GRAN CANARIA: ´Éramos esclavos pobres que nos conformábamos´


Antonio Melián muestra su libro ´En tierras del Sur´, en su casa. i SANTI BLANCO

Antonio Melián Hernández es el autor de la novela ‘En tierras del Sur’, en la que narra la situación de la aparcería y la lucha de los aparceros en los años 60, acompañados por un grupo de sacerdotes y líderes. El ex cura recoge la historia de un movimiento que emplea el método de desarrollo comunitario en Telde, Sureste y La Isleta en la última etapa franquista

ANTONIO QUINTANA
SANTA LUCÍA
– ¿De qué trata su novela ‘En tierras del Sur’?

– Es un análisis de la realidad de la gente de los años sesenta vinculada al sistema aparcero, en el que el arrendatario de las tierras poseía tres cuartas partes del producto y una cuarta parte era para el productor. Un líder aparcero dice en la novela que “la parte sería buena si la parte fuera la parte”. Pero, al no poder controlar el aparcero su parte, ya que sólo podía ver el peso inicial, pero después no había control. Allí se decía tomate buenos para la exportación 10 kilos y el resto de la caja de 25 kilos era tara. Después cambió y el productor podía demandar la tara.

– ¿Cómo vivía la población?

– En chozas, en cuarterías, construidas primero de piedra seca, barro y cal con techos de cañas, y después de bloques con techos de uralita que daban un calor inaguantable. La gente venía de las medianías hacia la costa, también de la cumbre. Trabajaban de sol a sol, y, después, en su casa seguían atendiendo los animales y preparando la comida para el día siguiente. Dormían poco más de cinco o seis horas.

-¿Cuál era la postura de los dueños y capataces?

– Realmente no había caciquismo. Era más un cultivo medieval con formas medievales, donde el amo era el dueño no sólo de los cultivos, sino de las personas. Pero, era un padre bueno, un padre solícito. No obstante, eran tremendamente duros porque el trabajo había que realizarlo y lo hacían con mano de obra muy barata y con la familia.

-¿Se esclaviza a los niños?

– Los niños trabajaban en los tomateros desde que despuntaban un pisco. ¿Eso es esclavitud? Igual era dulce esclavo, porque esclavo era el padre, el abuelo, la madre, el primo, que estaban en situación de esclavitud, pero lo pasábamos muy bien porque no conocíamos alternativas. Eramos esclavos pobres que se conformaban con lo que tenían, éramos felices y lo pasábamos bien.

-¿Pero había explotación?

– Los mayordomos, los encargados de cultivo o de almacén eran verdaderamente caciques, eran explotadores. Eran el intermedio entre los trabajadores y el amo, que no se enteraba de la mayoría de las hechos ocurridos. Abusaban sobre todo de las mujeres y en todos los sentidos.

– ¿Cómo cambió la realidad?

– De Telde al Sur, pasando por el Sureste todo era plantación de tomates desde los años 40 y 50. En los 60, después de la celebración del Concilio Vaticano II, un grupo de sacerdotes entre otros, entiende que hay que estar al lado del pobre, del que sufre y del esclavo, y hacer posible el mensaje evangélico, aunque otro gran grupo sigue con su pastoral sacramentalista, de la resignación.

-¿Usaron algún método para la concienciación?

– La revisión de vida de ver, juzgar y actuar para cambiar la situación, que es una cristianización del método marxista de tesis, antítesis, síntesis. Se trataba de tomar conciencia y lograr un desarrollo comunitario. Eso se hizo en Telde, Temisas, La Isleta, ya que en el sur se produjo más un movimiento sindical. La HOAC en Telde y Vecindario usaba el mismo método.

-¿El desarrollo comunitario tuvo conflictos en la última etapa del franquismo?

– Tuvo muchos con el Gobierno Civil y la Guardia Civil, que presionaban al Obispado, que, de alguna manera, también iba claudicando, ya que todavía se estaba desenganchando del vagón del nacionalcatolicismo.

-¿Qué papel jugó el obispo Rojas de la novela, que encarna a Antonio Infantes Florido?

– En la novela Infantes Florido queda fatal, porque hay que crear una tensión. Pero, sin embargo, fue un obispo que democratizó la Diócesis y se empeñó en el estudio profundo de la misma. Vinculó a los seglares en la Asamblea Sociopastoral, cosa que no hizo nadie. Una muestra es que la asamblea se le volvió en contra del régimen, ya que el estudio sociopastoral estuvo mirado con resentimiento, porque analizaba el proceso democrático que se estaba llevando en ese momento, cuando los estamentos policiales veían que se estaban reuniendo los mismos que estaban controlados en los centros de desarrollo comunitario. Al final el Gobierno Civil suspendió la asamblea sociopastoral, que tuvo que celebrarse en la Catedral, en donde no cabía nadie.

-¿Qué acogida ha tenido la novela?

– Muy buena en el Sur y en Las Palmas de Gran Canaria. La gente se siente identificada con lo que se narra, porque a muchos se les ha removido la vida.

-¿Por qué se secularizó como sacerdote?

– A mí me secularizaron. El obispo me dijo que el gobernador civil iba a por mí, o das marcha atrás o te vas a la cárcel. Le contesté que iría a la cárcel y que me imaginaba que la Iglesia valorará esto, a lo que me replicó que la Iglesia no tenía nada que ver con mi historia. Entonces, le dije que me liquidara que me iba.

-¿La Iglesia permitirá que los curas se casen y que las mujeres opten al sacerdocio?

– No les quedará más remedio. Las mujeres tienen todos los derechos de los hijos de Dios. Son hijas de Dios y no de segunda clase. No hay razón teológica para que no sean sacerdotes.

http://www.laprovincia.es/gran-canaria/2011/02/18/esclavos-pobres-conformabamos/354100.html

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