Jesús transgresor. De la exclusión a la acogida


19.07.17 | 07:20.

Jesús fue un trasgresor en el sentido personal, social y religioso, y precisamente por eso le mataron.

Fue más allá de la norma establecida por Roma (derecho) y por el templo (religión) y precisamente le mataron los guardianes del buen Estado y de la Religión establecida, porque él sabía que el Templo (Estado) es para el hombre y no a la inversa.

Así anduvo rodeado de transgresores, cojos y mancos,leprosos y prostitutas, locos y expulsados de la buena sociedad, para abrir con ellos un camino de vida. Este motivo de Jesús transgresor, constituye un tema central de la tradición cristiana y tiene grandes consecuencias a la hora de entender la acción de sus seguidores…

Y más en este momento en que muchos (incluso cardenales) consideran al Papa Francisco como un “transgresor”, por su forma de acoger en la vida eclesial (sacramentos) a personas que no han mantenido un tipo de “indisolubilidad” legal del matrimonio (conforme a su Exhortación Apostólica: Amoris Laeticia).

Como sabía ya la tradición medieval sacramenta propter homines: los sacramentos (bautismo y eucaristía, orden y matrimonio) están al servicio de los hombres, y no a la inversa, a pesar de lo que quieren algunos “altos cargos”, empeñados en que los hombres sigan al servicio de unos sacramentos mal interpretados. Desde ese fondo hay que entender el tema de los transgresores eclesiásticos.

Transgresores y transgresores:

— Hay transgresores destructivos que rompen sin más unos límites, simplemente por romperlos, que destruyen lo que hay por destruirlo sin más.

— Hay transgresores creativos que quieren romper o superan unos límites opresores para trazar caminos nuevos de vida. cambiando un sistema que juzgan imperfecto por otro que les parece más perfecto.

En esa segunda línea, Jesús ha sido un transgresor mesiánico, ha superado y roto unas barreras anteriores no para crear otras, sino para abrir un espacio y camino de vida que puede ser universal.

Como transgresor fue ajusticiado Jesús… Por transgresor (por superar un tipo de ley) persiguieron a Pablo… Transgresores han sido muchos grandes cristianos (desde Lutero y Juan de la Cruz hasta algunos de los que actualmente buscan y ensayan caminos de nueva Iglesia en línea de evangelio más que de pura ley).

Ciertamente, es bueno y necesario un tipo de orden, una forma de ley; sin estructuras la vida se muere; pero donde la ley se busca a sí mismo (y no es ya para bien de los hombres) en la línea de Jesús, resulta necesaria la transgresión, obedecer a Dios, antes de someterse a un tipo de ley de los hombres.

1. Los milagros, transgresiones creadoras

Le han preguntado los mensajeros de Juan Bautista si es el que ha de venir. Jesús responde evocando unos gestos y palabras de claro sentido trasgresor. Jesús ha roto el orden establecido, para que los hombres vean y caminen (Mt 11, 2-4):

1. Curación: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen. (Las enfermedades expulsan de la sociedad… Jesús, en cambio, quiere reintegrar en ella a los enfermos y expulsados, cambiando para ello las mismas normas sociales…

2. Dar palabra, acoger…. La mayor pobreza y exclusión es la falta de palabra. Jesús la ofrece a los excluídos, dándoles libertad, abriendo para ellos un camino. Por eso, la mejor imagen de Jesús sigue siendo la de un hombre que acoge a los excluidos, que camino con ellos, que a favor de ellos muere, condenado por la ley establecida.

Jesús supera un tipo de divisiones (sacerdotes o laicos, judíos o gentiles, varones o mujeres…) y normas legales, para que todos los hombres y mujeres puedan vivir. Por eso se ha podido definir como Médico de Dios, especialista en enfermos y expulsados: ha venido a ofrecerles compañía y salud, presencia de Dios y un lugar en la mesa de la vida; ha comido con ellos, apareciendo como transgresor (cf. Mc 2, 13-17).

3 Milagros trasgresores

Esta es su novedad mesiánica. No viene a “convertir” a los pecadores, a traer al buen terreno a que han roto las barreras, logrando que cambien a la fuerza. No les impone una ley, no exige que cumplan unos preceptos religiosos, no les pide, ni siquiera, que se arrepientan, como hacían los profetas penitenciales del tiempo. Al contrario, quiere que vivan y puedan desarrollar en plenitud sus potencialidades, en cuerpo y alma. Así lo destacamos evocando tres milagros:

1. Legionario de Gerasa (Mc 5, 1 20 par). Habita en tierra extra¬ña, en la Gerasa de las gentes. Es pagano¬ y sufre bajo una legión de fuerzas malas o demonios¬ y por eso le llamamos legionario. Le excluyen y expulsan, pero nadie puede dominarle con cadenas, cepos o violencias. Vive entre sepulcros, como ente¬rrado viviente, rodeado de cerdos que para el judaísmo eran impuros. Es, sin duda, un utilizado, explotado, enfermo de comunicación. Pues bien, Jesús se acerca y le ofrece su palabra, dialoga con él y de esa forma llega hasta su fondo verdadero de persona, haciéndole capaz de vivir, es decir, de comunicarse, quedando así curado .

2. Mujer encorvada (Lc 13, 10-17). Está oprimida desde antiguo por la carga de su humanidad cautiva, por el orgullo de los varones y la hipocresía de los prepotentes. Escucha la ley en la sinagoga, pero la ley era incapaz de libe¬rarla. Por eso sigue inclinada, excluida de la vida normal, como signo de todas las mujeres excluidas por una sacralidad que está centrada en la ley del sábado. Pero Jesús le dice, en un día de sábado, “queda libre” , de manera que puede elevarse y mirar, escoger en libertad sus opciones y vivir con autonomía, pues su vida es más importante que todas las leyes sagradas. La ley la excluía; Jesús rompe esa ley y la integra en la vida .

3. Ciego de nacimiento. Está a la vera del camino, es¬peran¬do una limosna para seguir viviendo, mientras los devotos peregrinos siguen para adorar a Dios con el gozo de haber dado un donativo. Jesús no quiere darle una limosna material, sino que escucha su necesidad más honra (maes¬tro, que vea) y le responde: vete, tu fe te ha salvado… (Mc 10, 51 52). La enfermedad se identifica aquí con la ceguera, que consiste en expulsar a este hombre, poniéndole a la vera del camino, como un residuo social, objeto de pura “caridad”. El milagro de Jesús no consiste en una caridad, sino un gesto de liberación: que el ciego pueda ver y caminar, asumiendo el riesgo de la marcha de la vida.
Jesús no ha venido a sancionar el orden existente, dejando a cada uno con su enfermedad, sino a ofrecer a los enfermos un camino de humanidad. Por eso es un transgresor: rompe el cordón sanitario que los justos y sanos han trazado, abriendo un camino de humanidad desde el otro lado, es decir, desde más allá de la frontera de los enfermos.

2. Exorcismos y transgresión, lasalud mesiánica

Las enfermedades ligadas a Satán estaban vinculadas a diverso tipo de opresiones (cf. Mc 1, 32-34 y par; 3, 10-12 y par; Lc 7,21; 8,2, etc.), pero evocaban siempre un tipo de impureza. Frente al Espíritu Santo que habita en los hombres y mujeres limpios se elevan los espíritus impuros, que habitan en los manchados por enfermedades e impurezas de diverso tipo. Pues bien, Jesús ha sido ante todo un exorcista, es decir, un hombre abierto a los impuros, amigo de publicanos y pecadores, compañero de leprosos..

Jesús ha planteado su proyecto mesiánico como lucha presencia liberadora en el lugar donde las transgresiones e impurezas son más fuertes. Se ha creído enviado por Dios como exorcista, para curar a los endemoniados.

No sabemos cómo ha madurado en él esa certeza. Pero lo cierto es que ha sido un exorcista especializado y maestro de exorcistas (cf. Mc 1,21-28; 3, 15; 6, 12 par). Allí donde otros hombres y mujeres de su tiempo pensaban que muchos humanos estaban condenado a vivir bajo el poder de espíritus, expulsados de la buena sociedad como malditos, Jesús quiso acercarse a ellos con un gesto de sanación.

Los humanos más sensatos dejan que los expulsados sigan expulsados, para bien del sistema: lo que importa es que se mantenga la institución, con la gran frontera de la ley y la justicia que separa a los buenos de los malos, a los puros de los impuros. Piensan que las fronteras sanitarias y sociales resultan necesarias para defender el orden de Dios.

Pues bien, en contra de eso, en nombre de un Dios más alto, que es Padre de todos, Jesús ha transgredido una norma de la buena sociedad, se ha introducido en el submundo de lo demoníaco, ligado a la demencia, delirio y desmesura. Es normal que los hombres de bien se hayan sentido amenazados por su actitud, preguntando: ¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad! y además ordena a los espíritus impuros y ellos obedecen (Mc 1, 27). Pues bien, esa admiración se ha vuelto al fin rechazo (cf. Mc 1, 21-28; 3,1-6). Los adversarios han interpretado su exorcismo como obra satánica: expulsa a los demonios con el poder del Príncipe de los demonios! (cf. Mt 9, 34); es un samaritano y endemoniado (Jn 8, 48). Era peligroso romper las fronteras de la buena ley y de la sensatez mundana. A Jesús le han matado por ello.

3. El mesianismo de un trasgresor: de la exclusión a la acogida.

Desde el contexto anterior quiero evocar cuatro “títulos” mesiánicos de Jesús, destacando su carácter de acogida, es decir, de creatividad, en línea de reino. Así defino a Jesús como transgresor mesiánico, al servicio de la reconciliación de todos.

1. Transgresiòn judicial, al servicio del perdón. El juez es normalmente aquel que traza y sanciona por ley unas barreras de tipo social o sacral. En contra de eso, Jesús ha venido a superarlas. Una teología clásica había pensado que Jesús fue mensajero del juicio de Dios, para distinguir lo puro de lo impuro, velando por el honor de Dios y anunciado a los humanos el castigo por los males que habían cometido.

En contra de eso, hoy sabemos que Jesús fue mensajero de la gracia de Dios y no del juicio. No vino a poner a los “pecadores” ante la amenaza del juicio, sino a ofrecerles (con gestos y palabras) el perdón incondicional de Dios, la solidaridad ante el reino. No fue vocero del castigo de Dios, sino mensajero del reino, portador de la gracia de la Padre. Ciertamente, anunció el juicio, pero no para los supuestos transgresores (publicanos, prostitutas, leprosos, enfermos, expulsados…), sino precisamente para aquellos que les excluían del reino .

2. Transgresión redentora. De esa manera acoge y rescata Jesús a los expulsados de la sociedad..No ha venido a pedir cuentas a los pecadores, sino para ofrecerles el jubileo de la libertad, es decir, de la gracia y el amor de Dios. Él querido presentarse como redentor en la línea de la tradición sabática y jubilar de Israel: quiere rescatar lo perdido, ofreciendo dignidad y esperanza a los que estaban expulsados, sometidos al poder de la violencia, en manos de potencias diabólicas. Desde ese fondo se entiende su proclamación jubilar de perdón, libertad y gozo (cf. Lc 4, 18-19 y Mt 11, 5-6 par).

No exige a los humanos que paguen la deuda que tienen con Dios, sino que supera el nivel de la deuda, entregando su vida al servicio de los excluidos. El juez en cuanto tal no paga: dicta desde arriba la sentencia y exige que cada uno pague lo que debe. Pero Jesús no es juez sino redentor: paga él mismo lo que deben los humanos y de esa forma se vincula con los transgresores, apareciendo como su amigo y patrono.

3. Transgresión Liberadora. Avanzando en esta línea, diremos que Jesús ha ofrecido un camino de libertar para los transgresores. No se contenta a pagar por ellos, asumiendo sus deudas, cargando con sus culpas o responsabilidades, sino que quiere hacerles capaces de vivir en libertad, superando las fronteras anteriores de lo puro y de lo impuro, de lo santo y lo manchado. En ese aspecto, debemos afirmar que ha buscado la conversión de todos: de los “legales” para la gratuidad universal; de los “transgresores” para la gracia en el amor, no para la ley. Los seguidores de Jesús se configuran así como pecadores perdonados, transgresores reunidos desde la gratuidad del amor, por encima de la ley.

El gesto de Jesús no puede convertirse en principio de una nueva ley religiosa, sino que ha de ser fuente de gozo, manantial de autonomía creadora, Eso significa que ha querido que los mismos humanos (cristianos) asuman y desplieguen un camino de autonomía creadora sobre el mundo. Perdonar no es resguardar, tener a los demás bien protegidos, sino ofrecerles un camino de gracia, en libertad. La ley no puede transformar a los humanos, pues acaba siempre excluyendo a los distintos y transgresores. Sólo la gracia puede suscitar un camino de amor y comunión para todos.

4. Transgresiòn reconciliadora. El perdón de Jesús capacita a los humanos para que se reconcilien unos con los otros, en gesto de perdón compartido. Redención y liberación sólo son verdaderos si abren un camino de encuentro amistoso, creador, en el que todos puedan vincularse mutuamente y empezar de esa manera a ser hermanos. La tradición afirmará que Jesús nos ha redimido haciéndose Propiciación por nuestros pecados (Rom 3, 24-25): los ha hecho propios, y, en vez de condenarnos por ellos, nos ha ofrecido su amistad, la amistad de Dios.

Desde ese gesto de Jesús que se ha hecho pecador con los pecadores, realizando su mesianismo desde el otro lado (es decir, desde los expulsados de la sociedad) puede iniciarse un camino de reconciliación universal entre los humanos. No se puede reconciliar a todos desde la ley, pues la ley (aún la mejor) expulsa siempre a los disidentes e impuros de diverso tipo. Sólo la gracia de Dios, experimentada como amor radical, permite romper las barreras de la buena sociedad y ofrecer amor a todos los humanos, en gesto de reconciliación universal.

(este tema ha sido recogido por http://www.mercaba.org/FICHAS/Claretianos/jesus_transgresor.htm)

 

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