Guerra y Paz y guerra


 

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BOGOTÁ, Colombia – Al final del año pasado, el mundo celebró lo que parecía ser el final uno de los más largos de pie guerras internas de la historia. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que había negociado un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC-EP recibió el Premio Nobel de la Paz. Incluso después de la estrecha, pero plebiscito derrotar en octubre, el Congreso de Colombia todavía era capaz de ratificar una versión adaptada del acuerdo de paz con la tropa guerrillera en diciembre.

La lucha armada entre los rebeldes marxistas-leninistas y el Estado de Colombia, que persiste más de 52 años, ha matado a más de 220.000 personas desplazadas, más de 5,7 millones y abandonó el país traumatizado. FARC-Ep, que había comenzado como defensores de los marginados y silenciados, se convirtió en envuelto en la venganza, el tráfico de drogas, secuestros viles y derramamiento de sangre como su movimiento mutado de una de resistencia a la supervivencia, por cualquier medio necesario. Después de un viaje tumultuoso, ahora se han comprometido a renunciar a la violencia y participar de manera no violenta en el proceso social y política del país.

En este momento, todos los aproximadamente 9.000 combatientes de las FARC-EP restantes se han reunido en veinte sitios especiales de concentración y ha comenzado la entrega de sus armas bajo la vigilancia de la ONU. Sin embargo, mientras que el mundo cree que la paz ha llegado a Colombia, la firma del acuerdo de paz es en realidad el comienzo, no el final de la historia.

Después de más de medio siglo de guerra continua, con casi nadie en el país conociendo la vida sin ella, pasando de una cultura de brutalidad a una de cooperación, no pudo más que hacer con un simple contrato político. ¿Cómo se hace la paz en un país que se ha visto envuelto en la guerra durante dos generaciones? Poner fin a las hostilidades armadas es una cosa, la construcción de la paz es otro, y éste implicará un profundo proceso de reconciliación y restauración de la confianza.

“Poner fin a las hostilidades armadas es una cosa, la construcción de la paz es otro, y éste implicará un profundo proceso de reconciliación y restauración de la confianza. 

 ”

Colombia es un país en el punto de inflexión, en un momento frágil de incertidumbre embarazadas tanto con la perspectiva de una verdadera transformación humana y el peligro inminente de una reacción violenta que podría ser aún más brutal que la violencia de su pasado reciente.

Después de cuatro años de negociaciones complicadas, con el poder político y económico en contra de ellos, la mayor parte de las demandas de las FARC-EP se les ha negado por el gobierno. Claro compromiso de la guerrilla para un nuevo camino de la no violencia se acerca a un milagro.

A pesar de que el gobierno ya ha dejado de cumplir algunas de sus promesas iniciales, las FARC-EP ha sido firme en su promesa de poner fin a la guerra. En sus campos, hemos visto escenas de reconciliación, ex-guerrilleros que bailan con hombres de la policía y los funcionarios de la ONU en movimiento. Han comprometido para un programa económico nacional basado en cooperativas a pequeña escala para la agricultura y la producción, con la esperanza de hacer de Colombia, un país altamente dependiente de las importaciones, soberana alimentos una vez más. Y en una de la parte más progresiva del tratado de paz con las FARC-EP, el gobierno de Colombia en la obligación de devolver las tierras a siete millones de agricultores que fueron desplazadas en la guerra.

El estado paramilitares

Incluso con este telón de fondo la esperanza, hemos visto un resurgimiento masivo de unidades paramilitares de extrema derecha ampliar su alcance en todo el país. Durante los últimos decenios, estos escuadrones ilegales muerte de la derecha han sido la fuerza más letal en la guerra civil, pero también son los actores menos conocidos en este drama trágico. Contratado y puesto en marcha por terratenientes y grandes compañías multinacionales como Chiquita, el conglomerado de extracción de la fruta, se formaron los paramilitares ya en la década de 1960 para impulsar los agricultores y los indígenas de sus tierras ancestrales para proyectos agrícolas, mineras y mega-represas a gran escala.

El uso de paramilitares, a diferencia de otras tácticas de adquisición, sirven al propósito de aplastar la resistencia popular masiva en el campo colombiano en contra de estos proyectos. Lo que ha surgido es una alianza profana de unidades paramilitares, las fuerzas armadas de Colombia, la oligarquía de derecha y el poder corporativo y militar internacional. Los paramilitares se han convertido en la mano oculta del estado colombiano y el poder corporativo, muchos de ellos formados por el Ejército de Estados Unidos.

Para justificar la estrategia del estado de “acumulación por desposesión”, como el eminente historiador y geógrafo David Harvey describe, políticos etiquetan todas las cepas de la resistencia, ya sea armado o no violenta, como “terrorista”, asociándolos con la facción guerrillera. En este sentido, la batalla con las FARC-EP ha servido a la oligarquía colombiana como una coartada bienvenida, permitiendo que el complejo corporativo-estatal para continuar librando su guerra contra los agricultores no violentos, las poblaciones indígenas, activistas de derechos humanos y sindicalistas de pie en el camino de su agenda neo-colonial.

En los últimos meses, ya que las FARC-EP han abandonado sus territorios, se ha producido un aumento de la brutalidad de la mano oculta – paramilitares han inmiscuido en silencio y ocupado muchas de esas áreas, amenazando y desplazando a los agricultores, matando a activistas, obligando a la gente a aceptar su comando como los nuevos gobernantes – o de lo contrario, el castigo cara. El número de líderes de la comunidad asesinados ha superado veinte en los dos primeros meses de 2017 – más del doble del número durante el mismo período del año anterior.

Los paramilitares se han dirigido especialmente líderes sociales que participan en la redistribución de tierras a los agricultores. Todos Amnistía Internacional, los gobiernos extranjeros, el Vaticano y el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia han expresado su preocupación con los paramilitares nuevo despertar en Colombia. Sin embargo, el gobierno de Santos, reconociendo al mismo tiempo el aumento de los ataques contra activistas, ha sido hasta ahora muy cuidado de no uso la palabra “paramilitares”. En el discurso del gobierno, los paramilitares es un problema del pasado, desarmado y que no existe. Sin embargo, los intereses del Estado de la adquisición de estos terrenos para vender o arrendar a las corporaciones multinacionales en servicio de la primera directiva neoliberal de “aumentar el PIB por cualquier medio necesario” perfectamente alineada con las acciones de los paramilitares.

La complejidad de la situación de Colombia y el ascenso de los paramilitares nos recuerda a una cruda realidad: la paz verdadera sólo será posible por abordar las causas profundas de la guerra. En otras palabras, no se puede hacer sin necesidad de cambiar las reglas del sistema global que requiere la explotación perpetua de la Tierra para obtener el máximo beneficio privado y por lo tanto requiere el desplazamiento de personas de sus tierras. Y, por supuesto, requiere el ser humano para convertirse en una fuerza de trabajo barata dependiente.

Colombia se encuentra en una encrucijada: Comenzará un verdadero proceso de consolidación de la paz y la reconciliación? O se “paz” ser sólo otra palabra para continuar una guerra oculta que tiene lugar en interior del país?

Comunidad de la construcción de una paz duradera: El ejemplo de San José de Apartadó

Junto a la atroz guerra, también hay otro, más bella cara a Colombia – la perseverancia casi irrompible de personas por motivos que se han resistido a la guerra por la defensa de los valores de la comunidad, la solidaridad y la paz, que aspira a crear una realidad diferente, más humana .

Aunque el presidente Santos recibió el Premio Nobel de la Paz, estas personas menos conocidos son los que más merecen un reconocimiento internacional, habiendo tomado la molestia de trabajar por la paz durante décadas. Una de ellas es la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

“Es el poder de la comunidad, de la construcción de la solidaridad todos los días, de compartir la vida y colaborando por un objetivo común que les permitió servir al amor en vez de seguir la venganza, en estas condiciones más difíciles.”

1350 fundada por los agricultores desplazados en marzo de 1997, después de paramilitares recorrieron toda la región y el saqueo masacrando, la comunidad se unieron para protegerse y proteger a su tierra, declarando la comunidad neutral en la guerra, diciendo que no iban a ceder a la violencia. Los grupos armados les hizo pagar un alto precio por esta decisión, matando a más de 200 de sus miembros, incluyendo la mayoría de sus líderes. Casi todas las víctimas murieron a manos de las fuerzas armadas paramilitares y nacionales, en estrecha colaboración con los propietarios de capital e intereses en la región.

A pesar de los horrores que se han enfrentado, que han mantenido su posición y seguir trabajando juntos obligado por un compromiso inquebrantable con la no violencia y la reconciliación. Es el poder de la comunidad, de la construcción de la solidaridad todos los días, la vida de compartir y colaborar para un objetivo común que les permitió servir al amor en vez de seguir la venganza, en estas condiciones más difíciles.

Eduar Lanchero, uno de sus finales de los líderes dijo una vez, “El poder de la comunidad consiste en su capacidad de transformar el dolor en esperanza …” Ha sido a través de la comunidad que podrían comenzar a sanar las heridas de la guerra, activando el potencial de la empatía, el perdón y la colaboración entre las personas que habían sido profundamente traumatizados por el horror que experimentaron. Con su comunidad, la gente de San José muestran cómo romper el vínculo víctima-agresor vicioso, entendiendo que cualquier otro acto de violencia sería simplemente perpetuar el ciclo que les hizo perder muchos de sus seres queridos.

Lanchero dilucidado aún más lo que les mantiene unida y viva, indicando, “Los grupos armados no son los únicos que matan. Es la lógica detrás de todo el sistema. La manera de vivir genera este tipo de muerte. Es por esto que hemos decidido vivir de una manera que nuestra vida genera vida. Una condición básica, que nos mantuvo con vida fue no jugar el juego del miedo, que fue impuesta sobre nosotros por los homicidios de las fuerzas armadas. Hemos hecho nuestra elección. Elegimos la vida. La vida nos corrige y nos guía “.

Paz frente a “desarrollo”

A pesar del acompañamiento internacional a través de Brigadas Internacionales de Paz, Movimiento de Reconciliación y Operazione Colomba, una ONG italiana, la persecución de la comunidad continúa y ha aumentado desde que se firmó el acuerdo de paz. La comunidad de San José, también, se ha enfrentado a la invasión paramilitar, con sus aldeas remotas continuamente ocupados, las amenazas que la comunidad permanecer en silencio sobre las atrocidades que han sido afectados por la venganza adicional o la cara.

El ejército está tolerando los paramilitares, incluso amenazando la comunidad para hacer frente a la difamación pública si continúan denunciando la presencia de paramilitares. Recientemente, también ha habido intentos por parte del Estado de rechazar solicitudes de visado para los trabajadores internacionales de derechos humanos que acompañan a la comunidad. Además, algunas organizaciones de derechos humanos mismos están considerando la posibilidad de cortar los fondos o abandonar sus programas de Colombia a raíz del proceso de paz. Sin acompañamiento internacional, las comunidades incontables y activistas en Colombia estarían a merced de los grupos armados, sin ninguna defensa.

El estado dice a la gente que ahora, ya que no hay paz, ya no hay ninguna necesidad de una comunidad de paz y les ofrece dinero para atraerlos fuera de la comunidad. Gloria Cuartas, ex alcaldesa de Apartadó, el municipio que gobierna la región, dice: “Las partes del gobierno y las multinacionales utilizan la cubierta de la aparente paz para gestionar lo que hasta el momento no han -. Terminando la comunidad de paz”

Usted puede preguntarse, ¿por qué están tan preocupados por una comunidad de agricultores pacíficos? El Ejército de Colombia ha sido claro en esto afirmando a menudo que la comunidad está en el camino del “desarrollo”. ¿Qué quieren decir con el desarrollo? Es evidente que no se están refiriendo a la paz y el desarrollo humano, sino más bien, la definición neoliberal estrecha de crecimiento del PIB basado en extractiva.

Desde hace veinte años, la comunidad de San José de Apartadó ha estado viviendo una alternativa de trabajo de la resistencia no violenta a la agenda brutal del desplazamiento y la opresión. Parece que es el imperativo del Estado y las elites de poder para desmantelar para que no se replicará o emulado por otras comunidades que viven a través de las mismas luchas en todo el país.

Ati Quigua, líder del pueblo Arhuaco, que sirvió como portavoz de las naciones indígenas de Colombia en las negociaciones de paz de La Habana, refleja esas preocupaciones, diciendo: “Ellos están haciendo‘paz’con el fin de deshacerse de la guerrilla, por lo que los paramilitares pueden asumir el control del campo, expulsar a los agricultores y pueblos indígenas y continuar con lo que ellos llaman “desarrollo económico”. Esta no es nuestra paz. Queremos la paz con la Tierra. Si las cosas no cambian, Colombia se va a enfrentar un genocidio cultural y ecológica “.

