COLOMBIA. SAN JOSE DE APARTADÓ: Torturas, violaciones y asesinatos el pan de cada dia


 

De nuevo, nuestra Comunidad de Paz deja constancia de los nuevos hechos ante el país y el mundo, al mismo tiempo que el Gobierno Colombiano se niega a aceptar la presencia paramilitar en nuestros territorios. En los últimos días en San José de Apartado los paramilitares asesinaron al joven Yhovani Valle Guerra, violan a una menor, torturan, amenazan, roban gallinas y alimentos de la canasta familias sustento de las familias campesinas, mientras el gobierno se complace desde sus instituciones en afirmar que paramilitares no hay, razón sustentada en la peor infamia que cobra vidas humanas:

  • El sábado 28 de enero de 2017, en horas de la tarde, una comisión humanitaria integrada por miembros de nuestra Comunidad de Paz y acompañantes internacionales al momento que se trasladaban entre Mulato y San Josecito, fueron sorprendidos por un grupo de paramilitares acantonados en el filo de chontalito, al percatarse de la presencia internacional intentaron esconderse entre la manigua.
  • El  martes 31 de enero de 2017, un grupo de paramilitares que vienen haciendo presencia en la vereda Mulatos y la Resbalosa, han ingresado a varias viviendas de los campesinos, donde se han robado gallinas , ropas y los víveres de abarrote sustento de las familias campesinas.
  • El miércoles 1 de febrero de 2017, hacia las 17:20 horas en la vereda Mulato en el paraje de el barro, una comisión humanitaria integrada por miembros de la Comunidad de Paz y acompañados por organizaciones internacionales al momento que se trasladaba a la vereda mulatos, fue sorprendida por un grupo de paramilitares acantonados en el sitio. El grupo paramilitar fueron sorprendidos encapuchados, camuflados, portando armas largas y con las insignias AGC.
  • Este mismo miércoles 1 de febrero de 2017, hacia las 19:00 horas, un grupo de paramilitares irrumpió la Aldea de Paz ‘’Luis Eduardo Guerra’’, propiedad privada de la Comunidad. Los sujetos manifestaron que tienen orden para pasar por donde les de la hp gana. Después de varios minutos, los sujetos se retiraron al percatarse de la presencia internacional en el sitio. No sin antes advertir que a esos sapos hp miembros de la comunidad serán asesinados.
  • El este mismo miércoles 1 de febrero de 2017, a las 12:00 horas, tres sujetos motorizados y portando armas cortas, ingresaron al asentamiento de San Josecito, averiguando por el líder comunitario del lugar, al percatarse que no estaba, los sujetos se retiraron.
  • El jueves 2 de febrero de 2017, hacia las 5;00 horas en la vereda Mulatos, un grupo de paramilitares ingreso a la vivienda del campesino de nombre Wilmar a quien amenazaron de muerte.
  • Este mismo jueves 2 de febrero de 2017, hacia las 9:00 un contingente paramilitar incursiono en la Aldea de Paz en la vereda Mulato, allí mantuvieron a dos familias de nuestra comunidad retenidas por varios minutos a quienes amenazaron de muerte, anunciando que a los gringos no los van ha asesinar pero que a esa parranda de sapos de la comunidad si.

Nos negamos a renunciar a nuestros principios, nos afirmamos a permanecer en nuestros territorios, nos reusamos a abandonar nuestro proyecto de vida, no retrocederemos un centímetro, pese al riesgo de ser torturados o asesinados.

 

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

febrero 2 de 2017

Área de archivos adjuntos

El obispo de Apartadó reprende al Estado por negar el paramilitarismo

Torres Marín critica un Estado ausente y denuncia un desolador panorama con acelerada presencia de paramilitares, el acoso a los reclamantes de tierra, delincuencia urbana, corrupción y el asesinato de líderes sociales y políticos

03 Feb 2017

Equipo Colombia Plural

 

El obispo de Apartidó, Hugo A. Torres Marín, ha estallado y en un duro comunicado de la Diócesis denuncia la presencia acelerada en la región de Urabá y del Bajo Atrato de paramilitares, el acoso a los reclamantes de tierra, delincuencia urbana, corrupción y el asesinato de líderes sociales y políticos; y no solo eso, sino que lanza duras palabras contra un Estado ausente y contra el “juego de palabras “ que utilizan sus representantes para estigmatizar a la población y “llamar con otros nombres lo que todos reconocemos como paramilitarismo”.

Las palabras del obispo, cuya diócesis abarca todo el Urabá antioqueño y el chocoano así como el Bajo Atrato, se produce horas después de las denuncias de agresiones por parte de grupos paramilitares en Riosucio y San José de Apartadó y de la advertencia de nuevos desplazamientos en esas zonas. Horas después del desplazamiento de familias en Ituango y del asesinato de reclamantes de tierras en Turbo.

“¿Hay anuencia del Estado o es simplemente un descuido de las autoridades responsables de dar cumplimiento a lo pactado? ¿Hay simpatía estatal con estas formas ilícitas de dominio y manipulación de unos territorios de ancestrales dueños que el Estado no admite como poseedores legítimos?”, se pregunta Torres Marín, quien describe lo que está ocurriendo en la zona como “el reagrupamiento acelerado y el aumento de paramilitarismo”, cuyos grupos ingresan “súbitamente” en los territorios que abandonan las FARC en su desmovilización por los acuerdos de paz.

Junto a ello, denuncia la “gravedad social” del asesinato de líderes sociales e integrantes de los nuevos movimientos políticos (van 14 en 2017), y considera “inaudito” la reaparición de “un fenómeno que se creía superado”. Otra de sus denuncias se refiere al “modo atroz como silencian a reclamantes de tierras” y alude a ocho casos de hostigamiento en la última semana. Recuerda que esas tierras que reclaman les fueron despojadas a las comunidades “en forma fraudulenta y criminal”.

Torres Marín fue uno de los pocos altos jerarcas de la Iglesia que junto al arzobispo de Cali, Dario Monsalve, y el obispo de Quibdó, Juan Carlos Barreto, apostó públicamente por el Sí en el plebiscito en favor de los acuerdos de paz. Ahora alza la voz para describir un desolador panorama que incluye también el “control bélico” de las tierras vinculadas al narcotráfico; la delincuencia organizada alrededor de los cultivos ilícitos y la corrupción: “el apoderamiento, a la vista de todo el mundo, de las regalías y del pago de impuestos”. Habla de minería ilegal, de “la extracción de las riquezas de nuestros suelos y subsuelos y del arrasamiento del ecosistema”. Como ejemplo de esto último cita los desplazamientos de Ituango y se lamenta de que frente a todo ello no haya “una toma de posición humanitaria por parte del Estado”.

El incremento de las pandillas juveniles es otra de las alertas que señala el comunicado, pandillas que están invadiendo los centros urbanos de Turbo, Apartadó, Nueva Colonia y Currulao, “una macabra dinámica de delincuencia organizada” en torno al microtráfico y la extorsión a comerciantes, empresarios, personas de a pie y que “acude a la justicia particular, al asesinato y a la limpieza social”, generando el pánico entre todos los pobladores urabaenses.

“¿Cuál es el futuro para las comunidades campesinas y de las regiones que siguen sufriendo en forma permanente el flagelo de los actores del conflicto armado?”, se pregunta la Iglesia, que denuncia un inadecuado manejo de los territorios por parte de las fuerzas del Estado, un Estado que “justamente aquí no ha hecho presencia”. El obispo dice no entender estos “vacíos de poder” y exige al Gobierno que “se pronuncie con claridad”.

La Iglesia expresa su “dolor e inconformismo ante el juego de palabras empleado por representantes legítimos de los entes gubernamentales” para denominar un “fenómeno vergonzante” que dice empañar a militares y policía y que difama a toda la región de Urabá. Se refiere así a la utilización del nombre del Golfo de Urabá, de Jorge Eliécer Gaitán o a los descendientes del apellido Úsuga para denominar a los grupos paramilitares sin utilizar este nombre (Urabeños, Gaitanistas, Clan Úsuga). Desde el Gobierno se insiste en no hablar de paramilitares sino de grupos de narcotráfico o bandas delincuenciales asociadas a la minería ilegal, al tiempo que se niega la sistematicidad en los asesinatos de líderes sociales. Para el obispo de Apartadó hay un uso “malintencionado” de las palabras para “adormecer a la población con engaño”.

Monseñor Torres Marín echa la vista atrás y pide que no se olvide lo ocurrido en el pasado y que amenaza con repetirse: “El asesinato de tantas personas que se comprometen con un cambio social y político”. Cambios que cree que deben llevarse adelante y se pregunta ante ello: “¿Cuál es el papel de la sociedad civil en la subregión?”.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Leila Rosa Betancur Díez
    Feb 04, 2017 @ 18:30:57

    Nos hacemos las mismas preguntas que se hace Monseñor Hugo A. Torres Marín. ¿ Ante la experiencia del pasado cercano y del presente amenazante y avasallante de la reorganización paramilitar, ante la amenaza de nuevos desplazamientos, en donde está la presencia del Estado? Cómo trabajar por el cambio político y social con el que soñamos a raíz de la firma del Acuerdo de Paz? Preguntas que ustedes se hacen en San José y nos hacemos aquí en Quibdó en donde los asesinatos selectivos constituyen el pan de cada día. Resistir trabajando con las herramientas que tenemos. Nuestros pequeños grupos comunitarios son nuestra herramienta para seguir luchando por ese futuro mejor para todas y todos.
    Equipo Misionero Usemi Quibdó

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