LA MUJER EN LA IGLESIA


III.
l.- Antifeminismo
El antifeminismo ha existido siempre en la historia de la Iglesia. Tertuliano decía
que la mujer es “puerta del infierno”. Y Clemente de Alejandría que “toda mujer debería
sonrojarse de vergüenza con sólo pensar que es mujer”. El concilio de Elvira (a. 305)
legisla para la mujer divorciada (y no para el hombre divorciado) que no puede casarse
de nuevo bajo pena de excomunión. Epifanio de Salamina, reflejando el pensar de
mucha gente de su época, decía que “Las mujeres son débiles, fácilmente reducibles y
sin mucha inteligencia”. No necesita demostración el hecho de que a través de la
historia las voces femeninas contra la discriminación de la mujer han sido siempre
silenciadas. Una de esas voces, que vale por miles de ellas, fue esta de Santa Teresa de
Jesús:
“No aborrecisteis, Señor, cuando andábais en el mundo, a las mujeres, antes las
favorecisteis siempre con mucha piedad, y hallasteis en ellas tanto amor y más
fe que en los hombres; pues estaba vuestra sacratísima Madre, en cuyo méritos
merecemos -y por tener su hábito- lo que desmerecimos por nuestras culpas. No
baste, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas… que no hagamos cosa que
valga nada por Vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos
en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa. No lo creo yo,
Señor, de vuestra bondad y justicia que sois justo juez y no como los jueces del
mundo, que como son hijos de Adán y, en fin todos varones, no hay virtud de
mujer que no tengan por sospechosa. Sí, que algún día ha de haber, Rey mío,
que se conozcan todos. No hablo por mi, que ya tiene conocido el mundo mi
ruindad y yo holgado que sea pública; sino porque veo los tiempos de manera
que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres”.
Este tan hermoso texto, en el que la Santa se lamenta de la discriminación y el
ostracismo a que las mujeres se veían sometidas, a las que no se tenía en cuenta aunque
fueran de gran valía, pertenece a la primera redacción del Camino de Perfección (4,1) y
fue suprimido por algún censor, varón, por supuesto, en su segunda redacción, a pesar
de que provenían de la pluma de una tan sin par mujer, cuya máxima preocupación y su
mayor deseo era ser hija de la Iglesia y morir como tal.
Pero si esto ha ocurrido, de una o de otra manera, desde los primeros siglos del
cristianismo hasta el Concilio Vaticano II, pero después del Concilio esas voces han
sido tantas y tan fuertes, que ya no es posible silenciarlas. La presencia de la mujer en el
culto y en las asambleas de la comunidad cristiana es, de manera patente, muy superior
a la del hombre. Ello obedece, sin duda, a su mayor sentimiento religioso, así como a su
disponibilidad para el servicio de todo lo relacionado con la Igle sia. Su mayor
participación en todo esto y su más profunda toma de conciencia de lo que ella debe
significar en las tareas eclesiales, a las que se siente llamada, ha supuesto que, en
nuestros días, se alcen por doquier voces reivindicativas, que terminen con la
marginación a la que se sienten sometidas, y principalmente en lo que se refiere al
Sacerdocio Ordenado o Sacerdocio Ministerial.
Por citar sólo algunas, esta fue la voz de la “Alianza Internacional Juana de
Arco” en el 1.969:
“La Alianza pide a la Iglesia que, respetando los derechos y responsabilidades
de las mujeres cristianas, reconozcan como legítimo y realizable su vocación al
sacerdocio”.
Por su parte, en el 1.982, “Fe y Constitución”, del Consejo Mundial de los
Iglesias, constata lo siguiente:
“Un número cada vez mayor de Iglesias ha decidido que no hay ninguna razón
ni bíblica ni teológica, que se oponga a la ordenación de las mujeres; y, por
tanto, muchas de ellas se han decidido a hacerlo”.
En la Iglesia Católica los teólogos manifestaban división de opiniones. Mientras
que el P. Congar decía: “En mi opinión, no es cierto que la prohibición del sacerdocio
femenino sea de derecho divino; tampoco se puede decir con rotundidad que es
teológicamente cierta”; Von Balthasar decía que sólo el varón es “intermediario” de los
bienes divinos, mientras que la mujer únicamente como “intercesora” de los mismos.
2.- La Pontificia Comisión Bíblica
Paulo VI, en octubre de 1974, encargó a la Pontificia Comisión Bíblica que,
desde la Biblia, emitiera su opinión sobre el asunto. Tras un estudio de casi dos años, la
Pontificia Comisión Bíblica formuló este triple dictamen: A la luz del N.T., “la
ordenación sacerdotal de la mujer” no era posible; fue unánimemente negativa, con una
abstención. Al plantearse, en segundo lugar, “Si podía inferirse que la
ordenación sacerdotal de la mujer lesionaría el plan de Jesucristo sobre el ministerio
apostólico” la respuesta fue: 12 noes y 5 síes.
Parece significar que, al hablarse de una “posible ordenación de la mujer” y
siendo el informe claramente favorable a la misma, se pensaba proceder en
consecuencia pero, el informe pasó a dormir el sueño de los justos, en el baúl de las
omisiones o del olvido.
3.- La Declaración “Inter Insigniores”
El 25 de enero de 1977 Pablo VI publica la Declaración “Inter insigniores” sobre
