TERCERA PARTE: MEDELLIN-68 La profunda crisis de la Iglesia Católica bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI: HECTOR ALFONSO TORRES ROJAS.


“MEDELLÍN-68”, III

“¿Futuro sin iglesias?”   “¿Iglesia sin futuro? (1)

El Concilio Vaticano II y  “Medellín-68” no han logrado cambios estructurales para las iglesias y para los pueblos de América Latina.  “La presencia de la Iglesia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio Vaticano II”, no ha tenido vigencia.

Durante varios años me he dado a la tarea de recopilar información sobre la crisis de la Iglesia católica. Esa información la recogí en un texto que circulé en forma virtual, hace algunos años, con el título siguiente:

“¿Futuro sin iglesias?”   “¿Iglesia sin futuro? (1)

Responsabilidad e Irresponsabilidad  Histórica de la Iglesia católica.

La Iglesia católica y las Iglesias de la Reforma Protestante están en la crisis más

profunda  de su Historia y en la Historia

  1. Este fue el título que un periodista alemán, de la SWF, dio a la entrevista-diálogo entre el obispo francés Jacques Gaillot y Eugen Drewermann, el 13 de octubre der 1995. Al obispo Gaillot, por sus posturas progresistas, Juan Pablo II le quitó la Diócesis de Evreux, en Normandía, Francia,  el 13 de enero de 1995. Al teólogo y sicoanalista Drewermann se le había prohibido enseñar a nombre de la Iglesia.

 

Si bien la crisis de la Iglesia no se inició bajo los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI,  que duraron 35 años, sí se profundizó ampliamente por la desilusión que produjo la no aplicación, en profundidad, del espíritu y de la letra del Concilio Vaticano II. América Latina tuvo una doble desilusión: no se aplicó el Concilio y tampoco “Medellín-68”.

La raíz histórica de la crisis milenaria que arrastra la Iglesia se debe buscar en los años de la Iglesia constantiniana, la primera gran crisis, cuando se formalizó el matrimonio Iglesia e Imperio, que expresó muy bien la toma o apropiación de la Iglesia por la nobleza romana, que se venía dando desde el siglo III.

La fecha simbólica de ese matrimonio se puede ubicar en el año 325, año del Concilio Ecuménico en la ciudad de Nicea, en Bitinia, hoy en Turquía, convocado por el Emperador Constantino, que era simpatizante del cristianismo más no bautizado, en su Palacio de vacaciones, al que asistieron  320 obispos de 1.800 invitados (mil del Oriente y 800 de Occidente), del 20 de mayo al  19 de junio. Constantino se hizo bautizar poco tiempo antes de su muerte, pero sí supo utilizar la Iglesia, para sus interese políticos. En el año 313 había emitido El Edicto de Milán, dando libertad a las iglesias  cristinas, en todo el amplio territorio del Imperio Romano.

Dos frases de San Jerónimo (340-420) dan testimonio de esa cruel realidad: “Desde que la Iglesia tiene emperadores cristianos, ella siempre ha crecido en potencia y en riqueza, pero ha disminuido en fuerza moral”.  

 

“Nosotros realmente ardemos de codicia, y mientras vociferamos contra el dinero, llenamos nuestros jarrones con oro, y nada nos es suficiente”. 

El historiador Eduard Hoornaert, explica muy bien la nueva situación en el siguiente texto:

““Consideremos por unos minutos una historia de 17 siglos atrás. Usted ha oído hablar de la «revuelta constantiniana». Imagine: en el año 325, el emperador Constantino invita a los obispos cristianos a reunirse en su residencia de verano, situada en un suburbio de Bizancio llamado Niceia. Una sorpresa total, pues su predecesor Diocleciano había deflagrado la más cruel persecución contra las comunidades cristianas. El nuevo Emperador, por el contrario, se dispone a ayudar a los obispos a resolver ciertos problemas de desunión existentes entre iglesias (en aquel tiempo, ese término indicaba comunidades locales). Los obispos apenas perciben que, detrás de sus palabras y de su gentileza, Constantino pretende valerse de las energías vigentes en el movimiento cristiano para enfrentar problemas de desunión a ser resueltos en la administración del Imperio.