La curación del trauma colonial

Direccionamiento “desarrollo” de hoy en día no tocar sólo el sistema político y económico, sino una cadena traumática que se repite en este continente todo el camino desde que Christopher Columbus llegó aquí en 1492. Edward Goldsmith, uno de los padres del movimiento medioambiental británica , nos recuerda, “el desarrollo es simplemente una palabra nueva para lo que los marxistas llaman imperialismo y lo que se puede referir libremente como el colonialismo -. un término más familiar y menos cargado”

Generación tras generación, los gobernantes coloniales población desarraigada de su lugar de origen y la orientación ética que consistía en su conexión natural con la tierra, la naturaleza y la comunidad. Hablando en términos más generales, el patriarcado necesita el individuo aislado, separado de la vida, porque es cuando la gente está más “gobernable”. El individual violado desarraigados sufrió un trauma profundo y buscará, si no se ofrecen salidas de curación, para pasar su trauma a los “otros”, procediendo el ciclo de violencia.

“Generación tras generación, los gobernantes coloniales personas desarraigadas de su lugar de origen y la orientación ética que consistía en su conexión natural con la tierra, la naturaleza y la comunidad”.

Para hacer que la gente se someta a su dominio, colonizadores destruyeron comunidades, no sólo para la adquisición de material, sino también porque entendieron que la comunidad es el ancla espiritual y ética conectar a la gente con toda la vida. A lo largo patriarcal y la historia colonial, todo tipo de comunidad auténtica se han desmantelado – de la destrucción de las tribus durante la colonización de América Latina a las luchas de hoy en San José de Apartadó en Colombia a Standing Rock en los Estados Unidos, donde los protectores de agua indígenas tienen ferozmente resistido un oleoducto que atraviesa sus zonas nativas, “la defensa de la sagrada” del agua y de la tierra.

Vemos el mismo conflicto en todo el mundo, en cada país, cada región. En todas partes, un impulso humano emergente de la comunidad, la autonomía y la curación enfrentamientos con la violencia del Estado y el poder del capital. ¿Cómo puede finalmente prevalecerá el poder de la comunidad?

Imaginemos una alternativa que puede salvar de la actual misión de suicidio colectivo y nos proporciona la perspectiva de un mundo post-capitalista. La “utopía concreta” de una tierra libre podría ser una red global de comunidades autónomas interconectados que cooperan con todo lo que vive.

Para llegar allí, tenemos que combinar las muchas luchas y movimientos que defienden lo sagrado en una plataforma global común – una alianza global que viene juntos para desarrollar una visión común para el futuro, una nueva visión para habitar este planeta de manera no violenta. Y, lo más importante, una alianza de la gente ya no guiadas por las ideologías, pero volver a conectar con y sirviendo un enorme poder de la vida de la regeneración, curación y protección.

La vida ha sobrevivido a todas las aberraciones humanas. La vida misma tiene el poder que permite a la pequeña planta de semillero para romper a través de la gruesa capa de asfalto, que es capaz de curar enfermedades “incurables”, que guía las comunidades auténticas, y que es capaz de prevenir y detener la violencia. Con la construcción de comunidades de confianza que curan consciente del trauma histórico y se alinean con los poderes de la vida en todo lo que hacen, abrimos la puerta a un proceso de curación global.

Para disolver el trauma colectivo, debemos hacer frente a su origen – la separación entre los seres humanos y la naturaleza. Este fue creado por primera vez a través de la revolución neolítica, cuando nuestros antepasados dejaron de depender de la generosidad de la madre tierra para alimentarlos e impusieron lo que Daniel Quinn llama “agricultura totalitaria”. Esto se estableció en piedra por la brecha de época entre la religión y Eros en las sociedades patriarcales y más solidificado a través de la subida de la ciudad-estado, jerarquía, imperios y colonialismo. Y finalmente llevado a que es el resultado lógico de la ecológica mega-crisis que el capitalismo globalizado.

“Colombia podría convertirse en un ejemplo para una verdadera paz, que otros países podrían aprender de.”

Todavía hoy, después de más de 500 años de historia colonial, hay comunidades indígenas en Colombia que están conectados con el conocimiento sagrado – la sabiduría original si se quiere. Se han conservado el recuerdo de lo que la existencia humana era como antes de que comenzara la historia de la separación. Religiones patriarcales arrancaron el corazón humano, aparte de hacer que las personas creen que deben buscar a Dios en alguna dimensión fuera de la Tierra, mientras que degradar la vida terrenal, Eros, el femenino y el cuerpo como pecado y el mal. Una cultura que prohíbe a la gente a seguir lo que anhelan y les enseña a odiar lo que les gusta se convierte inevitablemente en el caldo de cultivo de la violencia explosiva.

Por otra parte, las comunidades que pueden acumularse en niveles de profundidad de la confianza pueden servir como “Healing biotopos”, como el psicoanalista Dieter Duhm los llama. (Duhm desarrolló el “Plan de biotopos de sanación,” una estrategia para iniciar el cambio del sistema global a través de complejos modelos a pequeña escala para una futura cultura no violenta.) ¿Y qué mejor lugar para empezar a continuación, las comunidades que han fomentado la reconciliación en el corazón de la violencia y la opresión.

Una visión para la paz verdadera

Grupos indígenas y las comunidades de paz como San José de Apartadó podrían asumir un papel clave para el futuro de Colombia. Con todo lo que han sufrido y experimentado, con su profundo conocimiento sobre el perdón y la no violencia, que podrían enseñar a los combatientes desarmados las formas de resistencia no violenta, cómo transformar el dolor en esperanza, y el odio en la empatía. Ya están trabajando con socios internacionales en este sentido. Sabine Lichtenfels del Centro de Investigación para la Paz Tamera que ha acompañado a San José desde 2005, dice: “La revolución que necesitamos surgirá de las comunidades en las que la gente puede fomentar profunda confianza entre sí y la cooperación con la naturaleza y todos los seres. Es por eso que estamos trabajando con San José y otras comunidades en el establecimiento de un Campus Global para un futuro sin guerra “.

