SAN SALVADOR: EL OBISPO QUE NO FUE ARZOBISPO, PERO FUE CARDENAL.


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Monseñor Gregorio Rosa Chávez suma 35 años como obispo auxiliar de San Salvador, fue de nombre el arzobispo para muchos, pero el cargo nunca llegó. Hoy el papa Francisco lo nombró cardenal, para muchos es un reconocimiento a su trayectoria eclesial y social.

25 de Junio de 2017 a la(s) 0:0 / Mario Enrique Paz

El agente detrás del mostrador en la estación de migración en el Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Romero mira el pasaporte como cansado, recién comienza el día y él parece hastiado de ver siempre el mismo documento, de hacer la misma pregunta a todos. Probablemente ni lea, la prisa domina y controla sus impulsos. Abre el documento y pareciera ser que ni siquiera ve la foto y para detenerse  y verificar identidad, lo cierra y pregunta:

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—¿Hacia a dónde va?

—Para Roma

—¿Viaja de turista?

—Por trabajo, al consistorio donde nombrarán a monseñor Rosa Chávez como cardenal.

Solo entonces levanta la cara y mira fijamente como para indagar mucho más, terminan las preguntas, ahora afirma.

—Ya se lo merecía, él tenía que ser arzobispo y nunca lo nombraron, bien merecido lo tiene.

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—Eso dicen muchos.

—Creo que es lo mejor que le pudo pasar, además que es muy bueno para este país. Que tenga buen viaje.

Devuelve el pasaporte y se queda con una expresión sonriente. No da oportunidad de preguntarle si es católico o si solo lo considera un hecho religioso-social relevante para El Salvador, la señal para que pase el siguiente corta todo intento de indagar más.

Esa parece ser la impresión de muchos en el país, de que Gregorio Rosa Chávez, el obispo auxiliar de San Salvador desde 1982, después de que fue asesinado el ahora beato Óscar Romero, tenía la opción de presidir la arquidiócesis de San Salvador. Él mismo reconoce que para ese entonces era muy joven, la designación cayó sobre Arturo Rivera Damas, al que considera uno de sus mentores.

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Pero cuando murió este todos lo esperaban como el natural sucesor. No pasó. La designación fue para Fernando Sáenz Lacalle, una decisión que dejó sorprendida a gran parte de la curia y feligreses.

“No entiendo por qué nunca lo hicieron obispo titular o arzobispo, incluso lo pudieron nombrar cuando quedaron varias diócesis solas, como la de San Miguel o Santa Ana”, dice Juan Valiente, diputado de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).
El cuestionamiento de Valiente queda vigente otra vez. Sáenz se convirtió en obispo emérito y su retiro abría las puertas del arzobispado una vez más para Rosa Chávez, en un momento de más madurez y experiencia. Tampoco llegó, José Luis Escobar tomó el puesto.

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Rosa Chávez parecía destinado a tener la piedra, es obispo auxiliar desde hace 35 años. Sostuvo la piedra cuando Romero, cuando Rivera Damas, cuando Sáenz Lacalle, y la sostuvo con estoicismo fiel y cumplidor a los designios de la Iglesia, ha visto pasar a cuatro arzobispos con Escobar.

“Creo que esto se debió a un período de tendencias bastante conservadoras en el Vaticano”, dice Salvador Samayoa, un reconocido analista político del país y exmiembro del FMLN, al explicar por qué no llegó a tomar la arquidiócesis de San Salvador.

Apostar por una razón concreta por la que no llegó el nombramiento no parece tener una respuesta específica, y es atribuida también a jerarquías en la Iglesia católica. David Escobar Galindo, firmante de los Acuerdos de Paz, escritor y analista, dice que “en cualquier ente u organización, los movimientos del poder y de la administración tienen su propia lógica interna”, lo que sí tiene claro es que es uno de los personajes más preparados de la Iglesia católica: “Sin ninguna duda, y con la ventaja adicional de que maneja su conocimiento de manera espontánea y servicial”.

Valiente también coincide en que nunca se sabrá “a ciencia cierta” por qué nunca llegó la designación como arzobispo, pero matiza: “El papa Francisco lo eleva encima de todos los demás obispos para convertirlo en miembro del colegio cardenalicio, para ponerlo al servicio de la Iglesia universal”.

Curiosamente y en contraste con las decisiones anteriores de la Iglesia de mantenerlo como auxiliar en el arzobispado de San Salvador, todos lo consideran uno de los más preparados sacerdotes del país. Valiente incluso parece vencer la resistencia que le ha tenido un sector de la derecha salvadoreña. “Es definitivamente uno de los preparados y con más experiencia eclesial en la Iglesia latinoamericana”.

“Vocación, voluntad y perseverancia” son las tres palabras con las que Escobar Galindo lo define, Valiente se va por la parte teológica y lo define como “los últimos serán los primeros” y Samayoa suelta una serie de adjetivos que demuestran su admiración: “Metódico, perseverante, trabajador, minucioso, ordenado, paciente, respetuoso, amable, positivo, realista, reservado, talvez un poco tímido, modesto, ha vivido con mayor convicción y coherencia que otros el valor cristiano del perdón por los agravios a la Iglesia”.

Rosa Chávez es parte de un sector de la Iglesia católica salvadoreña que siempre ha estado relacionada con rasgos políticos. Así pasó con Romero, desacreditado por unos y utilizado por otros, el próximo cardenal también cayó en esa etiqueta, una que en El Salvador polariza, marca juicios y hasta condena.

“Es hombre de Iglesia y, de acuerdo con lo que podemos ver y estudiar en su historia de casi 50 años de servicio sacerdotal, ha sido fiel al Evangelio, a la pastoral social de la Iglesia, a las enseñanzas de Puebla, a la lucha contra la injusticia y la pobreza”, dice Valiente.

Escobar Galindo no repara en izquierdas o derechas, para él cuentan los logros y asegura que “por encima de las caracterizaciones usuales de una época determinada, hay que valorar los frutos de la propia existencia”.

¿Lo elegirían cardenal? El diputado de ARENA dice que nombrarlo podría implicar “perderlo” de la Iglesia salvadoreña porque el papa Francisco podría decidir llevarlo a Roma, pero no duda en decir que si en sus manos está “definitivamente” también lo haría cardenal.

“Creo que es un honor que merecen tanto él como el país”, también afirma el escritor.

Samayoa recapitula que el nombramiento (de arzobispo) que todos esperaban no se hizo concreto nunca, pero el nombramiento de cardenal llega cuando ya muchos tampoco esperaban que se presentara, y sintetiza: “Como dicen en el argot popular: Dios tarda, pero no olvida”.

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