Centro para mujeres con pregances de crisis abrirá en Argentina


Crédito: Kseniya Ivanova / Shutterstock.

Crédito: Kseniya Ivanova / Shutterstock.

 .- Los sacerdotes que trabajan en los barrios marginales de Buenos Aires anunciaron el martes el “Hogar del Abrazo Maternal” para atender a las mujeres en embarazos en crisis.

La iniciativa, presentada en la parroquia de Cristo Trabajador el 17 de julio, busca responder a las necesidades de las mujeres que viven en los barrios marginales y también es un signo del compromiso de la Iglesia con la defensa de las vidas de los no nacidos y sus madres.

Además de lamentar el progreso del proyecto de ley de aborto aprobado en la Cámara de Diputados de Argentina y que ahora se debate en el Senado, los sacerdotes explicaron que el Hogar del Abrazo Materno recibirá a adolescentes y mujeres jóvenes adultas con embarazos en riesgo que están abandonadas y quién puede verse tentado a abortar, así como a las mujeres que han procurado abortos.

Se les proporcionará nutrición, atención médica y chequeos, apoyo psicológico y asesoramiento legal y social durante el embarazo y los primeros años de sus bebés, hasta que ingresen al sistema educativo.

El centro buscará facilitar el acceso a las políticas y programas de maternidad y, si es necesario, el proceso de adopción.

“En un ambiente familiar que acoge, abraza y acompaña (a nosotros) especialmente buscaremos alentar y fortalecer (a las mujeres). El centro también recibirá y acompañará a padres adolescentes o adultos jóvenes en sus crecientes responsabilidades “, dijeron los sacerdotes en un comunicado.

“Elegimos asumir la responsabilidad de estas dramáticas situaciones como comunidad y no estamos esperando acríticamente el establecimiento de una verdadera cultura de los seres humanos desechables”.

Los sacerdotes llevarán a cabo su trabajo “allí (en los barrios marginales) donde la vida avanza a pesar de las dificultades; y cada embarazo, cada niña y cada niño, es esperado y recibido como un regalo, con la esperanza de que un futuro diferente y mejor que el existente lo espera “.

La propuesta fue firmada por cuatro obispos, más de 20 sacerdotes y dos monjas.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestra agencia hermana, ACI Prensa. Ha sido traducido y adaptado por CNA.

https://www.catholicnewsagency.com/news/center-for-women-with-crisis-pregancies-to-open-in-argentina-71086

El CMI condena la demolición prevista en una aldea beduina


El CMI condena la demolición prevista en una aldea beduina

Foto: Sean Hawkey/CMI

13 de julio de 2018

Versión en español publicada el: 16 de julio de 2018

Como desvelaron informes del 12 de julio del anuncio de Israel de la demolición de una aldea beduina en cuestión de días a pesar de la orden conminatoria de carácter temporal, el secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, condenó los planes de demolición, afirmando que violan los derechos humanos, especialmente los de los niños vulnerables que viven en Khan al-Ahmar.

“Demoler los hogares y, sobre todo, la escuela de Khan al-Ahmar es una decisión inhumana que infringe los derechos humanos de las personas que ya viven en condiciones sumamente difíciles debido a décadas de injusticia”, dijo Tveit. “El CMI se une a muchos miembros de la comunidad internacional que condenan la amenaza de demoler esta aldea y pide que se ponga fin de inmediato a cualquier demolición que ya esté en marcha”.

Se piensa que unos 180 beduinos viven en casas de madera y lata en Khan al-Ahmar, cuidando de ovejas y cabras, mientras que 170 niños de los alrededores usan su escuela.

La situación debe solucionarse no solo dentro de los límites del derecho internacional, sino también sobre los cimientos de la justicia y la paz para los habitantes de la aldea, dijo Tveit.

“Arrasar hogares y destruir una escuela no son actos que puedan defenderse legal o moralmente como una expresión de la autodefensa de un Estado”, dijo Tveit. “Esto se debe considerar un acto de crueldad inaceptable contra personas que Israel tiene el deber de respetar y proteger”.

Solidaridad con las iglesias en Oriente Medio

Semana Mundial por la Paz en Palestina e Israel

https://www.oikoumene.org/es/press-centre/news/wcc-condemns-intended-demolition-in-bedouin-village

ESPAÑA: 38 CONGRESO DE TEOLOGÍA MÍSTICA Y LIBERACIÓN


Hacia una espiritualidad de ojos abiertos

Juan José Tamayo

Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII

    Un nuevo Congreso de Teología, ¡el 38!, con un tema
que no habíamos tratado hasta ahora: “Mística y liberación”. Fue el más demandado por los congresistas del anterior:. Tendrá lugar del 7 al 9 de septiembre, Su celebración coincide –y no es causal- con el centenario del nacimiento de Ramón Panikkar, místico itinerante, que supo aunar en su vida y su pensamiento ambas dimensiones con una extraordinaria coherencia. Coincide también con el 90 aniversario de teólogas y teólogos que brillaron con luz propia, vivieron y pensaron la mística no como evasión y huida de la historia,  sino en el corazón de la realidad con todas sus contradicciones.

Me refiero a Gustavo Gutiérrez, para quien el método de la teología de la liberación es la espiritualidad; Johan Baptist Metz, que propone una “mística de ojos abiertos”, que lleva a sufrir con el dolor de los demás; Pedro Casaldàliga, que vive la mística en el bien decir estético de su poesía y en el compromiso con los pobres de la tierra; Hans Küng, ejemplo de mística interreligiosa; Dorothee Sölle (1929-2003), que supo compaginar en su vida y su teología armónicamente mística y feminismo desde la resistencia.

Este año es también el ochenta aniversario del nacimiento de los teólogos Leonardo Boff, que definió a los cristianos y cristianas como “contemplativos en la liberación”, y de Jon  Sobrino, testigo de la mística vivida en torno al martirio y de la “liberación con espíritu”, convencido como está de que “sin práctica, el espíritu permanece vago, indiferenciado, muchas veces alienante”.

Todos ellos y ellas han hecho realidad la afirmación de Karl Rahner: “El siglo XXI será místico o no será”. Este Congreso, que seguirá la estela de nuestros maestros y maestras, quiere contribuir a que el siglo XXI sea místico desde una perspectiva liberadora. Comenzaremos con una reflexión sobre la mística y la política para mostrar que la mística no se queda en una experiencia espiritual –espiritualista- individual –individualista-, sino que tiene una dimensión crítico-pública, no es evasiva, sino que incide directamente en la vida política al servicio del bien común.

A continuación presentaremos la mística como elemento fundamental de las religiones y como un camino necesario para la superación de los fundamentalismos, que constituyen hoy una de las más graves patologías de las religiones. Dedicaremos una conferencia al sufismo, expresión más depurada y auténtica de la experiencia religiosa del islam. La mística es inseparable de la lucha por la justicia. En esa dirección van las reflexiones sobre la aportación del silencio a la lucha por la justicia, la espiritualidad en la juventud y la aportación de la pensadora francesa Simone Weil, ejemplo de intelectual compasiva y de mística solidaria con los sectores más vulnerables de la sociedad.

La mística no es uniforme, sino que se caracteriza por un amplio pluralismo. No podemos analizar todas sus manifestaciones. Hemos elegido la reflexión sobre dos de ellas: la oriental y la cristiana. Terminaremos con la propuesta de una mística en perspectiva feminista, integradora de las diferentes experiencias religiosas y laicas, que responda a los desafíos de nuestro tiempo, compagine teoría y práctica liberadoras, trabaje por la justicia y contribuya a construir una sociedad fraterno–sororal, sororal sin exclusiones. Una mística, en palabras del teólogo alemán J. B. Metz, “de los ojos abiertos, que nos hacen volver a sufrir por el dolor de los demás: los que nos instan a sublevarnos contra el sin sentido del dolor inocente e injusto; los que suscitan en nosotros hambre y sed de justicia, de una justicia para todos”

Los temas serán tratados desde diferentes disciplinas vinculándolos con las prácticas de liberación en las que estamos comprometidos y los movimientos sociales en los que participamos. Es, por tanto, un Congreso abierto a las personas y colectivos interesados en la propuesta de un nuevo paradigma religioso que puede aportar horizontes liberadores a nuestra sociedad.

Para más información sobre el Congreso podéis consultar la página web: http://www.congresodeteología.info. Ya podéis hacer la inscripción por Banco en la cuenta que aparece en el programa.

Nos vemos el 7 de septiembre. Anotad la fecha en la agenda. Hasta entonces ¡feliz verano!

 

Congreso de Teología

 

 

Asociación Teológica Juan XXIII

 

38 Congreso de Teología

Mística y Liberación

Del 7 al 9 de septiembre de 2018

MEDELLIN, CINCUENTA AÑOS DESPUÉS (II) RAFAEL LUCIANI


Rafael Luciani

Medellín incorpora la promoción humana a la misión propia de la Iglesia en el mundo, de modo que el proceso evangelizador responda al mensaje de salvación integral

(Rafael Luciani, Miembro del Equipo Teológico Pastoral del CELAM).- Un caso único de recepción continental colegiada. En el posconcilio se emprendió una serie reformas tanto de las mentalidades como de las estructuras, que no siempre fueron bien recibidas. Monseñor Clemente Isnard, padre conciliar latinoamericano, llegó a afirmar que “la Iglesia se convirtió en 1965 en algo muy diferente a lo que era en 1958”, porque transformó el paradigma de una institución estática en otra que asumía, en palabras de monseñor Alcides Mendoza, el modelo del “Pueblo de Dios abriéndose paso a través de la historia”.

En la diócesis de Recife, en Brasil, monseñor Dom Hélder Cãmara puso en práctica el ejercicio de la colegialidad, la opción pastoral por los pobres y la ruptura del esquema Iglesia-poder. Entendió, siguiendo la Gaudium et Spes (GS), que “no son los caminos de la Iglesia los que deben ser los caminos del hombre, sino los caminos del hombre los que deben ser los caminos de la Iglesia”. Con el Concilio nació una nueva conciencia sobre el sujeto humano que fue “definido principalmente por la responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia” (GS 55).

En este mismo contexto posconciliar, el 20 de enero de 1968 el Papa Pablo VI anunció la convocatoria a la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el 24 de agosto la inauguró en la Catedral de Bogotá. Las sesiones de trabajo se realizaron en el Seminario de Medellín entre el 26 de agosto y el 6 de septiembre bajo el lema La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio.

Jorge Mejía bautizó a Medellín como “El pequeño Concilio” en alusión a su forma continental y colegiada, un método de trabajo que condujo las sesiones del evento y constituyó su mayor novedad, pues guio el espíritu que dará nacimiento a una identidad eclesial latinoamericana propia. Por ello, José Oscar Beozzo sostuvo que la recepción del Vaticano II en Medellín fue “continental y colegiada”, y se hizo de manera “fiel, selectiva y creativa”.

Una nueva conciencia eclesial

Con una recepción situada del Vaticano II, Medellín dio forma a lo que en el Concilio había sido un tema marginal: la Iglesia de los pobres, una institución comprometida con la liberación y la promoción humana, en lucha contra la pobreza. Este horizonte, desde donde se comenzará a hacer teología y a vivir la eclesialidad, se convertirá en el gran aporte a la catolicidad más amplia por parte de la Iglesia latinoamericana en tanto Iglesia fuente -como la denominó De Lima Vaz SJ en 1968.

Los dieciséis documentos de Medellín supusieron una conciencia de que en la Iglesia el seguimiento de Jesús se vive y realiza entre los hermanos más pobres, los crucificados de la historia. En sus textos se clama contra la “dolorosa pobreza cercana en muchísimos casos a la inhumana miseria” (Pobreza 1), una condición que fue calificada de “situación de pecado” (Paz 1). El Documento Conclusivo no se limita a describir la pobreza en la región, sino que más allá, y ahí estriba su novedad, señala y desenmascara sus causas (Paz 3). Así, al reconocer primero que Dios “crea la tierra y todo lo que en ella se contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados puedan llegar a todos, en forma más justa” (Justicia 3), entiende que ese mismo Dios envía a su Hijo para que “venga a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes a que los tiene sujetos el pecado”.

El DC precisa, además, que el vocablo pecado alude a “la ignorancia, el hambre, la miseria y la opresión, en una palabra, la injusticia y el odio que tienen su origen en el egoísmo humano” (Justicia 3). La situación de pecado ostensible en la pobreza y la desigualdad que Medellín desenmascara acarreará críticas y seguidores a la vez, al afirmar que el aumento de pobres cada vez más pobres tiene su causa en la existencia de ricos cada vez más ricos, a saber, el grupo que hoy, cincuenta años después de aquel evento medular, los economistas definen como el 1% de la población mundial.

La conciencia por los pobres y sus derechos -que el programa de Juan XXIII de una Iglesia para los pobres hace suya y que el Concilio había dejado como tarea pendiente-, impregnó el corazón de los obispos latinoamericanos que vieron una oportunidad de encausar esta opción en la celebración de Medellín. De hecho, el orden en el que se presentaron los documentos explica esa escogencia e introduce una innovación respecto al Concilio, al dar prioridad a la “Promoción humana”, seguir con la “Evangelización y el crecimiento en la fe”, para finalizar con la “Iglesia visible y sus estructuras”. Como reconoció el obispo Marcos McGrath, padre del Concilio y de Medellín, esta estructura “altera el orden más frecuentemente usado en la Iglesia, antes y después de Medellín. Evangelización y crecimiento en la fe viene después de la Promoción humana”.

Si bien el Concilio había establecido que toda actividad humana que busque mejorar las condiciones de vida “responde a la voluntad de Dios” (GS 34), Medellín precisará, proféticamente, que la voluntad de Dios no es genérica ni abstracta y obliga, más bien, a hacer “sentir su paso que salva cuando se da el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas” (Introducción 6). Como aseveró Pablo VI, es un paso que no responde a un proyecto sociológico o a una visión ideológica, sino al seguimiento de Jesús, porque “la pobreza de tantos hermanos clama justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superación para el cumplimiento pleno de la misión salvífica encomendada por Cristo” (Pobreza 7). Todo este movimiento dará pie a un discurso eclesiástico con talante evangélico y un sujeto propio: los más pobres de la región.

Salvación y promoción humana

Medellín incorpora la promoción humana a la misión propia de la Iglesia en el mundo, de modo que el proceso evangelizador responda al mensaje de salvación integral que la institución debe llevar a los pueblos. Y es que en la conferencia se parte del presupuesto de una salvación entendida a partir tres ejes de acción eclesial que han de contribuir con la gestación de una nueva sociedad: “liberación de toda servidumbre, maduración personal e integración colectiva” (Introducción 4). Al ver de manera unitaria el ejercicio de la promoción humana, la evangelización y la liberación se logra “evitar el dualismo que separa las tareas temporales de la santificación” (Justicia 5) y “toda dicotomía o dualismo entre lo natural y lo sobrenatural” (Catequesis 17). Se apuesta así por una teología de lo temporal y de los procesos históricos en los que la fe y la transformación social se implican entre sí.

La sección sobre la promoción humana contiene cinco documentos: Justicia, Paz, Familia, Educación y Juventud, textos en los que se hace una recepción de la Gaudium et Spes y la Populorum Progressio desde una eclesiología del Pueblo de Dios, siguiendo a la Lumen Gentium. La noción de evangelización pasa en ellos del asistencialismo y el adoctrinamiento a la promoción del sujeto humano y el desarrollo de la sociedad como respuesta al querer de Dios. Se trata de una tarea que solo es posible en medio de una conversión de las estructuras a los valores de justicia y solidaridad, con las respectivas reformas de las mentalidades y de los dispositivos eclesiales a fin de que la Iglesia pueda llegar a ser un auténtico signo de liberación en los nuevos tiempos (Justicia 3).

No en vano el DC indica que “la evangelización debe orientarse hacia la formación de una fe personal, adulta, interiormente formada, operante” y mantenerse “en relación con los ‘signos de los tiempos’. No puede ser atemporal ni ahistórica. En efecto, los ‘signos de los tiempos’, que en nuestro continente se expresan sobre todo en el orden social, constituyen un ‘lugar teológico’ e interpelaciones de Dios” (Pastoral de las Élites 13).

El DC ofrece un punto de ruptura novedoso respecto a la noción tradicional que se tenía de la acción evangelizadora de la Iglesia y su misión en el mundo, pues en sus líneas se reconoce que “hasta ahora se ha contado principalmente con una pastoral de conservación, basada en una sacramentalización” (Pastoral Popular 1). Al integrar la eclesiología del Pueblo de Dios con una soteriología histórica e integral, surge la primacía del camino que debe transitar la Iglesia como “Pueblo de Dios en medio de los pueblos de esta tierra” (LG 13), una senda que la institución deberá impulsar y acompañar, en una relación horizontal con los procesos de desarrollo social de las personas y los pueblos. En una palabra,

“(La acción evangelizadora) debe manifestar siempre la unidad profunda que existe entre el proyecto salvífico de Dios, realizado en Cristo, y las aspiraciones del hombre; entre la historia de la salvación y la historia humana; entre la Iglesia, Pueblo de Dios, y las comunidades temporales; entre la acción reveladora de Dios y la experiencia del hombre; entre los dones y carismas sobrenaturales y los valores humanos” (Catequesis, 4).

Una lectura fragmentada del DC no permite captar la lógica transversal que da unidad y sentido a la reflexión. Esta se consigue a través de tres criterios fundamentales: a) la comprensión de la historia de la salvación como obra de liberación de toda servidumbre (Introducción 4), b) la liberación como anticipo de la plena redención de Cristo (Educación 9), y c) la Iglesia como signo de liberación a través de la promoción humana del pobre (Pobreza de la Iglesia 11). Este eje histórico-escatológico dinamiza la identidad y la misión de la Iglesia y es expresión de una soteriología histórica, contextual, que define a la misión evangelizadora como sacramento de salvación-liberación. En ello consiste la diaconía eclesial.

Medellín nos invita a vivir una fe madura, que se traduzca en la capacidad de leer los signos de los tiempos “que se expresan sobre todo en el orden social” (Pastoral de las Élites 13), en cuanto ellos son “signos de Dios” a los que debemos responder con “la promoción de la justicia social” (Justicia 5). Será, pues, mérito de esta Conferencia que liberación, promoción humana y acción de la Iglesia (es decir, su carácter evangelizador y misionero) queden esencialmente unidos.


Referencias

CELAM. La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio. Ponencias. Bogotá: Consejo Episcopal Latinoamericano, 1968; CELAM. II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Documento de Trabajo. Bogotá: Consejo Episcopal Latinoamericano, 1968; Gera, Lucio. “Evangelización y promoción humana”. En Escritos teológico-pastorales de Lucio Gera. 2. Editado por Virginia Azcuy, Carlos Galli, José Carlos Caamaño. Buenos Aires: Ágape, 2007; Mejía, Jorge. “El pequeño Concilio de Medellín”. En Criterio 1556 (1968): 686-689; Pironio, Eduardo. “Teología de la liberación”. En Teología 17 (1970): 7-28; Pironio, Eduardo. “La evangelización del mundo de hoy en América Latina”. En Teología 25-26 (1975): 155-165.

MEDELLIN, CINCUENTA AÑOS DESPUÉS (1)


Medellín, cincuenta años después (I)

El camino hacia la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

(Rafael Luciani, miembro del Equipo Teológico Pastoral del CELAM).- En los años sesenta la gente tenía grandes expectativas de cambio dada la necesidad de superar la desigualdad. El 24 de junio de 1965, monseñor Manuel Larraín publica su Carta Pastoral “Desarrollo: éxito o fracaso en América Latina”, en la que por vez primera se habla del subdesarrollo como un mal a ser combatido.

“El subdesarrollo mata anualmente a millones de seres humanos”, escribe. Y subraya que “el desarrollo es un humanismo que debe responder a la triple hambre: física, cultural y espiritual” con el fin de “promover al hombre y a todos los hombres”. Para el prelado, el fenómeno era la consecuencia de “círculos viciosos de miseria, fruto de las estructuras vigentes”.

Inspirado en esta visión, Pablo VI publica su encíclica Populorum Progressioen 1967 en la que define al auténtico desarrollo como “el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas” (PP 20), describiéndolo así:

“(Condiciones) más humanas: el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura. Más humanas también: el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza (cf. Mt 5,3), la cooperación en el bien común, la voluntad de paz. Más humanas todavía: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Más humanas, por fin y especialmente: la fe” (PP 20).

Frente al escándalo del subdesarrollo, Pablo VI apunta que la Iglesia estaba llamada a promover el desarrollo “de todos los hombres y de todo el hombre” (PP 14), pero acompañando “especialmente (a) aquellos que se esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización” (PP 1).

Del desarrollo a la liberación

En aquellos años también se hablaba de liberación. Primero, en un encuentro realizado en la Facultad Franciscana de Petrópolis (Brasil, 1964) en el que participaron Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Segundo y Lucio Gera. Luego, formalmente, en la conferencia dictada por Gutiérrez, “Hacia una teología de la liberación”, en Bogotá, en 1971, en la que propone el paso de la teoría del desarrollo a la teología de la liberación, lo que implicaba analizar las causas mismas del subdesarrollo y no solo sus consecuencias. El teólogo partía del análisis de la “dependencia económica, social, política y cultural de unos pueblos en relación a otros”, y más allá de promover el cambio de las estructuras, buscaba “la creación continua de una nueva manera de ser hombre, una revolución cultural”.

El discurso de la Iglesia latinoamericana comenzaba así a desenmascarar las causas de la pobreza y las discernía cristianamente, como consta en el Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo (1967):

“Dios no quiere que haya ricos que aprovechen los bienes de este mundo explotando a los pobres. No, Dios no quiere que haya pobres siempre miserables. La religión no es el opio del pueblo. La religión es una fuerza que eleva a los humildes y rebaja a los orgullosos, que da pan a los hambrientos y hambre a los hartos”.

