COLOMBIA. PAZ SE ESCRIBE CON S DE SALUD Y VIDA DIGNA PARA TODOS


Esa es convicción irrenunciable e ineludible para quienes conformamos el movimiento social Octava Papeleta por la Salud y la Seguridad Social como Derechos Fundamentales, convicción que orienta nuestra lucha por transformaciones radicales del modelo de la Ley 100 de 1993, responsable de la pérdida de más vidas en 23 años, que más de cinco décadas de confrontación armada.
También es claro que la lucha armada, como manera de lograr cambios estructurales en Colombia, ha sido uno de los argumentos más usados por los sectores que detentan el poder en nuestro país, para criminalizar las causas sociales y políticas de todos los movimientos  y organizaciones que pacíficamente luchamos por transformaciones de fondo, independiente de si nuestras agendas son generales o temáticas.

Tampoco sobredimensionamos nuestras ilusiones: La solución política negociada del conflicto armado interno, es un primer paso en firme en el azaroso proceso de construcción de la paz estable y duradera a la que legítimamente aspiramos, y que  debe basarse en justicia social, dignidad, pluralismo y diversidad.

Desde esa mirada de realidad, reconocemos la importancia histórica de la firma del tratado entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, fruto de 4 años de negociaciones políticas, y nos unimos al llamado generalizado de comunidades y organizaciones sociales, al gobierno nacional y al ELN, a que inicien a la mayor brevedad los diálogos formales en torno a la agenda que ya acordaron, en la expectativa de que pronto sea viable la terminación total de la lucha armada por razones ideológicas en Colombia, pues mientras ésta persista, será imposible materializar los sueños de Paz.

En coherencia con nuestras convicciones, hacemos un llamado al pueblo colombiano en su conjunto, a que el domingo 2 de octubre vote por la refrendación de los acuerdos de La Habana entre el gobierno y las FARC-EP, y que a partir del día 3, nos esforcemos aún más para que la Paz se  traduzca en Salud y Vida Digna para todos.

Octava Papeleta por la Salud y la Seguridad Social como Derechos Fundamentales
ANTHOC Seccional Valle del Cauca
ANTHOC Subdirectiva Cali
Pastoral de los Trabajadores de la Arquidiócesis de Cali
SUTIMAC Nacional
SUTIMAC Sogamoso
SUTIMAC Nobsa
Asociación de Usuarios de la Nueva EPS Sogamoso
Parroquia del Nuestra Señora del Rosario Sogamoso
Fundación Feconvida FQ
Organización Colombiana de Pensionados – Subdirectiva Cali
Comité institucional Anthoc Hospital Universitario San Ignacio (Bogotá)
Iglesia Presbiteriana de Colombia Comunidad Esperanza
Quienes a título personal participamos en la Octava Papeleta

Bogotá D.C., Septiembre 26 de 2016
Octava Papeleta por la Salud y la Seguridad Social
como Derechos Fundamentales en Colombia
Correo electrónico: octavapapeleta.2f@riseup.net
Sitio web: www.saludizate.org
Twiter: @octavapapelet2f

Facebook: www.facebook.com/groups/octavapapeleta

DECLARACIÓN POLÍTICA
Encuentro Departamental de Antioquia por la Defensa del Derecho a la Salud y la Seguridad Social: diálogos por la Salud y la Paz

 

Organizaciones sociales y personas provenientes de diferentes municipios de Antioquia entre ellos: Copacabana, Itagüí, Fredonia, Santa, Bárbara, Santa Fe de Antioquia, Bello, Segovia, Envigado, Vegachí, Rionegro, Pueblo Rico, Amagá, Santuario y Medellín, así como de diversos sectores y luchas sociales, nos reunimos en el Encuentro Departamental de Antioquia por el Derecho Fundamental a la Salud y la Seguridad Social: Diálogos por la Salud y la Paz, el día 10 de septiembre de 2016 en la ciudad de Medellín, y como resultado de nuestras reflexiones frente al ambiente, el trabajo, la seguridad y la protección social, la salud y la paz realizadas en este encuentro, presentamos ante ustedes las siguientes consideraciones:

En un Estado Social de Derecho, las políticas públicas deberían garantizar la solución de los problemas sociales promoviendo la realización de los derechos de los ciudadanos como medio para mejorar su calidad de vida. Sin embargo, en Colombia la implementación de las políticas neoliberales y en particular la ley 100 de 1993, ha promovido la mercantilización de los derechos sociales, económicos y culturales despojándolos de su naturaleza de derechos humanos fundamentales, condicionando el goce de los derechos a la capacidad de pago y a las estrategias de focalización de la pobreza, convirtiéndose en un sistema altamente inequitativo y excluyente.

