COLOMBIA. Pacíficos indignados


La protesta de Buenaventura y Chocó pasó de un asunto de dignidad regional a uno de indignación nacional y solidaridad con las regiones más marginadas del país.

El paro de más de dos semanas en Buenaventura, Chocó y otras zonas del Pacífico, independientemente de lo que acuerden sus organizadores con el gobierno, ya ha tiene un logro: organización y liderazgo local, algo que no hubo en los paros anteriores cuando se ha reclamado por los mismos problemas de siempre.

El de 2017 –en el Pacífico los reclamos ya toca rotularlos por años—podría decirse, dejó de ser un problema de dignidad regional, por el que salieron a protestar, a uno de indignación nacional y solidaridad a juzgar por los editoriales de los medios nacionales, el apoyo de la Iglesia y por la creatividad de los músicos del Pacifico, cada vez más universales, que dijeron como “Goyo” (Chocquibtown) que “lo que muchos no saben es que salimos a cumplir metas sin las necesidades básicas resueltas”.

Esas necesidades básicas no resueltas se reflejan, en el caso de Buenaventura, en que el 81% de sus habitantes viven en la pobreza, la ciudad no tiene hospital desde hace tres años y por eso los que pueden deben ir hasta Cali a que los atiendan; unos 20 mil menores no van a la escuela; el agua apenas llega máximo cuatro horas al día, y el puerto más importante sobre el Pacifico que le aporta más de 5 billones a las arcas de Hacienda y que debería ser una zona segura, ha padecido el horror de las “casas de pique” controladas por las mafias. Lo del Chocó es lo mismo: la falta de hospitales, el desempleo, la seguridad y el reclamo de siempre por la carretera a Medellín o Pereira y un lío limítrofe con Antioquia por las tierras mineras de Belén de Bajirá que ningún gobierno ha podido arbitrar.

Mientras Chocó logró un acuerdo, Buenaventura sigue en la protesta e insiste en que además de los recursos para el acueducto y el hospital se declare la emergencia económica, algo que jurídicamente no sería viable. Pero no es fácil para un gobierno solucionar los problemas estructurales de décadas en una sola negociación –donde se negocia con el deseo y no sobre bases realistas– y menos cuando se ha perdido la confianza de la ciudadanía que se ha cansado de las promesas y por eso las exigencias se vuelven cada vez mayores.

Lograr un acuerdo que deje tranquilas a las partes, sin embargo, apenas sería el inicio de un largo proceso para quienes han asumido el liderazgo del movimiento de dignidad por el Pacifico, comenzando por deslindarse de quienes han desangrado sus departamentos y municipios, y trabajando con el gobierno en el seguimiento puntual de lo acordado, como lo plantea la ex ministra Paula Moreno, que conoce las raíces y la cultura de las negritudes del litoral.

http://caracol.com.co/radio/2017/05/30/nacional/1496174811_218226.html

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