Una decisión que hará más duro el enfrentamiento del Papa con los conservadores


Cambios en el Vaticano

El alejamiento de los cardenales George Pell y Gerhard Mueller exacerba la ofensiva de los sectores más tradicionales contra Francisco.

Una decisión que hará más duro el enfrentamiento del Papa con los conservadores

Renovación. El Papa Francisco se ha enfrentado con los sectores que se oponen a su apertura en algunos temas. /REUTERS

En solo tres días de la más turbulenta semana del pontificado del Papa Francisco, dos de los más importantes cardenales de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, se han quedado sin sus cargos. El alemán Gerhard Mueller (69), guardián oficial de la ortodoxia católica, por sus abiertos conflictos con Jorge Bergoglio, que de hecho amplió la guerra contra las reformas renovadoras del pontífice argentino. En cambio el australiano George Pell (76), a quien el Papa autorizó a ir a defenderse en un proceso por acusaciones de abusos sexuales y que probablemente no volverá, representa el peor error cometido por Bergoglio,quien lo puso en el cargo de “zar” de la nueva Secretaría de la Economía en 2014 pese a los sanos consejos de los que le recordaban que el arzobispo de Sidney estaba acusado de proteger curas pedófilos e investigado por abusos sexuales contra menores.

El error es irreparable y exaspera la ofensiva de los ultraconservadores, empeñados con apremio en esterilizar la acción de Jorge Bergoglio. A su vez Francisco teme que un enfrentamiento abierto mortifique seriamente la unidad de la Iglesia, que todo Papa sabe que debe defender. Para los tradicionalistas, el peligro de que el pontífice argentino afirme su línea renovadora en el tiempo que le queda, logrando imponer una mayoría bergogliana en el Colegio Cardenalicio y orientando así la elección de un sucesor que adhiera a la Iglesia “pobre y de los pobres”, abierta y reformista, los obliga a imponer una controversia cada vez más rígida.

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La salida de escena del cardenal Mueller, que desde el llano puede convertirse en un crítico aún más duro que durante su gestión como defensor de la ortodoxia, deja sin una figura muy importante a los que sostienen que ha llegado la hora de acentuar la ofensiva en defensa de la sana doctrina, amenazada por la “revolución” bergogliana, y se apoyaban en el poder del guardián de la ortodoxia.

Desde ya, los conservadores lograron contrarrestar muchos cambios y mantienen una presión muy fuerte en el único tema que envenena la vida de la Iglesia: la cuestión de los católicos casados por la Iglesia, divorciados y esposados por el civil.Cuatro viejos cardenales han tomado esta bandera como un arma y, apoyados por el prefecto de la Doctrina de la Fe, plantearon hace un año en una carta sus “dudas” a Bergoglio, que nunca les respondió. Ahora han vuelto a la carga con una segunda carta, que tampoco obtendrá una respuesta.

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El cardenal Gerhard Mueller ha sido un férreo opositor a las reformas. Con otros cuatro purpurados escribió un libro contra la apertura auspiciada por Bergoglio en el tema de los católicos vueltos a casar que piden les levanten la prohibición de comulgar. También dijo que los cardenales tenían derecho a cuestionar la posición del Papa, acusado en la carta de las “dudas” de “crear confusión”.

Siempre en su exposición mediática excesiva, el “ministro” de Francisco también lo criticó abiertamente cuando Bergoglio viajó a Suecia a celebrar los 500 años de la Reforma de Lutero. “Los católicos no tenemos nada que festejar por una acción que llevó a la ruptura de la cristiandad occidental”, dijo.

Los enfrentamientos con el Papa se extendieron al área de la lucha contra la pederastía, que también está bajo la jurisdicción de la Doctrina de la Fe, con acusaciones directas al cardenal alemán de sabotear las iniciativas de la Comisión creada por pontífice para defender los espacios de su congregación.

En este contexto, la exclusión de Mueller era inevitable pero tendrá un costo muy alto, porque hará más duro el enfrentamiento con los conservadores.

Algunos tradicionalistas ya hablan de cisma, acusan en sus sitios de Internet de herejía a Francisco y a varios de sus colaboradores, teólogos de fama incluídos. Es difícil que el Papa argentino pueda avanzar en los cambios que parecían en marcha antes del primer Sínodo de la Familia en 2014. Bergoglio trata de sustituir con sus aperturas de encuentros personales y de frases pastorales atrevidas (¿Quién soy yo para juzgar a un homosexual?), un mecanismo en parte bloqueado por la acción de los más rígidos conservadores. El impulso de la reforma de la Curia, especialmente en los asuntos económicos parece frenado por el escándalo del cardenal Pell, cuyo final era previsible e inevitable.

Francisco debe ahora reorganizar su poder y decidir el ritmo de una nueva ofensiva reformista que se expresará en los nombres de los personajes que elija para llevar adelante su proyecto a medio realizar, evitando los errores garrafales.

https://www.clarin.com/mundo/decision-hara-duro-enfrentamiento-papa-conservadores_0_Bk6hM8BN-.html

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