Estas comunidades pueden sintetizar lo mejor de la sabiduría indígena con Technik occidental, aplicando las mejores prácticas para restaurar la naturaleza y crear autonomía descentralizada en agua, energía y alimentos, así como un conocimiento más profundo de curación y de la comunidad para la sostenibilidad social. En San José, por ejemplo, o la Sierra Nevada de Santa Marta, podrían surgir centros de educación y sanidad para una Colombia en paz. Comunidades de paz, descentralizados autosuficientes por lo tanto serían surgir en las zonas de despeje en todo el país. Los antiguos guerreros ya no servir a la guerra, pero la restauración ecológica y social del país. Colombia podría convertirse en un ejemplo para una verdadera paz, que otros países podrían aprender de. Las comunidades de paz, los indígenas y ex guerrilleros podrían venir juntos por un poderoso movimiento de resistencia no violenta. Ellos ya no luchar contra el sistema, pero que sea obsoleta, estableciendo ejemplos duración para una sociedad post-capitalista.

Este trabajo es bajo licencia de Creative Commons Reconocimiento-Compartir bajo la misma licencia 3.0

Martin Winiecki es el coordinador global para el Centro de Investigación para la Paz Tamera en Portugal.

Las donaciones pueden ser enviadas a la No Violencia Centro de Baltimore, 325 E. 25 St., Baltimore, MD 21218. Tel: 410-323-1607 ; E-mail: mobuszewski [at] verizon.net . Ir ahttp://baltimorenonviolencecenter.blogspot.com/

“La clase magistral ha declarado siempre las guerras; la clase de objeto siempre ha luchado las batallas La clase magistral ha tenido todo que ganar y nada que perder, mientras que la clase sujeto ha tenido nada que ganar y todo que perder – en especial sus vidas. “. Eugene Victor Debs

Galería: el desplazamiento sigue vivo en la Colombia de la paz


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Home / Galerías Por Manuela Gómez González Publicado Abril 17, 2017

En Galerías ‘Soñando con Nariño’, Altos de la Florida, Soacha (2016).

Foto: Cortesía Robert Pennington “¡Soy estrato cero!”. Un desplazado colombiano le dijo una vez esta frase al fotógrafo estadounidense Robert Pennington, quien siempre recuerda la anécdota para explicar el título de su exposición ‘Cero’. Su colección de fotografías que retratan la vida de una parte de los casi 7 millones de desplazados que produjo el conflicto armado en el país estarán al acceso del público en la Universidad Externado de Colombia en Bogotá hasta el próximo 28 de abril. Según un informe de 2016 de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Colombia es hoy el país con más desplazados internos en el mundo entero. Así supera a Siria (6,6 millones) e Irak (4,4 millones).

Vea también: Es oficial: Colombia es el país con más desplazados en el mundo Pennington es fotógrafo documental y cineasta. Nació en Ohio, Estados Unidos, pero dice que se siente neoyorkino. Se aproxima a la fotografía desde su formación como cineasta, y su trabajo busca analizar la vida de quienes viven en los márgenes o la periferia de la sociedad. Su interés particular por el desplazamiento forzado nació en 2015, cuando desarrolló el proyecto ‘No place like home’, en el cual documentó el desplazamiento masivo hacia Europa de miles de ciudadanos de Oriente Medio y África, un fenómeno que Pennington considera “el mayor éxodo que ha sucedido en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial”. Su obra se centra en relatos de expulsión, pero sobre todo en los relatos de resiliencia y de coraje que comparten las personas que han perdido su hogar y que están decididas a continuar su vida. ¡Pacifista! habló con Pennington sobre su labor junto a la pobreza y sobre su experiencia al vivir con familias desplazadas en Cundinamarca, Chocó y Valle del Cauca. ‘Trabajo’, Buenavista, Chocó (2016).

Foto: Cortesía Robert Pennington Robert, ¿por qué decidió venir a Colombia? Hice un proyecto en 2015 llamado “No place like home” (No hay lugar como el hogar), en el que documenté la crisis de los refugiados en ocho países europeos y a partir de ese momento comencé a estudiar el fenómeno de desplazamiento a nivel global. El caso colombiano me impactó por la gravedad de la situación y los números, pero la fuerza que impulsó la exposición “Cero” fue el hecho de que muy pocas personas fuera de Colombia sabían de esta situación y había muy poca prensa cubriendo este problema. En el momento en que comencé el proyecto, Colombia era el segundo país con mayores desplazados en el mundo y hoy es el primero. Mi sospecha después de dos años trabajando este tema es que la cifra supera las siete millones de personas. ‘La Familia’, Altos de la Florida, Soacha (2016). Foto: Cortesía Robert Pennington ¿Cuando llegó al país? Aterricé en Bogotá en diciembre de 2015. Los primeros lugares que visité fueron Altos de Cazucá y Altos de la Florida, en Soacha, Cundinamarca. Dediqué mucho tiempo tratando de lograr el mayor entendimiento posible de la vida después del desplazamiento, de comprender la experiencia de los desplazados. Generalmente, para lograr esto trato de vivir con las personas que retrato, y eso fue lo que hice en Colombia. ‘Cielo andino’, Altos de la Florida, Soacha (2016). Foto: Cortesía Robert Pennington ¿Como fue la experiencia de vivir en Soacha, uno de los municipios que recibe más desplazados? En Soacha me impresionó el fenómeno de estos miles de desplazados que, forzados a huir de zonas rurales, migran a las grandes ciudades con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida, oportunidades o servicios sociales. Sin embargo, no encuentran nada de esto. Encuentran barrios con una situación de seguridad muy difícil, sin servicios sociales, donde deben llegar a construirse una casa con lo puedan encontrar: madera, plástico, y en una tierra sobre la que no tienen propiedad, lo cual genera conflictos. Los desplazados tienen problemas emocionales, sicológicos, han sufrido tremendamente y siguen sufriendo en las ciudades. ‘Caminos’, Triana, Valle del Cauca (2016). Foto: Cortesía Robert Pennington ¿En qué otros lugares estuvo? En el Chocó viví en Buena Vista con el grupo indígena Wounaan, desplazado en 2015 presuntamente por las Farc, y con una comunidad de pescadores en Togoromá, desplazados en 2013 por Los Urabeños. Finalmente, en el Valle del Cauca conviví con una comunidad ubicada en Triana, que sufrió varias masacres por parte los paramilitares entre 1999 y 2003, y con la comunidad de Aguaclara, también obligada a desplazarse por las incursiones paramilitares y por masacres ocurridas entre 2002 y 2003. ‘Jacinta’, Togorama, Chocó (2016). Foto: Cortesía Robert Pennington ¿Qué impresión le dejó la situación económica por la que pasan los desplazados? Me sentí muy preocupado, sobre todo, por la idea de los estratos sociales. Es algo sobre lo que no sabía nada cuando llegué, y luego me di cuenta de que es una idea muy incrustada en la cultura colombiana. Eso no existe en Estados Unidos. Hay estructuras de clase en todos los países, pero el único lugar a dónde he viajado que tiene un tipo de estratificación similar al colombiano es India. Por bien intencionado que sea el sistema, creo que a la larga se ha convertido en un estigma. Cuando les preguntaba a los desplazados como se sentían en la sociedad colombiana, casi todos me respondían: “Me siento como si fuera de estrato cero”. Era un tema común: se sienten invisibles y olvidados por la sociedad. Por eso me sentí obligado a intentar darles una voz a través de “Cero”. ‘Niños sin escuela’, Togorama, Chocó (2016). Foto: Cortesía Robert Pennington ¿Qué aprendió de este trabajo con las víctimas? Aprendí sobre la capacidad de resiliencia y perseverancia de los desplazados, que a pesar de haberse enfrentado y enfrentarse al conflicto, a amenazas constantes y a muchas dificultades, tratan de sacar lo mejor de sí. Es una experiencia increíble e inspiradora. Estoy convencido de que la mayor riqueza de Colombia es su gente. ‘Otro día’, Aguaclara, Valle del Cauca (2016).

