COLOMBIA: La carretera con la que quieren pavimentar el Amazonas


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Líderes católicos piden perdón por la participación de la Iglesia en la guerra


En una dura carta, laicos y sacerdotes aseguran que la jerarquía tomó partido ideológico y ha sido cómplice -por omisión y por acción- del horror. Solicitan el cierre de la Diócesis Castrense y que la Conferencia Episcopal pida perdón público.

No es una carta breve ni que se quede en la superficie. A lo largo de nueve densas páginas, los 463 firmantes (entre los que hay 36 sacerdotes, 31 religiosas y religiosos y 14 teólogos, además de 63 de ellas internacionales) desgranan una relación perversa entre la iglesia católica y el poder. “Desde la Conquista y la Colonia, la alianza entre la cruz y la espada marcó unas relaciones deplorables entre los poderes opresores y la institucionalidad de nuestra Iglesia”. Por eso, ahora, en un momento en el que el país camina en un difícil tránsito hacia la paz, estos “integrantes de su laicado, clero y vida consagrada” (la carta también la firman agentes de pastoral, estudiantes, obreras o amas de casa) aseguran que es el momento de pedir perdón y reconocer la participación en el conflicto. “Queremos pedir perdón, primero que todo a Dios, cuyo nombre y mensaje hemos deshonrado y manchado; luego a todas las víctimas de esa violencia, así sea en muchos casos solo a su memoria puesto que ya fueron eliminadas, y también al país que aún sufre las secuelas o prolongaciones de esa violencia, sobre todo en sus capas sociales más excluidas, oprimidas y victimizadas”. Y no sólo piden perdón, sino que invitan a la Conferencia Episcopal a que haga lo propio y al papa Francisco a que cierre de inmediato la Diócesis Castrense.

(Descargar Carta íntegra con firmas)

La carta es especialmente dura con las jerarquías católicas que, a pesar de los llamados de los papas Juan pablo II y Francisco a reconocer dichas complicidades, no han reconocido su participación en una larga historia de violencia… “Los mutuos compromisos sellados entre los poderes coloniales y republicanos y las jerarquías de nuestra Iglesia, fueron sin duda un factor que llevó a nuestras jerarquías a silenciar demasiados crímenes y a cargar con la complicidad histórica de esos horrores”.

Los firmantes -entre los que figuran el jesuita Javier Giraldo o la del teólogo Juan José Tamayo- hacen un recorrido por el contexto de la Guerra Fría y recuerdan la toma de partido ideológica de la Iglesia católica colombiana. “Todo ese contexto llevó a nuestro Catolicismo colombiano, liderado por nuestras jerarquías, a una alianza de largo aliento con el Partido Conservador, protagonista de primer orden de esa violencia, y con la ideología y las estrategias anti-comunistas que arraigaron con fuerza en el Estado colombiano, incentivadas desde las grandes potencias occidentales, que son las que más han inundado de sangre y de sufrimiento nuestro suelo patrio, ensañándose contra todo movimiento popular que exige justicia, para lo cual el simple rótulo de ‘comunista’ la ha llevado a justificar todas las formas de barbarie contra ellos”. No consideran que esta sea una actitud del pasado -aunque recuerdan la ofensiva canonización del obispo de Pasto Ezequiel Moreno, quien pidió que sobre su tumba se pusiera la frase “el liberalismo es pecado”- sino que “para unos, incluyendo a obispos y sacerdotes, matar liberales, comunistas o guerrilleros, no sólo no crea conflictos de conciencia sino que llegan a ser acciones meritorias”.

Este sesgo ideológico aún condiciona muchas posiciones de nuestro clero y aún causa discriminaciones y sufrimientos injustos a sectores deprimidos de nuestra sociedad. Por ello pedimos perdón a quienes han sufrido toda esa estigmatización y exterminio apoyado en el satanizado rótulo de ‘comunista’, y nos proponemos seguir trabajando por la erradicación en nuestra Iglesia de esas secuelas ideológicas que tanto sufrimiento han producido”.

Por eso, invitan “a la Conferencia Episcopal de nuestra Iglesia a realizar un acto simbólico de carácter nacional en que se pida perdón, en presencia de representantes de movimientos políticos liberales y comunistas, por lo que la Iglesia contribuyó a la persecución, estigmatización y exterminio de muchos de sus militantes en el pasado y anuncie sus propósitos y estrategias que conduzcan a borrar los estigmas y a prometer respeto por las opciones ideológicas y políticas que no sean las suyas”.