la cuestión de la admisión de las mujeres al sacerdocio, en la que se toma una postura
negativa, apoyándose en la “Tradición” de la Iglesia nunca ha confiado el sacerdocio a
la mujer; Jesucristo eligió a doce y todos ellos eran varones; los apóstoles no eligieron
“presbíteras” en la estructura de la Iglesia; y las actitudes de Jesucristo y de los
apóstoles tienen carácter permanente. Ante la Declaración, las reacciones
favorables de los teólogos fueron muy escasas, mientras que, por el contrario, hubo no
pocas desfavorables. Extrañó mucho que la Declaración silenciara, de manera absoluta,
las respuestas de la Pontificia Comisión Bíblica.
4.- Carta Apostólica “Ordinatio Sacerdotalis”.
El 22 de mayo de 1994, Juan Pablo II en esta Carta dice lo siguiente:
“Con el fin de eliminar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que
afecta a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de
confirmar a los hermanos (Cf Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene, en
modo alguno, la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal y
que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de
la Iglesia”.
Las reacciones ante la carta fueron muy diferentes. Para unos se trató de una
verdad de fe definida, de tal modo que la cosa queda definitivamente cerrada y el que lo
niegue cae en la herejía. Roma locuta, causa finita. Otros creen que se trata simplemente
de una “declaración” con fuerza únicamente disciplinar, que cae “fuera de la estricta
órbita de la fe”. Hay quienes aseguran que se trata efectivamente de un tema cerrado, Y,
en fin, otros muchos están en desacuerdo, aunque no manifiesten su disconformidad
públicamente.
Ha podido también sorprender la Conferencia Americana de Religiosas, que
representa el 90% de las Religiosas americanas y que, ante la Respuesta de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, se declara “preocupada por la credibilidad de la
Iglesia y por el hecho de que las mujeres no se encuentren en su propia casa”. No
comprenden “cómo el hecho de rehusar el ordenar a mujeres puede pertenecer a la fe de
la Iglesia y a la voluntad de Dios”. Dicen que “la Tradición no se tendría que recordar
para bendecir siglos de injusticia”. Siguen diciendo que las enseñanzas consideradas
infalibles “son las que han sido aceptadas como verdaderas por la entera comunidad de
los fíeles y puesto que todavía no hay consenso universal entre obispos, teólogos y
fieles, sobre la cuestión de la ordenación femenina, cualquier declaración de
infalibilidad sobre este argumento es prematura e inapropiada” (Rev. ADISTA, Nº
5.397, Roma).
Reflexión final
El movimiento feminista, sobre todo en los pueblos civilizados, libres y democráticos,
es cada vez más pujante y reivindicativo. El día internacional de la mujer se celebra cada año
con más riqueza. Se trata de conseguir la igualdad absoluta de la mujer con el hombre en
diversos aspectos de la vida y una igualdad en lo político, en lo social, en lo económico y en lo
cultural que poco a poco se va consiguiendo, como lo prueba el que ya están llegando a ocupar
en lo político los más altos puestos de gobierno.
A pesar de todo, con una consideración global, el camino que hay que recorrer es
todavía muy largo. Las mujeres siguen siendo la gran víctima de la pobreza: el 70% de los 1.300
millones de pobres de la tierra, son mujeres. Las dos terceras partes de los analfabetos son
mujeres. El 80% de los 51 millones de refugiados y desplazados por guerras son mujeres. Sólo
el 6% de los puestos directivos del mundo están ocupados por mujeres.
En España la tasa de actividad masculina es del 62,98%, mientras que la femenina es
del 36,88%, muy por debajo de la media europea. El salario de las mujeres es un 30% inferior al
de los hombres, por trabajo igual. Las mujeres desarrollan el 31% del trabajo remunerado y el
80% del que no supone salario alguno. La mujer invierte en el trabajo doméstico ocho horas
diarias y el hombre sólo dos horas y media. El 36,2% de las mujeres trabajadores están sujetas a
contratos temporales.
Son muchos los que suponen y esperan que a medida que la Iglesia se democratice,
siguiendo el ritmo de los países avanzados, las mujeres llegarán a ser dirigentes de las
comunidades cristianas y, como consecuencia, accederán a los ministerios sagrados, a formar
parte fundamental, igual que los hombres, de las estructuras ministeriales y jerárquicas de la
Iglesia.
El obispo Casaldáliga decía esto en la referida carta a Juan Pablo II:
“Con ánimo objetivo y sereno, no se puede negar que la mujer continúa siendo
fuertemente marginada en la Iglesia: en la legislación canónica, en la liturgia, en los
ministerios, en la estructura eclesiástica. Para una fe y una comunidad de aquella Buena
Noticia que ya no discrimina entre “judío o griego, libre y esclavo, hombre y mujer”, esa
discriminación de la mujer en la Iglesia nunca podrá ser justificada. Tradiciones culturales
masculinizantes que no pueden anular la novedad el Evangelio, explicarán tal vez el pasado;
no puede justificar el presente, ni menos todavía el futuro inmediato”

dhttp://www.autorescatolicos.org/PDF052/AAAUTORES03043.pdf

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: