Cambio de paradigma, ¿es Dios mujer?


Cambio de paradigma, ¿es Dios mujer?
Foto: Zócalo | Gerardo Ávila / Archivo
Por: Jesús Castro

Saltillo, Coah.- Durante el rezo del Ángelus, el 10 de septiembre de 1978, el papa Juan Pablo I leyó un breve mensaje que se transmitió a todo el mundo gracias a la radio vaticana. Hablaba de un Dios que nunca deja desamparados a sus hijos. Y entonces sobrevino una frase que dejó atónitos a todos.

“Dios es padre; más aún, es madre. No quiere nuestro mal, sólo quiere hacernos bien a todos. Y los hijos, si están enfermos, tienen más motivo para que la madre los ame”, dijo en su estilo sencillo y carismático.

Las facciones más ortodoxas de la Iglesia se escandalizaron. Era la primera vez que un papa se refería a Dios de modo femenino. La polémica y las críticas estuvieron en los periódicos de todo el mundo. El arzobispo cismático Marcel Lefevre lo declaró anatema y falso papa, pero otro sector más progresista lo celebró. Sobre todo los obispos y sacerdotes de la Teología de la Liberación.

Tiempo después, 37 años, durante una entrevista con Credere, la revista oficial del Jubileo de la Misericordia le preguntó al papa Francisco: “¿Puede el Jubileo ser una ocasión para redescubrir la maternidad de Dios? ¿Hay también un aspecto más femenino de la Iglesia que se debe valorar?”.

La respuesta del Papa fue: “No todo el mundo entiende cuando se habla de la maternidad de Dios. No es un lenguaje popular, en el buen sentido de la palabra: parece un lenguaje para elegidos. Por lo tanto, yo prefiero utilizar la palabra ternura, propia de una madre, la ternura de Dios, la ternura que nace de las entrañas paternas. Dios es padre y madre”.

Otra vez llegaron las críticas. El sitio web católico Adelante la Fe, por ejemplo, reprodujo la entrevista y advirtió: “Al final del artículo, hemos incluido nuestro comentario acerca del peligro extremo que supone para la fe católica la afirmación del Papa acerca de que Dios es padre y madre”.

Aseguran que referirse a Dios como madre no tiene precedente doctrinal, pues no existe absolutamente ninguna justificación ni en las Escrituras ni en la Tradición para ello. Es entonces que enuncia cuál es ese “peligro extremo” al que se refería en su advertencia premonitoria.

“Al adoptar este lenguaje, el Papa, se dé cuenta de ello o no, alienta a feministas y liberales que han estado presionando, precisamente, para que nos refiramos a Dios como ‘madre’; mientras humilla a los católicos ortodoxos, que han dedicado un enorme esfuerzo a bloquear el lenguaje inclusivo y feminista en la liturgia y la práctica espiritual”, aparece en la web.

Los obispos y la Curia Romana se sintieron humillados cuando se habló de un Dios mujer porque para ellos la femineidad no tiene cabida en una Iglesia, aunque la mayor parte de los católicos en el mundo está compuesta por mujeres y sólo una mínima parte de los varones son ministros.

Al entrar a cualquier templo, católico o protestante, lo primero que se ve al frente es una imagen de Dios masculino, mientras un ministro varón oficia, sin embargo, la mayoría de los congregados se compone de mujeres. Como muestra está México, uno de los países con mayor número de personas adscritas a alguna religión.

La más reciente encuesta del INEGI señala que 82.7% es católico; las mujeres que la profesan componen 51.4%, mientras que los hombres son 48.6 por ciento. Otro dato significativo es que mientras existen 15 mil sacerdotes y 5 mil seminaristas, hay 40 mil monjas.

Las mujeres superan en número de fieles y también de agentes pastorales. Algo parecido sucede en las otras denominaciones cristianas, donde abundan las mujeres, pero no como dirigentes. Muy pocas ordenan sacerdotisas y las que lo hacen no cuentan con muchas.

Cinco expertos en teología consultados por Ruta Libre señalan que el motivo de que Dios sea varón es debido a que las religiones están basadas en la tradición patriarcal. Un teólogo católico, una sacerdotisa presbiteriana, un sacerdote anglicano, un párroco diocesano y una pastora protestante, coinciden con los papas Juan Pablo I y Francisco, en que Dios es madre, Dios es mujer.

