¿Son ya necesarias las diaconisas en la Iglesia Católica?


2 diciembre, 2016

Está actuando la Comisión nombrada (julio, 2016) para estudiar la restauración de las diaconisas y el diaconisado en la Iglesia católica. ¿Pero la Iglesia necesita la existencia de diaconisas? Unas diaconisas como las que hubo en la Iglesia en la época patrística (antes del siglo VII) no son necesarias, pues muchas mujeres de nuestros días desempeñan las mismas funciones y aun mayores que las llamadas “diaconisas” en la antigüedad a no ser que se pretenda incrementar la burocracia eclesiástica por obra de la igualdad de los hombres y de las mujeres, así como por exigencias del vocerío del feminismo radicalizado. Las diaconisas medievales tienen muy poco que ver con las de la época anterior o patrística. Por tanto, la restauración se referirá al nombre y muy poco más. Se tratará de una restauración renovada, o sea, de unas diaconisas de rasgos o “ministerios” nuevos, adaptados a las necesidades de la Iglesia en el tercer milenio de su existencia y a sus circunstancias socioculturales e históricas.

 

1.Mirar al pasado patrístico y medieval de la diaconisas para intuir su                               configuración en el porvenir

1.1. La evolución semántica y tecnificadora de las palabras

Como si fueran realidades vivas, las palaras nacen, se desarrollan y mueren. No todas, suelen recorrer tres pasos en su evolución semántica desde la perspectiva del proceso que puede terminar en la cima que las trasforma en tecnicismo. El punto de partida  es el valor genérico, que suele guardar cierta conexión con su significado etimológico. Es el de diákonos (masculino y femenino en griego; en latín diaconus, diacona, derivados evidentes del griego) cuando significa “ayudante, colaborador” en cualquier actividad, pero subordinado a otro que es su “señor, amo”. Diákonos da el paso siguiente: valor específico  cuando  designa al criado o a la criada generalmente doméstica o que trabaja y sirve en la casa. Lo rasgos de su colaboración o servicio al amo van perfilándose. Por fin, se convierte en tecnicismo cuando nombra a una clase de los criados domésticos, a saber, a los camareros, a los que sirven la comida y la bebida, que a veces han preparado ellos mismos; en el léxico cristiano, los “diáconos” vinculados al obispo, que preparan lo necesario para el banquete sacrificial de la Eucaristía y lo “sirven” (pan, vino, agua) en el ofertorio de la Misa, y, además, atienden a los necesitados, a los pobres.

 

1.2. Conocer las diaconisas del pasado para configurar las del                                    porvenir

En los estudios y debates sobre el diaconado femenino suelen formular la pregunta: ¿Qué eran las diaconisas en los primeros siglos de la Iglesia y durante la Edad Media? La hacen no solo ni principalmente por afán retrospectivo, sino sobre todo con una finalidad prospectiva o de proyección hacia el futuro. Pues, se piensa, que lo que han sido las diaconisas en el pasado, lo podrán ser dentro de poco si el diaconado femenino es restaurado. Por eso, metodológicamente se debe mirar al pasado de las diaconisas en los textos no cristianos y en los cristianos tanto de la época patrística como de la medieval y posterior hasta la edición del Pontificale Romanum de 1962, el último texto litúrgico en el que figuran las diaconisas, aunque solo sea de manera “virtual”.

En esta bitácora o artículo en Internet dependo básicamente de los siguientes estudios: Ad diaconam faciendam seu consecrandam. El diaconado femenino en el Occidente medieval. Fuentes litúrgicas, Ediciones Universidad San Dámaso, Madrid 2016, excelente tesis doctoral de José Juan Ahijón, cf. su valoración en M. Guerra, El diaconisado y las diaconisas en los textos litúrgicos medievales de la  Iglesia católica  en Occidente (para las diaconisas medievales); M. Guerra, Diáconos helénicos y bíblicos,Facultad de Teología, Burgos 1962 (también “Burgense” 4, 1963, 1-135) en los documentos greco-romanos no cristianos y en la Biblia; El sacerdocio femenino (en las religiones greco-romanas y en el cristianismo de los primeros siglos), Seminario Conciliar, Toledo 1987, 404-442; * El laicado masculino y femenino (en los primero siglos de la Iglesia), Eunsa, Pamplona 1987; * Clero-grados clericales, Facultad de Teología, Diccionario del Sacerdocio, B.A.C, Madrid 2005, 110-112 para las diaconisas de la época patrística.

