ALEMANIA.COLONIA: sacerdotes alemanes: piden abrir el sacerdocio a las mujeres, y hacer que el celibato sacerdotal sea voluntario


La gente se recortan contra la catedral de Colonia en Alemania el 25 de enero de 2016. (Foto CNS / Wolfgang Rattay, Reuters)
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En una carta abierta sobre el estado de la iglesia y el ministerio sacerdotal en Alemania, un grupo de 11 sacerdotes alemanes de la archidiócesis de Colonia han instado a la iglesia para abrir el sacerdocio a hombres y mujeres y  hacer voluntario el celibato sacerdotal.

Subrayan siete puntos esenciales para el futuro de la iglesia, incluyendo las siguientes:

  • “Necesitamos con urgencia para seguir adelante con iniciativas valientes en la cuestión de la admisión al sacerdocio. No tiene sentido continuamente para pedir al Espíritu Santo por las vocaciones, mientras que al mismo tiempo excluir a las mujeres del ministerio sacerdotal”.
  • “El celibato a menudo conduce o bien a la soledad estéril y el aislamiento social o la agitación de trabajo indefensa Rara vez libera una fuente espiritual de la pastoral Hemos aceptado el celibato, pero no elegimos que 1 Timoteo 3:… 2 nos proporciona alimento para el pensamiento: ‘Una iglesia líder debe ser sin culpa, sino que debe tener una sola esposa ‘. “

Los sacerdotes también criticaron la agrupación de parroquias. Se dice que las agrupaciones parroquiales son una “imposición”, ya que además la transformación en forma anónima y el aislamiento que ya está teniendo lugar en la sociedad. párrocos y sus ayudantes deben estar disponibles a nivel local y no en un “centro distante”, dijeron los sacerdotes. Deben ser “donde la torre de la iglesia es y el anillo de campanas.”

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“Para nosotros – y para muchos otros – estas preguntas están quemando los problemas y sabemos que que son también una gran fuente de preocupación para Francisco y [Colonia] cardenal [Rainer] Woelki”, Mons. Wolfgang Bretschneider, uno de los 11 sacerdotes, dijo domradio.de , portal de Internet de la arquidiócesis de Colonia.

Los 11 sacerdotes, que estaban todos ordenados en 1967, poco después del Concilio Vaticano II, se han reunido una vez al mes desde entonces, han ido en los retiros y realizado viajes en el país y en el extranjero juntos, dijo Bretschneider. En el 50 aniversario de su ordenación, miraron hacia atrás en todo lo que habían experimentado en la iglesia y decidió dar a conocer sus puntos de vista en forma de una carta abierta sobre los temas candentes en la iglesia de hoy.

Cuando se le preguntó lo que él y sus compañeros sacerdotes esperanza para la medida de lo ordenación de las mujeres, Bretschneider respondió: “Esperamos que el tema no será dejado de lado. Hubo un momento en que ni siquiera se podía hablar de la ordenación de mujeres abiertamente. Mucho se ha hecho posible en virtud de Francisco, sin embargo. Somos plenamente conscientes del hecho de que esta cuestión no se puede decidir durante la noche. no es la iglesia mundial a considerar y el peligro de un cisma. … Pero el aumento de la conciencia y poniendo continuamente un dedo en un problema puede llevar a un cambio de opinión en los últimos años y para una posible solución “.

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MENSAJES PARA NIÑXS: Demostrar nuestro amor por Jesús (6to Domingo de Pascua)


SERMÓN DE LA SEMANA

Título: Demostrando nuestro amor por Jesús

Tema: Demostrar nuestro amor por Jesús (6to Domingo de Pascua)

Objeto: Una Biblia

Escritura: “¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Juan 14:21 – NVI).

¿Cuántos de ustedes tienen una mascota? ¿Qué clase de mascota es? (Dele tiempo a los niños para contestar.) Cuando era niño tenía un periquito llamado Pedrito. Dedicaba muchas horas a jugar con Pedrito y hasta le enseñé a hablar. Él decía: “Pedrito, lindo pajarito, lindo, lindo.” Normalmente dejábamos la puerta de su jaula abierta durante el día. Cuando llegaba de la escuela, Pedrito volaba hacia mí y se ponía en mi hombro. ¡Cómo amaba a ese pájaro! ¿Sabes cómo le demostraba a Pedrito que lo amaba? Cuidándolo. Me aseguraba que su jaula estuviera limpia. También que tuviera suficiente agua y comida. Una de las maneras más importantes de demostrarle mi amor era dedicando tiempo a estar con él.

Ahora, si fuera a tu casa y observara a tu mascota y a ti juntos, ¿cómo podría saber que la amas? ¿Qué cosas haces para demostrarle que la amas? (Dele tiempo a los niños para contestar: alimentándolo, aseándolo, cepillándolo, ejercitándolo, etc.) Es importante recordar que no es suficiente decir que amas a tu mascota. El amar no es algo que dices solamente, sino que es algo que demuestras por medio de las cosas que haces. Es la forma o manera de actuar hacia alguien o algo.

Ahora, permíteme hacerte una pregunta. ¿Amas a Jesús? ¿Cómo sabe Jesús que lo amas? ¿Qué puedes hacer para demostrarle que lo amas? Esa es una pregunta difícil de contestar, ¿no?

En nuestra lección del evangelio de hoy, Jesús le dio la contestación a esa pregunta a sus discípulos. Jesús dijo: “¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré.”

No es suficiente decir que amamos a Jesús. Tenemos que demostrarle a Dios nuestro amor HACIENDO las cosas correctas, tal como le demuestras tu amor a tu mascota, a tus padres y a tus amigos.

Así que ¿cuáles son algunas de las cosas que podemos hacer para demostrar nuestro amor por Jesús? La Biblia es un buen lugar para encontrar la contestación. Tengo una lista de algunas de las maneras que encontré, pero tal vez tú puedas encontrar otras.

1. Ámense unos a otros (Juan 13:34-35)
2. Adórenle (Lucas 4:8)
3. Cuéntale a otros acerca de Jesús (Hechos 1:8)
4. Háblale en oración todos los días (Mateo 26:41)
5. Lee su palabra (Salmos 119:11)

6. Perdona a otros como él te ha perdonado (Mateo 6:15)

Padre celestial, somos rápidos al decir que te amamos, pero sabemos que necesitamos demostrarte nuestro amor también. Ayúdanos a demostrarte nuestro amor como tú demostraste tu amor por nosotros. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

PÁGINAS PARA COLOREAR Y ACTIVIDADES

ENLACES A LOS SERMONES 
 
Otro sermón basado en Juan 14:15-21:  “El Consolador”

TENEMOS MATERIALES PARA AYUDARLE CON LOS NIÑOS
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Páginas para colorear
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La cruel historia detrás del Día de la Madre


Anna Jarvis sólo quería honrar la memoria de su madre

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La cruel historia detrás del Día de la Madre
Anna Jarvis.

La celebración del Día de la Madre es una fecha especial para las familias en el mundo pero su origen tiene una historia que lamentar.

La celebración nació en Estados Unidos en 1908 cuando Anna Jarvis quiso honrar la memoria de su madre Ann Reeves Jarvis, una activista de familias durante la Guerra Civil de Estados Unidos en el siglo XIX. Reeves Jarvis había fundado el Día de la Amistad entre Madres con el fin de unificar a los bandos de Norte y Sur. La mujer era conocida por muchos como “Mamá Jarvis”.

La activista murió en 1905 y su hija comenzó una lucha para que se hiciera un festivo en su nombre. Una iglesia en Grafton, West Virginia, atendió el pedido con un servicio religioso. Anna Jarvis llevó claveles, que eran las flores preferidas de su madre. La mujer consiguió que el evento fuera apoyado por floristerías y otros comerciantes locales.

El presidente Woodrow Wilson reconoció el Día de la Madre como un festivo nacional a celebrarse los segundos domingos de mayo. Esto desató una comercialización del festejo que molestó a Anna Jarvis, que comenzó a demandar a compañías que usarán “Día de la Madre” en campañas publicitarias. Anna Jarvis llegó a tener disputas con la primera dama Eleanor Roosevelt, que usaba el festivo para campañas de caridad.

Anna Jarvis llegó a ser arrestada en 1925 cuando intentó evitar una venta de claveles. La mujer sería internada en un sanatorio en 1940 cuando estaba en la quiebra. Allí moriría en 1948. Sus gastos médicos fueron pagados por las compañías de flores y tarjetas de felicitación.

El Día de la Madre mueve unos $21 mil millones cada temporada.

La cruel historia detrás del Día de la Madre

COMUNIDAD EL CENACULO. Upper Room Liturgia – 14 de mayo – Día de la Madre


Deb Trees y Dave DeBonis llevaron al aposento alto celebración litúrgica del domingo 14 de mayo – Día de la Madre. Homilía de arranque de Dave como homilía compartida de la comunidad y la conclusión de la homilía del Deb se imprimen debajo de una lectura de Yolanda Pierce: ¿Por qué Dios es una madre.

