Pastor José Marcos da Silva: “Para llegar a la unidad falta sacar al cristianismo de los Templos”


Pastor José Marcos da Silva

RD

“El ecumenismo teórico no junta a las personas, sino a los teóricos”

“El gran mal de la Iglesia es que está aprisionada en los ritos, está separada del pueblo”

Luis Miguel Modino, 04 de junio de 2017 a las 21:45

El ecumenismo de pensamiento, de teoría, provoca encuentros, libros, textos, pero no provoca acción

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Salir a las periferias

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- El ecumenismo es algo que no puede quedarse en el plano teórico, tiene que ser instrumento que una ante el dolor común. José Marcos da Silva, pastor desde hace 15 años de la Iglesia Bautista de Coqueiral, un barrio en la periferia de Recife, es alguien que muestra elementos prácticos que pueden ayudar en el camino de la unidad, aspecto que está siendo reflexionado y celebrado en Brasil durante estos días, en que se conmemora la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Define a su Iglesia como una Iglesia Bautista Helderiana, en referencia a Don Helder Cámara, el gran arzobispo de Recife, que durante más de veinte años se convirtió en el gran acompañante de la vida de los pobres de las periferias de Recife y de Brasil.

De hecho, la influencia de la figura de Don Helder es tan presente en esta Iglesia que un grupo de católicos italianos que querían conocer su legado y preguntaron dónde podrían llevar a cabo su propósito, siendo encaminados, por un obispo católico, a convivir durante diez días con la comunidad bautista del barrio del Coqueiral, lo que resultó una experiencia de gran riqueza para católicos y bautistas.

En sus respuestas se percibe cómo ha conseguido descubrir la esencia del cristianismo en el hecho de encarnarse en la vida real y acompañar el sufrimiento de la gente. Por eso, no duda en afirmar que la unidad se conseguirá más fácilmente en la medida en que saquemos al cristianismo de los templos.

Al mismo tiempo reconoce la importancia del Papa Francisco como un gran regalo de Dios para la historia, mostrando una actitud de agradecimiento para con alguien que, sin embargo, no siempre es respetado dentro de la propia Iglesia Católica.

¿Qué significa hoy evangelizar las periferias?

Evangelizar las periferias significa sobre todo vivir una fe encarnada. Las periferias, especialmente en una ciudad como Recife, traen consigo desafíos demasiado complejos. Existe una pobreza generalizada, financiera, estructural, lo que es válido para cualquier periferia de cualquier gran ciudad, donde se produce un desmonte de cualquier estructura en los barrios, calles, familia y de la propia persona.

Pero también, por otro lado, es una riqueza muy bonita, pues en las periferias todavía se encuentra unidad en torno al sufrimiento. Por tanto, evangelizar la periferia es algo que va mucho más allá del culto o de la misa y del espacio del templo, yendo para la misma vida real.

O te encarnas en la vida real de las personas, y la Iglesia necesita hacer realidad esa gran Eucaristía del Cuerpo de Cristo fraccionado para la gente, o pasas a ser un ente a más, presente en la periferia, como tantos otros, como puede ser un bar o un local de diversión, pero sin marcar ninguna diferencia.

Significa también entender que ese mensaje de Cristo necesita ser llevado en su integridad, pues el problema de la periferia es tan estructural que si se queda sólo en las palabras, esa evangelización se pierde, es necesario que haya lucha, juntar al pueblo en busca de su auto promoción. Es un buen desafío, evangelizar la periferia.

En sus palabras puede ser reconocida la figura de alguien que fue una presencia decisiva en la vida e historia de la ciudad de Recife y de Brasil, como fue Monseñor Helder Cámara. Desde su condición de bautista, ¿hasta qué punto la figura de Helder Cámara, su actitud y trabajo evangelizador, supone una referencia en su vida?

Yo digo que nuestra Iglesia es “Bautista Helderiana”, ella es profundamente influenciada por Don Helder, principalmente cuando dice que si doy pan al pobre me llaman santo, pero si pregunto por qué el pobre no tiene pan, me llaman comunista.

Don Helder se convirtió para nuestra Iglesia, que es una Iglesia histórica, desde el punto de vista bautista, pues ya va a hacer cien años, en una gran referencia como encarnación del Verbo, del Evangelio, sobre todo en la tarea de hacer entender al pobre el por qué él no tiene pan.

En esa tarea, nosotros nos asociamos al Movimiento Fe y Política y creamos la primera escuela evangélica de Fe y Política de Brasil, en la periferia de Recife. Hoy es una escuela pujante, que ya formó a cuatrocientas personas, donde actualmente tenemos cien alumnos. Don Helder es nuestro gran patrono, principalmente con su imagen y su legado.

Se habla de ecumenismo en el plano teórico, ¿esa visión, esa forma de trabajar, no nos muestra que el ecumenismo, más que un discurso, es un modo de vivir?

Es un gran peligro el ecumenismo teórico. En primer lugar porque el ecumenismo teórico no junta a las personas, sino a los teóricos, y teórico es un ser que tiene la gran tentación de vivir por detrás, sólo pensando.

