Sacerdocio Carmelitano femenino. (Basado en una conferencia de: Ma. José Arana. RSCJ)


Sin título1A lo largo de los tiempos, no han sido pocas las mujeres que se han encontrado muy limitadas por el hecho de no poder participar directamente en las actividades evangelizadoras y sacramentales. Encerradas, honestas y recogidas, tanto en la sociedad civil como en la eclesiástica, se les impedía toda actividad “impropia de su sexo” y se les evitaba cualquier responsabilidad y credibilidad.

Sin embargo, aun bajo estas prohibiciones, encontramos varias reivindicaciones femeninas cuando examinamos vidas y textos de muchas santas y místicas, que bajo el velo de una espiritualidad de la inmolación eucarística, llegan a expresar claramente una vocación al sacerdocio ministerial.

El Carmelo ha sido una tierra fecunda para estas mujeres con vocación sacerdotal, podemos leer claramente en los escritos de Teresa de Lisieux, Isabel de la Trinidad y Teresa de los Andes esta profunda convicción, pues para ellas vivir la descalcez es ser sacerdote en la inmolación.

Isabel de la Trinidad expresa: “…Del fondo de la inmolación silenciosa de un alma hostia -dice- brota un llamamiento misterioso y real, una vocación sacerdotal…”[1]. Su vida espiritual está centrada en ese anonadamiento de la víctima que se inmola: “…El sacerdote y la víctima son seres correlativos…”, y su vocación contemplativa la descubre íntimamente relacionada con la sacerdotal: “La vida del sacerdote, como la de la carmelita”; “Tal es como yo entiendo el apostolado de la carmelita y del sacerdote”; “¡Qué sublime misión la de la carmelita!; ha de ser mediadora”. Todas estas afirmaciones están profundamente conectadas con el centro de su espiritualidad: “Que no deje de consagrarme en el Santo Sacrificio de la Misa, para que sea una Hostia de alabanza para gloria de Dios”. Unida a la que ella llama “Virgen Sacerdotal”, se anega, llena de celo, en Cristo y, aunque feliz en su vocación contemplativa, sin embargo deja traslucir, como un deseo incumplido, esa “vocación sacerdotal” casi secreta: “Fuera del sacerdocio no veo nada más santo en la Tierra”[2].

Algo semejante percibía en sí Santa Teresita del Niño Jesús y poco antes de morir escribía a su hermana: “Siento en mi interior vocación de sacerdote”; y en otro momento exclama con toda espontaneidad: “Sin embargo siento en mí otras vocaciones; siento la vocación de guerrero, de sacerdote, de doctor, de mártir”. Experimentaba una especial satisfacción al “tener que tocar, como los sacerdotes, los vasos sagrados”[3]. También añoraba el apostolado mediante la predicación ministerial y escribe: “Si hubiese sido sacerdote, cómo hubiera hablado de Ella!”[4]. Sin embargo, en el fondo de su corazón, no renunció nunca a esta real vocación, la supo integrar en su espiritualidad y vivencias, pero, además, tampoco excluyó la intuición de que sus deseos, algún día, se pudieran realizar: “Ando con la idea de que los que lo hayan deseado en la tierra participarán en el cielo del honor del sacerdocio”[5].

Teresa de Los Andes, es más reservada en sus comentarios, sin embargo sus ganas de participar activamente en el sacrificio del altar le consumen y lo expresa recurrentemente en sus cartas. Ella considera su vocación a la vida contemplativa en el Carmelo semejante a la vocación sacerdotal pues: “La carmelita es hermana del sacerdote. Ambos ofrecen una hostia de holocausto por la salvación del mundo”.[6] Su vida quiere ser una continua la inmolación eucarística, y siente la misión de cristificarse por medio de la eucaristía, donde ella se ve reflejada: “Dime por donde puede buscarse a la Carmelita que no se le encuentre en el altar del sacrificio. Es inmolada cual la hostia santa: en silencio. Su acción, su obra redentora, ¿No es acaso semejante a la de Jesús-hostia? Ella salva las almas por la oración y el sacrificio.”[7] Es tanta la seguridad que siente en esta semejanza con Jesús Eucaristía que pide a sus directores espirituales que la ofrezcan como tal en la misa: “Quiero ser hostia por hostia. Introdúzcame en el cáliz para que bañada en la sangre de Jesús, sea aceptada por la Sma. Trinidad”.[8]

La vocación sacerdotal no es solo un ministerio apostólico, implica en sí una mística y espiritualidad propia y especifica, cuyo mejor ejemplo, según estas santas, ven reflejado en la Virgen María, verdadera mujer sacerdotal: “Con la Sma. Virgen he arreglado que sea mi sacerdote que me ofrezca en cada momento por los pecadores y sacerdotes, pero bañada con la sangre del Corazón de Jesús.”[9]

Sin embargo muchos apuntan que estas vocaciones al ministerio sacerdotal y las de otras muchas mujeres de tiempos pasados y modernos no son vocaciones verdaderas, pues su verdadera vocación es la de ser victima (sic), ya lo reconocía Paulo VI: “La mujer no puede ser sacerdote. No realiza el Sacrificio. Pero la mujer puede ser víctima”.[10] Pero a éstas y otras mujeres no les convence esta idea. Es más, ven en ello una flagrante injusticia y desigualdad.

La célebre Carmelita y filósofa Edith Stein señalaba como una gran contradicción la postura del Derecho Canónico que excluye a las mujeres, por el hecho de serlo, de todas las funciones consagradas dentro de la Iglesia. “¿A qué se debe esto?”, se preguntaba; porque, ciertamente, además de no encontrar razones en contra del sacerdocio femenino desde el punto de vista dogmático, antropológico ni bíblico, pensaba que es una cuestión “que aún no ha sido tomada en serio” y esperaba, de la Iglesia, una futura acogida[11].

[1] ISABEL DE LA TRINIDAD, Obras Completas, Madrid 1958. pp. 171, 173, 185, 192, 223, 254, 365, 369, 541, 547, etc.

[2] Ibid., 904-905.

[3] SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS, Manuscritos Autobiográficos (Historia de un alma), Burgos 1958, p. 242.

[4] Se refiere a la Virgen, p. 373.

[5] Proceso diocesano, 2741, Sor Genoveva.

[6] SANTA TERESA DE LOS ANDES, Obras Completas, Burgos 1995. Carta 63, p. 375.

[7] Ibid. Carta 138, p. 613.

[8] Ibid. Carta 116, p. 547.

[9] Ibid. Carta 162, p. 674.

[10] J. GITTON, Dialogues avec Paul Vl, Fayard 1967, p.304.

[11] C. FELDMANN, Edith Stein, Judía, Filósofa y Carmelita, Barcelona 1988, p.72. A. JIMÉNEZ VICENTE, Destellos en la noche, Publicaciones Claretianas, Madrid 1990, p. 70.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: