El lenguaje religioso: desmitologización y cambio cultural : Andrés TORRES QUEIRUGA


Publicado originalmente en gallego en «Encrucillada» 198(mayo-junio 2016) 245-256.

Traducción al castellano de Koinonía, publicado en febrero de 2017.

 

En un artículo anterior traté el tema del lenguaje religioso atendiendo sobre todo a los problemas planteados por lo que Richard Rorty bautizó como “giro lingüístico” del pensamiento moderno[1]. Aquí lo doy por supuesto y tataré de tocar dos temas complementarios: el suscitado por el programa de la desmitologización defendido por el escriturista protestante Rudolf Bultmann, y el más hondo y englobante que nace de la magnitud del cambio causado por la entrada de la Modernidad[2].

 

1. La alerta de la “desmitologización”

 

1.1 La necesidad del cambio

“No se puede usar la luz eléctrica y el aparato de radio, o echar mano de modernos medios clínicos y médicos cuando estamos enfermos, y al mismo tiempo creer en el mundo de espíritus y milagros del Nuevo Testamento”[3].

Esta frase, que impresiona por su contundencia, no fue escrita ayer por uno de los nuevos ateos, sino hace ya bastantes años, el año 48 del siglo pasado, por uno de los grandes exégetas cristianos, el alemán Rudolf Bultmann. Y no la escribió para atacar a la fe cristiana, sino para defender su vigencia, aunque que, eso sí, llamando a la necesaria y urgente actualización en el modo de comprenderla y anunciarla. Fue lo que él chamó el problema de la “desmitologización”. No hace falta estar de acuerdo en todo con él, demasiado influido por un fuerte radicalismo exegético y por un claro reduccionismo teológico (muy marcado por el concepto de “autenticidad” en la filosofía de Heidegger) para comprender la seriedad del desafío y la justicia de su llamada de atención.

En el agudo y profundo prólogo a la traducción francesa de su pequeño e influyente libro sobre Jesús, Paul Ricoeur señaló bien sus límites, pero también sus méritos irrenunciables[4]. Hace una distinción, tan obvia como fundamental, entre dos niveles. Cuando su lectura invade los dominios de la ciencia, confiriendo valor de solución científica a la cosmología primitiva de la cultura bíblica –la “concepción de un mundo estratificado en tres pisos: cielo, tierra, infierno, poblado de poderes sobrenaturales que descienden aquí abajo desde allá arriba”–, el mito debe ser “pura e simplemente eliminado” (383). Pero el mito es “algo distinto de una explicación del mundo, de la historia y del destino; expresa, en términos de mundo, o más bien de ultra-mundo o segundo mundo, la comprensión que el ser humano hace de sí mismo en relación con el fundamento y con el límite de su existencia”[5]. Por eso, ante el mito, de lo que verdaderamente debe tratarse es de interpretar su intención genuina, eliminando las explicaciones objectivantes, y buscando en cambio lo que revela acerca del sentido último de la existencia.

Confrontados pues con la envoltura mítica en la que en ocasiones viene presentado el mensaje del Nuevo Testamento, es necesario tomar muy en serio la necesidad de una traducción que vaya al fondo de lo que allí se nos revela. Nada sería más opuesto a esto que una banalización que, sin estudio serio ni meditación profunda, se quedase en un barniz superficial. Ya sea despreciando todo y tirando el niño con el agua sucia de la bañera, o ya sea con una acomodación puramente formal, pudiendo llegar al ridículo de una anécdota que ya he contado: en cierta ocasión oí por casualidad a un locutor radiofónico que, pretendiendo “modernizar” el mensaje de la Ascensión, tuvo la brillante ocurrencia de describir a Cristo como “el divino astronauta”.

 

1.2 La seriedad del desafío

Ante expresiones como ésa, cuando se supera una cierta e irremediable sensación de ridículo, surge enseguida la sospecha de estar ante un problema muy grave. El ejemplo muestra, en efecto, cómo la urgencia de la reinterpretación en la comprensión y expresión de la fe enlaza con el enorme cambio cultural que desde la entrada de la Modernidad ha sacudido las raíces más hondas del pensamiento y de la expresión de la experiencia cristiana.

Porque resulta evidente que la descripción neotestamentaria no encaja en la nueva visión de un mundo que no tiene ya un arriba ni un abajo, que no se divide en lo terrenal (imperfecto, mutable y corrupto) como opuesto a lo supralunar o celestial (impoluto, circular, perfecto y divino). Por eso, tentar, como en la anécdota, forzar el encaje mediante un superficial ajuste lingüístico, lleva al absurdo; y, lo que es peor, confirma la acusación, tan extendida, de que la religión pertenece irremediablemente a una mitología pasada.

Y, una vez alertados, basta una simple mirada para comprender que no se trata de un caso aislado, sino que el problema afecta profundamente al marco mismo de las formulaciones en que se expresan las grandes verdades de nuestra fe. ¿Quién, a la vista de los datos proporcionados por la historia humana y la evolución biológica, es capaz de pensar hoy el comienzo de la humanidad a partir de una pareja perfecta, en un paraíso sin fieras y sin hambre, sin enfermedades y sin muerte? Más grave aún: ¿quién, siendo incapaz, como toda persona normal, de golpear a un niño para castigar una ofensa de su padre, puede creer en un “dios” que sería capaz de castigar durante milenios a miles de millones de hombres y mujeres, sólo porque sus “primeros padres” lo desobedecieron comiéndose una fruta prohibida?

Esto puede parecer una caricatura, y lo es en realidad; pero todos sabemos que fantasmas iguales o parecidos habitan de manera muy eficaz el imaginario religioso de nuestra cultura. Y la enumeración podría continuar, en asuntos, si cabe, más graves. Así, por ejemplo, se sigue hablando con demasiada facilidad de un “dios” que castigaría por toda una eternidad y con tormentos infinitos culpas de seres tan pequeños y frágiles como, en definitiva, somos todos los humanos. O que exigió la muerte de su Hijo para perdonar nuestros pecados; y grandes teólogos, desde Karl Barth a Jürgen Moltmann y Hans Urs von Balthasar, no se recatan de hacer afirmaciones que recuerdan demasiado aquellas teologías y aquella predicación que hablaban de la cruz como el castigo con el que Deus descargó sobre Jesús su “ira” hacia nosotros[6] …

Bien sabemos que bajo estas expresiones palpita una honda experiencia religiosa, y que, incluso, con esfuerzo y buena voluntad, resulta posible llegar a entenderlas de una manera más o menos correcta. Pero sería pastoral y teológicamente suicida no ver que el mensaje que de verdad llega a la gente normal es el sugerido por el significado directo de esas expresiones, puesto que las palabras significan dentro del contexto cultural en el que son pronunciadas y recibidas.

De otro modo, se incurre en lo que alguien llamó con acierto una “traición semántica”[7], que acaba haciendo inútil y aun contradictorio el recurso a procedimientos hermenéuticos, artificios oratorios o refinamientos teológicos, para lograr una significatividad actual, pretendiendo al mismo tiempo conservar palabras y expresiones que son deudoras del contexto anterior. Como en esos diques cuya estructura ha cedido ya a la presión de la riada, los muros de contención y los remedios provisionales son incapaces de contener la hemorragia de sentido provocada por las numerosas y crecientes rupturas del contexto tradicional. O se renueva la estructura, o el resultado sólo puede ser el desbordamiento y la catástrofe.

Como queda dicho, sería lamentable que, por culpa de ciertas exageraciones por parte de Bultmann y de ciertos alambicamientos teológicos de muchos críticos, se descuidase su grito de alerta. Piénsese que, por mucho que lo diga el libro de Josué, ninguno de nosotros es capaz de creer que el sol se mueve alrededor de la tierra; y si a nuestro lado alguien se cae al suelo por un ataque epiléptico, no podemos creer que la causa fue un demonio, aunque que así se pensase en tiempo de Jesús, o, mejor, aunque así lo diese culturalmente por supuesto el mismo Jesús.

Afirmar esto no implica de ningún modo negar el contenido religioso ni el valor simbólico (Bultmann hablaba de “significado existencial”) de esas narraciones. Lo que se cuestiona no es el significado, sino la aptitud de aquellas expresiones para vehicularlo en el nuevo contexto.

Digámoslo con un ejemplo concreto: la creación del ser humano en el capítulo 2º del Génesis sigue conservando todo su valor religioso y toda su fuerza existencial para una lectura que trate de ver ahí la relación única, íntima y amorosa de Dios con el hombre y la mujer, a diferencia de la que mantiene con las demás criaturas. Pero para verlo así, resulta indispensable traspasar la letra de las expresiones. Por el contrario, si nos mantenemos en querer leer en esos textos, de evidente carácter mítico, una explicación científica del funcionamiento real del proceso evolutivo de la vida, todo se convierte en un puro disparate[8]. De hecho, sabemos muy bien que durante casi un siglo, en este caso concreto, la fidelidad a la letra se convirtió en una terrible fábrica de ateísmo, haciendo verdad la advertencia paulina de que “la letra mata, mientras que el Espíritu vivifica” (2 Cor 3,6).

