Mística, madre de familia, fundadora: la mexicana que podría llegar a ser Doctora de la Iglesia


CONCEPCION CABRERA DE ARMIDA

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Concepción Cabrera de Armida, un caso excepcional en la historia de la mística universal, va camino a los altares

Concepción Cabrera de Armida (San Luis Potosí, 1862 – Ciudad de México, 1937), mejor conocida como “Conchita” va camino a los altares. Recientemente, el papa Francisco ha reconocido el milagro que le abre las puertas a la beatificación y a una posible santificación.

Carlos Francisco Vera Soto es una sacerdote Misionero del Espíritu Santo que ha seguido, quizá como nadie más en México, la obra y la vida de Conchita Cabrera; ha estado muy cercano a sus escritos, a su labor fundadora, a su espiritualidad y a su enorme presencia en la vida espiritual de un México convulso, el México de la Revolución y de la Cristiada.

¿Qué importancia tiene para México el reconocimiento del milagro atribuido a Concepción Cabrera de Armida y la muy pronta beatificación de esta mujer?

La beatificación de esta mujer mexicana es importante porque se reconoce que una hija de estas tierras ha generado una espiritualidad y unas obras que tienen un mensaje de gran actualidad.

México ha sido un país que ha sufrido en muchos momentos de su historia la dificultad de vivir su fe católica en plenitud.

Conchita vivió en los tiempos más convulsos por los que ha atravesado este país, desde la intervención francesa, el Segundo Imperio, los gobiernos liberales que despreciaron a la Iglesia católica, la Revolución, la persecución callista, las Leyes de la educación socialista que la excluían, etcétera.

Y esta mujer tuvo una actitud abierta al Espíritu que la llevó a trabajar siempre por el bien, la fraternidad y la búsqueda de caminos de reconciliación.

El papa Francisco reconoció el 8 de junio de 2018 el milagro atribuido a Conchita, esto es como el sello y la validación de toda su espiritualidad y su obra.

Se puede decir que es “la firma de Dios” que garantiza esta espiritualidad como un camino de santidad, por esto es importante este reconocimiento.

De todas las virtudes de su obra como hija, esposa, madre, mística, escritora, fundadora y colaboradora de Jesús en la construcción del Reino, ¿cuál destacaría y por qué?

Concepción Cabrera tuvo una rica personalidad y en todas sus fases podemos admirar el poder de la gracia y la manera como Dios trabaja con quien secunda libremente su propuesta de salvación.

Lo más admirable en ella es la armonía de una discípula y misionera que presta su espacio y su tiempo para fecundar a la sociedad en la que le tocó vivir.

Fue una esposa y madre modelo (y también nuera, suegra, cuñada, abuela, tía) fue una mística y escritora que abordó prácticamente todos los temas teológicos más complejos sin haber apenas tenido formación, y fue un apóstol decidido que con la inspiración divina enriqueció a la Iglesia con obras para ayudar a otros en su camino de santidad.

Sin embargo, me parece que el punto más admirable y duradero en Conchita está en su aspecto místico, ya que legó a la Iglesia una inestimable cantidad de escritos que contienen el germen para ser estudiados y desarrollados más adelante para acompañar procesos de santidad.

Es un caso excepcional en la historia de la mística universal.

Dígame tres elementos destacados de la espiritualidad de Conchita que tengan que ver con lo que necesitamos rescatar en estos tiempos.

En primer lugar, el elemento sacerdotal de su espiritualidad. La espiritualidad de la Cruz propone acentuar una mirada sacerdotal que busca tender puentes.

Invita a todos y todas a trabajar por formar un pueblo sacerdotal, contemplativo (que ora) y solidario (que trabaja), especialmente por los más desfavorecidos, por los sacerdotes y por todo el pueblo de Dios.

Seguido de la búsqueda por extender el Reinado del Espíritu Santo, esto quiere decir que en todo y en todos reine el Amor. Es la propuesta sencilla y comprometedora de vivir bajo la sombra del Espíritu y al calor de sus inspiraciones.

Finalmente, en tercer lugar, Conchita propone en su espiritualidad una vida en donde el amor a Dios y el amor a los demás se viva de manera eficaz, a través del ejercicio constante de las virtudes.

¿Y cuál podría ser su propuesta?

En un mundo orgulloso y hedonista propone la humildad y la entrega a los demás; en una sociedad que busca siempre los primeros puestos y la riqueza como meta de la vida, propone la caridad fraterna y la solidaridad con los necesitados. En un mundo descreído y sin esperanza propone la fe en Dios y la confianza en Él y en los demás.

En pocas palabras, vivir lo ordinario de la vida de manera extraordinaria, como Jesús y como María, madre nuestra y modelo de vida según el Espíritu.

Un arzobispo que acaba de fallecer, me dijo que iba a ser difícil que beatificaran a Conchita porque “había escrito mucho”. Quizá eso fue lo que hizo que tardara tanto la beatificación, ¿no cree?

Ciertamente que la causa de Conchita fue muy larga, de 1959 que se introdujo, a 2018 que se le reconoció el primer milagro, y seguramente el arduo estudio y la valoración de sus escritos llevó la mayor parte de ese tiempo.

Se conocen 66 tomos manuscritos de su diario espiritual (Cuenta de conciencia) aproximadamente 6.242 cartas (a arzobispos y obispos, sacerdotes, religiosas, laicos y familiares), 46 obras editadas, de las cuales muchas fueron escritas a petición de obispos mexicanos (devocionarios, obras de piedad, reflexiones, manuales para orar) y 27 obras inéditas, lo que dan un total de alrededor de 66.000 páginas.

Todos estos escritos fueron examinados, por eso en su estudio y valoración se cree que tardaron aproximadamente 23 años.

Entonces nos encontramos ante la fuerza mayor en esta hija de la Iglesia: sus escritos son un tesoro que seguramente irá siendo desgranado y distribuido para alimentar a la Iglesia.

Pensamos que cuando Conchita sea universalmente conocida y sus obras leídas y meditadas, podrá ser declarada Doctora de la Iglesia. Lo que pareció la mayor dificultad es ahora el mayor bien.

¿Habría motivo, como pasó con Junípero Serra, para que a Conchita se le dispense el segundo milagro y sea santificada muy pronto?

La vida y obra de Conchita nos parece en todos sus aspectos admirable. Sin embargo, el camino que ella ha llevado en su ascenso hacia los altares ha sido el mismo que llevó en su vida terrena: “todo sellado por la Cruz”.

Motivos habría muchos: la actualidad de su mensaje, la actualidad de su figura, la concordancia con lo que el papa Francisco está hablando sobre la santidad cotidiana y el ejemplo de Conchita, pero esos juicios corresponden a la autoridad competente.

Creemos que la fase en la cual ahora se encuentra su causa es la de difusión. Debemos difundir la vida y el mensaje de esta mexicana universal que ha sido un regalo de Dios para su Iglesia.

Como dijo de ella el anterior Nuncio apostólico, monseñor Christopher Pierre: “Su vida de relación con Cristo ha sido una fuente de vida espiritual, de valores cristianos, y sería bueno para los mexicanos conocer más a Conchita, porque para mí, Conchita es la mexicana. Es verdaderamente humana. Ha encarnado en sí lo mejor de nuestra fe”.

Mística, madre de familia, fundadora: la mexicana que podría llegar a ser Doctora de la Iglesia

Hna. Simone Campbell dice que el sustento espiritual es necesario para cambiar las injusticias


Servicio Social Hna. Simone Campbell habla el 13 de junio en Catholic Theological Union en Chicago. (Cortesía de Catholic Theological Union)

«El Evangelio trata de luchar por una visión»: podemos influir en el proceso político, superar tiempos de odio

En estos «tiempos desafiantes», no es suficiente luchar contra la injusticia, dijo el Servicio Social, Hna. Simone Campbell, directora ejecutiva de Network, un lobby católico de justicia social y organizadora de la campaña Nuns on the Bus .

«Si rechazas algo, refuerzas lo que estás presionando», dijo en una presentación el 13 de junio en la Catholic Theological Union en Chicago. «Te quedas atascado porque ambos presionan».

En cambio, Campbell dijo, «el Evangelio es acerca de luchar por una visión», la que Jesús articuló sobre el reino de los cielos.

«Esa visión, creo, nuestra nación necesita saber y debemos luchar», dijo.

«Nosotros, como nación, somos mejores que esto», dijo después de contar historias de personas a las que ha conocido que luchan por alimentar a sus familias, que no tienen hogar, carecen de atención médica o están sumidas en la deuda de los estudiantes.

Pero para influir de manera efectiva en el proceso político será necesario el sustento espiritual, dijo Campbell, que tiene 14 años de experiencia como cabildero en Washington, DC

«Creo que nuestra única forma de salir de este lío es enraizándonos en una fe más profunda … en la profundidad del amor divino que puede ayudarnos a superar en tiempos de odio», dijo. «Ausente una práctica de oración profunda, estamos condenados».

La tentación es acostumbrarse a la polarización, el acoso y el caos en la cultura política, dijo Campbell.

En cambio, Network tiene un plan proactivo para «reparar la brecha», especialmente para aquellos que sufren debido a injusticias económicas y de otro tipo, dijo Campbell.

Network fue fundado en 1971, después del Concilio Vaticano Segundo, por un grupo de hermanas que deseaban involucrarse en el activismo político para la justicia social a nivel federal. Ahora incluye a miles de hombres y mujeres que apoyan los esfuerzos de cabildeo de Network, que se basan en la enseñanza social católica.

Servicio Social Hna. Simone Campbell, izquierda, y St. Joseph Hna. Sallie Latkovich, directora del Instituto de Verano de Catholic Theological Union (Cortesía de Catholic Theological Union)

Campbell explicó las prioridades de la red, que incluyen una política fiscal justa, salarios justos y un lugar de trabajo favorable a las familias. Ella criticó las políticas y las prácticas laborales que dejan a los trabajadores incapaces de vivir de lo que hacen, sin posibilidad de recreación o ahorro para la jubilación, o sin tiempo de enfermedad pagado.

Además de esas tres prioridades económicas, Campbell dijo que Network aboga por cuatro tipos de acceso:

  • acceso a la democracia, que incluye los derechos de voto;
  • acceso a la atención médica, que la iglesia enseña es un derecho humano básico;
  • acceso a la ciudadanía, que incluye la apertura a la inmigración; y
  • acceso a la vivienda, que Campbell llamó un tema fundamental, «clave» porque sin él, las personas no pueden encontrar trabajo, funcionar como familias y cuidar de sus comunidades.

Aunque la parte de preguntas y respuestas de la presentación mostraba el desaliento de los miembros de la audiencia con los problemas individuales y el proceso político en general, Campbell parecía no intimidado.

Dijo que recientemente envió al presidente de la Cámara Paul Ryan, un republicano católico de Wisconsin, una copia anotada personalmente de la nueva exhortación del Papa Francisco, Gaudete et Exsultate («Regocíjate y sé feliz»), aunque dijo que se rehúsa a reunirse con ella. La próxima semana, dará un taller a los Demócratas de la Cámara sobre cómo hablar sobre la fe.

«Espero que la gente hable sobre lo que realmente importa», dijo.

Campbell dijo que es posible que los demócratas obtengan el control de la Cámara después de las elecciones de mitad de año de este año, pero advirtió que los políticos de ambos lados del pasillo deben comprometerse a gobernar, no solo al partidismo.

Citando la encíclica del Papa Francisco » Laudato Si» , sobre el cuidado de nuestro hogar común , «Campbell instó a los católicos a» atreverse a convertir lo que está sucediendo en el mundo en nuestro propio sufrimiento personal y así descubrir lo que cada uno de nosotros puede hacer al respecto «. »

Pero requerirá una buena disposición para arriesgarse y «dejar que Dios se haga cargo de nuestras vidas», que no solo proviene del asentimiento académico a la fe, sino de la profunda espiritualidad de las prácticas contemplativas «profundamente enraizadas en un evangelio de amor que triunfa sobre todo». ella dijo.

«Así es como trato de vivir mi vida: confiando», dijo. «No veo otra salida para esto».

Para salvar su cordura y salvar la democracia, los activistas no pueden distraerse con la maldad y el odio, dijo.

Cimentados en los valores del Evangelio, los católicos pueden levantar «lo que realmente somos» e incluso llegar a enamorarse de aquellos con los que no están de acuerdo, dijo.

«Es posible resolver problemas juntos», dijo. «Tenemos algo de trabajo que hacer».

[Heidi Schlumpf es corresponsal nacional de NCR. Su dirección de correo electrónico es hschlumpf@ncronline.org . Síguela en Twitter: @HeidiSchlumpf .]

http://globalsistersreport.org/news/equality/sr-simone-campbell-says-spiritual-sustenance-necessary-change-injustices-54386

La caqueteña que estudió el papel social de la coca


La caqueteña que estudió el papel social de la coca

12 de junio del 2018

“Cuando yo empecé a hacer esta investigación me encontraba en embarazo, y estuve en el paro agrario de 2013 en el Caquetá, visitando concentraciones y campesinos y para mí esto fue un doble parto, el de mi hija y el de mi tesis”, así describe Estefanía Ciro Rodríguez, una mujer oriunda del departamento del Caquetá, la investigación que le permitió obtener el importante premio otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), para la promoción de jóvenes investigadores de América Latina.

Se trata del premio Unesco/Juan Bosch para la promoción de la investigación en ciencias sociales en América Latina y el Caribe, que este año llegó a su tercera edición, por su estudio sobre el papel social del cultivo de hoja de coca en la Amazonía colombiana.

Estefanía Ciro Rodríguez es doctora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; estudió la licenciatura en Economía en la Universidad de los Andes en Bogotá (Colombia) y es maestra en Historia de la misma institución.

En diálogo con KienyKe.com manifestó que las investigaciones en el país sobre este tema tienden a crear un concepto negativo sobre estos cultivos, pero no abordan el asunto de fondo: el aspecto cultural. Por eso resaltó que su estudio tiene relevancia política y académica, ya que permite tener una noción más clara de cómo estas comunidades han sido golpeadas por la violencia pero, a pesar de esto, los cultivos de coca siguen haciendo parte de su cotidianidad.

Para ella, este importante reconocimiento es un premio a los sacrificiosque le tocó hacer para poder adelantar esta investigación, por eso afirmó que todo ese esfuerzo fue bien recompensado, además señaló que esto demuestra que el tema de los cultivos de coca deben ser fundamental en la agenda pública del país, y como se deben adelantar estrategias reales en la lucha contra las drogas en Colombia.

“Los campesinos en ese sentido son muy heterogéneos, no utilizan estos cultivos como las personas tradicionalmente piensan y es que son para financiar actores armados”. Estefanía Ciro Rodríguez

Una de las fallas en los procesos de implementación del acuerdo de paz, añadió “es que no se tuvieron en cuenta las múltiples formas como los campesinos territorialmente se relacionan con la coca, algunos solo tienen un poco, otros viven de eso, las mujeres le dan otro uso distinto a los hombres”.

Otro de los motivos que la llevó a realizar esta investigación fue desmentir mitos que existen, según ella, sobre los cultivos ilícitos, entre los que se destaca que la violencia está atada a la economía de las drogas y que todos los actores son narcotraficantes. En ese sentido, señaló que esa generalización lo único que hace es desconocer la condición real de estas personas.

“Es la misma guerra contra las drogas las que facilita que esta actividad siga prolongándose en el tiempo, esto porque se quiere acabar de una vez por todas con este tipo de cultivos, pero no se le brinda a los campesinos alternativas distintas para sus sustento”, manifestó la investigadora.

Pero más allá de las dificultades propias de la investigación y lo difícil de acceder a diferentes territorios, reconoce que congeniar en su pasión como investigadora y su faceta como mamá no ha sido nada fácil, por eso manifiesta que el apoyo de su pareja es fundamental para alcanzar sus propósitos.

“La sociedad ha impuesto una cantidad de carga sobre las mujeres, y más cuando son madres, ya que deben estar pendiente es de sus hogares, antes que cualquier otra cosa, y a mí me ha tocado sortear muchos comentarios porque me toca viajar, entonces, las personas te critican porque estás descuidando a tu hijo o esposo”, señaló Ciro.

Pero como si fuera poco, el deporte no ha sido ajeno en su vida, desde muy joven practica voleibol, tanto así que en la actualidad se encuentra en Europa en un torneo en ese disciplina.

“Siempre se ha hablado del Caquetá, porque matan, bombardean, porque son guerrilleros, en fin, hay tantos estigmas en nuestra región que nos perdemos de contar tantas cosas y una de ellas es que nuestro departamento es potencia en voleibol y esa es la cara que debemos mostrar de nuestra región” finalizó Ciro.

El galardón que busca fomentar el intercambio intelectual y el diálogo en América Latina y el Caribe le será entregado a esta investigadora colombiana el próximo 23 de julio en una ceremonia oficial en Bogotá, además de 10.000 dólares (unos 8.500 euros) y un diploma.

En la actualidad, Estefanía se desempeña como coordinadora de la línea de investigación en Economía, Poder y Sociedad del Centro de Pensamiento ‘A orilla del río’, organización que busca descentralizar la investigación y llevarla hasta los lugares apartados de los centros académicos como es la Amazonía colombiana y el departamento del Caquetá.

Esta es la segunda oportunidad en que una colombiana logra tan distinguido reconocimiento, la primera fue Karen Nathalia Cerón Steevens,  quien lo ganó en 2013 por su tesis titulada ‘¿Hijos de la guerra o huérfanos del Estado? Un estudio de la violencia juvenil representada en las maras, bajo las características particulares del Estado y del contexto guatemalteco.

https://www.kienyke.com/historias/estefania-ciro-premio-unesco-estudio-de-coca

COLOMBIA.MEDELLIN. Arzobispo de Medellín enredado por recomendación a sacerdote pederasta


La recomendación a un sacerdote pederasta que enreda al arzobispo de Medellín
Ricardo Tobón

Ricardo Tobón, actual Arzobispo de la Arquidiócesis de Medellín.

Foto:

Javier Agudelo / Archivo EL TIEMPO

Por: Juan Pablo Barrientos
15 de junio 2018 , 06:41 a.m.

El 18 de mayo renunciaron ante el papa Francisco 34 obispos chilenos por el caso del obispo José Barros, quien encubrió y protegió por años al sacerdote pederasta Fernando Karadima.

Este escándalo tiene similitudes con el caso del padre Roberto Cadavid, de la Arquidiócesis de Medellín, quien después de pasar de una a otra parroquia abusando de niños terminó trabajando en dos parroquias en Estados Unidos con el permiso y la recomendación de su arzobispo, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, luego de que este mismo lo suspendió de su ministerio, en 2012, por denuncias de pederastia. En la Diócesis de Brooklyn aún no salen del asombro por esa recomendación del arzobispo, más cuando en Estados Unidos, tras los escándalos del 2002, no se dan el lujo de cometer errores.

¿Qué pasó en Chile?

El padre Fernando Karadima (87 años) abusó de menores de edad desde 1980 en uno de los barrios más exclusivos de Santiago. En 2003, el cardenal Francisco Errázuriz recibió los primeros señalamientos públicos, pero disuadió al denunciante de la queja contra el sacerdote y solo tres años más tarde, tras la insistencia de la víctima, envió el caso a la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Ciudad del Vaticano.

En 2010, cuatro hombres denunciaron al sacerdote, por lo que fue condenado por el derecho canónico a “una vida en oración y penitencia”.
 Aunque la justicia penal reconoce que el sacerdote cometió delitos, decidió no condenarlo porque los hechos ya habían prescrito.

Sin embargo, el problema para Francisco no fue Karadima, sino el obispo de Osorno, Juan Barros, de 61 años, quien tenía estrechos vínculos con este —fue su seminarista y su dirigido espiritual por más de 40 años— y encubrió sus abusos sexuales. Siendo secretario del cardenal Juan Francisco Fresno, Barros recibió, en 1984, las primeras denuncias, las cuales “rompía”, como le dijo a BBC Mundo Juan Carlos Cruz. Incluso va más allá el denunciante al asegurar: “Juan Barros estaba parado ahí cuando me abusaban a mí. No me lo contaron, me pasó”.

Juan Barros estaba parado ahí cuando me abusaban a mí. No me lo contaron, me pasó

El papa Francisco visitó Chile en enero de 2018, y el obispo Barros estuvo presente en tres de sus ceremonias. El prelado ha defendido su inocencia y el papa, en aquel momento, lo apoyó públicamente desafiando a las víctimas: “El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”.

Al llegar al Vaticano y después de conocer “nueva información”, el sumo pontífice envió una comisión a Chile para investigar a fondo las acusaciones contra el obispo Juan Barros, que por años habían sido tratadas como rumores. Al finalizar la pesquisa, en abril, el papa invitó a la Santa Sede a los denunciantes de Karadima y Barros y les reconoció haber cometido “graves equivocaciones de valoración” frente a los señalamientos contra el obispo.

En mayo, Francisco invitó a todos los obispos chilenos a un retiro en Roma en el que les presentó los resultados de la investigación que hizo el Vaticano. Fue tan devastador el informe de diez páginas que, al otro día, los 34 obispos renunciaron para dejar que el papa “decida libremente por cada uno de nosotros”.

Luego de conocerse las primeras denuncias públicas contra Karadima, en 2010, el obispo Juan Barros se convirtió en su principal defensor y les pidió ayuda a otros obispos para que lo respaldaran ante la opinión pública. Lo hicieron. Su episcopado y el de los obispos de Puerto Montt, Cristian Caro, y de Valparaíso, Gonzalo Duarte, terminó este 11 de junio cuando el papa les aceptó la renuncia.

Un caso similar en Medellín

El padre Roberto Cadavid es un sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín de 57 años, 29 de los cuales han sido dedicados al sacerdocio. En 1998 fue nombrado párroco de la parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Bello, y rector del colegio parroquial que lleva el mismo nombre. Allí estuvo hasta 2005, cuando tuvo que salir custodiado por la policía por denuncias de pederastia. Una de las dos familias de los menores, según una fuente de la investigación ‘Dejad que los niños vengan a mí’, de La W, negoció una millonaria conciliación con el sacerdote para acallar la denuncia ante las autoridades civiles.

A pesar de las graves acusaciones y de la escandalosa salida del padre Cadavid de Bello, el arzobispo Alberto Giraldo lo nombró párroco en Santa Ana, en la comuna 3 de Medellín, y rector del colegio parroquial Pablo VI. De allí salió en 2012 por lo mismo: denuncias por pederastia, las cuales no impidieron que fuera nombrado en una de las parroquias más codiciadas en Medellín, donde agregó más nombres a su lista de víctimas.

¿Qué opinan el alcalde de Medellín y su secretario de Educación sobre la forma como se usan los recursos públicos, desde un colegio privado, para acallar a víctimas de sacerdotes pederastas?

Monseñor Ricardo Tobón llegó a Medellín en 2010. Mantuvo el nombramiento del padre Cadavid Arroyave en Santa Ana, a pesar de que tuvo que haber sido informado del caso al posesionarse. Al conocer nuevas denuncias contra el sacerdote en 2012, lo retiró de la parroquia y lo suspendió. Meses más tarde, le dio permiso y lo recomendó para trabajar en la Diócesis de Brooklyn. El sacerdote aterrizó en noviembre de 2012 en Nueva York.

En entrevista con La W, el primero de marzo de 2018, el arzobispo Tobón reconoció que suspendió al sacerdote una vez le llegaron denuncias por pederastia. Aseguró también que no sabía que Cadavid estaba en Estados Unidos y que de saberlo le habría informado al obispo de la diócesis en la que el sacerdote estuviera que estaba suspendido de su ministerio.

El obispo de Brooklyn, monseñor Nicholas Anthony DiMarzio, se quedó esperando esa advertencia y, por el contrario, le envió a La W el contenido de las dos cartas, una de 2012 y otra de 2015, en las que monseñor Tobón recomendó y autorizó al padre Roberto Cadavid, ya suspendido por acusaciones de pederastia en dos parroquias de Medellín, para trabajar en esa diócesis. Solo el año pasado, el arzobispo Tobón le contó a su colega estadounidense que el sacerdote había sido expulsado de la iglesia. De inmediato, monseñor DiMarzio lo devolvió a Colombia. Ahora, Cadavid vive en una de sus cómodas fincas.

El 28 de marzo de 2018, EL TIEMPO publicó uno de los cheques con los que el padre Cadavid concilió con una de sus víctimas. El dinero salió de la chequera del colegio Pablo VI, donde fue rector. Según el monaguillo, con 88 millones compraron su silencio.

Este colegio es privado, pero recibe recursos públicos al ser de cobertura estudiantil. Esto significa que la alcaldía le paga al colegio por educar a cientos de niños de bajos recursos económicos de la comuna 3.

Del escandaloso caso quedan varios interrogantes: ¿Qué opinan el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y su secretario de Educación, Luis Guillermo Patiño, sobre la forma como se usan los recursos públicos, desde un colegio privado, para acallar a víctimas de sacerdotes pederastas?

¿Por qué dijo el arzobispo Tobón en una entrevista que no sabía que Cadavid estaba en Estados Unidos, cuando en verdad lo recomendó y lo autorizó para trabajar en ese país? ¿Y por qué el único sacerdote de Medellín condenado por la justicia por acceso carnal y abuso a menores de 14 años, el padre Mario Castrillón, fue encontrado inocente por el derecho canónico y después de pagar su condena fue enviado a una cómoda parroquia y a un lujoso hospital de El Poblado, en Medellín?

Contra Roberto Antonio Cadavid Arroyave existió un proceso en la Fiscalía que fue archivado, como tantos otros. Factores como el dinero, las presiones y la dificultad de las víctimas para pagar un abogado, pues todas son de escasos recursos económicos, hacen que las denuncias no lleguen a un juez de la República y que sean resueltas por el derecho canónico. El archivo de una investigación por pederastia en la Fiscalía, como lo demuestra el caso del padre Cadavid, no prueba la inocencia de un sacerdote, sino la inoperancia del sistema judicial colombiano para investigar a presuntos religiosos pederastas, quienes, apelando al Concordato de 1973 y a la fidelidad de sus feligreses, evaden la justicia penal y siguen ejerciendo su ministerio con la venia de sus superiores.

Siguiendo el ejemplo de los obispos chilenos, ¿renunciará el arzobispo de Medellín, tras encubrir y proteger al sacerdote pederasta Roberto Cadavid?

JUAN PABLO BARRIENTOS
Especial para EL TIEMPO

http://www.eltiempo.com/vida/religion/la-recomendacion-a-un-sacerdote-pederasta-que-enreda-al-arzobispo-de-medellin-230596

Nos quedamos sin eucaristía


Antonio Aradillas

(Antonio Ardillas).- Sí, al paso que vamos, nos quedamos, -nos estamos quedando ya-, sin Eucaristía. Esta es la tremenda y veraz conclusión a la que dramáticamente se llega, cuando la pasada festividad del Corpus, o cualquier acontecimiento litúrgico, nos ofrecen la oportunidad de reflexionar sobre el sacrosanto misterio eucarístico.

No pocos pueblos y parroquias de España se han visto obligadas a prescindir este año de la misa y procesión propias del Corpus, o «Día del Señor». La falta de sacerdotes lo explica de modo intachable y expresivo. Las jubilaciones de unos, achaques y enfermedades de otros, pese a la santa y decidida vocación de servicio a la comunidad eclesial, impidieron que las campanas de los respectivos templos se echaran al vuelo y proclamaran con júbilo la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

Son ya muchos los pueblos y las parroquias en las que durante el año se celebran muy pocas misas, con excepción de las de los funerales en sufragio de las almas de los fieles difuntos. En otros pueblos y parroquias, a las misas es preciso aplicarles el apelativo de «exprés» -rapidez-, a consecuencia de la falta de tiempo de que dispone el celebrante, con las llaves del coche, o de la moto, ya colocadas, con el fin de desplazarse lo más rápidamente posible a otro lugar, y así sucesivamente. Aun cuando el ritual litúrgico, y los santos cánones y mandamientos de la Iglesia, se cumplan más o menos a la perfección, la misa «exprés» difícilmente podrá ser y llamarse misa, por la sencilla y práctica razón de que las prisas -pastorales y litúrgicas- no tienen cabida en el organigrama religioso.

El futuro eucarístico tampoco es halagüeño. Seminarios y noviciados con frecuencia son borrados de los planos municipales, en los que antes ocupaban importantes y notables espacio, al haber sido ya cerrados por falta de inquilinos y ser dedicados a otros menesteres, como oficinas diocesanas, museos, casas de culturas o palacios episcopales, que «de todo hay en la viña del Señor». Quienes crean que estas aseveraciones son exageradas y potencien al máximo, y con desbordante optimismo, el hecho de que, en determinada diócesis, congregación o movimiento piadoso, se vislumbra alguna pizca de renacimiento vocacional, que haga el favor de referírnoslo, para poder comprobar si se trata de una fantasía pastoral más, o de que la vista precisa de revisión, y los oídos de nuevos «sonotones».

Para nadie es un secreto que, sin Eucaristía, es decir, sin misas, no es Iglesia la Iglesia. Misa-Eucaristía e Iglesia, es un todo -el «Todo»- de nuestra religión. La «Cena del Señor» -«fractio panis»- , con la fraterna, sublime y misteriosa participación de todos y cada uno de los asistentes, es signo y sacramento de Iglesia. Iglesia, sin Eucaristía y sin su celebración, es, a lo más, catequesis, anticipo, subterfugio o remedo de ella, por lo que tanto es de alabar la labor ejercida por religiosas y seglares en un santo intento de suplir la presencia de los «ministros del Señor», consagrados como sacerdotes.

Mientras tanto, y ante `panorama religioso y pastoral tan desolador, la actividad jerárquica en relación con el tema, no parece ser de provecho, ejemplar y edificador de Iglesia. Además del «Día del Seminario» y del de las «Vocaciones Sagradas», en general, con sus colectas y rezos, hace falta activar otros recursos a los que definan la audacia, el valor, el atrevimiento y la imaginación, al servicio de la Santa Madre Iglesia y en fiel consonancia con las demandas de los tiempos presentes y futuros.

Nadie, con sensatez, con religión y evangelio, puede a estas alturas pretender afrontar tema de tanta gravedad y trascendencia, por ejemplo, negándoseles a los » ex curas» que lo quieran, participar en la celebración eucarística y en el misterio pastoral en general, casados o en tramitación de su secularización. La negativa nada menos que «en el nombre de Dios», a que las mujeres accedan al sacerdocio, con aportación imposible de argumentos de más que dudosa procedencia bíblica y teológica, jamás será solución decente para ofuscarse en el inveraz «siempre fue así», con escándalo para parroquianos/as y ex -parroquianos/as.

La aseveración, hasta con ribetes dogmáticos, de que el Código de Derecho Canónico y la Sagrada Liturgia así lo establecen, definen o ordenan, no tiene tanta consistencia como para que la resignación y la «aceptación de la voluntad del Señor» – «Dios proveerá»- habrá de seguir siendo, hoy por hoy, la única e implacable solución «cristiana».

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2018/06/15/nos-quedamos-sin-eucaristia-iglsia-religion-dios-jesus-papa-sacerdote-corpus.shtml

PANAMÁ-COLOMBIA. La conspiración que acabó con la vida del padre Gallego


15 de junio del 2018

Jesús Héctor Gallego Herrera, un sacerdote colombiano que partió hacia Panamá para trabajar con las comunidades campesinas e indígenas fue víctima de múltiples amenazas y atentados que finalmente terminaron con su desaparición y asesinato por parte de las fuerzas de defensa (fuerzas armadas de le época) hace 47 años. Ahora, después de tanto tiempo de búsqueda, por fin se tienen noticias de lo que comenzó la trágica noche del 9 de junio de 1971.

Recientes estudios realizados a los restos óseos hallados hace casi dos décadas corresponden con las pruebas genéticas del misionero. Una historia que parecía nunca acabar.

Los inicios del padre Héctor

Nació el 8 de enero de 1938 en Montebello, un municipio colombiano ubicado al sureste del departamento de Antioquia. Realizó el bachillerato en el seminario diocesano de Jericó, estudió filosofía en el seminario de Santa Rosa de Osos y teología en Medellín.

Tras conocer que la recién creada diócesis de Veraguas, al norte de Panamá, solo contaba con nueve sacerdotes, se ofreció para trabajar allá, propuesta que presentó y fue aceptada por monseñor Marcos McGrathel, primer obispo de Santiago de Veraguas.

Vivió durante seis meses en Panamá como diácono de San Francisco de Veraguas, regresó a Medellín, donde se consagró como sacerdote en la Parroquia del Carmen en 1967.

El obispo encargado de su ordenamiento fue el mismo Monseñor Marcos Gregorio McGrath, quien le facilitó a Gallego su nombramiento como misionero en Panamá por su compromiso con la comunidad campesina.

