El Papa en el puerto de Lesbos: “Los emigrantes, antes que números son personas, rostros, nombres, historias”


Francisco, en el puerto de Mitelene, en Lesbos

Reza por los que “han perdido la vida en el mar, víctimas de un viaje inhumano”

Alaba al pueblo griego que “ha sabido mantener abierto su corazón y sus puertas”

Redacción, 16 de abril de 2016 a las 15:17

Europa es la patria de los derechos humanos y cualquiera que ponga pie en suelo europeo debería poder experimentarlo

El Papa y varios refugiados de Lesbos/>

El Papa y varios refugiados de Lesbos

El papa pidió hoy a Europa a respetar y defender los derechos humanos y entender que los refugiados son, ante todo, seres humanos, y no números. “La preocupación de las instituciones y de la gente, tanto aquí en Grecia como en otros países de Europa, es comprensible y legítima. Sin embargo, no debemos olvidar que los emigrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias”, dijo Francisco en el puerto de la Mitilene, la capital de la isla griega de Lesbos.

El papa hizo estas declaraciones al reunirse en el puerto con ciudadanos y miembros de la comunidad católica de la isla.

Europa es la patria de los derechos humanos y cualquiera que ponga pie en suelo europeo debería poder experimentarlo. Así será más consciente de deberlos a su vez respetar y defender. Por desgracia, algunos, entre ellos muchos niños, no han conseguido ni siquiera llegar: han perdido la vida en el mar, víctimas de un viaje inhumano y sometidos a las vejaciones de verdugos infames”, añadió.

El sumo pontífice se reafirmó en su “vehemente llamamiento” a la solidaridad y la humanidad frente al drama de los refugiados que, dijo, están viviendo “en unas condiciones críticas, en un clima de ansiedad y de miedo, a veces de desesperación, por las dificultades materiales y la incertidumbre del futuro”.

Francisco mostró su “admiración” por el pueblo griego que, a pesar de las graves dificultades que tiene que afrontar, “ha sabido mantener abierto su corazón y sus puertas“.

Muchas personas sencillas han ofrecido lo poco que tenían para compartirlo con los que carecían de todo. Dios recompensará esta generosidad, así como la de otras naciones vecinas, que desde el primer momento han acogido con gran disponibilidad a muchos emigrantes forzados”, declaró el papa, quien eligió también la labor de todos los voluntarios y asociaciones que ayudan a los refugiados.

Los habitantes de Lesbos, “demostráis que en estas tierras, cuna de la civilización, sigue latiendo el corazón de una humanidad que sabe reconocer por encima de todo al hermano y a la hermana, una humanidad que quiere construir puentes y rechaza la ilusión de levantar muros con el fin de sentirse más seguros”, manifestó Jorge Bergoglio.

El papa volvió a pedir que se luche contra las causas de la emigración y a “oponerse firmemente a la proliferación y al tráfico de armas, y sus tramas a menudo ocultas; hay que dejar sin apoyos a todos los que conciben proyectos de odio y de violencia“.

“Por el contrario, se debe promover sin descanso la colaboración entre los países, las organizaciones internacionales y las instituciones humanitarias”, añadió.

Francisco expresó su esperanza en que la primera Cumbre Humanitaria Mundial, el próximo mes en Estambul, tenga éxito, convencido de que “juntos se pueden y se deben buscar soluciones dignas del hombre a la compleja cuestión de los refugiados”. (RD/Agencias)

Texto completo del discurso del Papa

Queridos hermanos y hermanas

Desde que Lesbos se ha convertido en un lugar de llegada para muchos emigrantes en busca de paz y dignidad, he tenido el deseo de venir aquí. Hoy, agradezco a Dios que me lo haya concedido. Y agradezco al Presidente Paulopoulos haberme invitado, junto al Patriarca Bartolomé y al Arzobispo Jerónimo.

Quisiera expresar mi admiración por el pueblo griego que, a pesar de las graves dificultades que tiene que afrontar, ha sabido mantener abierto su corazón y sus puertas. Muchas personas sencillas han ofrecido lo poco que tenían para compartirlo con los que carecían de todo. Dios recompensará esta generosidad, así como la de otras naciones vecinas, que desde el primer momento han acogido con gran disponibilidad a muchos emigrantes forzados.

Es también una bendición la presencia generosa de tantos voluntarios y de numerosas asociaciones, las cuales, junto con las distintas instituciones públicas, han llevado y están llevando su ayuda, manifestando de una manera concreta su fraterna cercanía.

Quisiera renovar hoy mi apremiante llamamiento a la responsabilidad y a la solidaridad frente a una situación tan dramática. Muchos de los refugiados que se encuentran en esta isla y en otras partes de Grecia están viviendo en unas condiciones críticas, en un clima de ansiedad y de miedo, a veces de desesperación, por las dificultades materiales y la incertidumbre del futuro.

La preocupación de las instituciones y de la gente, tanto aquí en Grecia como en otros países de Europa, es comprensible y legítima. Sin embargo, no debemos olvidar que los emigrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias. Europa es la patria de los derechos humanos, y cualquiera que ponga pie en suelo europeo debería poder experimentarlo. Así será más consciente de deberlos a su vez respetar y defender. Por desgracia, algunos, entre ellos muchos niños, no han conseguido ni siquiera llegar: han perdido la vida en el mar, víctimas de un viaje inhumano y sometidos a las vejaciones de verdugos infames.

Ustedes, habitantes de Lesbos, demuestran que en estas tierras, cuna de la civilización, sigue latiendo el corazón de una humanidad que sabe reconocer por encima de todo al hermano y a la hermana, una humanidad que quiere construir puentes y rechaza la ilusión de levantar muros con el fin de sentirse más seguros. En efecto, las barreras crean división, en lugar de ayudar al verdadero progreso de los pueblos, y las divisiones, antes o después, provocan enfrentamientos.

Para ser realmente solidarios con quien se ve obligado a huir de su propia tierra, hay que esforzarse en eliminar las causas de esta dramática realidad: no basta con limitarse a salir al paso de la emergencia del momento, sino que hay que desarrollar políticas de gran alcance, no unilaterales. En primer lugar, es necesario construir la paz allí donde la guerra ha traído muerte y destrucción, e impedir que este cáncer se propague a otras partes. Para ello, hay que oponerse firmemente a la proliferación y al tráfico de armas, y sus tramas a menudo ocultas; hay que dejar sin apoyos a todos los que conciben proyectos de odio y de violencia. Por el contrario, se debe promover sin descanso la colaboración entre los países, las organizaciones internacionales y las instituciones humanitarias, no aislando sino sosteniendo a los que afrontan la emergencia. En esta perspectiva, renuevo mi esperanza de que tenga éxito la primera Cumbre Humanitaria Mundial, que tendrá lugar en Estambul el próximo mes.

Todo esto sólo se puede hacer juntos: juntos se pueden y se deben buscar soluciones dignas del hombre a la compleja cuestión de los refugiados. Y para ello es también indispensable la aportación de las Iglesias y Comunidades religiosas. Mi presencia aquí, junto con el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo, es un testimonio de nuestra voluntad de seguir cooperando para que este desafío crucial se convierta en una ocasión, no de confrontación, sino de crecimiento de la civilización del amor.

Queridos hermanos y hermanas, ante las tragedias que golpean a la humanidad, Dios no es indiferente, no está lejos. Él es nuestro Padre, que nos sostiene en la construcción del bien y en el rechazo al mal. No sólo nos apoya, sino que, en Jesús, nos ha indicado el camino de la paz. Frente al mal del mundo, él se hizo nuestro servidor, y con su servicio de amor ha salvado al mundo. Esta es la verdadera fuerza que genera la paz. Sólo el que sirve con amor construye la paz. El servicio nos hace salir de nosotros mismos para cuidar a los demás, no deja que las personas y las cosas se destruyan, sino que sabe protegerlas, superando la dura costra de la indiferencia que nubla la mente y el corazón.

Gracias a ustedes, porque son los custodios de la humanidad, porque se hacen cargo con ternura de la carne de Cristo, que sufre en el más pequeño de los hermanos, hambriento y forastero, y que ustedes han acogido (cf. Mt 25,35).

http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2016/04/16/el-papa-en-el-puerto-de-lesbos-los-emigrantes-antes-que-numeros-iglesia-religion-dios-papa-mitelene-grecia.shtml

Xabier Pikaza: “Amoris Laetitia (Alegría de amor). El Papa abre una puerta”


abr152016

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Pikaza2“Ha sido prudente, no ha querido quemar las naves, ni condenar a los que piensan de otras formas”
Amoris Laetitia. La Alegría del Amor
Este documento del Papa Francisco necesita obispos nuevos, nuevos pastores, que sepan de vida, de ovejas y gentes, poesía de vida, con más evangelio y menos Derecho Canónico, con más evangelio y menos miedos legales
Nada más, pero nada menos que eso. Ésta es la impresión que ha recibido tras la lectura de la Exhortación Postsinodal, Amoris Laetitia, del Papa Francisco sobre la familia, firmada 19 de marzo y presentada después de tres años de preparación y dos de Sínodo.

No me ha defraudado, aunque tampoco ha llegado a entusiasmarme como la Evangelii Gaudium, ni a removerme como Laudato Sí. Pero la puerta queda abierta, removidos los obstáculos principales que la jerarquía de la Iglesia había puesto ante el tema, para que pasen los que quieran al otro lado del amor.

La cuestión queda ahora en manos del conjunto de las iglesias y de los cristianos, que tienen la oportunidad de replegarse, quedando en lo que había (con el miedo y las prohibiciones), diciendo que para ellos todo sigue igual, pero también la de un paso en adelante, un paso al amor, para cruzar la puerta, y situarse en el gran campo de la alegría del evangelio, en gesto de libertad creadora, en este momento esencial de la vida de la humanidad.
No me ha defraudado, pues el Papa nos dice que la puerta queda abierta, que podemos pasar al otro lado, pero tampoco me ha hecho saltar de alegría, pues los grandes problemas quedan aún pendientes. Es un texto inteligente, escrito con muchísimo cuidado, quizá más importante por lo que no dice que por aquello lo que dice.

‒ Por un lado, parece aceptar (y acepta, en un plano más alto) todo lo que ha dicho el Magisterio en los últimos cincuenta años, desde la Humanae Vitae del Papa Pablo VI, 1969, hasta Juan Pablo II y Benedicto XVI… Los que quieran leer desde el pasado pueden quedarse si quieren, aferrados a la letra de un pasado triste de mucha ley, de poca libertad cristiana.

‒ Pero, al mismo tiempo, este nuevo Documento, lo sitúa todo (o casi todo) en otra perspectiva, tras la línea divisoria de las aguas, para que vayamos en otra dirección, al otro lado, sin acusaciones ni pecados, en línea de madurez personal y responsabilidad. No lo resuelve todo, quedan los grandes problemas (la valoración de la mujer, la homosexualidad, un tipo de celibato…), pero el Papa nos ha dicho que por encima de todo está la libertad cristiana, en gesto de amor.

El Papa ha hecho lo que ha podido (lo que le han dejado hacer…). Ha sido prudente, no ha querido quemar las naves, ni condenar a los que piensan de otras formas… Somos ahora nosotros los que debemos cruzar la puerta y pasar al otro lado, al lado del Evangelio, que es Amoris Laetitia, alegría de amor.
Desde ese fondo quiero ofrecer algunas rápidas reflexiones, a partir de aquello que vengo diciendo sobre el tema, al que he dedicado un largo libro titulado La Familia en la Biblia (Verbo Divino, Estella 2014).

1. Buena base bíblica, pero insuficiente
Comenzaré con una reserva general: El documento es bíblicamente positivo, pero todavía le falta mucha Biblia. En otras palabras: lo que dice es bueno, pero, a mi entender, resulta insuficiente, no sólo por lo que oculta o calla (gran parte de la problemática del Antiguo Testamento, la novedad de la ruptura y re-creación familiar de Jesús…), sino incluso por lo que dice.
Está bien el canto a la mujer el que empieza (Sal 128), pero ese canto nos sitúa en la línea de una mujer naturaleza más que ante la mujer persona, como la que aparece, por ejemplo, en los versos de M. Benedetti, Te quiero (Poemas de otros), canto del uno al otro (esposo o esposa, amigo o amiga), una recreación del Cantar de los Cantares (¡muy silenciado en este documento!).

El Papa Francisco no sabe quizá mucha Biblia, pero conoce bien la poesía y así puede decir, en nombre del varón y/o de la mujer, en un camino de amor abierto a la justicia:
«Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos».

En este campo bíblico, está muy bien el comentario al canto al amor de 1 Cor 13, que el documento ha tomado como leitmotiv, pero hay otros pasajes del evangelio y de Pablo que son más novedosos y profundos en relación a la nueva familia mesiánica.
Queda todavía por explicar y aplicar lo que Jesús dice y hace (lo que rompe, lo que crea… ) en línea de amor, según los evangelios. Por eso sigo diciendo que la fundamentación bíblica es buena, debo añadir que resulta insuficiente, y quizá sesgada (¿donde queda el celibato de Jesús, su ministerio al lado de los distintos sexuales…, donde queda la exigencia de superar un tipo de padre y madre, de hermanos y parientes, para crear una comunión distinta, una alternativa de amor….?).

2. Es buena, muy buena, la reserva del documento que no quiere definir las cosas desde arriba
El texto empieza con un reconocimiento de las limitaciones (yo diría de las equivocaciones”) de un tipo de Magisterio de la Iglesia en este campo. Bastará con citar estas frases, para entender que la puerta queda abierta
“Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos, por lo cual nos corresponde una saludable reacción de autocrítica. Por otra parte, con frecuencia presentamos el matrimonio de tal manera que su fin unitivo, el llamado a crecer en el amor y el ideal de ayuda mutua, quedó opacado por un acento casi excluyente en el deber de la procreación (36).
“Durante mucho tiempo creímos que con sólo insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia, ya sosteníamos suficientemente a las familias, consolidábamos el vínculo de los esposos y llenábamos de sentido sus vidas compartidas” (37).

Esto que se dice aquí es muy bueno, una puerta abierta, pero yo hubiera esperado aún más en este campo. Hubiera querido que el Magisterio hubiera perdón a los cristianos por haber legislado en temas sobre los que no tenía autoridad ni claridad (como en cuestiones de regulación de la natalidad), causando gran dolor en muchas familias, y logrando que al fin la inmensa mayoría de los cristianos no siguiera sus orientaciones.
En este campo (regulación de la natalidad) el Documento no dice nada nuevo. Simplemente constata (sin confesarlo externamente, con un estilo muy eclesial… de no negar, pero dejar a un lado) que el magisterio anterior, desde la Humanae Vitae (1968) no ha sido recibido en la Iglesia, que hay que abrir la puerta de otro modo.

De todas formas, la respuesta general de este documento me parece positiva, pues de pronto vemos que orienta y anima, pero deja en libertad a las iglesias y a los fieles, como si el gran Magisterio se retirara de la escena concreta, tras haberse metido excesivamente en ellas. Ésto es algo que quizá no se ve con claridad desde fuera, hay que saber un poco de lenguaje eclesiástico para descubrirlo… por eso habrá muchos que dirán que todo sigue igual (lo que no es cierto, pues la puerta queda abierta, para los que quieran pasar)

3. Hay cosas que no están maduras todavía.
Ciertamente, el documento se atreve a condenar una ideología llamada de “gender” (cf. num 56), pero lo hace a mi juicio sin verdadero convencimiento, porque algo hay que decir, sin penetrar en el tema, desde el evangelio. Quizá le falta el descubrimiento y desarrollo radical del valor de la persona, desde una clave mesiánica.
En esa línea resulta ejemplar la forma en que el documento valora la doctrina tradicional del Magisterio, tal como quedó fijada hasta la actualidad desde Pablo VI (el año 1968):

Es preciso redescubrir el mensaje de la Encíclica Humanae vitae de Pablo VI, que hace hincapié en la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la valoración moral de los métodos de regulación de la natalidad […] La opción de la adopción y de la acogida expresa una fecundidad particular de la experiencia conyugal» (82).
Quien entienda un poco el lenguaje eclesiástico, sabe que aquí se está diciendo “sí, pero no”. Los principios generales de la Humanae Generis sobre la dignidad de la persona y el amor fecundo de los esposos son muy buenos…, pero su práctica no puede imponerse en la forma en que lo hacía el mismo documento de Pablo VI.

Alguien dirá que esta es una forma “jesuítica” de formular las cosas. Puede ser. Pero se trata de una forma inteligente de pasar página, admitiendo los valores generales de un Magisterio pasado, pero sin sacar las consecuencias que antes se sacaban, dejándolas estar en el pasado.
Por eso, las consecuencias que Pablo VI deducía de esa dignidad y de ese amor ya no se entienden como entonces, especialmente en lo que se refiere a la regulación de la concepción (métodos anticonceptivos). La Humanae Generis queda así como una declaración de principios, para seguir pensando en los temas, pero sin imponer sus consecuencias.

4. Queda abierta la puerta, lo importante es el camino
Este documento no ofrece en este campo ninguna palabra de condena, ninguna regulación externa. El tema queda (después de cincuenta año de dolor y de rechazo de muchos) en manos de la propia conciencia de los esposos y de la animación al amor de las iglesias… El tema queda en manos de las iglesias, de los obispos y sus comunidades, con más evangelio (¡alegría de amor!) y con mucho menos Derecho Canónico. No se trata de dar leyes, más leyes, sino de animar y acompañar a los creyentes en el camino.

Así me parece, pero me da un poco de miedo, pues quizá no haya obispos capaces de situarse en esa línea, de asumir a pie el camino, a pie de calle, a pie de vida, con olor de oveja… Muchos obispos de los que tenemos están creados para mirar y organizar desde arriba, sin entrar en el agua y el barro del evangelio, por donde andaba Jesús.
Este documento del Papa Francisco necesita obispos nuevos, nuevos pastores, que sepan de vida, de ovejas y gentes, poesía de vida, con más evangelio y menos Derecho Canónico, con más evangelio y menos miedos legales: Desde aquí se entienden las palabras principales del documento, aquellas donde alienta mejor el espíritu de Francisco, pues de trata de “asumir el matrimonio como un camino de maduración, donde cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro. Es posible el cambio, el crecimiento, el desarrollo de las potencialidades buenas que cada uno lleva en sí. Cada matrimonio es una «historia de salvación», y esto supone que se parte de una fragilidad que, gracias al don de Dios y a una respuesta creativa y generosa, va dando paso a una realidad cada vez más sólida y preciosa. Quizás la misión más grande de un hombre y una mujer en el amor sea esa, la de hacerse el uno al otro más hombre o más mujer. Hacer crecer es ayudar al otro a moldearse en su propia identidad. Por eso el amor es artesanal” (221).

5. Planificación familiar, un tema de los esposos
Ciertamente, el Papa quiere que los matrimonios sean generosos en el don de la vida, es decir, en la comunicación del mismo amor, pero sin imposiciones externas, sin leyes dadas desde arriba. Ellos (marido y mujer) “están llamados redescubrir el mensaje de la Encíclica Humanae vitae (cf. 10-14) y la Exhortación apostólica Familiaris consortio (cf. 14; 28-35) para contrarrestar una mentalidad a menudo hostil a la vida”.
Se trata de redescubrir el mensaje profundo, no la letra de ley… Se trata de redescubrir la alegría del amor y la libertad de la búsqueda persona, con responsabilidad… a pie de vida…, volviendo así a la palabra radical del Vaticano II:
Ellos, marido y mujer, son la verdadera “ley”, como decía el Vaticano II: «Cumplirán su tarea […] de común acuerdo y con un esfuerzo común, se formarán un recto juicio, atendiendo no sólo a su propio bien, sino también al bien de los hijos, ya nacidos o futuros, discerniendo las condiciones de los tiempos y del estado de vida, tanto materiales como espirituales, y, finalmente, teniendo en cuenta el bien de la comunidad familiar, de la sociedad temporal y de la propia Iglesia. En último término, son los mismos esposos los que deben formarse este juicio ante Dios» (Gaudium et spes 50).

Ciertamente, el documento sigue citando la Humanae Vitae, diciendo que «se ha de promover el uso de los métodos basados en los ritmos naturales de fecundidad” (Num 11). Pero no dice lo que son los “ritmos naturales”, no los fija por ley. El texto abre la puerta, y recuerda lo que se decía, desde Pablo VI hasta Juan Pablo II, pero lo sitúa todo en otro campo, al otro lado de la puerta que se abre con llave de evangelio.
El Papa Francisco no se fija por ley el sentido de esos “ritmos naturales”, de manera que debemos pensar que se trata de “ritmos personales”, de líneas de evangelio, respetando la vida (es decir, el cuerpo y alma) de los esposos” (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2370), sabiendo evidentemente que los hijos son un maravilloso don de Dios, una alegría para los padres y para la Iglesia (250)… y queriendo así que sean eso, expresión de amor y de voluntad creadora, sin fijarse en prohibiciones físicas o química.

Que sean ellos, los esposos, hombre y mujer, los que se aman, como buenos artesanos/artistas del amor, los que decidan con libertad responsable, dentro de una Iglesia que no les impone leyes desde fuera, sino que camina con ellos en el barro enamorado de la tierra, llena de la gloria de Dios.
6. Temas colaterales: divorciados, homosexuales…
Evidentemente, el documento defiende la unidad familiar, como experiencia radical de comunión entre personas, pero dice (sin que nadie se lo haya exigido) que “los divorciados no están excomulgados” en cuanto divorciados (243), lo cual significa, dentro del contexto en que se dice, que, en cuanto divorciados (si viven el evangelio) pueden participar de la comunión eucarística de las iglesias.

En esa línea, el documento pide (num 244) que se agilicen los “procedimientos de nulidad”, que de hecho, en las condiciones actuales, son procesos de “divorcio”, bajo la autoridad de los mismos obispos (es decir, de las iglesias concretas), sin necesidad de recurrir a la Santa Sede. Eso significa que las iglesias (obispados, parroquias…) son las que tienen que decidir en cada casa sin los divorciados y vueltos a casar pueden comulgar y participar en la vida entera de la Iglesia si son creyentes, que es lo que importa (Dicho sea de paso, el Papa Francisco no ha inventado aquí nada: Esto es lo que se viene haciendo en miles y miles de parroquias, desde Buenos Aires hasta Madrigalete de Abajo).

Con respecto a los homosexuales, en contra de una teoría y praxis que ha sido normal en las iglesias, el documento (num 250) pide que las familias cristianas y las comunidades acojan con respeto a los homosexuales, no para “curarles” de la homosexualidad, sino para que puedan vivir cristianamente siendo homosexuales.
“Que les acojan las familias…”, bien leído, significa que ellos mismos pueden crear sus familias; que se les acoja no como personas descarriadas, sino como signo y momento de un camino distinto dentro de la Gran Iglesia, madre y espacio de vida para todos.

Ciertamente, el documento tiene que decir que no se pueden equiparar las uniones entre dos homosexuales con el matrimonio cristiano… Pero en ningún momento critica las uniones afectivas y de comunión cristiana entre los homosexuales (251). Son uniones distintas, pueden ponerse otros nombres, pero son “uniones de valor cristiano”.
En la línea del documento, la iglesia debería no sólo reconocer esas uniones (repito, aunque no les llame matrimonios), buscando una forma de ofrecerles su “bendición”, es decir, su reconocimiento. El documento no lo dice así, pero de hecho lo presupone.

