Cuando un obispo hace de "escudo humano"

Xavier Garí de Barbarà. [Foc Nou] Un obispo es, según la etimología griega, un “supervisor”, el que “observa desde arriba”. También un obispo es aquel ordenado para servir en el gobierno de una diócesis, demarcación territorial de la Iglesia que tiene a cargo fieles, sacerdotes, religiosos/as, templos y multitud de obras caritativas y pastorales. Pero sobre todo un obispo es un ministro, término que proviene del latín y que significa “servidor” o “sirviente”, ya que desarrolla un ministerio, concepto que significa, literalmente, un “servicio”. Un obispo, por lo tanto, es por encima de todo un servidor.

Se han conocido muchos obispos en la Iglesia que han sido auténticos servidores de su pueblo, de su gente e incluso de su país. Pero no siempre las noticias hablan -o casi nunca- de cómo este servicio puede llegar a situaciones tan extremas como la de esta historia todavía actual que quisiera difundir en este artículo de hoy, si bien no pocos obispos en el mundo están o han sido amenazados de muerte, han vivido la cárcel y la persecución, y han demostrado reiteradamente priorizar estar junto a su pueblo antes que preocuparse por su carrera eclesial.

El obispo católico de Bangassou (República Centroafricana), de origen andaluz y de nombre Juan José Aguirre, desde el mes de abril-mayo pasado está acompañando a todo su pueblo en uno de los conflictos más preocupantes y difíciles del interior de África. En la República Centroafricana se vive el azote del terrorismo, y no sólo del islamista, también facciones de milicianos, mayoritariamente animistas, atemorizan a barrios enteros de musulmanes asesinándolos sin ningún miramiento. En las últimas semanas se han escondido en la mezquita del barrio islámico de Tokoya, miles de musulmanes que huyen del pánico de las bandas antibalaka. En una de las incursiones de estas milicias, el obispo Aguirre presenció al menos 40 muertos y más de cien heridos. Los rebeldes estaban compuestos por más de 1.500 milicianos que tenían órdenes y la ciega obsesión de matar a todo musulmán que encontraran “por el solo hecho de serlo”. El obispo Aguirre afirmaba con indignación e impotencia “que los mataban como a conejos”, y decidió entonces, junto con dos misioneros más, colocarse ante la mezquita protegiendo a los musulmanes del interior haciendo de escudos humanos.

A pesar del riesgo asumido, el obispo Aguirre y sus colaboradores no pudieron evitar nuevas matanzas de francotiradores que rodeaban la mezquita; el obispo y los misioneros gritaban enérgicamente que dejaran de disparar contra niños, mujeres y ancianos. De hecho, salió en un momento dado el imán de la mezquita para hacer frente al ataque, y fue fulminado de un disparo en el pecho por uno de los milicianos, sin poder evitarlo el obispo Aguirre, que presenció entonces la matanza de 80 personas.

Si bien la zona estaba intentando ser defendida por soldados portugueses de la ONU, los ataques no se detenían y las milicias seguían rodeando la mezquita poniendo en el punto de mira los musulmanes de la zona que allí iban o se refugiaban. A pesar de la alta tensión, el obispo Aguirre continuó haciendo de escudo humano ante la mezquita, y además consiguió evacuar a más de 1.000 musulmanes en camiones para alojarlos en el Seminario de la diócesis y en la Catedral, donde fueron acogidos y salvaguardados. Los refuerzos enviados por la misión de la ONU facilitaron las evacuaciones hasta el punto de que la casa del obispo también fuera lugar de refugio. El prelado Aguirre, con la colaboración del Cardenal Nzapalainga, inició, además, negociaciones con la milicia antibalaka para que detuviera las hostilidades y desistiera de expulsar a los musulmanes de la zona.

Mientras tanto, el obispo católico Aguirre sigue defendiendo y protegiendo a los musulmanes de su diócesis en un alto servicio como sacerdote y obispo, denunciando que muchos han muerto pero todos han perdido o les han robado sus pertenencias y sus propiedades y ahorros, en otra forma de forzar, por parte de las milicias, su expulsión. La Iglesia católica, no obstante, sigue junto a los musulmanes en la República Centroafricana, como en tantas otras misiones católicas del continente. El obispo Aguirre se reafirma por boca de su hermano: “No será la última vez que sienta el deseo de interponerse entre las armas y las personas vulnerables; no puede permanecer de brazos cruzados”. Si obispo significa “servidor”, católico significa “universal”; Aguirre hace honor a esta denominación de ‘obispo católico’, porque es servidor universal, de todos.

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