COLOMBIA: 46 ANIVERSARIO DE LA PASCUA DE MONSEÑOR GERARDO VALENCIA CANO. Olga Lucia Alvarez Benjumea*


 

Hace 46 años, en el Cielo hubo una gran fiesta con la llegada apresurada e inesperada de Gerardo Valencia Cano. Ni allá y ni aquí lo podíamos creer. El 21 de Enero de 1972, saliendo del aeropuerto Olaya Herrera, de Medellín, a las 10.30a.m estalló en el aire, el avión en que Monseñor viajaba, quedando los restos de avión y pasajeros, incrustados en el Cerro San Nicolás, perteneciente al Municipio de Ciudad Bolivar, a 100 kilometros de Medellín.  Fecha imborrable, para la Iglesia latinoamericana, para muchos colombianos/as, para la gente del Puerto de Buenaventura, para amigos y familiares.

Además de Monseñor, viajaban con él, el Padre Eutimio Munera, y las religiosas: Hna Cecilia Bravo, Hna. Rubiela Pérez, y Hna. Catalina Jaramillo. Todo un equipo misionero, trabajando con los afros y nativos de la región.

Monseñor Gerardo Valencia Cano myx
Obispo de Buenaventura-Valle-Colombia

Para muchos ha sido extraño que Gerardo Valencia Cano, no aparece entre los obispos firmantes del Pacto de las Catacumbas. Parece que algunos quedaron por fuera, entre ellos el Obispo-Cardenal Dom Paulo Evaristo  Arns, de Brasil, quien tampoco aparece en la lista, falta también Dom Samuel Ruiz, Obispo de Chiapas, Mexico.

He entendido que Gerardo por alguna razón, no alcanzó a llegar.  Estoy segura de no equivocarme,que tanto Gerardo como Dom Evaristo y Dom Samuel Ruiz, debieron haber firmado de manera virtual, -como diríamos hoy-, pues son ellos, los que con su testimonio y compromiso se han comprometido a «ser fieles al espíritu de Jesús».

Es más Dom Hélder Camara, inspiración de esta convocatoria supuestamente de carácter clandestino, se dice que «tampoco pudo asistir al encuentro por tener que participar en los debates de la Constitución sobre la Iglesia en el Mundo Actual.» (1)

Recuerdo que el día que llegué a Buenaventura y fui a la Catedral a presentar mi saludo a Gerardo como su secretaria, estaba él en el comedor, con los sacerdotes, me acerqué a saludarle, según las normas tradicionales, de rodillas y a besarle el anillo, entre otras, ya no lo llevaba puesto, no me permitió saludarle, yo quedé…que no entendía que estaba pasando, cuando el Padre Alfonso Cárdenas, me dice: «Tranquila, Olga, es que él, acaba de firmar un documento, donde esta renunciando a todo eso…es lo que nos esta contando». Con este dato, doy por certeza que Gerardo es uno de los firmantes del Pacto de las Catacumbas.

Para quienes no conozcan dicho Pacto y quieran conocer dicho documento, me permito, transcribirlo:

«Pacto de las Catacumbas
(Catacumba de Domitila, 16 noviembre 1965)

(Contexto) El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, cerca de 40 padres conciliares celebraron una eucaristía en las catacumbas de santa Domitila. Pidieron “ser fieles al espíritu de Jesús”, y al terminar la celebración firmaron lo que llamaron “el pacto de las catacumbas”. El “pacto” es una invitación a los “hermanos en el episcopado” a llevar una “vida de pobreza” y a ser una Iglesia “servidora y pobre” como lo quería Juan XXIII. Los firmantes -entre ellos muchos latinoamericanos y brasileños, a los que después se unieron otros- se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral.

(Texto)

“Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:

  1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.

  2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.

  3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc, a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales o caritativas. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s.

  4. En cuanto sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, para ser menos administradores y más pastores y apóstoles. Mt 10, 8; Hech 6, 1-7.

  5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y títulos que expresen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos que nos llamen con el nombre evangélico de Padre. Mt 20, 25-28; 23, 6-11; Jn 13, 12-15.

  6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesión de privilegios, primacía o incluso preferencia a los ricos y a los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Lc 13, 12-14; 1 Cor 9, 14-19.

  7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social. Mt 6, 2-4; Lc 15, 9-13; 2 Cor 12, 4.

  8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Lc 4, 18s; Mc 6, 4; Mt 11, 4s; Hech 18, 3s; 20, 33-35; 1 Cor 4, 12 y 9, 1-27.

  9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes. Mt 25, 31-46; Lc 13, 12-14 y 33s.

  10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cfr. Hech 2, 44s; 4, 32-35; 5, 4; 2 Cor 8 y 9; 1 Tim 5, 16.

  11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos:

  • a compartir, según nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
  • a pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de su miseria.
  1. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. Así,

* nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
* buscaremos colaboradores para poder ser más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
* procuraremos hacernos lo más humanamente posible presentes, ser acogedores;
* nos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religión. Mc 8, 34s; Hech 6, 1-7; 1 Tim 3, 8-10.

  1. Cuando regresemos a nuestras diócesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidiéndoles que nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles.

Noviembre 16 de 1965

Los firmantes del pacto

Brasil:

Dom Antônio Fragoso (Crateús-CE),
Don Francisco Mesquita Filho Austregésilo (Afogados da Ingazeira – PE),
Dom João Batista da Mota e Albuquerque, arzobispo de Vitória, ES,
P. Luiz Gonzaga Fernandes, que había de ser consagrado obispo auxiliar de Vitória
Dom Jorge Marcos de Oliveira (Santo André-SP),
Dom Helder Camara, obispo de Recife
Dom Henrique Golland Trindade, OFM, arzobispo de Botucatu, SP,
Dom José Maria Pires, arzobispo de Paraíba, PB.

Colombia:

Mons. Tulio Botero Salazar, arzobispo de Medellín
Mons. Antonio Medina Medina, obispo auxiliar de Medellín
Mons. Anibal Muñoz Duque, Obispo de Nueva Pamplona,
Mons. Raúl Zambrano de Facatativá
Mons. Angelo Cuniberti, vicario apostólico de Florencia.

Argentina:

Mons. Alberto Devoto de la diócesis de Goya
Mons. Vicente Faustino Zazpe de la diócesis de Rafaela
Mons. Juan José Iriarte de Reconquista
Mons. Enrique Angelelli, obispo auxiliar de Córdoba

Otros países de América Latina

Mons. Alfredo Viola, obispo de Salto (Uruguay) y su auxiliar,
Mons. Marcelo Mendiharat, obispo auxiliar de Salto (Uruguay)
Mons. Manuel Larraín de Talca en Chile,
Mons. Gregorio McGrath Marco de Panamá (Diócesis de Santiago de Veraguas),
Mons. Leonidas Proaño en Riobamba, Ecuador

Francia

Mons Guy Marie Riobé, obispo de Orleans,
Mons Gérard Huyghe, obispo de Arras,
Mons. Adrien Gand, obispo auxiliar de Lille

Otros países de Europa

Mons. Charles Marie Himmer, obispo de Tournai, Bélgica,
Mons. Rafael González Moralejo, obispo auxiliar de Valencia, España,
Mons. Julius Angerhausen, obispo auxiliar de Essen, Alemania…
Mons. Luigi Betazzi, obispo auxiliar de Bolonia

África

Dom Bernard Yago, arzobispo de Abidjan, Costa de Marfil
Mons. José Blomjous, obispo de Mwanza, en Tanzania
Mons. Georges Mercier, obispo de Laghouat en el Sahara, África

Asia y América del Norte

Mons. Hakim, obispo melquita de Nazaret,
Mons. Haddad, obispo melquita, auxiliar de Beirut, Líbano
Mons. Gérard Marie Coderre, obispo de Saint Jean de Quebec, Canadá,
Mons. Charles Joseph de Melckebeke, de origen un belga, obispo de Ningxia, China.

Notas de ATRIO:

  • Un solo obispo español en la lista: Rafael González Moralejo, que después, como Vicario Capitular de Valencia (1966-69) hizo en menos de tres años una gran renovación conciliar de la diócesis, para acabar de obispo de Huelva 24 años.
  • Un solo obispo italiano, Luigi Bettazzi, quien tras ser auxiliar de Bolonia, quedó también hasta su jubilación como obispo de la pequeña diócesis de Ivrea. Es tal vez el único de la lista todavía vivo.
  • Jorge Bergoglio no era entonces obispo. ¿Firmaría hoy el pacto? ¿Lo firmará hoy adhiriéndose formalmente a él? Tendría sentido.

  1. https://elpais.com/elpais/2015/11/13/opinion/1447445574_648540.html

 

BIBLIOGRAFIA: 

» El Tiempo 22 January 1972, p1+6A+7A+12B
» El Tiempo 26 January 1972, p1

http://www.atrio.org/2015/11/el-pacto-de-las-catacumbas-16-11-1965/comment-page-1/#comment-270637

*Presbitera catolica romana

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