“¿Mujeres sacerdotes? Es el talón de Aquiles no sólo de este Papa… No saben afrontar el problema de sexualidad y género”


Karen Armstrong: “En Europa, el culto nacionalista ha suplantado a la religión”

IONE SAIZAR

“El Corán dio a las mujeres derechos de herencia y divorcio en el siglo VII, cuando en Europa tuvimos que esperar al siglo XIX”

Karen Armstrong…

Escritora, ex monja y Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales

Karen Armstrong (Wildmoor, Inglaterra, 14-11-1944) tuvo una experiencia «mortificante» como monja católica. Trece años después de colgar los hábitos, hizo las paces con la religión durante un viaje inusitado a Jerusalén. Desde entonces, toda su vida ha estado consagrada al estudio comparado de las grandes religiones -cristianismo, judaísmo, islamismo, budismo, hinduismo- y a promover la comprensión mutua en estos tiempos convulsos. La autora de Campos de sangre, Los orígenes del fundamentalismo o Mahoma: biografía del profeta(Paidós) recibe esta semana el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. La escritora británica -con sangre irlandesa- llega a España con un mensaje de tolerancia y una advertencia lanzada a esa Europa secular que, a su entender, ha suplantado el credo divino por el culto a la nación-estado.

Su cita más atribuida es que «la religión y la violencia son como un gin tonic». Explíquenos cómo funciona el cóctel…
Cuando hablo del gin tonic me refiero más a la religión y a la política, que hasta siglo XVIII viajaron juntas en el contexto occidental. En otras culturas no existe una palabra exacta para religión, sino nociones como el dharma, que para los hinduistas significa más bien «el modo de regirse en la vida», la manera de guiarse y de buscar significado a lo que hacemos, para no caer en algo tan humano como la desesperación… Lo que nosotros llamamos después religión lo empapa todo, y por eso era previsible que acabara mezclándose con la política, y que fuera usado a lo largo de la historia como argumento para justificar la violencia. Pero las guerras estaban ahí antes de que cuajara el concepto de religión. Somos series violentos por naturaleza, y la civilización agraria sirvió para institucionalizar la violencia. Nos guste reconocerlo o no, la violencia sistemática y la opresión de la mayoría por una elite están en la base de lo que hoy llamamos civilización.
¿Pero cuánta violencia se puede atribuir directamente a la religión?
No mucha, la verdad. Estamos habituados a usar la religión como chivo expiatorio, cuando la verdad es que todas las guerras obedecen a factores múltiples, y el más habitual suele ser el económico. Ahora bien, para movilizar a la gente, para embarcar a los soldados jóvenes en terribles expediciones como ocurrió en las Cruzadas o en las guerras religiosas europeas en los siglos XVI y XVII, necesitas un cierto idealismo, y Dios ha sido usado frecuentemente con esos fines.
¿Qué ocurre cuando separamos la ginebra de la tónica, cuando separamos la religión de la política?
Esa fue la idea que tuvo John Locke, que creyó haber encontrado la fórmula mágica con la separación de Iglesia y Estado. En el Reino Unido dio cierto resultado y abrió las puertas a la sociedad industrial en la que estamos. Pero ya vimos lo que pasó en la Revolución Francesa, cuando la separación dio pie el culto a la nación-estado, y se implantó el Reino del Terror: ahí tenemos la prueba directa de que la violencia obedecía a otros factores, la religión no estaba ya en el cóctel… El culto a la nación-estado ha suplantado a la religión. La noción de patria ha ocupado la que tenía Dios, especialmente en esta Europa secular que parece olvidar las lecciones de la historia.
¿Se refiere usted al auge de los nacionalismos?
Efectivamente, creo que es uno de los grandes problemas que tenemos. El ascenso de los nacionalismos en los años 30 fue el detonante de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto. Europa parece haber olvidado la guerra que hubo hace poco más de dos décadas en los Balcanes. El culto a la nación está detrás de lo que ha ocurrido aquí con el Brexit y detrás de la elección de Trump y su lema America First. Lo que pasó también aquí en Escocia y lo que ahora está pasando en Cataluña obedece a la misma tendencia. El nacionalismo es excluyente y deja fuera a mucha gente por razones étnicas, culturales y lingüísticas. No podemos negar a estas alturas el mundo global en el que vivimos. Todo está interconectado: la política, la economía, la ecología…
¿Y qué puede hacer Europa para protegerse del terrorismo que golpea ciudades como Londres y Barcelona?
El Estado no puede caer en la trampa de la violencia. Tenemos la capacidad para prevenir los atentados, aunque es cierto que cada vez es más difícil porque ahora son capaces de usar coches como armas letales… Tenemos también la obligación de dejar de exportar armas a países como Arabia Saudita, que las está utilizando contra civiles en Yemen y que ha aprovechado el poderío económico del petróleo para exportar a todo el mundo la versión más radical del islamismo (el wahabismo). Admito que tengo un problema con Arabia Saudita, que también ha influido al exportar una imagen opresiva de los países islámicos. Pero Europa tiene que hacer un esfuerzo también por ir más allá del victimismo. Lo que está sucediendo es fruto de la política exterior desastrosa en Oriente Medio de nuestros gobiernos. El Estado Islámico (IS) es un producto de la guerra ilegal de Irak. Sin la guerra de Irak no tendríamos al IS. Estoy con quienes creen que Tony Blair debería ser juzgado por crímenes de guerra.

