¿Qué hará el Papa Francisco en su paso por Chile? ¿Apuntará con el dedo al 1% que acapara más del 30% de los ingresos en uno de los países más desiguales del mundo y cuyas donaciones han sido clave para financiar su estadía? ¿Reconocerá que el amor entre personas del mismo sexo tiene el mismo valor -moral y civil- que el de personas heterosexuales? ¿Reivindicará la causa por las tierras ancestrales de los mapuche?

Por Francisco Pollak A.

Hace un par de meses me entrometí en una discusión iniciada por un amigo en Facebook, donde criticaba los miles de millones de pesos que costará la visita de tres días del Papa Francisco a Chile. Antes de continuar, debo mencionar que el título de esta columna puede ser engañoso, así que declaro de entrada mi agnosticismo y mi mirada crítica hacia los fanatismos que sostienen a las religiones institucionalizadas en el mundo. En ese debate sobre la inmoralidad de gastar tanta plata en el evento, una persona me respondió algo que me dejó pensativo.

¿Qué tiene de malo financiar los costos logísticos para que todos los católicos puedan escuchar a su líder? dijo.

Su argumento me quedó dando vueltas, porque en realidad le encontré la razón. Si yo tuviera un líder intelectual y moral, también pondría mi cuota para traerlo a Chile a decir las verdades que mi país necesita escuchar. Sin embargo, mi reflexión se concentró en una pregunta que para mí es la más relevante de este asunto: ¿Es el Papa Francisco un líder?

Si yo tuviera un líder intelectual y moral, también pondría mi cuota para traerlo a Chile a decir las verdades que mi país necesita escuchar.

La pregunta va más allá del liderazgo que reconocen los fieles católicos al cargo. Hablo de liderazgo desde la perspectiva de aquellos grandes próceres que alguna vez impulsaron reformas, que desafiaron el status quo, que dejaron lecciones de vida para la eternidad. Líderes como el propio Jesucristo, quien -ya sea como personaje de fábula, como personaje histórico o como Mesías- fue un revolucionario. Sí, el mismo que inspiró esa religión que Bergogliorepresenta, fue un agitador que intentó re-configurar los valores de su época. Fue una piedra en el zapato para quienes estaban en el poder.

Sé lo que muchos están pensando a estas alturas.

Francisco sí es un revolucionario. Es el Papa progresista, carismático, cercano, un cura de a pie. Ha realizado gestos al mundo musulmán, ha lamentado las víctimas inocentes de un modelo económico injusto, ha llamado a acoger a los homosexuales y las mujeres que han abortado. Incluso, se mostró favorable a la exhortación para los divorciados vueltos a casar y ha defendido el rol de la mujer en la Iglesia.

Sin embargo, hasta ahora su revolución no ha sido más que un buen marketing comunicacional. La exhortación a los divorciados terminó en una invitación para integrarlos a la Iglesia, pero no implicó ningún cambio en la Ley Canónica para que vuelvan a comulgar. Mientras, sobre la posibilidad de que las mujeres puedan ejercer el sacerdocio, Francisco aseguró que esa puerta está cerrada, dejando en el olvido a más de 120 mujeres que se han ordenado en el mundo y que fueron excomulgadas por la Iglesia católica.

Al mismo tiempo, sus visitas no han sido de gran impacto en temas controversiales.

Durante su paso por Cuba omitió cualquier referencia a los abusos contra los derechos humanos en ese país, pero sí los mencionó carismáticamente después en Washington.

Durante su paso por Cuba omitió cualquier referencia a los abusos contra los derechos humanos en ese país, pero sí los mencionó carismáticamente después en Washington. Una estrategia demasiado conveniente para un revolucionario. También fue duramente criticado tras su gira por México en 2016 por no reunirse con las víctimas de pederastia en San Luis de Potosí. Más tarde, anunció la indulgencia plenaria a la Legión de Cristo, cuyo fundador Marcial Maciel fue acusado de pedofilia y otros delitos graves.

Tampoco hay que olvidar que hace menos de un mes, Francisco asistió al funeral del cardenal Bernard Law, el encubridor de los abusos en Boston que fue protegido por el Vaticano para que no enfrentara la justicia en Estados Unidos.

Y en Chile no ha sido mejor el manejo de estos escándalos, con la polémica designación del Obispo de Osorno como una sombra que lo acompañará a lo largo de su visita.

Lo invito a ser un líder capaz de cautivar no sólo a sus fieles incondicionales, sino -sobre todo- a los agnósticos, ateos y escépticos idealistas, quienes sabemos que para marcar una verdadera diferencia se necesita algo más que un referente futbolero, mediático y bonachón.

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