico” del narcotráfico, nadie está autorizado para sancionar tales prácticas. Pero lo que deja ver es una conciencia laxa, cierta complacencia con semejantes procederes y lo más fácil, acostumbrarse a mirar a otro lado para no ver lo que está sucediendo frente a todos.

También ha habido sacerdotes que se negaron a recibir ayudas de los capos de la droga. Un antiguo párroco de la población de Pacho, en Cundinamarca, se negó a recibir ayuda del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, oriundo de la misma población, para restaurar el templo. Pero no sólo se negó a recibir sus dádivas, con un buen grupo de feligreses hizo una manifestación frente a la discoteca de propiedad del narcotraficante e instalada cerca al templo parroquial, denunciando la venta de droga y los escándalos que allí se sucedían.12

Se supone la molestia de Rodríguez Gacha por la negativa del párroco. En Pacho se dice que decidió construir una moderna y lujosa capilla a la salida del pueblo, obra que realizó la familia del capo. Hoy es el templo de una parroquia; a la pregunta de quién la había construido, allí dicen que fue una familia y que se reservan el nombre.

Personajes cercanos a los grandes narcotraficantes como el famoso abogado defensor de varios de ellos, Gustavo Salazar Pineda, en un libro titulado “El confidente de la mafia se confiesa,” y aunque dice que la editorial española que lo publicó le censuró tres capítulos, entre ellos uno que tenía que ver con las alianzas que tuvieron sus clientes con el clero; en el libro hace señalamientos de entrega de dineros a ciertos clérigos: “…uno de los más acaudalados y poderosos mafiosos del mundo, Helmer Herrera Buitrago, mi cliente, confidente y amigo, me contaba asiduamente el mucho dinero que entregó al obispo de Palmira, su tierra natal. Ese mismo prelado, a propósito del proceso 8.000, se pronunció varias veces contra las mafias del narcotráfico colombiano y contra los políticos que recibieron dineros del cartel de Cali”13.

Igualmente el abogado Salazar Pineda en un entrevista a la Revista Semana para comentar la censura de los tres capítulos y a la pregunta: “Qué dice sobre el clero”, contesta: “Yo puedo jurar ante un fiscal que la mafia dio plata a dos altos jerarcas de la Iglesia. Yo hablé en vida con los mafiosos. Uno es el cardenal Alfonso López Trujillo. El recibió dinero en efectivo en el club Unión de Medellín. La plata se la dio Gustavo Gaviria, el primo de Pablo Escobar.” Y a otra pregunta contestó: “Mire, yo estoy dispuesto a presentar lo que tengo de pruebas. La plata que también le dieron a monseñor Pedro Rubiano. La iglesia que construyeron en Barranquilla los Nasser Arana. Yo he defendido a gente de todos los carteles. Me falta el de la iglesia, no más. Espero que pronto me llamen.”14

Por supuesto que los obispos se han defendido. Monseñor Pedro Rubiano desmintió las declaraciones de Salazar Pineda, al afirmar “que no conoció a ‘Pacho Herrera’ y que nunca recibió dinero del narcotráfico.” “Eso es una calumnia y una calumnia infame. Este señor al decir eso se esconde diciendo que los que podían dar las pruebas ya murieron, entonces es una patraña.” “Yo conocí a los Rodríguez porque estuvieron detenidos. Conocí a Gilberto cuando llegó de España, cuando estaba detenido y salió libre porque no encontraron nada.” “Jamás la Arquidiócesis de Cali recibió dinero de esta gente, lo mismo que en Bogotá. Jamás hemos recibido con ese origen del narcotráfico, dineros para la Iglesia.” “Yo les he advertido a los sacerdotes que mucho cuidado con ir a recibir dineros que no se saben de dónde vienen porque realmente serían un daño muy grande para la Iglesia.”15

A diferencia de Monseñor Rubiano, que niega cualquier contacto con los narcotraficantes, el fallecido fundador de la Corporación Minuto de Dios, que ha extendido por buena parte del país sus obras sociales, el sacerdote Rafael García Herreros, en la cumbre de sus ochenta y más años, de manera pública, a través de la televisión y en constantes declaraciones, enviaba mensajes a Pablo Escobar solicitándole la entrega de algunos personajes secuestrados por orden del capo como el actual vicepresidente de la República, Francisco Santos y la comunicadora Maruja Pachón y luego motivándolo para que se entregara al gobierno.

La prensa registraba los mensajes del padre García Herreros con cierta inquietud. Una columnista señalaba: “… el pasado 18 de abril muchos telespectadores pensaron con triste resignación que a García Herreros le había llegado la hora de la demencia senil. Esa noche el sacerdote le pidió al mar respuestas a sus cavilaciones: ‘Quisiera hablar con Pablo Escobar a la orilla del mar… Me han dicho que quiere entregarse. Me han dicho que quiere hablar conmigo. Oh, mar… ¿qué debo hacer?” Y a una pregunta sobre si pensaba llevar a Pablo Escobar a las puertas de la cárcel, contestó: “No, pienso llevarlo a las puertas del cielo”. García Herreros se mostraba generoso y clemente con Escobar, al referirse a él decía “Pablo no ha cometido todos los crímenes que se le atribuyen. De vez en cuando, un hombre pasa a ser el chivo expiatorio de todos los crímenes y todos los males; eso le ha pasado un poco a Pablo.”16

Se señala que la familia Ochoa, tres de cuyos miembros formaban parte del cartel de Medellín, tuvieron mucho que ver en la mediación de García Herreros para la entrega de Escobar. Y es que hubo cierta cercanía de García Herreros con esta familia y parece que no dudaba en proponerles que financiaran nuevos proyectos de obras sociales.

En un texto que recoge apartes de la vida y obra de este sacerdote se citan declaraciones que tienen que ver con esta idea: “Les propuse a los Ochoa hacer una industria de confecciones en la cercanía de la cárcel. Ellos la manejarían y un cristiano de Estados Unidos nos vendería el producto en ese país y en otros países.” “Vamos a cambiar la cárcel en una industria. Vamos a cambiar los corazones, vamos a llevar consuelo y optimismo. Me dijo Fabito, el menor, que ustedes conocen bien, por los periódicos y revistas, que iba a tomar este proyecto como penitencia, que no le pusiera otra. El lo va hacer con sus hermanos a favor de los pobres. Este es un paso muy importante de arrepentimiento de los jóvenes Ochoa en su camino hacia Dios”.

“Ustedes no me van a criticar, sino van a aceptar esto en silencio. Vamos a tener una linda industria allá anexa a la cárcel de Itagüí. Si nos resulta, extenderemos esto a muchas cárceles de Colombia, y posiblemente de toda América. Es una nueva actitud del mundo carcelario.” Hasta aquí García Herreros, y continúa el autor de la biografía : “El proyecto no se realizó, y Fabio Ochoa salió de la cárcel, pero luego fue aprehendido de nuevo y extraditado a los Estados Unidos.”17 Alguien que conoció de cerca al Padre García Herreros considera que no era extraño su comportamiento, afirma que él no dudaba en acercarse a creyentes o no creyentes, a personas virtuosas o conocidos personajes alejados de la Iglesia y sus mandatos. Igualmente indica que actuaba de manera trasparente, sin ocultar nada, así recibiera críticas. Por eso la cercanía a Pablo Escobar o a la familia Ochoa, la interpreta como una expresión de la particular forma de ejercer su tarea pastoral.

Y la jerarquía ¿qué opinaba sobre el narcotráfico y sus actividades? Oficialmente la Conferencia Episcopal se ha pronunciado rechazando sus prácticas, pero no se encuentran de manera explícita referencias a las narcolimosna, aunque de los textos se puede deducir. A mediados de los años ochenta en un pronunciamiento de la XLI Asamblea del Episcopado sobre drogadicción y narcotráfico señala: “El silencio complaciente de la sociedad, la falta de oportunas denuncias y la aceptación de dádivas de parte de personas implicadas en esas indebidas actividades, han contribuido también a agravar el problema. Se estimulan estas situaciones cuando hay actitudes débiles ante estos traficantes que perseverando en su delito quieren cubrirlo con donaciones. Cuando no hay conversión, sino manera de encubrir situaciones de pecado, hay que tener el coraje en este caso, como en otros similares, para decir como el Apóstol Pedro: ‘Perezca tu dinero y tú con él’ (Hechos 8,20).”18

De otra parte, la jerarquía de manera oficial no ha aceptado la existencia de las narcolimosnas, parece que algunas donaciones, reconocidas por sus receptores, como vimos antes, fueron algo esporádico y no constituyeron o constituyen prácticas que merecieran una condena tajante y explícita. Cómo se señaló, será que se puede afirmar: de buenas la Iglesia Católica colombiana que ha logrado mantenerse ajena a la tentación de las jugosas y no tan santas donaciones.

1    Profesora universitaria e investigadora independiente.

2    Infosel financiero. 20/09/2005. http://www.Terra.com.mx/artículo

3    Ibid.

4    El Clarin. http://www.clarin.com/diario/1997/09/25

5    Impacto. Iglesia rechaza narcolimosnas. 22.12.2008. http://www.medios.com.mx

6    Leñero Vicente. Unión adúltera con el poder. http://www.sectas.org/Secciones_Especiales/padreamaro/lenero.

7    Castillo Fabio. Los jinetes de la cocaína: Ed. Documentos Periodísticos, Bogotá, nov. 1987. II. Edición. P.64.

8    Semana 16 mayo de 1983

9    Ibid.

10  Gil Montoya Rigoberto. Resumen del libro “El Cardenal Castrillón entre la fe y el poder” de Marcelino Peña, Bogotá 1999

11  La Iglesia dijo que el proceso contra Samper “causa risa”. Clarín Digital. Lunes 8 de abril de 1996. Buenos Aires, Argentina. http://www.clarin.com/diario/96/04/08

12  Castillo Fabio, op. Cit. P.89

13  Salazar Pineda Gustavo. El confidente de la mafia se confiesa. El narcotráfico al descubierto. Ed. Nombre Latino. 2005. Madrid. p.3

14  Semana. Sábado 11 de febrero de 2005. http.//semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IDArt

15  Elisabeth Meneses. Especial para eltiempo.com. Toronto, Canadá. 22 febrero de 2006. http://www.cardinalrating.com

16  Lozano Pilar. Rafael G. Herreros. El sacerdote que negocia la entrega del “narco” Pablo Escobar. Bogotá, 01/06/91. http://www.elpais.com/articulo/ultima/Rafael/G/Herreros

17  Jaramillo Diego, CJM: Rafael García Herreros, una vida y una obra. Cwgyzq.blu.livefilestore.com

18  Conferencia Episcopal de Colombia XLI Asamblea Plenaria del Espicopado. Pronunciamiento del Episcopado colombiano sobre drogadicción y narcotráfico. Bogotá, 14 de julio de 1984

http://revistaciudadpazando.udistrital.edu.co/index.php/40-articulos-revista-3/132-articulo-7-vol-2-num-1

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