Para el caso de la población trabajadora colombiana, a pesar de sus conquistas históricas frente a los derechos laborales, el Estado ha incumplido sistemáticamente las promesas ofrecidas de protección y garantías en el trabajo. Hoy en día asistimos a una terrible precarización laboral, que se expresa en el desempleo, la inestabilidad laboral, la subcontratación, la informalidad, las condiciones inseguras de trabajo, la desigualdad en el ingreso y la falta de prestaciones sociales, configurando así una ausencia de las garantías mínimas frente a los derechos laborales. Lo anterior ha llevado a la población colombiana a niveles nunca antes vistos de desprotección, angustia, dolor, sufrimiento y muerte.

Por su parte los daños ambientales producto del sistema capitalista extractivista sobre el que se basa el modelo de desarrollo imperante son incompatibles con la vida y la salud. Nuestro país debe revisar su modelo económico, político y energético, y buscar alternativas económicas y ecológicas justas si quiere ser ambientalmente sustentable.

La salud está íntimamente ligada con la paz, entendida como la convivencia tranquila y el tratamiento de los conflictos en un ambiente general de no violación a los derechos de las personas. En un entorno de violación sistemática al derecho a la salud y a la seguridad social no se puede hablar de paz duradera, pues aunque silenciosa, la falta de salud y de oportunidades para mejorar la calidad de vida constituye violencia estructural contra la comunidad y caldo de cultivo para el estallido social.

Frente a estas consideraciones declaramos que:

La salud y la seguridad social son derechos humanos fundamentales que el Estado debe garantizar, desde un enfoque de universalidad, interdependencia y progresividad de los derechos humanos.

 

Se hace necesario establecer una política social de carácter redistributivo que logre los fines de la seguridad y protección social en salud, educación, empleo, ingreso, pensiones, alimentación, vivienda y recreación respondiendo al logro efectivo de los derechos, y no a los intereses económicos del mercado.

La lucha por el trabajo digno y decente no puede ser individual, sectorial ni coyuntural, reiteramos la necesidad de la unión persistente y solidaria como clase trabajadora para avanzar conjuntamente por medio de acciones legales y de movilización social hacia la construcción de escenarios democráticos que promuevan y garanticen los derechos laborales en condiciones de dignidad y estabilidad.

Se hace necesario establecer alianzas efectivas con los movimientos sociales de campesinos, indígenas, mujeres, trabajadores, población LGTBI y defensores del medio ambiente entre otros, de cara a la construcción conjunta de una paz con justicia social y ambiental, recuperando así la vigencia de los movimientos sociales como protagonistas de la acción democratizadora del país. Particularmente se propone fortalecer la acción conjunta con el movimiento social y ambiental por la defensa del agua, la vida, el territorio y el ambiente.

Apoyamos los acuerdos de paz entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC EP, y abogamos por un pronto inicio de los diálogos con la guerrilla del ELN, los acuerdos son un buen punto de partida para iniciar la construcción de un país en el que impere la paz con justicia social y ambiental.

Estamos comprometidos con reimpulsar el movimiento social por la salud animando desde el departamento y la región, la convocatoria a un Encuentro Nacional por La Defensa de la Salud y La Seguridad Social. Es necesario que todos los actores demos un paso adelante y dejemos atrás lo que nos distancia y nos fortalezcamos en la unidad a través de lo que nos identifica. Por tanto nos comprometemos con la defensa de una plataforma política que recoja el espíritu de unidad y solidaridad que aquí nos convoca y con los principios aquí plasmados.

El movimiento social por la salud tiene el deber de aportar al debate sobre las condiciones que han generado y mantenido el conflicto social, político y armado que ha sufrido el país, por tanto en el marco del posacuerdo, debería empeñar sus fuerzas y esfuerzos para aportar a la superación de dichas condiciones de tal manera que avancemos en la consolidación de la democracia y la paz con justicia social que tanto anhelamos. El papel del sector salud del país es clave para la construcción de un nuevo modelo de seguridad y protección social que tenga en cuenta las secuelas físicas y psíquicas marcadas por un período de guerra y violencias, y que pueda responder adecuadamente a los desafíos que se inauguran para Colombia con la firma de los acuerdos de paz.

