LIBRO DE LA APOCALIPSIS: ESCUCHANDO Y LEYENDO. Primera Parte.Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


Para muchxs podrá sonar un tanto raro, el que se hable de “comunidad apocalíptica profética”. El que sea apocalíptica, nada que ver con el terror que nos han infundido al acércanos a leer el libro del Apocalipsis. La palabra más clara y genial para entender es la “Revelación”, que quiere decir: des-velación de lo oculto ó desconocido. Es la actitud de la Divinidad confiada a Jesucristo para mostrar a sus siervos lo que en breve ha de ocurrir! Lo más fascinante es la forma como ha quedado escrito: “¡Dichosos el que lea y cuántos oigan las palabras de la profecía y hagan caso de lo escrito en ella, pues el Tiempo está próximo!” (Juan 1:3). Aunque suena a bienaventuranza, es una propuesta a ser felices y dichosos, condicionada a leer y escuchar.

Qué  nos quiere decir  esto? Llamados a investigar=leer, conocer=escuchar los testimonios ojalá de primera mano, de quien vive tal o cual experiencia. Hay varias maneras de ir descubriendo, intuyendo, como lo hiciera en el pasado la cultura judía. Cultura, que ha influido e influye en nuestra formación cristiana, queramoslo o no.

La metodología judaica de las “visiones”, “manifestaciones” que encontramos en el Libro del Apocalipis, en su expresión dramática de los acontecimientos, nos enseñan; el pasado, el presente, profetizando los sucesos futuros.

Se percibe en lo que nos comunica Juan, el sentir de ecclesia como lo vivía y sentía él, cuando se dirige a las iglesias. Nos enseña cómo tratar a nuestras comunidades, sin el asomo de los rasgos nicolaitas=piramide clerical, y menos actitudes horrorosas como las de la señora Jezabel=corrupción y poder. Como mujer siempre me ha costado y duele, el texto de la Villa de Nabot. Menos mal, que Juan nos la menciona, pero, para aprender a no ser como ella. Ni clericales, ni jezabelianas. Este detalle reafirma mi ministerio de servicio en las comunidades, sobre todo estimularlas, que buena falta hace. La actitud de Juan como “hermano”, no es un extraño en las comunidades, se implica como “hermano”. Sin más títulos que la fraternidad.

Es una invitación a ser conscientes de la historia de nuestros pueblos; conocerla, compartirla y dejar el testimonio escrito.

Es el desafío amoroso de la Divinidad, que no se queda solo en el corregir, sino que estimula, protege e invita a que le demos a conocer, para que le abran la puerta. Ese “estoy a la puerta llamando”, es un grito de amor, de ternura, de acogida a aquel que le descubre y le acepta.

Continuará…

*Presbitera católica.

BIBLIOGRAFIA:

Luis Alsonso Schokel: La Biblia de nuestro pueblo. Ediciones Mensajero. Ed. en China 2015

Ricardo Pérez Márquez: Carta a las siete Iglesias. file:///C:/Users/USER/Downloads/20170309174654291(1)%20(1).pdf

 

 

 

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