Foto: Cortesía Robert Pennington Entre el 29 de abril y el 14 de mayo próximos podrá encontrar más del proyecto ‘Cero’ de Robert Pennington en la Galería Sin Título, ubicada en la calle 79b No. 7 – 59, en Bogotá.

Copyright: http://pacifista.co/galeria-el-desplazamiento-sigue-vivo-en-la-colombia-de-la-paz/ .

LOS YANOMAMIS


niño yanomami
niño yanomami
© Fiona Watson/Survival

Los yanomamis conforman el pueblo indígena relativamente aislado más numeroso de América del Sur. Viven en las selvas y montañas del norte de Brasil y del sur de Venezuela.

Como la mayoría de los pueblos indígenas del continente, posiblemente emigraron hace unos 15.000 años a través del Estrecho de Bering que une Asia y América, y poco a poco fueron bajando hasta Sudamérica. Hoy en día, su población total está en torno a las 35.000 personas.

El territorio yanomami en Brasil es de unos 9,6 millones de hectáreas, dos veces el tamaño de Suiza. En Venezuela, los yanomamis viven en la Reserva de la Biosfera del Alto Orinoco-Casiquiare, que tiene 8,2 millones de hectáreas. Estas dos áreas juntas conforman el mayor territorio indígena selvático del mundo.

Últimas amenazas

Miles de garimpeiros o buscadores de oro que trabajan ilegalmente en la tierra yanomami les transmiten enfermedades mortales como la malaria y contaminan los ríos y los bosques con mercurio. Los terratenientes ganaderos están invadiendo y deforestando la frontera este de su territorio.

La salud de los yanomamis se ve perjudicada y la atención médica crítica no llega hasta ellos, especialmente en Venezuela

El Congreso brasileño está actualmente debatiendo una proyecto de ley que, en caso de aprobarse, permitiría la minería a gran escala en territorios indígenas. Esto sería extremadamente perjudicial para los yanomamis y para otros pueblos indígenas remotos de Brasil.

‘La tierra es nuestro patrimonio’El chamán Davi Kopenawa Yanomami explica lo que significaría para su pueblo el anteproyecto de ley sobre la minería.

Los yanomamis no han sido consultados adecuadamente acerca de su punto de vista, y su acceso a información independiente sobre el impacto de la minería es limitado.

Davi Kopenawa, portavoz de los yanomamis y presidente de la asociación yanomami Hutukara, avisa de los peligros:

“Los yanomamis no quieren que el Congreso nacional apruebe la ley o que el presidente la firme. No queremos aceptar esta ley”.

“Nuestra tierra tiene que ser respetada. Nuestra tierra es nuestro patrimonio, un patrimonio que nos protege”.

“La minería sólo destruirá la naturaleza. Destruirá los arroyos y los ríos y matará a los peces y al medioambiente: y nos matará a nosotros. Y traerá enfermedades que nunca existieron en nuestra tierra”.

Yanomamis aislados

Según han informado los propios yanomamis, ellos mismos han avistado en su territorio a otros yanomamis aislados, a los que llaman moxateteus. Se piensa que los moxateteus viven en el área con mayor concentración de buscadores de oro ilegales de todo el territorio yanomami.

Un niño yanomami rema en su canoa de regreso a su hogar en la Amazonia brasileña.

Un niño yanomami rema en su canoa de regreso a su hogar en la Amazonia brasileña.
© Survival

El contacto con los buscadores de oro podría ser muy peligroso para los moxateteus y podría derivar en un violento conflicto. Los buscadores de oro, además, contagian la malaria y otras enfermedades comunes para nosotros, que podrían ser mortales para los moxateteus ya que no han desarrollado inmunidad frente a ellas.

FUNAI, el departamento de asuntos indígenas del Gobierno brasileño, ha enviado un nuevo equipo a la zona para averiguar dónde están los moxateteus y cuántos son, tratando en todo momento de no establecer contacto con ellos.

En palabras del chamán yanomami, Davi Kopenawa: “Hay muchos indígenas no contactados. Yo no los conozco, pero sé que están sufriendo igual que nosotros… Quiero ayudar a mis familiares aislados, que tienen nuestra misma sangre. Es realmente importante para todos los indígenas, incluidos los no contactados, permanecer en las tierras donde han nacido”.

¿Cómo ayuda Survival?

Survival apoya a los yanomamis desde hace décadas. Lideramos la campaña internacional por la demarcación del territorio yanomami junto con la ONG brasileña Comisión Pro Yanomami (CCPY). También hemos apoyado sus proyectos educativos, médicos y sanitarios.

Familia yanomami

Familia yanomami
© 1980 Victor Englebert/Survival

A pesar de los repetidos llamamientos por parte de los yanomamis, las autoridades brasileñas no han conseguido expulsar a los buscadores ilegales de oro ni resolver la crisis sanitaria.

Ahora la salud de los yanomamis está en peligro, ya que la malaria y otras enfermedades se están extendiendo.

