ECUADOR: El último sermón de LUNA TOBAR


Disertación pronunciada por el Padre:

José Bolívar Jiménez Álvarez El último sermón de LUNA TOBAR, en la misa de funeral de Monseñor: Luis Alberto Luna Tobar

. Arzobispo emérito de Cuenca, el viernes 10 de febrero del 2017

La homilía es una de las funciones primarias de los sacerdotes. Su objetivo: confrontar la Palabra de Dios con la realidad personal y comunitaria, y exhortar a los oyentes a permanente conversión; es decir, a una adhesión vital “una conformación”, con el mensaje y el modo de ser de Jesucristo.

El verdadero predicador, a semejanza del Maestro, no pretende llegar a los oídos solamente, sino y sobre todo ,a la conciencia humana para despertarla, regenerarla, elevarla, dignificarla. Sabe muy bien el predicador, que su ministerio no se reduce a una simple catequesis informativa; o peor aún, al pronunciamiento de un discurso destinado a demostrar elocuencia o lisonjear a los oyentes.

Afortunadamente e esta misión se han especializado muchísimos eclesiásticos a lo largo de la historia y sus frutos han sido abundantes─ pensemos, por ejemplo, en las conversiones de los primeros siglos del cristianismo ,o en los evangelizadores de la primera hora en tierras americanas como: Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas, Toribio de Benavente ,Los “doce apóstoles” de México y otros─; Pero ha sido también ─y esto lo tenemos que decir con sinceridad y vergüenza ─,el espacio en donde más se ha manifestado la superficialidad de tantos ministros de la Iglesia de todo rango (obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas), que pregonamos y pregonamos ante el pueblo que se nos ha encargado, como metales que suena (1. C0r.13,1),mediante sendas planificaciones ,documentos, pronunciamientos; pero no vemos resultados o estos son muy pocos.

¿Por qué?

Porque sencillamente nos quedamos en el simple discurso, muchas veces insulso y de escasa calidad, y no nos preocupamos de cultivar con empeño la semilla que decimos sembrar.

Monseñor Luis Alberto Luna ha venido a su Cuenca querida, para dar su último sermón desde el lugar mismo en que fue su cátedra de servicio integral a su comunidad; es decir, a su iglesia conformada por  ricos y pobres; intelectuales e ignorantes; buenos y malos ; blancos, negros, mestizos e indios; nacionales y extranjeros, sin excepciones ni acepciones de personas. Por ello no cabe categorizarlo y apellidarle “Obispo de los pobres”, eso suena a discriminación, y él no discriminaba a nadie. Él era obispo de todos, amaba a todos, servía a todos, respetaba a todos, acogía a todos, para todos tenía una sonrisa amable, todos cabían en su corazón. Ciertamente ─y eso fue singular en él, asemejándose a Jesús y en conformidad con la teología genuina de la Iglesia ─, tenía, eso sí, una especial preferencia y dedicación por los pobres ;quizá, porque la delicadeza de su alma, le hacía ver en ellos al marginado de Nazaret.

Monseñor Luis Alberto Luna ha venido a su Cuenca querida para dar su último sermón ─ repito─, pero ya no con palabras, sino como también fue su talante, con signos y símbolos que se reflejan muy bien en esta “Ekklesía” que se ha acostumbrado por casi 20 años a leer de tras del murmullo,y distinguirlo que es genuino de lo que es palabrería. Ha venido para recordarnos que la Iglesia brotada del Vaticano II, de Medellín, de Puebla, de Santo Domingo, de Aparecida; de la Iglesia esbozada por pastores visionarios de nuestro país y de América latina: debe servir; debe despojarse de los simples boatos; debe dialogar, debe ser libre; debe evitar caer en un silencio tímido o en una politique-ría partidista embarcándose en carrozas que hacen ruido, precisamente porque están vacías.

Ha venido para decir a su CLERO que seamos honestos y consecuentes entre lo que decimos y lo que hacemos; que dediquemos, pastoral e intelectualmente ,para hacer frente a un mundo secularista, cientifista, hedonista, personalista y utilitarista que quiere devorarnos. Ha venido para decir a los seglares, al PUEBLO FIEL; que recobre su dignidad; que rechace el arribismo que le ofrece la demagogia; que no haga de palanca a los falsos mesías que sólo les buscan para utilizarles; y para decirnos A TODOS, que “sólo Jesús es el amigo que nunca falla”; y con versos de su Sta. Teresa de Ávila, a quien evocaba con deleite, que: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda ,la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene ,nada le falta: sólo Dios basta”.

Este es, ciertamente, su último sermón como ya dije, sin palabras, como lo hacen los que verdaderamente trascienden─, pero su mensaje será permanente. El eco de su voz retumbará en esta catedral, en donde su cuerpo va a esperar la  resurrección gloriosa. Sí, su voz retumbará en todo momento y con nitidez, especialmente cuando, quienes habiendo sido formados en su escuela, estemos tentados a claudicar.

GRACIAS

Cuenca, 10 de febrero del 2017, en la misa de funeral de

Monseñor: Luis Alberto Luna Tobar

. Arzobispo emérito de Cuenca, el viernes 10 de febrero del 2017

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