La petición de perdón que se conoce hoy, parte de los ejemplos de Juan Pablo II, que en 1994 invitaba a la iglesia a reconocer su participación en hechos vergonzosos -“¿Cómo callar luego de tantas formas de violencia perpetradas aun en nombre de la fe?”-, y del Papa Francisco, que en 2015 pidió perdón a los “pueblos originarios” de las Américas por la Conquista y por las “ofensas de la propia iglesia”. “También nosotros”, sigue la carta, “queremos hacer un reconocimiento público de la participación de nuestra Iglesia colombiana, a través de complicidades, silencios y actuaciones representativas, en el proceso de violencia que ha destruido tantos miles de millares de vidas de compatriotas nuestros y ha contemporizado con formas denigrantes de opresión y de injusticia que han sumergido en la miseria y el sufrimiento a muchos millones de colombianos”.

Toma de medidas concretas

La propuesta de las personas que han firmado esta carta no es sólo que la Iglesia pida perdón, sino que tome medidas concretas. Primero, van a solicitar al Papa Francisco el cierre inmediato de la Diócesis Castrense y que “ordene a nuestra jerarquía tomar una distancia radical de instituciones armadas y represivas que resultan involucradas de manera sistemática en tantos horrores”.

Fabio-Suescún

Imagen del bumangués Fabio Suescún, obispo castrense de Colombia

“La connivencia de nuestra Iglesia con una fuerza armada comprometida en tan perversas estrategias, primero a través del Servicio Religioso Castrense y luego a través de la Diócesis Castrense, no ha dejado de producir un conflicto de conciencia profundo en muchos católicos colombianos, que nos lleva a pedir perdón a las inmensas capas de colombianos victimizados por una represión militar y paramilitar de tan larga trayectoria y de tan criminales alcances, involucrada en los más horrendos crímenes de lesa humanidad”.

Segundo, invitan “a la Arquidiócesis de Bogotá a sacar del recinto de la Catedral Primada los restos mortales del conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada y entregarlos a la Alcaldía de Bogotá para que les asigne un espacio ajeno al culto cristiano”. E invitan también “a la Conferencia Episcopal a que solicite a todas las parroquias del país leer un texto de petición de perdón, en uno de los domingos de Cuaresma de 2017, por la participación de la Iglesia en la violencia de las décadas pasadas”.

En el texto que justifica la petición de perdón se reconoce que “si bien hubo voces proféticas de clérigos y laicos, hombres y mujeres, que denunciaron los horrores, pagando muchos de ellos su coherencia con su vida, su integridad o su libertad, hay que deplorar también que muchos de ellos y ellas sufrieron persecución por parte de sus mismas jerarquías, destituyéndoles de sus cargos, cargándoles de sanciones canónicas a petición de los mismos victimarios e incluso siendo delatados o entregados a sus perseguidores por sus mismos pastores”. Mientras, en la otra mano, “hubo sacerdotes que aceptaron colaborar en la instrucción militar de niños y niñas con miras a su participación en estructuras militares y paramilitares; hubo también sacerdotes que hicieron parte de grupos abiertamente criminales, como el grupo paramilitar de ‘Los Doce Apóstoles’, liderado por el hermano de un Presidente de la República. Hubo obispos y sacerdotes que llegaron a acuerdos con líderes paramilitares en varias regiones del país, recibiéndoles sus tierras para quitarles el estigma narco-paramilitar e incluso limpiando superficialmente su imagen declarándolos ‘constructores de paz’, como en el caso del líder paramilitar Víctor Carranza”.

La esperanza final de los católicos y católicas que hoy piden perdón a la sociedad colombiana es que “confiamos en que la visión de las ruinas humanas que ha ido dejando este conflicto les haga recapacitar y que el sufrimiento de sus víctimas transforme la conciencia de todos los miembros de nuestra Iglesia para que esto nunca se vuelva a repetir”.

https://colombiaplural.com/lideres-catolicos-piden-perdon-la-participacion-la-iglesia-la-guerra/

El primer río en Colombia que desaparece por completo


En medio de una operación contra la minería ilegal, autoridades revelaron impresionantes imágenes que muestran la sequía de un afluente en el Cauca. ¿Por qué?

El río Sambingo hace parte de la cuenca hidrológica más importante del Pacífico caucano. Foto: Cortesia Ejército Nacional

Desde cuando se empezaron a sentir los coletazos del fuerte verano por cuenta del fenómeno del Niño, los medios y la comunidad en general concentraron sus miradas en los niveles de los dos ríos más importantes del país: el Magdalena y el Cauca

Y mientras los reflectores apuntaban a mostrar los bajos caudales de esos afluentes, en una apartada región, considerada una de las estrellas pluviales de Colombia, ocurría lo impensable: la desaparición de todo un río.

El descubrimiento fue hecho por las autoridades, quienes el pasado 22 de enero desarrollaron una operación contra la minería ilegal en el departamento de Cauca. Militares de la Tercera División del Ejército apoyados por la Fuerza Aérea y la Fiscalía llegaron hasta zonas apartadas de los municipios de Mercaderes, Bolívar y Almaguer. Todos localizados en la zona sur occidental de ese departamento.

Pero la verdadera sorpresa de las autoridades no fue encontrar maquinaria pesada y cientos de hombres y mujeres escarbando la tierra en busca de chispitas brillantes, sino observar las dantescas imágenes de desolación y sequía. “No podíamos creerlo. Ver ese panorama nos produjo muchísima tristeza, rabia y dolor”, expresó un suboficial que estuvo en la operación.

La descripción que hacía el uniformado no era para menos. Lo que él y sus compañeros vieron desde el aire fue el cauce seco de uno de los ríos más caudalosos e importantes de la región: el río Sambingo.

Ese afluente, que hace parte de la cuenca hidrológica más importante del Pacífico caucano, es tributario del Patía, otro mítico río de la región. Antes de desembocar al océano, ambos recorren casi 150 kilómetros de montañas, cañones y bosque tropical.

La riqueza fluvial del Sambingo era tan abundante antes de desaparecer, que ese río fue protagonista en diciembre del 2014 de una dolorosa tragedia invernal tras una avalancha que mató cinco personas y desapareció ocho.

La otra indignación es que en las imágenes de sequía del afluente se observa claramente que no sólo el fenómeno de El Niño es el responsable. A lo largo de su árido cauce se observan enormes grietas de volcán que no son otra cosa que las zanjas producto de la explotación minera ilegal.

En esa operación, que las autoridades denominaron ‘Espartaco‘, fueron incautadas cinco retroexcavadoras y una clasificadora, “otros elementos, que eran empleados para la realización de esta actividad ilícita, los cuales tendrían un valor cercano a $2.400 millones”, dice el comunicado oficial del Ejército.

Esas mismas fuentes oficiales aseguran que en esa actividad minera ilegal sobre el río que se secó les dejaba ingresos cercanos a $3.000 millones mensuales.

Una cifra irrisoria para el daño ambiental que causaron, y más si tenemos en cuenta que cálculos de expertos consideran que recuperar todo ese ecosistema costaría alrededor de $100.000 millones.

“Con el desembarco de las tropas en tierra y tras un minucioso análisis y un peritaje de los alrededores, se observó la desaparición de varias especies que se extinguieron debido a esta actividad depredadora alrededor del entable minero. Así mismo, desde el aire se puede apreciar el daño causado a 360 hectáreas de bosque nativo”.

La pregunta que ahora se hacen quienes lloran la desaparición del primer río en Colombia es si el Sambingo volverá a ser el caudaloso afluente cuando retornen las lluvias.

http://www.semana.com/nacion/articulo/fenomeno-de-el-nino-se-seca-el-primer-rio-en-colombia/458485

Un psiquiatra chileno revela cómo curar las heridas de la infancia para que no nos amarguen la vida


Publicado: 14 nov 2016 14:36 GMT | Última actualización: 1 dic 2016 08:24 GMT

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Una inagotable fuente de sabiduría, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo explica en una entrevista concedida a RT por qué a día de hoy solo sabemos comunicarnos con nuestros hijos a través de la violencia, cómo se pueden curar las heridas de la infancia para que no nos amarguen la vida cuando ya somos adultos y por qué el amor al prójimo no funciona si no se tiene amor propio. Vean las respuestas a todo esto y a mucho más en esta entrañable charla en RT.

En una entrevista exclusiva con RT, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo ha afirmado que cuando un psicoterapeuta ayuda a un adulto normalmente ello habla de multitud de carencias de que niño no vio satisfechas. “Aparece el reclamo del niño que vive dentro del adulto, empieza a quejarse de lo que no supo quejarse cuando era niño“, explica.