¿Por qué Dios es una ‘madre,’ Demasiado

Yolanda Pierce, de mayo de 2013

Larga b ntes de que se familiarizó con los debates académicos relativos a llamar a Dios “Madre,” debates que ahora estoy actualmente una parte de un profesor del Seminario Teológico de Princeton, que se había planteado en un hogar donde instintivamente entiende que la presencia divina era manifestar en las manos y los brazos de las madres amorosas, y muy especialmente en la vida de mi abuela que me crió. La cocina de mi abuela era un laboratorio teológica en la que me enseñó a amar a la gente tan naturalmente como ella me enseñó a hacer tarta de melocotón y galletas de mantequilla. Vi y escuché mientras ayudaba a los enfermos y los perdidos, con una Biblia en una mano y un bizcocho recién horneado en la otra, a pesar de tener ningún papel funcionario del ministerio.  

Yo sabía que si Dios era real, si Dios realmente me quería como un padre ama a su hijo, entonces Dios también era “madre” y no sólo “Padre.” Sólo años del dogma y la doctrina que la fuerza para desaprender lo que sabes que es verdad en su propio corazón, exigiendo “padre” como la única denominación aceptable y el concepto de Dios.

Los estudiosos que se oponen a la idea de Dios como madre a menudo se centran en el género de Cristo y su denominación de Dios como “Abba” o Padre. Otros argumentan que Dios está más allá del género, a la vez que privilegiar el lenguaje masculino de entender a Dios. También hay estudiosos, yo entre ellos, que apoyan la designación de Dios como Madre junto con Dios como Padre, que derivan su apoyo de los pasajes bíblicos que privilegian más metáforas y analogías “femeninas”, entre ellos la imagen de Dios como la nodriza (Isaías 49:15; números 11:12); Dios como una comadrona (Salmo 22: 8-10); y Dios como uno que da a luz (Isaías 42:14). No tenemos que elegir sólo una forma de dirección. Dios es creador y sustentador. Dios es protector y defensor. Dios es la madre y el padre. Si somos humildes, sabemos que las palabras humanas y las metáforas son incompletos y no pueden hacer justicia a describir la grandeza de quién es Dios. 

Estas son las palabras inspiradas de Yolanda Pierce y la comunidad responde diciendo :   Amén.

Homilía de arranque por Dave DeBonis.

Katherine Attanasi en su de junio de 2014 artículo da derecho podemos llamar a Dios Madre?  establece que “D escribing Dios usando términos característicamente femenino puede aclarar aspectos importantes de la naturaleza de Dios. Ella apunta a las imágenes de Dios como “dar a luz, enfermería, reconfortante, y la dependencia completa el cuidado de la humanidad más destacado de Dios”. También señala que es una parte crítica de la historia Christin reconocer nuestra “dependencia de Dios tanto para el nacimiento espiritual y natural .”Attanasi también señala que debido a que todos fueron creados a imagen de Dios y‘realidades de las mujeres ofrecen metáforas útiles para describir ‘misterio divino’’.

Debbie Blue en su artículo titulado lado femenino de Dios está a la vista señala que los escritores de la Biblia eran claramente en una pérdida cuando se trata de encontrar las mejores imágenes y metáforas de Dios. Se referían a Dios como “un lirio, una rosa, rocío, viento y fuego. Dios es una osa y un león. Por otra parte Dios no es un león, pero un cordero. Dios no está en el fuego o el viento, pero en la pequeña voz.”Es evidente que fuera metáforas no nos están sirviendo así cuando se trata de lo divino.

El azul también señala que Dios se refiere con frecuencia como un pájaro, pero a diferencia del Imperio Romano que exalta el águila debido a las imágenes de la fuerza y ​​el poder que evocaba, Jesús se comparó con una gallina al dirigirse a los habitantes de Jerusalén, diciendo: “¿Con qué frecuencia he querido juntar a tus hijos como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas.” Blue señala que Jesús eligió no la majestuosa y muscular imagen del águila, sino más bien, y la amante de uno.

Ciertamente estamos atrasados ​​en poner fin a esta imagen unidimensional de Dios que minimiza la naturaleza compleja y de múltiples facetas de la Divinidad. Vamos a dar a Dios como Padre igual categoría con todas las otras imágenes que intentan, con un éxito limitado, para entender un misterio. Vamos a deshacernos de la necesidad de Dios para ser Superman y abrirnos a un Dios que es suave, amoroso, y la crianza. Como las notas azules, “Jesús revela esencial es no como el poder, pero el amor de Dios. Al igual que la gallina con sus alas sobre sus polluelos, hay una cierta fragilidad en esta imagen. Pero tal vez las imágenes de un Dios vulnerables son importantes si esperamos tener un mundo que no está invadida por los agresores y reyes corporativos “.

Somos las piedras vivas que construyen la iglesia y difundir el mensaje de Jesús. Las piedras no tienen género y cada uno es igualmente importante. Se nos ha dicho por Pedro que hemos sido elegidos, que somos preciosos a los ojos de Dios, y que somos un sacerdocio real por lo que vamos a continuar la obra de Jesús reconociendo la fuerte de profunda en la dulzura.  

Conclusión homilía, Deb Trees

Hoy recordamos y honramos a los que nos nutre: los padres, la familia extensa, vecinos y amigos. Nuestro día especial de conmemoración nos ayuda a estabilizar nuestros pensamientos y nuestras vidas. Reconocemos, con la celebración de este día, nuestra conexión con aquellos que afectan nuestras vidas, y nuestra conexión al ser humano. Madre y Padre, el Espíritu de Dios en forma humana, se basa en nuestro conocimiento, nuestra experiencia, y las maneras para nosotros para hacer sentido del Espíritu que camina con nosotros y nos levanta. Espíritu no puede ser sólo uno o el otro. La dualidad no es consistente con un todo-lo sabe y todo el poder ser infinito. Aquí, en esta maravillosa jornada de homenaje y el amor, vamos a estar conectados a nuestro parto, la experiencia creativa y el conocimiento. Y vamos a compartir nuestros conocimientos con todos los que tocan nuestras vidas, en constante gratitud.

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Conoce a las mujeres sacerdotisas en México


Amparo Lerín es una de las 15 mexicanas ordenadas sacerdotisas en el país, las cuales ya son una realidad.

Redacción – Tabasco HOY

(Agencia.)

15/05/2017 13:05 / Ciudad de México

A un templo católico de Saltillo, Coahuila, entró una mujer con aire decidido y frente en alto. Llevaba el pelo recogido y lentes sobre su cabeza. Atravesó el pasillo central observando la nuca de las presentes, que esa tarde habían llenado todas las bancas, como si fuera la misa del domingo, pero ahora había en las primeras filas un grupo de monjitas.

Cuando llegó hasta adelante y estuvo a unos metros del altar, se dio media vuelta y sonrió. Los ojos de todos se entreabrieron de forma extraña. La vestimenta superior de la mujer era eclesial, con un alzacuellos blanco, como el que usan los sacerdotes, pero ella llevaba falda. Y los ojos terminaron de abrirse cuando les reveló: “yo soy sacerdotisa”.

Las mismas monjitas ahí presentes la vieron con extrañeza, pero con aceptación. Estaban viendo la versión femenina de los sacerdotes a los que están acostumbradas a servir y ayudar, sólo que con falda y un poco de labial.

Ese día, la mujer sacerdote no estaba ahí para consagrar el pan y el vino, sino para hablar de la dignidad de la mujer en la religión. Se llama Amparo Lerín Cruz, y es una de las dos primeras mexicanas ordenadas por la Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas.

Pero no son las únicas sacerdotisas en México, también las hay de otras denominaciones religiosas, como la Iglesia anglicana, que contabiliza casi 10 mujeres mexicanas ordenadas sacerdotisas, otras tantas diaconisas y hasta podría haber una Obispo.

Desde 1994 algunas iglesias, como la Anglicana, los episcopalianos de EU o los luteranos de Suecia y Alemania, ya reconocieron su dignidad eclesial y no sólo ordenan mujeres sacerdotes, también obispos.

Según cifras del 2010, ese año fueron ordenadas más sacerdotisas que sacerdotes: 290 mujeres frente a 273 hombres. A partir del 2000, cada año se ordenan unos 500 nuevos presbíteros varones, pero también se jubilan unos 300 y otros tantos dejan el ministerio.

En México como en otras partes del mundo no la han tenido fácil. Mientras que las anglicanas llegaron con camino recorrido, otras denominaciones religiosas trabajaron contra corriente. Es el caso de Amparo Lerín, quien pertenecía a la Iglesia Nacional Presbiteriana de México.