Los participantes en el Encuentro Departamental de Antioquia por el Derecho Fundamental a la Salud y la Seguridad Social: Diálogos por la Salud y la Paz, nos comprometemos a convertir en realidad los principios y resoluciones que aquí emanaron, como aportes a la construcción de un país más saludable y democrático, de un país en paz con justicia social y ambiental.

Medellín, 10 de Septiembre de 2016.

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CARTA ABIERTA A LAS INSTITUCIONES RELIGIOSAS QUE EXISTEN EN COLOMBIA


Buen día para todas y todos. El día 16 de septiembre, en la Universidad Pedagógica de Colombia,  se realizó un conversatorio en homenaje a Miguel Ángel Quiroga Gaona (religioso Marianista asesinado por los paramilitares el 18 de septiembre de 1998 en lloró Chocó) que titulamos Religión y Paz. En dicho conversatorio surgió la idea de hacer una carta a todas las religiones de Colombia para que fijen postura frente a la actual y trascendental contexto que vive nuestro país y la posibilidad del futuro de paz que tenemos que seguir construyendo entre todas y todos.
Esperamos que la lean con atención y si es posible que la hagan llegar a otras comunidades y religiones que conozcan. Como es habitual termino con una de las frases que a Miguel le encantaba, “TIENE QUE VENCER EL AMOR Y LA VIDA”.
Abrazos,

Fredy,

La neutralidad no existe, y mucho menos cuando se debe definir si se construye la PAZ                                 o si continuamos en GUERRA.

Colombia ha vivido y padecido por más de cincuenta años un devastador conflicto armado interno, situación histórica que ha dejado diversas formas de  hacer política muy ligadas a las prácticas  y dinámicas de las guerras, donde la población civil ha llevado siempre la peor parte, especialmente los empobrecidos y marginados de la sociedad, siendo sistemática y deliberadamente atacados;  dejando como resultado, despojos territoriales generalizados, cientos de miles de asesinados, miles de desaparecidos,  millones de desplazados y un universo gigantesco de víctimas, mayoritariamente en los campos y pequeños poblados que componen la geografía nacional.

Así mismo, los sectores que gobiernan el país se han servido de las modalidades de la guerra para sostener e incrementar sus poderes políticos, militares y económicos, logrando ejercer todo tipo de controles sociales, culturales y territoriales, llegando incluso a justificar la guerra como la salida idónea para defender o imponer un único modelo de poder público y someter a las mayorías a los intereses privados del orden nacional e internacional.

Estamos convencidos y convencidas, que hay que encontrar una solución política que dé como resultado la terminación del conflicto armado, en ese sentido, consideramos que hay múltiples  sentidos y razones  éticas, políticas, humanistas, ambientales, morales, económicas, culturales y religiosas al interior de la sociedad colombiana para terminar esta guerra y apostarle a un nuevo país que se construya y consolide en  torno a la justicia y la paz.

La religión, al ser la expresión más sublime del ser humano en cuanto a la búsqueda de la trascendencia y por ende como armonía de todo su SER en plenitud espiritual que se hace y rehace junto a otras y otras; cualquiera sea su credo o doctrina, debe contribuir a esa armonía y equilibrio universal, respetando y apoyando a quienes creen en la paz con dignidad, rechazan las distintas formas de violencia y abren sus mentes y brazos por el bien común de los seres humanos y de la madre tierra.

Hacemos un llamado a todos los dirigentes, líderes, ministros y pastores de los diferentes instituciones religiosas en Colombia, que antepongan sus intereses personales y de grupo a los intereses colectivos de la historia y futuro de nuestro país, que alcen sus manos y voces para participar en la construcción de  la salida política al conflicto armado colombiano y apoyen irrestrictamente todos los esfuerzos y procesos que apuntan desde ya a una nueva sociedad en paz.

Participantes Conversatorio Religión y Paz, Bogotá 16 de Septiembre 2016

 

Remitido al e-mail

fredy rojas <fridevela@gmail.com>

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