“Hay que sentir la rabia”

Según Naranjo, es tremendamente importante que los adultos sean capaces de “despertar” a ese “niño interior enojado con la frustración de su padre o madre”, el cual pueda incluso “llegar a acusarles” y que sean capaces de sentir la rabia aparentemente irracional” que tenían de pequeños. “Porque sin el permiso de sentir esa rabia, uno vive como un animal castrado“, asevera.

El psiquiatra chileno asegura que los seres humanos “somos como esos leones del circo a los que obligan a pasar por un circo ardiente a costa de hambre y del látigo”. “Todo animal puede ser domesticado, llega un momento en el que el animal se rinde. Así pasa con la vida humana también, a los adultos hay que devolverles la recuperación del dolor y de la rabia infantil para que vuelvan a estar enteros”, constata.

El camino hacia el amor

“Para amar hay que tener la libertad de decir sí o no, no puede ser uno un animal domesticado”, afirma Naranjo, añadiendo que hay que salirse de las frases tipo “tengo que ser un niño bueno” o “tengo que amar a mi padre o a mi madre”. El experto hace hincapié en que “solo desde ahí se puede propiamente recuperar el amor”.

“La rabia incondicional es como el comienzo de una nueva libertad”, apunta. En este sentido, el psiquiatra destaca que hay una contradicción en la ética cristiana, “que predica el amor al prójimo pero no predica el amor por uno mismo”. “Dice: ‘ama al prójimo como a ti mismo’, pero en la práctica es como si el mensaje que transmite la cultura es: ‘no te ames a ti mismo'”, recuerda. “El problema con eso es que no funciona el amor al prójimo si no hay amor por uno mismo“, añade.

https://actualidad.rt.com/programas/entrevista/223572-psiquiarta-heridas-infancia-amargar

La ‘derecha evangélica’


Donald Trump puede jactarse, “I’m evangelical, and proud of it” (Soy evangélico, con mucho orgullo) sin la menor sospecha del significado del término.

BENE STUDERE AUTOR Juan Stam 04 DE FEBRERO DE 2017 18:00 h

Donal Trump, derecha evangélica

Donal Trump en campaña, con una Biblia en la mano En el discurso político de nuestro tiempo, “evangélico” y “derechista” se tratan como sinónimos intercambiables. En este contexto semántico, ser evangélico significa apoyara la oposición derechista de Venezuela y Brasil.

En los Estados Unidos, significa pertenecer al Partido Republicano, a lo mejor en sus sectores más reaccionarios. Encontrar un “evangélico demócrata” es más difícil que encontrar una aguja en un pajar. En esta situación, el término “evangélico” no tiene absolutamente nada que ver con su raíz: el evangelio, las buenas nuevas del reino de Dios. De hecho, en su uso actual es un membrete que carece totalmente de significado teológico.

Donald Trump puede jactarse, “I’m evangelical, and proud of it” (“Soy evangélico, con mucho orgullo”), sin la menor sospecha del significado del término. Alzó una Biblia y la declaró el libro más grande de todos los siglos, pero no pudo citar ningún versículo favorito, ni aún Juan 3:16. (Sólo ha dicho recientemente que “ojo por ojo” le parece un texto muy apropiado para nuestro tiempo, sin darse cuenta que es frase no justifica la venganza sino que la limita). Él no acostumbra arrepentirse, dijo, porque no comete actos malos de qué arrepentirse. Así es el evangelicalismo de Donald Trump y muchos otros “evangélicos”. De hecho, muy pocas de las personas e iglesias “evangélicas” lo son realmente.

La gran mayoría son fundamentalistas, que es esencialmente lo contrario. Veamos un poco de historia: El título “evangélico” tiene una historia larga y muy honrosa. Algunas iglesias nacidas de la Reforma optaron por llamarse “Iglesia Evangélica”. En el siglo XIX los evangélicos estadounidenses luchaban por la emancipación de los esclavos y el sufragio de la mujer. Después de la guerra civil el movimiento perdió fuerza y comenzó la lucha de los fundamentalistas contra los liberales (modernistas).

Éstos últimos, en su intento de acomodar el evangelio al pensamiento moderno, negaban la deidad de Cristo y su resurrección, la inspiración bíblica y otras doctrinas históricas. Los fundamentalistas en cambio santificaron las tradiciones doctrinales como verdades absolutas más allá de todo cuestionamiento. Insistieron en la creación literal del mundo, la inspiración verbal (y después la inerrancia) de la Biblia, la deidad, resurrección y retorno de Jesús (y después, el premilenialismo y el rapto pretribulacionista). Faltó una teología de la iglesia, del Espíritu Santo, de la historia y la sociedad, entre otros renglones. Esa reduccionista teología fundamentalista iba acompañada de un código moral igualmente reduccionista: no fumar, no tomar, no bailar, no ir al cine. En los 1950s un grupo de teólogos y líderes, inspirados/as por los Reformadores del siglo XVI, decidieron romper con el fundamentalismo e iniciar un movimiento neo-evangélico que no sería ni liberal ni fundamentalista sino una nueva opción teológica.

Intentaban ser menos dogmáticos, y más bien mucho más críticos, desde la ciencia exegética y la teología bíblica. Tomaban una actitud más abierta y objetiva, más honesta, hacia los demás teólogos/as y teologías (ver “Ética y Estética del discurso teológico” en Stam, Haciendo teología en América Latina, Tomo I, pp.23-46). Se abrieron también a toda la problemática ética, incluso un incipiente compromiso con los pobres y con la justicia. En poco tiempo, como por arte de magia, al término se le pegó un adjetivo cuestionable para convertirse en “evangélico conservador”, entendido en la práctica como sinónimo de “Republicano”. Así fue que la dinamita del evangelio fue convertida en un sedante ideológico. Describir el evangelio como esencialmente “conservador” es malentenderlo seriamente.

Ya muy pocas iglesias y líderes aceptan llamarse “fundamentalistas” y todos se convirtieron en “evangélicos”, pero sólo de nombre. En su teología e ideología siguen siendo fundamentalistas. Pronto en este proceso surgió una nueva opción llamada “evangélico radical” (“evangélico progresista”, “evangélico de izquierda”). Fiel a los fundadores del movimiento, se preocupa por mantener la teología bíblica y evangélica, pero encuentra en esas fuentes otras perspectivas éticas. Apela fuertemente a la teología del Reino de Dios, un tema central también para Rauschenbush, un famoso liberal del siglo XIX. Otras bases para su ética social eran el Año Sabático y el Año de Jubileo, los profetas hebreos y también la lectura política del Apocalipsis. Se abrieron también al feminismo y la teología de la liberación, cuando estos tenían fundamentos bíblicos. Entre los evangelios radicales de EUA figuran Ron Sider. autor de Cristianos ricos en un mundo pobre, y Jim Wallis de la revista Sojourners. Entre latinoamericanos se destacan Orlando Costas, René Padilla y Samuel Escobar, entre otros. ¡Qué curioso: Los “derechistas evangélicos” no son evangélicos, y muchos evangélicos no son derechistas! Estos datos sugieren una situación muy distinta, como sigue: (1) derecha fundamentalista: Aunque la mayoría se llaman “evangélicos”, no han sido tocados por el despertar neo-evangélico. Ideológicamente son reaccionarios. (2) evangélicos conservadores: su fe ha sido renovado por el evangelio, pero siguen siendo conservadores aunque no reaccionarios.

Qué Dios los bendiga. (3) Izquierda evangélica: evangélicos radicales, comprometidos con la fe bíblica y la realidad contemporánea. Sienten un llamado profético a denunciar el pecado y la injusticia y anunciar el Reino de Dios. (Habría que agregar izquierda liberal y derecha liberal, teológicamente hablando, pero eso es otro tema).  Filológicamente, el término “evangélico” es muy polisémico y su uso pocas veces corresponde a la realidad. Las más de las veces significa simplemente “protestante”, fundamentalista y reaccionario. Son raras las veces que conserva su rico significado teológico para nuestra fe.

¿Será posible rescatar a esta palabra tan bella?

Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/39369/La_derecha_evangelica

NOTICIAS DESTACADAS EN EL BOLETIN DE JUAN CEJUDO


 

Estimados compañeros/as: Os envío una selección de los artículos publicados esta última semana, que me parecieron más interesantes. 
 
Saludos cordiales: Juan Cejudo
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LA UTOPÍA DE JESÚS: EL PROYECTO (REINO) DE DIOS. Benjamín Forcano, teólogo
 
TRUMP, ¿UNA NUEVA ETAPA DE LA HISTORIA? Leonardo Boff, teólogo
 
EL VATICANO RECONOCE SU “PREOCUPACIÓN” POR EL VETO DE TRUMP A REFUGIADOS Y MUSULMANES. Cameron Doody-Agencias
SOR LUCÍA CARAM: “YO HE RENUNCIADO A TENER RELACIONES SEXUALES Y A TENER PAREJA, PERO SIGO SIENDO UNA MUJER”
 
¿QUIÉN ES JESÚS?. Pedro Serrano García
 
LOS OBISPOS ESTADOUNIDENSES VEN IRRACIONAL, CAÓTICO Y CRUEL EL VETO DE TRUMP A REFUGIADOS Y MUSULMANES. Cameron Doody
 
LA REAPERTURA DEL CASO TARAJAL, UNA ESPERANZA CONTRA LA IMPUNIDAD
 
INMATRICULACIONES DE LA IGLESIA Y GOBIERNO. Antonio Manuel Rodríguez

La verdadera lección de “la taza de café de las misas ‘de Dorothy Day


Dorothy Day con una taza de café diferentes en 1972 (NCR foto)
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“En todo el mundo – todos los puntos preocupados, angustiados hecho del mundo – no es Cristo con los pobres, los que sufren, incluso en la copa que compartimos juntos, en el pan que comemos.”

Día -Dorothy

El biógrafo de Dorothy Day Jim Bosque cuenta una historia que por primera vez recuerdo haber escuchado en una conferencia de 1997 en la Universidad de Marquette que marca el 100 aniversario de su nacimiento: “Cuando un sacerdote cerca de la comunidad utiliza una taza de café para un cáliz en una misa celebrada en la sopa cocina en la primera calle, que luego tomó la copa, la besó, y lo enterró en el patio trasero. Ya no era adecuado para el café – que había mantenido la Sangre de Cristo. He aprendido más acerca de la Eucaristía ese día de lo que había de cualquier libro o sermón “.

ya que la historia se ha apoderado de la imaginación de muchos. Aparece en artículos de periódicos, blogs y sermones en diversas formas. En su relato de la historia, publicada en 1998, Bosque presenta caritativamente el sacerdote celebrante como un bien intencionado inocente haciendo lo que él pensaba que estaba previsto y que humildemente aprender de la experiencia.

En algunos de los recuentos, el cura se expone como una actuación advenedizo arrogante e irrespetuoso con mala intención. Como Our Sunday Visitor dice que en un artículo de 2013, por ejemplo, era un “sacerdote celebridad que se burló normas de la Iglesia.” Siempre, esta historia se cuenta de nuevo como el ejemplo clásico de reverencia del Día de la Eucaristía y por su adhesión al ritual tradiciones y reglamentos de la iglesia.

Esta historia nunca sonó verdad para mí. En primer lugar, el patio trasero en el St. Joseph House en la primera calle – donde vivía desde hace algunos años en la década de 1970 y donde se dice que la taza de café que han sido enterrados – es un pequeño cuadrado de hormigón roto, donde la basura se acumula hasta el día de recogida. El “suelo” en este patio es el detritus de granos de café, cáscaras de papa, vidrios rotos y las heces de compostaje de generaciones de gatos asilvestrados. Un sermón añade el pequeño detalle de que el Día de utilizar “una pequeña herramienta de jardinería,” pero ella habría requerido una piqueta, si no un martillo neumático, para hacer el trabajo.

Además, junto con muchos de su generación que vivió a través de la Gran Depresión, Día tenía una profunda aversión a perder, y es difícil para mí imaginar su sacrificar una buena taza de café a la perfección a cualquier escrúpulo, no importa cuán profundamente arraigado.

Columna “en peregrinación” del día publicado en The Catholic Worker en de marzo de 1966 está a menudo citado como la autoridad detrás de esta historia. “Me temo que soy un tradicionalista, en la que no me gusta ver a la misa ofrecida con una gran taza de café como un cáliz,” escribió. Aunque el Día de sí expresó su malestar por el uso de una copa en una misa dicha por un sacerdote visitante, ella no escribió acerca de enterrar la copa. Por su propio informe, Día realidad no asistir a esta liturgia a sí misma, pero sólo se enteró más tarde: “Yo no estaba allí cuando esto ocurrió a pesar de veinte de la familia de los Trabajadores Católicos estaban allí.”

