En Holanda inventan otra misa.


Con el copyright de los dominicos

El experimento ya está en curso. En lugar del sacerdote hay hombres y mujeres designados por los fieles. Y todos juntos pronuncian las palabras de la consagración, que también se varían a voluntad. Según los dominicos holandeses, eso es lo que quiere el Concilio Vaticano II

por Sandro Magister

ROMA, 3 de octubre del 2007 – En el volver a darle plena ciudadanía al rito antiguo de la misa, con el motu proprio “Summorum Pontificum”, Benedicto XVI ha mencionado su intención de reaccionar también al exceso de “creatividad” que en el nuevo rito “llevó a menudo a deformaciones de la liturgia al límite de lo soportable”.

Ateniéndose a lo que ocurre en algunas áreas de la Iglesia, esta creatividad incide no sólo sobre la liturgia sino también sobre los mismos fundamentos de la doctrina católica.

En Holanda, en Nijmegen, en la iglesia de los frailes agustinos, cada domingo la misa es presidida conjuntamente por un protestante y por un católico, que se turnan entre la liturgia de la Palabra y el sermón, y la liturgia eucarística. El católico es casi siempre un simple laico, y frecuentemente una mujer. Para la plegaria eucarística, en vez de los textos del misal se prefieren los textos compuestos por el ex jesuita Huub Oosterhuis. El pan y el vino lo comparten todos.

Ningún obispo ha autorizado jamás esta forma de celebración. Pero el P. Lambert van Gelder, uno de los agustinos que la promueve, está seguro de estar en lo correcto: “En la Iglesia son posibles diferentes formas de participación, nosotros somos parte de la comunidad eclesial a todos sus efectos. No me considero para nada cismático”

Siempre en Holanda, los dominicos han hecho más, con el consenso de los provinciales de la orden. Dos semanas antes de que entrara en vigor el motu proprio “Summorum Pontificum” distribuyeron en todas las 1300 parroquias católicas un opúsculo de 38 páginas titulado “Kerk en Ambt”, Iglesia y ministerio, en el cual proponen transformar en regla general lo que en varios lugares ya se practica espontáneamente.

La protesta de los padres dominicos es que, a falta de un sacerdote, sea una persona escogida por la comunidad quien presida la celebración de la misa: “No importa que sea hombre o mujer, homo o heterosexual, casado o célibe”. La persona escogida previamente y la comunidad son exhortados a pronunciar juntos las palabras de la institución de la eucaristía: “Pronunciar estas palabras no es una prerrogativa reservada a los sacerdotes. Esas palabras constituyen la consciente expresión de fe de la comunidad entera”.

El opúsculo se abre con la explícita aprobación de los superiores de la provincia holandesa de la orden de los predicadores y dedica las primeras páginas a una descripción de lo que sucede el domingo en las iglesias de Holanda.

Por escasez de sacerdotes, no en todas las iglesias se celebra la misa. Desde el 2002 al 2004 el número total de las misas dominicales en Holanda ha descendido de 2200 a 1900. En cambio, en el mismo periodo ha aumentado de 550 a 630 el número de “servicios de Palabra y comunión”: es decir, liturgias que la sustituyen, sin el sacerdote y por tanto sin celebración sacramental, en las cuales la comunión se hace con hostias consagradas antes.

En algunas iglesias la distinción entre la misa y el rito que la sustituye es percibida claramente por los fieles. Pero en otras no, las dos cosas son consideradas de igual valor, intercambiables en todo. Más aún, el hecho de que sea un grupo de fieles el que designe al hombre o mujer que guía la liturgia sustituta consolida en los mismos fieles la idea de que su elección “desde abajo” es más importante que el envío de un sacerdote de afuera y “desde arriba”.

Y lo mismo ocurre para la formulación de las plegarias y para el ordenamiento del rito. Se prefiere dar libre campo a la creatividad. Las palabras de la consagración, en la misa, son frecuentemente sustituidas por “expresiones más fáciles de entender y más en sintonía con la moderna experiencia de fe”. En el rito sustituto, sucede frecuentemente que a las hostias consagradas se agregan hostias no consagradas y se distribuyen todas juntas para la comunión.

En estos comportamientos los dominicanos holandeses distinguen tres expectativas difundidas:

– que los hombres y las mujeres a quienes se les confía que presidan la celebración eucarística sean escogidos “desde abajo”;

– que se espera que “esta elección sea seguida de una confirmación o bendición, u ordenación por parte de la autoridad de la Iglesia”;

– que las palabras de la consagración “sean pronunciadas tanto por quienes presiden la eucaristía, como por la comunidad de las que ellos son parte.

A juicio de los dominicanos holandeses, estas tres expectativas tienen pleno fundamento en el Concilio Vaticano II.

La movida decisiva del Concilio, a su juicio, ha sido la de introducir en la constitución sobre la Iglesia el capítulo sobre el “pueblo de Dios” antes que el de “la organización jerárquica constituida desde lo alto hasta lo bajo, desde el Papa y desde los obispos.

Esto implica sustituir una Iglesia “pirámide” con una Iglesia “cuerpo”, con el laicado como protagonista.

Y esto implica también una visión diferente de la eucaristía.

La idea que la misa sea un “sacrificio” – sostienen los dominicos holandeses – está también ligada al modelo “vertical”, jerárquico, en el cual sólo el sacerdote puede pronunciar válidamente las palabras de la consagración. Un sacerdote varón y célibe, como está prescrito por “una antigua teoría de la sexualidad”.

En cambio, del modelo de la Iglesia “pueblo de Dios” deriva una visión de la eucaristía más libre y paritaria: como simple “compartir el pan y el vino entre hermanos y hermanas en medio de lo cual está Jesús”, como “mesa abierta también a gente de diferentes tradiciones religiosas”.

El opúsculo de los dominicos holandeses termina exhortando a las parroquias a escoger “desde abajo” las personas a las cuales hacer presidir la eucaristía. Si por motivos disciplinarios el obispo no confirmase a tales personas – porque están casadas, o porque son mujeres – las parroquias seguirán igualmente su camino: “Sepan que ellas de todos modos están habilitadas para celebrar una real y genuina eucaristía cada vez que se reúnen en oración y comparten el pan y el vino”.

Los autores del opúsculo son el padre Harrie Salemans, párroco de Utrecht, Jan Nieuwenhuis, ex director del centro ecuménico de los dominicos de Ámsterdam, André Lascaris y Ad Willems, ex profesor de teología en la universidad de Nijmegen.

En la bibliografía citada por ellos sobresale otro, más famoso, teólogo dominico holandés, Edward Schillebeeckx, 93 años, que en los años ochenta terminó bajo el examen de la congregación para la doctrina de la fe por tesis cercanas a las que ahora confluyen en el opúsculo.

La conferencia episcopal holandesa se reserva replicar oficialmente. Pero ya ha hecho saber que la propuesta de los dominicos se presenta “en conflicto con la doctrina de la Iglesia católica”.

Desde Roma, la curia general de los predicadores ha reaccionado débilmente. En un comunicado del 18 de setiembre – no publicado en el sitio web de la orden – ha definido el opúsculo como una “sorpresa” y ha tomado distancia de la “solución” propuesta. Pero ha señalado que comparte “la inquietud” de los hermanos holandeses sobre la escasez de sacerdotes: “Puede ser que sientan que la autoridad de la Iglesia no haya tratado suficientemente este asunto y, como consecuencia, empujen así a un diálogo más abierto. […] Creemos que a esta inquietud se debe responder con una reflexión teológica y pastoral prudente entre la Iglesia interna y la orden dominicana”.

Desde Holanda, los dominicos han anunciado una próxima reimpresión del opúsculo, cuyas primeras 2500 copias se agotaron rápidamente.

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/170066ffae.html?sp=y

“¡Dios te bendiga, padre!” Los feligreses apoyan al pastor que revela que es homosexual


18 de diciembre de 2017

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Al decir que él “ya no puede vivir a la sombra del secreto”, el Padre Greg Greiten les dijo a los asistentes a misa en la Parroquia St. Bernadette, donde él es pastor, que él es homosexual durante misas este fin de semana en Milwaukee.

MILWAUKEE – P. Greg Greiten estaba a la mitad de su homilía, durante la cual compartió que él es un sacerdote gay y célibe, cuando una mujer se levantó de su banco y gritó: “¡Dios te bendiga, padre!” El resto de la congregación en St. Bernadette Parish, donde Greiten es pastor, respondió con aplausos.

Hubo más aplausos y una ovación de pie cuando Greiten terminó de explicar que iba a “dejar de vivir bajo la sombra del secreto” durante la misa de las 10:30 a.m. el domingo 17 de diciembre.

Después de la Misa, con café y donas, los feligreses respondieron positivamente o con despreocupación.

“No me importa nada”, dijo Madge Powell, una feligresa durante ocho años. “Lo amo por la persona que es”.

La miembro del coro Luci Crosland y otros quedaron impresionados con la valentía de Greiten, especialmente porque sospechan que no todos los feligreses lo apoyarán.

Shawn Govern no apoya el matrimonio gay, pero quedó impresionado por la honestidad de su pastor. “Hizo una elección para caminar en los pies de Cristo, porque no va a ser aceptado por todos”, dijo Govern, agregando que St. Bernadette es “no un bastión liberal”.

Margaret Thorn, presidenta del comité del festival parroquial, dijo que apoya a Greiten “al 100 por ciento”.

“Es una persona amable y afectuosa”, dijo Thorn. Que su párroco es gay “no importa”, dijo ella.

La experiencia de Greiten no es inusual. De hecho, la mayoría de los sacerdotes homosexuales que le cuentan a otros sobre su orientación sexual dicen que están más felices y sanos desde que “salieron”. Y sus feligreses, compañeros de curas e incluso superiores generalmente responden positivamente a las noticias.

“Todos los sacerdotes que he conocido y que han salido me han dicho que sus feligreses o las personas a las que ministran no han tenido problemas para conocer su orientación sexual”, dijo Francis DeBernardo, que ha trabajado con católicos LGBT durante 22 años como parte del Ministerio New Ways y actualmente es su director ejecutivo.

Aunque es difícil encontrar cifras precisas sobre sacerdotes homosexuales, o sacerdotes homosexuales, DeBernardo dijo que la mayoría son apoyados por sus obispos o superiores religiosos. Sin embargo, es probable que los sacerdotes que perciben que su obispo o superior reaccionen negativamente, elijan no presentarse ante él y arriesgarse a una retribución.

Padre Franciscano Ralph Parthie, que fue ordenado en 1975, se considera afortunado desde el principio de su sacerdocio, un provincial “muy ilustrado” sugirió que los frailes tengan una conversación abierta sobre la homosexualidad para entenderse mejor y vivir sus vocaciones.

Salió poco a poco, primero para cerrar amigos y familiares, pero ha estado abierto sobre su orientación sexual durante un par de décadas, especialmente cuando se involucró en el ministerio LGBT y prestó servicios a personas con VIH / SIDA.

“No tenía miedo, porque mi provincia era muy saludable al respecto”, dijo Parthie, quien es director de vida fraile y secretario de formación de la Provincia Franciscana del Sagrado Corazón, con sede en St. Louis.

La primera persona, el p. Frederick Daley, ahora de 70 años y pastor de All Saints Parish en Syracuse, Nueva York, contó que su orientación sexual era su director espiritual, una experiencia común con los sacerdotes homosexuales. Daley esperaba la condena, pero en cambio recibió la “tremenda gracia” de comprensión y compasión.

Él se inspiró para salir más públicamente a raíz de la crisis de abuso sexual del clero en la iglesia, cuando sintió que los sacerdotes homosexuales estaban siendo injustamente chivos expiatorios. Después de reunirse con su obispo auxiliar, Daley compartió que era homosexual con un periodista del periódico local que lo entrevistó sobre un premio que había ganado.

“Me di cuenta de que uno de mis mejores regalos para aquellos que están marginados y luchando es compartir mi propia lucha”. –Fr. Frederick Daley

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Después del titular del día siguiente: “El padre Daley declara que es homosexual”, su parroquia lo saludó con una ovación. No recibió ninguna reacción negativa, a excepción de algunas cartas al editor de la cobertura de noticias nacionales.

“Creo que la comunidad católica está muy por delante de su liderazgo en este tema”, dijo.

Los datos de la investigación apoyan la afirmación de Daley. Por ejemplo, más de dos tercios de los católicos estadounidenses ahora apoyan el matrimonio homosexual, según una encuesta del Centro de Investigación Pew 2017 .

Salir no es fácil, pero permanecer “encerrado” no es fácil ni saludable, dijo Loretto, Hna. Jeannine Gramick, cofundadora del Ministerio New Ways. “No les permite ser el ser humano completo que Dios quiso que fueran”. Eso es “tan debilitante … para su ministerio y sus relaciones en general”.

Parthie dijo: “Los secretos matan. Cuando tienes que mantener partes de ti en secreto porque tienes miedo de que las personas no te amen ni te respeten, eso no es saludable”.

Antes de que Daley fuera ordenado en 1974, reprimió cualquier pensamiento, sentimiento o discusión sobre sexualidad. Después de la ordenación, descubrió que, aunque amaba ser sacerdote, se sentía inusualmente triste. Finalmente, dijo, se dio cuenta de que era porque no había reconocido, incluso a sí mismo, que era homosexual.

“El miedo y la depresión en torno a llegar a esa conclusión fueron muy agonizantes”, recordó Daley. “Despacio, pero seguramente, pude aceptar quién era y finalmente regocijarme en quién era”.

“Me encantó ser sacerdote y estaba comprometido con el sacerdocio”, dijo, “así que elegí continuar en el ministerio y continuar viviendo una vida célibe”.

Su mención explícita del celibato es necesaria, porque algunas personas equiparan la homosexualidad con la actividad sexual. “Es desafortunado pero necesario para los sacerdotes que tienen que agregar esa calificación”, señaló DeBernardo.

Daley recibió algún rechazo en 2006 cuando se lo consideró para un puesto en Catholic Relief Services en África, cuando la oferta de trabajo se rescindió por lo que él creía que era su orientación sexual. CRS le dijo a ABC News que era el activismo de Daley, no su orientación lo que hubiera sido problemático en África.

Parthie nunca ha tenido una reacción negativa, aunque está seguro de que algunos sacerdotes no se sienten cómodos con su ausencia. “Pero nunca ha sido realmente un problema”, dijo, incluso cuando solicitaba facultades sacerdotales cuando trabajaba en una diócesis.

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P. Greg Greiten (centro) habla con Drew Prusko y Frank Prusko, visitantes de St. Bernadette Parish el 17 de diciembre.

Eso no significa, sin embargo, que el miedo a salir no sea real. Por ejemplo, en 2015, el p. Warren Hall fue despedido de su trabajo como capellán en la Universidad Seton Hall y más tarde excluido del ministerio por el entonces Arzobispo John Myers de Newark, aunque el castigo aparentemente fue para Hall apoyando grupos de defensa de homosexuales, no por ser homosexual él mismo.

“El sacerdote gay no sabe lo que sucederá y quizás no esté dispuesto a arriesgarse porque puede haber consecuencias negativas, o cree que habrá consecuencias negativas”, dijo Gramick.

El temor a las consecuencias negativas proviene de la parte superior de la jerarquía católica. Hace apenas un año, la Congregación para el Clero actualizó las normas y pautas para los hombres que estudian para el sacerdocio . Las normas actualizadas se basan en gran medida en las directrices emitidas en 1992 bajo el Papa Juan Pablo II y el 2005 bajo el Papa Benedicto XVI, que desaconsejan admitir “al seminario o a las órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan el llamada ‘cultura gay’. ”

Estos documentos, y algunos líderes de la iglesia, combinan la orientación sexual y la actividad sexual, según Gramick. “Creen que si eres gay, eso significa que eres sexualmente activa. Pero si tienes esta orientación y no eres sexualmente activa, entonces no eres realmente gay. Eso es una falacia”.

Los sacerdotes gays y célibes en realidad están siguiendo las enseñanzas de la iglesia sobre ética sexual, dijo ella.

Las generalizaciones sobre los sacerdotes homosexuales en el documento de formación de 2016 fueron hirientes, dijo Parthie. “Conozco a muchos sacerdotes santos y homosexuales, así como conozco a muchos sacerdotes santos y heterosexuales”.

A Daley le preocupa que el clima polarizado actual en la iglesia no sea útil para las personas LGBT. Pero su mayor preocupación es la formación de nuevos sacerdotes y la actitud represiva en algunos seminarios.

“Esa es una atmósfera muy poco saludable para que una persona crezca en el desarrollo pycho-sexual”, dijo, y señaló que muchos de sus compañeros sacerdotes reaccionaron a su salida en silencio.

Pero Parthie cree que “a Dios no le importa si una persona es homosexual o heterosexual”, dijo. “Es lo que haces con eso, eso es lo más importante”.

A los 71 años, él sabe quién es y quién lo llama Dios. “No me preocupan las personas que no pueden ver más allá de sus propios miedos y prejuicios”, dijo.

Para Daley, estar afuera ha sido un regalo para su ministerio. “Me di cuenta de que uno de mis mejores regalos para aquellos que están marginados y luchando es compartir mi propia lucha”, dijo. “No me arrepiento de nada”.

Drew Prusko, que asistió a la misa en St. Bernadette con su esposo y escuchó la homilía en la que salió Greiten, se inspiró en las palabras del sacerdote. “Crecí siendo católico, pero no he pisado una iglesia católica en mucho tiempo”, dijo. “Si hubiera conocido a un sacerdote que compartiera lo que hizo hoy, tal vez mi desarrollo espiritual hubiera sido diferente”.

[Heidi Schlumpf es corresponsal nacional de NCR. Su dirección de correo electrónico es hschlumpf@ncronline.org. Síguela en Twitter @HeidiSchlumpf .]

https://www.ncronline.org/news/parish/god-bless-you-father-parishioners-support-pastor-who-reveals-he-gay

Con Dios y sin Dios: Dietrich Bonhoeffer


PÁGINA ABIERTA

 

A menudo me pregunto por qué un “instinto
cristiano” me atrae en ocasiones más hacia los no
religiosos que hacia los religiosos. Y esto sin la
menor intención misionera, sino que casi me atrevería
a decir “fraternalmente”. Frente a los no
religiosos, en ocasiones, puedo nombrar a Dios
con toda tranquilidad y naturalidad, mientras que
ante los religiosos recelo a menudo de pronunciar
su nombre. En dicho ambiente me parece de alguna
manera falso y yo mismo me siento en cierto
modo insincero.
Los hombres religiosos hablan de Dios cuando
el conocimiento humano (a veces por pereza mental)
no da más de sí o cuando fracasan las fuerzas
humanas. En realidad se limitan siempre a ofrecer
un deus ex machina (un dios tapagujeros), ya sea
para resolver aparentemente unos problemas
insolubles, ya sea para erguir un fuerza ante la
impotencia humana; en definitiva, siempre tratan
de explotar la debilidad humana, es decir, los límites
humanos.
[…]
Yo no quiero hablar de Dios en los límites, sino
en el centro; no en los momentos de debilidad,
sino en la fuerza; esto es, no a la hora de la muerte
y del pecado, sino en plena vida y en los mejores
momentos del hombre. Estando en los límites,
me parece mejor guardar silencio y dejar sin solución
lo insoluble.
El movimiento que se inició poco más o menos
en el siglo XIII (no voy a perderme ahora en una
discusión acerca de su época exacta) y que tendía
al logro de la autonomía humana (entendiendo
con eso el descubrimiento de las leyes según las
cuales el mundo vive y se basta a si mismo en los
dominios de la ciencia, de la vida social y política,
del arte, de la ética y de la religión) ha alcanzado
en nuestros días una cierta culminación. El hombre
ha aprendido a componérselas solo en todas
las cuestiones importantes sin recurrir a Dios
como “hipótesis de trabajo”. Eso es ya evidente en
las cuestiones científicas, artísticas e incluso éticas,
y ya nadie osaría ponerlo en duda; pero de un
centenar de años a esta parte, ha ido haciéndose
asimismo cada vez más válido en las cuestiones
religiosas. Hoy día resulta obvio que, sin “Dios”,
todo marcha ahora tan bien como antes. Al igual
que en el campo científico, también en el dominio
humano “Dios” va siendo rechazado cada vez más
lejos y más fuera de la vida: en ella está perdiendo
terreno.
La apologética cristiana ha adoptado las más
variadas formas para oponerse a semejante seguridad.
Intenta demostrar al mundo, ya mayor de
edad, que no es posible vivir sin el tutor “Dios”.
Aunque se haya capitulado en todas las cuestiones
seculares, quedan todavía las “cuestiones últimas”
–muerte, culpabilidad–, en las que solo Dios puede
darnos respuesta y debido a las cuales tenemos
necesidad de Dios, de la Iglesia y del pastor. Hasta
cierto punto, pues, nosotros vivimos de esas
pretendidas “cuestiones últimas” de los hombres.
Pero ¿qué ocurrirá si, un día, dejan de existir como
tales, es decir, si también estas cuestiones hallan
una respuesta “sin Dios”?
El ataque a que se libra la apologética cristiana
contra este mundo que ha llegado a su edad adulta,
me parece en primer lugar absurdo, en segundo
lugar innoble, y finalmente no cristiano. Absurdo
–porque viene a ser como un intento para
Con Dios y sin Dios
3-122
retrotraer un hombre adulto al tiempo de su adolescencia,
es decir, para volver a hacerle depender
de muchas cosas de las que ya se ha independizado,
y para enfrentarlo con unos problemas que, de
hecho, ya han dejado de ser problemas para él.
Innoble –porque así se intenta sacar provecho de
la debilidad de un hombre para una finalidad que le
es ajena y que no ha suscrito libremente. No cristiano
–porque así se confunde a Cristo con un grado
determinado de religiosidad del hombre, es
decir, con una ley humana.
[…]
Yo quisiera que Dios no fuera introducido de
contrabando en cualquier lugar secreto, el más
recóndito, sino que se reconociera simplemente el
carácter adulto del mundo y del hombre; que no se
“desacreditara” al hombre por su mundanidad, sino
que se le confrontara con Dios por su lado más
fuerte. Quisiera que se renunciara a todos los “trucos”
clericales.
[…]
Nosotros no podemos ser honestos sin reconocer
que hemos de vivir en el mundo etsi deus non
daretur (como si no existiese dios). Y esto es precisamente
lo que reconocemos… ¡ante Dios!; es el
mismo Dios quien nos obliga a dicho reconocimiento.
Nuestro ser, que se ha hecho adulto, nos lleva
a reconocer realmente nuestra situación ante Dios.
Dios nos hace saber que hemos de vivir como hombres
que logran vivir sin Dios. ¡El Dios que está con
nosotros es el Dios que nos abandona! (Marcos 15,
34). El Dios que nos deja vivir en el mundo sin la
hipótesis de trabajo Dios, es el mismo Dios ante el
cual nos hallamos constantemente. Ante Dios y con
Dios vivimos sin Dios. Dios, clavado en la cruz, permite
que lo echen del mundo. Dios es impotente y
débil en el mundo, y sólo así está Dios con nosotros
y nos ayuda. Mateo 8, 17 indica claramente
que Cristo no nos ayuda por su omnipotencia, sino
por su debilidad y sus sufrimientos.
Esta es la diferencia decisiva con respecto a
todas las demás religiones. La religiosidad humana
conduce al hombre, en su necesidad, al poder de
Dios en el mundo: así Dios es el deus ex machina.
Pero la Biblia lo remite a la debilidad y al sufrimiento de Dios; sólo, el Dios sufriente puede ayudarnos.
En este sentido podemos decir que la evolución
hacia la edad adulta del mundo, de la que
antes hemos hablado, al dar fin a toda falsa imagen
de Dios, libera la mirada del hombre para encaminarla
al Dios de la Biblia, el cual adquiere poder y
sitio en el mundo gracias a su impotencia.
“Los cristianos están con Dios en su pasión”.
Esto es lo que distingue a los cristianos de los paganos.
“¿No habéis sido capaces de velar conmigo ni
una hora?”, pregunta Jesús en Getsemaní. Esto es
lo opuesto de todo aquello que el hombre religioso
espera de Dios. El hombre está llamado a sufrir con
Dios en el sufrimiento que el mundo sin Dios inflige
a Dios.

Dietrich Bonhoeffer
[Párrafos entresacados de Resistencia y Sumisión,
Ariel, Barcelona 1971, pp. 162,163,789-
191]

IGLESIA VIVA, nº 231 jul-set 2007
http://www.iglesiaviva.org

Párroco rompe el silencio, comparte que es homosexual


‘Estoy cansado de sostenerlo’

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Gregory Greiten

P. Gregory Greiten, ordenado en 1992, aparece en mayo de 2017. (Foto proporcionada)

Desde hace años, llevo una pesada carga, un secreto envuelto en un silencio que los líderes de mi iglesia no han querido que yo comparta públicamente. Cada vez que tenía un gran deseo de hablar fui desafiado por otros sacerdotes y líderes.

“Shhhh … cállate”.

“Guárdatelo para ti mismo.”

“No le digas una palabra a nadie”.

“Si no te callas, te echarán de aquí”.

“Si lo haces público, dañará tu ministerio”.

Luego recuerdo las luchas personales del profeta Jeremías, quien desesperadamente quería guardarse la Palabra de Dios porque provocó una respuesta tan negativa por parte de aquellos que escucharon su predicación. No importaba cuánto no quisiera hablar en el nombre del Señor nunca más, no podía contenerlo. “Hay en mi corazón como si fuera un fuego ardiente en mis huesos, y estoy cansado de sostenerlo en, y no puedo “(Jeremías 20: 9). Jeremías entiende la angustia de la predicación; Sin embargo, guardar silencio y no decir la verdad implica un costo aún mayor. ¡Qué trampa!

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Explore las reflexiones de Adviento de nuestra publicación hermana, Celebración.

Hoy, rompo el silencio y me libero de los grilletes de la vergüenza que me embargaban a una edad temprana. Hay mucho de qué hablar, reparar y sanar, mucho más allá de los límites de estas palabras impresas.

Soy gay.

Impulsado a guardar silencio, a esconderse, a ser heterosexual

Desde mis días en el seminario de la escuela secundaria en la década de 1980, me enseñaron que la homosexualidad era algo desordenado, indescriptible y algo a ser castigado. Los amigos con “amistades particulares” fueron retirados inmediatamente de la escuela debido a “problemas familiares”. Durante mi último año, un fraile condujo una inquisición buscando identificar y disciplinar a los estudiantes sexualmente activos. Después de ser interrogado, me dijeron directamente que si me sorprendían hablando de esto con otros, sería despedido inmediatamente de la escuela. Debido a la cultura de la vergüenza y el secretismo en torno a los temas de la sexualidad en el entorno del seminario, los estudiantes vivían con miedo y se sentían amenazados con permanecer en silencio. Era evidente que los líderes querían que todo se barriera bajo la alfombra y para garantizar que nunca se filtrara nada.

La verdad se rompe a través de la negación

Las palabras del autor Jack Morin, me parece tan profético: “Si vas a la guerra con tu sexualidad, perderás y terminarás en más problemas que antes de empezar”. Desde mis experiencias traumáticas en el seminario de la escuela secundaria, me sumergí en mis estudios universitarios y de postgrado para explorar mi vocación al ministerio dentro de la iglesia. Al reflexionar sobre esos años, no me di cuenta de cómo estaba reprimiendo mis sentimientos en un intento de vivir la vida como un hombre heterosexual. Esto fue hasta que un día, a la edad de 24 años, en un viaje de regreso de cinco horas al seminario, cuando la verdad rompió la negación. Finalmente admití para mis adentros, “¡YO SOY GAY!” Estaba conduciendo por una carretera tratando de evitar desviarme de mi carril o fuera de la carretera, repitiéndome una y otra vez: “¡Soy gay!” Años de acumulación,

Me sentía más como una cadena perpetua que abrazando libremente mi verdadera orientación sexual.

Fui al quinto piso del edificio del seminario, abrí la ventana y me metí en ella, con una pierna dentro de la habitación y la otra pierna colgando afuera. Allí me senté a horcajadas en la ventana durante tres horas contemplando si podía enfrentar la verdad de ser homosexual o simplemente saltar por la ventana para poner fin a esto de una vez por todas.

Seguí repitiendo y reflexionando sobre mi verdad: “Soy gay”.

¿Qué iba a hacer ahora? ¿A dónde iría desde aquí? Recordé las palabras del rector del seminario de la escuela secundaria, que si le dijera algo a alguien, entonces sería expulsado. Durante años, había sentido un llamado al ministerio en la iglesia y tenía un deseo de servir a la gente. Sentí que se producía un cambio en mi interior, una confirmación de que quería vivir; No quería morir. En un momento de lamento y rendición final, recuerdo que clamé por dentro, “Dios, ¿dónde estás ahora? Te necesito. Ayúdame. No puedo hacer esto o enfrentar esto por mí mismo”. Enjugándome las lágrimas, me arrastré por la ventana y me mantuve firme en el piso dentro del seminario.

Mi ministerio, mi alegría

Con el apoyo del director de formación espiritual en el seminario y mi propio director espiritual, quienes me aseguraron que todo iba a estar bien, seguí adelante con la ordenación al sacerdocio y con mi ministerio en la iglesia. El pasado mes de mayo, celebré mi 25 aniversario de ordenación al sacerdocio: durante 25 años he servido fielmente como sacerdote. Ministro junto a las familias celebrando la alegría a través del matrimonio, dando la bienvenida a los niños, viéndolos crecer. A lo largo de los años, me pregunté si me pensarían diferente si supieran quién soy en realidad. ¿Se alejarían? ¿A quién más podría atender si aceptara mi verdadero yo? ¿Estoy limitando mi ministerio escondiéndome en la vergüenza y el miedo?

Mientras sopesaba si hablar o no en diferentes momentos de mi vida y aceptar públicamente a la persona que Dios creó para mí, las palabras de un terapeuta de trauma sabio con el que estaba hablando se hicieron eco: “Greg, es como si estuvieras afuera en ese alféizar de la ventana una vez más, aunque esta vez, mientras estás a horcajadas sobre él, miras hacia abajo y te das cuenta de que no hay piso en ninguno de los lados para que salgas con seguridad. Parece como si tuvieras que tomar decisiones serias en tu vida. ”

Al identificar claramente este dilema en mi vida, él me estaba ayudando a darme cuenta de la dificultad y la gravedad de las elecciones que estaba haciendo. Durante los siguientes años, seguí adelante en mi sacerdocio buscando mantener el secreto de mi orientación sexual solo para descubrir que cuanto más trataba de suprimirla, más y más estaba retrocediendo para que la verdad se liberara. . Durante el año pasado, me di cuenta de que ya no podía vivir la mentira de enmascararme como un hombre heterosexual en el sacerdocio.

Soy uno, pero no solo

No hay duda de que hay y siempre han sido célibes, sacerdotes homosexuales y castos miembros de las comunidades religiosas. De acuerdo con el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado , en 2016, había 37,192 sacerdotes diocesanos y religiosos sirviendo en los Estados Unidos. Si bien no hay estadísticas exactas sobre el número de sacerdotes católicos homosexuales, el p. Donald B. Cozzens sugirió en su libro, La cara cambiante del sacerdocio , que aproximadamente el 23 por ciento al 58 por ciento de los sacerdotes eran de hecho homosexuales. Significaría que en la actualidad hay entre 8.554 (bajo) y 21.571 (alto) sacerdotes católicos homosexuales en los Estados Unidos.

Al elegir hacer cumplir el silencio, la iglesia institucional pretende que los sacerdotes homosexuales y religiosos realmente no existen. Debido a esto, no hay auténticos modelos de sacerdotes sanos, equilibrados, homosexuales y célibes que sirvan de ejemplo a los jóvenes y adultos que luchan por aceptar su orientación sexual. Esto solo perpetúa la vergüenza tóxica y el secreto sistémico.

Solo puedo imaginar ese día en nuestra iglesia cuando somos aceptados por lo que Dios nos creó y sin temor a ser expulsados ​​del ministerio activo.

Sin embargo, algunos sacerdotes católicos de todo el mundo han reunido el coraje para romper el muro de silencio y decir la verdad sobre su identidad sexual. Hoy estoy con estos pocos sacerdotes valientes que se han arriesgado a salir de las sombras y han elegido vivir en la verdad y la autenticidad. ¿Qué pasaría si cada sacerdote y cada religioso tuvieran la oportunidad de vivir su vida en la verdad y la libertad sin preocuparse por alguna forma de represalia por parte de alguien que tenga autoridad sobre ellos? ¿Qué tan diferente, afirmativa y acogedora sería nuestra Iglesia Católica simplemente reconociendo, aceptando y apoyando a todos y cada uno de los sacerdotes homosexuales y religiosos en su seno?

Mientras que los sacerdotes y religiosos gays siguen comprometidos y fieles a sus ministerios, conozco a muchos que están profundamente molestos y enojados por algunas de las declaraciones oficiales y comentarios despectivos que continuamente se hacen sobre nosotros. Desde mi propia experiencia personal, doy fe de lo agotador que es tratar de permanecer oculto en lo más cercano a lo que pretende ser algo diferente de lo que realmente somos. Toda esta energía psicológica, emocional y espiritual podría redirigirse hacia la construcción de nuestras comunidades de fe. Solo puedo imaginar ese día en nuestra iglesia cuando somos aceptados por lo que Dios nos creó y sin temor a ser expulsados ​​del ministerio activo.

Para aquellos que la iglesia ha lastimado

En el vuelo papal de regreso de Armenia a Roma el 26 de junio de 2016, el Papa Francisco instó a la Iglesia Católica y a otras comunidades cristianas a disculparse ante la comunidad LGBT y otros grupos que han ofendido a lo largo de la historia. “Creo que la iglesia no solo debe decir que lo siente … a esta persona que es homosexual que ha ofendido … Pero debe decir que lamenta a los pobres, también, a las mujeres maltratadas, a los niños forzados a trabajar”. Francis aclaró aún más: “Cuando digo la iglesia: cristianos. La iglesia es santa. Nosotros somos los pecadores”.