ORIGEN FEMENINO 

El teólogo y fraile dominico católico, Julián Cruzalta, quien tiene 25 años como maestro de teología en Mé-xico, desde el inicio de la entrevista asiente: “tienes razón: Dios nació mujer”.

Habla de que en las últimas investigaciones de universidades norteamericanas en las cuevas con pinturas rupestres de Europa se descubrió que quienes las pintaron no son hombres, sino mujeres, porque imprimían su mano como firma. Según estudios de fósiles, esas manos pertenecen a mujeres, que se quedaban en las cuevas mientras el hombre salía a cazar.

Como el hombre salía a buscar alimento no tenía tiempo de preguntarse más allá de la necesidad, sin embargo, la mujer tenía tiempo para preguntarse sobre los fenómenos naturales, el sol, la lluvia, el fuego, y al no tener manera de explicarlos, les atribuyó un origen divino.

“Por lo tanto, la idea de lo sagrado es femenina, no masculina. Tienes razón: Dios nació mujer. Dios es la tierra, la tierra es femenina, da de comer y por eso el primer símbolo del 45 o 47 mil a.C. es un triángulo invertido, es una vulva; el otro es un triángulo hacia arriba, que es un pene, pero ese sería de 6 mil, 7 mil años antes de Cristo”, expresa el fraile dominico.

Lo que aparece dibujado en esas cuevas, desde España hasta Ucrania, es el triángulo invertido, que suele significar divinidad; aparece con el vértice hacia abajo y suele asociarse con la vulva como representación de la vida, en homenaje a la mujer como una divinidad.

Explica que en religiones antiguas ese triángulo invertido era el símbolo de la tierra, la madre tierra; así nació la religión, con la madre tierra, femenina. Hay incluso templos con esa inscripción en las paredes.

“Nos da mucho miedo hoy. Dicen ‘¿cómo va a ser Dios una vulva?’”, resalta fray Julián. Pero así fue entonces y hay vestigios de ello, manifiesta Amparo Lerín Cruz, sacerdotisa de la Comunión Mexicana de Iglesias Presbiterianas y Reformadas.

Coincide con lo dicho por Cruzalta, al hablar de que en la prehistoria es la mujer quien crea una figura cosmogónica central basada en lo femenino, en la cual se representa como deidad por ser dadora de vida, el milagro de la vida.

“La figura cosmogónica central es la de una mujer. Se representa a la diosa en figurillas de piedra, madera barro, con atributos femeninos visibles y remembrados como los senos, las caderas, en los pezones, el vientre, la vulva”, expresa Amparo.

Para ellas y ellos el vientre femenino es el lugar de donde todo nace y a dónde todo vuelve, como la madre tierra, la pacha mama o la madre naturaleza, conocida en un inicio como la gran diosa, la dadora de vida, luz, sequía, lluvia, abundancia.

Lo que existe entones es un sistema matrilineal en el que la mujer es la madre de sus hijos y en el que no se tiene la idea de un padre. El hombre es el ente que consigue el alimento, la madre es la que rige la vida, pone las normas, dirige la religiosidad, prefigura la divinidad, una divinidad femenina.

Sobre ello, Víctor Vera Hernández, sacerdote anglicano que reside actualmente en Saltillo, expresa que según Eduardo Galeano, la identidad primigenia, la primera noción que el ser humano empezó a tener de Dios es con características femeninas.

“Hay un pueblo que se lama Catal Oyuc, donde están los primeros vestigios de cómo el ser humano concebía la divinidad, y se encontró con que las imágenes de la divinidad, de cerámica, no eran de varón, sino de mujer. Estamos hablando de 5 mil o 6 mil años atrás, cuando la historia comienza a ponerse plasmada con elementos que podemos ahora descifrar”, refiere Víctor.

Por ello se deduce que la primera forma de concebir el ser humano a la divinidad es una imagen más parecida a la mujer que al varón, porque las comunidades primitivas eran matriarcales. Incluso habla del descubrimiento de una ciudad donde la gobernadora era mujer, y esa ciudad nunca fue atacada o invadida y vivían en armonía con las demás ciudades.

Sobre esto, Yesenia Cuevas Vidal, pastora de la Iglesia Cristiana Pentecostal y teóloga estudiosa de las religiones primigenias, expresa que la adoración de deidades femeninas duró milenios sin ser cuestionada, porque la diosa madre proporcionaba paz, armonía, orden, fecundidad, alimento, protección, atributos femeninos necesarios para la subsistencia primitiva.

“Vivían en pequeñas comunidades. Se procuraban unos a otros, porque era la diosa madre la que proveía. Eran nómadas clamando a la madre naturaleza, a la diosa madre, que les proveyera. A la madre tierra que les daba el alimento, el agua, el refugio”, expresa Cuevas Vidal. Pero todo eso cambió.

Los cuatro estudiosos de la religión, Cruzalta, Amparo, Vera y Cuevas, coinciden en que el concepto de un Dios varón no surgió sino hasta el milenio sexto o quinto antes de Cristo, y más o menos se afianzó esta idea en el milenio segundo hasta la fecha.

IMPOSICIÓN MASCULINA

En efecto, los estudiosos de la antropología señalan que no hubo deidades masculinas en la época primitiva, hasta que apareció la agricultura. Porque para esa actividad, se requería fuerza y estabilidad. Ya los hombres no se van de cacería, se quedan a cuidar lo que ahora consideran suyo.

“Con la agricultura ya hay cosechas. Entonces algunos decían ‘¿para qué nos desgastamos en sembrar tanto? Mejor dejemos que siembren estos y a la noche atacamos, y por eso los dioses masculinos todos son guerreros”, expresa Julián Cruzalta.

Dice que las diosas primitivas no eran guerreras, sino de fertilidad, de la tierra, de la comida, por lo que la deidad femenina no es agresiva, pero la divinidad masculina sí lo es, como el Dios de los Judíos, que según los salmos, Yahvé es Dios de los Ejércitos.

“Cuando los judíos llegan a Palestina, ya había pueblos y tenían una diosa, Astarté, que se representaba como una serpiente. Si quiero meter al dios guerrero, hay que desprestigiar a la diosa de ese lugar, por eso la víbora es la mala del génesis, es la deidad del lugar, es lo más sagrado que había en los templos palestinos”, expresa el teólogo dominico.

Ahí es cómo los judíos cambian la percepción de la serpiente a negativa, cuando hasta ese momento el mundo antiguo tenía de ese animal una connotación positiva, tan positiva, que hasta la fecha aparece en el logo de la Medicina, que es una doble serpiente entrelazada. La serpiente que es sabia, astuta, se regenera de piel; le cortas un pedazo y le crece.

“Es esta idea patriarcal la que la hace negativa, la serpiente es mala, engaña a la mujer, a Eva, según los judíos”, explica Cruzalta. Como ahora el hombre es guerrero, su Dios es guerrero, es varón, que aplasta a la diosa femenina, que engaña a la mujer que es débil, al género femenino que hay que someter.

Según Amparo Lerín, es ahí cuando el hombre se da cuenta de que su fuerza puede darle riqueza en la agricultura y en la ganadería, por lo que el sistema matrilineal se acaba. El hombre, ahora totalmente presente a través de la fuerza física, se apropia de la riqueza, de la mujer, de los hijos, y a la mujer le exige monogamia y fidelidad. Así empieza el sistema patriarcal.

“Tiene un fundamento mítico-religioso, y es así que en cada religión que viene de las tradiciones orales y después en los textos sagrados, se cambia la deidad femenina por la masculina; se cambia a que ahora la mujer esté sometida al varón”, señala la sacerdotisa presbiteriana.

Así es cómo las religiones valorizan más a los hombres por encima de las mujeres, se interpreta el texto sagrado con ojos masculinos y se olvida de interpretarlo con ojos de la mujer. También se refiere a Dios con metáforas predominantemente masculinas, como “oh Señor”, “Padre”, “Amo”.

“Dios se vuelve varón en el momento en que el judaísmo comienza a tener su teología y a concebir a Dios según su sique, y lo identifican con aquella mente que está pensando, que es el varón”, coincide el padre anglicano Víctor Vera. Esa teología del Dios varón el judaísmo la hereda al cristianismo, que en un principio tenía inclusión femenina, hasta que la Iglesia se institucionalizó.

Expresa que eso sucede en el siglo 4 cuando el cristianismo se hace religión oficial de Estado; es el Rey el que manda, ya no la autoridad eclesiástica. En el caso de Roma, Constantino es el primer monarca que oficializa el cristianismo.

“Cuando ya se oficializa algo, no lo propones, lo impones. Y la imposición es a la fuerza, es con agresión, con la violencia, con la opresión, y con eso llevamos alrededor de mil 600 años de cristianismo, y mil 600 años se dicen fácilmente, pero son muchos años de historia”, expresa.

ESPÍRITU SANTO FEMENINO

En cuanto al inicio del cristianismo, Julián Cruzalta, Amparo Lerín y el sacerdote saltillense Adolfo Huerta, muestran que en sus inicios la Iglesia dio puestos de dignidad a las mujeres porque Cristo y los primeros apóstoles fueron incluyentes.

Aun más: en la teología de la Santísima Trinidad, de Dios único que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, una de esas personas divinas es femenina, de acuerdo con la interpretación bíblica y filológica.

Cruzalta cita el Nuevo Testamento, en el momento en que Jesús es bautizado en el río Jordán. Dice el texto que el cielo se abrió y bajó una paloma, que es el Espíritu Santo. Ese es el primer mensaje. La Biblia no dice que era un palomo, sino una paloma (en femenino), muestra una deidad femenina.

Pero hay más todavía: la palabra hebrea para referirse al Espíritu Santo no es masculina, se pronuncia la “ruaj”, que es palabra femenina. Por lo tanto, el Espíritu Santo es una deidad que muestra forma femenina en el lenguaje teológico del cristianismo del primer siglo.

“Cuando uno se fija en el texto, si la paloma es la diosa, lo que dice lo confirma, que no es un padre, es una madre, porque la voz que viene del cielo dice: ‘Este es mi hijo muy amado’. Un padre en un mundo patriarcal nunca dice eso en público, los hombres se guardan eso, por lo tanto, la que está hablando es la madre”, explica fray Julián.


En el mundo existen 40 mil monjas, mientras que sacerdotes 15 mil.

Amparo Lerín no sólo se refiere también a la ruaj como el Espíritu Santo, sino que habla de cómo el mismo Jesús tenía un mensaje de inclusión de género, pues eran muchas las mujeres que lo seguían, como lo señalan los evangelios sinópticos. Y luego, en la Iglesia primitiva participaban del ministerio sacerdotal igual que el resto de los apóstoles.

“Para Jesucristo, las mujeres tenían el mismo valor que los hombres. No había distinción de raza, ni socioeconómica, menos de género; Jesús no hacía esta distinción entre sus seguidoras y seguidores, sentía inclinación hacia los sectores marginados, como las mujeres, los pobres y todos los que padecían discriminación”, expresa la sacerdotisa.

Según lo que ha estudiado Amparo, la mujeres encontraron en Jesús la esperanza de que las cosas fueran diferentes para ellas que no tenían un valor en su sociedad como personas, valían por ser “la hija de…”, “la esposa de…”, “la madre de…” Jesús las reivindica porque eran consideradas impuras por tener su período de menstruación o por dar a luz, y no se les permitía tener parte en la vida pública.

“La Iglesia cristiana nace como Iglesia igualitaria, pero es hasta que se institucionalizó como una religión oficial que se instituye jerárquicamente masculina, y se pierde toda situación de igualdad; las mujeres pierden los ministerios que ejercían como apóstoles, diaconisas, pastoras, maestras, o líderes”, resalta Lerín Cruz.

Sobre esto, Julián Cruzalta recuerda que es un hecho que había mujeres diaconisas y sacerdotisas en el primer cristianismo, porque antes se bautizaba sólo a adultos, y estando desnudos los sumergían en un río para luego ser vestidos de blanco.