Estos obispos vienen del interior, del mundo rural analfabeta, y ahora son recibidos con ‘honores senatoriales’. Se quedan muy impresionados y uno de los presentes, al ver al emperador conversando con sus colegas, exclama: ‘es el Cristo, el Cristo mismo está entre nosotros’. Constantino se hace de super-obispo y manda luego construir, en la ciudad capital Bizancio, en adelante llamada Constantinopla, una basílica tan inmensa que hasta hoy permanece una de las mayores construcciones del mundo cristiano, la ‘Hagia Sofía’ (Santa Sabiduría).

A finales del siglo IV ya funciona allí una corporación de clérigos cristianos, en los moldes de las corporaciones sacerdotales de la religión romana de la época, que se esmera en moldear una nueva liturgia cristiana, que convenga a una Basílica tan portentosa: introducciones y procesiones, mitras y estolas, capas y casullas, invocaciones solemnes, preces codificadas, cortesías y la indefectible hipocresía. Estas novedades impresionan a líderes cristianos del campo rural, que pasan a seguir la moda bizantina.

Así se forman paulatinamente corporaciones clericales en grandes centros poblacionales del Imperio como Antioquía y Alejandría, hasta alcanzar la lejana Roma. Se inicia, al mismo tiempo, un proceso administrativo eclesiástico en los moldes del sistema administrativo romano, se forma una jerarquía y una división del universo cristiano en torno a centros urbanos (las diócesis).Todo copiado o al menos inspirado por la administración del Imperio Romano. Se forma un nuevo tipo de obispo, que sabe hablar en público según las reglas de la retórica y pasa a cultivar modos corteses. Pero el cambio más importante consiste en la divulgación del principio corporativo. Se forma un cuerpo sacerdotal unificado, que pasa a controlar la multiplicidad de iglesias, o sea, de comunidades locales”” (parte de un artículo reciente con el título de la “Cortina eclesiástica”, con motivo del Año del laicado, en Brasil).

Se podría ubicar un segundo tiempo de gran crisis, en Occidente, en la Edad Media, cuando papas y  obispos eran simultáneamente “señores feudales”, más preocupados por sus tierras, por ampliarlas y por la cacería,  que por el Evangelio.

En los siglos XI y XII, nos encontramos con un  clero, no sólo ignorante sino más preocupado por el dinero que por las cuestiones eclesiales, bíblicas y pastorales. La mayor parte de población, más del 90 %, analfabeta. En este contexto, muchos claman por reformas, empezando por la vigencia y vivencia de la pobreza. Entre ellos los cátaros y albigenses, en el sur de Francia. Se crea la inquisición para reprimir las voces disidentes, sin aplicar reformas. En ese contexto, Domingo de Guzmán y Francisco de Asís, fundan sus órdenes “mendicantes”. Domingo le da importancia al estudio y a la predicación, para combatir las herejías. Francisco a la vivencia de la pobreza, en medio de un clero rico y prepotente.

Un tercer periodo de gran crisis, los tiempos de la Reforma de Lutero. Se convoca el Concilio de Trento pero no se llega a reformas de peso y fondo.  

Un cuarto momento de gran crisis, la Revolución Francesa, que pone en tela de juicio la alianza entre emperadores y papas; obispos y feudalismo. Papas, obispos  y teólogos defienden el derecho divino de los reyes… Se excomulga a quien no esté de acuerdo. La revolución Francesa  propone la democracia y los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que El Vaticano rechaza y condena. Siglo XIX, siglo de condenas y anatemas a las llamadas ideas modernistas.

Un quinto tiempo de gran crisis acumulada, en la primera mitad del Siglo XX, a la cual trató de responder el Concilio Vaticano II.

Un sexto tiempo, ya no sólo de crisis acumulada sino de descristianización y post-cristianismo. Sobre todo desde los años ochenta del Siglo XX hasta nuestros días…

Es preciso tener en cuenta que durante el segundo milenio, en cada siglo siempre hubo voces proféticas clamando la vivencia del evangelio, pobreza, reformas y cambios. A varios se les aplicó la inquisición.

Algunas voces de alerta y hechos con relación a la crisis de descristianización que atraviesa la Iglesia

Hans Kung: Cisma entre la jerarquía y las bases

Henri Boulard, S.J. En carta la Papa: “El lenguaje de la Iglesia es obsoleto”

Austria: 329 párrocos llaman a la desobediencia, ante la falta de reformas serias y de fondo.

Holanda: El país más secularizado. País pionero en cierre y venta  de templos.

Bélgica y España. Faltan profesores de religión, suponiendo que “la clase de religión” sea la solución para la evangelización de los jóvenes.  En el 23% de los colegios vascos no se enseña religión.

Italia. La Iglesia es dueña de un tercio de todos los bienes raíces de Italia.

Francia. Alguien afirmó: “Los papas han metido el Concilio en conserva”

España. González Faus, S.J. La Iglesia está nombrando obispos en contra del Evangelio.

USA. Cien mil católicos abandonan la Iglesia cada año. Se necesita relevo generacional en las congregaciones religiosas.

Brasil. Los obispos tienen miedo a la caída de los católicos. Son el 67.84%. La Iglesia decreció el  20% en los últimos años. La población pentecostal subió al 40%.

México. Decrece el número de católicos. Los jóvenes son menos religiosos.

Colombia. Isabel Corpas, Prof. En la U-Javeriana. “Colombia, un país católico pero de nombre”

Chile. Ronaldo Muñoz, teólogo: “Hay muchos curas para los ricos”

Argentina Domingo Riorda. “Observatorio Eclesial”: “Declinación de la Iglesia institución. Declinación católica y explosión pentecostal”.

Benedicto XVI funda, el 28 de junio de 2011, La Congregación para la Nueva Evangelización. ¿Un organismo burocrático más en El Vaticano?  No se ven sus efectos. El alejamiento de católic@s continúa en todos los países católicos de Occidente.

 

“El colapso de su teología”

Leonardo Boff escribió una columna de opinión bajo el título: “El colapso de su teología: ¿razón mayor de la renuncia de Benedicto XVI?”

 

En mi criterio es el colapso de la teología y de  la forma de pastorear la Iglesia, de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

 

Boff  afirma: Siempre es arriesgado nombrar a un teólogo para la función de papa. Él puede hacer de su teología particular la teología universal de la Iglesia e imponerla a todo el mundo. Sospecho que este ha sido el caso de Benedicto XVI, primero como cardenal, nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-Inquisición) y después como Papa”,…

“Las tesis centrales de su teología siempre fueron problemáticas para la comunidad teológica. Tres de ellas acabaron siendo refutadas por los hechos: el concepto de Iglesia como un «pequeño mundo reconciliado»; que la Ciudad de los Hombres sólo adquiere valor delante de Dios pasando por la mediación de la Ciudad de Dios, y el famoso «subsistit» que significa: sólo en la Iglesia católica subsiste la verdadera Iglesia de Cristo, todas las otras Iglesias no se pueden llamar Iglesias. Esta concepción estrecha de una inteligencia aguda pero rehén de sí misma, no tenía la suficiente fuerza intrínseca ni la adhesión necesaria para ser implementada. ¿Benedicto habría reconocido el colapso y coherentemente renunciado? Hay razones para esta hipótesis”… (1).