Artículos y libros sobre el Día citan a menudo sus palabras “Me temo que soy un tradicionalista” para resumir y, creo, simplificar sus sensibilidades litúrgicas y su sumisión a la autoridad de la iglesia. Día fue un radical en cuestiones de guerra y paz y trabajo y la distribución de la riqueza, esta narración se va, pero siempre un católico tradicional, sosteniendo firmemente a las reglas de la iglesia y especialmente intolerante de las innovaciones en el culto.

He leído sus palabras de forma diferente a partir de 1966, y tomo Día en su palabra que ella tenía “miedo” que era un tradicionalista. Lejos de cavar en sus talones y hacer un soporte para las antiguas prácticas aceptadas, día estaba hablando confesional. Ella no estaba haciendo alarde de su tradicionalismo como una virtud, pero estaba admitiendo una debilidad por lo familiar que no era del todo orgulloso.

Interpretado en su contexto, “Me temo que soy un tradicionalista, en la que no me gusta ver a la misa ofrecida con una gran taza de café como un cáliz” habla de un momento de la verdad, una etapa de crecimiento espiritual, incluso tan tarde en su vida. Si bien reconoce su angustia por esta fractura de las rúbricas, Día dice en asombro de la realización que la trajo: “Y sin embargo – y, sin embargo – quizás pasó a recordarnos que el poder de Dios no se durmió en todos estos accesorios con los que nos rodearlo. Que en todo el mundo, en las selvas de América del Sur y Vietnam y África – todos los problemas, los puntos de hecho angustiados del mundo – hay Cristo está con los pobres, los que sufren, incluso en la copa que compartimos juntos, en el pan que comer.”

No es un escándalo para ser enterrado, la “taza de café de misas” era una epifanía, una revelación y una liberación que se celebra el Día de gratitud.

Como católico que recibió su primera comunión en 1963, tengo vagos recuerdos de los cambios en la masa, en especial de giro del uso del latín al Inglés y convirtiendo el altar alrededor, así que el sacerdote se enfrenta a las personas. Recuerdo la resistencia de mis mayores que más tarde llegó a aceptar e incluso celebrar estas innovaciones como acercándolos al Dios que adoraban. Como se evidencia en sus columnas y las entradas del diario, el día era claramente de este número.

Desde hace poco de los 60 años, estoy cada vez más conscientes de lo que significa la nostalgia. Me encuentro pidiendo disculpas a la gente más joven que trabajo para exaltar los “buenos viejos tiempos” y tener que explicar que mis archivos adjuntos a un pasado no son críticas a la forma en que están haciendo las cosas ahora. Me estoy dando cuenta de que puedo dolorosamente largo de los tiempos pasados y todavía se regocijan en las cosas nuevas y desconcertantes surgiendo por todas a mi alrededor.

Algunos tradicionalistas no reformados demandan día a su lado, citando su nostalgia por el viejo estilo de la misa y de las antiguas disciplinas de la iglesia. Pero también podía regocijarse en el nuevo, mientras escribía en su diario en 1967, “Esta misa mañana a las diez de la capilla Buen Pastor en Croton. … La participación de la gente es tan fácil y natural. No se puede concebir de las antiguas masas silenciosas, a menudo una media hora de sueño y distracción “.

Del mismo modo, se podría hablar de falta ver a las monjas en sus hábitos y, sin embargo alabar el valor de esas hermanas que podría desprenderse de tales cosas externas, todo ello sin contradicción. “El cambio puede significar el crecimiento pero duele”, escribió en 1977, y el día de extraordinario valor para aceptar el cambio, aunque a un costo personal.

La narrativa común de la falta de entusiasmo por la innovación litúrgica del día se desafía aún más por su entrada en el diario, de 8 de enero de 1972, pocos años antes de conocerla: “Allen Ginsberg llegó en esta noche. … Asistí a vísperas. Diez en el comedor mantras, algunos de los cuales nos involucró a todos cantaron – Hare Krishna entró en Jesús, María, a continuación, Virgen María, a continuación, una letanía pidiendo oraciones por todos. … Todos hemos cantado mejor ya que estaba aquí “.

Uno de los que perpetúa el mito de D. Day como un tradicionalista sin complejos fue el fallecido cardenal John O’Connor, que como arzobispo de Nueva York lanzó el motivo de su canonización. “Dorothy Day,” dijo en un sermón en 1998, “no permitiría un sacerdote para celebrar el santo sacrificio de la misa en una de sus casas a menos completamente establecidas.”

Yo era parte de la comunidad del Trabajador Católico en Nueva York durante cuatro años hasta 1979, el año antes de la muerte de Day. Durante ese tiempo, se celebró una misa al menos dos veces a la semana por varios sacerdotes y casi a diario durante un largo tramo cuando un sacerdote vivía con nosotros. Ni una sola vez asisto a una misa en nuestras casas celebrada por un sacerdote “derecho adquirido”. Algunos sacerdotes podrían poner en el alba y no a otros, pero incluso una estola no era un requisito estándar. Si Día importaba esto, ella nunca se quejó de que a mi conocimiento. Había mucho antes de llegar a entender que “el poder de Dios no se durmió en todos estos accesorios con los que nos rodean [la misa],” una verdad que parece que el cardenal fue a la tumba sin comprender.

La devoción de la noche a la presencia real de Cristo en la Eucaristía no puede ser exagerada. Recuerdo haberla visto pasar horas y horas en la oración silenciosa ante el Sacramento en la capilla de la Casa de María y en nuestra iglesia del barrio. Pero ella era igualmente dedicado a la presencia real de Cristo en los pobres. La lección sobre la Eucaristía que he aprendido desde el primer día es que la línea de sopa que se sirve todos los interesados todas las mañanas en nuestra cocina era como un ritual sagrado como la Santa Misa. Tanto en la misa y en la línea de sopa, ella nos enseñó, uno se encuentra íntimamente lo divino.

Conocí día casi 10 años después de este pivote y lleno “Taza de café de misas.” Si ella había enterrado una taza en nuestro patio trasero para evitar  el uso profano, por mi tiempo no creo que el evento habría conseguido suficiente interés para ser recordado. No me puedo imaginar que habría ocurrido a alguno de los presentes, incluyendo el día, para hacer cualquier cosa con la copa que había contenido la sangre de Cristo que lavarlo y reverentemente devolverlo al armario para el uso sagrado en la línea de la sopa del día siguiente.

Que la “taza de café de la misa” o algo parecido sucedió no es una pregunta. D. Day escribió sobre él y sobre su propia importancia. ¿Se enterrar esa copa en el patio trasero en la primera calle? Esto es muy poco probable. Un día, los arqueólogos podrían resolver el asunto. En respuesta a las preguntas del gremio de Dorothy Day, planteado en relación con la declaración rendida en el caso de su canonización, Bosque ha aclarado recientemente que “no la vio en realidad enterrar el vaso y del plato”, sino sólo que “se tomó la copa y la placa y dijo que debe ser enterrado “.

Leyendas siempre crecen en torno a la vida de los héroes y santos, y algunas de ellas, incluso las historias más extravagantes e imposibles, todavía pueden señalar e ilustrar verdades superiores. Me temo, sin embargo, que muchos de los que se alegran de volver a contar la historia de la copa enterrada deriva una lección marcadamente diferente de la “taza de café de misas” que el día se ha inventado. Bosque también revela que el celebrante “ofender” de esta misa fue el jesuita Daniel Berrigan. Es este querido amigo del Day que a menudo ha sido calumniado injustamente en el púlpito y la prensa por los que también distorsiona su mensaje.

Si la lección de esta historia no es, como algunos dicen, que la línea entre las cosas que son sagrados y los que son profanos no se debe cruzar y que las reglas en torno a los sacramentos y el culto no puede ser burlado, entonces ¿qué es? ¿Cuál es la lección que Day quiere que aprendamos?

A menudo se parafraseó e hizo suyas las palabras de San Juan Crisóstomo: “. Si no puede encontrar a Cristo en el mendigo en la puerta de la iglesia, no se le puede encontrar en el cáliz” Ella era también un estudiante de San Benito, que en su Regla para los monasterios insistió en que todos los utensilios del monasterio considerarse “como si fueran los vasos sagrados del altar”.

¿Qué día se enteró de la “taza de café de misas” era que la taza de cerámica de la que el Cristo sin hogar sorbe su café de la mañana no es menos santo y no más profano que el cáliz de oro que mantiene la sangre de Cristo en forma de vino en la misa: ” allí Cristo está con los pobres, los que sufren, incluso en la copa que compartimos juntos, en el pan que comemos “.

[Brian Terrell ha sido un Trabajador Católico desde hace más de 40 años.]

Esta historia apareció en el enero 27 hasta febrero 9, 2017 edición impresa bajo el título: La verdadera lección de “la taza de café de masas ‘de día .

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