Por favor, únete a nosotros para hacer presión por los derechos territoriales de los yanomamis y por su protección ante la violencia y las enfermedades de foráneos.

DEL ARCHIVO

Yanomami: una campaña de Survival 1990
GOOGLE LIBROS, 16 PÁGINAS (en inglés)

Venezuela: violaciones de derechos Indígenas 1995
PDF, 42 Páginas, 8.9MB (en inglés)

Intrusos

Los yanomamis entraron en un contacto continuado con foráneos en 1940, cuando el Gobierno brasileño mandó trabajadores para delimitar la frontera con Venezuela.

Pronto se establecieron allí el Servicio Estatal de Protección de los Indígenas y grupos de misioneros. Este flujo de personas provocó las primeras epidemias de sarampión y de gripe, por las que murieron muchos yanomamis.

Madre yanomami e hijo.

Madre yanomami e hijo.
© Steve Cox/Survival

A comienzos de los 70, el Gobierno militar decidió construir una carretera a través del Amazonas y a lo largo de la frontera norte. Sin aviso previo, las excavadoras atravesaron la comunidad de Opiktheri. Dos comunidades enteras fueron aniquiladas por completo como consecuencia de enfermedades contra las que no poseían inmunidad.

Los yanomamis continúan sufriendo los impactos devastadores y duraderos de la carretera que introdujo colonos, enfermedades y alcohol. Actualmente, los terratenientes y los colonos la utilizan como punto de acceso para invadir y deforestar el área de los yanomamis.

La fiebre del oro y el genocidio

Durante los años 80, los yanomamis sufrieron enormemente cuando cerca de 40.000 buscadores de oro brasileños invadieron su tierra. Estos buscadores les dispararon, destruyeron muchas comunidades y les expusieron a enfermedades contra las que no tenían inmunidad. El 20% de los yanomami murió en sólo siete años.

Después de una larga campaña internacional liderada por Davi Kopenawa Yanomami, Survival y la Comisión Pro Yanomami (CCPY), la tierra yanomami de Brasil fue demarcada finalmente como “Parque Yanomami” en 1992 y los buscadores de oro fueron expulsados.

Mineros ilegales trabajando ilegalmente en tierritorio yanomami.

Mineros ilegales trabajando ilegalmente en tierritorio yanomami.
© Survival

A pesar de ello, tras la demarcación, los buscadores de oro volvieron a la zona, generando tensiones. En 1993, un grupo de mineros entró en la comunidad de Haximú y asesinó a 16 yanomamis, entre ellos a un bebé.

Tras una protesta nacional e internacional, un tribunal brasileño declaró a cinco de ellos culpables de genocidio. Dos están cumpliendo condena en la cárcel, mientras que los demás lograron escapar.

Este es uno de los pocos casos en todo el mundo en el que un tribunal ha declarado a personas como culpables de genocidio.

La invasión de la minería de oro en la tierra de los yanomamis continúa. La situación en Venezuela es muy grave, y algunos yanomamis han sido envenenados y han estado expuestos a violentos ataques durante años. Las autoridades apenas han actuado para resolver estos problemas.

Los indígenas brasileños aún no tienen derechos territoriales adecuados sobre su tierra. El Gobierno rechaza reconocer el derecho territorial de los indígenas, a pesar de haber ratificado el derecho internacional (Convenio 169 de la OIT) que lo garantiza. Además, a muchas personalidades de la clase dirigente brasileña les gustaría que se redujese el tamaño del área yanomami y que se permitiese en ella la minería, la ganadería y la colonización.

Para complicar aún más las cosas, el ejército brasileño ha establecido cuarteles en el corazón de la tierra de los yanomamis, lo que ha aumentado las tensiones. Los soldados han prostituido a mujeres yanomamis, y algunas de ellas se han infectado de enfermedades de transmisión sexual.

Modo de vida

Una maloca yanomami, Brasil.

Una maloca yanomami, Brasil.
© Survival

Los yanomamis viven en grandes casas comunales de forma circular llamadas yanos o shabonos. Algunas pueden alojar hasta a 400 personas. La zona central se usa para actividades como rituales, fiestas y juegos.

Cada familia tiene una hoguera propia donde prepara y cocina la comida durante el día. Por la noche cuelgan las hamacas cerca del fuego, que mantienen encendido hasta la mañana para estar calientes.

Los yanomamis creen firmemente en la igualdad entre las personas. Cada comunidad es independiente de las otras y no reconocen a ninguno como “jefe”. Las decisiones las toman por consenso, normalmente después de largos debates en los que todos pueden opinar.

Grupo de indígenas yanomami en la selva en Demini, Brasil.
Grupo de indígenas yanomami en la selva en Demini, Brasil.
© Fiona Watson/Survival

Como la mayoría de los pueblos indígenas amazónicos, las tareas se dividen según el sexo. Los hombres cazan pecaríes, tapires, monos y un tipo de cérvidos, y a menudo usan curare (un extracto de plantas) para envenenar a sus presas.

A pesar de que la caza sólo produce el 10% de la comida de los yanomamis, entre los hombres es considerada una habilidad de gran prestigio, y todos valoran mucho la carne.

Ningún cazador come nunca la carne que ha cazado. Por el contrario, la reparte entre sus amigos y familiares. A cambio recibirá carne de otro cazador.

Las mujeres cuidan de los huertos, en los que cultivan cerca de 60 tipos de grano de los que obtienen casi el 80% de su comida. También recolectan frutos secos, moluscos y larvas de insectos. La miel silvestre es muy apreciada y los yanomamis cosechan 15 variedades.

Niño yanomami

Niño yanomami
© Claudia Andujar/Survival

Tanto los hombres como las mujeres pescan, y utilizan el timbó o veneno para los peces en los viajes de pesca comunales. Grupos de hombres, mujeres y niños machacan haces de vid que dejan flotar en el agua. El líquido atonta a los peces, y salen a la superficie donde los recogen en cestas. Utilizan nueve especies de vid sólo para el veneno de los peces.

Los yanomamis poseen un vasto conocimiento botánico y utilizan cerca de 500 plantas para comer, elaborar medicinas, construir casas y otros artefactos. Su sustento se basa en la caza, la recolección y la pesca, pero también tienen grandes huertos que obtienen de talar partes de selva. El suelo amazónico no es muy fértil, lo que les obliga a despejar trozos de selva cada dos o tres años.