El fanatismo islámico

¿El IS es la encarnación del fanatismo islámico?
El IS es una organización fundamentalmente secular, integrada en gran parte por elementos militares del régimen laicista de Sadam Hussein. Hasta cierto punto es una mezcla detonante de nacionalismo, mal secularismo y religiosidad desviada.
El elemento islámico ha sido usado sobre todo como elemento de propaganda: ¿por qué hay tantos yihadistas europeos combatiendo en sus filas?
La verdadera causa por la que los jóvenes van a la guerra es por aburrimiento. La mayoría de ellos son adoctrinados online y no en las mezquitas. El elemento religioso está muy en segundo plano, ya sabemos todos la historia de los jóvenes yihadistas que llegan a Siria con un manual de El Islam para tontos.
La gente tiene la sensación de que las comunidades islámicas podrían hacer más para denunciar a los agresores y prevenir atentados…
Las comunidades islámicas sufren también la violencia, no lo olvidemos. Cuando Europa estaba conmocionado por el atentado a Charlie Hebdo, Boko Haram asesinaba en Nigeria a más de 2.000 niños, mujeres y mayores, pero el espacio que le dedicaron los medios fue mínimo. No podemos olvidar que las víctimas de la guerra de Siria son musulmanes, como tampoco podemos olvidar las víctimas civiles de las guerras de Irak y Afganistán. Ellos están en la primera línea de fuego.
Usted publica estos días en español Mahoma: biografía del profeta. ¿Cuál es el mayor error de percepción que existe sobre él en Occidente?
Lo que existe es un gran desconocimiento. Ni Mahoma fue un señor de la guerra, ni el islam es una religión más o menos violenta que otras. Lo que he intentado en este libro es sobre todo poner al Profeta en su contexto histórico y social, en las guerras tribales de la Arabia del siglo VI. Estamos ante un hombre complejo, producto de un tiempo injusto y violento. Su experiencia mística le acaba convirtiendo en un pacificador consumado, como lo demostró en su propio peregrinaje a La Meca. La gente percibe también erróneamente el islam como una religión intolerante, cuando en realidad es más pluralista que otras y tiene referencias a los profetas de otras religiones, Jesús entre ellos. El cristianismo ha sido desde siempre más intransigente: a los católicos nos dijeron más o menos que los protestantes iban al infierno.
Usted suele decir que la Biblia tiene más pasajes violentos que el Corán. ¿Cómo reacciona la audiencia ante una afirmación así?
A la gente puede sorprenderle, pero es así. El Libro de Josué es una masacre tras otra. Por no hablar de cómo se las gastaba el rey David con los filisteos… Todas las sagradas escrituras de cualquier religión están llenas de episodios violentos, porque la historia de la humanidad ha sido esencialmente violenta. Yo no diría que hay una religión más proclive a la violencia que otra. Todas han tenido sus claroscuros. Cuando se citan versículos violentos del Corán, para justificar las acciones de los yihadistas, están siempre sacados de contexto. La propia palabra yihad está sacada de contexto: significa más bien «esfuerzo en el camino de Dios» y no «guerra santa».
¿Qué tienen en común Mahoma, Jesús y Buda?
La compasión, sin duda. En el sentido original de la palabra: ponerse en lugar del otro. El Profeta dijo: «Ninguno de vosotros puede ser creyente si os vais a dormir sabiendo que alguien está pasando hambre». Jesús nos dejó su regla de oro: «No hagas al prójimo lo que no deseas para ti mismo». Y Buda no se conforma con cuadrar la posición del loto, sino que vuelve al mundo de los mortales y reparte pensamientos positivos. Los tres tienen también en común la busca de la ecuanimidad y la rebelión contra la injusticia social, contra la gran brecha entre los ricos y los pobres.
¿Y qué le parece el Papa Francisco?
Qué gran sorpresa, he de reconocerlo. Me parece un rayo de luz en un mundo oscuro. Ahí tenemos a alguien que predica con el ejemplo, alguien que sabe que una imagen es más poderosa que la más larga de las encíclicas, y por eso acoge a una familia de refugiados o deja su impronta en Palestina a su paso por Tierra Santa.