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Ella misma fue ponente durante el Concilio sobre la Ordenación de Mujeres en diciembre del 2011, pero los presbiterianos se negaron a validar el sacerdocio femenino. Y ella junto con otros siete miembros lograron encontrar el camino para hacer realidad el sacerdocio femenino.

Mientras eso sucede en otras denominaciones religiosas, en la Iglesia católica el tema va lento. Hubo un intento hace 15 años, en un encuentro mundial de teólogos solicitado por Vaticano para estudiar el sacerdocio femenino, al que acudió el fraile dominico mexicano Julián Cruzalta.

Y ahora, el Papa Francisco creó una Comisión especial para estudiar la posibilidad de otorgar el diaconado a las mujeres. Julián Cruzalta dice que el camino en la Iglesia católica es lento y si pasa algo será hasta dentro de 30 años.

VOCACION FEMENINA

En el altar, dos manos morenas se extienden y toman el pan. Quien oficia la eucaristía, de solemne alzacuellos y ornamento multicolor, pronuncia las palabras que Jesucristo dijo hace 20 siglos. “Esto es mi cuerpo entregado a favor de ustedes. Tomad y comed todos y todas de él”.

El rito continúa elevando la copa de vino y ofreciéndola a los reunidos a la mesa del Señor. La comunidad eclesial está reunida y en espera del momento de compartir el pan. Y ella lo hace, sí, ella, la mujer de falda negra que acaba de bendecir el pan y el vino es quien preside.

Se llama Amparo Lerín Cruz y nació en la capital de Oaxaca. Su padre era originario de la región de La Cañada y su mamá de Etla. Su madre era de religión Pentecostal, mientras que su padre se declaraba ateo, aunque era hijo de católicos.

“A nosotros a veces nos dejaban en la escuela dominical, íbamos eventualmente. Mi abuela paterna era católica, mis tías también, entonces me llevaban a misa, me enseñaban a rezar, mi mamá me enseño a orar. Yo oraba”, platica Amparo.

Pero al final de su adolescencia decidió seguir la religión evangélica y comenzó a asistir a la Iglesia presbiteriana. Participó de misiones llevando comida, vestido y brigadas médicas a comunidades rurales. Poco a poco se enamoró del servicio, y es entonces cuando surge la vocación.

Un día, estando en un campamento de jóvenes, habló con uno de sus pastores y le confesó que sentía el llamado de Dios a servir. La respuesta fue que siguiera orando para pedirle la dirección a Dios, para que él confirmara el llamado. Y así lo hizo.

“Hubo un momento en el que yo le dije a mi pastor ‘ya estoy lista. Tengo algo ahorrado y me quiero ir al Seminario’. Y me dijo ‘yo no sé si aceptan mujeres’. Déjame hablar al Seminario Teológico Presbiteriano de México. Habló y después me dijo ‘sí aceptan mujeres”, recuerda.

DESHEREDADA

Lo que seguía era decírselo a sus papás. Cuando se los confesó, le dijeron que estaba muy joven, que primero estudiara una carrera universitaria, tuviera su casa, su carro, que ejerciera. Por eso ingresó a la carrera de Administración de Empresas, de la que se graduó a los 22 años.

“Esos cuatro años de la carrera, mis papás pensaron que se me iba a olvidar. Yo al contrario, lo afirmé. Le pedía al Señor que si no era su voluntad me dijera de alguna forma, pero no fue así. Trabajé, ejercía; aún ejerzo como administradora, pero la pasión por el servicio, por el apostolado, continúa”, manifestó Amparo.

Por eso cuando terminó la carrera se puso a trabajar e hizo algunos ahorros para irse al Seminario. Cuando tuvo lo suficiente volvió con sus padres para informarleS que se iba a México, que ya estaba inscrita en el Seminario y que dedicaría su vida a Dios.

Ahí comenzaron los problemas. Amparo se detiene un poco. Algunas lágrimas se asoman de los ojos mientras cuenta que sus padres le reclamaron haberse inscrito sin su autorización. Les dijo que ella ya era mayor de edad y podía decidir por sí misma.

Ellos pensaban diferente, el suyo era un hogar muy conservador, donde los papás decidían sobre la vida de los hijos. Amparo vuelve a interrumpir la entrevista por un nudo que se le ha hecho en la garganta. Y luego habla entrecortado.

“Entonces mi mamá sí me dijo ‘pues te desconocemos como hija. Te desheredamos’. Yo sé que no era mucho lo que me tocaba, pero sí me dolió bastante, pero dije ‘bueno, yo ya decidí’”, continúa el relato limpiándose las lágrimas.

Les dijo que no importaba que la desheredaran, que la desconocieran, que se iba. Y a pesar de la negativa, la acompañaron a entregarla al Seminario y no volvió a verlos sino hasta tres meses después, cuando su mamá volvió un día, le pidió perdón, le dijo que la quería mucho, que la extrañaba y que olvidara lo dicho antes, que ella siempre sería parte de la familia.

HASTA AHÍ LLEGASTE

En el Seminario estudió la Maestría en Divinidades y al terminar se encontró con lo que todas las mujeres que estudiaban la Teología en la iglesia Presbiteriana: que de ahí no pasan. Podían ser maestras de niños o mujeres en su comunidad, pero no podían acceder al ministerio pastoral.

A lo más que podían acceder era a ayudar al pastor de la comunidad. Y Amparo lo hizo, porque estaba casada con el pastor Rubén Montelongo, con quien procreó dos hijos. Pero no era lo mismo, ella ejercía como ayudante, pero la dignidad del ministerio era de él.

Entonces comenzaron ella y otros miembros de la Comunidad, hombres y mujeres, a trabajar para hacer ver la necesidad de otorgarles a las mujeres la ordenación sacerdotal. Sabían que desde 1985 ha habían ordenado a mujeres diaconisas y a otras como ancianas de la Iglesia.

Pero la asamblea general de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México las desconoció. Incluso en algún momento se quiso hacer un rito para retirarles la ordenación, pero no pudieron, no supieron cómo hacerlo y optaron por sólo desconocerlas.

Tiempo después, los que trabajaban por la ordenación de las mujeres o para que se diera esto dentro de la Iglesia presbiteriana organizaron un concilio en Chonacatlan en 2011 para ser escuchados por las autoridades de la Comunidad Presbiteriana.

En aquel entonces Amparo tomó el micrófono y dijo que como iglesia reformada, al ser recibidos en plena comunión por el sacramento del bautismo, hombres y mujeres gozan de los mismos derechos, privilegios, y responsabilidades, por tanto no debía haber miembros de segunda clase.

“Si la Iglesia es el cuerpo de Cristo, ¿podremos excluir a algunos de sus miembros? ¿Podemos excluir a una parte del cuerpo de Cristo que son las mujeres? No, no es posible hacer tal cosa, no es posible hacer de lado a las mujeres, porque somos parte del cuerpo de Cristo”, dijo aquel diciembre de 2011.

Luego expuso fundamentos bíblicos y teológicos para probar que la ordenación de mujeres no era contra el designio divino, sino todo lo contrario, era precisamente un designio divino instaurado en la iglesia primitiva, que los varones luego se adjudicaron.

Pero al terminar el Concilio los vetaron, les dijeron que ya no se hablaría del tema, luego la votación de la mayoría presente negó la posibilidad de la ordenación femenina. Y tiempo después, a los siete presbíteros que más lucharon por esta causa los excomulgaron.

“A las mujeres no nos hicieron nada, pues no valemos. No nos visualizan, no nos ven, entonces no nos pueden hacer nada, pero nosotros no reconocimos esa excomunión, no reconocemos su poder para quitarte de la mesa del señor”, afirmó Lerín Cruz.

Editorial de Ruta Libre: Mujeres sacerdotes


Ruta Libre

En el viejo continente una mujer ya dirigió la Unión Europea. En América Latina hay mujeres presidentas de un país

Editorial de Ruta Libre: Mujeres sacerdotes

Saltillo, Coah.- La humanidad avanza. En el viejo continente una mujer ya dirigió la Unión Europea. En América Latina hay mujeres presidentas de un país. En México hay gobernadoras y alcaldesas, y una ley que garantiza paridad en los congresos, pero la Iglesia católica se niega al sacerdocio femenino.

Mientras tanto, las iglesias anglicana, luterana y episcopaliana, ya ordenan a mujeres sacerdotes y hasta obispos. En México los anglicanos ya cuentan con más de 10 mujeres sacerdotisas. Y desde hace 5 años, la Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas ordenó a dos mujeres.

Una de esas dos sacerdotisas, Amparo Lerín Cruz, estuvo la semana pasada en Saltillo reflexionando junto al teólogo católico Julián Cruzalta sobre la negación del Vaticano a aceptar que las mujeres sean ordenadas como sacerdotes.