 

  1. “EN TORNO A LAS DENOMINACIONES O NOMBRES DIACONALES

 

Es sabido que lo teológico no puede reducirse a lo filológico y menos aún a lo lexical. Pero no puede prescindirse de esto, pues repercute en el mensaje. La palabra, como todo signo, consta de significante y de significado, que son como el cuerpo sensible, visible, y el espíritu  vivificador. De ordinario, el mismo significante  tiene varios significados y, al revés, el mismo significado es expresado por varios significantes, que se dice “sinónimos”, aunque nunca lo sean del todo.

2.1. El significante: “el/la diacono, diacona, diaconisa diaconisado,                                   diaconado masculino/femenino”

 

2.1.1. En los textos griegos no cristianos

El significado genérico del griego diákonos (común para el masculino y el femenino) es “servidor, siervo”. Lo puede ser tanto de cualquier dios o diosa del politeísmo griego, especialmente del supremo: Zeus, como de Yahvé (Antiguo Testamento) y de Jesucristo, de Dios (Nuevo Testamento), también de la pólis o ciudad-Estado. Pero los y las diákonos griegos son más frecuentemente una de las clases de los “criados domésticos o de la familia”, a saber, los “ayudantes” en el cuidado del ganado, en la elaboración del pan, etc., y sobre todo los “sirvientes” o encargados de preparar y de servir (“camareros”) los manjares y los licores.

En los banquetes, terminado el servicio de la comida, solían recibir la “propina” en el significado etimológico de esta palabra latina y española compuesta de dos griegas:”pro (“antes”), pino (“beber” etc.,), o sea, “lo bebido antes ” de retirarse y antes de que los comensales comenzaran el “symposion”, traducido generalmente por “banquete” (cf. el Banquete de Platón, Jenofonte, Metodio de Olimpo, etc.,), más correctamente por “tertulia” (brindis, discursos, conversación sobre diversas cuestiones).

En todas las religiones los sacerdotes han tenido “ayudantes”. Uno de los nombres de estos ayudantes, en la antigüedad griega es diákonos, palabra que ha permanecido inalterada desde la primera mitad del siglo quinto antes de Cristo, fecha de su aparición en los documentos conservados y conocidos (Prometeo de Ésquilo, Historias de Heródoto) hasta nuestros días

A partir de los siglos V-IV a. C. actúa también “hè diákonos”, ladiákonos”, o sea la mujer “criada” de la casa, especialmente en cuanto preparadora y “sirvienta” de la comida, también la de un menú tan pantagruélico que Aristófanes (Eccl 1169-1175) lo nombra con una sola palabra, pero de ciento sesenta y nueve letras, un modo cómico de expresarse el atragantarse por comer en demasía. En varias inscripciones -anteriores a Jesucristo- se lee el nombre del dios o diosa (de un templo, de una asociación cultual, profesional o funeraria), el de su sacerdote, el de la sacerdotisa y los de sus ayudantes: el diákonos y la diákonos, etc., que preparan lo necesario para el sacrificio y sirven en el banquete de confraternización, tenido después del acto de culto.

2.1.2. En los documentos latinos no cristianos

Del griego diákonos procede -por transcripción- su correspondiente latina diaconus y de esta la española “diácono”. La traducción de la palabra griega en latín es minister(masculino), ministra (femenino), de donde “ministro/ministra” en español. Lo explícita san Agustín (siglos IV-V): ”En latín se traduce minister cuando se lee diaconus  en griego” (Sermo 319,3).

El sufijo latino –ter sirve para contrastar dos conceptos o realidades, por ejemplo noster/vester (“nuestro/vuestro”), magis-ter/minu(i)s-ter, “el que es más” (el director) y “el que es menos” (su servidor). El emperador romano tenía sus “ministros, servidores”, los “funcionarios” y, en su sentido más restringido, sus más íntimos colaboradores (sirvientes, asesores). Pero estos, dado su trato más frecuente y familiar, terminaron por convertirse en los ejecutores directos de su voluntad, en la burocracia imperial más efectiva. De ahí que los “ministros” fueran más influyentes que los “magistrados”, como ahora los “ministros” del gobierno más que los “maestros”.

 

2.1.3. En los textos grecolatinos cristianos

En los documentos anteriores a la Edad Media “diaconissa” figura por vez primera en el concilio de Nicea (año 325). Entonces y antes se usaba preferentemente diákonos,precedido del articulo femenino como si ahora se dijera “la diácono”, también -aunque más raramente- gyné diákonos (griego), mulier diaconus (“mujer diácono”) yel femenino diákona (siglo VI: Venancio Fortunato y antes). En la Edad Media siguen usándose Diacona” ya en el siglo VII (Sacramentario gregoriano de Trento, Sacramentario Adriano,), también en el siglo X (Pontifical Romano Germánico, etc.,); “diaconissa”, siglo X (Misal de Leofric, etc.,); “diaconissatus“, a finales del siglo XV (Pontifical romano desde su edición de 1497). “Diacona” y “diaconissa” son sinónimas, también diaconatus (femenino) y diaconissatus.

En el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia (200122) figura “diaconisa”, no “diaconisado” ni “diácona”. No obstante. pienso que la palabra “diaconisado” puede y debe usarse. Pues la vida, también de las palabras, es anterior a su encauzamiento y registro académico. Además, el emparejamiento: “diácono-diaconado” y “diaconisa-diaconisado” ayuda a su catalogación como realidades diferentes, evitando el riesgo -corrido a veces- de confundir la identidad de los diáconos y de las diaconisas, así como de asimilar el diaconado femenino al masculino. El Pontifical Romano, con el uso del neologismo “diaconissatus, diaconisado”, manifiesta que no se comprende a la diaconisa como si fuera la forma femenina del diácono ni en él, ni anteriormente; al menos en la comprensión que se tiene de su presencia en los pontificales anteriores.

 

  1. LAS CIRCUNSTANCIAS QUE HAN PUESTO DE ACTUALIDAD A LAS DIACONISAS

 

Diversas motivaciones y circunstancias han concurrido en la puesta de largo o de actualidad de las diaconisas desde mediados del siglo XX. He aquí el enunciado escueto de las principales.

3.1. Diferentes hechos de la vida eclesial cristiana

Lo nacido un tanto artificiosamente en torno a una mesa suele presentarse ya en estado adulto con todos los elementos de su estructura hasta en sus nombre o títulos perfectamente delimitados. La Iglesia no nació así, y se ha ido desarrollando bajo el soplo del Espíritu Santo, respondiendo a sus necesidades y adaptándose a la circunstancialidad sociocultural e histórica. Por eso es lógico y natural que instituciones que no son de origen divino, por ejemplo  el diaconado femenino, haya existido durante varios siglos, luego quedara inactivo y ahora pueda reactivarse porque así lo reclama la vida de la Iglesia para atender a las necesidades de nuestro tiempo.

http://infovaticana.com/blogs/manuel-guerra/ya-necesarias-las-diaconisas-la-iglesia-catolica/

¿Cómo puede la cooperación internacional contribuir a la reconciliación del país?


Noviembre 30, 2016

Este fue uno de los interrogantes que se plantearon  durante la Macrorrueda de la Reconciliación que se lleva a cabo en Cali esta semana, donde APC-Colombia estuvo presente para recordarles a los colombianos que la cooperación internacional está más comprometida que nunca con el país.

 
¿Cómo puede la cooperación internacional contribuir  a la reconciliación del país?

Inspirar a todo un país, dar voz a las iniciativas que desde hace años trabajan por la reconciliación. Conectar actores, sectores y voluntades. Articular esfuerzos, movilizar y gestionar conocimientos y recursos orientados al apoyo de proyectos de reconciliación promovidos por organizaciones, líderes y fundaciones que le apuestan a la  reconstrucción del tejido social del país y de sus territorios.

Lo anterior resume el objetivo detrás de la Macrorrueda de la Reconciliación, una plataforma creada por Reconciliación Colombia con apoyo de entidades públicas y privadas, nacionales e internacionales y de la comunidad internacional, para que voceros de 320 proyectos sociales o productivos del país, que tengan algún enfoque de reconciliación, se reúnan con entidades que puedan financiarlos, darles asistencia técnica o fortalecer sus capacidades, y así demostrarle al país que la reconciliación es desarrollo.

“Queremos mostrar que Colombia necesita la unión de la sociedad civil, los gobiernos nacionales, regionales y locales y la cooperación internacional para que la gente progrese”, afirmó Ricardo Santamaría, director de Reconciliación Colombia, durante la inauguración de esta rueda de negocios que se realiza por primera vez en el país.

Y precisamente  para hablar sobre el papel que la comunidad internacional tiene en los procesos de reconciliación y construcción de paz en el país, se llevó a cabo el panel La cooperación internacional, aliado del desarrollo en Colombia. Este encuentro contó con la participación de – Peter Natiello, Director de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional -USAID- en Colombia, – Martín Santiago, Coordinador Residente Humanitario de las Naciones Unidas en Colombia, Annika Otterstedt, Jefe de Cooperación Embajada de Suecia en Colombia, Ana Paula Zacarías, Embajadora y Jefe de la Delegación de la Unión Europea (UE) para Colombia, y Alejandro Gamboa, Director General de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, APC-Colombia.