Es el “colapso” no sólo de la teología de Benedicto XVI sino también el “colapso” de la teología de Juan Pablo II. Es el fracaso de la teología “particular” de estos dos papas Es también el fracaso de la teología que llamo yo “teología vaticana”, esto es, la que imponen, por medio de sus documentos, las congregaciones vaticanas. Y en primer lugar, la Congregación para la Defensa de la Fe o nueva Inquisición, cuando se lanza, inclusive con castigo y excomunión, contra las teólogas y los teólogos progresistas de todos los continentes, incluyendo la Teología de la Liberación.

 

Preguntas pertinentes

¿Del teísmo al ateísmo?

¿De la fe al agnosticismo?

¿De la creencia a la increencia?

¿De la apostasía al ateísmo, al agnosticismo, a la increencia?

¿De la sacralización a la indiferencia?

¿De la religión a la secularización?

¿De la religión a la intolerancia?

¿De sociedades religiosas  a sociedades post-religiosas?

¿Del paradigma religioso a un paradigma pos religional?”

¿De sociedades uni-religión vamos a sociedades pluralistas desde el ángulo religioso.

 

¿Se inicia una larga etapa postcristiana? 

 

Frases tomadas del libro virtual: ¿“Iglesia sin futuro o Futuro sin Iglesias?

 

“La cristiandad es la falsificación del cristianismo”, 

Soren Kierkegaard Citado en ECUPRES. Prenot  9913, 12-03-28. 

 

“La agonía del cristianismo”.  Miguel de Unamuno, 1925.

 

“La cristiandad ha muerto”, Emmanuel Mounier, 1949, Francia.

 

“Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”

 Obispo Jacques Gaillot, Evreux, Francia, destituido por Juan Pablo II.

 

“La Iglesia Católica es una religión más”. Encuesta sobre los jóvenes mexicanos y la Iglesia,     (2011).

 

“La Iglesia Católica actual se ha sumergido en un invierno riguroso”. Leonardo Boff

 

“La verdad católica ya no es autoridad”. Émile Poulat, católico francés, historiador de la Iglesia y teórico del laicismo. Autor de varios libros. Profesor universitario y conferencista. Paris.

“¿Paso de la catolicidad a la laicidad?”

Pregunta de Danièle Masson  a Émile Poulaten el libro “France chrétienne, France laïque” (Francia cristiana, Francia laica), Paris, 2008.

 

“¿Creer sin pertenecer. Pertenecer sin creer”?

 

“Ni cruz, ni kippa, ni chador”

Slogan en el debate sobre los símbolos religiosos en espacios públicos, en Francia

 

“No es posible reflexionar a la sombra de una iglesia”.

Grafiti en la puerta de la Iglesia de la Sorbona, Mayo de 1968. 50 años de la revolución estudiantil y juvenil.

“Dios no es ya una evidencia social”, Émile Poulat, historiador, profesor. Paris.

 

“La verdad se encuentra en el futuro, no en el pasado.” Poeta sirio Ahmad Said Esber

 

“El ateísmo es una bendición para purificar el cristianismo. La fe moderna debe pasar por el crisol del ateísmo”. Obispo anglicano

 

“El ateo es un hombre de convicciones. El cristiano de costumbres”. Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, No, 20

 

“El cristianismo, religión de la salida de la religión”. “Hacia una espiritualidad laica: sin creencias, sin religiones, sin dioses” Mariá Corbí, S.J. Profesor y escritor. Barcelona.

En 1994, en una encuesta, en Francia, se preguntó a los creyentes: ¿En las grandes decisiones de la vida, qué prima más: su conciencia o las enseñanzas de la Iglesia?

El 83% respondió que la propia conciencia. Y solamente el 9% invocó las dos: Libertad de conciencia y enseñanzas de la Iglesia (Henri Tincq, Dios en Francia, 2003, pág. 83).

 “¿Dónde están las grandes iglesias en nuestro mundo secularizado y pluralista, entre la cristiandad que ha desaparecido y un futuro emancipado de la religión?… Personalmente, tengo la tendencia a pensar que la religión va morir en Occidente. Pero lejos de ser pesimista y de entristecerme, esta perspectiva me inspira gratitud y multiplica mi esperanza. La desaparición bajo las formas actuales  puede significar que llegaron al término de su misión, que se puede y se debe alegrar de aquello que han logrado aportar al mundo,  globalmente, y que es positivo verlas desaparecer para que pueda llegar el día de nuevas formas de vida espiritual”... Olivier Abel, filósofo protestante. Profesor en la Facultad Protestante de Teología, en Paris.

¿Qué habría que hacer?

Des-dogmatizar…  

De-construir…

Re-leer…

Re-visar

Re-pensar…

Re-interpretar…

Re-formular…

Re-diseñar

Re-ingeniería teológica…

No se puede guardar el vino nuevo en odres viejos…  No es prudente remendar un vestido viejo con retazos nuevos…, afirmaba Jesús de Nazaret.

“Los conceptos teológicos son constructos que, sin dejar de ser verdaderos, no lo son nunca de manera adecuada, y por eso precisan estar en continua revisión, sobre todo cuando los cambios culturales dejan al descubierto su inadecuación especialmente fuerte en un nuevo contexto. Pero, si se los sacraliza, en lugar de poner los recursos filosóficos al servicio de su renovación y transformación, se propende o bien a abandonarlos (caso de Morel) o bien a fosilizarlos, sin posibilidad de actualización (caso de Galot). La realidad es que personalmente tengo la impresión de que en ambos casos se pierde toda oportunidad de renovación teológica”. Teólogo español Andrés Torres Queiruga, en el epílogo de su libro “Repensar la resurrección. La fe en común en la diferencia de las interpretaciones”.

“Las profesiones de fe y los dogmas son fórmulas ‘muertas’, ‘vacías’, es decir, inadecuadas… Cuando los contenidos que traen a la memoria no ponen de manifiesto su peligrosidad… Cuando esta peligrosidad se difumina bajo el mecanismo de la mediación institucional, y cuando, en consecuencia, las fórmulas sólo sirven para el auto-mantenimiento de la religión que las transmite y para la auto-reproducción de una institución eclesial autoritaria que como transmisora pública de la “memoria” cristiana ya no afronta la peligrosa exigencia de dicha memoria”. Teólogo alemán Juan Bautista Metz.

 

Esas preguntas y afirmaciones se hacen en un periodo de la historia de la Iglesia, en que ésta goza de una enorme infraestructura:

++  Un Vaticano está mucho más cargado de burocracia

++  Las diócesis se han triplicado

++ La creación permanente de parroquias. Son cientos de miles de parroquias. Pero han disminuido en Europa Occidental

++ El aumento mundial de las facultades de teología. En Colombia hay cerca de 20.

++ La proliferación de editoriales, revistas y periódicos católicos

++ La publicación cuasi inagotable de libros

++ La creación de un sinnúmero de canales de TV y radios católicas

++ La organización de múltiples movimientos laicales

++  La continua fundación de congregaciones religiosas. Otras desaparecen.

A título de conclusión ante la nueva situación eclesial y mundial

*** “Debemos desdogmatizar muchas cosas. Antes todo era categórico, dogmático, sabido… Obispo Pedro Casaldáliga, catalán-brasilero

*** “Debe desaparecer esa imagen de un “dios” soberano a quien nuestra oración tal vez logrará cambiar o conmover”.  “Las profesiones de fe y los dogmas son fórmulas ‘muertas’, ‘vacías’, es decir, inadecuadas”… Andrés Torres Queiruga, teólogo. España

*** “Los problemas de la sociedad no se resuelven a punta de oraciones o de prohibiciones

morales”. René Rémond, intelectual católico.  Francia

*** La Imagen de un dios ofendido y vengativo hasta el extremo. Idea de un intervencionismo divino, arbitrario y desde “fuera”. Enrique Martínez Lozano, teólogo. España

*** “La jerarquía define la conducta de la Iglesia, y, después, pide al Espíritu Santo que realice lo que fue ya decidido”. Joseph Comblin, teólogo. Brasil-Bélgica

*** “En la Iglesia no sabemos en estos momentos cómo actuar en esta situación nueva e inédita, en medio de una sociedad cada vez más indiferente a dogmas religiosos y códigos morales. Nadie tiene la receta. Nadie sabe exactamente lo que hay que hacer. Lo que necesitamos es buscar caminos nuevos con la humildad y la confianza de Jesús.  Tarde o temprano, los cristianos sentiremos la necesidad de volver a lo esencial. Descubriremos que solo la fuerza de Jesús puede regenerar la fe en la sociedad descristianizada de nuestros días. Entonces aprenderemos a sembrar con humildad el Evangelio como inicio de una fe renovada, no transmitida”. José Antonio Pagola, teólogo. España.

*** “La dificultad está en el lenguaje”

“Este libro intenta expresar la fe única y eterna en Jesucristo y su Dios, en el lenguaje de la modernidad. La sociedad occidental del futuro no va a seguir pensando como lo hacían los que la precedieron, así como el adulto tampoco habla ni piensa como lo hacía cuando era niño. Por eso, el ofrecimiento divino de la salvación, que llega al hombre a través de la Iglesia y su proclamación, exige que nos desprendamos de las representaciones y certidumbres en las que ella misma se sentía cómoda hace un tiempo, y también del lenguaje en que las ha entregado y anunciado fielmente. En virtud de la dinámica interna de una evolución que también es obra creadora de Dios, el bloque granítico de la modernidad se ha desprendido por sí mismo del macizo montañoso de la historia humana, golpeando con fuerza los pies de arcilla de la fe medieval de la Iglesia. Y a este monumento grandioso -la vieja Iglesia institucional de veinte siglos, cuya cabeza dorada está en Roma– le aguarda un destino semejante al de la imponente estatua que vio el rey Nabucodonosor en su sueño. Las ideas desarrolladas en este libro explican el porqué de este destino inevitable.

En el fondo, se trata de un problema de lenguaje, sin que éste sea reducido a un sistema de palabras, sino por el contrario, ampliándolo de tal manera que abarque la totalidad de las formas expresivas de la Iglesia. Para el hombre occidental del tercer milenio, el lenguaje de la tradición cristiana se ha vuelto un idioma extraño, una lengua para iniciados, accesible sólo para esa porción cada vez más pequeña de la población que todavía se maneja con las representaciones del pasado. En la actualidad, esto lo vemos y oímos a cada rato, pero rara vez sacamos las consecuencias prácticas de esta verdad. La mayoría de las veces nos quedamos en análisis que derivan en previsiones poco gratas o bien en llamados a una nueva evangelización, como si ésta fuera una nueva oportunidad, pero conservamos el lenguaje del pasado, dejando de lado algo absolutamente necesario, como la traducción del mensaje cristiano a un lenguaje en el que el hombre y la mujer modernos puedan reconocerse a sí mismos.

El concilio Vaticano II sospechó lo peligroso que podía ser para la fe, el abismo progresivo que se iba produciendo entre el lenguaje de la predicación y el de la modernidad. Comprendió que en la liturgia no tenía sentido escuchar el mensaje de la fe en un idioma en que el 99% de la gente no entendía ni un ápice. El latín eclesiástico era tal vez el símbolo más claro de la distancia que existía entre la predicación y el hombre y la mujer modernos. Por eso, tratando de acercar la Iglesia a los tiempos, el concilio reemplazó el latín litúrgico por las lenguas vernáculas, como un inicio de la obertura de la gran sinfonía de la renovación. Pero, ¿qué utilidad puede tener el abandono de un símbolo, si la realidad simbolizada permanece intacta? Los textos que se siguieron presentando a los fieles, ahora traducidos del latín a las respectivas lenguas, continuaron siendo comprensibles sólo para los iniciados. Y la liturgia, por muy importante que ella sea, es sólo una parte de la vida eclesiástica.

La Iglesia necesita una reforma más radical, que toque todos sus dominios. Tanto en su mensaje como en la forma de presentarse, debe dar cuenta de la realidad moderna. Eso es exactamente lo que este libro quiere ensayar. Intentará algo a lo que muy pocos se han atrevido, que es desempolvar nuestra doctrina de la fe del lenguaje y de las representaciones de la Edad Media, para formularla en el idioma actual. Esta formulación moderna de la fe única y eterna en Jesucristo y su Dios, se aparta hasta tal punto de la tradición, que necesariamente va a despertar la sospecha de ser heterodoxa. Pero no lo es de ninguna manera. El propio lector se convencerá de ello.

… Describe descarnadamente el cambio de esquemas o paradigmas de pensamiento,  cambio que nos aleja radicalmente de los esquemas mentales bíblicos y más todavía de los de la iglesia medieval en los que se han quedado bajo las formas actuales,  puede significar que llegaron al término de su misión, que se puede y se debe alegrar de aquello que han detenido una buena parte de nuestros catecismos y tratados de teología…” Roger Lenaers, S.J. Teólogo belga-flamenco. En la Introducción, en “Otra teología es posible”

*** “¿Dónde están las grandes iglesias en nuestro mundo secularizado y pluralista, entre la cristiandad que ha desaparecido y un futuro emancipado de la religión?… Personalmente, tengo la tendencia a pensar que la religión va morir en Occidente. Pero lejos de ser pesimista y de entristecerme, esta perspectiva me inspira gratitud y multiplica mi esperanza. La desaparición bajo las formas actuales  puede significar que llegaron al término de su misión, que se puede y se debe alegrar de aquello que han logrado aportar al mundo, globalmente, y que es positivo verlas desaparecer para que pueda llegar el día de nuevas formas de vida espiritual”…   Un profesor protestante de Paris.

“Todo se está viniendo abajo. Vivimos los tiempos terroríficos y fascinantes de un cambio de época en la humanidad: “nos encontramos no ante un cambio de cultura… sino en un verdadero cambio epocal”, afirmaba en la Universidad Francisco de Victoria, Monseñor Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización.

Ya hace unos años Edgar Morin, el promotor de un nuevo paradigma científico y epistemológico, llamado “pensamiento complejo”, decía que “estábamos viviendo en un Titanic cultural y social, sin rumbo y rodeados de icebergs. Ahora parece que estamos viviendo el hundimiento de ese Titanic”.

*** Hay una sensación generalizada de decadencia del modelo vigente y de anhelo de algo nuevo. Por todas partes, se habla de la necesidad de un nuevo paradigma diferente y más integrador que el actual. Marx, Nietzsche y Freud, ven confirmados (con todas las correcciones necesarias) sus análisis críticos de la civilización actual: Una civilización con un fuerte componente de represión, odio a la vida y al ser humano, explotación e injusticia.

Desde los ámbitos laicos más lúcidos se habla de la necesidad de salir de un modelo de civilización que ya lleva unos seis mil años de vigencia, la civilización patriarcal, una civilización basada en el control racionalista, la dominación de unos sobre otros, la guerra, la tecnocracia, la idolatría económica, el desprecio al cuerpo y las emociones, la represión de la mística, el sometimiento de la mujer y la agresión a los niños mediante una educación autoritaria, la explotación de la naturaleza, el individualismo extremo…”

José Antonio Vázquez Mosquera, monje cisterciense de Santa María de la Huerta, España.

 

Héctor Alfonso Torres Rojas, Licenciado en teología y Sociología

Bogotá, 2 de mayo de 2018

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