Chamanismo y fiestas

Ves cosas, sueñas, conoces a los xapiripë [espíritus]. Los chamanes pueden curar la enfermedad de la selva.DAVI KOPENAWA HABLANDO SOBRE EL CHAMANISMO.

El mundo espiritual es una parte fundamental de la vida de los yanomamis. Cada criatura, piedra, árbol y montaña tiene un espíritu. A veces estos son malignos, y atacan a los yanomami y se cree que les provocan enfermedades.

Los chamanes controlan a estos espíritus inhalando un polvo alucinógeno llamado yakoana. A través de su trance visionario, se encuentran con los espíritus o xapiripë. El chamán Davi Kopenawa explica:

“Sólo aquellos que conocen a los xapiripë los pueden ver, porque los xapiripë son muy pequeños y brillan como la luz. Hay muchos, muchos xapiripë, miles de xapiripë como estrellas. Son preciosos, y están decorados con plumas de loros y pintados con urucum (annatto), y otros tienen oraikok, otros llevan pendientes y utilizan tinte negro y bailan de una forma preciosa y cantan de una forma diferente”.

Chamán yanomami

Chamán yanomami
© Claudia Andujar/Survival

Como es característico de los cazadores-recolectores y de los agricultores nómadas, los yanomamis trabajan menos de cuatro horas al día de media para satisfacer todas sus necesidades materiales. Les queda mucho tiempo libre para el ocio y las actividades sociales.

Son frecuentes las visitas entre comunidades. Se organizan ceremonias para celebrar acontecimientos como la recolección de los pejiballes (especie de melocotón de la fruta de la palma) y el reahu (fiesta funeraria), que conmemora la muerte de un individuo.

El futuro

Los yanomamis creen firmemente en la igualdad entre las personas. Cada comunidad es independiente de las otras y no reconocen a ninguno como “jefe”. Las decisiones las toman por consenso, normalmente después de largos debates en los que todos pueden opinar.

Hutukara, la asociación yanomami.

Hutukara, la asociación yanomami.
© Hutukara

En 2004, se reunieron yanomamis de 11 regiones de Brasil para formar una organización propia, Hutukara (que significa “la parte del cielo de la que nació la tierra”), que defendiera sus derechos y dirigiera sus propios proyectos.

Como resultado de su creciente contacto con foráneos, los yanomamis y CCPY, una ONG brasileña, elaboraron un proyecto educativo. Uno de sus objetivos principales es concienciar a los yanomami sobre sus derechos.

Se ha formado a profesores yanomamis para enseñar a leer, a escribir y a dar clases matemáticas en sus comunidades. Urihi, una ONG sanitaria, ha formado a otros yanomami como personal sanitario.

Sin embargo, en 2004 la Fundación Nacional de Salud (FUNASA) del gobierno brasileño se hizo cargo de la atención sanitaria de los yanomamis. Desde ese momento, han ido aumentando las denuncias de los yanomamis contra el caótico sistema de atención sanitaria.

En 2011, los yanomamis de Venezuela crearon su propia organiación, llamada Horonami, para defender sus derechos.

Actúa ahora para ayudar a los yanomamis

Tu colaboración ayudará a que los yanomamis consigan el control sobre sus tierras, sus vidas y su futuro. Puedes colaborar de muchas formas.

http://www.survival.es/indigenas/yanomami

FUNERAL DE ARBOLES.


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En el presente, la deforestación ocurre principalmente, en América Latina, África Occidental y algunas regiones de Asia.

Una tercera parte del total de la tierra está cubierta por bosques, lo que representa cerca de 4 000 000 000 (cuatro mil millones) de hectáreas. Hay 10 países que concentran dos tercios de este patrimonio forestal: Australia, Brasil, Canadá, China, la República Democrática del Congo, India, Indonesia, Perú, la Federación Rusa y los EE. UU.7 Estos han sido explotados desde hace años para la obtención de madera, frutos, sustancias producidas por diferentes especies o para asentamientos de población humana, ganadería y agricultura. Indonesia, Malasia, Paraguay, Bolivia, Zambia y Angola han sido los países que más superficie forestal han perdido

En la actualidad la tasa de desaparición de bosques ha caído a la mitad en el mundo desde 1990, en los últimos 25 años la tasa de desaparición de los bosques se redujo a la mitad.
Desde 1990 se han perdido 129 millones de hectáreas de bosque. La tasa anual de pérdida neta de bosques (que incluye las plantaciones de bosques nuevos) pasó de 0,18% en los años 1990 a 0,08% en los cinco últimos años. Más países están mejorando la gestión forestal y existe una superficie cada vez mayor de áreas protegidas.
Particularmente relevante es el caso de Europa cuya superficie boscosa aumentó considerablemente, teniendo en 2016 un tercio más de bosques que un siglo atrás.
El mismo fenómeno se produce en Cuba con un aumento de la superficie boscosa del casi 30% en las últimas décadas, como resultado de un ambicioso programa de reforestación. La misma situación se da en Rusia, que posee el 20 % de todos los bosques del planeta, cuyas áreas boscosas se están ampliando desde 1961

COLOMBIA: Partido político de las FARC tendrá base marxista-leninista y apuntará a “la clase trabajadora”


BY: STAFF DE PANAM POST ABR 19, 2017, 4:43 PM287
tesis de abril
Con estas tesis las FARC buscarán llegar al poder en Colombia (YouTube)

El ingreso de las FARC a la política cada vez se va consolidando más. Así lo demuestra un reportaje hecho por la periodista Katalina Vásquez Guzmán para el diario El Espectador en el que cuenta cómo es la preparación de los lineamientos que regirán el partido que cree el grupo subversivo.

Según cuenta la periodista, los miembros de las FARC que se encuentran en las zonas veredales estudian desde las cinco de la mañana las tesis bajo las cuales se regirá la nueva colectividad que se forme, todas ellas bajo los postulados del Marxismo, el Leninismo y el pensamiento emancipatorio bolivariano, como era de esperarse por la ideología que ha defendido la guerrilla desde su fundación como se lee en la tesis 47 de 61.

También aseguran que buscarán crear un partido para los trabajadores, en el que se logre interpretar y representar las necesidades de lo que ha llamado el marxismo como la “clase trabajadora” e incluso llegar a entender las necesidades de la clase media y representarla siendo coherentes con su pensamiento e ideología.