Durante su intervención quedó claro que ni la nacionalidad, ni el idioma son un limitante al momento de ayudar. Que si queremos vivir en un mundo en paz, es necesario unirse y cooperar. “La Unión Europea es un proyecto de paz que surgió de las cenizas después de la II Guerra Mundial y en el año 2012 ganamos el Nobel de Paz, lo que nos da una responsabilidad mayor frente a nuestra gestión. Es así como llevamos 25 años en Colombia ayudando en su camino a la paz, compartiendo buenas prácticas, compartiendo nuestros errores y también con ayuda económica, técnica y ayuda política”, explicó Ana Paula Zacarías.

Por su parte Martín Santiago ratificó el compromiso de las Naciones Unidas no solo en la construcción de paz, también en los procesos de reconciliación que permitan que la paz sea definitiva. Para ello es indispensable que se gestionen alianzas entre varios actores de la sociedad, “la cooperación entre sector privado y público genera oportunidades para todos que trabajadas de manera responsable puede alcanzar resultados impactantes”, comentó Annika Otterstedt.

Todas estas palabras sustentan y enriquecen la labor que APC-Colombia viene desarrollando a lo largo de estos 5 años. “En la Agencia le hemos apostado a plataformas como esta macrorrueda porque sabemos que solos no se puede hacer reconciliación. Por eso guiamos a todos estos socios maravillosos para que enfoquen su cooperación en los territorios más afectados por el conflicto y así poder transformar sus realidades”, comentó Alejandro Gamboa durante su intervención.

Una cooperación que no es solo financiera, que también se presenta en el intercambio de conocimiento, en cursos cortos, en acompañamiento para convocatorias, en por ejemplo, traer experiencias de otros países como El Salvador y Filipinas para que compartan sus experiencias en construcción de paz en departamentos como el Cesar, afectado por el conflicto armado.

¿Pero qué debe tener un proyecto para que reciba apoyo de la comunidad internacional? Todos coincidieron en que debe tratarse en primer lugar de un proceso que nazca de la propia comunidad, que surja en los territorios. “Hemos descubierto que para que haya productividad, debe haber confianza entre ambas partes, y para eso es necesario que haya una buena organización local”, explicó Peter Natiello.

En palabras de Martín Santiago, “cada proyecto debe tener identificada la necesidad que desea superar para así nosotros buscar vías que nos lleven a proveerles soluciones”.  De igual manera, coinciden en que debe ser sostenible en tres aspectos claves: el económico, el social y  el ambiental, de manera que permitan generar empleo, dar participación a la comunidad en la toma de decisiones de manera articulada con políticas públicas y locales, promover el desarrollo rural sostenible y que incluya el tema de género en las actividades a desarrollar.

Es decir, que sea un proyecto que busque solucionar una necesidad o problemática en un territorio. “Un proyecto donde podamos aplicar uno de los mantras de APC-Colombia al que llamamos la Triple A: alinear diferentes intereses, articular actores y apalancar recursos”, comentó Gamboa.

Lo que todo esto ratifica es que a pesar de que en el último mes el país venga atravesando altos y bajos en lo relacionado al acuerdo de paz , la comunidad internacional es la única que no ha dudado en ningún momento que Colombia logrará su sueño de vivir en paz. “La cooperación internacional está y se queda”, enfatizó Gamboa, quien al igual que el resto de panelistas compartió que su sueño es ver a una sola Colombia, unida, en paz ,con oportunidades para todos y reconciliada.

https://www.apccolombia.gov.co/noticia/como-puede-la-cooperacion-internacional-contribuir-la-reconciliacion-del-pais

COLOMBIA: CADA DIA SON VIOLADAS 6 MUJERES EN CALI-VALLE


Por Natalia Vinasco En Cali, seis mujeres son violadas diariamente la denuncia fue hecha en el sentido…
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LA HISTORIA DE LAS ESTOLAS de GUATEMALA


MayaWorks ‘Clericales Stoles: Legado del padre Stanley Rother

Publicado el 27 de marzo 2014 en Jeannie Ha habido 0 comentarios

Tejiendo estolas clericales crea ingreso estable para las mujeres mayas de Santiago.

estolas clericales comercio justo MayaWorks ‘son tejidas por artesanos indígenas Tz’utujil de Panabaj Santiago a lo largo de las orillas del majestuoso Lago de Atitlán en Guatemala mano.Quince artesanos han estado perfeccionando sus estolas litúrgicas a pie telares de pie desde 1970 cuando se cura católico, Stanley Rother, los animó a tejer estolas como fuente de ingresos. Padre Rother, o Padre Aplas como era conocido cariñosamente, cuánto los ama el pueblo Tz’utujil y se trasladó por la extrema pobreza en la que vivían. Él buscó una forma de ingreso sostenible para el pueblo Tz’utujil que sacarlos de la pobreza. Padre Rother creía que había un mercado para estolas clericales hechos a mano por los tejedores mayas maestros. A mediados de la década de 1990 MayaWorks comenzó a abrir mercados para sus estolas clericales en los EE.UU. y Canadá y pronto fue la venta de ellos tan lejanos como Australia!

En tarda 15 horas para hacer una estola. El hilo se lava y se empapa en gachas de maíz y se pone a secar al sol. Una vez seco, el hilo está listo para el telar. El artesano prepara los lizos de telar que se ocupan de crear los símbolos propios de la estola. Por último el artesano está listo para tejer! Se gastan horas siendo acunado por la grieta, fisura, grieta del telar como el artesano teje una obra maestra!

Estolas clericales comercio justo MayaWorks ‘son 100% algodón y están disponibles en diseños multicolores y sólidos. Puede adquirir nuestros estolas en línea en nuestra segurapágina web .

MayaWorks comercio justo estolas clericales son uno de sus productos más vendidos. Los artesanos se les paga un salario justo por su trabajo y también se benefician de becas para sus hijas y microcréditos para expandir sus negocios. El dinero obtenido de estolas de tejer ha permitido Tz’utujil artesanos para mantener a sus familias y participar en el desarrollo económico de sus comunidades.

Por desgracia, el padre Aplas fue asesinado durante la guerra civil de Guatemala, pero su legado sigue vivo en las estolas de los artesanos Tz’utujil.

http://www.mayaworks.org/blog/2014/03/27/mayaworks-clerical-stoles-legacy-of-father-stanley-rother

“La culpa es la mejor arma de tortura contra las mujeres”: Elena Poniatowska


“La culpa es la mejor arma de tortura contra las mujeres”: Elena Poniatowska

Por: Margarita Vidal Garcés

Cultura
02/12/2016

Mientras muchos tratan de encumbrarla recordando su origen de princesa polaca, ella, que llegó hace 70 años a México con sus padres y su hermana, huyendo de la guerra, se siente más mexicana que el Mole Poblano. Y, después de 60 años de ejercer el mejor periodismo contemporáneo de su país y de escribir 40 libros de ensayo, novelas, perfiles y entrevistas con los grandes intelectuales de su tiempo, de ganarse todos los premios habidos y por haber, Elena Poniatowska sigue sin acabar de creerse la fama, aún después de ganar el Premio Cervantes, el más importante de las letras hispanas. Tuve la fortuna de entrevistarla cuando vino, en el año 2000, al Primer Encuentro de Escritores Iberoamericanos, que bajo el lema ‘El amor y la palabra’, organizaron Belisario Betancur y Dalita Navarro para reunir, en un momento estelar e irrepetible, a decenas de escritores traídos de todos los rincones del habla castellana. Aquí están algunos esbozos que retratan a la escritora, a la periodista, y, sobre todo, a la mujer más valiente, sencilla, divertida y dulce que he conocido.

¿Qué le pareció Ciudad de México cuando llegó, en 1942?

Una pirámide de naranjas. En la Segunda Guerra Mundial yo era muy niña, pero recuerdo que nos daban un vasito de agua y la mitad de una naranja para exprimirla allí. En México me encontré con calles atestadas de pirámides amarillas de naranjas que daban un jugo maravilloso. Era como beberse el sol.

¿Aprendió rápidamente el español?

Aprendí un español campesino y decía “nadien” o “vide”. Risa. Me tenían que corregir porque lo aprendí con las nanas que eran pura bondad y estaban llenas de esa ternura que saben dar los mexicanos más pobres.

Usted es de mente abierta y liberal. ¿Le molestó estudiar con monjas?

No, fue bonito, porque eran unas monjas gringas, medio charritas y simpáticas y siempre sabíamos qué comían, porque si era Berry-Pie, por ejemplo, tenían los labios morados. Nos enseñaron a rezar, a creer en el infierno y nos remachaban ese sentimiento de culpa que las mujeres arrastramos desde siempre. Yo creo que la culpabilidad es la mejor arma de tortura contra nosotras desde que estamos niñas, porque vivimos entre “noes” y cuando nos rebelamos y decidimos que sí queremos algo y que podemos lograrlo, nos encontramos con que ya nos han roto y nos han barrido del alma muchísimos papelitos de colores, haciéndonos creer que ninguno es para nosotras.

Veo que es feminista militante…

Sí, totalmente, y a medida que avanzan los años lo soy más. México, donde somos el 52 % de la población, se caería en pedazos sin las mujeres, que somos el elemento aglutinador. Los hombres, como usted bien lo sabe, son de “pisa y corre” como los gallos. Hacen muchos hijos con una mujer que luego los cría y los levanta en medio de grandes sacrificios, mientras el hombre anda por ahí, conquistando a otras. Algo se ha conseguido, pero las mujeres que logran llegar es porque siguen los cánones impuestos por los hombres.

