ENTREVISTA La Biblia con ojos de mujer: Por María Laura Riba.


 

(Por María Laura Riba para momarandu.com) La cubana Daylins Rufin Pardo es licenciada en Teología, también es profesora y realiza el doctorado en Filosofía -Universidad de La Habana-. Daylins es, además, pastora de la Fraternidad Iglesias Bautistas de Cuba; como tal sirve en una comunidad al este de La Habana. Y es biblista. Entrevistada por momarandu.com compartió su mirada femenina sobre los textos bíblicos y el derrotero de algunas biblistas

 

Rufin Pardo realizó su tesis para la licenciatura en Teología sobre Sor Juana Inés de la Cruz. Luego –contará- su inquietud “por el camino de la Biblia” la llevó a hacer la maestría en esa aérea, de ahí las coordenadas que hacen llamarla -entre otras especialidades- “biblista”. Su manera de abordar los textos bíblicos aportan una mirada particular, pues la cuestión de género la atraviesa y, como “cuerpo histórico” que es -tal como nos dirá-, no puede abordar un escrito bíblico sin lo que ella es.Daylins Rufin Pardo reside en Cuba, en La Habana, pero su labor pastoral la lleva a viajar por Latinoamérica. En esos viajes, Argentina se convirtió en punto de encuentro, y en uno de ellos, momarandu.com consiguió entrevistarla.

M.: ¿Qué es ser biblista?
Daylins Rufin Pardo: Cuando uno termina el estudio básico hay cuatro vías de especialización, de continuar algo, de ir de lo general a lo particular: la teología pastoral, la teología sistemática, la educación cristiana y el otro, lo que tiene que ver con el mundo de la Biblia. Se supone que una persona que decide seguir la vocación, el llamado a ser y servir como biblista, tiene que preocuparse más por las lenguas bíblicas, cosa que no es tan necesaria en las otras áreas de especialización; tiene que preocuparse más por los métodos hermenéuticos, o sea los diferentes tipos de interpretación, las diferentes miradas sobre el texto y, por supuesto, hay toda una tradición, que primero viene de la escuela histórica-crítica. A partir del siglo XIX, cuando toma auge el entender que el texto bíblico necesita ser mirado desde otros ejes y puesto en diálogo con otros recursos, como por ejemplo la gramática o las propias lenguas, es que empieza un boom muy grande y comienzan a abrirse ventanas acerca de cuántas formas tenemos, de cuánto podemos extraer y explorar de verdadero en un texto bíblico. Entonces, básicamente, yo que vivo enamorada del camino de la Biblia, ser una biblista es estar todo el tiempo dispuesta al asombro. Entrar a un texto con esas diferentes herramientas (lenguas, legua original, palabras, historia interpretativa del texto), así, cuando vas registrando todos esos datos todo el tiempo, descubres cosas diferentes en el texto, Es como una aventura, una exploración.

M.: ¿Cómo se lee la Biblia desde una mirada de mujer?
D.R.P.: Una de las miradas hermenéuticas, muy rica, es la que tiene que ver con la hermenéutica feminista o, después ampliando un poquito el lente, poniéndole más píxeles a esa foto feminista, la hermenéutica de género, que te pone a dialogar desde un poquitico más de preguntas que tienen que ver más con la relación hombre-mujer; no tanto fijarse en el rol de la mujer, favorecido o no, en el texto y en la construcción del texto. Particularmente a mí me encanta el evangelio de Juan. En Juan 20, sobre todo del 1 al 11 se relata el encuentro de María Magdalena con Jesús, en la tumba de Jesús; es un texto escrito en el espíritu de la resurrección. Ahí coinciden varias cosas: primero, que la resurrección ha sido uno de mis temas de todos los tiempos porque siempre me genera muchas preguntas y, por otro lado, es inevitable, uno lee desde la persona que uno es. El cuerpo histórico que yo soy es un cuerpo de mujer, de mujer con preguntas sobre la vida, sobre la permanencia de la vida, entonces es inevitable que todo eso no traspase y no dialogue mi lectura y relectura del texto. Y de ahí, con las herramientas de la hermenéutica femenina y la hermenéutica de género, se hace un entrecruce interesante.

