Conmemoración de los cien años del natalicio del Obispo GERARDO VALENCIA CANO: HECTOR A. TORRES ROJAS.


 

1917-2017. Murió en un accidente aéreo en Enero 21/1972

Obispo de los indios

Obispo de los afrocolombianos

Obispo de los pobres

Obispo de Buenaventura

 

En los años cincuenta, antes del Concilio Vaticano II, vinculó mujeres laicas al trabajo pastoral, en el Vaupés y en Buenaventura.

Vivió el Concilio Vaticano II, Medellín 68 y fue responsable del Departamento de Misiones del CELAM.

Acompañó en dos reuniones a un conjunto de sacerdotes que querían vivir a fondo el Evangelio, el Concilio y Medellín-68. Grupo llamado “Golconda”.

Por su visión, sus compromisos y sus  declaraciones, fue llamado “El Obispo Rojo”.

Sufrió el desprecio de la Conferencia Episcopal y de la mayor parte de los obispos, en aquellos años en que esos obispos poco “olían a oveja”.

Con motivo del centenario de su natalicio, se realizó un conversatorio en Medellín, el viernes 4 de agosto. Varias personas que lo conocieron y trabajaron con él, dieron su testimonió. Asistieron cien personas.

El sábado 5, en el municipio de Santo Domingo, donde nació se llevaron a cabo varias actividades, cerradas con una eucaristía.

La gran celebración de su natalicio tendrá lugar en Buenaventura, los días 24-25 y 26 de agosto.

 

Auto presentación de Gerardo Valencia Cano

 

HERMANOS:

Yo soy un porteño que ha sufrido durante diecinueve años la dureza  de la estiva sobre los hombros  encorvados de  sus hermanos  con hambre de libertad.

Yo soy un hombre que ha llorado con el indio la  desaparición de su raza y ha llorado con el negro  el desprecio de las otras.

 

Yo soy un hombre que habiendo recibido de Cristo  su mandato de amor, ve con angustia  que el egoísmo de los que  algo tienen, clava sus garras  implacables sobre la frente de los desposeídos.

 

Yo soy un hombre  que siente  en su sangre latinoamericana  hervir ardientemente  un anhelo de libertad inalcanzado por quienes en los parques de nuestras ciudades llevan el nombre de libertadores.

 

Yo soy un  hombre latinoamericano  que comprende con una luz hiriente, que solo borrando fronteras y uniendo razas, valorando lo nuestro  y soltando las coyundas  de lo foráneo, podremos ser para el  mundo una esperanza.

Yo quisiera llegar a  cada puerto como uno de  vuestra  casa: y quisiera acogeros en el mío como a mis padres y hermanos.

 

Porqué mirarnos como extraños? Porqué desafiarnos mutuamente? Latinoamérica es un corazón envuelto en el azul de dos mares que se abrazan.

 

Soy un hermano vuestro latinoamericano, nacido en las montañas de los andes, quemado por el sol de  vuestros valles, herido por las espinas de la selva, conocedor del Amazonas y del Plata.

 

Mi experiencia de la tierra  y la angustia de libertad, me impulsan a luchar  para que tengamos  una sola patria.

 

Gerardo  Valencia Cano, Obispo de America Latina

 

Texto facilitado por el sacerdote Gabriel Díaz

 

 

Frases extraídas del libro: “Gerardo Valencia Cano, Profeta del Litoral recóndito (1).

CEPALC, Bogotá, Colombia 1992.

  1. “La fidelidad a Cristo me obliga a ser fiel a los hombres”, pág. 23

 

  1. “Yo quisiera salir gritando: soy un sacerdote misionero que quiere vivir a los 52 años de edad y hasta la muerte, su sacerdocio como el día de su ordenación,” pág. 23
  2. “Aggiornarse el sacerdote es comprender que el santo de hoy y en nuestro continente, será quien sea capaz de sentar a la misma mesa al rico Epulón y al pobre Lázaro”, pág. 26

 

  1. “Señor, dame mi paz, la que es optimismo en la lucha, sonrisa en el martirio, paciencia en la persecución, energía en los trabajos, constancia en las empresas”, pág. 53

 

  1. “Señor, que yo sea indio con los indios”. “Señor, que yo sea negro  con los negros”, pág. 55

 

 

  1. “Yo quiero ser agente de cambio con toda la vehemencia que me lo permita mi salud y la de mis hermanos a quienes quiero despertar. Yo quiero ir tocando por todo el mudo las trompetas de la transformación”. Pág.59

 

  1. “El silencio a que me han sometido los medios de comunicación social, ¿no será un llamado a una mayor profundidad de pensamiento, o a una acción sin palabras?” Pág. 59

 

  1. “Ojala estuviesen aquí todos los rebeldes del mundo”. Pág.65

 

  1. “Tú no eres el Dios de los muertos. ¿O no te interesa esta vida nuestra que tú mismo diste y cultivaste? Mira, Señor, que los grandes de tu Iglesia tiemblan ante la perspectiva de perder su seguridad”, pág. 65

 

  • “Es incomprensible que el cristianismo en veinte siglos de existencia no haya podido colocar a la mujer en su verdadero lugar de preeminencia. Pero el cristianismo fue acogido por un mundo, donde el prejuicio sobre la inferioridad femenina había tomado carta de naturaleza. Por eso no pudo comprender el altísimo significado del Magnificat, como el himno de liberación de la mujer”, pág. 79

 

  • Texto facilitado por Luis Carlos Bernal y Elvia Vallejo

 

Héctor Alfonso Torres Rojas

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