¿Es cierto que jamás entrevista a alguien que no admira?

Yo tengo que conocer bien y admirar al personaje, mirarlo en su vida cotidiana y adivinar sus gestos, sus sentimientos y sus presagios. He entrevistado a algunos políticos a quienes odio cordialmente, pero obligada cuando mis jefes me daban una orden y siempre maldiciendo mi mala suerte.

¿Cómo ve la relación entre periodismo y poder?

La distancia con ‘El Príncipe’ es esencial porque el contubernio entre periodismo y poder es perverso.

No debió ser fácil su iniciación en el periodismo…

Es cierto, empecé en 1953 cuando a las mujeres nos refundían en la sección de sociales para registrar bodas, cocteles y muertos, una discriminación insultante. Y nos tocaba “bajar faldas”, o sea, alargar con un plumoncito y tinta china las faldas de las señoras en las fotos, porque seguramente la dirección tenía pánico de que se les vieran los calzones, o yo qué sé. Risa.

¿Cómo logró dar el salto a sus famosos reportajes?

Pues en México había una sigla: MMC, que quiere decir “Mientras Me Case”. Significaba que las mujeres iban a trabajar solo para pescar marido. Un prejuicio denigrante y antifeminista, de manera que había que ganarse la permanencia con paciencia. Y aguantándote las ganas de pelear porque no faltaba quien dijera que si una mujer tenía buen puesto es porque era “una artista del colchón”.

Ha tenido grandes éxitos literarios, pero no deja el periodismo…

Sí, he escrito novelas, cuentos, poesía, pero vivo atrapada en el periodismo. Hoy un poco menos, pero cuando hay una catástrofe en México, la gente me hace “manita de puerco” y yo me siento obligada y, ahí voy.

Su familia llegó, con la ola de inmigrantes que huían de las guerras europeas, a un México que los acogió con generosidad. Hubo cientos de artistas, intelectuales y científicos que luego irradiaron su talento a las artes, la ciencia y la literatura mexicanas. ¿Conoció a algunos?

Cuando yo me inicié en el periodismo había mucha de esta gente que usted menciona. Hice entrevistas con muchos españoles admirables que huían de la Guerra Civil y también a muchos mejicanos de gran calado como Clemente Orozco y Alfonso Reyes. O el pintor Diego Rivera, que tenía una panza como yo no había visto otra.

¿Lo entrevistó?

Sí. Yo no sabía qué preguntarle y como vi que tenía unos dientes chiquiticos le dije: “¿Sus dientes son de leche?”. Me contestó: “Sí, son de leche y con ellos me como a las polacas preguntonas”. Risa. Yo era bastante ingenua y siempre estaba metiendo la pata, de modo que volví a preguntarle: “¿Y por qué son de leche?”. “Ah, porque mi mamá fue una cabra, que me alimentó”, dijo. Puede parecer un poco charro, pero mis entrevistas conquistaron un público al que le gustaba ver qué barbaridades iba a preguntar esta ignorante que no sabía nada. Risa.

¿Cómo era Rivera?

Era muy feo y olía a chivo.

¿Con qué escritores famosos tuvo amistad?

Con Octavio Paz y Carlos Fuentes, que eran más jóvenes, pero también con unos viejos maravillosos y entrañables como Alfonso Reyes y Luis Buñuel, que hacía unas películas rebuenísimas.

En su libro de memorias, ‘Mi último suspiro’, Buñuel cuenta que preparaba unos Martinis “de película”…

Era cierto, pero como Luis era muy coda (avaro), tenía la botella de ginebra encerrada en el refrigerador con un candadote. Risa.

¿Dónde surgió su gran amistad con el escritor colombiano Álvaro Mutis?

En el Palacio de Lecumberri, la cárcel del D.F. Un homosexual preso me escribió invitándome a ver una obra de teatro basada en la historia horrible de un interno llamado El Cochambres. Yo pasaba frente a unos barrotes y oí un grito desesperado: ¡Elena! ¡Elena! Era Álvaro Mutis vestido con su traje de cárcel, flaco, flaquísimo, pero guapísimo. Iniciamos una gran amistad y nos cruzamos muchas cartas entre 1958 y 1959 cuando lo liberaron. En esa época era un hombre muy dolido, pero sin rencores.

¿Influyó ese encierro en su obra?

Esa es una experiencia que uno no le desea a nadie, porque jamás se podrá reponer ni un minuto de vida perdida en el infierno. Pero creo que esa experiencia en el fondo fue buena para él porque nutrió y enriqueció mucho más su sensibilidad exquisita.

‘Hasta no verte Jesús mío’, ha tenido decenas de ediciones y traducciones a otros idiomas. ¿Es un retrato y una denuncia del México marginal?

Sí, algunos temas me caen, y yo digo: “¡Ay!, ¿el cielo qué me mandó?”. Jesusita Palancares, la protagonista, estuvo en la Revolución y es una de las mujeres más valientes que he conocido. Era chiquitica, con una fuerza enorme, como una llamarada de fuego vivo. Le pedí entrevista y me dijo una grosería tan enorme que no puedo repetirla aquí. Fui a verla muy lejos y me puso toda clase de pruebas hasta que al fin accedió a platicar conmigo. De allí surge esta historia.

¿Cómo escribió ‘La noche de Tlatelolco’, sobre la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, en 1968?

Fui a las 6:00 de la mañana del otro día y me impresionó mucho ver decenas de zapatos de mujeres y de niños tirados por todas partes. Las puertas de los elevadores tenían perforaciones de ametralladoras y todavía estaban allí los tanques de guerra. Había un clima de opresión y de horror. Me impactó tanto, que quise reunir voces diversas que resultaron indignadas, solidarias, quejumbrosas, airadas o indiferentes, en un testimonio colectivo y fidedigno de los hechos. Las más valientes eran las madres de las víctimas, que contaban sin miedo todo el horror, y decían: “Si ya perdimos nuestros hijos, ¿qué más nos pueden quitar?”.

El terremoto que casi destruyó el D.F. en 1985 también fue una experiencia terrible…

Tremenda. Escribí ‘Nada, nadie. Las voces del temblor”. Cuando mi padre y mi madre me hablaban de la guerra en Europa, yo la sentía muy lejana, pero cuando me tocó cubrir los estragos del terremoto viví mi propia guerra frente a cientos de casos atroces. Los edificios estaban tan mal construidos que no resistieron. Hubo hospitales con salas de maternidad derrumbadas que aprisionaron a mujeres en el momento de dar a luz. Muchos niños sobrevivieron porque estaban todavía en la negrura de la placenta y podían alimentarse, pero también hubo madres desesperadas que ahorcaron a sus bebés y se suicidaron. Asistir a todo eso fue muy duro, así como comprobar después que la mayor parte de la destrucción se debió a la corrupción porque, para robarse la plata, los constructores ‘ahorraron’ poniendo materiales de segunda.

¿En su caso, cómo ha manejado la fama?

Yo soy una gente que está en su casa escriba que escriba, a la que le gusta platicar con todo el mundo, pero que no tiene problemas de éxito, para nada. Si acaso me reconocen en el supermercado, me preguntan: “Oye Elenita, ¿qué papel del excusado compro: Pétalo o Kleenex?”. Compra Pétalo que es más barato, digo. “¿No estará rasposo?”. No, yo lo he comprobado. Y en eso va mi éxito. (Risa(.

http://m.elpais.com.co/elpais/cultura/noticias/culpa-mejor-arma-tortura-contra-mujeres-elena-poniatowska

Las Mujeres Negras del norte del Cauca reafirman su compromiso por la vida y sus territorios ancestrales


  • La “Movilización de mujeres negras por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales” reafirma su compromiso por la defensa de sus territorios y de sus prácticas ancestrales. Frenar la situación de destierro y hostigamiento que han afrontado ante la avanzada de megaproyectos mineros y de actividades mineras ilegales supone hoy un gran desafío.
Daniella Trujillo
Daniella Trujillo

Investigadora Del Área De Ordenamiento Territorial Y Desarrollo Rural Aplicado Del Instituto De Estudios Interculturales De La Universidad Javeriana De Cali

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29 de Noviembre de 2016

Hace dos años desde el corregimiento de La Toma ubicado en el municipio de Suárez, Cauca un grupo de mujeres nortecaucanas marchó hacia la ciudad de Bogotá. El 18 de noviembre de 2014 estas mujeres empezaron a gestar un proceso reivindicación de sus derechos y de defensa de su territorio ancestral. La “Movilización de Mujeres Afrodescendientes por el cuidado de la vida y los territorios”, como fue llamada en su momento, tuvo como propósito hacer un llamado al gobierno para frenar la situación de destierro y hostigamiento que han afrontado las comunidades negras del norte del Cauca como consecuencia de la ejecución de proyectos mineros a gran escala y de actividades mineras ilegales.

Según la lideresa Francia Márquez, “ en el año 2015 se exigió que fueran retiradas 20 retroexcavadoras que había en el río Ovejas”. De esta manera, estas mujeres le exigieron al gobierno el cumplimiento de la Sentencia de la Corte Constitucional T-1045 de 2010 que ordena no otorgar licencias de explotación minera hasta cuando se realice, garantice y coordine un proceso de consulta previa.

No obstante, y pese a los acuerdos generados con las instancias gubernamentales ese mismo año, las mujeres afrocaucanas declararon hace un año romper las relaciones con el gobierno debido a los reiterados incumplimientos de los acuerdos pautados, asegurando que las retroexcavadores todavía siguen en esta región y que, además, varias lideresas han sido declaradas objetivo militar, “por su decisión de parir la vida y parir los territorios, como decimos nosotras”, según cuenta Francia Márquez.

En conmemoración a la marcha efectuada en el año 2014, la “Movilización de Mujeres Negras por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales” celebró entre el 17 y el 20 de noviembre el primer Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres Negras Cuidadoras de la Vida y Territorios Ancestrales en el municipio de Santander de Quilichao. Según Rosana Mejía, miembro de la Movilización de Mujeres Negras, “la Movilización es una reivindicación de los derechos que hoy se están negando a las poblaciones del norte del Cauca, y es una lucha por la permanencia y pervivencia de la comunidad negra en el territorio”.

Minería: una batalla que continúa

Los esfuerzos organizativos y de movilización que han gestado estas mujeres afrocaucanas responden a problemas de fondo que de manera histórica han afectado la integridad de las comunidades negras, indígenas y campesinas del campo. En este caso, el conflicto armado, el desplazamiento forzado y la pobreza que sume a muchas comunidades rurales son algunos de los factores que han exacerbado la situación de estas comunidades en el país. No sin dejar de lado, la avanzada empresarial de corte capitalista que viene causando fuertes impactos en los territorios y que ha desatado divergencias y discusiones entre comunidades locales, gremios económicos, sectores políticos, académicos y el mismo gobierno.

Dentro del discurso neoliberal promovido por los últimos gobiernos, la minería se ha posicionado como la actividad predilecta para fomentar el desarrollo y promover la inversión de capital extranjero en el país. Sin embargo, no se ha destacado propiamente por los grandes beneficios que han dejado sus controvertidas regalías, o por el progreso que ha conllevado la entrada de grandes multinacionales mineras a los territorios. Por el contrario, la actividad minera en Colombia se ha distinguido por producir una serie de impactos negativos en el orden social, cultural y ambiental a nivel nacional.

Así las cosas, desde hace menos de dos décadas el panorama minero colombiano se ha caracterizado por: a) el advenimiento de la feria de concesiones minera, implementada en el año 2002, en la que se entregan cuantiosas extensiones del subsuelo de la Nación a firmas nacionales y empresas multinacionales; b) el fortalecimiento de procesos organizativos de comunidades rurales dada la proliferación de megaproyectos mineros en sus territorios; y c) el reciente y desmedido avance de prácticas extractivas ahora financiadas por grupos armados ilegales y por organizaciones criminales.

Ahora bien, para el caso del departamento del Cauca, el Catastro y Registro Minero de 2014 señala que hay 390.019 hectáreas tituladas para minería, habiendo aproximadamente en la región del norte del Cauca unas 17.497 hectáreas adjudicadas para estos propósitos. En el municipio de Suárez, donde surgió la “Movilización de Mujeres Negras por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales”, la Agencia Nacional Minera a 2014 registra 18 títulos mineros que tienen una cobertura de 11.629 hectáreas y 28 solicitudes mineras que suman unas 53.258 hectáreas (ANM, 2014).

Mapa de la minería en el municipio de Suárez, Cauca

Fuente: Instituto de Estudios Interculturales de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, 2015

Igualmente, es perentorio reconocer que el panorama resulta incompleto si se deja de lado la arremetida de las actividades mineras ilegales en los territorios de comunidades étnicas y culturales. Lo que cuentan los pobladores del norte del Cauca, por ejemplo, es que la situación es tan preocupante que han recibido amenazas de abandonar sus tierras o de mantener el silencio si no quieren que sus vidas y las de sus familias estén en peligro.

En el marco de este encuentro nacional e internacional, la “Movilización de Mujeres Negras por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales” reafirma su compromiso por la defensa de sus territorios y prácticas ancestrales. El rol que ha venido asumiendo este grupo de mujeres nortecaucanas en los procesos de defensa territorial y de la práctica minera ancestral es sumamente valioso, entendiendo que actualmente la racionalidad estatal y la lógica de enriquecimiento de los grupos al margen de la ley es la de concebir estos espacios como los escenarios propicios para llevar a cabo actividades extractivas a toda costa; restándole finalmente importancia a las complejas implicaciones que supone el desarrollo de este tipo de prácticas en las zonas rurales y en sus pobladores.

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