Una imagen de la huelga de mujeres de 1918

Un grupo de mujeres reclaman desde la tribuna de oradores la libertad para los presos políticos y las mejores condiciones de vida para los trabajadores. Se puede pensar que estamos en cualquiera de las manifestaciones por la excarcelación de los dirigentes civiles y políticos de Cataluña, presos en Madrid, pero en realidad hay que hace un centenar de años atrás. No es necesario movernos de la ciudad, pero las laderas son las mismas. Sólo que quizás las mujeres, al menos estas mujeres, son mucho más visibles al frente de las protestas que en la actualidad.

Y quiénes son estas mujeres de las que hablamos? Por lo tanto, una serie de pioneras en la lucha por los derechos civiles que la profesora Dolores Marín ha inventariado en el libro  espiritualista y librepensadoras  que ha publicado  Angle Editorial  y donde hay nombres como Teresa Claramunt, Ángeles López de Ayala, Josefina Maynadé y Isabel Vilà, entre muchas más.

Marín explica: ‘Claramente, vivimos en una época de involución de los derechos conseguidos. Por desgracia, muchas de las demandas que llegaron a finales del siglo XIX y principios del siglo XX y que él transcribió son muy actuales. Entre ellos, los problemas que existen son las causas de la prostitución, que es muy frecuente opción que les quedaba si querían mantener a la familia, o la reivindicación de libertad para los presos políticos. Por lo tanto, hablamos de obstáculos históricos que en muy pocos casos se alcanzan.

Otro punto de involución que ha detectado la profesora tiene que ver con el grado de tolerancia que tenía hacia las opciones que no siempre congeniar. ‘Las mujeres materialistas, por ejemplo, estaban siempre dispuestas a dialogar y exponer sus puntos de vista y la gente escuchada y valorar las propuestas en un ejercicio de tolerancia que era perfectamente posible a finales del siglo XIX y que ahora es mucho más complicado’, explica Marín.

Uno de los principales objetivos del libro es sacar del olvido todo este sentido de las mujeres que intentaron modernizar la sociedad catalana de la época. ‘Llegué al libro siguiendo la pista del anarquista Teresa Claramunt, ya está disponible durante siete años o ocho años. No ha sido una herramienta en exclusiva, pero sí hace años que me dedico a la elaboración de las biografías de estas mujeres tan interesantes como para hacer las cosas nuevas y quizás animan a continuar investigando.

Desde el prólogo del libro, la profesora que nos cuenta que Barcelona es una ciudad desmemoriada, característica que comparte con buena parte de los lugares del país, y que la investigación que hace quiere decir este error. ‘Si Barcelona es una ciudad desmemoriada, lo es en buena parte porque hemos heredado un pasado que ha marcado nuestra historiografía oficial. En el proceso de transición, algunos de los nombres más importantes que hemos tenido han podido encontrarnos ahora, pero ahora los historiadores más recientes, los nombres de mujeres y hombres en los pocos espacios abiertos de normalidad la historia de la ciudad. Y en este sentido, nos movemos en la búsqueda de una tradición de las mujeres, que era mucho para conseguir los derechos cívicos muy normales, eh, muy normales vistos desde la perspectiva de nuestros días,

¿Qué tipo de derechos eran los que pedían estas barcelonesas a su tiempo? Por consiguiente, los que tenían que ver con la laicidad: poder ser enterradas en ceremonias civiles; poder casarse también en juzgados u otras administraciones que no sean las religiosas. Evidentemente, esto tuvo una gran contestación por parte de la iglesia, que parecía como perdía parte del poder y de los privilegios. Las mujeres también tienen derecho a manifestarse y que se pueden eliminar de la esclavitud, que se han regulado en el ámbito formal pero que continúan presentes en algunos lugares.

Estas mujeres pioneras de la libertad y de la recuperación de sus derechos no solas. En la Barcelona comprendida entre la primera exposición universal, la de 1888 y la guerra de 1936-1939, que es cuando más actividad desarrollada, con la participación de las tribunas de los diarios, pero también en mítines y actos públicos. ‘Fue un movimiento bastante igualitario y se encontró con muchos hombres que apoyaron. Estos hombres normalmente pertenecían a clases de medios o clases altas, eran francmasones o abogados progresistas como Francesc Layret, profesores de la universidad como Oden de Buen, periodistas, o los amigos de Rosendo Arús, por ejemplo. ‘ Desde este movimiento igualitario que tenía en los medios de comunicación importantes plataformas de difusión, “hay un tema que les interesa especialmente,  que es el papel que debe tener la educación en el desarrollo de la mujer moderna para que no quede arrinconada en un lugar secundario” . ‘  Así, dice, estos hombres no tienen ningún problema para acompañar a las mujeres en las mítines y en las campañas de agitación, por ejemplo’.

Barcelona, ​​lo explica la profesora Marín, es una ciudad desmemoriada y por eso es todo lo que se pregunta qué ha pasado con todo el legado de la lucha de estas mujeres, de muchas de las que no sabe el nombre hasta que ella no la ha expurgado y fijado en este libro.

‘Nos queda poco de su legado, para qué el desastre de la guerra las condenó o bien en el exilio, en la mayoría de los casos, o bien a silencio. Todos estaban preparados y listados por librepensadores por francmasones o por haber sido republicanos lerrouixistes. Piense que son mujeres que se mueven en una Barcelona magmática donde impera el anarcosindicalismo y esto las condena a tener que irse cuando termina la guerra. Permitir a la luz todo este pasado tan rico que nos muestra otra Barcelona alternativa.

Y es que, aunque algunos crean que todo esto de las terapias naturales y las medicinas alternativas son cosas de hace dos días, Marín cuenta con algunas de las mujeres más avanzadas del momento que fueron espiritistas que compartieron sus espacios con las prácticas de las terapias naturales , como la hidroterapia o las homeópatas. ‘Creemos que estamos en el campo de todas estas cosas y las terapias alternativas hace menos de 150 años en la ciudad de Barcelona, ​​donde se hace yoga desde los años veinte. El problema es que todas estas mujeres, que son las más activas y avanzadas, que tienen que exiliarse, y eso nos explica qué tipo de país tenemos.

Marín dice: ‘Mi contribución es sacar a la luz los nombres y el trabajo de algunas mujeres, pero sí muy feliz, por un lado, algunas historiadoras jóvenes quisieron aprovechar este tema y las investigaciones, investigarlas, y de otra, si en algún momento el Ayuntamiento de Barcelona decidió utilizar para el nomenclátor de la ciudad y las sacara del anonimato ‘.

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