SEMBLANZA DE LA HNA MARIA CONSUELO VALENCIA CANO. GLORIA A DIOS!!!


A SOLO DIOS EL HONOR Y LA GLORIA HERMANAS MISIONERAS DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS

Hna. María Consuelo Valencia Cano

(Hna. María de Jesús de S. T.)

“Clínica Medellín”- 17 de marzo de 2017

Recogemos en esta semblanza su herencia de fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a la vocación de Misionera Teresita. El ejemplo de su fe y piedad; su bondad y gentileza; el testimonio de obediencia humilde y generosa, su servicio dedicado, su entrega hasta el final. Murió irradiando la misma paz y serenidad con que vivió, expresión de su profunda vida espiritual. Nos dejó pasado el mediodía de ayer 17 de marzo, tras un largo periodo de sufrimiento, llevado siempre con ejemplar fortaleza cristiana. Hoy nos acercamos a la vida de esta gran Mujer, convencidas de que será para nosotros un estímulo en la fe, un ejemplo a seguir, motivo de gozo para dar gracias al Señor que bendice a su Iglesia con vidas santas como la de ella.

Hna. María Consuelo nació en la población antioqueña de Santo Domingo – Antioquia el 15 de abril de 1924 – Martes Santo – en el cristiano hogar formado por Don Juan de Dios Valencia Osorio y su señora Doña María Cano de Valencia. Familia eminentemente misionera de la cual el Señor separó para su servicio exclusivo en la tarea evangelizadora, de sus doce hijos, dos varones para el Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal – Mons. Gerardo Obispo de Buenaventura, y el Padre Félix muerto en Venezuela con sólo 10 años de sacerdocio, y tres hijas para la vida religiosa, la Hna. Consuelo para la Congregación de Hermanas Misioneras de Santa Teresita, Hermana Julia del Calvario y Sor Inés de la Cruz q.D.g.

Fue bautizada y confirmada a los 4 días de nacida, el 19 de abril de 1924- Sábado Santo- en el templo parroquial de su pueblo natal Santo Domingo; la Primera Comunión a los seis años, el 21 de junio de 1930. Desde los primeros años de su niñez, aprendió en su familia a amar a Dios y a imitar a Jesucristo. Desde pequeña la caracterizó una serena sonrisa que reflejaba la paz de su alma. Transcurrió la infancia, niñez y juventud en su cristiano hogar, recibiendo de sus padres ejemplo de piedad ferviente y caridad exquisita para todos.

Se educó con las Hermanas de la Presentación, la primaria en el municipio de Santo Domingo y el bachillerato en Envigado, quienes continuaron como en su hogar, guiándola por las sendas del saber y la virtud moldeando su corazón con una sólida formación cristiana, intenso amor a Jesucristo y una tierna devoción a la Virgen María. En ese 2 ambiente cultural y religioso se desarrolló, marcada siempre por la alegría constante, reflejo de su sencillez y claridad que mostraba la belleza de su alma. Escuchó la llamada de Dios a la vida consagrada e ingresa a la Congregación el 28 de julio de 1944. En la carta de recomendación para el ingreso, las Hermanas de la Presentación testifican que “su conducta fue buena, como también su carácter, muy aplicada al estudio y muy piadosa. Se le vio siempre muy buena voluntad para dejarse formar”; el 12 de febrero de 1945, vistió hábito en Santa Rosa de Osos, donde al año siguiente emitió su profesión religiosa, el 13 de febrero de 1946. Desde aquel día practicó siempre ese “sí” pronunciado y nunca retirado, ofuscado o contradicho, y el 3 de octubre de 1949 en San José de la Montaña hizo los votos perpetuos convirtiéndose en esposa de Jesús para toda la eternidad.

En la Congregación adelantó estudios de Pedagogía en la Normal Superior “María Inmaculada” de San José de la Montaña, de Antropología, y Pastoral Social, entre otros. Fue siempre una religiosa muy ejemplar, humilde, sencilla, prudente, acogedora, comprensiva y muy caritativa con las hermanas; estaba siempre pendiente de lo que necesitaban. Se preocupaba de todos y, especialmente, de los pobres. Sus palabras, obras, su modo de vivir y de tratar a sus hermanas de la Comunidad, traducían su amor y unión con Dios y con la Virgen María. Su vida consagrada misionera, transcurrió en la discreción, en la sencillez, el silencio, con un talante comprometido: Maestra en, San José de la Montaña, Betulia, Caucasia, El Jordán, San Carlos y Toledo – Antioquia-, Magangué- Bolívar; Puente Aranda en Bogotá, Mucuchíes –Venezuela, Nuquí entre los indígenas; Vice maestra de Postulantes el año 1954, Maestra de Novicias los años 1967 y 1968 en la Casa Madre; superiora local por más de 25 años; catequista en Zaragoza; Pastoral Indígena en Panguí y Nuquí- Chocó; en Jaqué– Panamá, casa de la que fue fundadora, en la Pastoral Afro; en Barranquilla formación de Laicos Asociados; Bucaramanga, Canapote, Ovejas en Colombia; Cumaná, El Vigía, Santa Rosa de Ocopí Venezuela y Sánchez Magallanes –en Pastoral Misionera.

Formó con la palabra y el ejemplo el corazón de sus discípulos, en el amor a la Eucaristía y en los valores cristianos. La pastoral social, el trabajo de promoción, la formación, la evangelización y la enseñanza religiosa por medios diferentes a los de las aulas escolares, fueron puestos en obra por la Hna. María Consuelo.

Ella estuvo atenta a colaborar especialmente en la pastoral sacramental y misionera. A partir del año 2013 es enviada a la casa de la salud “La Serrana” en Pueblo Viejo-La Estrella a la actividad más profundamente misionera, desde la enfermedad y la limitación física. En el silencio de esta casa, continuó ejerciendo el apostolado de la sonrisa, de la amabilidad, de la entrega. El amor y fidelidad inquebrantable a la Iglesia es el rasgo más firme de su fisonomía moral. Junto a él, el amor a la Congregación de Hermanas Misioneras de Santa Teresita del Niño Jesús y a la Virgen María. En estos tres amores, que ella supo conjugar entre sí y con otras cualidades de su personalidad, radica, el origen de todas sus actividades misioneras. Para ella, la Virgen María fue una experiencia vital que condicionó muchas de sus opciones más profundas y su modo de vivir la propia espiritualidad, iluminó su camino, sostuvo sus esfuerzos. Su ser y que hacer mariano lo vivió desde el “Hágase en mí”, de María. Quiso pasar la vida siendo su eco de humildad, de silencio pleno de amor y de entrega. 3 Las virtudes que practicó se conjugan admirablemente con las características que San Juan Pablo II destaca en su Encíclica «Redemptoris Missio» y que deben identificar al auténtico misionero. Entre ellas: Deseo y empeño por alcanzar la santidad, piedad, gran estima por la vida sacramental, la pobreza, la mansedumbre, el ardor misionero, la aceptación de los sufrimientos, el interés por la auto-formación, aprender, capacitarse, estudio asiduo de la biblia y los documentos de la Iglesia. Siempre deseó aprender a tocar algún instrumento musical. Cumplía sus deberes con fervor; también todas las reglas de la Congregación, estaba siempre recogida y silenciosa, pero a la vez era natural, alegre, siempre llena de amor benévola y desinteresada hacia el prójimo. Todas las etapas de su vida tuvieron como denominador común la profunda raíz en el amor de Dios, y la firme voluntad de crear comunión en cuantos la rodeaban. Entregándose con generosidad al carisma congregacional, renunciando a tantas cosas para servir, supo granjearse el afecto, la estima y la amistad. Dios la dotó de un fino espíritu y una exquisita sensibilidad. Si toda su vida estuvo orientada a Dios, en la recta final aceleró el paso deseando ardientemente la partida.

La Hna. Consuelo, respondiendo con la gracia de Dios al don de su vocación, entró en la Congregación, a la edad de 20 años, y volvió a la “Casa del Padre” a los 93, cuando la Congregación celebraba el octavo día de la novena a San José– patrono de la buena muerte. Alrededor de las 2:30 de la tarde, queda como un cirio consumido en los brazos del Padre, en la Clínica Medellín. Con afecto y gratitud acompañemos a esta hermana nuestra en su último viaje hacia el verdadero Oriente, hacia Cristo, sol sin ocaso, con plena confianza en que Dios la acoja con los brazos abiertos, reservándole el lugar preparado para sus amigos, fieles servidores del Evangelio y de la Iglesia.

Fue testimoniante su actitud de aceptación ante el dolor y, muy gratificante para nuestra amada Congregación el contar con estos modelos de santidad. Agradecemos, la fraterna compañía de nuestros hermanos de la Familia MAB, los que siempre caminan con nosotras en penas y alegrías, a todos los miembros de la familia Valencia Cano, amigos y conocidos por el Don de nuestra Hermana Consuelo a la amada Congregación, también a la querida comunidad de la Serrana, a las enfermeras y médicos que solícitamente atendieron su salud y al personal de apoyo por sus generosos y oportunos cuidados.

Casa de la Salud “Villa María” Medellín, 18 de marzo de 2017

 

Remitido al e-mail

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: