Navidad: Roberta Meehan RCWP


 

Me Vigilia

Isaías 62: 1-5

Salmo 89: 4-5, 16-17, 27, 29

Hechos 13: 16-17, 22-25

Mateo 1: 1-25

 

II medianoche

Isaías 9: 1-6

Salmo 96: 1-3, 11-13

Tito 2: 11-14

Lucas 2: 1-14

 

III amanecer

Isaías 62: 11-12

Salmo 97: 1, 6, 11-12

Tito 3: 4-7

Lucas 2: 15-20

 

Día IV

Isaías 52: 7-10

Salmo 98: 1-6

Hebreos 1: 1-6

Juan 1: 1-18

 

El crescendo teofánico de la historia de la Navidad comienza con humildad y proféticamente con la liturgia de la Vigilia.

 

Teofanía – la manifestación de Dios ….   Eso es lo que esta historia se trata la Navidad – la historia de cómo Dios vino a estar con nosotros.   De hecho, esta es la historia de los inicios de cómo hemos llegado a ser conocido como el pueblo de Dios.

 

Cuatro liturgias separadas (vigilia, la media noche, amanecer, día) se utilizan para contar nuestra historia de la Navidad y cada liturgia se vuelve más intensa que la liturgia precedente, construcción – crescendo-ción, por así decirlo – hasta llegar al Evangelio de la liturgia final y se nos dice sin lugar a dudas que este Jesús – esto Niño de Belén – es en realidad.

 

La liturgia de la vigilia establece la reclamación de Jesús – una profecía del libro de Isaías, seguido de una explicación de Jesús como el legítimo heredero de David de los Hechos de los Apóstoles, y culminando en una genealogía legal de Jesús – un punto de suma importancia para la audiencia judía de Mateo.   Sí, no cabía duda.   Jesús era el heredero legítimo; su afirmación es válida!

 

La liturgia a la medianoche cuenta la historia del nacimiento de Jesús – una predicción del libro de Isaías, seguido de una explicación del significado de la Navidad de la carta a Tito, y concluyendo con hermosa historia del nacimiento de Jesús de Lucas.   Sentimos que estamos allí con los pastores a medida que escuchan el mensaje de los ángeles y el crescendo de la música divina – “! Gloria a Dios en las alturas”

 

La liturgia en la madrugada explica que Jesús era la intemporalidad del Salvador – otra profecía de Isaías, otra descripción de Tito, y, finalmente, la historia de los pastores y lo que hicieron después de oír a los ángeles.   Los pastores fueron a Belén para encontrar este bebé que estaba envuelto en pañales, la ropa de los niños reales, y acostado en un pesebre.

 

La teofanía culmina con la liturgia del día de Navidad – una emoción poética de Isaías, seguido de un asombro prosaica de la carta a los Hebreos, y por fin el prólogo del Evangelio de Juan – un canto de pronunciar el mensaje mesiánico desde el comienzo de todo el tiempo.

 

Me permite utilizar estas cuatro secuencias de las escrituras (la transición y parafraseado ligeramente para mayor claridad) para volver a contar la historia de los comienzos de nuestra salvación.

 

CAPÍTULO I – Nuestro Dios no estaré tranquilo hasta que la reivindicación deJerusalén y resplandece hasta que su victoria es como una antorcha encendida.   Esta es la gloriosa corona en la mano de Dios, la diadema real en manos de nuestro Dios.   Sin embargo, hemos estado, como lo hizo Pablo, “hijos de Israel y otros que son temerosos de Dios, escucha.   Como está escrito: “He hallado a David, hijo de Isaí, un hombre conforme a mi corazón; se llevará a cabo cada uno de mis deseos. ”   Y es a partir de los descendientes de David que Dios ha traído a Israel un salvador – este hombre Jesús “.

 

¿Quién es este Jesús y qué derecho tiene él para reclamar su trono?   Su genealogía, su patrimonio jurídico, se desprende de Abraham a través de Jacob, el padre de José, el esposo de María y de María nació este Jesús, este Cristo esperado.

 

CAPÍTULO II – Este niño nace para nosotros y sobre sus hombros descansa el dominio.   Su nombre es Wonder-Consejero, Dios-Héroe, Padre-Para siempre, Príncipe de Paz.   Su dominio es enorme y para siempre pacífica.  Esta es la apariencia de la gloria de nuestro gran Dios; este es el salvador, Jesús el Cristo.   Incluso los pastores se les ha dicho que en la ciudad de David, un niño nace – el Cristo – y ellos son no tener miedo.

 

CAPÍTULO III – Estas pueblo santo, a los que nace el niño, que son redimidos por Dios.   Estamos a estas personas.   Este Dios nos ha salvado a través del baño de regeneración y nos renovado por el Espíritu Santo.   Cuando los pastores vieron al niño, dieron a conocer el mensaje y todos los que escuchaban el mensaje se sorprendieron.

 

CAPÍTULO IV – El entusiasmo no tiene límites.   Hay que romper a cantar.  Dios ha consolado a la gente y redimido Jerusalén y se sabe que todos los confines de la tierra verán a la salvación de nuestro Dios.   Él llevó a cabo la purificación de los pecados y se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.   Y se puede rastrear su herencia a ese momento antes de que comenzaran los eones sin tiempo.   Porque…

 

En el principio era la sabiduría y la sabiduría estaba con Dios y era Dios sabiduría.   La sabiduría era en el principio con Dios.   Todas las cosas llegaron a ser a través de la sabiduría, y la sabiduría sin nada llegó a ser.   Lo que llegó a ser a través de la sabiduría estaba la vida y la vida era la luz de la raza humana, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.   Y la sabiduría se hizo carne y habitó entre nosotros.   Y vimos la gloria de la sabiduría, la gloria de la sabiduría de Dios, lleno de gracia y de verdad.   De la plenitud de la sabiduría todos hemos recibido gracia, y la gracia y la verdad vienen a través de Jesús el Cristo!   Y Jesús el Cristo es el enfleshment de la sabiduría de Dios.