Entonces, los esposos no permitían que otro hombre viera desnudas a sus esposas o hijas, para eso instituyeron mujeres diaconisas y sacerdotisas, para que fueran ellas las que bautizaran a otras mujeres.

El sacerdote saltillense Adolfo Huerta Alemán cita dos textos en los que se describen las aportaciones y la participación activa y ministerial que tuvieron las mujeres en las primeras comunidades cristianas.

Uno de ellos, de la autora Suzanne Tunc y titulado También las Mujeres Seguían a Jesús, muestra un desglose del nuevo testamento, desde la misma María, la madre de Jesús, hasta Magdalena, las hermanas Marta y María, la mujer de Cleofas, servidor del rey Herodes Antipas; Susana, Juana y otras que seguían de cerca a Jesús como sus discípulas, no como sus sirvientes.

La presencia de sólo mujeres, con excepción del apóstol Juan, durante la crucifixión y el anuncio de la resurrección, que se le dio primero a un grupo de mujeres, y no a los apóstoles, quienes estaban escondidos, mientras las seguidoras mujeres acudieron con valentía al sepulcro.

El libro resalta el papel de las diaconisas y otros ministerios recibidos por mujeres en las epístolas de Pablo, por ejemplo, la primera carta a Timoteo señala la existencia de mujeres diaconisas. Y textos antiguos cristianos como la Didascalia, confirman que eran ministras ordenadas.

“Las diaconisas recibían una verdadera ordenación. Formaban parte del clero”, dice el libro de Suzanne Tunc, y lo confirma tanto el padre Adolfo, como Julián Cruzalta, quien se refiere a más de 10 mujeres diaconisas con nombre en los textos de Pablo, resaltando a una de ellas.

“Eran mujeres con poder que bautizaban, presidían la cena, hay una que Pablo manda con una carta a Roma y dice ‘esta es más apta que yo, Nahunia. Recíbala, porque ella es más apóstol que yo, ha hecho mucho más por la Iglesia que yo’”, expresa Cruzalta.

SOMETIMIENTO ECLESIAL

Pero el avance de igualdad de género en la Iglesia primitiva se perdió con la institucionalización del clero. Los sacerdotes instauraron una religión patriarcal con una figura divina de varón y enterraron durante siglos la parte femenina de la deidad.

Es por eso que no sólo el catolicismo y las iglesias cristianas, sino el judaísmo y el mismo islamismo, siguen considerando a las mujeres en segundo plano, sin darles acceso a los ministerios ordenados, a las cúpulas de toma de decisiones. Son pocas las religiones que ordenan sacerdotisas y menos aún las que utilizan lenguaje incluyente en sus liturgias.

“Esto ha hecho mucho daño a las mujeres a través de la historia y del cristianismo. Las religión en general, y el cristianismo, han sido de exclusión para las mujeres: a los ministerios ordenados, a una vida plena, a la inclusión a una vida culta plena”, opina Amparo Lerín

Para ella las mujeres dentro de las iglesias sufren patrones de sumisión y dominación debido a que se piensa que como hay un Dios varón y como ese Dios es varón, hay que servir a los ministros hombres, como las religiosas católicas, que son casi como las sirvientas del párroco.

La Iglesia católica, para no ordenar mujeres sacerdotes, como la Iglesia anglicana o la presbiteriana reformada de México, argumenta que como el sacerdote actúa “in presencia Cristis”, es decir, que en el altar es la presencia misma de Cristo, las mujeres no lo pueden representar ya que Cristo era varón. El padre anglicano Víctor Vera dice que esto no es un dogma, sino un sofisma.

Cruzalta lo respalda. “Si se nos bau-tiza niños y niñas, ¿porqué una mujer no puede representar a Cristo?”, cuestiona y refiere la circuncisión del judaísmo, la cual por obvias razones sólo se aplica a los varones, por tanto, como las mujeres no la tenían, no participaban plenamente del judaísmo. Dice que el cristianismo actual ejerce una circuncisión mental, en la cual sólo los hombres pueden participar plenamente del cristianismo, porque a las mujeres se les excluye de la ordenación.


Representaciones de deidades femeninas de la prehistoria.