Coinciden en que no es sólo el Vaticano, sino el atraso cultural de la grey católica, envuelta en una religión patriarcal. Por eso, mientras la misma mujer no acepte su dignidad y el hombre no la respete, no habrá mujeres sacerdotes en la Iglesia católica. Quizá algún día, quizá dentro de unos 30 años.

Mujeres con sotana son ya una realidad


Ruta Libre

Amparo Lerín es una de las 15 mexicanas ordenadas sacerdotisas en el país

Mujeres con sotana son ya una realidad
Fotos: Zócalo | César Vargas / Cortesía
Por: Jesús Castro

Saltillo, Coah.- A un templo católico de Saltillo, Coahuila, entró una mujer con aire decidido y frente en alto. Llevaba el pelo recogido y lentes sobre su cabeza. Atravesó el pasillo central observando la nuca de las presentes, que esa tarde habían llenado todas las bancas, como si fuera la misa del domingo, pero ahora había en las primeras filas un grupo de monjitas.

Cuando llegó hasta adelante y estuvo a unos metros del altar, se dio media vuelta y sonrió. Los ojos de todos se entreabrieron de forma extraña. La vestimenta superior de la mujer era eclesial, con un alzacuellos blanco, como el que usan los sacerdotes, pero ella llevaba falda. Y los ojos terminaron de abrirse cuando les reveló: “yo soy sacerdotisa”.

Las mismas monjitas ahí presentes la vieron con extrañeza, pero con aceptación. Estaban viendo la versión femenina de los sacerdotes a los que están acostumbradas a servir y ayudar, sólo que con falda y un poco de labial.

Ese día, la mujer sacerdote no estaba ahí para consagrar el pan y el vino, sino para hablar de la dignidad de la mujer en la religión. Se llama Amparo Lerín Cruz, y es una de las dos primeras mexicanas ordenadas por la Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas.

Pero no son las únicas sacerdotisas en México, también las hay de otras denominaciones religiosas, como la Iglesia anglicana, que contabiliza casi 10 mujeres mexicanas ordenadas sacerdotisas, otras tantas diaconisas y hasta podría haber una Obispo.

Desde 1994 algunas iglesias, como la Anglicana, los episcopalianos de EU o los luteranos de Suecia y Alemania, ya reconocieron su dignidad eclesial y no sólo ordenan mujeres sacerdotes, también obispos.

Según cifras del 2010, ese año fueron ordenadas más sacerdotisas que sacerdotes: 290 mujeres frente a 273 hombres. A partir del 2000, cada año se ordenan unos 500 nuevos presbíteros varones, pero también se jubilan unos 300 y otros tantos dejan el ministerio.

En México como en otras partes del mundo no la han tenido fácil. Mientras que las anglicanas llegaron con camino recorrido, otras denominaciones religiosas trabajaron contra corriente. Es el caso de Amparo Lerín, quien pertenecía a la Iglesia Nacional Presbiteriana de México.

Ella misma fue ponente durante el Concilio sobre la Ordenación de Mujeres en diciembre del 2011, pero los presbiterianos se negaron a validar el sacerdocio femenino. Y ella junto con otros siete miembros lograron encontrar el camino para hacer realidad el sacerdocio femenino.

Mientras eso sucede en otras denominaciones religiosas, en la Iglesia católica el tema va lento. Hubo un intento hace 15 años, en un encuentro mundial de teólogos solicitado por Vaticano para estudiar el sacerdocio femenino, al que acudió el fraile dominico mexicano Julián Cruzalta.

Y ahora, el Papa Francisco creó una Comisión especial para estudiar la posibilidad de otorgar el diaconado a las mujeres. Julián Cruzalta dice que el camino en la Iglesia católica es lento y si pasa algo será hasta dentro de 30 años.

VOCACION FEMENINA

En el altar, dos manos morenas se extienden y toman el pan. Quien oficia la eucaristía, de solemne alzacuellos y ornamento multicolor, pronuncia las palabras que Jesucristo dijo hace 20 siglos. “Esto es mi cuerpo entregado a favor de ustedes. Tomad y comed todos y todas de él”.

El rito continúa elevando la copa de vino y ofreciéndola a los reunidos a la mesa del Señor. La comunidad eclesial está reunida y en espera del momento de compartir el pan. Y ella lo hace, sí, ella, la mujer de falda negra que acaba de bendecir el pan y el vino es quien preside.

Se llama Amparo Lerín Cruz y nació en la capital de Oaxaca. Su padre era originario de la región de La Cañada y su mamá de Etla. Su madre era de religión Pentecostal, mientras que su padre se declaraba ateo, aunque era hijo de católicos.

“A nosotros a veces nos dejaban en la escuela dominical, íbamos eventualmente. Mi abuela paterna era católica, mis tías también, entonces me llevaban a misa, me enseñaban a rezar, mi mamá me enseño a orar. Yo oraba”, platica Amparo.

Pero al final de su adolescencia decidió seguir la religión evangélica y comenzó a asistir a la Iglesia presbiteriana. Participó de misiones llevando comida, vestido y brigadas médicas a comunidades rurales. Poco a poco se enamoró del servicio, y es entonces cuando surge la vocación.

Un día, estando en un campamento de jóvenes, habló con uno de sus pastores y le confesó que sentía el llamado de Dios a servir. La respuesta fue que siguiera orando para pedirle la dirección a Dios, para que él confirmara el llamado. Y así lo hizo.

“Hubo un momento en el que yo le dije a mi pastor ‘ya estoy lista. Tengo algo ahorrado y me quiero ir al Seminario’. Y me dijo ‘yo no sé si aceptan mujeres’. Déjame hablar al Seminario Teológico Presbiteriano de México. Habló y después me dijo ‘sí aceptan mujeres”, recuerda.

DESHEREDADA

Lo que seguía era decírselo a sus papás. Cuando se los confesó, le dijeron que estaba muy joven, que primero estudiara una carrera universitaria, tuviera su casa, su carro, que ejerciera. Por eso ingresó a la carrera de Administración de Empresas, de la que se graduó a los 22 años.

“Esos cuatro años de la carrera, mis papás pensaron que se me iba a olvidar. Yo al contrario, lo afirmé. Le pedía al Señor que si no era su voluntad me dijera de alguna forma, pero no fue así. Trabajé, ejercía; aún ejerzo como administradora, pero la pasión por el servicio, por el apostolado, continúa”, manifestó Amparo.

Por eso cuando terminó la carrera se puso a trabajar e hizo algunos ahorros para irse al Seminario. Cuando tuvo lo suficiente volvió con sus padres para informarleS que se iba a México, que ya estaba inscrita en el Seminario y que dedicaría su vida a Dios.

Ahí comenzaron los problemas. Amparo se detiene un poco. Algunas lágrimas se asoman de los ojos mientras cuenta que sus padres le reclamaron haberse inscrito sin su autorización. Les dijo que ella ya era mayor de edad y podía decidir por sí misma.

Ellos pensaban diferente, el suyo era un hogar muy conservador, donde los papás decidían sobre la vida de los hijos. Amparo vuelve a interrumpir la entrevista por un nudo que se le ha hecho en la garganta. Y luego habla entrecortado.

“Entonces mi mamá sí me dijo ‘pues te desconocemos como hija. Te desheredamos’. Yo sé que no era mucho lo que me tocaba, pero sí me dolió bastante, pero dije ‘bueno, yo ya decidí’”, continúa el relato limpiándose las lágrimas.

Les dijo que no importaba que la desheredaran, que la desconocieran, que se iba. Y a pesar de la negativa, la acompañaron a entregarla al Seminario y no volvió a verlos sino hasta tres meses después, cuando su mamá volvió un día, le pidió perdón, le dijo que la quería mucho, que la extrañaba y que olvidara lo dicho antes, que ella siempre sería parte de la familia.

HASTA AHÍ LLEGASTE

En el Seminario estudió la Maestría en Divinidades y al terminar se encontró con lo que todas las mujeres que estudiaban la Teología en la iglesia Presbiteriana: que de ahí no pasan. Podían ser maestras de niños o mujeres en su comunidad, pero no podían acceder al ministerio pastoral.

A lo más que podían acceder era a ayudar al pastor de la comunidad. Y Amparo lo hizo, porque estaba casada con el pastor Rubén Montelongo, con quien procreó dos hijos. Pero no era lo mismo, ella ejercía como ayudante, pero la dignidad del ministerio era de él.

Entonces comenzaron ella y otros miembros de la Comunidad, hombres y mujeres, a trabajar para hacer ver la necesidad de otorgarles a las mujeres la ordenación sacerdotal. Sabían que desde 1985 ha habían ordenado a mujeres diaconisas y a otras como ancianas de la Iglesia.

Pero la asamblea general de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México las desconoció. Incluso en algún momento se quiso hacer un rito para retirarles la ordenación, pero no pudieron, no supieron cómo hacerlo y optaron por sólo desconocerlas.

Tiempo después, los que trabajaban por la ordenación de las mujeres o para que se diera esto dentro de la Iglesia presbiteriana organizaron un concilio en Chonacatlan en 2011 para ser escuchados por las autoridades de la Comunidad Presbiteriana.

En aquel entonces Amparo tomó el micrófono y dijo que como iglesia reformada, al ser recibidos en plena comunión por el sacramento del bautismo, hombres y mujeres gozan de los mismos derechos, privilegios, y responsabilidades, por tanto no debía haber miembros de segunda clase.

“Si la Iglesia es el cuerpo de Cristo, ¿podremos excluir a algunos de sus miembros? ¿Podemos excluir a una parte del cuerpo de Cristo que son las mujeres? No, no es posible hacer tal cosa, no es posible hacer de lado a las mujeres, porque somos parte del cuerpo de Cristo”, dijo aquel diciembre de 2011.

Luego expuso fundamentos bíblicos y teológicos para probar que la ordenación de mujeres no era contra el designio divino, sino todo lo contrario, era precisamente un designio divino instaurado en la iglesia primitiva, que los varones luego se adjudicaron.

Pero al terminar el Concilio los vetaron, les dijeron que ya no se hablaría del tema, luego la votación de la mayoría presente negó la posibilidad de la ordenación femenina. Y tiempo después, a los siete presbíteros que más lucharon por esta causa los excomulgaron.

“A las mujeres no nos hicieron nada, pues no valemos. No nos visualizan, no nos ven, entonces no nos pueden hacer nada, pero nosotros no reconocimos esa excomunión, no reconocemos su poder para quitarte de la mesa del señor”, afirmó Lerín Cruz.

CISMA Y ORDENACIÓN FEMENINA

Ante ese panorama decidieron formar una nueva Asociación Religiosa. Desconocieron la excomunión de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México y formaron la Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas. La conformaron siete presbíteros, dos mujeres con aspiración a ordenarse sacerdotisas y siete comunidades o parroquias.

Y una vez constituidos como AR decidieron ordenar sacerdotisas a Amparo Lerín y a Gloria González el 28 de octubre del 2012, en la Ciudad de México. Después a Margarita Islas, quien ya falleció.

“Me ordenaron presbítera. Soy sacerdote de la Palabra del Señor”, dice orgullosa Amparo. Ya tenía 40 años y dos hijos, uno de 16 y una de 11. En esa ordenación sacerdotal sí estuvieron sus papás, que ahora sí apoyan el ministerio de las mujeres. Y la acompañó su esposo, también presbítero.

Explica que la negación de las iglesias de ordenar mujeres es por el miedo que tienen los varones a que las mujeres incursionen en un campo que ha sido su territorio por siglos. El miedo a perder y competir. Es el machismo de las iglesias, miedo a que la mujer tenga las mismas oportunidades.

“Pero yo me pongo a pensar, eso es algo divino. No es algo que nos lo otorguen o no los hombres, es algo que Dios nos llama a ser, y no podemos decirle no a Dios, porque ellos dicen que no, que no se puede”, fundamentó la ahora sacerdotisa.

Platicó que en su caso ha demostrado como sacerdotisa dar el mismo servicio ministerial que los hombres realizan en la Comunidad de Fe Gente Nueva, Zibacantepec, municipio de Almoloya de Juárez, en el Estado de México, donde actualmente reside.

Ella ejerce sólo dos sacramentos: el Bautismo y la Eucaristía. También ministran bodas, pero no como un sacramento, sino como una bendición a las parejas. En el caso de la fracción del pan, lo hacen siguiendo la costumbre biblica, muy similar a como la realizó Jesucristo en la última cena, en la que, asegura Amparo, no sólo estuvo acompañado de 12 hombres, sino de mucha más gente.

“Nos hemos ido con la idea de la imagen de Da Vinci, donde está Jesús en una mesa con los 12. Pero la mesa del Señor era muy inclusiva. Se celebró en la fiesta de la pascua, y la fiesta de la pascua era totalmente inclusiva. Tenían que estar los niños de la casa, las niñas, las mujeres, toda la familia completa; los sirvientes, los extranjeros, los vecinos”, manifiesta.

JESÚS NO ORDENÓ SACERDOTES

En lo anterior está de acuerdo el teólogo y fraile dominico católico Julián Cruzalta, quien lleva más de 25 años como maestro de Teología. También es cofundador del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Victoria, que es el centro de los Dominicos en México.

“Esa idea que tenemos de 12 hombres con Jesús en la última cena es un símbolo de las 12 tribus de Israel. Por supuesto que eran más de 12, y ahí había mujeres incluidas”, declara Cruzalta. Sin embargo, la Iglesia se ha ocupado de borrar esa imagen por esa tradición patriarcal machista.

Declara que hoy se sabe que en el siglo 1 y 2 no había ministerios como existen ahora, no había sacerdotes, eran comunidades de fe, se partía el pan en casas, no había templos, y lo casero siempre fue un asunto de mujeres, mientras que el terreno público era de hombres.

Entonces, en la iglesia primitiva las mujeres también hacían la fracción del pan, también bautizaban, también evangelizaban en el mismo grado de igualdad que los hombres. Había mujeres apóstoles e incluso algunas con más responsabilidades que los hombres.

“Jesús no era feminista porque eso no existía entonces. Era un ser incluyente. Incluía a hombres y mujeres, sabía leer las escrituras, y en ellas hombres y mujeres fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Es una comunidad de hermanos y hermanas, en esta comunidad las mujeres cuentan igual que los hombres”, expresa Cruzalta.

Ahí vuelven a coincidir Cruzalta y Amparo. Durante la entrevista con Amparo Lerín, ella cita la Biblia, en especial el capítulo 16 de la Carta a los Romanos, en el cual el apóstol Pablo habla de la existencia de diaconisas y de otras mujeres fundadoras de iglesias primitivas, como la de Corinto.

“Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, diaconisa de la iglesia de Cencreas… a Prisca y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús… a María, que se ha afanado mucho por vosotros, a Andrónico y Junia, ilustres entre los apóstoles… a Trifena y a Trifosa, que se han fatigado sirviendo al Señor… a Pérside, que trabajó mucho en el servicio al Señor… a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, lo mismo que a Olimpas y a todos los santos que están con ellos”, dice el texto.

Cruzalta agrega que en las cartas de Pablo se habla de mujeres profetas, diaconisas, que tenían muchos ministerios las mujeres, porque no tenían la estructura jerárquica actual. Eso la iglesia primitiva no lo conoció, era el servicio, no daba prestigio, era servir, por eso había muchas mujeres sirviendo a sus comunidades, fraccionando el pan o bautizando, igual que los hombres.

“No había eucaristía. No había lo que ahora tenemos, no había ministerio ordenado, no había sacerdotes ni hombres ni mujeres. Eso es posterior. Jesús no ordenó a ningún hombre sacerdote, a ningún apóstol”, declara el teólogo católico.

Tanto Cruzalta como Amparo aseguran que el apostolado primitivo proviene del ejemplo dado por Jesús, pues contrario a lo que nos han intentado hacer creer. Había mujeres entre los apóstoles y discípulos de Jesús.

“Los fundamentalistas dicen que no, que Jesús sólo ordenó varones; no ordenó mujeres. Bueno, Jesús nunca ordenó a nadie: ni varones ni mujeres”, dice Amparo. Lo que es un hecho, señala, es que Jesús tuvo discípulas, como lo dice el evangelio de Lucas, que lo seguían 12, pero también Juana, Susana, María y las demás mujeres, una de ellas la esposa del administrador de Herodes.

Pero hay algo más. Jesús le da a una mujer el privilegio de ser quien anuncie el acontecimiento más importante de su misión en la Tierra: la resurrección. No es Pedro ni ninguno de los apóstoles varones a quien Cristo se presenta por primera vez una vez resucitado. Elige a María Magdalena.

“Ella es la apóstol apostolorum, la apóstol sobre los apóstoles, porque fue enviada por el mismo Jesucristo. Jesús no escoge a un varón para decirles he resucitado, elige a María. Y apóstol quiere decir el enviado, la enviada, y ser un presbítero es ser un enviado a predicar la Palabra”, dice Amparo.

Cruzalta también resalta que María Magdalena es una discípula que se vuelve una maestra espiritual de la comunidad, en el mismo rango que el resto de los apóstoles de Cristo. Y el resto de las mujeres tenían la misma dignidad de servicio ministerial que los hombres.

El problema fue cuando la Iglesia salió de las casas y el culto se hizo público. Entonces los hombres dominaron. Por eso a partir del siglo tercero, cuando ya hubo templos y predicación pública, se crearon los ministerios sacerdotales y los hombres se los otorgaron a sí mismos. Y los han conservado por siglos, excluyendo a la mujer de la dignidad de servicio que Jesús les entregó.