 

¡¡Feliz Navidad!!

 

Roberta M Meehan, D. Min

Remitido al e-mail

 

José María Castillo: “¿Por qué la Navidad? Dios entra en la Historia”


Belén viviente de Buitrado de Lozoya

Jesús Bastante

“Jesús es la respuesta de Dios a las interminables preguntas que los humanos nos hacemos”

Los humanos podemos “representarnos a Dios” de manera que sea “el Dios que nos conviene”

José María Castillo, 24 de diciembre de 2016 a las 12:38

¿Qué hemos hecho con la Navidad? ¿nos queda algo de lo que realmente fue? Entonces, ¿por qué y para qué la celebramos? No vendría mal, por lo menos, hacerse la pregunta. Otra cosa es encontrar la adecuada respuesta

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Otra Navidad

(José María Castillo).- Los cristianos decimos que “a Dios nadie lo ha visto jamás” (Jn 1, 18). Esto significa que Dios no está a nuestro alcance. Es decir, a Dios no lo conocemos. Ni podemos conocerlo. Porque Dios, por definición, es el Trascendente. No es simplemente “el Infinito”. Porque “lo infinito” es lo humano “sin fin”: poder sin límite alguno, bondad igualmente ilimitada, etc.

Pero, si echamos por este camino para explicar a Dios, nos metemos en un callejón sin salida. Es decir, nos enfrentamos a una “contradicción” que no tiene ni solución, ni remedio. Porque, si la bondad de Dios es tan grande; y el poder de Dios no tiene límites, ¿cómo se explica que ese Dios, tan bueno y tan poderoso, haya hecho este mundo tan contradictorio y, con frecuencia, tan canalla? O Dios no es tan bueno como dicen. O no es tan poderoso, como aseguran los libros religiosos y los hombres de la religión.

Por todo esto, cuando los humanos pensamos en Dios o hablamos de Dios, en realidad no estamos ni pensando, ni hablando de Dios en sí mismo, sino que inevitablemente nos referimos a las “representaciones” de Dios que nosotros nos hacemos. Lo que entraña un peligro que da miedo pensarlo: los humanos podemos “representarnos a Dios” de manera, que sea “el Dios que nos conviene”, para odiar, perseguir y matar a todo el que no está de acuerdo con lo que a nosotros nos conviene.

Así las cosas, la Navidad es la celebración del día, del momento, en el que los cristianos recordamos el acontecimiento que, según nuestras creencias, nos indica, nos dice y nos explica la solución que el cristianismo ofrece al problema que acabo de indicar. Y esa solución consiste en que Dios se nos ha dado a conocer en Jesús de Nazaret.

En la Navidad, por tanto, al recordar el nacimiento de Jesús, lo que en realidad recordamos es cómo Dios entró en la Historia. O sea, en la Nochebuena, sucediera el día que eso sucediera y ocurriera a la hora que fuera, lo que realmente aconteció es que Dios se dio a conocer a la humanidad. De forma que el niño que nació, Jesús de Nazaret, es la Palabra de Dios, es la respuesta de Dios a las interminables preguntas que los humanos nos hacemos sobre el sentido de la vida, sobre cómo es Dios, lo que es Dios, lo que quiere Dios y lo que Dios espera de nosotros los mortales.

Jesús mismo se lo dijo así a sus amigos más cercanos cuando le dijeron: “Señor, muéstranos al Padre (Dios) y nos basta”. A lo que Jesús contestó: “¿Todavía no me conocéis?” Y añadió: “El que me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14, 8-9). O sea, ver a Jesús es ver a Dios, encontrar a Jesús es encontrar a Dios. Y, por tanto, en la vida que llevó Jesús, en sus ideas y en sus convicciones, es donde vemos y aprendemos lo que Dios quiere, lo que a Dios le gusta, y lo que Dios no soporta.

Esto supuesto, no me resisto a poner aquí lo que, de forma tan genial, escribió san Juan de la Cruz en la “Subida del Monte Carmelo”: “Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo dicho todo y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas” (II, 22).

¿Por qué la Navidad? Porque en ella vemos cómo entró Dios en la Historia, cómo “se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, se hizo como uno de tantos… hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Fil 2, 7-8).

El evangelio de la Nochebuena nos dice que Jesús nació en un establo, entre basura y animales, en una sociedad (la sociedad del Imperio) en la que era frecuente que los niños se vieran abandonados en los estercoleros. Cuando ahora vemos la grandeza de las catedrales y de los palacios episcopales, y cuando oímos a dignatarios eclesiásticos protestando del giro de humanidad y bondad, que el Papa Francisco le quiere dar a la Iglesia, sin más remedio le viene a uno la pregunta: ¿qué hemos hecho con la Navidad? ¿nos queda algo de lo que realmente fue? Entonces, ¿por qué y para qué la celebramos? No vendría mal, por lo menos, hacerse la pregunta. Otra cosa es encontrar la adecuada respuesta.

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http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2016/12/24/jose-maria-castillo-por-que-la-navidad-dios-entra-en-la-historia-religion-iglesia-navidad-belen-preguntas-hombres-mujeres.shtml

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