Ambos, el teólogo católico y el sacerdote anglicano, coinciden en que se trata de reglas de la Iglesia y no de dogmas, y que al ser así, el Papa y la jerarquía del resto de las denominaciones cristianas tienen el poder de cambiarlo.

Fray Julián refiere que el papa Pablo VI mandó hacer una Comisión Especial para que le encontraran alguna objeción en la Biblia y fundamentos teológicos para impedir que se ordenara a mujeres. Después de varios meses de estudio, la Comisión dictaminó que no existía ningún argumento ni bíblico ni teológico para no ordenar mujeres, pero nada cambió.

Ahora el papa Francisco mandó hacer otra Comisión para investigar si hubo mujeres diaconisas ordenadas en el siglo uno. Todavía está en proceso. Aunque Cruzalta tiene esperanzas, dice que las posibilidades son lejanas, también coincide con él Víctor Vera.

“Es una cuestión de amenaza al machismo imperante, pero de teológico no tiene nada. Es una cuestión económica. Más que factor teológico, es un factor cultural y económico, porque el párroco se ve amenazado de que la mujer le quite el trabajo, así de sencillo te lo digo”, dice Vera.

Amparo Lerín y la pastora Yesenia Cuevas dicen que quienes van ganando terreno son las iglesias cristianas protestantes, en las cuales ya hay ministras ordenadas en detrimento de un catolicismo que disminuye su crecimiento.

Esto de la disminución no lo dicen ellas, sino las cifras. Por ejemplo, en México, según varios estudios comparativos, mientras que hace cinco décadas había 90.5% de católicos, en 2010 era 82.7%, cifra que en el próximo censo podría cambiar.

HAY AVANCES, PERO TODAVÍA FALTA

Todos los entrevistados concluyen en la necesidad de que, como lo dijeron Juan Pablo I y el papa Francisco, haya un vuelco en la concepción iconográfica y presencia de la deidad; que cambie del terreno masculino pleno al femenino, incluso, todos señalan, hasta en el terreno neutro.

Sin embargo, todavía tienen miedo a declarar públicamente el lado femenino de Dios por miedo a ser perseguidos o señalados por sus propias iglesias, por eso se ha ido caminando despacio y cautelosamente.

La Iglesia luterana noruega, por ejemplo, ya tomó la decisión de en sus oraciones ya no decir Señor a Dios. Y hace pocos años la Iglesia anglicana hizo un llamado para que sus servicios religiosos se refirieran a Dios como ella, y ya no se viera al Ser superior como un “él”.

Por otro lado, la Iglesia Reformada Unida, desde 1984, acordó no usar el lenguaje sexista en sus publicaciones y recientemente instó a todas sus congregaciones a usar imágenes y lenguaje inclusivo en la adoración. Amparo Lerín ha propuesto en Mé-xico que en vez de usar el término masculino de Dios, se utilice uno femenino neutral, llamarlo “La Divinidad”, que es inclusivo.

¿Qué es lo que puede cambiar al tener la visión femenina de Dios? Todos los entrevistados coinciden en que eso traería aire nuevo a todas las religiones y un crecimiento de la católica. De eso habla el sacerdote Adolfo Huerta, al cuestionar sobre qué clase de Dios estamos proclamando los cristianos, donde la mujer está siempre en segundo lugar.

Señala también la ventaja que tendría, por ejemplo, en la Diócesis de Saltillo si la visión femenina de Dios permitiera la ordenación de mujeres sacerdotes en el catolicismo.

“Si en mí diócesis hay un poco más de 160 sacerdotes; sí ya hubie-ra mujeres sacerdotes, nos doblaría en número y habría un poco más de 160 sacerdotes mujeres. Seríamos un poco más de 300 pastores entre mujeres y hombres. Habría más gente atendida, más parroquias, pero en fin, creo que sale perdiendo más la Iglesia al seguir cerrándonos ante el sacerdocio de las mujeres”, señala el cura saltillense.

En general, los otros cuatro consultados dicen que la humanidad pierde al seguir dogmatizando una figura patriarcal y masculina de Dios, nulificando el rostro femenino de Dios, por eso dicen que es necesario volver a los orígenes y recordar que la divinidad en el principio de la humanidad nació femenina, que Dios nació mujer.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: