Hombres tejiendo sororidades: otro sentido de la malparidez existencial


Posted on1 Hour Ago

Haré mi mejor esfuerzo para romper los estereotipos mentales que aparecen cuando digo que hago parte de un colectivo de hombres que se reúnen con alguna frecuencia para sentir y reflexionar sobre lo que es y queremos que sea nuestra identidad de género. Un primer bloqueo mental que noto cuando he compartido esta experiencia es que todo hombre que se cuestiona por su identidad socio-cultural, deja de merecer el calificativo de hombre. Como si ser hombre no admitiera un ejercicio de reparación, cuestionamiento o cambio. Alta traición, dijo alguien, la que hace ‘un man’ cuando se pone con esas ‘maricadas’.

Algo así como: el que es hombre, lo es o no lo es, y punto.

Bien, esto es un ejemplo del estereotipo que deseo evidenciar en esta nota. No porque este bien o mal.  Finalmente cada quien adopta sus opiniones sobre esta y otras cuestiones a su parecer.

Realmente no quiero romper el estereotipo, sino que quiero evidenciar su rotura.

Así que si lo logro, quien me lea tendrá el desafío de sostener si continúa o no fundamentando su comprensión sobre una idea rota, y con promesa de ruina.

Ahora, ¿cual es la rotura evidente? ¿que se nos está yendo a los hombres por entre las fisuras de una versión de ‘man’ que solo lápida su felicidad sobre ilusiones de control y dominio que no son más que el otro lado del cuento rosa que les han contado a las niñas? ¿por donde comenzar a mostrar sus grietas?

La respuesta la ofrece la misma naturaleza. Haber sido paridos (¡algunos para bien otros no tanto!) por una mujer es más que un logro del proceso de selección natural. El hecho que el vínculo humano primario (el más auténtico) provenga de una mujer dice mucho de la naturaleza del vínculo mismo en la especie humana. Sencillamente sin ese vínculo no es posible ni sostenible el proyecto humano.

La gran perdida de la humanidad fue desmantelar la naturaleza femenina del vínculo humano.

Primero desde la religión con el kiriarcalismo, en la organización social con la escrituración de las normas, y luego desde la economía con el capitalismo. En estos momentos de la historia se desdibujó lo femenino del misterio, del signo y del eros de la vida. Vincularse con Dios paso a ser una tecnología del sacrificio y el asesinato, y vincularse con el mundo paso a ser una tecnología reproductiva y la institucionalidad originariamente nutricia paso a regirse por la búsqueda de la jerarquía y el orden.

A partir de estos supuestos, la mentalidad contemporánea comprende la naturaleza del vínculo humano desde la exclusión de lo femenino: lo nutricio y lo sororo.

La calidad del vínculo social es mayoritariamente contractual, competitivo y forense. Casi que nos relacionamos sobre la base de la carencia del vínculo fundante.

En otras palabras, negar que la naturaleza que toda socialización tiene primariamente un sentido femenino significa romper un equilibrio. A esto me refería con que nuestra mentalidad está rota, le falta una pata a la mesa, estamos en deficit, desequilibrados.

Si bien es cierto que nuestro cuerpo reconoce ese primer momento de vida como la experiencia fundante de relacionamiento, la mujer que nos presenta el mundo, las primeras sensaciones, el primer amor, la primera tuza, en fin, también reconocemos como natural la experiencia de extrañeza que nos produce un otro que no parimos, incluso un otro fue parido pero que nunca sabrá lo que eso significa por su propia experiencia. A esto lo llamo coloquialmente en esta nota ‘malparidez existencial’ una expresión bogotana que denota sentirse triste por ninguna razón aparente. Pues bien, aquí significa otra cosa.

Malparidez existencial es una impostura de quien niega la naturaleza nutricia y la rechaza. Un alguien negado a aprender a parir. Un malparido.

Bueno, es por eso que en el Círculo de Hombres de Cali nos damos la tarea de reconocernos bien-paridos, pariendo vínculos nutricios, de cuido, significativos. Aclaro: no porque ahora tejemos sororidades entre hombres, eso nos hace menos hombres. No lo vería así. Pues cada uno de nosotros sale del círculo con el desafío de retomar nuestros roles asignados y a partir de allí, recrear prácticas de equilibrio, que cuiden al otro, lo nutran, lo reconozcan. Sospechamos de las prácticas que solo vigilan nuestra identidad de propietarios, censores y reguladores del orden. Creemos en un balance posible entre la pulsión de vínculo y de des-vinculo que nos hace ser los seres complejos que somos.

En fin, creo haber logrado el objetivo de la nota: visibilizar una rotura social y simbólica. La pregunta ahora si eso lo convence por lo menos de que ser hombre y sororizar es algo más que una maricada. Si ahora más bien lo ve como un intento por curar la herida patriarcal. Palabra que por cierto, solo la use para cerrar este párrafo.

https://teoloax.wordpress.com/2017/01/22/hombres-tejiendo-sororidades-otro-sentido-de-la-malparidez-existencial/

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