 

2. La Modernidad como cambio de paradigma cultural

Pero reducir el problema a la desmitologización sería minimizarlo, porque su necesidad se enmarca en el proceso más amplio y profundo de cambio de paradigma cultural, que, afectando al conjunto de la cultura, modifica profundamente la función del lenguaje. Resulta obvio que eso lleva consigo la urgencia de una remodelación y una retraducción del conjunto de conceptos y expresiones en que culturalmente se encarna la fe.

 

2.1 La hondura y la transcendencia de la mutación cultural

La afirmación es grave y comprometida. No cabe desconocer que tomarla en serio implica para el cristianismo una reconfiguración profunda –muchas veces incómoda e incluso dolorosa– de los hábitos mentales, de los usos lingüísticos y de las pautas piadosas. Basta pensar en un dato simple y evidente: la inmensa mayoría de los conceptos y buena parte de las expresiones en que nos llegó verbalizada la fe –en la piedad y en liturgia, en la predicación y en la teología– pertenecen al contexto cultural anterior a la Ilustración. Tienen por tanto sus raíces vitales en el mundo bíblico, fueron reconfiguradas culturalmente durante los cinco o seis primeros siglos de nuestra era, y recibieron su formulación más estable a lo largo de la Edad Media. Posteriormente hubo, desde luego, actualizaciones; pero –sobre todo en el catolicismo, por su mayor control magisterial– tuvieron por lo general un marcado carácter restauracionista (neo-escolástica barroca y decimonónica, neo-tomismo y reacción antimodernista).

La situación se agravó más todavía por el hecho de que el cambio moderno no se produjo en la evolución pacífica de un avance lineal, sino como una transición violenta. La caída de la cosmovisión antigua produjo a muchos la sensación de haber sido engañados, de que era preciso reconstruirlo todo de nuevo. Las reacciones fueron sin duda excesivas muchas veces; pero marcaban una tarea ineludible: la cultura, y por lo mismo la religión, en la medida en que era solidaria con ella, no podían seguir hablando el mismo lenguaje. No era posible continuar ni con la lectura literalista de la Biblia ni con la concepción ahistórica del dogma.

Para la teología, la tarea parecía inmensa, y no pueden extrañar las reacciones defensivas y el estilo mayoritariamente restauracionista. El resultado fue un claro atraso histórico, que agrava la situación. Por suerte, el Vaticano II, al proclamar la urgencia del aggiornamento, reconoció la necesidad de la renovación y abrió oficialmente las puertas para ponerla en marcha. Aun así, el peso de las dificultades se hizo sentir, y el miedo a lo nuevo frenó muchas iniciativas. Por fortuna, aunque a corto o medio plazo no cabe todavía esperar soluciones suficientemente satisfactorias, el nuevo pontificado de Francisco, retoma con vigor evangélico la fecunda sementera del Concilio. Si hasta entonces poco se hablaba de invierno eclesial, todo indica que, como en las higueras evangélicas, se anuncia una nueva primavera.

 

2.2 La posibilidad de cambio

Por eso hoy estaría fuera de lugar una actitud resignada y pesimista. Cuando con cierta perspectiva se piensa en los profundos cambios ocurridos sobre todo a partir del Concilio, si se está atento a los procesos de fondo que se van dando en la vida eclesial y se palpa la acogida cordial y llena de ilusionada esperanza suscitada por el nuevo papa, no resulta difícil percibir avances muy importantes. Queda mucho por hacer, ciertamente, pero la percepción profunda de esta mutación fundamental y la necesidad de continuarla constituyen ya una fuerte presencia en el ambiente general.

Las resistencias son fuertes, incluso por parte de personalidades eclesiásticas, que deberían ser las primeras en apuntarse a la renovación. Pero la misma extrañeza que produce su inconsecuencia –tan rígida y fiel al magisterio papal cuando todo parecía discurrir conforme a su ideología religiosa– y, por otro lado, la movilización eclesial que se está generando en los ambientes más sanos del cristianismo, muestran que esas resistencias perdieron protagonismo y tienen en contra el viento del Espíritu. También en este caso se realiza el principio enunciado por Hölderlin de que “donde aparece el peligro, allí crece igualmente la salvación”. Por dos razones fundamentales: porque la percepción del desajuste obliga a la claridad, y porque la nueva situación trae consigo posibilidades específicas, sólo desde ella perceptibles y realizables.

La magnitud del cambio, en efecto, permite ver mejor la estructura del problema: justamente la mutación cultural que nos impide tomar a la letra el relato de la Ascensión es la misma que nos permite liberar de su esclavitud literal el significado permanente de su significado profundo. La imposibilidad de ver el relato como una ascensión material nos deja en libertad para buscar su intención auténticamente religiosa.

Operación no fácil ni sencilla, ciertamente, puesto que entre la forma y el contenido no se trata de una relación extrínseca, ni siquiera como la que se da entre el cuerpo y el vestido. El significado no existe nunca desnudo, “en estado puro”, sino que está siempre traducido en una forma concreta: no leer la Ascensión como un subir en la atmósfera, significa necesariamente estar leyéndola ya en el marco de otra interpretación. Con todo, resulta posible la distinción, y resulta muy importante comprenderlo y afirmarlo, pues únicamente desde ahí nace la legitimidad del cambio y la libertad para emprenderlo.

Vale la pena aclararlo con un ejemplo, tomando como referente el agua y su figura (no su fórmula), en lugar del cuerpo y su vestido. No existe nunca la posibilidad de tener la figura del agua “en estado puro”: siempre tendrá la forma del recipiente –vaso o botella, jarra o palangana– que la contenga. Si no nos gusta una figura, podemos cambiarla, pero sólo a condición de substituirla por otra: la que impone el nuevo recipiente. Con todo, distinguimos bien entre el agua y sus figuras; y comprendemos que se puede cambiar de recipiente, sin que por eso deba cambiar la identidad del agua. Desde luego, en todo transvasamiento existe siempre el peligro de pérdidas y derrames; pero, si no queremos que el agua se estanque y se corrompa, la alternativa no está en conservarla siempre en el mismo sitio, sino en cuidar que el traslado resulte íntegro, sin disminución del contenido.

Con las limitaciones de todo ejemplo, algo parecido sucede con la fe y sus expresiones. La fe no existe nunca en estado puro, sino siempre en el seno de una interpretación determinada. Pero si ha de vivir en la historia, no puede quedar estancada en un tiempo determinado, sino que debe atravesarlos todos, adaptándose a sus necesidades y aprovechando sus posibilidades. Lo cual implica a la vez libertad y modestia. Modestia, porque parece claro que ninguna época puede pretender que su interpretación es única o definitiva, ni siquiera la mejor: nuestras actualizaciones son siempre provisionales. Pero libertad también, porque, precisamente por eso, toda época tiene derecho a su interpretación. Justamente porque la fe quiere ser “agua viva”, la manera de conservarla no es represarla en un depósito muerto, sino construir –con afecto y respeto, para que nada se pierda, pero también con valentía y creatividad, para que no se estanque ni corrompa– cauces siempre nuevos por los que fluya adelante, fecundando los tiempos y las culturas.

 

2.3 Los caminos del cambio

Esto es tan serio, que rompe de por sí la sacralización de cualquier configuración expresiva de la fe, incluida la primera, no digamos la medieval. Ni siquiera en la Escritura está la experiencia cristiana en estado puro, sino traducida ya a los esquemas culturales de su tiempo y a las “teologías” de los diversos autores o comunidades: el mismo Jesús hablaba y pensaba dentro de su marco temporal, que no es ni puede ser el nuestro. De hecho, la inevitabilidad de este hecho se hizo notar, de manera francamente impresionante, ya en los mismos orígenes. Porque, cuando se piensa un poco, no resulta difícil comprender la magnitud de la transformación que supuso traducir no sólo a la lengua, seno también a la cultura griega, cargada de intelectualismo filosófico, el mensaje evangélico, formulado en arameo y nacido en una mentalidad simbólica y decididamente funcional.

En la actualidad, la revolución exegética, rompiendo la prisión fundamentalista del literalismo bíblico y la renovación patrística, haciendo ver la historicidad del dogma y el amplio margen de legítimo pluralismo teológico”, puso al descubierto de manera irreversible la apertura intrínseca de la comprensión de la fe. Lo cierto es que, a pesar de las hondas resistencias restauracionistas, se han abierto grandes posibilidades no sólo para la ruptura de esquemas obsoletos, sino también para la búsqueda de nuevas fórmulas y expresiones. La floración de la teología que siguió al Concilio, imprevisible y casi insoñable pocos antes, muestra que la fecundidad de la Palabra sigue viva, capaz de fecundar el futuro.

Inicialmente el cambio exigido por la nueva cultura no resultó, ni podía resultar, fácil. De hecho, provocó una de las crisis más graves en la historia del cristianismo. Afrontarla supuso, a pesar de las resistencias, molestias y represiones, un coraje de tal transcendencia, que Paul Tillich, siguiendo a Albert Schweitzer, llegó a afirmar que “quizás a lo largo de la historia humana ninguna otra religión tuvo la misma osadía ni asumió un riesgo parecido” [9]. Por eso nunca agradeceremos bastante el aire fresco que gracias a ello entró en la Iglesia. Y ningún agradecimiento mejor que el de continuar la empresa, tratando de llevarla a su plena consecuencia. Lo que en definitiva se nos pide, por estricta fidelidad al dinamismo de la fe, es trabajar en la búsqueda de una interpretación y de su correspondiente lenguaje, que rompiendo moldes culturales que ya no son los nuestros, hagan transparente el sentido originario para los hombres y mujeres de hoy.

La nueva situación no se limita a arrojar claridad sobre el problema, sino que ofrece también nuevas posibilidades para afrontarlo. La misma conciencia de la necesidad del cambio supone ya una ayuda enorme, porque convoca a la utilización de todos los recursos de la hermenéutica moderna. Por algo estamos en la “edad hermenéutica” de la teología[10], y no como recurso ocasional, sino por profunda convicción, puesto que la experiencia religiosa, precisamente por la dificultad que ofrece la transcendencia de sus referentes, pide profundizar al máximo el ejercicio de la interpretación. No es casualidad que Friedrich Schleiermacher esté en las raíces de la hermenéutica moderna; y, yendo más allá, Richard Schäffler indicó con razón que, ya desde los griegos, la religión constituye históricamente la matriz y el modelo de toda crítica[11] .

La nueva cultura no sólo ofrece el instrumento formal de la hermenéutica, como instrumento para la interpretación renovada de lo recibido. Ofrece igualmente algo acaso más importante: al abrir campos inéditos a la comprensión humana, amplía el espacio del intellectus fidei (la comprensión de la fe) y aumenta los recursos para expresarlo y hacerlo accesible a la sensibilidad actual.

Piénsese, por ejemplo, en las brechas que en la incomprensión ambiental del fenómeno religioso abrieron teologías como las de la esperanza, de la política y de la liberación, gracias a que supieron aprovechar los medios ofrecidos por el análisis social. Y en otro sentido, cabe valorar también el aporte que viene desde la ciencia psicológica; que muchas veces su entrada resulte conflictiva, como en el caso Jacques Pohier o en el de Eugen Drewermann, no invalida la constatación, sino que la confirma, pues indica que toca puntos sensibles y bien reales[12]. Desde aquí puede recibir ayudas fecundas y purificadoras un campo tan sensible e importante como el de la moral, que, cada vez más consciente de su autonomía, tiene delante de sí la urgente y delicada tarea de clarificar su verdadera relación con la teología; en definitiva, con la religión[13].

En general, es importante aprender a valorar cada vez más el hecho de que el auténtico progreso cultural, lejos de ser una amenaza para la fe, constituye un fuerte enriquecimiento. De hecho, la historia reciente muestra claramente que una alianza crítica con aquella parte de la cultura que busca lo verdaderamente humano (y por eso mismo, “divino”) fue siempre beneficiosa para las iglesias: piénsese, por ejemplo, en la tolerancia, la democracia o la justicia social.

En una palabra, si ante la cuestión estructural el lenguaje religioso ha de buscar su renovación acudiendo sobre todo a los hondos recursos de la tradición bíblica, del diálogo de las religiones y de la experiencia religiosa e incluso mística, en lo que respecta al desafío cultural son principalmente las ciencias humanas las que han de ser aprovechadas. Y no cabe duda de que una apertura generosa y una utilización al mismo tiempo crítica y valiente ofrece ricas posibilidades para ir afrontando la difícil pero irrenunciable tarea de la retraducción del cristianismo que postula nuestra situación cultural.

 

 

 


[1] De Flew a Kant: Empirismo e obxectivación na linguaxe relixiosa: Grial 30 (1992) 494-508.

[2] Con ligeras variantes y complementos, tomo el texto de mi libro Fin del cristianismo premoderno. Retos hacia un nuevo horizonte, Sal Terrae, Santander 2000, 70-78. (De este libro hay traducción portuguesa: Fim do cristianismo pré-moderno. Desafios para um novo horizonte, Ed. Paulus, São Paulo 2003, e italiana, algo aumentada, Quale futuro per la fede? Le sfide del nuovo orizzonte culturale, Elledici, Torino 2013).

[3] Neues Testament und Mythologie, en Kerygma und Mythos (hrsg. von H.W. Bartsch), Hamburg 1948, 18; cf. Zum Problem der Entmythologisierung, en Glauben und Verstehen IV, Tübingen 1967, 128-137.

[4] “Préface à Bultmann”, en Le conflit des interprétations, Paris 1969, 373-392.

[5] Cf. Ibid., 388-386.

[6] Ver, por ej., B. Forte, Jesús de Nazaret, historia de Deus, Madrid 1983, 255-268, que aporta muchos datos y que, por fortuna, a pesar de un discurso en el que de algún modo acepta esta visión horrible, sabe leer en la cruz el increíble amor de Deus. Esto último es sin duda lo que todos queren decir (¿cómo serían teólogos, si no?); pero el afán de conservar la letra de ciertos pasajes de la Escritura los lleva a ese tipo de retórica teológica. Retórica que de entrada resulta muy eficaz, pero que con el tiempo deja ver los estragos de su incoherencia en un contexto secularizado, que, interpretándolas en su sentido normal, las encuentra absurdas e insufribles.

[7] Expresión de P. Fernández Castelao, O transfondo da finito. A revelación na teoloxía de Paul Tillich, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2000.

[8] Cf. las acertadas observaciones de P. Ricoeur, Finitude et culpabilité. II La symbolique du mal, Paris 1960, 13-30.323-332.

[9] Teoloxía Sistemática II, Barcelona 1972, 146. A. Schweitzer afirma que esa empresa “representa la empresa más poderosa que jamás osó realizar la reflexión religiosa” (Geschichte der Leben-Jesu-Forschung, München-Hamburg 1976, 45).

[10] Cf. J. Greisch, L’âge herméneutique da raison, Paris 1985; C. Geffré, O cristianismo ante o risco da interpretación. Ensaios de hermenéutica teolóxica, Madrid 1984.

[11] Religion und kritisches Bewusstsein, Freiburg / München 1973, 90-91, 95-99, 105, 109, 118, 160.

[12] Cf. J. I. González Faus.- C. Domínguez Morano.- A. Torres Queiruga, Clérigos en debate, Ed. PPC, Madrid 1996.

[13] Tema que, a mi parecer, no está recibiendo toda la atención que merece. Me permito remitir a los capítulos IV-V de mi libro Recupera-la creación. Por unha relixión humanizadora, SEPT, Vigo 1996 (hay trad. castellana: Recuperar la creación. Por una religión humanizadora, Sal Terrae, Santander 1997; 3ª ed. 2001; y también portuguesa y alemana).

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ESPAÑA: Memoria de Alberto Iniesta


por Blogger

eclesalia@eclesalia.net

jornada-iniestaMEMORIA DE ALBERTO INIESTA
Su legado en la Iglesia de hoy
EMILIA ROBLES, proconcil@proconcil.org
MADRID.

ECLESALIA, 17/02/17.- El sábado 25 de marzo se celebrará en Madrid una jornada dedicada a la recuperación de la memoria del obispo Alberto Iniesta, fallecido el 3 de enero de 2016 en Albacete, su tierra natal, bajo el lema “Memoria y legado de Alberto Iniesta para la Iglesia de hoy”.

Alberto Iniesta fue obispo auxiliar de Madrid, incardinado en la Vicaría IV de Vallecas (primer obispo del madrileño y obrero barrio de Vallecas, compuesto de muchos barrios).

Cuando Alberto Iniesta llegó como obispo a Vallecas, a principio de los años 70, se encontró con una realidad social de pobreza y de desarraigo, con una población muy diversa de gente con raíces vallecanas -los menos- y de emigración forzosa -los más- provenientes de las periferias de Andalucía, Extremadura y La Mancha, principalmente; con parroquias hechas en barracones, cuyos curas trataban de llegar a la gente; con familias que vivían situaciones de precariedad…

Los aires nuevos del Concilio, la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI, la Conferencia de Medellín en América Latina tienen sus resonancias en una Iglesia que quiere estar más atenta al mundo y comprometerse con el desarrollo de los pueblos y de las personas. En relación con ello está la actuación y compromiso de los curas obreros, de las religiosas y religiosos en barrios, el desarrollo de los Movimientos Apostólicos como la JOC (Juventud Obrera Cristiana), la HOAC (Hermandad Obrera católica), el MAS (Movimiento Apostólico Seglar), la JAR (Juventud Agraria Rural), la JEC (Juventud Estudiante Católica), la JIC (Juventud Independiente Católica), el Junior, etc.

Respecto a los religiosos/as, Alberto siempre tuvo mucha cercanía y apoyó fuertemente la inserción en los barrios.

Todo esto en un contexto tenso de relaciones entre Iglesia y Estado. A la época de una “luna de miel” entre el primer gobierno de Franco, que se quiere apoyar en la Iglesia y una Iglesia que se deja querer y acepta un concordato que la privilegia, le sucede una época de crítica a esta situación desde dentro de la propia Iglesia y un deseo de tomar distancia entre la Iglesia y el Estado. Una fuerte expresión de ello se da en la Asamblea Conjunta Obispos Sacerdotes en el año 1971. Y allí estaba, participando con todo su entusiasmo, Alberto Iniesta.

Sus expresiones más comprometidas tienen que ver con los obreros que sufren injusticia o silenciamiento, con los militantes reprimidos y encarcelados, con la gente que sufre los efectos de la miseria y la marginación, con las penas de muerte…

Fue co-impulsor y acompañante desde su ministerio episcopal de la I Asamblea Cristiana de Vallecas, en la que participaron trabajando durante meses más de 200 grupos cristianos, en un proceso de reflexión a partir de su propia vida, de la realidad de la Iglesia y de sus barrios. Esta Asamblea que se iba a celebrar el 15 de marzo de 1975 fue suspendida por orden gubernativa. Alberto Iniesta no se marchó de la puerta hasta que el último de los asistentes no lo hizo, para evitar detenciones. Hablando de ella dijo “Queremos una iglesia valiente, realista y en marcha”

Acompañó con su reflexión, a veces crítica, pero siempre amorosa y abierta y con su afecto y apoyo, a las primeras iniciativas que cuestionaban la obligatoriedad del celibato para los curas, a quienes estudian las ventajas e inconvenientes del divorcio… Nada humano le fue ajeno. Un hombre que se interesaba por la cultura, de mente abierta, que rebosaba sensibilidad y misericordia, al tiempo que procuraba ser coherente y libre, con lo que sentía que Dios le pedía. Un hombre sencillo, que no ponía ninguna distancia.

Alberto fue un hombre radical y auténtico, un místico y un profeta, sin tentaciones rupturistas, ni en la Iglesia local, ni en la Iglesia universal. Uno de sus puntos fuertes era pensar en la Iglesia como “comunidad de comunidades”, trabajando siempre la unidad profunda en la diversidad y practicando una comunión multidireccional, una comunión respetuosa y dialogante con las búsquedas profundas sustentadas en el Evangelio, aunque no hubiera coincidencia en todo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Objetivos de la Jornada

A la luz de la vida, la fe y el compromiso eclesial  y social de Alberto Iniesta, queremos hacer un proceso que pasa por:

  1. analizar su testimonio como creyente, como teólogo, como obispo pastor y como ciudadano, con los aportes de quienes más lo conocieron;
  2. profundizar en los valores y actitudes que, desde el Vaticano II, siguen vigentes hoy para construir la Iglesia y la sociedad que Dios quiere en las circunstancias actuales;
  3. para ello debemos afrontar los desafíos de nuestro presente y actuar en consecuencia con alegría y esperanza.

Convocatoria

Nuestra convocatoria es inclusiva como lo fue nuestro obispo y como el Evangelio nos invita a ser. Nos dirigimos a todas personas que han conocido a Alberto Iniesta, pero también a los que no lo han conocido y no tienen una idea clara de lo que representa; nos dirigimos a los grupos, comunidades de base y redes; a las comunidades religiosas,  a las gentes de nuestras parroquias, incluso aquellas que estén en “otra onda” pero tienen curiosidad; nos dirigimos a los medios de comunicación de Iglesia o civiles. Invitamos a personas de cualquier lugar y procedencia; y muy especialmente de toda la diócesis de Madrid en su conjunto, sin hacer acepción de personas, cargos o situación. No es fácil llegar a la gente más joven, pero os pedimos toda la colaboración para que también los más jóvenes de vuestras parroquias, colegios, comunidades, asociaciones… puedan apreciar este testimonio vivo.

LA RESTAURACIÓN DEL DIACONADO FEMENINO


 14 febrero, 2017

Alberto-de-Mingo(Alberto de Mingo, CSsR) Redentorista y profesor de Teología Bíblica. Nos propone un artículo interesante, arriesgado y fundamentado. La realidad y la reflexión teológica están pidiendo resituar la presencia de la mujer en la sociedad y la Iglesia. Hay que volver a la Escritura, leerla en la sana tradición de la comunión y dejar que dé vida en el compromiso de la mujer para transformar el mundo. Queda mucho por hacer. El papa Francisco ha abierto la reflexión, estamos en proceso. Veremos.

Una Comisión de Estudio

El 12 de mayo de 2016, durante una audiencia con 900 religiosas reunidas para la asamblea trienal de la Unión Internacional de Superioras Generales, una de las religiosas preguntó al Papa:

“En la Iglesia existe el ministerio del diaconado permanente, pero sólo está abierto a varones casados y no-casados. ¿Qué impide que la Iglesia incluya mujeres entre los diáconos permanentes, como sucedía en la iglesia antigua? ¿Por qué no se crea una comisión oficial que estudie la cuestión?”.

El papa Francisco contestó que había consultado el tema tiempo atrás con un “buen y sabio profesor”, que le había dicho que no estaba claro cuál era el rol histórico de las diaconisas y, sobre todo, “si tenían ordenación o no”. “¿Poner en marcha una comisión para estudiar la cuestión?” –Se preguntó en voz alta– “Creo que sí. Le haría bien a la Iglesia aclarar este punto. Estoy de acuerdo, voy a hablar para hacer esto. Acepto la propuesta”1.

Dicho y hecho. El dos de agosto se creó la Comisión de Estudio sobre el Diaconado Femenino, formado por seis hombres y seis mujeres; entre ellos, dos españoles: Nuria Calduch, barcelonesa, profesora de Teología Bíblica en la Universidad Gregoriana de Roma y miembro de la Pontificia Comisión Bíblica; y Santiago Madrigal, riojano, profesor de Teología Dogmática en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.

Los doce miembros están presididos por el arzobispo Luis Ladaria, también español –mallorquín–, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Las labores de la Comisión empezaron en septiembre de 20162.

Diaconisas en el Nuevo

Testamento

Al final de la Carta a los Romanos, San Pablo presenta a la comunidad cristiana de Roma a Febe, persona de confianza del Apóstol:

“Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diácono (diákonos) de la iglesia de Cencreas. Recibidla en el Señor, como corresponde a creyentes, y ayudadla en lo que necesite de vosotros, pues también ella ha sido benefactora de muchos, entre ellos de mí mismo” (16,1-2).

Cencreas era una localidad cercana a Corinto, en Grecia; Febe era diácono de la comunidad cristiana de esta ciudad. Se dice también que era ‘benefactora’ (prostátis), un título que da a entender que ayudaba con sus bienes a la Iglesia. Era, pues, una mujer con recursos económicos que se había puesto al servicio de la misión, probablemente ofreciendo también su casa para la celebración de la eucaristía (recordemos que en este momento la Iglesia no tiene templos, la comunidad se reúne en casas privadas). Febe fue la portadora de la Carta a los Romanos, la más importante epístola de San Pablo3.

Existe otro texto en el Nuevo Testamento en el que se podría estar hablando de mujeres diáconos:

De la misma manera, los diáconos deben ser hombres respetables, de una sola palabra, moderados en el uso del vino y enemigos de ganancias deshonestas. Que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se los pondrá a prueba, y luego, si no hay nada que reprocharles, se los admitirá al diaconado. Que las mujeres sean igualmente dignas, discretas para hablar de los demás, sobrias y fieles en todo (1 Timoteo 3,8-11).

¿Son estas “mujeres” esposas de los diáconos varones o diaconisas? Algunos padres de la Iglesia, como san Clemente de Alejandría o san Juan Crisóstomo, interpretaron este texto en el sentido de ‘diaconisas’, pero ambas lecturas son posibles4.

Diaconisas en los siglos II y III

El primer informe sobre el cristianismo escrito por un no-cristiano es la carta al emperador Trajano de Plinio el Joven, entonces gobernador de la provincia de Bitinia, en la orilla Sur del Mar Negro (año 112). En ella, Plinio menciona que para su pesquisa, torturó a dos cristianas, ambas esclavas, que eran diaconisas5.

Se han conservado otros testimonios sobre la actividad de las diaconisas durante estos siglos de persecución. Uno de los textos más impresionantes se encuentra en Didascalia Apostolorum, un libro del siglo III que estuvo perdido durante mucho tiempo hasta que fue redescubierto en el siglo XIX. Encontramos allí estas instrucciones para los obispos:

Por tanto, obispo, designa tres operarios de justicia como asistentes que colaboren contigo en la salvación. Aquellos que te plazcan de entre todos, debes elegir y nombrar diáconos: un hombre para la realización de la mayoría de las cosas necesarias, pero una mujer para el servicio de las mujeres. Pues hay casas a las que tú no puedes ir, ni puedes enviar un diácono a sus mujeres, debido a los paganos, pero puedes enviar una diaconisa. También porque en muchas otras materias se necesita el oficio de una mujer diácono. En primer lugar, cuando las mujeres bajan al agua [para ser bautizadas], deben ser ungidas por una diaconisa con el óleo de la unción; […] pues no es adecuado que las mujeres sean vistas por hombres […]. Que sea un hombre quien pronuncie la invocación de los divinos nombres sobre el agua y cuando la que está siendo bautizada salga del agua, que la diaconisa la reciba, la enseñe e instruya sobre cómo mantener intacto el sello del bautismo en pureza y santidad. Por esta causa decimos que el ministerio de la diaconisa es especialmente necesaria e importante. Pues nuestro Señor y Salvador también fue servido [en griego, diakonein] por mujeres ministras, María Magdalena, y María la hija de Santiago y madre de José, y la madre de los hijos de Zebedeo, junto con otras mujeres. Y tú también tienes necesidad del ministerio de una diaconisa para muchas cosas; pues se necesita una diaconisa para ir a las casas de los paganos en las que haya mujeres creyentes y visitar a las que están enfermas y servirlas en lo que sea necesario y bañar a las que han empezado a recobrarse de la enfermedad (Capítulo XVI)6.

Este texto permite hacernos una idea de la figura de la diaconisa en la iglesia de las catacumbas. Era peligroso o imposible para un hombre entrar en ciertas casas para hablar con sus mujeres, pero las diaconisas podían penetrar más fácilmente en estos espacios domésticos para atender pastoralmente a las mujeres y niños de una familia en la que un hombre no-cristiano ejercía su autoridad.

Otra situación que requería el ministerio del diaconado femenino era la administración del bautismo. Durante los primeros siglos, este sacramento se administraba siempre por inmersión y tanto hombres como mujeres se introducían desnudos al agua7. El pudor exigía que las mujeres fueran bautizadas por mujeres y no por hombres; las diaconisas ejercían este ministerio litúrgico, pero también se encargaban de instruir a las bautizadas en la vida cristiana. Otra función importante era la atención a las enfermas, que podría haber incluido la unción.

Diaconisas en Oriente y Occidente en los siglos posteriores

El final de las persecuciones –con la promulgación del Edicto de Milán en el año 313– no supuso el final del diaconado femenino, como atestigua este canon del Concilio de Calcedonia, celebrado en el año 451: “una mujer no debe recibir la imposición de manos como diaconisa antes de los cuarenta años de edad, y entonces sólo tras severo examen”8.

Una importante fuente de información sobre las diaconisas de este período son las inscripciones funerarias. Se han descubierto numerosas tumbas con lápidas que dejan claro que la mujer enterrada en ella es una diaconisa. Sirva como ejemplo este texto, que pertenece a un sepulcro encontrado en Capadocia (Turquía) y procede del siglo VI:

“Aquí yace la diaconisa María, de pía y bendita memoria, que siguiendo las palabras del apóstol, educó niños, acogió huéspedes, lavó los pies de los santos y compartió su pan con los necesitados. Recuérdala, Señor, cuando vengas en tu Reino”9.

Concilios locales celebrados en Occidente a inicios de la Edad Media empiezan a dar cuenta del malestar del clero masculino con las diaconisas y algunos decretan su supresión. El diaconado de las mujeres fue interrumpido en Occidente en el siglo V. En Oriente, subsistió hasta el siglo XII o XIII. Aun hoy, se siguen celebrando en Iglesia Ortodoxa las fiestas de varias santas diaconisas, como Melania, Olimpia, Xenia, Radegunda, Platonia, etc.

¿Estaban ordenadas las

diaconisas?

Existe una amplísima documentación sobre las diaconisas durante los primeros siglos de la Iglesia. Nadie puede, en buena fe, cuestionar que existieron; la duda está –como mencionó el papa Francisco– en si estaban ordenadas, si realizaban todas las competencias del diaconado masculino y si se las consideraba miembros del clero al igual que los diáconos varones. Esta es una cuestión complicada, porque durante los primeros siglos, la teología sacramental no estaba aun totalmente desarrollada y la cuestión de la ordenación no se planteaba con la precisión que se ganó en siglos posteriores.

Existe un texto en el que se habla de la ordenación de mujeres diaconisas mediante la imposición de manos, invocación del Espíritu Santo y celebración solemne presidida por el obispo en presencia del presbiterio, elementos propios del sacramento del Orden: las Constituciones Apostólicas. Las Constituciones Apostólicas es un libro, compuesto probablemente en Siria, que transmite supuestas instrucciones de los doce apóstoles. Estas enseñanzas en realidad no proceden de los apóstoles, sino que reflejan prácticas eclesiásticas de la época en la que se compuso el libro, el siglo IV. En él, podemos leer: “Acerca de las diaconisas Bartolomé ordena: Obispo, imponle las manos, estén presentes contigo el presbiterio, los diáconos y las diaconisas, y di: ‘Dios eterno, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Creador del hombre y de la mujer, que llenaste de espíritu a Miriam, a Débora, a Ana, y a Juldá, que no has considerado una indignidad que tu Hijo unigénito naciera de una mujer, que en la Tienda del Testimonio y en el Templo ordenaste guardianas de tus santas puertas, ahora también dirige tu mirada sobre esta sierva propuesta para el diaconado, dale el Espíritu Santo, purifícala de toda mancha de la carne y del espíritu, para que realice con dignidad la obra que le es confiada para gloria tuya y alabanza de Cristo. Por medio de Él, a ti gloria y adoración en el Espíritu Santo por los siglos. Amén’” (VIII, 19-20)10.

Los más críticos con la ordenación diaconal de las mujeres afirman que no hay pruebas irrefutables, que demuestren más allá de toda duda que las diaconisas de la Iglesia Antigua estaban ordenadas en el sentido sacramental. Phyllis Zagano, profesora de la Universidad Hofstra (Nueva York), una mujer que ha dedicado su vida a investigar sobre el diaconado femenino y que ha sido elegida miembro de la Comisión de Estudio convocada por el Papa, ha escrito que: “Existen argumentos más fuertes de la Escritura, historia, tradición y teología de que las mujeres pueden ser ordenadas diáconos de que las mujeres no pueden ser ordenadas diáconos”. Esta autora defiende la tesis de que “La restauración del diaconado femenino es necesaria para la continuidad de la vida apostólica y el ministerio de la Iglesia Católica Romana”11.

La restauración del diaconado permanente

Desde principios del siglo II, la Iglesia se ha organizado con una triple jerarquía. Cada diócesis es regida por un único obispo, asistido por presbíteros y diáconos. La función del diácono es ayudar al obispo, especialmente en los servicios caritativos de la comunidad (diákonos en griego quiere decir servidor), pero también en otras funciones tanto litúrgicas como formativas.

Al comienzo de la Edad Media, el diaconado permanente –tanto masculino como femenino– fue suprimido en Occidente; sólo quedó el diaconado temporal como paso previo a la ordenación presbiteral (reservado por tanto sólo a los varones). El Concilio Vaticano II recomendó la restauración del diaconado permanente:

“… se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la Jerarquía. Corresponde a las distintas Conferencias territoriales de Obispos, de acuerdo con el mismo Sumo Pontífice, decidir si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles. Con el consentimiento del Romano Pontífice, este diaconado podrá ser conferido a varones de edad madura, aunque estén casados, y también a jóvenes idóneos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato” (Lumen Gentium, 29).

Siguiendo este mandato, el papa Pablo VI restauró en 1967 el diaconado permanente mediante la Carta Apostólica Sacrum diaconatus ordinem12. La cuestión que se plantea hoy es si esta restauración del diaconado permanente puede ampliarse para incluir a las mujeres –casadas o célibes–.

El documento de la Comisión Teológica Internacional, El diaconado: evolución y perspectivas –publicado en el año 2002–, es el documento oficial más amplio dedicado al estudio del diaconado femenino hasta la fecha y su lectura resulta imprescindible para cualquier persona interesada en este tema13. Después de larga consideración, tanto de datos históricos como de argumentos teológicos, concluye así:

En lo que respecta a la ordenación de mujeres para el diaconado, conviene notar que emergen dos indicaciones importantes de lo que ha sido expuesto hasta aquí: 1) las diaconisas de las que se hace mención en la Tradición de la Iglesia antigua –según lo que sugieren el rito de institución y las funciones ejercidas– no son pura y simplemente asimilables a los diáconos; 2) la unidad del sacramento del Orden, en la distinción clara entre los ministerios del obispo y de los presbíteros, por una parte, y el ministerio diaconal, por otra, está fuertemente subrayada por la Tradición eclesial, sobre todo en la doctrina del concilio Vaticano II y en la enseñanza posconciliar del Magisterio. A la luz de estos elementos puestos en evidencia por la investigación histórico-teológica presente, corresponderá al ministerio de discernimiento que el Señor ha establecido en su Iglesia pronunciarse con autoridad sobre la cuestión.

La cuestión de la ordenación de las mujeres, dictaminaba la Comisión Teológica Internacional hace quince años, está a la espera de un pronunciamiento del Magisterio de la Iglesia.

En 2009, el papa Benedicto XVI modificó el derecho canónico para aclarar la diferencia entre diáconos y presbíteros. Sólo estos últimos pueden considerarse sacerdotes que actúan “en la persona de Cristo” (in persona Christi)14. Esta distinción despeja un importante obstáculo a la ordenación diaconal de las mujeres: una razón que se esgrime en contra de la ordenación sacerdotal de la mujer es que el presbítero y el obispo, por el hecho de actuar in persona Christi, deben ser varones para mejor reflejar a Jesús, que era varón. Este argumento no puede aplicarse para negar la ordenación diaconal a las mujeres.

Importantes teólogos y hombres de Iglesia se encuentran hoy a ambos lados del debate sobre la ordenación diaconal de las mujeres: el Cardenal Kasper, muy próximo al papa Francisco, se ha mostrado a favor15; el Cardenal Müller, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se ha pronunciado en contra de que pueda conferirse a las mujeres cualquier tipo de ordenación16. En la Comisión de Estudio, hay personas que se han manifestado a favor, otras en contra y otras que no se han pronunciado públicamente en ninguna de las dos direcciones.

Beneficios pastorales de la

ordenación diaconal de las mujeres

Personalmente, pienso que la ordenación diaconal de la mujer sería un paso adelante para la Iglesia Católica. Según los evangelios, algunas mujeres “habían seguido a Jesús y lo habían servido [en el texto griego, se utiliza aquí el verbo diakonein] desde que estaba en Galilea y habían subido con él a Jerusalén” (Marcos 15,40). Hoy son millones las mujeres católicas consagradas al cuidado a los enfermos, a la educación de los niños y al acompañamiento de los ancianos; a la administración de obras de misericordia; al estudio y docencia de la Teología; y a tantas antiguas y nuevas formas de servicio eclesial. Algunas de ellas presiden la liturgia de la Palabra y la distribución consiguiente de la comunión en lugares donde no llegan los sacerdotes. Desde los tiempos de Jesús hasta el presente, ha habido siempre mujeres que han ejercido la diaconía como servicio –estuvieran ordenadas o no–.

La formalización del servicio de las mujeres mediante la ordenación diaconal daría visibilidad pública a algo que es ya real y abriría al mismo tiempo nuevos caminos. Las diaconisas podrían predicar homilías; celebrar bautizos y bodas; así como participar en los órganos de gobierno de la Iglesia como miembros del clero. Con la incorporación de mujeres cualificadas y probadas, la Jerarquía católica se enriquecería enormemente y el Pueblo de Dios estaría mejor servido, tanto en la celebración de los sacramentos –con hombres y mujeres en torno al altar– como en el ejercicio cotidiano de las obras de misericordia.

Las reuniones de la Comisión comenzaron el pasado mes de septiembre. Recemos para que sus trece hombres y mujeres disciernan la voluntad del Espíritu Santo para nuestros días y allanen el camino a la decisión que el Papa debe tomar.

Miembros de la Comisión de

Estudio

Núria Calduch Benages, española, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica y profesora de la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma).

Francesca Cocchini, italiana, profesora de la Universidad La Sapienza (Roma) y del Instituto Patrístico Augustinianum (Roma).

Piero Coda, italiano, presidente del Instituto Universitario Sophia (Loppiano, Italia) y miembro de la Comisión Teológica Internacional.

Robert Dodaro, estadounidense, presidente del Instituto Patrístico Augustinianum (Roma).

Santiago Madrigal, español, profesor de eclesiología de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid).

Maria Melone, italiana, presidente de la Universidad Pontificia Antonianum (Roma).

Karl-Heinz Menke, alemán, profesor emérito de Teología dogmática de la Universidad de Bonn y miembro de la Comisión Teológica Internacional.

Aimable Musoni, ruandés, profesor de eclesiología de la Pontificia Universidad Salesiana (Roma).

Bernard Pottier, belga, profesor del Instituto de Estudios Teológicos de Bruselas y miembro de la Comisión Teológica Internacional.

Marianne Schlosser, alemana, profesora de la Universidad de Viena y miembro de la Comisión Teológica Internacional.

Michelina Tenace, italiana, profesora de Pontificia Universidad Gregoriana (Roma).

Phyllis Zagano, estadounidense, profesora de la Universidad Hofstra (Nueva York).

Presidente de la Comisión: Arzobispo Luis Ladaria, español, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

1 La noticia apareció en numerosos medios de comunicación. Por ejemplo en: https://es.zenit.org/articles/el-papa-acepta-crear-una-comision-que-estudie-el-diaconado-femenino/ (Consultado el 20 de enero, 2017).

2 El nombramiento de la comisión fue anunciado el 2 de agosto. Cfr. http://es.radiovaticana.va/ news/ 2016/08/02/el_papa_crea_comisión_de_estudio_sobre_diaconado_de_mujeres/1248798 (Consultado el 20 de enero, 2017). Las reuniones se iniciaron en septiembre de 2017, pero poco se ha sabido de su desarrollo desde entonces.

3 He comentado sobre las mujeres en torno a San Pablo en mi artículo: Alberto de Mingo, San Pablo y las mujeres: Moralia 26 (2003) 7-29.

4 Clemente de Alejandría, Stromata 3.12; Juan Crisóstomo, Homilías sobre Primera Carta a Timoteo 11.11. He consultado las versiones on-line ofrecidas por http://www.newadvent.org (Consultado el 20 de enero, 2017).4

5 Epístola 10,96. El texto, que se conserva en latín, usa la palabra “ministrae”, que significa “diaconisas”.

6 Traducción mía del inglés. Tomado de la traducción al inglés de Hugh Connolly, disponible en: http://www.earlychristianwritings.com/text/didascalia.html (consultado el 20 de enero, 2017).

7 Hipólito de Roma, La Tradición Apostólica, Sígueme, Salamanca 1986, 75.

8Canon 15.http://www.earlychurchtexts.com/public/chalcedon_canons.htm (consultado el 20 de enero, 2017).

9 Ute E. Eisen, Women Officeholders in Early Christianity: Epigraphical and Literary Studies, Liturgical Press, Collegeville 2000, 166.

10Wilhelm Ültzen (editor), Constitutiones Apostolicae: textum graecum recognovit, praefatus est, annotationes criticas et indices subiecit, Sumptibus Stillerianis 1853, 219. Disponible en: http://books.google.com

11 Phyllis Zagano, Holy Saturday. An argument for the restoration of the female diaconate in the Catholic Church, New York: Crossroads 2000, edición electrónica. Otras obras de la autora: Phyllis Zagano (ed.), Women Deacons? Essays with Answers, Liturgical Press, Collegeville 2016; Phyllis Zagano, Women in Ministry: Emerging Questions on the Diaconate, Paulist Press, Mahwah 2012; Phyllis Zagano – Gary Macy – William T. Ditewig, Women Deacons: Past, Present, Future, Paulist Press, Mahwah 2011.

12 Disponible en: http://w2.vatican.va/content/paul-vi/la/motu_proprio/documents/hf_p-vi_motu-proprio_19670618_sacrum-diaconatus.html (Consultado el 20 de enero, 2017).

13 Disponible en: http://www.vatican.va /roman_curia/ congregations/cfaith/cti_documents/rc_con_cfaith_pro_05072004_diaconate_sp.html#CAP%CDTULO_I (Consultado el 20 de en enero, 2017).

14 “El canon 1009 del Código de derecho canónico de ahora en adelante tendrá tres parágrafos, en el primero y en el segundo de los cuales se mantendrá el texto del canon vigente, mientras que en el tercero el nuevo texto se redactará de manera que el canon 1009 §3 resulte así: ‘Aquellos que han sido constituidos en el orden del episcopado o del presbiterado reciben la misión y la facultad de actuar en la persona de Cristo Cabeza; los diáconos, en cambio, son habilitados para servir al pueblo de Dios en la diaconía de la liturgia, de la palabra y de la caridad’.” Carta Apostólica Omnium in mentem. http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/apost_letters/documents/hf_ben-xvi_apl_20091026_codex-iuris-canonici.html (Consultado el 20 de en enero, 2017).

15 http://www.americamagazine.org/issue/kasper-proposes-women-deacons

16 https://zenit.org/articles/women-deacons-a-perspective-on-the-sacrament-of-orders/.

https://vidareligiosa.es/la-restauracion-del-diaconado-femenino/

CELAM, MEDELLIN 1968 CINCUENTA AÑOS Y GERARDO VALENCIA CANO UN MANDALA ECLESIAL QUE IRRADIA Y TRANSFORMA. OLGA LUCIA ALVAREZ BENJUMEA ARCWP*


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Hay días que me levanto inundada en la presencia de la Esencia Divina, que hace que mi pluma se mueva a escribir, para dar a conocer la labor Divina que no ha cesado de trabajar un solo día para manifestarse, dándose a conocer donde la Humanidad que El/Ella, creó y sigue creando, ama y protege, allí, donde más se le busca y necesita.

 

Algo de historia. El documento de Medellín, no fue hecho de la noche a la mañana…hubo consultas previas de ir y venir borradores enviados a los diferentes Departamentos y Comités,  a sus expertos asesores para cada uno de los temas propuestos. De esto, fueron varios meses de trabajo y desvelo intenso. Se trabajaba con amor, dedicación y ahínco. El servir, vivir y sentir de Iglesia, es algo que en la sangre se lleva!

 

Desde que se empieza a leer, estudiar y reflexionar dicho documento, nos encontramos con dos poderosos rieles que nos invitan a recorrer el camino de la JUSTICIA y la PAZ. (Ver Documentos de la IIa Conferencia Episcopal Latinoamericana, Medellín, Agosto 26-Septiembre 7/68).

 

En su relectura bien se puede recrear la fuerza de la Ruah presente, mostrando pistas para disfrutar la diversidad en las diferentes teologías (femenina, afro, campesina, indígena, etc), que abren caminos de manera especial al laicado, mujeres, hombres y jóvenes… Iba a decir “de arriba hacia abajo”, lo que afectaría el símbolo del mándala que me he propuesto, ya que aquí no caben las pirámides…y menos invertidas.

 

Este mándala eclesial, aparecido en 1968, surge en medio de la opacidad del humo levantado y el olor a pólvora que cubría y sigue cubriendo a nuestro Continente, en la búsqueda de la JUSTICIA y la PAZ, siempre tan añorada.

 

Era un halo de esperanza y aire fresco, en medio de las tensiones vividas, no se ignora la guerra de Vietnam, (iniciada en la década de los 60) la revolución cubana, la protestas de los jóvenes en Europa…En el pueblo y en la juventud, tatuada les ha quedado en el alma, el sacrificio de la vida de Camilo Torres Restrepo (Febrero 15/1966) y Ernesto (Ché-Guevara) Octubre 9/1967). Todo ello, cual mándala en movimiento permanente, allí titilaba.

 

Imposible, no mencionar, a Monseñor Manuel Larrain E, precursor e impulsador del CELAM, desde sus albores (1955-1964-1966), fue Presidente hasta su muerte 1966 cuando pierde su vida en un sospechoso accidente automovilístico. Un Obispo con olor a tierra, pionero de la Reforma Agraria en Chile, gran defensor de la clase trabajadora.He ido haciendo mención de estos personajes, porque ellos, con su testimonio, compromiso y actitudes, fueron dejando las bases para un CELAM Eclesial, que se veía venir hecho todo un mándala de carácter Eclesial. Sembrando, plantando y cuidando las semillas de Vaticano II en este Continente, en medio de los desafíos, y complejidades de un mundo moderno,  pero desde una fidelidad al Evangelio.

Como una bendición, de la Esencia Divina, en mi búsqueda vocacional misionera tuve la suerte de estar en contacto con personajes de alto talante misionero que dejaron su imprimatur en mi alma! Cómo Monseñor Leonidas Proaño (Ecuador), Victor Garaygordobil (Los Rios-Ecuador), Samuel Ruiz (Chiapas, México) José Damert Bellido (Perú) y Gerardo Valencia Cano (Buenaventura-Colombia).

En el asentamiento por la JUSTICIA y la PAZ, todo ellos, en su papel como pastores comprometidos, con el Pueblo. Un Pueblo que les impulsa, un Pueblo que da sentido y razón de ser a su ministerio sacerdotal-episcopal. Entendieron el llamado de ese pueblo que les convocaba y les empoderaba a fin de hacer vivos los “Signos de los Tiempos”! Obsérvese, que no digo, que son pastores lo que empoderan al Pueblo. Es el Pueblo el que les empodera y enseña.

Es por esto que todos ellos, y los que se me pudieron escapan por nombrar, también son parte del Mándala Eclesial que hoy conocemos! Me detengo en Gerardo Valencia Cano.

Gerardo, no obligaba a nadie. Gerardo invitaba. Gerardo, generaba, crea proyectos y los entregaba…los proponía, desafíaba, retaba: “Vos, podés”, “Vos, sos capaz”.”Anda y después, venís y me contás” No valían las excusas o disculpas, eso, no lo escuchaba: el “no sé”, “no puedo” “no soy capaz”, eso no lo admitía.

A Gerardo, en ningún proyecto, se le vio como Represente Legal, Coordinador, Director, Administrador, Gerente, Jefe de Personal, “dictador” o “Presidente”. Su episcopado, fue un episcopado de SERVICIO, entregado al Pueblo.

Gerardo, desde el Departamento de Misiones, articulado con los otros departamentos, como: Pastoral, Liturgia, Educación…juntos prepararon el mándala de base, que daría forma y perfil a la IIa. Conferencia Episcopal Latinoamericana! Se reunieron en Melgar-Colombia en Abril 20-27/1968 a 4 meses de la reunión de Medellín. Refiriéndose a ello, nos dice en la presentación del documento:

“El Encuentro de Melgar se efectuó con miras a la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, pues creíamos necesario que también los misioneros se hicieran presentes con el aporte de sus inquietudes, problemas y soluciones”.

 

En este solo párrafo podemos dimensionar la visión de profeta que Monseñor tenía sobre el futuro de la Iglesia. Él, era, pequeño, flacucho, de ojos negros, de mirada profunda, pero no miope.

Mirando hoy, a 50 años de la reunión de Medellin (1968) que nos sirve como un potente Telescopio  para mirar a distancia y con acercamiento, descubrimos que la realidad latinoamericana no ha cambiado mucho y esto sigue siendo preocupante.

Los problemas sociales de ayer, siguen latentes especialmente, el desempleo en las ciudades y el uso y abuso contra las mujeres, la niñez, los campesinos, indígenas y afros, el crecimiento de los desplazados y migrantes, fruto de la violencia de los diferentes grupos armados en conflicto. Basta con mirar las redes sociales y algún otro medio de comunicación del Pueblo, para darnos cuenta de lo que esta sucediendo.

La explotación inadecuada de la “Casa Común”. La falta de saber mostrar la presencia de la Divinidad, que más que normas y reglas, que de por si no nos van a dar más fe, y si nos enceguecen, no nos permite empoderarnos de la dignidad que todo ser humano tenemos por ser hijas e hijos de Dios, de una manera inclusiva, que nos envuelva y arrope en el mándala de la Divinidad, en su diversidad, siendo todas y todos iguales en el UNO.

Hoy, a la luz de estos maravillosos documentos de la Iglesia, sentimos la necesidad de darlos a conocer, releerlos, meditarlos, pidiendo a la Divinidad, nos dé coraje, fuerzas y energía, sobre todo para hacer renacer la Iglesia de las cenizas, como la leyenda del Ave Fénix, retomando el mensaje de la Buena Nueva, haciendo que la Iglesia sea el medio que nos lleve a la JUSTICIA y la PAZ, a través de mujeres y hombres, viviendo  y potenciando el  Bautismo como hijas e hijos de la Divinidad!  No nos descuidemos, aprovechemos y hagamos posible la Primavera Eclesial!

*Presbitera Católica


 

 

BIBLIOGRAFIA:

 

http://www.cpalsj.org/wp-content/uploads/2013/03/Documento_Conclusivo_Rio1.pdf

 

Manuel Larraín y la conciencia eclesial latinoamericana. Visión y legado de un precursor

http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0049-34492009000100004

 

www.celam.org/conferencia_medellin.php

 

http://www.mercaba.org/Pastoral/C/celam_documentos.htm

 

http://documentslide.com/documents/celam-la-pastoral-en-las-misiones-en-america-latina.html

COLOMBIA. SAN JOSÉ DE APARTADÓ: CINISMO SIN FRONTERAS


 

No para las acciones de terror y la brutal invasión paramilitar con que es sometido nuestros territorios, no solo contra los miembros de nuestra Comunidad de Paz, sino además contra la población civil de nuestro entorno geográfico y social, a quienes no solo obligan participar en sus reuniones, sino además les prohíben denunciar su presencia en la zona y les advierte de las cuotas o impuestos que tendrá que pagar todos los habitantes de las veredas del corregimiento de San José a los paramilitares en los próximos días. Muchos no se atreven a denunciar nada por temor a ser asesinados. Los hechos que dejamos a la humanidad y la historia son:

  • El viernes 10 de febrero de 2017, hacia las 21:00 horas, un grupo de paramilitares ingreso a nuestro asentamiento comunitario en la vereda la Unión perteneciente al corregimiento de San José. El grupo paramilitar ya habían hecho presencia en varias viviendas de la vereda el Cuchillo donde además amenazaron a civiles obligándoles a pagar vacunas o impuestos.
  • Este mismo viernes 10 de febrero de 2017, el presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Mulato Medio, quien había convocado reunión a pobladores de dicha vereda, conminó a los participantes a tomarse la ‘’Aldea de Paz, Luis Eduardo Guerra’’ a la fuerza. A dicho presidente se le ha visto acudir públicamente en por lo menos tres ocasiones a los comandantes paramilitares que han patrullado recientemente el territorio, y la misma comunidad lo constato.
  • El sábado 11 de febrero de 2017, hacia las 17:30 horas, una comisión humanitaria conformada por miembros de nuestra comunidad y acompañada por organizaciones internacionales, y la cual se trasladaba desde varias veredas de la comunidad a la vereda la Esperanza, fueron testigos de la presencia paramilitar a escasos metros de nuestras viviendas en la vereda la Esperanza, ya habían permanecido allí por mas de tres días.
  • El domingo 12 de febrero de 2017, en horas de la madrugada, dos helicópteros sobrevolaron durante varios minutos el asentamiento comunitario en la Esperanza. No entendemos con que propósito, pues mas tarde tropas militares afirmarían que el propósito fue descargar tropas en el lugar pero debido al mal tiempo no fue posible, lo que es totalmente falso, pues no habían lluvias, nieve o descargas eléctricas. Tal ves el propósito fue enviar una señal a los paramilitares que pronto desembarcarían tropas en el área.
  • Este mismo  domingo 12 de febrero de 2017, hacia las 10:00 horas, tropas militares al mando del capitán MESA ingresaron arbitrariamente a la propiedad privada de nuestra Comunidad de Paz en la vereda la Esperanza y se instalaron allí. Por dos ocasiones miembros de nuestra comunidad exigió el retiro de las tropas militares de la propiedad privada exigiendo respeto y el no involucramiento en la guerra, pues su presencia mas que protección es  colocarnos en riesgo ante otros actores armados. A dicha exigencia de la comunidad  los uniformados en tono retorico afirmaron que se irían cuando se les diera la gana, que a la propiedad privada no la respetarían, al contrario que militarizarían el área en los próximos días. Esta tropa militar cuyos objetivos supuestamente es perseguir a todo actor armado ilegal, se ubica no solo en nuestros espacios de vida y trabajo comunitario infringiendo una de nuestras normas sustentadas en el Derecho Internacional Humanitario, sino además, se instalan en los potreros y áreas  visiblemente desde largas distancias, sus rutas son los senderos y caminos veredales; no creemos que con dicha operación van a encontrar indicios de la presencia de otros actores armados. El capitán al mando de la tropa afirmo que no tenían la capacidad de controlar a ningún actor armado ya que ellos siempre se movían de un lado a otro y eso desgastaba a la tropa militar.
  • Este mismo domingo 12 de febrero de 2017, en el diario el Colombiano, publicaron un articulo con el rotulo ‘’Paramilitares o no, con miedo silencian a Urabá’’, en dicho articulo hacen mención de la promesa que supuestamente habría hecho un miembro de la Comunidad de Paz de enviar un video de paramilitares con lideres en reunión, tal afirmación no es cierta, la comunidad posee registro fílmico, fotográfico y audio de las distintas afrentas y confrontaciones que la misma comunidad ha sostenido con grupos paramilitares al exigir el retiro y la no ocupación de nuestros territorios y el respeto a nuestros miembros y pobladores de la región. A pesar de todas estas evidencias, no es propósito de la Comunidad divulgar evidencias que no son secretas para nadie en Urabá, suficiente material fílmico circula en las redes en relación a la presencia paramilitar o de las también llamadas Auto Defensas Gaitanistas de Colombia en la región. En este mismo articulo, las autoridades militares insisten en tapar y tapar a como de lugar la invasión paramilitar en nuestras veredas y nos acusan de ser parte del sistema político de las Farc. Veinte años padeciendo las atrocidades y crímenes perpetrados desde la Brigada XVII, y la única respuesta que recibimos de quienes representan el Estado es que somos mentirosos porque somos guerrilleros, un cinismo sin fronteras para evadir la responsabilidad de sus múltiples crímenes de lesa humanidad cometidos contra nosotros en estos largos años. No solo lo hemos dicho nosotros, lo han corroborado los mismos tribunales de justicia y las cortes internacionales quienes han fallado en favor de la comunidad, mientras el estado pisotea estas sentencias y se atreve a desafiarlas al no cumplirlas o por lo menos respetarlas.
  • El lunes 13 de febrero de 2017, hacia las 10:30 tropas militares adscritas a la Brigada XVII del ejercito nacional, hicieron presencia en el asentamiento de la Comunidad de Paz en la vereda la Unión. Estas operaciones del ejercito nacional, nos recuerdan aquellas operaciones militares después de las masacres o incursiones cometidas contra la comunidad por parte de militares y paramilitares los cuales luego de dos o tres días después de los crimines llegaba el ejercito para borrar las evidencias. Se repite la historia?.
  • Este mismo lunes 13 de febrero de 2017, en horas de la mañana la Comunidad de Paz tuvo conocimiento por información de civiles de la región de un operativo paramilitar que se desarrolla entre las veredas Arenas Altas, la Unión y el Porvenir, en el sitio conocido como el filo de los ratones. Los paramilitares han amenazado a los civiles anunciándoles que no quieren sapos y ‘’mucho menos a aquellos que le informan esa HP de Comunidad de Paz’’.

De nuevo agradecemos a todas las personas, que desde distintas partes del mundo se han solidarizado y nos han acompañado sosteniéndonos con su fuerza moral. Su protesta ante la desidia de un estado sordo, implorando cesen las persecuciones sistemáticas. Nos dan la fuerza moral para continuar, guardando la esperanza de que la humanidad y la historia algún día juzgaran estos hechos de repudio universal.

 

Comunidad de Paz de San José de Apartadó

febrero 14 de 2017

 

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ESPAÑADiscriminación contra la mujer en la Diócesis de Alcalá


El Obispado de Alcalá niega a una mujer presentarse en una candidatura a la Presidencia de la Hermandad de la Virgen de la Pera por estar casada con un ex sacerdote

Antonio Pérez es un ex sacerdote que está casado por lo civil con Montse. Hasta aquí no parece que ocurra nada anormal. Sin embargo, en los últimos tiempos Montse ha sufrido algo que perfectamente podría ser calificado como discriminación femenina.

Montse se presentaba en una de las candidaturas que optaban a la Presidencia de la Hermandad de la Virgen de la Pera en Valdaracete (Madrid). Una noche la persona que encabezaba dicha candidatura llamó a Antonio para comunicarle que el párroco del pueblo le había dicho que debían eliminarla de la lista. Según Antonio la razón de este veto es que están casados por lo civil, ella está casada con alguien que ha incurrido en “pena canónica” por haber abandonado el sacerdocio para casarse con una mujer. El párroco alegó que el Obispado de Alcalá no había dado el visto bueno a que Montse estuviera en la candidatura.

Nos encontramos ante un nuevo caso de discriminación hacia la mujer por parte de la Iglesia Católica porque a Montse se la ha retirado de la candidatura a la Hermandad por el hecho de ser mujer, por el hecho de haberse casado con un ex sacerdote. ¿Por qué el Obispado de Alcalá castiga a alguien que no tiene ninguna responsabilidad en el hecho de que en el pasado su marido fuera ordenado y recibiera el sacramento del sacerdocio? ¿Acaso el Obispado de Alcalá aún tiene la visión de que fue la “mujer pecadora” que atrajo al pecado al sacerdote?

¿EL PAPA FRANCISCO HUBIERA PERMITIDO QUE A UNA MUJER SE LA RETIRE DE LA ELECCIÓN A LA PRESIDENCIA DE UNA HERMANDAD? EVIDENTEMENTE, NO

La Iglesia Católica está en la actualidad en un proceso iniciado por el Papa Francisco de acercamiento a sus fieles, de retomar los valores evangélicos que los anteriores pontífices habían olvidado para favorecer las tesis más reaccionarias de la interpretación de la doctrina. Actuaciones como las del Obispado de Alcalá van totalmente en contra de lo que Jorge Bergoglio está intentando implementar en la Iglesia. ¿El Papa Francisco hubiera permitido que a una mujer se la retire de la elección a la Presidencia de una Hermandad? Evidentemente, no.

El Obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Plá, tiene un largo historial de declaraciones misóginas como, por ejemplo, que “hay que quitarle el voto a las mujeres porque últimamente piensan por su cuenta”. También afirmó que el feminismo es “un paso en el proceso de deconstrucción de las personas”. A estas y otras muchas declaraciones de este obispo hay que unir los ataques constantes contra la igualdad de la comunidad LGTBI. Por eso no sorprende la decisión que tomaron.

Muchos prelados parecen olvidar que el mensaje de la Iglesia Católica es, precisamente, el opuesto a estas actuaciones discriminatorias. El mensaje evangélico es, teóricamente, el amor, el respeto hacia el otro, la hermandad y la lucha por la justicia y la igualdad. En base a lo anterior, actuaciones como las del Obispado de Alcalá son injustificables, declaraciones como las del Obispo de Alcalá son injustificables, por no mencionar a otros prelados como el Obispo de Granada o el de Córdoba.

http://diario16.com/discriminacion-contra-la-mujer-en-la-diocesis-de-alcala/

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