M.: ¿Qué parte te seduce más de un texto bíblico?
D.R.P.: Me gusta mucho, mucho, mucho, rescatar la dimensión humana de los textos. Creo que eso es una herencia que me viene de lo que pude acopiar –yo era católica- de mi primera fe. El lugar donde empezaron a nutrir mi raíz; mi planta de la fe fue una comunidad católica muy especial, imagínate que en el catecismo a veces teníamos sesiones de ejercicios ignacianos…tenía 16, 17 años. Entonces, ese caminar por el texto y leer como si tú estuvieras siendo un actor más dentro del texto, eso viene de los ejercicios ignacianos. Me gusta interpretar el texto como metiéndome en la piel de los personajes. Después, en el camino bíblico de los estudios, me encontré con un recurso que es el bibliodrama: uno de los ejercicios es que tienes que ir pasando por los personajes y hablar como si tú fueras el personaje, en primera persona. En el bibliodrama se trabaja mucho con las emociones, con lo que te genera. Mi ejercicio solitario de mesa, de relecturas, está traspasado por esos sentires de meterse dentro del texto, de los saberes que uno ha ido acopiando y, desde ahí, es que yo me meto a leer un texto como el Juan 20. Meterse en la piel de María Magdalena.

M.: ¿Qué te ha dicho la María Magdalena de Juan 20 en este siglo XXI?
D.R.P.: Tienes ahí a una mujer que está perdiendo a alguien que la ayudó a ser diferente, que la incorporó en un camino de sentido de vida, Ese texto dice que hay una relación de amor entre ella y Jesús. ¿Hasta dónde llegó el amor? Eso es una incógnita, pero de que había una relación de amor, la había. De hecho, ¿qué hace esa mujer llorando, ahí, de madrugada, en medio de la persecución?, porque Jesús era perseguido, su muerte fue un crimen político por ser rey de los judíos. Entonces, contra la guardia, contra el poder político, contra todo peligro, esa mujer necesita ir ahí. El texto está lleno de imágenes muy lindas y muy fuertes; uno va sacando ahí las vetas hermenéuticas interpretativas, como por ejemplo: Magdalena no reconoce a Jesús, y eso me hace siempre pensar en que el dolor no nos deja ver bien, no nos deja identificar bien al amor; nunca se identifica bien al amor desde el momento donde estás tocando fondo en el dolor. Siempre me fascina pensar que ella sólo lo reconoce cuando él dice su nombre; hay algo particular en el hecho de que nos llamen por el nombre, siempre hace muy personal el encuentro.

M.: ¿Qué biblistas puedes mencionar que te hayan marcado? ¿Hay biblistas católicas con mirada feminista?
D.R.P.: En el grupo de biblistas de Latinoamérica hay muchas mujeres católicas y muchas de esas mujeres son monjas, ellas encarnan este tipo de veta hermenéutica también, este tipo de enfoque del que hablamos: Mercedes López, monja brasilera; Sandra Schneider, controvertida, chocante y genial. Ella tiene un texto sobre la Trinidad, que si bien no es hermenéutica bíblica como tal sino que más comulga con la sistemática, “God is more than two men and a bird (Dios es más que dos hombres y un ave)”…te sorprende. Allí ella dice que necesitamos abrir la cuestión trinitaria a otras figuras como lo femenino, porque Dios no puede seguir siendo solamente un hombre anciano, un hombre joven y un ave.

M.: ¿Esas monjas han tenido problemas con la iglesia católica?
D.R.P.: Algunas sí han tenido, de hecho está la filósofa y hermana Ivone Guebara, brasileña, que fue sancionada (en los años 90, por haber apoyado el aborto y hablar de temas relativos a la mujer y a la teología desde una perspectiva feminista. Le fue impuesto el «silencio obsequioso», silencio forzado, por dos años). Estoy pensando en otra mujer, la única que ha logrado, como laica, una cátedra en una universidad católica de Alemania: Uta Ranke-Heinemann. Ella hizo su tesis, un libro, desde esta misma mirada hermenéutica, “Eunocos por el reino de los cielos”. Aquí ella va levantando, críticamente, el uso de la mujer en los textos bíblicos y la figura de María, en textos canónicos y apócrifos.

Para concluir, Dailyns Rufin Pardo reflexiona que la Biblia, para ella, es la siguiente imagen: “Es la entrada a una cueva que de pronto se abre y hay un pasto inmenso y un cielo azul, un mundo inmenso lleno de cosas hermosas por descubrir, que hay que recorrer como si se fuese un niño, lúdicamente, sin encontrarte solo”.

http://www.momarandu.com/amanoticias.php?a=7&b=0&c=164458

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