El ecumenismo de pensamiento, de teoría, provoca encuentros, libros, textos, pero no provoca acción. Pero cuando el ecumenismo va más allá de la teoría, y el centro del ecumenismo pasa a ser el problema común, y no necesariamente la teoría común, el dolor común, ahí la gente, las Iglesias se juntan, y se da, de hecho, el ecumenismo. Tengo mucho miedo del ecumenismo teórico, pues las reflexiones teóricas tienden a separarnos.

¿Ese ecumenismo nos muestra que lo importante para todo cristiano, independientemente de la confesión, debe ser una actitud samaritana, misericordiosa, con aquellos que sufren y que hace que el trabajo evangelizador nos convierta en presencia de Dios en la vida del pueblo?

Exacto, pues buscamos tanto hablar de discípulos, de hacer discípulos, ser discípulos…, pero sólo existe una manera de ser discípulo de una persona, imitando a la persona. No es posible ser imitador de Cristo fuera del servicio, y entiendo que el servicio es el gran determinante de que tú y yo somos discípulos de Cristo.

Es apenas en el servicio al otro que conseguimos servir a Dios e imitar a Cristo, de modo que es muy fácil concebir el ecumenismo a partir del dolor y, consecuentemente, a partir de la actitud samaritana del servir, es algo muy fácil, muy simple, y es algo que toda Iglesia entiende perfectamente.

Pero muchas veces nos preocupamos con números, con porcentajes, con mantener estadísticas. ¿No es eso lo que para muchos determina el éxito de las Iglesias?

Infelizmente vivimos cercados por esa lógica de mercado, lo que importa es el tamaño del templo y la cantidad de personas que consigo encajonar allí dentro. Hay una busca por las masas, en cuanto el Reino de Dios es fermento, que es algo pequeño en medio de la masa, haciéndola más leve, dándola una nueva característica.

Es una pena que esa fascinación por números sea un motivo a más para separarnos. Jesús no estaba muy preocupado con eso. Tanto es así que después que multiplicó por primera vez los panes y los peces, que la multitud le siguió en busca de más pan y más peces, Él es el único lider de la historia que consigue perder más de diez mil seguidores en un día sólo.

Si fuésemos a ver desde el punto de vista mercadológico, Jesús habría sido un fracasado. Sin embargo, Él muestra claramente que no está preocupado con los números y sí con la esencia del Evangelio.

El Papa Francisco es alguien que nos muestra lo que es el ecumenismo práctico, empeñándose en trabajar en el campo ecuménico. Para alguien que es evangélico, ¿qué significa la figura del Papa Francisco, sobre todo en el campo ecuménico?

El Papa Francisco es un aire nuevo para la Iglesia de modo global, no sólo para la Iglesia Católica Romana sino para la Iglesia en general. Su persona es una gran referencia y no es por acaso que escoge ese nombre de Francisco para su pontificado.

Él encarna en sus actitudes al siervo sufriente, al hombre que se despoja de su vestido y poltrona imperial. Él pasa a ser para nosotros evangélicos, y para todo mundo de modo generalizado, una gran referencia. De hecho, creo que el Papa Francisco es un gran regalo de Dios para la historia y ha sido una gran voz que llama para el ecumenismo.

La Laudato Si’, cuando presenta el problema de la Casa Común, es una carta escrita para todas las personas, algo magistral. El Papa ha prestado un maravilloso servicio de aglutinar a las personas y es una gran referencia para nosotros evangélicos.

¿Qué es lo que falta para llegar a esa unidad que todo cristiano debe buscar?

Falta sacar al cristianismo de los templos y mirar para el dolor del otro como eje central de la vivencia de mi fe, mirar para la calle, en el campo o en la gran ciudad, como un lugar especial para concretizar mi fe.

Cuando saco el cristianismo del templo y lo llevo para la práctica de la vida real, uno percibe que es en esa práctica de la vida real donde debemos juntarnos. Ahí el ecumenismo pasa a ser una consecuencia natural de ese tipo de fe, parecida con la de Jesús, que no tuvo espacio dentro de los templos y sinagogas, pero que sí que anduvo por las calles.

El gran mal de la Iglesia es que está aprisionada en los templos, en los ritos, en los símbolos…, y está separada del pueblo. Cuando se junta al dolor real, se junta como Cuerpo de Cristo.

Ante la situación político-social por la que Brasil está pasando, ¿cuál es la reacción que esta situación le provoca como pastor bautista?

En primer lugar, me provoca gran tristeza, pues uno va percibiendo una pérdida de lo que fue conseguido, principalmente por la comunidad más pobre. Se percibe la vuelta de una componenda política que beneficia a los más ricos y que está alineado con lo que está sucediendo a nivel mundial.

Pero también provoca un reánimo en la comunidad, de salir a la calle, de luchar por sus derechos. Al mismo tiempo que están siendo días difíciles, están siendo momentos especiales, pues la gente se está aglutinando de nuevo en cuanto pueblo.

Como pastor bautista eso me lleva a transformar mi púlpito en un espacio de alerta, de pedagogía, de juntar a la gente. Nuestra Iglesia está participando de las movilizaciones que en los últimos tiempos se están llevando a cabo en Recife, para reivindicar elecciones directas, un presidente legítimo.

Ahora estamos animados para eso y después de un tiempo de latencia, el pueblo está volviendo a la calle. Uno se entristece con lo que está sucediendo, pero también se alegra, pues toda crisis trae consigo expresiones de reavivamiento.

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