Comunión Greiten c.jpg

Gregory Greiten

P. Gregory Greiten distribuye la Comunión en su celebración del 25 aniversario el 20 de mayo de 2017. (Foto provista)

Como sacerdote de la Iglesia Católica Romana que actualmente sirve en la Arquidiócesis de Milwaukee, me gustaría pedir disculpas personalmente a mis hermanos y hermanas LGBT por mi parte en permanecer en silencio ante las acciones y las inacciones de mi comunidad de fe hacia los católicos. Comunidad LGBT, así como la comunidad LGBT más grande. Te prometo que ya no viviré mi vida en las sombras del secreto. Prometo ser mi yo auténticamente gay. Abrazaré a la persona que Dios me creó para ser. En mi vida sacerdotal y en mi ministerio, yo también te ayudaré, ya seas homosexual o heterosexual, bisexual o transgénero, a ser tu yo auténtico: a estar plenamente vivo viviendo a tu imagen y semejanza de Dios. Al reflejar nuestras imágenes de Dios en el mundo, nuestro mundo será un lugar más brillante y tolerante.

En un mensaje a los jóvenes en Nueva Orleans el 2 de septiembre de 1987, el  Papa Juan Pablo II declaró :

Es con la verdad de Jesús, queridos jóvenes, que deben enfrentar las grandes preguntas en sus vidas, así como los problemas prácticos. El mundo intentará engañarte sobre muchas cosas que importan: sobre tu fe, sobre el placer y las cosas materiales, sobre los peligros de las drogas. Y en un momento u otro, las voces falsas del mundo tratarán de explotar su debilidad humana diciéndoles que la vida no tiene ningún significado para ustedes. El robo supremo en sus vidas sería si lograran robarle la esperanza. Lo intentarán, pero no tendrán éxito si te aferras a Jesús y su verdad.

Comentó que el robo supremo en nuestras vidas sería si las falsas voces del mundo lograran robarte la esperanza. Me gustaría editar un poco su cita para leer: “El verdadero robo supremo en sus vidas sería  si la iglesia misma  lograra robarle la esperanza”.

Si bien sinceramente creo, junto con San Juan Pablo II, que las falsas voces del mundo a veces tienen éxito en robar a nuestros jóvenes de esperanza, creo que es aún más devastador y un robo aún mayor en sus vidas cuando el la propia iglesia les roba la esperanza al rechazarlos, al no escuchar sus historias, despreciándolos por lo que son y para lo que fueron creados, diciéndoles que no están invitados o son bienvenidos en la mesa del Señor, y por el fracaso de su liderazgo que hizo la vista gorda o de alguna manera no hizo todo lo que estaba en su poder para poner fin a las prácticas discriminatorias que estaban teniendo lugar.

Reclamando mi voz, reclamándome

Estoy rompiendo el silencio y recuperando mi voz: palabras silenciosas para palabras proféticas, palabras desesperadas para palabras esperanzadoras, palabras enojadas para palabras indulgentes y palabras tristes para palabras llenas de alegría, con la pasión de las palabras atribuidas a una gran mujer santa y la doctora de la iglesia, Santa Catalina de Siena, “sé quien Dios quiso que fueras y prenderás fuego al mundo”.

Este fuego ardiendo en lo profundo de mi corazón, ya no voy a contener. No voy a estar en silencio por más tiempo; el precio a pagar es demasiado grande. Debo decir mi verdad. He vivido demasiados años encadenado y encarcelado en el armario detrás de muros de vergüenza, trauma y abuso debido a la homofobia y la discriminación que prevalecen en mi iglesia y en el mundo. Pero más bien, hoy, trazo un nuevo curso en libertad e integridad sabiendo que no hay nada que alguien pueda hacer para herir o destruir mi espíritu por más tiempo. Primeros pasos para aceptar y amar a la persona que Dios me creó para ser.

“Soy Greg. Soy un sacerdote católico y, sí, ¡soy gay!”

[P. Gregory Greiten es un sacerdote de la Arquidiócesis de Milwaukee, ordenado en 1992 y actualmente sirve como párroco de la Parroquia St. Bernadette en Milwaukee.]

 

La noche de la nada. Santa Teresa de Lisieux *


PÁGINA ABIERTA
En los últimos años se ha realizado una renovación esencial en la edición de los escritos de Teresa de Lisieux. Después de la Nouvelle édition du Centenaire, realizada en facsímil por el P. François de Sainte-Marie el año 1992, se publicó el ensayo de puesta a punto en cuanto a la cronología de todos los manuscritos por parte de Jean-François Six (Thérèse par elle-même, París 1997, 3 volúmenes). Posteriormente el P. Conrad de Meester ha publicado la Histoire d’une âme, según la disposición original de los textos auténticos (París, Serment, 2001), edición considerada como una verdadera novedad en relación con lo que se daba ya por definitivo en materia de edición científica de las obras de santa Teresa.

Aparte del interés historiográfico que tienen estos trabajos,la edición de los textos originales sin recortes ni censuras nos ha permitido conocer más profundamente la experiencia cristiana y mística de la santa, que, según la tripartición de J.-F. Six, podría abarcar estas etapas de su vida en el monasterio: escrúpulos y humillaciones, el amor y la confianza, la prueba y la gracia.

Porque lo sorprendente ha sido el descubrimiento de las grandes diferencias existentes entre la Historia de un alma, el único texto del que habitualmente disponía el público y que fue el que conocimos y leímos muchos de nosotros en
los años de nuestra formación, y los manuscritos autobiográficos.

El texto conocido no correspondía al original, el cual había sido corregido, aumentado, recortado por la madre Inés que lo tuvo prácticamente confiscado hasta su muerte en 1951. Ella, hermana mayor que se había convertido en la
“madrecita” de Teresa y había sido después su madre priora en el Carmelo, estaba convencida de que poseía la verdad acerca de Teresa. Cuando reelabora los manuscritos autobiográficos no tiene ninguna duda: conoce a Teresa mejor que
ella misma, quiere ponerla al alcance de la comprensión de las carmelitas y los católicos de su época con el lenguaje espiritual común de entonces, con un contenido que sea “polí-ticamente correcto”, y desfigura y tergiversa el texto de su
hermana. Ha confundido sus propias concepciones con el auténtico ser de Teresa.

Este proceder viene dictado inconscientemente por una visión de la fe como un saber que se apoya en el acto de ver y en la certeza que este aporta. De ahí que
para ella sea incomprensible, inaceptable e impublicable la terrible experiencia de crisis y de “noche de la nada” que Dios permitió que sufriera Teresa el último año y medio de su vida sin interrupción, desde la Pascua de 1896 hasta su muerte, el
30 de setiembre de 1897. Los párrafos que transcribimos a continuación recogen textos diversos de esos escritos autobiográficos que no habían sido publicados, redactados durante esos dieciocho meses últimos de su vida. Es un testimonio
escalofriante que expresa cruda y ardientemente el gigantesco combate que está viviendo en su interior, el combate entre  las tinieblas y la luz, la prueba definitiva de su existencia.


Poco tiempo antes de dar comienzo mi prueba de tentación contra la fe, me hacía estas reflexiones: Ciertamente no sufro grandes pruebas… ¿Cómo, pues, se
las arreglará Jesús para probarme? La respuesta no se hizo esperar y me demostró que aquel a quien amo no es corto en recursos. Sin cambiar mi camino me envió la prueba que había de mezclar una saludable amargura
en todas mis alegrías.

¡Ah, qué maravilladas quedarían muchas almas, si se
hiciese patente a sus ojos la prueba que sufro desde
hace un año!

Tal vez os parezca [se dirige a la priora, sor María de Gonzaga] que exagero mi prueba. En efecto, si juzgáis por los sentimientos que expreso en las pequeñas poesías que he compuesto este año, debo de pareceros un alma llena de consuelos, para quien casi se ha rasgado el velo de la fe. Y sin embargo…, esto no es ya un velo para mí, es un muro que se alza hasta los cielos y cubre el firmamento estrellado… Cuando canto la felicidad del cielo, la eterna posesión de Dios, no experimento alegría ninguna, porque canto simplemente lo que quiero creer.

No creáis [a su hermana mayor, María del Sagrado Corazón] que nado en consuelos. ¡Oh, no! Mi consuelo es no tenerlo en la tierra.

Permitió [Dios] que mi alma se viese invadida por las más densas tinieblas y que el pensamiento del cielo, tan dulce para mí, no fuese ya más que un motivo de combate, de tormento.

Página abierta 3-142

Es necesario haber caminado por este sombrío túnel para conocer su oscuridad. Las brumas que me rodean se hacen más densas, penetran en mi alma y
la envuelven de tal suerte que ya no me es posible encontrar en ella la imagen dulcísima de mi patria.

¡Todo ha desaparecido! Cuando quiero hacer que mi corazón, fatigado por las tinieblas que lo cercan, descanse en el recuerdo del país luminoso al que aspira,
mi tormento se redobla.

Me parece que las tinieblas, apropiándose de la voz de los pecadores, me dicen burlándose de mí: “Sueñas con la luz, con una patria aromada de los más suaves
perfumes. Sueñas con la posesión eterna del Creador de todas estas maravillas.

Crees poder salir un día de las brumas que te rodean. ¡Adelante! ¡Adelante! Gózate de la muerte que te dará no lo que tú esperas, sino una noche más profunda todavía, la noche de la nada”.

No quiero extenderme más, temería blasfemar… Hasta tengo miedo de haber dicho demasiado.

Algunas veces, es verdad, un pequeño rayito de sol viene a esclarecer mis tinieblas; entonces la prueba cesa por un instante. Pero luego el recuerdo de ese
rayo de luz, en lugar de causarme gozo, hace más densas mis tinieblas.

Creo haber hecho más actos de fe de un año a esta parte que en toda mi vida. Cada vez que se presenta el combate, cuando mis enemigos vienen a provocarme
[se trata de los argumentos de los ateos militantes de su época, que Teresa conoce y que la afectan por su solidez], me porto valientemente. Sabiendo que batirse en duelo es una cobardía, vuelvo la espalda a mis adversarios sin dignarme siquiera mirarles a la cara. Pero corro a mi Jesús, le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar que existe un cielo.

Si las nubes espesas vienen a ocultarme el Astro del Amor, si me parece que no creo en la existencia de otra realidad sino la noche de esta vida, habrá llegado
entonces el tiempo de mi alegría perfecta, el momento de probar mi confianza hasta el último límite, guardándome mucho de no cambiar de posición por saber
que tras las nebulosidades tristes, mi Sol benéfico luce todavía.

[La felicidad de quien está en esa noche es] la dicha de permanecer allí, no obstante, y seguir mirando fijamente la luz invisible que se oculta a su fe.

IGLESIA VIVA nº 227, julio-septiembre 2006. http://www.iglesiaviva.org

 

Los laicos, presidentes de la eucaristía y de la comunidad


Por Jesús Martínez Gordo

Si es incuestionable, como regla general de la comunión eclesial, que no son de recibo las decisiones unilaterales –aunque estén urgidas por una grave carencia ministerial-, también lo es la defensa de un modelo presbiteral, al precio de condenar a la desaparición a muchas comunidades. Por eso, conviene reconocer que cuando colectivos cristianos siguen proponiendo la presidencia extraordinaria de la eucaristía y de la comunidad por laicos o cuando el gobierno eclesial defiende a capa y espada una determinada manera de sacerdocio ministerial como “el” modelo indiscutible, es evidente que peligran la unidad en la fe y la comunión. Y, como consecuencia de ello, no solo desaparecen comunidades, sino que también se resiente la catolicidad. Ésta –como la unidad y la comunión- es, ciertamente, responsabilidad de todos los bautizados, pero, en este caso particular, lo es, sobre todo, de los sucesores de los apóstoles.

La propuesta, hace unos años, de los dominicos en Holanda (2007) y de unos trescientos párrocos en Austria (2011) defendiendo la presidencia de la eucaristía por laicos en comunidades que carecen de presbítero desde hace mucho tiempo son dos preocupantes señales de que el equilibrio –creativo y plural- de lo “católico” viene emitiendo señales de fatiga. Y no sólo por la posible carga de unilateralidad que encierran estos dos hechos (y más, si se hubieran llevado a cabo), sino también por la defensa de un modelo de presbítero que presenta síntomas de agotamiento y que, en su institucionalización actual, podría coexistir perfectamente con otros.

Éste es el espíritu y el contexto desde el que sería oportuno recuperar el debate teológico sobre la posibilidad de que los laicos presidieran la eucaristía y la comunidad cristiana en circunstancias excepcionales. Es, como se indica, una propuesta “excepcional” que tendría cabida en la invitación, formulada en su día por el papa Francisco, a estudiar nuevas formas “normalizadas” de sacerdocio ministerial que respondan a las necesidades de las comunidades. Semejante posibilidad “excepcional” no solo debería estar teológicamente fundamentada, sino, también, y, sobre todo, ser una decisión eclesialmente consensuada que, adoptada por el obispo de Roma en comunión con los sucesores de los apóstoles, especificara las circunstancias y condiciones en las que sería procedente activarla. Se trata, como se puede apreciar, de una decisión que requiere un tiempo de maduración y, muy probablemente, aportaciones de parecida relevancia a las formuladas en su día por la Comisión Teológica Internacional sobre el acceso de las mujeres al diaconado.

Ello no obsta para que se recuperen algunas de las contribuciones teológicas más interesantes habidas al respecto cuando se debatió tal posibilidad, condenada por la Congregación para la Doctrina de la Fe en las formulaciones propuestas por H. Küng y L. Boff; pero no, de las argumentaciones aportadas por W. Kasper, Y. – M. Congar, C. Vogel, C. Vagaggini, P. Grelot, P. – R. Tragan y J. Dupont.

Concretamente, estos tres últimos desautorizaron la consistencia escriturística invocada por H. Küng cuando propuso y defendió tal posibilidad: es -sostenía, P. Grelot- una especulación defender un fundamento solo carismático del ministerio “eucarístico”, vinculado exclusivamente a los dones individuales o a las mociones interiores del Espíritu y sin intervención del apóstol Pablo. Exegéticamente, hay que decantarse, más bien, por la hipótesis contraria, es decir, a favor de algún tipo de investidura tal como la imposición de manos (un gesto tradicional en las iglesias judeo-cristianas) o la designación pública por parte del apóstol (o, después de él, por los responsables en funciones) o a la vinculación directa de la celebración eucarística con el “ministerio”, etcétera. Por tanto, no es consistente apelar al sacerdocio común de los fieles ya que la viabilidad teológica de la cuestión planteada no gira sobre la condición sacerdotal de los bautizados, sino sobre su habilitación para desempeñar un servicio o un ministerio: el de la presidencia de la eucaristía y de la comunidad. Y ésta no es posible marginando la autoridad de Pablo, a sus espaldas, sin su conocimiento o sin tener que dar cuentas de dicha responsabilidad al apóstol fundador de la comunidad.

Sin embargo, esta crítica escriturística no quería decir que la propuesta careciera de fundamento teológico. Es lo que defendieron en su día, entre otros, W. Kasper, Y.- M. Congar, C. Vogel, C. Vagaggini y el mismo P. Grelot. Y lo hicieron aportando diferentes y complementarios argumentos al respecto.

Probablemente, una de las aportaciones más llamativas fue la del mismo P. Grelot (1917-2009). En nuestros días, apuntó, se acrecienta la posibilidad de una presidencia “extraordinaria” de la eucaristía ya que crece el número de comunidades que no pueden celebrar la cena pascual, por falta de un ministro ordenado. Siendo ésta la situación, no es impensable encontrarse con un grupo de creyentes auténticos que decidan celebrar la eucaristía sin sacerdote. Son cristianos que toman esta decisión porque desean guardar la comunión con la Iglesia y la quieren significar mediante el memorial de la muerte del Señor. Consecuentemente, eligen de entre ellos una persona que –habida cuenta de su capacidad para ser referencia de unidad- preside la eucaristía (y la comunidad) por ausencia de un ministro ordenado.

¿Qué hay que pensar de esta decisión y de la eucaristía realizada en estas condiciones? ¿Qué valor merece la función que desempeña este ministro improvisado y la celebración que preside?

Es preciso reconocer, señaló P. Grelot, que faltan algunos elementos necesarios para que pueda presentar “plenamente” la forma requerida. Pero también hay que reconocer que tales elementos no faltan por voluntad de los participantes, sino como consecuencia de una dificultad práctica que no es responsabilidad suya. Más aún, toman esta decisión con la firme voluntad de afirmar su unidad con la Iglesia en un rito que es precisamente su signo y realización. Y lo hacen como último recurso. No hay, por tanto, ninguna transgresión voluntaria del derecho ni tampoco un deseo de afirmarse contra las autoridades eclesiales o fuera de ellas ni intención de apropiarse de un poder sacramental que está más allá de sus capacidades. Existe, más bien, el deseo de caminar en comunión con la Iglesia.

Pues bien, si se tiene presente el principio general del bien común de la Iglesia (de orden espiritual y no jurídico), hay que reconocer la bondad y consistencia de la decisión adoptada cuando se ha elegido –en circunstancias excepcionales- un ministro extraordinario de la eucaristía y de la comunidad. Evidentemente, reconocía P. Grelot, estamos en las antípodas de las celebraciones “salvajes” que puedan promover algunos grupos ya sea para afirmar su independencia ante los responsables eclesiales o como rechazo del ministerio ordenado tal y como está configurado en la actualidad. Nos encontramos, más bien, ante un caso de necesidad en el que la fe (y la existencia misma) de la comunidad peligra gravemente, corriéndose el riesgo de que acabe no necesitando la eucaristía y finalizar desapareciendo.

En una situación como la descrita, no es necesario recurrir al axioma de “ecclesia supplet” (por la perspectiva jurídica que entraña), sino al deseo de la Iglesia – cuerpo constituido y articulado sobre los ministerios pastorales- de participar en los sacramentos. No se trata de un problema jurídico, sino sacramental y espiritual. Estaríamos hablando de una situación semejante a la de una comunidad de bautizados perseguidos y a quienes les resulta imposible acceder a la eucaristía. Nadie en esta comunidad discute la bondad de poder celebrar dicho sacramento contando con la presidencia de un sacerdote Por eso, nadie discute la excepcionalidad de la decisión tomada ni minusvalora la nocividad que se anida cuando se pretende normalizar dicha decisión. Pero no se puede obviar que se trata de una decisión excepcional tomada en circunstancias extraordinarias, previo discernimiento de los dones particulares concedidos por el Espíritu Santo a los fieles. Por eso, también sería procedente que el ministro y presidente excepcional de estas eucaristías –igualmente excepcionales- se integrara –una vez verificada su idoneidad- en el presbiterio del que ha formado parte extraordinariamente.

Como es evidente, concluía P. Grelot, en el caso propuesto se supone la existencia de una comunidad formada por fieles instruidos, es decir, una comunidad no sólo capaz de trasmitir los fundamentos de la catequesis o de administrar el bautismo y practicar la caridad y la justicia, sino competente para dirigir la oración común y presidir una celebración eucarística, siendo consciente del carácter excepcional de su situación y de la decisión tomada. E, igualmente consciente, de que cualquier intento de “normalizar” esta decisión sería inaceptable.

 

http://iviva.org/los-laicos-presidentes-de-la-eucaristia-y-de-la-comunidad/

 

Indignación entre líderes sociales por declaraciones de MinDefensa sobre asesinatos


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BLU Radio. Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas / Foto: BLU RadioBLU Radio. Ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas / Foto: BLU Radio

El ministro está “justifican los asesinatos y tergiversando la realidad”.


Por: Redacción Digital BLU Radio / GQ

Los líderes sociales se mostraron indignados por las declaraciones del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, quien este fin de semana expresó que muchos de los asesinatos de líderes se deben a “líos de faldas”.

“El hecho es desafortunado, salido de contexto, un total insulto a las memorias de las víctimas”, expresó en BLU Radio uno de ellos, que, por seguridad, no reveló el nombre.

Agregó que este tipo de declaraciones solo justifican los asesinatos y tergiversan la realidad.

Denunció que detrás de las muertes, en sectores como Chocó, están los “empresarios que financian paramilitares”.

“Las amenazas que tenemos no son por líos de faldas. Eso es irrespetuoso. Exigimos que el señor ministro se retracte de estas declaraciones”, puntualizó.

Leer más: Asesinatos de líderes sociales son, en muchos casos, temas de faldas: MinDefensa

El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, en diálogo con Noticias UNO, aseguró que no hay una organización definida detrás de los asesinatos y que las causas de estos son diversas.

“En su inmensa mayoría los asesinatos de líderes son fruto de un tema de linderos, de un tema de faldas, de reivindicación, de peleas por rentas ilícitas”, dijo el jefe de la cartera de Defensa.

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