“Dicen que somos la gerontocracia de la Iglesia. Una burla. Somos abuelos”


Misa de los 25 años de obispo de Bergoglio

El Papa, a los cardenales: “Somos abuelos llamados a soñar y transmitir nuestros sueños a la juventud”

“A nosotros, hoy, el Señor, nos dice lo mismo que a Abraham: Levántate, mira y espera”

José Manuel Vidal, 27 de junio de 2017 a las 09:22

Que el Señor nos de la gracia de ser abuelos, de soñar y transmitir este sueno a nuestros nietos, que tanto lo necesitan

El Papa y los cardenales en la capilla paulina/>

El Papa y los cardenales en la capilla paulina

(José M. Vidal).- Rodeado de los cardenales, el Papa Francisco celebra, en la capilla paulina, el 25 aniversario de su ordenación episcopal. En una homilía improvisada y emotiva, Bergoglio negó que los cardenales sean “la gerontocracia de la Iglesia” y los calificó “de abuelos, llamados a soñar” y transmitir sus sueños a los jóvenes. Sigiiendo el triple mandado del Señor a Abraham: ‘Levántate, mira y espera’.

Entre los cardenales presentes, los que trabajan en la Curia y algunos residenciales o eméritos, como el cardenal Sistach, arzobispo emérito de Barcelona, el cardenal Porras, el cardenal Damasceno o el cardenal Rocha, arzobispo de Brasilia.

En sus palabras de saludo, el cardenal Sodano recuerda que fue consagrado obispo, hace 25 años, por el cardenal Quarracino y proclama:

“Le aseguramos nuestra cercanía y nuestra oración…Usted no necesita decirnos, como el apóstol Pablo, ‘dadme un lugar en vuestro corazón’, porque usted tiene siempre un puesto en nuestro corazón”

“Santo Padre, adelante en nombre del Señor”

Algunas frases de la homilía del Papa

“En la primera lectura, el diálogo entre Dios y Abrahám”

“Encontramos tres imperativos: levántate, mira y espera”

“Los mandatos que signan el camino que debe recorrer Abraham e, incluso, la actitud interior”

“Levántate, camina, no te quedes quieto, tienes una misión y tienes que hacerla en camino. No permanecer sentado. Levántate. En pie”

“El simbolo de esto es la tienda”

“Nunca se construyó una casa. Sólo construyó un altar, para adorar a Dios”

“Con la tienda, levántate”

“Mira, segundo imperativo. Levanta los ojos…Mira, mira al horizonte. No construir muros. Mira siempre y sigue adelante”

“Es la mística del horizonte que siempre que se va más adelante más se aleja el horizonte”


“El tercer imperativo: espera”

“El heredero saldrá de ti. Espera. Dicho a un hombre que no podía tener heredero. De ti. Y tu herencia será como el polvo de la tierra”

“Un poco más adelante, levanta la mirada y mira al cielo y cuenta las estrellas, si lo consigues. Así será tu descendencia”

“Y Abraham creyente y el Señor lo acreditó como justicia en la fe de Abraham”.

“La esperanza es puro horizonte”

“Cuando Abraham fue llamado había más o menos nuestra edad. Estaba a punto de jubilarse, reposar…Recomenzó a esa edad”

“Un hombre anciano, con el peso de la vejez, con una vejez que aporta dolor, enfermedades…Como si fuese un jovencito: levántate y camina, mira y espera”

“Esta palabra de Dios es también para nosotros, que tenemos una edad como la de Abraham…”

“A nosotros, hoy, el Señor, nos dice lo mismo: Levántate, mira y espera”

“Nos dice que no cerremos nuestra historia. Que nuestra historia está abierta todavía. Abierta hasta el final. Con una misión, que se escribe con estos tres mandatos”

“Algunos que no nos quieren bien, dicen que nosotros somos la gerontocracia de la Iglesia. Es una burla. No saben lo que dicen. No somos gerontes. Somos abuelos. Somos abuelos. Y si no lo sentimos, pidamos la gracia. Abuelos a los que nuestros nietos miran. Abuelos que tenemos que darles sentido a sus vidas con nuestra experiencia”


“Abuelos no cerrados por la melanclía de nuestra historia, sino abiertos…Levántate, mira y espera…Esto se llama soñar”

“Somos abuelos llamados a soñar y dar nuestro sueño a la juventud de hoy que lo necesitan”

“Ellos cogerán de nosotros la fuerza para profetiozar y seguir adelante”

“Como Simeón y Ana, dons abuelos, pero con una gran capacidad de soñar”

“Y tramsmitieron sus sueños a José, a María, a la gente…”

“Esto es lo que hoy el Señor nos pide a nosotros: ser abuelos. Tener la vitalidad de dar a los jóvemes, que lo están esperando, darles nuestro mejor. Ellos esperan nuestra experiencia, nuestros sueños positivos, para llevar adelante la profecía y el trabajo”

“Que el Señor nos de la gracia de ser abuelos, de soñar y transmitir este sueno a nuestros nietos, que tanto lo necesitan”

Saludo final

“Gracias a todos vosotros. A las palabras del cardenal decano y al nuevo vicedecano…”

“Pidiendo perdón por mis pecados, por la perseverancia en la fe, en la esperanza y en la caridad”

“Gracias por esta compañía fraterna y pido al Señor que os bendiga y os acompañe en el servicio a la Iglesia. Muchas gracias”

Texto completo de la homilía del Papa

En la primera Lectura hemos escuchado como continúa el diálogo entre Dios y Abram, aquel diálogo que comenzó con aquel “Vete. Vete de tu tierra…” (Gén 12,1). Y en esta continuación del diálogo, encontramos tres imperativos: “¡Levántate!”, “¡Mira!” “¡Espera!” Tres imperativos que marcan el camino que debe recorrer Abram y también el modo de hacer, la actitud interior: levántate, mira, espera.

“¡Levántate!” Levántate, camina, no estés detenido. Tú tienes un deber, tú tienes una misión y debes cumplirla en camino. No permanezcas sentado: levántate, en pie. Y Abram comenzó a caminar. En camino, siempre. Y el símbolo de esto es la tienda. Dice el Libro del Génesis que Abram andaba con la tienda y cuando se detenía tenía la tienda. Abram jamás hizo una casa para sí mismo, mientras existía este imperativo: “¡Levántate!” Solamente construyó un altar: la única cosa. Para adorar a Aquel que le ordenaba levantarse, estar en camino, con la tienda. “¡Levántate!”

“¡Mira!” Segundo imperativo. “Alza ahora tus ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y hacia el sur, y hacia el oriente y hacia el occidente”. (Gén 13,14). Mira. Mira el horizonte, no construyas muros. Mira siempre. Y sigue adelante. Y la mística del horizonte es que cuanto más se va adelante, el horizonte está siempre más lejos. Ir más allá con la mirada, ir más allá, adelante, caminando pero hacia el horizonte.

Tercer imperativo: “¡Espera!” Está ese diálogo hermoso: “Tú me has dado tanto, pero el heredero será este doméstico” – “El heredero saldrá de ti, nacerá de ti. ¡Espera! (cfr. Gén 15,3-4). Y esto, dicho a un hombre que no podía tener herencia, ya sea por su edad que por la esterilidad de la esposa. Pero será “de ti”. Y tu herencia – de ti – será “como el polvo de la tierra. Si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada”. (Gén 13,16). Y un poco más adelante: “Mira ahora los cielos y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Así será tu descendencia”. Y Abram creyó y el Señor se lo contó por justicia (cfr Gén 15,5-6). En la fe de Abram inicia aquella justicia que Paolo mencionará más adelante en la explicación de la justificación. “¡Levántate! ¡Mira!” – el horizonte, nada de muros, el horizonte – “¡Espera!” Y la esperanza es sin muros, es puro horizonte.


Pero cuando Abram fue llamado, tenía más o menos nuestra edad: estaba por pensionarse, por jubilarse para descansarse… Comenzó a aquella edad. Un hombre anciano, con el peso de la vejez, aquella vejez que trae los dolores, las enfermedades… Pero tú, como si fueras un jovencito, ¡levántate, ve, ve! Como si fueras un scout: ¡ve! Mira y espera. Y esta Palabra de Dios es también para nosotros, que tenemos una edad que es como aquella de Abram… más o menos. Hay algunos jóvenes aquí, pero la mayoría de nosotros tiene esta edad. Y a nosotros el Señor hoy nos dice lo mismo: “¡Levántate, mira, espera!” Nos dice que no es la hora de encerrar nuestra vida, que no cerremos nuestra historia, que no resumamos nuestra historia. El Señor nos dice que nuestra historia está abierta todavía: está abierta hasta el final, está abierta con una misión. Y con estos tres imperativos nos indica la misión: “¡Levántate!” “¡Mira!” “¡Espera!

Alguien que no nos quiere dice que somos la gerontocracia de la Iglesia. Es una mofa del destino. No entiende lo que dice. No somos ancianos: somos abuelos. Y si no sentimos esto, debemos pedir la gracia de sentirlo. Abuelos a los cuales nuestros nietos miran. Abuelos que deben darles un sentido de la vida, con nuestra experiencia. Abuelos no encerrados en la melancolía de nuestra historia, sino abiertos para dar esto. Y para nosotros, este “levántate, mira, espera” se llama “soñar”. Nosotros somos abuelos llamados a soñar y a dar nuestro sueño a la juventud de hoy: lo necesitan. Porque ellos tomarán de nuestros sueños la fuerza para profetizar y llevar adelante su deber.

Me viene en mente aquel pasaje del Evangelio de Lucas (2,21-38), de Simón y Ana: dos abuelos. Pero ¡cuánta capacidad de soñar tenían estos dos! Y todo este sueño lo contaron a San José, a la Virgen, a la gente… Y Ana iba hablando de aquí para allá y decía: “¡Es Él, es Él!” Y contaba el sueño de su vida. Y esto es lo que hoy el Señor nos pide: que seamos abuelos. Que tengamos la vitalidad de dar a los jóvenes, porque los jóvenes lo esperan de nosotros. Que no nos cerremos, que demos lo mejor de nosotros: ellos esperan de nuestra experiencia, de nuestros sueños positivos para llevar adelante la profecía y el trabajo.

Pido al Señor para que nos dé a todos nosotros esta gracia. También para aquellos que todavía no son abuelos: vemos el presidente de los obispos del Brasil: es un jovencito, ¡pero llegarás! La gracia de ser abuelos, la gracia de soñar, y dar este sueño a nuestros jóvenes: lo necesitan.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/06/27/el-papa-a-los-cardenales-somos-abuelos-llamados-a-sonar-y-transmitir-nuestros-suenos-a-la-juventud.shtml

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