Con 29 años se radicó en el país centroamericano como primer párroco de la iglesia de San Pedro en Santa Fe de Veraguas; además de prestar sus servicios espirituales a la comunidad también luchó contra las injusticias y abusos a los que eran sometidos los campesinos por terratenientes; organizándolos en cooperativas y denunciando las situaciones de injusticia en los medios de comunicación.

Por los cambios que lideró Héctor en las personas campesinas, los terratenientes se vieron afectados; los trabajadores pensaban más en su calidad de vida y esto hacía que las exigencias y decisiones fueran más fuertes. La mala remuneración y explotación, desnutrición y analfabetismo presentes en estas comunidades, hacían notables las diferencias socio económicas. Situación que lo disgustó mucho.

Gallego contra la corrupción

El 11 de octubre de 1968, un grupo de la guardia nacional de Panamá hizo un golpe de estado al recién posicionado presidente Arnulfo Arias, encabezado por el mayor Boris Martínez y los tenientes coroneles Omar Torrijos Herrera y Jose H. Ramos. Quedando en el poder Omar Turrijos, un santiagueño. Con esta toma de poder, algunos terratenientes se vieron beneficiados por ser familiares de estos militares.

En las elecciones de ese año, el padre Héctor denunció en una misa que oficializaba en la calle, porque no contaba con un templo, la compra de votos en ese sector por parte de los políticos días antes de las elecciones. En medio de su discurso Álvaro Vernaza, primo de Turrijos, se acercó al sacerdote para ofenderle por su posición.

De la quema de la planta eléctrica traída por Álvaro Vernaza durante la época electoral, el padre fue acusado como principal sospechoso. Por este hecho, según un investigador, el religioso no se declaró culpable posibilitando meses después su detención por parte de la Fiscalía bajo el cargo de incendiarismo. Sin embargo, la iglesia intercedió para su libertad.

Para el 29 de junio de 1970, durante la procesión de San Pedro, el párroco ya había concienciado a los campesinos sobre la forma de celebrar ese día como un día santo y no con alcohol ni las costumbres fiesteras a las que estaban acostumbrados. Esto no fue del agrado de los terratenientes por lo que arremetieron contra Gallego golpeándolo y destruyendo parte del rancho donde él vivía; la estatua para la procesión fue arrebatada.

En una ocasión le ofrecieron salario, carro y casa para que dejara sus movimientos guerrilleros comunistas. Al negarse le dijeron que tenía que sufrir las consecuencias, según contó Hermenegildo Mendoza, presidente de la unión indígena campesina y conocido del padre.

El eclesiástico colombiano ya había tenido amenazas. Según Jacinto Peña, la última persona que lo vio con vida, él sabía que lo querían sacar del país: “Omar Turrijo pudo haberlo sacado porque quería algo en Santa Fe, si alguien se lo impedía, lo sacaba”.

“Si yo desaparezco, ustedes no sigan buscándome, sigan luchando”: Padre Héctor

Héctor Gallego conocía que no era bienvenido por quienes tenían mayor cantidad de tierras y poder en la región. Sin embargo, su interés era lograr un lugar más justo para los campesinos e indígenas y hacer de ellos personas partícipes de las situaciones del país y líderes conscientes a través del proceso de evangelización integral.

Durante marzo de 1971 se desempeñó como vocero de los campesinos en los encuentros con el gobierno donde se discutieron los planes de desarrollo de la localidad. Este ilustre personaje se encargó de reunir a los campesinos para conocer las peticiones y puntos de vista de la comunidad y así darlo a conocer en los encuentros con las autoridades gubernamentales.

Con el tiempo, Héctor ganó muchos amigos, pero sobre todo enemigos. En mayo de 1971, Saul Ruíz, otro terrateniente, intentó apoderarse del terreno ocupado por la casa de Juana González, una campesina. Tanto el padre como los demás campesinos se opusieron a esta arbitraria acción. Una semana después, 23 de mayo en la noche, le prendieron fuego a la casa de Gallego con él adentro y dormido.

Jacinto Peña le ofreció su casa. Allí se alojó durante varios días. Mientras tanto el G2 (fuerza de defensa nacional) investigó sobre sus posiciones: ¿Dónde dormía? ¿Dónde comía? ¿Dónde vivía?

En la noche del 9 de junio de 1971, dos hombres aparecieron afuera de la casa de Jacinto para hablar con el religioso. Los agentes, al parecer del grupo ‘Macho de monte’ (que también hacía parte de las fuerzas armadas), después de una corta conversación se lo llevaron. La comunidad creyó que había sido retenido y por eso se organizaron en una manifestación en Santiago para pedir su libertad pero al llegar a los calabozos, Héctor Gallego Herrera no estaba en el cuartel.

Peña afirmó que la comunidad estaba segura de que esa noche se lo llevaron, no lo sacaron del país porque él ya les había expresado que si eso pasaba, volvería.

“Me pueden sacar del país, pero si me sacan, yo entro a Panamá de nuevo por la vía ilegal”: Héctor Gallego.

Flickr/ Ken mayer

¿Qué pasó con Héctor Gallego?

Con la desaparición del párroco se generaron múltiples hipótesis a cerca de lo sucedido. Lo único cierto es que después de subir a una camioneta color verde, aproximadamente a las 12 de la noche, se perdió su rastro.

Muchas fueron las especulaciones sobre los hechos del 9 de junio que marcaron una comunidad panameña y una familia colombiana.

Se decía que el estado mayor dio la orden de sacarlo del país porque un familiar de Torrijo así lo había pedido al verse afectado por las cooperativas y el movimiento que generaba el sacerdote en Santa Fe de Veraguas.

Otra, que el sacerdote secuestrado por personas de la Guardia Nacional y el Departamento de Investigación Nacional (Deni) fue llevado a la ciudad capital tenido en confinamiento solitario en una cárcel.

Por estas declaraciones, 22 años después de la desaparición, el teniente coronel Nivaldo Madriñan, último jefe de la Policía del régimen Noriega; el subteniente Melbourne Walker y el capitán Eugenio Magallón, fueron acusados culpables por un juez de consciencia del Tribunal de Penonomé, Panamá, y condenados a 15 años de prisión. Magallón fue condenado en calidad de prófugo. Los militares fueron quienes hacían presencia en Veraguas.

Melbourne Walker, al pasar unos meses de la condena, envió una carta al padre Fernando Guardia en la que confesaba haber investigado sobre Héctor pero negaba su participación en la desaparición. Declaró que recibió ordenes de Manuel Antonio Noriega y que esa recopilación de información fue puesta en conocimiento de Edilberto del Cid, jefe del escuadrón ‘Macho de monte’.

Según el diario La Prensa, un informe clasificado de la CIA fechado el 21 de junio de 1971, demostraba el conocimiento de EE.UU sobre el caso Gallego. En este se estableció que el padre fue golpeado faltalmente en la cabeza por un oficial de apellido Magallón.

Edilma Gallego, hermana de Héctor, llegó a Panamá en 1999 para conocer el proceso de investigación sobre la desaparición de su hermano y las pruebas de ADN de un grupo de restos óseos encontrados ese año. En su búsqueda formó una lista de los posibles responsables. Habló con Madriñán y Walked, ambos apuntaban a Noruega, aunque en sus versiones le dejaron más dudas porque “unos le tiraban la pelota a los otros”.

El laboratorio Reliagene Technologies, Inc. y el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos revelaron que la osamenta pertenecía al desaparecido dirigente simpatizante del izquierdista del Movimiento de Unidad Revolucionaria, Heliodoro Portugal.

El 18 de enero de 2001 nació la Comisión de la verdad, una organización que investigó los crímenes cometidos durante la dictadura militar de 1968 a 1989. Esta comisión pidió la realización de nuevos análisis a los huesos encontrados que dio como resultado que no eran los de Portugal.

En 2015, Edilma habló con Noriega en dos ocasiones mientras estaba preso. En la segunda reunión éste le confesó que a su hermano sí lo mataron pero no por orden suya sino del estado mayor: una fuerte golpiza que le propinaron en la cabeza e incontables golpes en el resto del cuerpo le ocasionaron fractura de cráneo y en una de las costillas, esta a su vez se incrustó en el pulmón. Tres días después, alguien le dio ‘el tiro de gracia’.

“Lo desparecieron para no mostrar esos golpes”, le aseguró Noriega. En la conversación le contó que los restos de su hermano estaban en Tocumen, Motor Pool, donde habían encontrado supuestamente los de Heliodoro.

Tres años después de la reunión, con Noruega fallecido y Magallón aún prófugo, la familia Gallego Herrera espera que las osamentas encontradas en 1999 en el antiguo cuartel de los Pumas de Tocumen, pertenezcan oficialmente al ‘mártir del Concilio Vaticano II’, como lo nombró el comité de la conferencia episcopal panameña.

En este caso, la iglesia católica panameña tiene previsto iniciar la beatificación para declararlo siervo de Dios y que pueda ser ‘mártir de la iglesia’; aspirando a su canonización y declaración como santo por su obra con las comunidades tal y como lo dice en la biblia.

https://www.kienyke.com/historias/aparecen-restos-de-hector-gallego-panama

CHILE: SCICLUNA: «LA IGLESIA DEBE COLABORAR CON LA JUSTICIA EN CASOS DE ABUSO»


Allanan en Chile el Tribunal Eclesiástico y el obispado de Rancagua por casos de pederastia
Scicluna, enviado papal a Chile

El arzobispo maltés Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu se reunieron con el fiscal nacional de Chile, Jorge Abbott, horas después de que fuesen decomisados documentos en la sede del Tribunal Eclesiástico de Santiago y del obispado de Rancagua por presuntos abusos sexuales.

Tras la reunión de hoy en la Nunciatura Apostólica en Santiago, Abbott dijo a los periodistas que todas las personas presentes en el acto coincidieron en la «necesidad absoluta» de la cooperación entre la Iglesia católica y el Estado de Chile para la investigación de abusos de menores por parte del clero.

El fiscal nacional subrayó que la idea final «es poder restablecer quiénes son los responsables y fijar el castigo de los mismos».

Anunció también que la Iglesia católica va a abrir una oficina para las personas que tengan necesidad de hacer una denuncia y que el Ministerio Público se encargará de establecer un sistema de protección para las víctimas.

Finalmente dijo que en los próximos días se hará un requerimiento oficial al Vaticano con el fin de solicitar información relacionada con sacerdotes y funcionarios de la Iglesia que se encuentran denunciados por abusos sexuales en Chile.

Con anterioridad, Scicluna había declarado en una rueda de prensa que la Iglesia católica debe colaborar con la Justicia en los casos de abusos sexuales de menores, y resaltó que los procesos canónicos no deben impedir que los ciudadanos ejerzan su derecho a denunciar ante la autoridad civil.

«En un contexto ideal, hay colaboración entre Iglesia y autoridad civil porque la inocencia de los menores es un valor esencial para cada sociedad», insistió.

El enviado papal aclaró durante esta jornada que «el abuso de menores no es solo un delito canónico, también es un delito civil. El bien común de la Iglesia y la sociedad convergen en la tutela de los menores, que es un valor muy importante».

 Miembros de la fiscalía chilena

La reunión con el fiscal nacional, Jorge Abbott, y los fiscales regionales Raúl Guzmán (Fiscalía Sur), Emiliano Arias (O’Higgins) y Mauricio Richard (Maule), se celebró horas después de las diligencias que de forma repentina comenzaron este miércoles en el obispado de Rancagua.

Hasta allí llegaron agentes de Carabineros y el fiscal Sergio Pérez con una orden de entrada y registro emitida por el Tribunal de Garantía de la localidad de Pichilemu, que investiga las denuncias contra al menos 14 sacerdotes por presuntos abusos sexuales a menores de edad y jóvenes.

De forma repentina también, el fiscal regional de O’Higgins, Emiliano Arias, llegó hasta el Tribunal Eclesiástico de Santiago para llevar a cabo otras diligencias, que luego prosiguió en dependencias del Arzobispado capitalino.

«Nadie está al margen de la ley», aseguró Arias a los periodistas al salir del Tribunal Eclesiástico, donde se incautó de documentos con antecedentes de la investigación en la región de O’Higgins, donde existen denuncias desde 2007 con escasos o nulos avances, según han afirmado las víctimas.

Las diligencias de hoy, según fuentes de la Fiscalía, pretenden recoger todo el material, incluidos expedientes canónicos, investigaciones previas y antecedentes vinculados a abusos sexuales sufridos por menores de edad por parte de miembros del clero.

Un reportaje de Canal 13 reveló en mayo pasado que un grupo de sacerdotes de O’Higgins integraban una cofradía denominada «La Familia» para mantener relaciones sexuales con menores de edad y jóvenes.

También contrataban en Santiago a jóvenes que ejercen el comercio sexual.

El caso se activó casualmente al tiempo que, por segunda vez, llegaron a Chile Scicluna y Bertomeu, enviados especiales del papa Francisco, para escuchar a las víctimas y visitar la dividida diócesis de Osorno.

El pontífice aceptó la renuncia del obispo de esa diócesis Juan Barros acusado por las víctimas de encubrir los abusos sexuales del párroco Fernando Karadima.

Los dos enviados del papa viajarán este jueves a Osorno, a 942 kilómetros al sur de Santiago, con el fin de realizar una misión pastoral en una dividida diócesis y seguir indagando los casos de abusos sexuales en los que está involucrado el clero chileno.

Scicluna y Bertomeu permanecerán hasta el domingo en esa ciudad sureña, cuando regresarán a la capital.

Los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y la impunidad en que se mantuvieron durante décadas han arrastrado a la Iglesia católica chilena a la peor crisis de su historia, puesta en evidencia con la renuncia masiva de los miembros de la Conferencia Episcopal, una dimisión que el papa ya hizo carne en tres obispos.

La trastienda de las “renuncias” de los obispos Cristián Caro y Gonzalo Duarte


OFENSIVA DEL PAPA CONTRA LAS REDES DE PROTECCIÓN DE ABUSADORES

CARO CON EL PAPALos obispos Cristián Caro y Gonzalo Duarte han intentado maquillar su salida afirmando que si el Papa aceptó sus renuncias es porque cumplieron la edad límite. No es así. En los expedientes que hoy analiza el Vaticano hay evidencias de que en las diócesis de Valparaíso y Puerto Montt se bloquearon investigaciones de abusos sexuales: se protegió a curas abusadores. Esas redes de protección, amparadas por algunos obispos, están ahora en la mira del Vaticano. Las nuevas investigaciones eclesiales apuntan a desarticular esas redes que han permitido el abuso de conciencia sobre jóvenes.

Por Pedro Ramírez

Estando en Santiago para la reunión mensual de la Comisión Nacional de Catequesis, se ha dado a conocer la aceptación, por parte del Papa Francisco, de la renuncia que presenté, por razones de límite de edad, en febrero de 2018”. Así parte la declaración que difundió en la madrugada de este lunes 11 de junio el arzobispo de Puerto Montt, Cristián Caro. El prelado “se dio un gusto”. Ese fue el comentario reservado de distintos personeros de la Iglesia Católica, ya que Caro se adelantó al Vaticano que solo horas más tarde confirmó su renuncia. Pero el obispo no solo se estaba dando un gusto. Quiso remarcar que, a diferencia de los otros dos obispos que cayeron con él –Gonzalo Duarte de Valparaíso y Juan Barros, de Osorno–, él se va porque cumplió 75 años y no porque arrastre denuncias relacionadas con abusos sexuales.

Buscando el mismo efecto, ese lunes la web de su arquidiócesis publicó una nota titulada “Papa Francisco aceptó la renuncia por edad de Monseñor Cristián Caro”. Pero eso no es cierto.

¿Por qué razón el Papa habría puesto en esta terna, junto a dos obispos cuestionados por encubrir abusos, a un prelado que solo se retira porque cumplió la edad límite? ¿Por qué Francisco actuaría tan desprolijamente con Cristián Caro, sabiendo que la prensa mundial está atenta a la renuncia colectiva presentada por el episcopado chileno y expectante ante cuál de estas dimisiones aceptaría el pontífice?

La razón está en los gruesos expedientes que hoy acumula el Vaticano sobre la situación chilena. Allí hay pruebas de que Cristián Caro protegió a presbíteros acusados de abusos sexuales contra menores.

Obispo Cristián Caro (Fuente: iglesia.cl)

Obispo Cristián Caro (Fuente: iglesia.cl)

Entre los antecedentes que rodean la renuncia de los tres primeros obispos a los que Francisco alejó de sus funciones, hay un factor que ha pasado inadvertido: de los tres administradores apostólicos que asumirán provisionalmente las jefaturas de las diócesis de Valparaíso, Osorno y Puerto Montt, solo uno tiene una amplia experiencia en investigar abusos sexuales cometidos por clérigos. Es precisamente el que asumirá en el puesto de Cristián Caro: el jefe provincial de la Orden Mercedaria en Chile, Ricardo Morales.

Para reemplazar a Duarte en la diócesis porteña y a Barros en Osorno, el Papa designó como administradores apostólicos a dos obispos auxiliares: Pedro Ossandón y Jorge Concha. Pero en Puerto Montt nombró a una figura ajena al episcopado, a pesar de que se trata de una de las cinco plazas chilenas con rango de arquidiócesis­. La nominación de Morales causó sorpresa en la mayor parte de la iglesia, pero no entre quienes se han especializado en la investigación de abusos sexuales.

Bajo el liderazgo de Ricardo Morales su congregación desarrolló una investigación interna que culminó en 2016 con la expulsión del sacerdocio del ex superior mundial de los mercedarios, el chileno Mariano Labarca, por abusos sexuales contra jóvenes seminaristas.

Además, la indagatoria detectó y desarticuló una red homosexual de religiosos protegidos por Labarca que encubría los abusos. Precisamente, uno de los factores que pesó en el Vaticano para nominar a Morales en Puerto Montt, es su experiencia para desactivar grupos homosexuales que protegen a abusadores.

De hecho, por encargo de Roma y antes de su nombramiento como administrador apostólico, Morales ya estaba investigando en Puerto Montt casos de abusos sexuales en los que el obispo Caro ha protegido a los acusados. Por eso, su nominación al frente de la arquidiócesis sureña no fue del todo inesperada para los miembros del clero portomontino. Para ellos, es una figura que ya se ha hecho familiar. Lo han visto, al menos desde hace unos tres años, recorriendo la provincia, tomando declaraciones a consagrados y laicos, haciendo el trabajo que el obispo Caro nunca realizó.

REDES DE ABUSO

El historial de los tres obispos que acaban de dejar sus puestos en manos de administradores apostólicos tiene una característica común: todos han tolerado la “naturalización” de relaciones homosexuales activas en el clero.

Caro, Barros y Duarte, forman parte de un sector de la Iglesia Católica que considera estas relaciones como simples “debilidades” o “pecados de pureza”. Aunque la iglesia las condena como faltas contra el sexto mandamiento y por el quebrantamiento del celibato, esas no son las principales objeciones a estas conductas. El problema más grave es que esta “normalización” de las relaciones homosexuales lleva aparejada la formación de redes de protección, en las que se ha silenciado y tolerado el “abuso de conciencia”. Esta manipulación es ejercida por algunos sacerdotes sobre jóvenes para acceder a relaciones sexuales.

Obispo Gonzalo Duarte

Obispo Gonzalo Duarte

Estas relaciones homosexuales son consentidas y entre adultos –por lo que no califican como delito perseguible por la justicia penal-, pero son resultado de la manipulación de conciencia por parte de los clérigos formadores o guías espirituales. Estos casos son claramente abusivos, como quedó en evidencia con la condena eclesiástica al cura Fernando Karadima, emblema de las guías espirituales torcidas, o en la expulsión del mercedario Labarca. La tolerancia de estas conductas ha dado pie también a casos de abuso sexual contra adolescentes, los que –por tratarse de menores de edad– sí constituyen delito.

-No se está persiguiendo a sacerdotes porque son homosexuales, de forma discriminatoria. Un cura, independiente de su orientación sexual, debe guardar el celibato, pero si no lo hace, no puede tener conductas abusivas. Estas son redes que protegen a curas que han manipulado y abusado. Y aunque las víctimas no necesariamente son menores, es una conducta intolerable. Sería lo mismo con una red heterosexual -señaló a CIPER un personero de la Iglesia Católica relacionado con denuncias de abusos.

Eso es lo que, precisamente, se investiga en estos momentos en la diócesis de Rancagua: una red homosexual de sacerdotes que dejó al descubierto un reportaje de Canal 13 y que habría amparado abusos de menores. Mientras la Fiscalía pesquisa esos delitos para identificar a agresores y cómplices –lo que llevó al reciente allanamiento de recintos eclesiales–, la Iglesia Católica por una vía paralela también busca establecer si hubo abusos de conciencia y manipulación no solo contra menores.

DENUNCIAS CONTRA DUARTE Y BARROS

El renunciado obispo de Valparaíso, Gonzalo Duarte, carga con varias acusaciones que ya se han hecho públicas por encubrir abusos y acoso sexual que afectaron a estudiantes del Seminario San Rafael, aledaño al templo de Lo Vásquez. Al menos en un caso, el propio Duarte fue sindicado como autor de acoso. Por lo mismo, al nuevo administrador apostólico, Pedro Ossandón, le fue encomendado que investigue a fondo esas denuncias.

Ossandón, obispo auxiliar que dirigía la Vicaría de la Zona Sur de Santiago, a diferencia de Duarte tiene una reconocida sensibilidad social y experiencia pastoral: vive en la emblemática población La Legua, donde estuvo a cargo de la Parroquia San Cayetano, y también fue párroco en la población San Gregorio.

Las denuncias que han hecho cuatro ex seminaristas, entre ellos Sebastián del Río (vea su caso en el reportaje publicado por CIPER en 2011), Mauricio Pulgar y Marcelo Soto (vea el reportaje de la BBC con sus testimonios), apuntan precisamente a que bajo el obispado de Duarte operó una red de protección para abusadores y acosadores homosexuales enquistada en el Seminario San Rafael.

Obispo Juan Barros

Obispo Juan Barros

Como el protocolo de la Iglesia Católica determina que las denuncias deben ser investigadas en la misma diócesis, el caso de Duarte puso en evidencia que es poco probable que las acusaciones prosperen cuando el obispo local presta protección a los involucrados. Esto explica el reciente anuncio de abrir una oficina del Vaticano en Chile –comunicado por los enviados papales Charles Scicluna y Jordi Bertomeu­– para recibir directamente las denuncias de abusos y así evitar el filtro de los obispos.

Respecto del obispo Juan Barros, hasta el momento no hay antecedentes de que haya incurrido en el encubrimiento de abusos en la diócesis de Osorno. Las denuncias contra Barros se deben a que fue cómplice de los abusos que por décadas cometió el cura Karadima contra jóvenes y adultos de la Parroquia El Bosque. No solo porque las víctimas de Karadima dicen que fue testigo de los abusos, sino porque habría operado cuando fue secretario del cardenal y arzobispo de Santiago, Francisco Fresno, para bloquear las denuncias y destruir las pruebas.

Juan Barros mantuvo su protección a Karadima hasta poco antes que el Vaticano lo condenara. Junto a otros obispos formados por el cura de El Bosque –Valenzuela, Arteaga y Koljatic- escribió a Roma denostando a las víctimas y tergiversando los hechos que lo incriminaban.

En este escenario, el administrador apostólico recién nombrado en Osorno, el obispo auxiliar Jorge Concha, tiene como principal tarea sanar las heridas que dejó el paso de Barros en las comunidades católicas de la diócesis, aún dividas entre quienes han respaldado al obispo saliente y los que pedían su salida.

Como obispo auxiliar de Santiago, Concha no formaba parte del círculo más estrecho en torno al cardenal y arzobispo capitalino, Ricardo Ezzati, y estaba cumpliendo una tarea más bien menor, a cargo de la Vicaría para la Vida Consagrada (atender a las congregaciones religiosas presentes en la arquidiócesis). Franciscano, a Concha se le reconoce por su austeridad, su orientación hacia los temas sociales y su cercanía a las comunidades. Alejado de las formalidades y protocolos de la jerarquía, prefiere que lo llamen “hermano” y no “monseñor”. Un sello muy lejano al de Ezzati y que en Roma es ahora valorado.

LOS PROTEGIDOS DE CARO

Contra la pretensión del obispo Cristián Caro de que quede establecido que él solo deja el cargo por razones de edad, en Roma saben muy bien que no es así. El Papa Francisco está al tanto de que hay al menos dos casos de abusos sexuales contra menores cometidos por presbíteros incardinados en Puerto Montt en los que Caro no solo evitó investigar a fondo, sino que protegió a los acusados. En ambos, el obispo conoció los antecedentes pero no les creyó a los denunciantes, desestimó los testimonios y trató de mantener todo bajo reserva.

Frente a las consultas que le hacían desde Roma, hasta donde llegaron las acusaciones, Caro minimizó los hechos. Lo mismo que en su momento hicieron los cardenales Francisco Javier Errázuriz y Ricardo Ezzati, con las denuncias contra Karadima. Por eso, el Vaticano se saltó al obispo Caro y nominó como investigador externo a Ricardo Morales.

El primer caso asfixiado por Caro que cayó en manos de Morales fue el del presbítero Marcelo González, a quien se acusa de haber abusado de dos menores de alrededor de 12 o 13 años de edad. También hay evidencia de que González abusó de un joven seminarista. Frente a esta última denuncia, el obispo Caro convocó al agresor y a su víctima y los hizo tomarse de las manos y rezar. Con ese gesto, y contra todos los protocolos de la Iglesia Católica en casos de abuso sexual, Caro dio por superado el asunto.

ADMINISTRADORES

Nuevos administradores apostólicos: Pedro Ossandón (Valparaíso), Ricardo Morales (Puerto Montt) y Jorge Concha (Osorno).

Al presbítero Marcelo González se le prohibió el ministerio público y fue enviado al Monasterio de Quilvo, donde permanece a la espera de la resolución del caso. El obispo Caro, en tanto, le ha dicho a miembros del clero que González está enfermo o que enfrenta problemas vocacionales, ocultando la situación.

El segundo caso de abuso en Puerto Montt, es el del presbítero Francisco Núñez, quien era párroco en Calbuco y está acusado de mantener relaciones sexuales con adolescentes que frecuentaban la parroquia. La información también la conoció el obispo, pero no hubo reacción. La acusación llegó a la Nunciatura y desde Roma, nuevamente, se le encargó la investigación inicial a Ricardo Morales.

Francisco Núñez dejó la parroquia de Calbuco a comienzos de este año y el obispo Cristián Caro permitió que se le hiciera una misa de despedida y agradecimiento.

Aunque lo normal es que las investigaciones de abuso sexual las lleve el obispo local, en este caso la autoridad romana vio que Caro minimizó la conducta de los agresores. La sospecha es que el obispo de Puerto Montt rehusaba investigar a sus protegidos, porque es uno de los prelados que ha naturalizado las conductas homosexuales como pecados menores. De hecho, fuentes de la arquidiócesis dicen que ha actuado con particular dureza con los sacerdotes sorprendidos en relaciones heterosexuales.

Es altamente probable que en los próximos meses surjan evidencias de que los obispos Caro y Duarte recibieron testimonios de víctimas que no fueron acogidos. Y también, que en sus diócesis hubo investigaciones que fueron bloqueadas para proteger a los abusadores. Por lo mismo, ya hay voces en la Iglesia Católica a las que les preocupa que sus ceremonias de despedida sean muy sencillas, sin grandes demostraciones.

http://ciperchile.cl/2018/06/14/la-trastienda-de-las-renuncias-de-los-obispos-cristian-caro-y-gonzalo-duarte/

Papa en la misa: explotar a las mujeres es un pecado contra Dios


2018-06-15 Papa francesco celebra la messa a Santa Marta2018-06-15 Papa francesco celebra la messa a Santa Marta (Medios del Vaticano)
En su homilía en la misa en la residencia de Santa Marta, el Papa Francisco reflexiona sobre la explotación de las mujeres hoy en día que son tratadas como objetos, recordando que sin las mujeres los hombres no pueden ser imagen y semejanza de Dios.

Por Susy Hodges

Tomando su inspiración de la lectura del evangelio de Mateo donde Cristo dijo que todos los que miran a una mujer con lujuria ya han cometido adulterio, la homilía del Papa Francisco fue una reflexión sobre las muchas maneras diferentes en que las mujeres son explotadas en la sociedad actual. Lamentó cómo se usan tantas mujeres y se las dejó de lado y habló de las jóvenes que se ven obligadas a vender su propia dignidad para ganarse la vida.

Jesús cambió la historia

El Papa recordó a sus oyentes que las mujeres son lo que los hombres por sí mismos no tienen que ser la imagen y semejanza de Dios. Explicó cómo las palabras de Jesús sobre las mujeres fueron radicales y revolucionarias y «cambiaron la historia». Esto se debió a que hasta entonces, una mujer era considerada «ciudadana de segunda clase», era «esclavizada» y «ni siquiera disfrutaba libertad «, dijo.

La doctrina de Jesús sobre las mujeres cambia la historia. Antes de Jesús, la visión de las mujeres era una cosa, pero después de Jesús son otra. Jesús dignifica a las mujeres y las pone al mismo nivel que los hombres porque toma esa primera palabra del Creador, ambas son «imagen y semejanza de Dios», ambas; no primero el hombre y luego un poco más abajo la mujer, no, ambos lo son. Y un hombre sin una mujer a su lado, ya sea como madre, como hermana, como esposa, como compañero de trabajo, como amigo, ese hombre solo no es la imagen de Dios.

La mujer de hoy es objeto de deseo incluso en nuestras propias sociedades

Reflejando en particular las palabras del Evangelio sobre los hombres que desean mujeres, el Papa lamentó cómo vemos a las mujeres como objetos de deseo en los medios y esas mismas imágenes de mujeres a menudo se utilizan para vender un producto y la vemos «humillada» o «vestida» sin ropa. «El Papa continuó señalando cómo esta explotación de las mujeres no está sucediendo en lugares lejanos, sino aquí mismo a nuestro alrededor, donde vivimos y en el lugar de trabajo. Las mujeres son las víctimas de esa mentalidad de «usar y tirar» y ni siquiera parecen ser tratadas como «una persona», dijo.

Esto es un pecado contra Dios Creador, rechazando a las mujeres porque sin ella los hombres no podemos ser la imagen y semejanza de Dios. Hay una ira y resentimiento contra las mujeres, una ira desagradable. Incluso sin decirlo … Pero, ¿cuántas veces las mujeres jóvenes tienen que venderse como objetos desechables para conseguir un trabajo? ¿Cuantas veces? «Sí, padre, escuché en ese país …». Aquí en Roma. No hay necesidad de ir muy lejos.  

Mire a nuestro alrededor para ver esa explotación

En cuanto al tema de la explotación sexual de mujeres, el Papa Francisco preguntó a sus oyentes qué verían si pasearan de noche por ciertas áreas de la ciudad donde tantas mujeres, incluidas las mujeres migrantes, están siendo explotadas como en un mercado. Continuó señalando que cuando los hombres se acercan a estas mujeres en las calles no les dicen «Hola» sino que les preguntan cuánto cuestan y les salvan la conciencia al referirse a ellas como prostitutas.

Todo esto sucede aquí en Roma, sucede en todas las ciudades, mujeres anónimas, mujeres; podemos describirlas como «sin rostro» porque la vergüenza cubre sus rostros, mujeres que no saben cómo reír y muchas de ellas no conocen la alegría de la lactancia materna. su bebé y la experiencia de ser madre. Pero, incluso en nuestra vida cotidiana, sin ir a esos lugares, existe esta manera fea de pensar, de rechazar a las mujeres o de verla como una persona de «segunda clase». Necesitamos reflexionar más profundamente acerca de esto. Y al hacer esto o decir esto, al entrar en esta forma de pensar, despreciamos la imagen de Dios, que hizo al hombre y la mujer juntos a su imagen y semejanza. Esta lectura del Evangelio nos ayuda a pensar acerca de la comercialización de las mujeres, un oficio, sí, tráfico, esa explotación que es visible pero también ese comercio que no podemos ver pero que está teniendo lugar fuera de la vista. Una mujer es pisoteada precisamente porque es una mujer.

El Papa concluyó su homilía al destacar que durante su ministerio, Jesús se encontró con tantas mujeres que eran despreciadas, marginadas y dejadas de lado, y con gran ternura restauró su dignidad. Jesús tuvo una madre y «muchas amigas que lo siguieron para ayudarlo en su ministerio» y para «brindar apoyo», dijo.

https://www.vaticannews.va/en/pope-francis/mass-casa-santa-marta/2018-06/pope-santa-marta-mass-women-exploitation.html

“Judaísmo en Femenino”, leyes y costumbres de la mujer judía que deberían cambiar


Por

Asistimos a la presentación del libro “Judaísmo en Femenino” de Ethel Barylka, quien reside actualmente en Israel y del que nos platica su visión de la mujer judía en la religión. Escuchamos a la periodista y escritora Silvia Cherem, quien nos hace un interesante ensayo sobre las mujeres judías y las costumbres del judaísmo que en muchos casos se han vuelto leyes.

¿Puede una mujer ir al panteón a un entierro?

¿Puede una mujer hablar en un ereye?

¿Es impura la mujer en algún momento?

¿La voz femenina provoca e incita al hombre?

JUDAÍSMO EN FEMENINO

Por Silvia Cherem S.

Quienes me conocen, saben que dos temas me espolean aguijoneándome hasta sacar la cresta: combatir el discurso de los fanáticos, es decir de quienes se ostentan como poseedores de la verdad absoluta, y la demanda inaplazable de igualdad en torno a la mujer, la trama que hoy nos convoca.

Dicho esto, comienzo por contarles una historia. Cuando Jenny Asse me llamó para pedirme que presentara este libro e hizo patente el título: Judaísmo en femenino, yo vivía momentos espinosos, difíciles. Mi papá tenía días de haber fallecido, y en medio de la tristeza, de la ausencia, emprendía, una vez más, la frontal batalla contra los usos y costumbres de la comunidad a la que pertenece mi familia porque, con una férrea resistencia al cambio, aún hoy, en pleno siglo XXI, se margina a la mujer de los ritos mortuorios.

Generalmente no acepto presentar un libro sin antes haberlo leído de cabo a rabo, pero, en este caso, ya desde el título: Judaísmo en femenino, el texto de Ethel Barylka caía en mí como miel sobre hojuelas.

En aquel momento, acababa de escribir una carta a la directiva de la comunidad defendiendo el rol de la mujer. Sustentada en una revisión a consciencia de las fuentes religiosas, expliqué por qué en franco desafío a las normas comunitarias había tomado el micrófono frente al féretro de mi padre, por qué asistimos al entierro en primera fila a pesar de que querían obligarnos a desistir, por qué habíamos decidido hacer el ereye de la semana en casa y no en el templo como se acostumbra, a fin de que las mujeres pudiéramos expresarnos sin tener que pedirles permiso a rabinos y directivos, permiso que dicho sea de paso nos hubieran denegado, y finalmente por qué, ante mis ojos, resulta inaplazable el cambio.

Aunque varias mujeres hemos emprendido esta lucha de tiempo atrás, no ha habido un movimiento consistente que conduzca a una mayor apertura. En general los hombres, que son quienes asumen casi todos los puestos directivos de la comunidad, se guían por el radar de la costumbre adelantándose a complacer al sector religioso, muchas veces cediendo más de la cuenta.

En general, los directivos no tienen interés o tiempo para indagar a fondo las fuentes, para racionalizar causalidades y temen dar cualquier paso de apertura para evitar confrontaciones con los rabinos. Glorificando los valores de la tradición desdeñan que, en pleno siglo XXI, un siglo que enaltece los derechos humanos de todos, incluidas las minorías, su proceder podría hacer ver a la comunidad como un ente machista y misógino que preserva reglas anacrónicas e infundadas con respecto a la mujer.

En la rebatinga a este respecto, en los últimos años ha habido pasitos para adelante, pasitos pa´trás, como dice la canción. Se dice que las mujeres “ya pueden asistir a los sepelios”, sin embargo, en la práctica se sigue recomendando que no lo hagan. En el velatorio, que ya está en el panteón mismo, los directivos comunitarios y los rabinos usan el micrófono para apostillar la negativa y, al escuchar la recomendación, la mayoría de las asistentes tristemente se pliega sin saber que el origen de este tabú no tiene basamento. Cuando ya ven entrar a algunas insumisas, intentan marginarlas detrás de una barda.

Según me contaba mi tío abuelo Carlos Sacal, en el siglo XIX en Siria, para enterrar a un deudo tenían que caminar largos recorridos con el féretro, cruzando barrios musulmanes. En general había hermandad entre árabes y judíos, pero había extremistas con quienes mantenían animadversión y aprovechaban los sepelios para provocar. Llegó a haber gritos e insultos, y la situación alcanzó un extremo tal que en alguna ocasión intentaron robarse a una mujer. Para evitarlo, como una medida de precaución y supervivencia, las autoridades comunitarias prohibieron que las mujeres asistieran a sepelios.

Así, una norma preventiva que obedeció a circunstancias dadas en Damasco, quizá también en Alepo, se convirtió en costumbre, un rito que se incluyó en el bagaje con el que los judíos sirios inmigraron a América. El tabú, con el tiempo, se fue colmando de superstición y contenidos mágicos, de prejuicios y estereotipos contra la mujer. Cuando yo era niña recuerdo que se decía que las mujeres no iban a los panteones porque eran débiles y lloronas, “sólo hacían escándalo”. Ese era el motivo.

Desde hace 26 años que, en franca rebeldía asistí a un entierro de un familiar cercano, me ha tocado escuchar los argumentos más inverosímiles con los que algunos miembros de la jebrá, líderes comunitarios y ciertos rabinos defienden esta absurda moción. Explicaciones asombrosas que rayan en el terreno mágico de la superstición: “en la Cabalá está escrito que aquí no puedes estar”, “las mujeres atraen al diablo en los panteones”, “las mujeres son sucias o impuras”, “es de mala suerte que estés aquí…”  ¿Mala suerte, para ti o para mí?, me atreví a preguntar. Para ambos, para la comunidad entera, responden. Así se las gastan, con esas contestaciones y una infinidad de disparates más.

Aunado a ello, se prohíbe que las mujeres puedan hacer un discurso de su ser querido, hablar del fallecido. Si alguna mujer quiere pronunciarse, porque al fin y al cabo es la manera de cerrar un ciclo, de dar un último adiós, la callan: “Mujeres, no. Mujeres, no. Está prohibido”. Exigen que uno le dé el discurso escrito a un hombre para que él lo lea. La voz de la mujer seduce, dicen, aunque ella hable desde el lugar de las mujeres. Desde esa perspectiva, los hombres no son más que animales voraces que ven un objeto sexual en cada hembra, en cada diálogo casual, en cada transacción social o comercial con una mujer.

Resulta de más añadir que, en las comunidades de origen árabe, una mujer no puede ocupar el puesto de presidenta de la comunidad, se hace todo para evitarlo, como sucedió el año pasado con una candidata idónea, una mujer con décadas de trabajo comunitario que llegó a vicepresidenta, cuyo talento y experiencia superaba a cualquiera de los candidatos varones, y a quien no le permitieron ocupar el puesto por el simple hecho de ser mujer. A ojos de casi todos, hasta de sí misma porque ella no tuvo la fuerza para luchar contra la grilla colectiva, un hombre genera más respeto y dignidad por el simple hecho de serlo.

En general, en nuestras comunidades, no ha habido voces suficientes de hombres y mujeres dispuestos a vivir en concordancia con la modernidad. Ha habido pequeños pasos, muy pequeños, pero las costumbres sin fundamento se han ido enraizando sin que nadie se atreva a romper con ellas. Esta inercia obedece a un mundo de motivos, enumero algunos: desconocimiento, falta de valentía para hacer cambios y asumir un papel activo, son hombres quienes mayoritariamente dirigen las comunidades y las mujeres se conforman con asumir un rol pasivo, no ha surgido un movimiento de presión lo suficientemente significativo, las normas se canonizan como inamovibles, o quizá, el fanatismo ha ido ganando la batalla reduciendo los espacios más plurales.

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Por ello, porque hacen falta datos contundentes del absurdo de la discriminación a la mujer, voces valientes e informadas, argumentos pertinentes que exhiban las verdades contenidas en las fuentes primigenias y en los textos rabínicos, que analicen el pensamiento judío contemporáneo y la historia de las distintas comunidades, Judaísmo en femenino de Ethel Barylka, se convierte en un texto imprescindible.

Este libro es un compendio inteligente de argumentos actuales, versados y eruditos que estudian, desde una postura ortodoxa, las fuentes primarias y exhiben la falta de fundamento religioso en la visión de predicadores, exégetas, maestros, rabinos y líderes comunitarios que han marginado y marginan a la mujer, interpretando lo escrito desde lo masculino, con una visión parcial y, sobre todo hoy, con altas dosis de ignorancia.

Barylka alude a las explicaciones a las que me he referido en torno a la exclusión discriminatoria de la mujer. Ella ha estudiado a fondo esos disparates y determina que la línea de argumentación procede del sincretismo con otras culturas. Por ejemplo, las respuestas plagadas de superstición con respecto a la “mujer sucia” provienen de Plinio El Viejo, enciclopedista romano cuyos estudios permanecieron vigentes durante al menos diecisiete siglos, hasta que los suplantó el empirismo moderno con su Método Científico.

En su Naturalis historia, Plinio El Viejo escribió que el flujo menstrual es tan pernicioso que, si entra en contacto con los cereales, se convierten en estériles, los injertos se mueren, las plantas de los jardines se secan, los frutos de los árboles se caen, el resplandor de los espejos se enturbia, el filo del acero se debilita, el brillo del marfil desaparece, los enjambres de abejas mueren, el bronce y el hierro se oxidan, hasta la rabia le entra al perro…  Y no es broma, Plinio aludió hasta a la rabia del perro. La mujer porque menstrúa es capaz de todos los males, de la mala suerte de la que algunos hablan.

Ya luego, los caraítas, secta antitalmúdica de la Edad Media, que dicho sea de paso quedó excluida del judaísmo, retomaron el concepto de que la mujer menstruante es sucia y que su presencia en un lugar sagrado atrae a fuerzas negativas, diabólicas. Ethel Barylka afirma que estos argumentos primitivos, que algunas veces fueron acentuados por exégetas y comentaristas que perpetuaron los estereotipos, fueron rebatidos con firmeza por sabios como Maimónides y Yosef Karo, autor del Shulján Aruj. Estos últimos escribieron que la mujer nidá o menstruante no es impura. Aún más, señalaron que las mujeres, incluso menstruando, podían leer la Torá, la única condición era que se lavaran las manos antes de hacerlo.

Barylka va más lejos, señala que la marginación de las mujeres que menstrúan calificándolas de sucias, viene del pensamiento de Santo Tomás de Aquino y de diferentes concilios del cristianismo en la Edad Media: el de Nicea, el de Constantinopla, el de Trullo y otros, que evitaban la presencia de la mujer en lugares sacros. Esta prohibición, que ve a la mujer como un ser defectuoso que es preciso marginar, como un ser que despierta pasiones en el hombre por su capacidad de seducción, fue permeando también a una ortodoxia judía, masculina por supuesto, que se fue oponiendo de manera cada vez más categórica a cualquier insinuación de igualdad de género.

La autora de Judaísmo en femenino se pregunta si las mujeres pueden estudiar la Torá, porque algunos les niegan ese derecho, si las mujeres pueden ponerse tefilin para rezar o si ello es un acto irreverente que debe ser castigado, como suele decirse. Basta recordar a las mujeres que luchan por tener un lugar para rezar en el Kotel (Muro de las Lamentaciones) y a quienes se les escamotea ese principio. Según afirma Ethel, no hay prohibición en cuanto a que las mujeres sean estudiosas de la Torá. De hecho, en el Talmud Babilónico hay referencias a “mujeres con rectitud de conducta” que se ponían tefilin y rezaban cada mañana, una costumbre entonces aceptada. Sin embargo, estudiosos del Talmud de Jerusalem no veían esto con buenos ojos y se fue haciendo costumbre la prohibición.

Un caso que en la historia se usó para acentuar el mito es el caso de Bruria, una mujer erudita. Rashi y los autores medievales posteriores a él, señalan que la sapiencia de Bruria no le bastó para evitar que cayera en la tentación, porque, según quedó escrito, fue seducida por un alumno de su marido.

La conclusión de aquel silogismo ilógico y mal intencionado fue que el estudio “lleva a la mujer a la soberbia y a la liviandad de pensamiento”, que “es mejor la ignorancia para la mujer, que la sabiduría”. Tristemente, esa concepción de que a las mujeres había que marginarlas del estudio fue permeando la cultura y perduró por los siglos de los siglos, afectando inclusive la generación de mis abuelas y de mi madre, de quienes sólo se esperaba que tuvieran hijos y atendieran al marido.

Ethel Barylka resalta que el Talmud y los textos bíblicos no presentan una visión monolítica de ningún tema, en el judaísmo no hay verdades absolutas. La riqueza, la vitalidad del judaísmo, se sustenta en la vocación de cuestionar, en la capacidad de discutir ideas, cuestionar a los hombres y sus verdades, inclusive debatir con Dios.

Con humildad y mente crítica, la autora escudriña los textos bíblicos, exegéticos y filosóficos, profundiza en el Midrash y en la Halajá, en los argumentos teológicos, buscando las palabras veladas, las verdades ocultas a sabiendas de que lo que ha mantenido vivo al judaísmo ha sido el juego interpretativo continuo de la ley escrita, donde nunca ha habido verdades absolutas ni respuestas unánimes o unívocas, sino propuestas plurales que van del conservadurismo a la rebeldía, disputándose un lugar en el ámbito de la ley.

Setenta son las caras de la Torá, arguye Ethel, y por supuesto, esa visión debería de aplicarse también al trato a la mujer porque, en realidad, no existe ninguna prohibición para que estudie, vote o se exprese, para que pronuncie discursos o participe activamente en todas las facetas de la vida comunitaria. Arguye: “La autoridad en el ámbito judaico no deriva tan sólo de las cualidades humanas, sino del conocimiento, del saber. Por lo tanto, en una sociedad en la que la mujer no ha tenido acceso al estudio de la Torá, ha quedado obstruida su entrada al liderazgo religioso y comunitario”.

Por siglos, dice, han sido los hombres quienes han ido fijando las reglas del juego, segregando a la mujer y convirtiendo en dogma lo que ni por asomo fue ley. Señala ella que fue la exégesis judía posterior a Bereshit, y fundamentalmente las glosas cristianas, todas escritas por hombres, quienes demonizaron a Eva como mujer fatal, mujer pecadora que sedujo y condenó al pobrecito de Adán.

A pesar de que en la Torá hay grandes protagonistas, matriarcas que son líderes y salvadoras, juezas como Dvora y otras forjadoras de la identidad primigenia, la historia contemporánea se fue permeando de ese mito que arrinconó a la mujer marginándola de la capacidad de pensar, aportar o dirimir. Se convirtió en un ser del que hay que desconfiar, hembras con una esencia seductora, capaces de atraer el mal.

En Bereshit, arguye, había un principio de igualdad: la mujer no salió del pie del hombre para ser pisoteada, ni de la cabeza porque no había la intención de convertirla en un ser superior, sino de la costilla, simbolizando ese papel de igualdad en la sociedad. Dios en aquel libro carecía de identidad, no tenía ninguna propiedad de género, no era mujer, tampoco era hombre.

Sin embargo, dice Barylka, la tradición y el liderazgo de hombres fue atribuyéndole imagen masculina: es Dios, no Diosa. Es un Dios que dicta normas, no es un Dios madre, un Dios fecundo, cercano y compasivo que se embarace y nutra la tierra. Va aún más lejos: en las fuentes originales la palabra hebrea lazun, cuya raíz es zan (nutrir), fue traducida a lo largo de los siglos como sostén o sustento, perdiendo la connotación de nutriente. Así se fue convirtiendo en una analogía de la figura masculina.

¿Qué importancia tendría recuperar la imagen femenina de Dios? ¿Sería un Dios más compasivo?, se pregunta la autora. Más que tener una presencia de fuerza y exigencias, de cumplir mandatos, dice ella, quizá sería baluarte de mayor ternura, contención, sostén y justicia. Un Dios que nutra y no sea solo norma. Un Dios que ame incondicionalmente a sus hijos y, lejos de estar en las alturas, fecunde la tierra dando vida.

Afirma: “Hay quienes creen que el diálogo y el cuestionamiento no son legítimos o que están prohibidos, sobre todo si quienes intentan la lectura son mujeres”. Sin embargo, hoy, cuando vivimos una verdadera revolución que ha abierto posibilidades a muchas mujeres en todos los ámbitos, incluido el religioso, este libro invita una nueva lectura de la Ley, la historia, la concepción de Dios y la práctica normativa judía.

No sólo invita a la disidencia para incluir a la mujer en la vida comunitaria, también atenta contra quienes han mantenido el monopolio de la verdad religiosa arropándola con mitos ajenos, prejuicios, estereotipos o ideas sincréticas. Contra quienes se niegan a romper el cerco del silencio promoviendo el temor de vivir en el pecado, de ser víctima de castigos ante la mínima sospecha de transgresión de verdades aparentemente sagradas.

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En pleno siglo XXI no es una epidemia crónica buscar un lugar digno para la mujer. De hecho, nadie que se precie de ser moderno puede dejar fuera de su discurso a las mujeres. El feminismo es la gran revolución del siglo XX. Transformó el pensamiento y la práctica, los sueños y las propuestas de vida. Es una crítica radical a todos los presupuestos ideológicos del pensamiento occidental, desde lo político y lo económico, desde lo laboral hasta lo que se da al interior de la familia, incluida la religión.

El feminismo transformó los patrones de las relaciones humanas y puso en duda todas las premisas ideológicas. No es sólo un canje de orden, es la subversión de una manera de pensar y de vivir, y hoy que se han abierto las puertas del conocimiento para las mujeres, resulta imposible cerrarlas.

Isaiah Berlin señalaba que, a partir del siglo XIX, cuando surgió un resquebrajamiento de las piedras fundacionales, prevalece la necesidad de cuestionar premisas irrefutables para poner al individuo como un ente capaz de oponer su voluntad a la naturaleza y a la sociedad. El feminismo, en ese contexto, se inserta como una filosofía y una ética, una teoría y una práctica política. Un conjunto de principios que ha influido en el liberalismo y el socialismo, las teorías del lenguaje y el psicoanálisis, la práctica política y el arte, el estudio de la historia y las propuestas de derecha, izquierda y centro. Ha incidido en la vida cotidiana y en el imaginario colectivo con respecto al lugar social y mental que ocupamos, al trato que aceptamos recibir y el que se nos da.

¿Cómo no ser feminista ­­–se pregunta la escritora Sara Sefchovich, autora de ¿Son mejores las mujeres? –, si desde que el feminismo entra en el sistema circulatorio la vida adquiere un sentido y una libertad que no tenía antes? ¿Cómo no ser feminista si gracias al feminismo se entienden de otro modo las cosas y se vive mejor la vida, por lo que se sabe que se puede hacer y lo que no se puede tolerar? ¿Cómo no ser feminista si las ideas y propuestas del feminismo han traspasado fronteras reales y mentales, llegando hasta los lugares más insospechados?

Cómo no ser feminista –añado yo– si sólo así podemos dotar de dignidad nuestro lugar en la vida social y comunitaria, comprender lo que es justo y lo que es injusto, lo que define nuestras vidas y nuestra historia, lo que da coherencia al futuro de nuestras hijas y también al de nuestros hijos.

Cómo no ser feminista si los procesos de secularización abrieron todas las puertas de saber, todos los oficios… Cómo no serlo, cuando las mujeres estudian, son profesionistas y mantienen sus hogares. Cuando, además, desde la ortodoxia, autoras como Ethel Barylka derriban los prejuicios y estereotipos con los que se sustenta la marginación comunitaria, aportando lineamientos para desmantelar las costumbres popularizadas en el imaginario colectivo y, con ello, abre las puertas de par en par para que las mujeres podamos empoderarnos también en la vida comunitaria, conocer las fuentes y asumir nuestro lugar, un espacio digno, en la vida judía.

Sostiene Barylka con respecto a este nuevo paradigma: “No puede pensarse en un verdadero liderazgo espiritual judío si, de manera intencional, se deja analfabeta a la mitad de la población, a las mujeres”.

Aún más, cómo no ser feminista si la ofensa a la mujer debería ser también un agravio a los hombres. En especial, el argumento del “recato” y la necesidad de llevar a cabo actividades culturales, sociales y religiosas totalmente separados los géneros, hasta con una barrera física móvil, arguyendo que la presencia de la mujer, peor aún, la voz de la mujer despierta los instintos más oscuros, el olfato más primitivo de los machos, una fantasía que exige marginarlas hasta en el espacio físico. ¿No es ofensivo para los hombres mismos este dogma fundacional que asegura que se guían por sus instintos carnales, y que la mujer, ya sea su esposa, su hermana o su hija, no es más que un objeto sexual?

Cómo no ser feminista si, a pesar de los avances en todos los ámbitos, en algunas de nuestras comunidades tenemos que seguir anclados en sociedades oscurantistas, predominantemente patriarcales y machistas que hacen proselitismo secundando la exclusión a la mujer con argumentos falaces como aquellos que sostienen que es “por tradición”,  “por mantener la ortodoxia”, “por acatar la Halajá”, falsedades que se sostienen porque aún no aparece un niño, como el del cuento del emperador, que devele la desnudez ante los ojos de todos.

Cómo no ser feminista si pretenden que guardemos silencio, que regalemos nuestra voz a los hombres, que les demos nuestros discursos, nuestros pensamientos y manera de expresarnos, limitando nuestras despedidas, nulificando nuestro ser.

El desafío de un cambio en la narrativa no incumbe sólo a las mujeres. La transformación de este paradigma comunitario exige que, como en los viejos tiempos, haya un intercambio de pensamientos, la capacidad de revocar las ideas absolutas, las verdades unívocas, los planteamientos sin sustento. Ello incumbe a líderes y rabinos, a hombres y mujeres, a jóvenes y viejos.

¿Cómo no ser feministas si el reloj no se detiene, si somos hijas e hijos de nuestro tiempo?

Este texto fue leído en la presentación del libro Judaísmo en femenino de Ethel Barylka, publicado por Nagrela Editores con el apoyo de la Fundación Metta Saade, el 12 de junio de 2018, en la librería El Péndulo.

http://diariojudio.com/opinion/judaismo-en-femenino-leyes-y-costumbres-de-la-mujer-judia-que-deben-cambiar/272854/

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