En este contexto tiene lugar Medellín que discierne: por dónde pasa Dios hoy, en favor de quién y en contra de qué. Se asumió el principio de parcialidad que reconoce que Cristo aparece de un modo especial a través de “sus relaciones con los pobres y la pobreza” (Pobreza 7). Medellín hace una recepción situada de Gaudium et Spes y Populorum Progressio al conectar la pastoral con esfuerzos sociales que favorecen el “paso de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas” (Introducción 6).

En el camino preparatorio a Medellín destacan dos reuniones. En la primera, celebrada en La Capilla (Colombia, mayo, 1967), se concibió la temática general: La Iglesia de América Latina frente al Concilio Vaticano II. Un análisis de la realidad de la región, así como una reflexión teológica y una propuesta pastoral fueron presentados. En la segunda cita, realizada en Lima (Perú, noviembre, 1967) se adoptó el método ver-juzgar-actuar y se precisó el tema: La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio.

Es preciso mencionar tres textos originados en encuentros intermedios. El primero, fruto de la X Asamblea Ordinaria del CELAM reunida en Mar del Plata (Argentina, 11 – 16 de octubre, 1966), tiene por título: Presencia activa de la Iglesia en el desarrollo y en la integración de América Latina. Allí se observa un giro en la teología pastoral latinoamericana que queda vinculada con los procesos de desarrollo de la región. Esta visión respondía a los lineamientos de una teología de la salvación histórica inspirada en el Concilio y en la dirección del humanismo cristiano planteado por Pablo VI. Por eso se optó por un método de trabajo que tomara en cuenta el conocimiento de la realidad sociopolítica, económica y religiosa; su discernimiento teológico y un enfoque social de la pastoral.

El segundo escrito surge del I Seminario Sacerdotal, promovido por el Departamento Social del CELAM, que se efectuó en Santiago de Chile (Chile, octubre-noviembre, 1967), y se denominó Comunicado de 38 sacerdotes de América Latina sobre la Encíclica Populorum Progressio. El documento reafirma el compromiso de la Iglesia con la promoción humana y reconoce a los pobres como sujetos de su propia historia; también denuncia la situación de dependencia que impide el desarrollo justo y se pronuncia sobre la existencia de un mal estructural que subordina la dignidad humana a la economía.

En el Encuentro de Presidentes de las Comisiones Episcopales de Acción Social, que se efectúa en Itapoã (Brasil, 12 – 19 de mayo, 1968) nace el tercer texto con el título Acción y pastoral social de la Iglesia en América Latina. Se trata del escrito más importante pues profundiza en la soteriología histórica como eje de la identidad y misión de la eclesiología latinoamericana. Recuerda que la salvación no acontece fuera de la historia, y mucho menos sin relación con las condiciones concretas en las que se encuentran las personas. La salvación es un proceso de humanización que comienza aquí y ahora:

“…para la mayoría de los cristianos en América Latina, el desarrollo y el cambio de estructuras no tienen relación alguna con la fe y con los sacramentos: la ignorancia, la inercia, la injusticia no figuran en la lista de pecados que se acusan en la confesión (…). El hombre no se salva mediante actos al margen de su existencia: sino por el sentido que imprime en su historia personal y colectiva. Se salva humanizando a la comunidad en la que está inserto, según el modelo de humanidad que descubre en Cristo, el nuevo hombre”.

El Documento Básico Preliminar y el Documento de Trabajo

Todos estos eventos conducen a la primera reunión formal preparatoria de Medellín, realizada el 19 de enero de 1968 en Bogotá, en la que se discutieron tres ponencias: “Promoción humana” (Renato Poblete), “La vida de la Iglesia como institución en América Latina” (Raimundo Caramurú) y “Las tareas evangelizadoras de la Iglesia en América Latina” (Gustavo Gutiérrez) que fungieron como base para la redacción del Documento Básico Preliminar, que será coordinado por monseñor Antonio Quarracino.

El DBP comenzaba recordando el mensaje de Pablo VI al CELAM, del 29 de septiembre de 1966, en el que el Papa pidió promover “reformas estructurales y cambios profundos en la sociedad”, asumiendo la promoción humana como vía para generar estos cambios, pues, indicó:

“el desarrollo social implica, por una parte, un mejoramiento de los niveles de vida, la eliminación de la pobreza extrema y la ampliación de los servicios sociales; y, por otra parte, un cambio de estructuras sociales menos rígidas y dotadas con más medios de movilización social” (DBP 5-6). Esta acción expresa “la salvación que Jesucristo trae a este mundo” (DBP 20).

Este documento recrea el espíritu de renovación del Concilio y asume una forma de proceder colegiada (DBP 2-3). De toda esa reflexión emanará, en junio de 1968, el Documento de Trabajo, instrumento capital para las labores que ocuparon a la Conferencia de Medellín. El DT confirma el tema general: “Presencia de la Iglesia en la transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”, así como las cinco ponencias que lo desarrollarán: signos de los tiempos, interpretación cristiana de la realidad, promoción humana, evangelización y estructuras eclesiales (DT 24). Monseñor Dom Avelar Brandão Vilela, presidente del CELAM, indicó las fuentes que servirían de soporte a los acuerdos: el Evangelio, el Vaticano II y el Magisterio Pontificio.

Medellín no se limita a describir la realidad, sino que desenmascara “la miseria y la ignorancia de los desheredados, la inercia y resistencia al cambio por parte de los privilegiados; la escasa participación de las grandes masas en las decisiones del bien común, la violencia de los que desesperan de una solución pacífica” (DT 18). Su lenguaje comprometió a la misión de la Iglesia en la superación del subdesarrollo:

“…la Iglesia ha de asumir un compromiso en el proceso de la promoción integral de los hombres y pueblos latinoamericanos. Ha de solidarizarse especialmente con los pobres y los marginados en un auténtico amor cristiano. Esto exige de la Iglesia una defensa de la justicia que denuncie las injusticias y señale la necesidad de reformar las estructuras” (DT 24-25).

El obispo Samuel Ruiz concluye su relación “La evangelización en América Latina”, recordando lo que estaba en juego en esta recepción conciliar: “Debe cambiar nuestra concepción y actitud de una Iglesia que se coloca fuera del mundo, frente y contra el mundo. La Iglesia es el Pueblo de Dios comprometido en la historia; la Iglesia está en el mundo” (Ponencias 167). Una eclesiología de este talante, unida a una soteriología histórica y contextual, permitieron entender que el cristiano apuesta siempre por una salvación que tiene su misión en este mundo,

“una salvación integral que abarca la totalidad del hombre (alma y cuerpo, individuo y sociedad, tiempo y eternidad), la totalidad del mundo y sus cosas; que exige la liberación total del hombre de la servidumbre del pecado (ignorancia, opresión, miseria, hambre y muerte). El Reino de Dios ya está presente entre nosotros y marcha, íntimamente compenetrado con el progreso humano; hacia la plenitud consumada de la escatología” (Ponencias 10-11).

Referencias

CELAM. América Latina: Ação e Pastoral Sociais. Conclusões de Itapoã. Petrópolis 1968. CELAM. “Documento Básico Preliminar para la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano”. Revista Medellín 76 (1993). CELAM. II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Documento de Trabajo. Bogotá 1968. CELAM. La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio. Ponencias. Bogotá 1968.

Fecha del artículo: 2018-07-19 01:04:40
Fecha del artículo GMT: 2018-07-19 01:04:40

Fecha modificación: 2018-07-19 01:04:40
Fecha modificación GMT: 2018-07-19 01:04:40

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COLOMBIA. SIN PIEDAD. AMENAZAS BLOQUE OCCIDENTAL DE LAS AGUILAS NEGRAS


 

PARA LO ESCRITO ABRIR EL SIGUIENTE ENLACE:

SIN PIEDAD-1 Panfleto julio 18

Sacerdocio, el celibato y el sexo


Sacerdocio, el celibato y el sexo

Publicado: 19 Jul 2018 17:10 PDT

Thomas Reese, SJ – 18 de julio, 2018

Foto: Theodore McCarrick cardenal escuchó durante la rueda de prensa en Washington el 16 de mayo de 2006 – (. Foto AP / J de Scott Applewhite)

“La Iglesia necesita una discusión franca sobre estos temas con ponderaciones para los laicos. Las relaciones sexuales entre un cura y un p oda adulto sea más que una simple violación del celibato.

También puede ser una violación de la ética profesional “, escribe Thomas Reese , SJ, ex director de la revista Latina, en un artículo publicado por la religión News Service,16/07/2018. La traducción es por Victor D. Thiesen.

Aquí está el artículo.

Noticias recientes sobre acuerdos financieros con los adultos que han tenido relaciones sexuales con un obispo nos muestra que la cuestión de los abusos sexuales en la Iglesia Católica no se limita al abuso infantil . Cuando el cardenal Theodore McCarrick fue suspendido del sacerdocio según creíble ser acusado de abusar de un monaguillo, se reveló acuerdos financieros anteriores con dos adultos con los que el cardenal tenía relaciones .

La Iglesia adoptó una tolerancia cero al abuso sexual de menores, pero cómo tratar con otras actividades sexuales de sacerdotes?

El requisito del celibato sacerdotal en la Iglesia Católica es un tema de debate en la actualidad. Muchos, incluido yo, piensan que el celibato debería ser opcional, al igual que en otras iglesias cristianas. Francisco señaló que está abierto a considerar la ordenación de hombres casados , pero si la solicitud proviene de las conferencias episcopales nacionales.

Pero Francisco también es bastante contundente al afirmar que hasta que eso ocurra la debe observar el celibato .

No todo el mundo está de acuerdo con Francisco. Algunos son menos tolerantes y expulsar a cualquier persona que ha violado su voto desde el celibato. Otros sostienen que la

  • celibato nunca se ha observado universalmente
  • y las malas leyes no deben ser impuestas.

En algunas culturas,

  • los obispos saben que muchos de sus sacerdotes no cumplen con el celibato
  • y simplemente ignorar
  • siempre que sus acciones no se hacen públicos
  • o mientras los feligreses no se quejan.

Ignorado lo extendida que está la violaciónes celibato. Hay muchas historias, pero pocos datos. Personalmente, creo que la mayoría de los sacerdotes, sobre todo en los Estados Unidos, observan el celibato. Pero ¿cómo debemos pensar en aquellos que no cumplen?

Existe un consenso universal que aquellos que tienen relaciones sexuales con menores de edad deben ser procesados como criminales y expulsado del sacerdocio. Pero ¿qué pasa con la violación con los adultos?

Hay otras violaciónes sexuales que deben ser abordados por la Iglesia con la tolerancia cero ?

Violación u otras violaciónes criminales deben recibir de forma natural la tolerancia cero. Estas violaciónes deben ser reportados a la policía y procesados ​​bajo la ley. No hay lugar en el sacerdocio para este tipo de delincuentes.

Pero ¿qué pasa con los otros casos de relaciones sexuales con adultos? Muchos estadounidenses no creen que el sexo entre adultos es un problema. Pero ellos y la Iglesia necesitan aprender de feminista y el movimiento # imitación que nos enseña acerca de los peligros del sexo entre adultos que no están en posiciones iguales de poder.

Para la Iglesia, esto sería claramente el caso

  • un obispo o cura de tener relaciones sexuales con un seminarista
  • o un obispo sexo con un cura.

La relación aquí es diferente de la que existe entre un empleador y el empleado. Un obispo se supone que es un padre para sus sacerdotes y seminaristas. La Iglesia necesita una política de tolerancia cero frente a tales abusos.

  • Cualquier obispo que fascinado por un seminarista o sacerdote debe perder su ministerio,
  • al igual que cualquier sacerdote con un seminarista.

También hay muchos empleados laicos de la Iglesia. Ciertamente, la Iglesia debe seguir los más altos estándares en la protección de los colaboradores laicos en relación con el acoso sexual por parte de sus supervisores, ya sean sacerdotes o laicos. Aquí, la Iglesia debe adoptar las mejores prácticas desarrolladas en el mundo secular.

También hay relaciones pastorales que necesitan ser examinado una vez que los sacerdotes se ocupan de las personas a menudo muy vulnerables.

Durante siglos, la Iglesia ha reconocido este problema en relación con los confesores y penitentes. Como un resultado, los sacerdotes son excomulgados si absuelven a sus parejas sexuales.

profesionales seculares tales como psicólogos reconocen estos peligros. Los clientes pueden ser muy vulnerables y dependientes de su terapeuta. Los sentimientos y las emociones que surgen en las sesiones pueden ser explotadas. La Iglesia puede aprender de otras profesiones sobre las mejores prácticas.

Y el sexo con un feligrés ordinario?

La Iglesia necesita una discusión franca sobre estos temas con ponderaciones para los laicos. Las relaciones sexuales entre un cura y un adulto puede ser más que una violación del celibato. También puede ser una violación de la ética profesional.

Con el asesoramiento de la postura con experiencia en estas áreas, la Iglesia tiene que adoptar las mejores prácticas y permanecer en el más alto nivel. Ella tiene que sentar no sólo ayuda en el desarrollo de normas, sino también en su aplicación. Ninguna profesión, incluyendo el clero, y hace que la vigilancia de sí mismo.

Thomas Reese

Fuentes: http://www.ihu.unisinos.br/78-noticias/580951-sacerdocio-celibato-e-sexo

https://religionnews.com/2018/07/16/priests-celibacy-and-sex/

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