(Todo depende de la forma en que se lea el texto de ese documento equilibrista… La puerta está abierta, se trata de leer el documento desde un lado o desde el otro:
— Si se parte del hecho de que los homosexuales han de ser respetados “en familia” se está suponiendo que ellos pueden crear una familia, se llame matrimonio o no (que eso es cuestión de palabras…).
— Si se parte de decir que “no se pueden equiparar” las uniones de dos homosexuales con el matrimonio cristiano… se está diciendo que hay una diferencia (lo que es obvio…), pero se está valorando de hecho esa unión de los homosexuales, en línea cristiana…)
Mi interpretación del texto ha quedado clara en la exposición anterior).

7. Y muchas más cosas….

Muchas más cosas se pueden decir de este documento, que abre una puerta… El tema está en que las iglesias en conjunto (con sus obispos concretos) y los cristianos de a pie (¡todos vamos a pie en la Iglesia!) pasemos sin miedo al otro lado, con la alegría del amor.
Decía al principio que el documento es bueno, aunque le falta mucha más Biblia, buena Biblia (con el Cantar de los Cantares, con la opción de Jesús por los distintos, con la gran ruptura y novedad mesiánica del Evangelio….), leída desde la historia actual, desde la vida. De eso quizá seguiré hablando en otras ocasiones, desde la misma Biblia, con el Papa Francisco, abriendo la puerta del amor en la Iglesia.

http://www.redescristianas.net/xabier-pikaza-amoris-laetitia-alegria-de-amor-el-papa-abre-una-puerta/#more-72366

ARCWP ORDENACIONES EN ALBANY, ABRIL 16/16: JIM AND KIM


Sal de Gandhi: ¿Cómo un puñado de barro y el agua de mar sacudió al Imperio Británico


NO VIOLENCIA , 11 de Abril el año 2016

Rivera Sol, PeaceVoice – TRANSCEND Media Service

Gandhi recogiendo granos de sal al final de su marcha.  en.wikipedia.org

Gandhi recogiendo granos de sal al final de su marcha. en.wikipedia.org

El 6 de abril de 1930 en 6:30 de la mañana después de las oraciones de la mañana, Mohandas K. Gandhi levantó un trozo de barro salado y declaró: “Con esto, yo estoy sacudiendo los cimientos del Imperio Británico”.

La sal era una elección inesperada para el movimiento no violento revolucionario. A principios de ese año, el Congreso Nacional de la India había emitido una declaración audazmente de la autonomía, y la Comisión de Trabajo del Congreso había pedido Gandhi para elegir un objetivo para resistir el control británico. La reacción inicial de la Comisión de Trabajo de la elección de la sal de Gandhi fue de incredulidad. El comité cree que la reacción del indio promedio sería la de la risa.

Sin embargo, la ley la sal era particularmente odiosa al indio promedio, como la sal era un ingrediente necesario de la vida en la India caliente y húmedo, y el monopolio sobre la producción británica significaba millones pagados a los británicos por lo que una vez producen ellos mismos.Por otra parte, dado que la Ley de 1882 de Salt británica concedió el monopolio de la producción de sal al Imperio Británico, el producto de la sal representaban un considerable 8,2 por ciento de los ingresos totales de impuestos británico.

Lord Irwin, virrey de la India, al parecer, no hacer los cálculos en este esquema particular de Gandhi. Cuando se enteró de los planes de los indios, se quejó de que no iba a perder el sueño por la sal. sin embargo, la broma, estaba en él, como a menudo se dijo en broma que si bien no perdió el sueño por la sal, que perdió la India.

El 12 de marzo, Gandhi partió de su ashram con 78 satyagrahis. La marcha recorrió 390 kilómetros a través de cuatro distritos y 48 pueblos, la sensibilización y la participación en la marcha y el próximo desobediencia civil en cada parada. Se les dio discursos, los fondos recaudados, los nuevos satyagrahis registradas, y se recogieron renuncias de funcionarios locales que habían decidido no cooperar con los británicos. Gandhi dio entrevistas y escribió artículos en el camino, utilizando la cobertura de prensa para promover su causa. ( El Young India, el diario de Gandhi para el Movimiento Auto-Regla, era el periódico de mayor circulación en el mundo en ese momento.)

El 6 de abril, Gandhi se situó en el borde del océano, cogió un puñado de lodo salado. Cuando se reunieron 50.000 indios traje seguido del mismo modo, la Ley de los medios de desobediencia civil de leyes injustas comenzó.

Wikipedia informa, “Lo que había comenzado como una sal satyagraha se convirtió rápidamente en una masa Satyagraha. paño británica y bienes fueron boicoteadas. leyes forestales impopulares se desafiaron en las provincias Maharashtra, Karnataka y central. Gujarati campesinos se negaron a pagar impuestos, bajo la amenaza de perder sus cosechas y tierras. En Midnapore, bengalíes tomaron parte por negarse a pagar el impuesto chowkidar. Los británicos respondieron con más leyes, incluyendo la censura de la correspondencia y que declara el Congreso y sus organizaciones asociadas ilegal. Ninguna de esas medidas se ralentizó el movimiento de desobediencia civil “.

En la medianoche del 4 de mayo, los británicos detenido Gandhi. Unas semanas más tarde, el movimiento llevó adelante sus planes para apoderarse de manera no violenta los Dharsana minas de sal. Fueron golpeados brutalmente, y la historia de la violencia se informó en 1.350 por los periódicos de todo el mundo.

La desobediencia civil continuó a lo largo de 1930, y la intensificación de la escalada.

A principios de 1931, Gandhi fue puesto en libertad y Lord Irwin comenzó negociaciones formales y charlas. Aunque las negociaciones no lograron alcanzar muchas de las demandas centrales de los indios, dijo que el futuro primer ministro Jawaharlal Nehru,

“. . . la importancia real, en mi opinión, radica en el efecto que tenían en nuestro propio pueblo. . .Falta de cooperación los arrastró fuera del cieno y les dio la autoestima y la autosuficiencia “.

La Sal Satyagraha es una de las campañas más representativos de la historia no violenta. Una mezcla magistral de la acción constructiva, la desobediencia civil en masa, y los actos de protesta y persuasión, que sirve de ejemplo de gran alcance para entender acerca de la construcción de movimientos, la resistencia y la no violencia.

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Autor / Activista Rivera Sol, sindicado por  PeaceVoice , es el autor de El diente de león Insurrección y otros libros, y el Coordinador de Programas para la Campaña de la No Violencia.

 

Este artículo fue publicado originalmente en Transcend Media Service (TMS) el 11 de abril de 2016.

https://www.transcend.org/tms/2016/04/gandhis-salt-how-a-fistful-of-mud-and-seawater-shook-the-british-empire/

Testimonios: lo ‘doloroso’ de ser médico en medio de la crisis de la salud


Lunes, Abril 11, 2016 | Autor: Jorge Enrique Rojas | Editor Unidad de Crónicas

Testimonios: lo 'doloroso' de ser médico en medio de la crisis de la salud
Las marchas de las batas blancasse han vuelto comunes en la ciudad. ¿Cuándo se habían visto médicos reclamando por sus derechos así? ¿Cuándo se habían visto médicos haciendo huelgas de hambre?
Foto: Elpais.com.co | Archivo

El médico Fabio Sinisterra dice que el último tiempo que estuvo ejerciendo su profesión terminó sintiéndose un completo estúpido y por eso, en parte, el 25 de enero renunció al trabajo que tenía en la IPS Esimed Cali Norte, que es la misma antigua clínica de Saludcoop. La misma clínica donde David Ballén, un abuelo con  74 años y fallas renales, murió el pasado 2 marzo luego de permanecer nueve horas esperando a ser atendido en la sala de urgencias.

En La Tola, Nariño, donde el médico Fabio Sinisterra nació hace 27 años, su niñez transcurrió a salvo de una las mayores incertidumbres de un muchachito: ¿qué voy a ser cuando sea grande? Porque de pequeño él siempre lo supo, estuvo seguro que la curiosidad científica que le provocaba el cuerpo humano ya le había mostrado la ruta: “Yo quería ser médico, sí o sí”, recuerda ahora, mientras cae en cuenta que desde que renunció ya varias veces ha rechazado la oportunidad de volver a trabajar.

Hoy un médico general – explica-, debe encarar tantos líos en su día a día, que muchas veces no puede ayudar como debería a los pacientes y esa contradicción poco a poco se ha vuelto tan común como saber de alguien que tuvo gripa. Entonces como Fabio Sinisterra no entiende la medicina de esa forma se ha resignado a incumplir su sueño infantil, confiesa detrás de unos lentes recetados y sentado en la plazoleta de comidas de un centro comercial. 

Entre su inventario de motivos para estar ahí y no en un consultorio vestido de bata blanca, las estupideces que como médico ha tenido que ver van apareciendo en su voz entrelazando la enumeración de una sintomatología que describe un mal mayor: el cáncer de las EPS, que ya no solo mata pacientes sino que enferma a los propios doctores: “El sistema de salud está articulado para que funcione mal. A la hora de la consulta uno encuentra gente tan maltratada, que ya entra completamente agresiva, con una piedra en cada mano… ”

‘Con mi sueldo se paga el tuyo’, ‘por mí es que vos comés’, y ‘te vas a acordar de mí’, son frases que entre madrazos, amenazas y descalificativos menos asépticos, un médico puede escuchar todos los días, cuenta Fabio Sinisterra, recordando la vez que a su colega Susana Cañizales le lanzaron una bolsa con vómito, y cómo en otra ocasión, cuando ella estaba embarazada, se salvó ser golpeada por la desesperación de otro paciente.

El médico Fabio Sinisterra,  que renunció a su trabajo en enero. Foto: Elpais.com.co | Archivo

El médico Fabio Sinisterra, que renunció a su trabajo en enero. Foto: Elpais.com.co | Archivo

 “La clínica no podía darnos seguridad y hubo un momento en que tuvimos que organizarnos; si en medio de un turno alguno de nosotros gritaba, todos teníamos que correr para ver qué estaba pasando… si uno tiene que dejar un paciente al que le está salvando la vida para ir a socorrer a un colega que trataba de hacer lo mismo, ¿no es eso una estupidez?”

En el 2013 Ana María Ramón se graduó como médica. Fue un sueño cumplido que comenzó hace mucho, viendo a su papá, enfermero jefe de la Univalle, que siempre tuvo una devoción religiosa por ayudar a otros.

Pero la ilusión con que empezó a estudiar se ha ido desvaneciendo, confiesa ella, 31 años, el pelo rojo, y ninguna sonrisa al hablar de lo que resulta el ejercicio de su profesión en Colombia. Aquí la ciudad es lo de menos, dice, porque la situación se repite igual en Bogotá o en Medellín. En la Costa Atlántica o en el Putumayo: “Es la deshumanización de todo, pacientes vistos como clientes y médicos hablando de usuarios…”

En Cali, la médica Ana María Ramón sabe de pacientes diabéticos e hipertensos que diariamente van a buscar remedios que les fueron recetados a tiempo, pero de los que no quedan existencias. Muchos de ellos, yendo de un lugar a otro, gastándose lo que no tenían en buses y taxis que los llevaron a ninguna parte, terminaron convirtiéndose en ‘pacientes de alto costo’ para los que buscar una cura ha sido peor que la enfermedad.

Pero la deshumanización de la que habla Ana María va más allá de las maromas que los pacientes de las EPS tienen que hacer para sobrevivir. Habla también de los malabares que ella y sus colegas intentan con el mismo propósito:

En la actualidad un médico general, más o menos recién graduado y sin especializaciones, puede llevar un trajín como el que Ana María tuvo durante todo un año: dos trabajos, jornadas de trece horas y  hasta de cuarenta pacientes e infinidad de almuerzos donde el plato se  quedó servido. Hay servicios de consulta externa, sabe, donde a los doctores les siguen programando pacientes cada quince minutos, aunque la Ley diga que el tiempo mínimo es de veinte.

“Ahora tenemos coordinadores médicos que miden nuestra productividad por números… Es la decepción total: uno idealiza lo que va a ser la carrera pero la realidad es muy triste… Además de todo, somos ratones de laboratorio en el modelo de contratación porque quienes trabajamos por prestación de servicios siempre nos atenemos a  sorpresas; yo llevo tres años sin tener vacaciones por ejemplo. Y ya conozco muchos compañeros que para poder alcanzar el nivel de vida que esperaban, dejaron de ser médicos”.

Contrario al lejanísimo tiempo en que estudiar Medicina casi garantizaba un futuro tranquilo, hoy los médicos generales tienen tantos dolores y padecimientos que en todo el país ya se cuentan 17 sindicatos que los agremian junto a especialistas de todas las ramas y sociedades científicas.

A mediados de marzo, a través de una carta, todos ellos se unieron para quejarse ante al presidente Santos por las condiciones laborales a las que están sometidos, solicitarle el pago de salarios atrasados y, sobre todo, recordarle la urgencia de regresarle la dignidad al oficio de salvar vidas.

En febrero pasado, la médica María Elena Guerrero hizo una huelga de hambre durante una semana. Fue la única manera que encontró para reclamar por los tres meses de salario que le debían en la IPS Esimed Cali Norte. La misma antigua clínica de Saludcoop. La misma clínica donde David Ballén, un abuelo con  74 años y fallas renales, murió  luego de permanecer nueve horas esperando a ser atendido en la sala de urgencias.

La médica María Elena decía entonces que también era víctima de una persecución por haber liderado las denuncias sobre las fallas en el funcionamiento de la IPS, que en enero desencadenaron la renuncia masiva de 18 médicos generales. “(…) Los médicos estamos cayendo en el juego que nos impone el sistema, en un modelo de salud que obliga a aplicar la medicina a la defensiva. En su defensa, los médicos se están preocupando más por hacer una bonita historia clínica con la cual poder defenderse de la responsabilidad médico-legal, que por verle a la cara al paciente. En su defensa, los médicos están retirándose de la medicina…” escribieron en una carta que firmaron conjuntamente al momento de dejar la clínica.

La médica María Elena sigue trabajando en Urgencias Pediátricas de Esimed Cali Norte. Cuando levantó la huelga, recuerda, la Personería Municipal estableció un convenio con la clínica para que le pagaran y fue por eso que dejó de protestar. Y le pagaron. Pero solo una parte. Todavía le deben  días y días. La médica Guerrero es mamá y por eso sigue aguantando. “Pero estamos cansados, en todas partes los médicos  están cansados del abuso y  buscando medidas de hecho: los que no se están yendo fuera del país están planeando renuncias masivas”.

Entonces los pacientes, que no saben nada de eso, terminan sintiéndose tan mal atendidos como la señora María Betsy Ramírez, que   pasó tres días en Urgencias de la antigua clínica de Saludcoop y al preguntarle por la calificación del servicio,  da  libertad a la imaginación para escoger el peor descalificativo que encuentre.

A los 40 años, el radiólogo Romel Antonio Flórez dice que las inconsistencias del sistema de salud son tantas como para que los líos salpiquen casi por igual en todas las ramas, y   sin distingo de  años de experiencia. En hospitales públicos y clínicas privadas. Él mismo lidera un grupo de 25 radiólogos que se han sentido atropellados de diferentes formas. 

Las inconsistencias, dice, son tantas que  algunas pasan inadvertidas. Así ocurre  con la falta de claridad que en el país hay con relación al ingreso laboral de los médicos que llegan del exterior. “Ahora en Cali hay muchos profesionales laborando que llegaron de Cuba y de Venezuela, por ejemplo. Y no tengo nada contra ellos, me alegra que estén trabajando, pero los están contratando por debajo del rango de contratación y eso es un problema nacional porque no hay una legislación que lo regule. Colegas extranjeros hoy uno encuentra  en Radiología, hay pediatras, hay internistas…”

En el país hay unos 90.000 médicos generales. En 2011, según el estudio ‘Recursos humanos de la salud en Colombia’, había un médico por cada 846 habitantes.

Al pensar en las razones por la cuales hoy un médico sigue enamorado de su profesión en Colombia, y en Cali, el doctor Romel utiliza una metáfora para responder que al corazón, en cualquier circunstancia, nadie lo entiende.

http://www.elpais.com.co/elpais/cali/noticias/testimonios-doloroso-ser-medico-medio-crisis-salud

VATICANO AUTORIZA EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE DOM HELDER CAMARA


Río obispo auxiliar tenía una fuerte acción social y política.

Los documentos están siendo reunidos para el proceso.

El Vaticano dio luz verde para el inicio del proceso de beatificación y canonización del obispo Helder Camara. El obispo auxiliar de Río y el secretario general de la Confederación Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), que tenía una fuerte acción social y política. Dom Hélder murió en 1999. La solicitud de beatificación fue hecha por la arquidiócesis de Olinda y Recife, según informó el RJTV.

La solicitud de la Santa Sede en Roma, examinar la posibilidad de declarar un santo Dom Hélder fue enviado el año pasado. La carta de esta semana llegó indica que no hay ningún impedimento para seguir adelante con lo que llama “causa de beatificación y canonización”. Dom Hélder inmediatamente, ya es considerado como un siervo de Dios.

La Arquidiócesis de Olinda y Recife está tomando medidas para que el proceso avance. Un comité está trabajando para reunir los documentos que puedan probar que Dom Hélder era santo. Se las arregló para encontrar, por ejemplo, una revista de la época en que era un cura en Fortaleza, Ceará.Otro comité es responsable textos inéditos de Don Hélder que puedan surgir.

“También es necesario que se identifica un milagro. Por lo tanto, es necesario que damos a conocer esta causa y la gente pregunta por Dom Hélder algún beneficio físico. Me pedirle a Dios que, tan pronto como tenemos esta gran alegría de tenerlo como un santo. Pero sé que es lento, no puede ser demasiado rápido “, dijo el arzobispo Fernando Saburido, arzobispo de Olinda y Recife.

http://g1.globo.com/rio-de-janeiro/noticia/2015/04/vaticano-autoriza-processo-de-beatificacao-de-dom-helder-camara.html

El poder de la oración y del ritual en nuestra impotencia


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Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) – Lunes, 11 de abril de 2016

En la película basada en la clásica novela de Jane AustenSentido y  sensibilidad, hay una escena muy conmovedora donde una de sus jóvenes heroínas, que sufría de neumonía aguda, yace en cama debatiéndose entre la vida y la muerte. Un joven, muy enamorado de ella, está paseando de acá para allá, altamente agitado, frustrado por su incapacidad de hacer algo útil y fuertemente sobresaltado. Incapaz de contener su agitación por más tiempo, se acerca a la madre de la chica y le pregunta en qué podría ayudar. Ella responde que no hay nada que pueda hacer, la situación les desborda. Incapaz de vivir con esa respuesta, le dice a ella: “Encárgame alguna tarea que hacer o me volveré loco”.

Todos nosotros hemos tenido a veces este sentimiento cuando, ante una situación extrema, necesitamos hacer algo, pero no hay nada con que podamos ayudar, ninguna varita mágica que podamos agitar para mejorar las cosas.

Pero hay algo que podemos hacer.

Recuerdo un suceso en mi propia vida hace varios años: Estaba yo enseñando en una escuela de verano en Bélgica cuando, a última hora de la noche, exactamente cuando estaba a punto de acostarme, recibí un email según el cual dos amigos míos, un hombre y una mujer recientemente comprometidos, se habían visto envueltos ese día en un fatal accidente de coche. Él murió instantáneamente y ella estaba en serias condiciones en el hospital. Yo estaba viviendo por mi cuenta en una habitación de universidad, a miles de millas de donde todo esto había sucedido y a miles de millas de alguien con quien pudiera compartir este dolor. Solo, agitado, lleno de pánico y necesitando desesperadamente hacer algo, pero estando absolutamente incapaz de hacerlo. Me hinqué literalmente de rodillas. Siendo incapaz hacer más, tomé el libro de oración que contiene el Oficio de la Iglesia y recé, por mi cuenta, la oración de Vísperas por los difuntos. Cuando hube concluido, mi dolor había desaparecido, no obstante estar muerto mi amigo; pero mi pánico se había apaciguado, mientras tenía una desesperada necesidad de hacer algo (cuando no había nada que pudiera hacer).

Aquella noche, mi oración me dio la sensación de que el joven que había muerto ese día estaba bien, a salvo de alguna manera en un lugar más allá de nosotros, y eso también me liberó de la agitación y el pánico de necesitar hacer algo ante la agitada impotencia. Había hecho la única cosa que podía hacer, lo que se ha hecho ante la impotencia y muerte desde el comienzo de los tiempos; me había entregado a la oración y a los rituales y fe de la comunidad.

Son  éstos, la oración y el ritual, los que tenemos a nuestra disposición en esos momentos cuando, como aquel joven en Sentido y sensibilidad, necesitamos hacer algo o nos volveremos locos. Eso es no sólo válido para tiempos difíciles y dolorosos, cuando los seres queridos están enfermos o agonizantes o muertos en accidentes, y nosotros necesitamos hacer algo pero no hay nada que podamos hacer. Necesitamos también el ritual para ayudarnos a celebrar con propiedad los momentos felices.

¿Qué deberíamos hacer cuando nuestros propios hijos se casan? Entre otras cosas, necesitamos celebrar el ritual del matrimonio, porque ninguno que proyecte una boda en el mundo puede hacer por nosotros lo que el ritual de  la boda -especialmente el ritual eclesiástico- puede hacer. Las bodas, al igual que los funerales, son un primer ejemplo de dónde necesitamos el ritual para hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos.

Tristemente, hoy, vivimos una cultura que en su mayoría es ritualmente dura de oído. No entendemos el ritual y, por lo tanto, la mayoría no sabe qué hacer cuando necesitamos estar haciendo algo pero no sabemos qué. Eso es un fallo, una dolorosa pobreza, en nuestro conocimiento.

Los monjes trapenses que fueron martirizados en Argelia en 1996 fueron primeramente visitados por los extremistas islámicos que más tarde los secuestrarían y matarían, la víspera de Navidad, exactamente mientras estaban preparándose para celebrar la misa de Nochebuena. Después de algunas amenazas iniciales, los que finalmente serían sus asesinos se marcharon. Los monjes quedaron profundamente estremecidos. Se juntaron en grupo durante un rato para asimilar lo que había sucedido.

Entonces, no sabiendo qué más hacer ante esta amenaza y su temor, cantaron la misa de Navidad. En palabras de su abad: “Era lo que teníamos que hacer. ¡Era todo lo que podíamos hacer! Era lo correcto”. Compartió también, como hicieron varios de los otros monjes (en sus diarios), que encontraron esto -la celebración del ritual de la misa a pesar de su miedo y pánico- como algo que calmó su miedo y devolvió algo de entereza y regularidad en sus vidas.

Hay una lección que aprender aquí, lección que puede traer entereza y calma a nuestras vidas en esos momentos en los que necesitamos desesperadamente hacer algo pero no hay nada que hacer.

El ritual: Es lo que tenemos que hacer. ¡Es todo lo que podemos hacer! Es lo correcto.

http://www.ciudadredonda.org/articulo/el-poder-de-la-oracion-y-del-ritual-en-nuestra-impotencia

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