LENTA LA IGLESIA CATÓLICA

Pero la Iglesia católica tampoco es ajena a la posibilidad de que algún día se pueda ordenar a mujeres sacerdotisas o al menos diaconisas. En el 2005, se supo de la excomunión 10 años atrás a siete mujeres que fueron ordenadas sacerdotes por una iglesia católica disidente.

La ordenación de estas mujeres, cuatro alemanas, dos austríacas y una norteamericana fue en un barco que recorría el río Danubio. La excomunión fue firmada por el entonces prefecto de la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, quien luego se convertiría en el papa Benedicto XVI.

Ese mismo 2005, ya convertido en Papa, salió a la luz otra mujer ordenada sacerdote por el rito católico, según testificó la BBC de Londres, en una capillita habilitada en una casa, a la que asistieron una docena de hombres y mujeres

“La BBC tuvo acceso a la ceremonia con la condición de que no revelara ni el lugar exacto ni la identidad de la mujer, que desea permanecer en el anonimato porque teme perder su trabajo como profesora de religión”, se publicó en los medios de aquel entonces.

Y llegaron otros anuncios. Que para julio de ese año ocho mujeres canadienses y una norteamericana también desafiarían al Vaticano cuando sean ordenadas sacerdotes en Canadá, convirtiéndose en las primeras mujeres católicas ordenadas sacerdotes en Norteamérica.

Aquellos sucesos coinciden con la época en que Julián Cruzalta fue invitado al Primer Encuentro sobre Ordenación de Mujeres, convocado por la Iglesia Católica Romana, que se llevó a cabo en Dublín, Irlanda.

“Llegamos como 800 gentes de todo el mundo. De la india, de Australia, que trabajamos por el ministerio de las mujeres, y el acuerdo final fue que lo que importa no es si son ordenadas sacerdotes, sino es ser discípulos de Jesús hombres y mujeres”, platica Cruzalta.

Explica el dominico que la discusión versó sobre que actualmente el sacerdocio masculino no está orientado hacia el servicio, sino como un poder, no como el servicio que tenía la comunidad primitiva de la Iglesia en los primeros dos siglos.

Lo primero es el servicio, dice, pues mientras el ministerio represente poder y no servicio, será difícil. Y afirma que hay muchas mujeres que su lucha no es porque las ordenen sacerdotes, sino que les reconozcan su dignidad.

“Cuando el sacerdocio vuelva a ser discipulado ahí si quieren estar las mujeres, mientras no cambie la visión del sacerdocio, no quieren estar las mujeres en ese sacerdocio. Mientras los sacerdotes sigan como ahora están, no quieren las mujeres ese ministerio”, resaltó.

Dice que la decisión no vendrá de arriba hacia abajo. No debe provenir de una aprobación papal, sino de un cambio cultural, porque en sus viajes por todo América Latina pregunta a las mujeres si acudirían a misa si el sacerdote es mujer. Y la respuesta la mayoría de las veces es no.

“Si el Papa ordenara mañana mujeres como sacerdotes, los católicos que viven en un mundo machista, donde se relega a la mujer, y la mujer contribuye a esa ideología patriarcal, dirán que no. No lo van a aceptar. Es una cuestión cultural, no dogmática”, expresó Cruzalta.

Tampoco se trata de quitar un hombre y poner a una mujer. No se trata de darle poder a una mujer, porque eso es lucha de poderes. Las mujeres lo que quieren es un cambio, regresar al ministerio, al servicio.

Y deja claro que esa dignidad la da Dios. Ya después vendrá la discusión del ministerio ordenado, que es un tema pendiente de la Iglesia Católica, que llegará cuando la Iglesia esté dispuesta, pero creo que no llegará pronto porque no está dispuesta.

“No vendrá por un decreto del Papa, ni lo espero en cinco años, los cambios culturales llevan 20, 30 años de educación. Urge empezar en la Iglesia católica, porque en 30 años veremos a una mujer con un ministerio”, manifiesta Julián.

FRANCISCO Y EL DIACONADO FEMENINO

Y parece que ese proceso ya comenzó, al menos entre activistas y promotores de los derechos humanos en muchas diócesis de México y el mundo. De ellos los hay también en Saltillo. Por eso tanto Cruzalta como Amparo acudieron a impartir conferencias a Coahuila, para que las mujeres reconozcan la dignidad que tienen en todos los ámbitos, social, económico y religioso.

Pretenden que los laicos lean las escrituras, porque si otras denominaciones religiosas ya llegaron al reconocimiento de esa dignidad sacerdotal de las mujeres, fue porque esas comunidades tienen 500 años leyendo la Biblia, mientras que los católicos no.

“Los católicos no leen La Biblia, la tienen como un objeto de adoración no de lectura. Le ponen su altar, sus flores, sus veladoras, compramos una Biblia grandota de filos dorados, no la leemos. Los protestantes tienen 500 años leyendo las Sagradas Escrituras, y ahí están los textos. No es el plan de Dios este desequilibrio entre hombres y mujeres”, destaca el dominico.

Por eso agradece a Dios que por lo menos en otras denominaciones religiosas ya hayan avanzado tanto en reconocer la dignidad de las mujeres y accedan culturalmente al sacerdocio femenino. Pero cree que la Iglesia católica debe ir hacia allá.

De ahí que aplauda la iniciativa del papa Francisco, quien el año pasado formó y nombró una Comisión Pontificia para estudiar con detenimiento y seriedad el tema del ministerio femenino en el diaconado, que es el primer grado del sacerdocio católico.

“Cuando den sus conclusiones, el Papa tomará su decisión en torno a esto, porque es claro en las cartas de Pablo, había diaconado femenino, Pablo nombra diaconisas”, revela Cruzalta.

Sobre ese tema, Amparo Lerín opina que si bien es cierto que la Iglesia católica va lenta en ese tema de reconocer la dignidad de las mujeres para ocupar cargos ministeriales, reconoce el esfuerzo del Papa Francisco de estudiar el tema del diaconado femenino.

“Pero te lo voy a decir como protestante, del dicho al hecho, le falta. Y creo que él tiene muy buena intención, pero hay toda una estructura que a lo mejor le ata las manos”, expuso la sacerdotisa.

Ella y Cruzalta dicen que la discusión tiene que llegar al Vaticano en su momento, pero coinciden en que no es el momento. El de otras Iglesias sí lo es, porque ya reconocen a las mujeres, mientras que en la católica las mujeres son relegadas a tareas secundarias, de catequesis, limpieza, cuando mucho ministras extraordinarias de la Eucaristía. Pero hasta ahí.

“Pero yo no pierdo la esperanza. A eso sí le apuesto, a eso le doy mi vida, mi ministerio”, se comprometió Julián Cruzalta, quien está convencido de que algún día la Iglesia cambiará y habrá sacerdotisas, como ya las hay en otras religiones.

Y cuando eso suceda, ya no volverá a causar extrañeza ver a una mujer entrar a un templo católico de Saltillo, ataviada con falda y blusa negra, con alzacuello, lentes en su cabellera, labial y rímel en su rostro, diciendo “Mi nombre es Amparo y soy presbítero, sacerdotisa del Señor”.

«Aporofobia, el rechazo al pobre»: ADELA CORTINA.


Adela Cortina: «Entre la corrupción y las batallas partidistas, ¿quién piensa en la ciudadanía?»

El último ensayo de la filósofa, titulado «Aporofobia, el rechazo al pobre», es un tratado sobre cómo en la sociedad se aparta al más vulnerable por los problemas que plantea

La filósofa Adela Cortina, fotografiada en Madrid poco antes de la entrevista
La filósofa Adela Cortina, fotografiada en Madrid poco antes de la entrevista – MAYA BALANYÁ

Fue, precisamente, en las páginas de este periódico donde Adela Cortina (Valencia, 1947) usó, por primera vez, el término «aporofobia». Es posible que a ustedes no les suene, pues ni siquiera la Real Academia Española (RAE) lo ha aceptado aún en su Diccionario. Pero describe una realidad que nos atañe, y mucho. Por eso la filósofa lo nombró aquel 1 de diciembre de 1995 en su columna de ABC Cultural. Y por eso, más de veinte años después, ha decidido escribir «Aporofobia, el rechazo al pobre» (Paidós).

Me gusta mucho el párrafo que escoge, como arranque del libro, de «Cien años de soledad». Aquello que decía García Márquez de cuando en Macondo «muchas cosas carecían de nombre». Es cierto que hasta que no se nombra a las cosas no nos damos cuenta de que existen.

Tú puedes señalar con el dedo la mesa, la piedra, pero ¿cómo se señala el desprecio al pobre? Hay que ponerle un nombre. La Historia de la humanidad consiste, en muy buena medida, en poner nombres a las realidades sociales que vamos descubriendo. Si no le ponemos nombre a la aporofobia, puede que no lleguemos a percibir la simetría entre los bien situados y los mal situados.

Quizás sea que, como decía Ortega, lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa.

Efectivamente, y tenemos que saber lo que nos pasa. En este punto, lo que nos pasa es que seguimos manteniendo la desigualdad entre los bien situados y los mal situados, como si los bien situados fueran superiores a nosotros.

Que no lo son, ni moralmente, ni éticamente, ni por educación.

Para nada. Todos los seres humanos tienen dignidad, con lo cual si unos se sienten superiores… ¡pues están equivocados, qué le vamos a hacer!

Pero conviene decirles que están equivocados.

Esa es la idea del libro, decir: «Pero es que está usted equivocado».

Entonces, ¿por qué molesta tanto el pobre?

Porque trae problemas. El pobre es alguien que la gente siente que tira hacia abajo, no te deja escalar a esa posición de seguridad en la que están los muy bien situados, te hace perder puntos socialmente, pide cosas…

Pero nadie está libre de que eso le suceda en algún momento de su vida.

Efectivamente. Pasa exactamente igual que con la ancianidad. Nadie está libre y, además, no solamente hay pobreza económica, sino que todos somos vulnerables, todos necesitamos la ayuda de otros en cantidad de ocasiones. Pero nos molestan los pobres, tanto si son extranjeros como si son de casa.

Al final, es muy fácil ser solidario de boquilla.

Claro, eso es lo que nos pasa, que nos llenamos la boca al hablar de solidaridad, fraternidad, hospitalidad… Los términos nos los sabemos todos…

Pero a la hora de la verdad…

A la hora de la verdad, hay un verdadero abismo entre las declaraciones y las realizaciones.

Teniendo un origen cerebral, como usted defiende en el libro, ¿hay algún antídoto frente a la aporofobia?

Por supuesto, muchos, afortunadamente. Tenemos tendencia a la aporofobia, pero también al cuidado, a la cooperación, a integrar a los excluidos… Hay que cultivar las tendencias que sean más positivas. Lo bueno del cerebro es que es extremadamente flexible y plástico. Tenemos que modularlo y hemos de hacerlo en cada persona. La educación debe estar en la línea de integrar a todos. Eso se puede hacer y se tiene que hacer.

Por eso son tan importantes las humanidades en los planes educativos. Pero, desgraciadamente, su presencia cada vez es menor.

Las humanidades ayudan muchísimo y, sobre todo, la ética, que tiene que ser una asignatura que debe estar, claramente, en todos los planes de estudios, en las universidades también.

Pero no lo está.

Pues no lo está, y tiene que estar. Tiene que haber una asignatura de ética en la que se pongan sobre el tapete todas estas cuestiones. Si queremos educar en la igualdad, debemos construir un espacio en el que hablar de ello.

A mí me cabrea mucho, con perdón por lo de cabrea…

No, muy bien dicho, lo he entendido enseguida.

(Reímos) Me enfada mucho cuando me dicen que hablamos demasiado de las fobias, que qué pesados con la misoginia, con la homofobia… Es que yo creo que hablamos poco de las fobias.

Esas fobias existen y, si existen, hay que ponerlas nombre para poder reconocerlas, hacer el diagnóstico y la terapia. Lo malo de las fobias es que se desprecia y rechaza a todo un colectivo, y se le rechaza por ser eso. Bueno, por favor, ¡lo importante son las personas, no los colectivos!

Como mujer, jamás hubiera pensado que tendría que defenderme por asegurar que la sociedad es misógina.

¡Pero lo es, qué le vamos a hacer! No hay más remedio que decirlo. Las oportunidades de varones y mujeres se han igualado bastante, pero queda mucho camino por andar, porque la preferencia por el varón sigue estando presente. En ocasiones, yo me quedo asombrada al darme cuenta de que una mujer no ha salido elegida porque es mujer. Hay que pensar a nivel global y darnos cuenta de las barbaridades que se están haciendo por ahí con las mujeres de la manera más escandalosa del mundo.

Usted, que fue la primera mujer que entró en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, ¿qué les diría a las nuevas generaciones de mujeres?

Les diría que intenten trabajar muy seriamente y ganarse su lugar en la sociedad. Hay que demostrarles a todos que la igualdad es real, que se den cuenta de que hay diferencias de otro tipo, pero no en la capacidad de ocupar espacios públicos, privados, etc. Que trabajen con seriedad en ganarse su puesto en la sociedad demostrando que somos igual de valiosas… o no.

Pero esa valía no está definida por nuestro género.

Efectivamente.

Ahora que se empieza a instalar el discurso de que ha pasado lo peor de la crisis, a mí me da la sensación de que la brecha social cada vez es mayor y me aterra que llegue a desaparecer la clase media. No sé si usted tiene la misma sensación.

Sí la tengo y, además, me parece que es muy peligroso. La clase media está en peligro y en riesgo. Hay que intentar que las personas tengan trabajo con un salario digno; porque las dos cosas tienen que ir juntas. La gente tiene derecho a poder organizarse su vida económicamente, y eso es una obligación de la sociedad. En este momento, en España, los políticos deberían estar pensando en cómo generar empleo con un salario bueno, cómo conseguir que los más vulnerables no queden fuera, y no en otras cosas…

Pero a diario vemos casos de corrupción que demuestran que no están pensando precisamente en eso.

Unos, casos de corrupción; otros, sus batallas partidistas. ¿Y en la ciudadanía quién piensa? Si todos los que tienen responsabilidades pensaran en esa dirección…

¿Y es usted optimista?

Lo soy, porque el futuro depende mucho de lo que hagamos. Hay mucha gente preocupada porque se respete la dignidad de todos los seres humanos. Pero la esperanza hay que trabajarla. Hay que lanzar mensajes constructivos y hacer propuestas que sean moralmente deseables y técnicamente viables.

 

Arrogancia y cambio: Claves de inteligencia emocional


Imagen2Socrates decía que cuando los dioses querían destruir a un ser humano le convertían en arrogante y así se destruía a él mismo. Si en la antigua Grecia la arrogancia podía ser un problema en la Era de la Innovación y la Transformación digital, donde la adaptabilidad es la clave, se ha convertido en el peor enemigo del líder.

La arrogancia es una característica que impide conocerte a ti mismo, impide autoanalizarte y escuchar a los demás, por tanto impide analizar el entorno tu posición y el cambio. Además de la adaptabilidad  destruye el desarrollo del resto de nuestras capacidades emocionales básicas para el liderazgo: comprensión, influencia, colaboración, etc.

La arrogancia es un virus intelectual pues te inhabilita para escuchar, aprender y cambiar. La condena de los que tienen este rasgo es convivir con la peor ceguera que existe, la ceguera emocional donde  nuestro cerebro no puede ver y  ni siquiera sabe que es ciego. Provoca la innovamiopía: Síndrome que te hace pensar que tu negocio no necesita importantes dosis de cambio y transformación. Cuyo pronóstico es la muerte lenta

Estamos tomando conciencia de que las emociones y motivaciones forman parte fundamental de nuestro rendimiento profesional. Estamos tomando conciencia de que estas son el motor, lo que nos impulsa en nuestro día a día, y la base para dirigirnos a nosotros mismos.

Debemos aprender a gestionar nuestras emociones para evitar el peor y más frecuente castigo de la era de la innovación: el envejecimiento prematuro profesional por falta de adaptación al cambio.

 

Nuestro cerebro no está preparado para el nuevo entorno

Todos sabemos que los demás tienen falsas percepciones sobre ellos mismos, sabemos que se sobrevaloran, se infravaloran o simplemente desconocen el impacto nefasto de sus puntos débiles. Pero por alguna razón lo que vemos en los demás tan frecuentemente pensamos que a nosotros no nos pasa.

Nuestro cerebro es un órgano que  no está diseñado ni preparado para buscar la verdad, sino fue diseñado para ayudarnos a sobrevivir, pero en otros entornos remotos que eran más estables, no para un entorno tan dinámico como el nuestro.

Lo cierto es que nuestro cerebro nos engaña muy a menudo, nuestras percepciones son  muy subjetivas,  tenemos una especie de sistema inmunológico emocional  que nos hace percibir la realidad edulcorada, como más nos convienía desde un punto adaptativo a otros entornos más lentos. Una de las principales áreas sobre la que nos engaña nuestro cerebro es sobre nosotros mismos.

Y esto hecho es más importante en un entorno organizativo que cada vez será más dinámico. La dificultad de nuestro autodesarrollo personal no reside tanto en aprender nuevas conductas y crear hábitos que las fijen, como en tener la capacidad de cambiar estas conductas para adaptarse a nuevos entornos organizativos.

Nuestro principal problema profesional es reinventarnos, para poder reinventar nuestro negocio. El principal reto no es tanto llegar a ser un buen profesional, sino cómo evolucionar y reconvertir hábitos en nuevos entornos innovadores, muy competitivos con una voracidad de cambio desconocida hasta ahora. Y que exigen de nosotros que sepamos mirarnos continuamente con capacidad crítica, que exigen que conozcamos cómo somos para evolucionar y dirigir nuestro negocio hacia nuevas metas.

 

Nadie conoce a nadie, ni siquiera a sí mismo

En su teoría de la inteligencia emocional DanielGoleman nos señalaba dos tipos de inteligencia, la interpersonal (relaciones con los demás) y la intrapersonal, que sería la capacidad de formar un modelo realista y preciso de uno mismo, teniendo acceso a los propios sentimientos y emociones, utilizándolos como guías en la conducta.

La arrogancia afecta de forma importante a este tipo de inteligencia pues limita nuestra capacidad perceptiva y empática, impide aprender de nuestros errores, debido a errores de atribución que nos lo impiden, impide escuchar las opiniones de otros, conversar productivamente, etc. Impide analizar la realidad de nuestro entorno y evolucionar.

Pero esta dimensión de la inteligencia emocional es la que nos permite construir otras dimensiones y competencias emocionales como la comprensión de relaciones sociales, la colaboración, el conflicto o la  influencia. Es decir, su efecto final es que nos invalida cómo líderes.

Esta dimensión de  inteligencia emocional que nos permite controlar nuestras emociones, sentimientos y motivaciones es la inteligencia más importante. Una vez dominada, el autodesarrollo y la reinvención son más fáciles.  Si la clave más valiosa de nuestro talento que una persona puede tener es conocerse a sí mismo para reinventarse, su principal enemigo es la arrogancia.

 

Dos motores básicos: humildad y escucha

Poner en práctica este tipo de inteligencia exige algo más que fuerza de voluntad, exige luchar de forma desconfiada y paranoica contra nuestro cerebro primitivo partiendo de la humildad de asumir que podemos estar equivocados, sabiendo que no debemos dejar que nuestras emociones más básicas nos dominen, tenemos que elegir “saber” la verdad.

Para ello debemos buscar otros ojos y espejos. Y esto debe estar sistematizado, debemos tener una curiosidad sobre nosotros mismos y hacernos cada día nuevas preguntas. Las personas que tienen más confianza en sí mismas son a menudo quienes más escuchan, quienes obtienen más feed-back, quienes buscan saber cómo y por qué hacen las cosas y cómo las pueden cambiar.

Las empresas, las organizaciones deben facilitar estos mecanismos de escucha sistematizándolos, haciendo evolucionar los anticuados sistemas de gestión de desempeño hacia sistemas de verdadero desarrollo profesional alimentándolos de emociones positivas. Y los profesionales deben buscarse sus propios sistemas de escucha dentro y fuera de sus organizaciones, para asegurarse su rendimiento individual a corto plazo y el desarrollo profesional a largo plazo. Para asegurarse que se producen nuevos comportamientos en la era de la transformación digital cuya principal característica es el cambio.

Debemos esperar que la innovación y su brutal exigencia se conviertan en más presión y en nuevas demandas que desconfiguren nuestras identidades profesionales, que conviertan nuestros entornos laborales en “prisiones emocionales” donde la confusión derive en desmotivación, estrés o ansiedad; donde reinventarnos a este frenético ritmo de cambio sea más difícil.

En la era de la transformación digital necesitamos una nueva  ideología profesional que deje de minusvalorar la importancia de la gestión de las emociones, que las saque de  esa semiclandestinidad a las que las tenemos condenadas, que busque entender sus mecanismos de funcionamiento y que las potencie como la parte más valiosa de nuestro talento.

Arrogancia y cambio: Claves de inteligencia emocional

El negocio de la espiritualidad


Hasta 1.000 euros costaban las entradas para asistir en Madrid al mayor foro europeo sobre crecimiento personal, Being One, que ha comenzado con tres horas de retraso y una protesta en la puerta
Los 16 conferenciantes del foro Being One. En vídeo, entrevista con el organizador Antonio Moll. EPV

“¿Cuánto me ha costado traerlos? No tengo ningún problema en contestar: más de medio millón de euros”, afirma Antonio Moll, el empresario valenciano que había organizado este fin de semana en Madrid Being One, “el mayor evento de crecimiento personal en Europa”, según reza su publicidad. Desde 80 hasta 1.000 euros tenían que pagar los asistentes por escuchar las conferencias de 16 autores de best sellers dedicados a la espiritualidad, como Robin Sharma (El hombre que vendió su Ferrari), Neale Donald Walsch (Conversaciones con Dios) o el español Álex Rovira (La buena suerte). Los precios inferiores eran para seguir las conferencias online y los más altos para asistir a los tres días de charlas en primera fila. Más de 10.000 entradas se habían puesto a la venta para asistir al encuentro en el Recinto Ferial de la Casa de Campo de Madrid, pero el evento no ha comenzado en la hora prevista y los asistentes se han manifestado en la puerta. Además, decenas de particulares han denunciado a los organizadores del evento, que ha empezado con tres horas de retraso.

El organizador de Being One habló con EL PAÍS hace unas semanas. La historia de Moll se asemeja a la del clásico protagonista de un libro de crecimiento personal. En 2003 inició una larga trayectoria empresarial que le llevó a fundar varias empresas relacionadas con las nuevas tecnologías e internet. Pero en 2016 dio un giro radical a su carrera profesional al apostar por un proyecto mucho más personal: crear un foro en el que reunir a “los más prestigiosos líderes del pensamiento y del desarrollo personal”.

“Parte de la sociedad tiene un concepto de la espiritualidad como algo propio de locos, pero no es así; los autores (que asisten a ‘Being One’) no son charlatanes”, asegura Moll, de 37 años, que cambió el guion de su vida tras leer El poder del ahora hace poco más de un año, en plena crisis personal. “Organizar este evento no fue algo buscado. Me surgió una madrugada en Boston. Sentí una sensación de paz y de alegría muy grande dentro de mí. Y me lancé”, recuerda Moll. El empresario es consciente de los prejuicios que rodean la espiritualidad y a sus gurús. “Para mí el dinero es una energía viva muy potente. No veo por qué Cristiano Ronaldo puede cobrar mucho dinero por hacer su trabajo y estos escritores prestigiosos no”, razona.

Preguntados por los honorarios que iban cobrar por sus conferencias en el foro, la mayoría de los conferenciantes prefiere mirar para otro lado. Aun así, las tarifas de algunos de estos autores por participar en encuentros internacionales de este tipo se elevan a 50.000 euros la hora, sin contar con los vuelos en primera clase, ni los hoteles de lujo. Sus palabras las escucharán, en su mayoría, mujeres de mediana edad, según la organización. “Doctores, universitarios, científicos y actores de todo el mundo. No está destinado a un sector de la población en particular”, asegura el empresario.

Dinero y espiritualidad

“Lo que hacen ellos es poner en funcionamiento tu brújula interior, es el don que tienen. Porque todas las respuestas las tienes dentro de ti; lo más difícil es encontrar el camino hacia ellas”, subraya Moll sobre los ponentes. Entre ellos se encuentra Mabel Katz, que presentará el domingo su método hawaiano: Ho’oponopono. Esta argentina establecida en Los Ángeles viaja a través del mundo para compartir su mensaje. “Podemos cambiarlo todo en nuestra vida. Lo único que hay que hacer es corregir los errores. ¿Y cómo se hace? Borrándolos”, explica sonriente. “Yo era contable y lo tenía todo. Pero pude ser feliz solamente cuando empecé a creer”, sostiene Katz, para quien la espiritualidad no tiene nada que ver con la religión. “No tiene ninguna doctrina que seguir, al contrario: tienes que perseguir lo que tienes dentro de ti para encontrar las respuestas que buscas”, subraya Moll.

La búsqueda de la felicidad

Las conferencias, que cuentan con traducción simultánea a seis idiomas, lenguaje de signos y retransmisión en directo, tienen un nexo en común: la búsqueda de la felicidad. “Un día estaba en mi cama, exhausto. Levanté la mirada y vi una silla. De repente entendí que lo que siempre había estado buscando no existía. Era tan simple como aceptar las cosas tal y como son”, relata con emoción Jeff Foster, otro de los conferenciantes, sobre esa “búsqueda” de la que se habla este fin de semana y a la que cada ponente invita a llegar de distinta manera. Joe Vitale, por ejemplo, cuenta que vivió en la calle durante muchos años en Estado Unidos. Empezó a leer libros sobre espiritualidad en la biblioteca pública de su ciudad hasta que escribió los suyos que le convirtieron en millonario. “Todo empieza con la mente. Hay algo en el universo que se llama la ley de atracción. Basta con pedir algo y visualizarlo para obtenerlo”, dice. No todos los ponentes del encuentro son tan optimistas. Aunque todos comparten el convencimiento de que la espiritualidad mueve montañas. Pero los asistentes de Madrid se han quedado sin conocerles.

http://elpais.com/elpais/2017/05/11/videos/1494531094_801252.html

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