SOBRE LA PAZ. CARMIÑA NAVIA VELASCO.


 

Considero que hay que celebrar con mesura. La guerra en Colombia no se ha acabado, no creo que mis ojos vean el día que se acabe.

 

Lo que ha ocurrido con la firma de acuerdos entre el gobierno Santos y las FARCs es que un 90% de uno de los actores del conflicto ha prometido desarmarse y cesar su confrontación con el Estado y sus ataques a la población. Y esto es motivo de festejo, pero prudente.

Disminuirán los fusiles disparando, disminuirán las minas quiebra patas, pero no es el fin de la guerra como se ha vendido en los medios.

 

Quedan otros actores fieros de la guerra: El ELN, los paramilitares y neo-paramilitares, los  narcotraficantes y las Bacrim (Bandas criminales). Todos ellos secuestran, matan, extorsionan y acosan de múltiples maneras a la sociedad colombiana.

 

Después de la votación del próximo fin de semana por otro lado, la sociedad colombiana quedará profundamente dividida entre aproximadamente un 60% que aprueba esos acuerdos y un 40% que los rechaza. División no serena ni tolerante, sino todo lo contrario, división tensional, beligerante y descalificadora.

 

Pero además es importante no llamarnos a engaños:

Después de tantos años de guerra y tantas víctimas, estamos presos/as de unos imaginarios excluyentes y guerreristas, que tienden a construir enemigos y pretenden anularlos. Por todo ello y por las profundas inequidades que nos habitan, el tejido social colombiano está enfermo y hay -hoy como ayer- una inmensa tarea por delante: reconstruirlo y sentar algunas mínimas bases para la paz.

 

Esta será una tarea en la que tendremos que empeñarnos todos y todas, sin contar -ahí sí- con el apoyo de los medios masivos de comunicación, totalmente empeñados en la polarización  del país.

 

Todo esto contando con que los firmantes: Santos y las FARCs cumplan lo acordado de lo cual no tenemos ninguna garantía: Más que felicitarnos hagamos votos para que no se desate por parte de la extrema derecha  una matanza, que los hombres en armas efectivamente se desarmen, y para que el gobierno no le siga entregando impunemente, el país y sus grandes recursos a las multinacionales.

 

 

Santiago de Cali, 29 de Septiembre de 2016

Carmiña Navia Velasco

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