 

“La situación de la clase trabajadora demanda una alternativa política que contribuya a mejorar sus vidas presentes, al tiempo que ofrece perspectiva histórica de cara a las futuras generaciones” dice el documento que fue conocido por GeneracionPaz.Co y del que el diario El Espectador publicó algunos apartes, en las que se asegura que el partido será construido con base en una democracia interna para la toma de decisiones.

Uno de los apartes que resalta el diario El Espectador es la tesis número 17, en la que se habla de la debilidad del Gobierno de Juan Manuel Santos y aunque reconocen sus esfuerzos con el acuerdo logrado, atribuyen esta situación al modelo que ellos llaman “neoliberal” y culpan la impopularidad del mandatario colombiano a otras causas como el alza de impuestos.

Finalmente entre la tesis número 57 a la 61 vuelven a hablar de la necesidad de un Gobierno que ellos llaman “de transición” y su naturaleza, además de una base política que lo soporte para lograr su implementación. Se espera que las FARC se reúnan en mayo para terminar de elaborar los lineamientos para su partido político.

Fuente: El Espectador

https://es.panampost.com/panam-staff/2017/04/19/partido-politico-de-las-farc-tendra-base-marxista-leninista-y-apuntara-a-la-clase-trabajadora/

COLOMBIA: Mambear la Coca “Un Encuentro con Nuestra Historia”


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Mambear la coca es un encuentro con nuestra historia”

Con estas palabras comenzó el mayor Milo mientras organizaba la leña para dar vida al abuelo fuego que nos acompañaría durante el conversatorio programado con los procesos territoriales de comunicación de la AMCIC, jóvenes y estudiantes de la Universidad Autónoma indígena intercultural UAIIN – CRIC. Este espacio colectivo se realizó en la noche del 11 de abril de los presentes, en las instalaciones del Cabildo Indígena del Resguardo de Papallaqta, Pueblo Yanacona, Municipio de San Sebastian, Cauca, en el marco de la “Escuela Territorial Itinerante de Comunicación Propia” del CRIC.

nota (1)Las palabras del mayor pasaron a hacer parte de un compromiso comunitario entre las partes para “amarrar la palabra”. Los participantes acompañados del abuelo fuego, la hoja de coca, el tabaco y el agua mesclada con plantas con el propósito de armonizar el espacio y despejar el pensamiento, en ese sentido se abrió el camino para dar inicio a los relatos de vida de cada pueblo.

A través de la palabra que nos compartía el mayor Milo, nos llevaba a recordar vivencias de nuestra niñez. Esa educación propia que se daba en familia con papá y mamá a través de los relatos nos enseñaban la forma del cuidado y la relación armónica con nuestro territorio.

Después de escuchar al mayor Milo con atención, invito a los participantes a tomar la palabra para que compartieran sus experiencias organizativas, culturales y territoriales teniendo en cuenta la responsabilidad que nos asiste con nuestras comunidades en la defensa de nuestros espacios sagrados que se encuentran en nuestros territorios.

“La palabra hay que convertirla en acción y el compromiso adquirido, es una responsabilidad personal, colectiva y espiritual con la comunidad”. Mayor Milo.

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Por: Estudiantes del Programa de Formación en Comunicación Propia Intercultural UAIIN-CRIC

http://www.cric-colombia.org/portal/mambear-la-coca-un-encuentro-con-nuestra-historia/

ESPAÑA: Juez rechaza que una demanda contra arzobispo Oviedo sea competencia Vaticano


EFE

MIÉRCOLES, 19 DE ABRIL DEL 2017 – 11:01 CEST

Un juez ha rechazado la petición formulada por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, y el obispo de Cuenca, José María Yanguas, para que fuera un tribunal eclesiástico del Vaticano y no la jurisdicción civil española la que resolviera una demanda presentada por 268 misioneras de la Asociación Privada Lumen Dei.

En un auto, al que ha tenido acceso Efe, el titular del Juzgado de Primera Instancia número 77 de Madrid desestima las declinatorias presentadas por Sanz y Yanguas contra la demanda de las misioneras por vulneración del derecho fundamental de asociación.

Sanz y Yanguas consideran que en virtud del acuerdo entre el Estado y la Santa Sede este asunto no compete a la jurisdicción civil española, sino que a los tribunales de la Iglesia Católica, en concreto al Tribunal Eclesiástico de la Signatura Apostólica del Vaticano, al tratarse, según ellos, de una asociación eclesiástica sujeta al Derecho Canónico y no privada como defienden ellas.

Pero el magistrado afirma que una demanda de protección del derecho fundamental de asociación, recogido en la Carta Magna, interpuesta por un ciudadano español contra una asociación inscrita y domiciliada en España, por hechos acaecidos en nuestro país es competencia de la jurisdicción civil española.

“No es posible estimar una declinatoria de jurisdicción para privar del conocimiento de un asunto a la jurisdicción civil y atribuírsela la jurisdicción eclesiástica porque esta no es una jurisdicción estatal reconocida en nuestra Constitución”, precisa.

Las misioneras defienden que Lumen Dei se divide en tres organizaciones independientes aunque las tres utilicen las palabras “Lumen Dei”.

Se tratan de la Asociación Privada Lumen Dei, aprobada en Valencia en 1975 y que es la que dispone de todo el patrimonio, la Asociación Unión Sacerdotal Lumen Dei erigida en Cuenca en 1986, y la Unión Lumen Dei constituida en Cuenca en 1986 y que es la que depende del Vaticano.

Y añaden que la Santa Sede nombró Comisario Pontificio de la Unión Lumen Dei a Sanz, aunque este “maniobró” con la ayuda del obispo de Cuenca para proclamarse también el líder de la asociación, si bien Sanz defiende que las tres asociaciones son una misma y única Lumen Dei según el Código de Derecho Canónico.

Las misioneras recuerdan que Sanz no ha sido votado ni elegido por los asociados, como así establece el estatuto general de la institución, por lo que no puede destituir a los cargos que si fueron elegidos previamente ni gestionar un patrimonio sobre el que no tiene potestad alguna.

Desde entonces, Sanz ha venido los principales bienes de la asociación por 12,7 millones de euros, lo que ha ocasionado daos morales y económicos a los asociados, que no han recibido ninguna cantidad, según recoge la demanda, a la que ha tenido acceso Efe.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/juez-rechaza-que-una-demanda-contra-arzobispo-oviedo-sea-competencia-vaticano-5981561

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