Francia y el velo

¿Veremos algún día mujeres sacerdote en la Iglesia Católica?
Ese es el talón de Aquiles no sólo del Papa, sino del cristianismo en general, que no ha sabido cómo afrontar el problema de la sexualidad y del género. El gran problema de la Iglesia Católica es el celibato, que es una práctica del siglo XIII. En la Iglesia anglicana ha habido avances, aunque queda mucho por caminar.
¿Y qué me dice de la situación de las mujeres en los países islámicos?
La imagen de las mujeres supuestamente oprimidas por el islam se debe fundamentalmente a Arabia Saudita. A veces nos olvidamos de que países islámicos como Pakistán tuvieron una presidenta (Benazir Bhutto) mucho antes que en países occidentales. De hecho, el Corán dio a las mujeres derechos de herencia y divorcio en el siglo VII, cuando en Europa tuvimos que esperar al siglo XIX… En Occidente tenemos la percepción de que una mujer con el velo es una mujer oprimida. Creo que Francia ha ido demasiado lejos a la hora de prohibir u obligar a las mujeres a quitarse lo que lleva puesto. Las mujeres deberían poder llevar lo que quieran. En cualquier caso, un velo es poca cosa comparado con los hábitos de monja que tuve que llevar puestos… Aunque hasta cierto punto era liberador: al menos no tenía que pensar en mi apariencia ni en llenar la cabeza con toda la basura que tienen que tragar las mujeres occidentales para seguir alimentando la economía con cosméticos, perfumes y complementos (risas).
¿Cómo fue capaz de hacer las paces con la religión tras su mala experiencia en el convento?
Aquella experiencia dio pie a un libro cargado de ira (A través de la puerta estrecha). Decidí colgar los hábitos y estudiar para profesora en Oxford, pero una serie de eventos catastróficos se interpusieron en el camino. Con el tiempo acabé trabajando para el Canal 4 de televisión y me mandaron a Jerusalén para un programa sobre San Pablo. En Jerusalén vi a las tres grandes religiones conviviendo -judaísmo, cristianismo y el islam- como en tiempos imagino que pudo ocurrir en Toledo, antes de la Reconquista. Me reconocí en aspectos de las tres religiones (del judaísmo me sedujo ese afán por cuestionar y no dar nada por hecho) y ahí empezó un largo camino que dura hasta ahora. Mi próximo proyecto es un estudio comparado de todas las grandes escrituras.
¿Dios es algo más que un espejismo?
Ya lo creo… Yo creo que hasta Richard Dawkins está ya cansado y arrepentido de defender su tesis del pensamiento mágico y del pensamiento científico. A Dios no se puede llegar de una manera racional. Para mí, la religión pertenece al mismo terreno que el arte, y de hecho surgen casi casi juntos en la historia de la humanidad. La teología es poesía.

http://www.elmundo.es/cronica/2017/10/19/59e0ef5bca4741f1288b4600.html

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