Argentina. Abuelas de Plaza de Mayo recupera al nieto 128: “Es la restitución de 42 años de amor no vivido”


Resumen Latinoamericano, 3 de agosto de 2018.-

Estela de Carlotto muestra una foto de Rosario del Carmen Ramos junto a sus dos hijos mayores, Ismael y Camilo, hermanos de Marcos.

Abuelas de Plaza de Mayo recupera al nieto 128: “Es la restitución de 42 años de amor no vivido”
Marcos, hijo de la militante desaparecida Rosario del Carmen Ramos, fue robado y apropiado por la dictadura, a días de cumplir cinco meses.

Entre 1976 y 1983, las Abuelas de Plaza de Mayo estiman que la dictadura robó cerca de 500 bebés y los entregó a hogares afines al régimen militar para que los criaran sin conocer a sus verdaderas familias. Con su búsqueda incansable y el respaldo de organismos estatales, judiciales y de la sociedad, Abuelas ha logrado restituir la identidad de 128 de esos nietos. El último se anunció este viernes en la sede de la organización de derechos humanos, en Buenos Aires. Se trata de Marcos Eduardo Ramos, hijo de la militante desaparecida Rosario del Carmen Ramos, quien fue secuestrado en noviembre de 1976, a punto de cumplir cinco meses, en San Miguel de Tucumán, capital de la provincia norteña de Tucumán.

Marcos nació el 9 de junio de 1976 y en noviembre de ese año su madre, él y su hermano Ismael fueron secuestrados durante un operativo ilegal de las fuerzas de seguridad. Los niños fueron llevados a una casa en la localidad de Tafi Viejo, de la que Ismael escapó mientras que el bebé quedó con sus captores. Desde entonces, no lo había vuelto a ver.

“Gracias a las Madres, a las Abuelas que hicieron algo tan impresionante. Disculpen, estoy muy emocionado”, dijo Ismael en rueda de prensa junto a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. El otro hermano de Marcos, Camilo, tomó entonces la palabra desde el otro extremo de la mesa. “Para mí es la restitución del amor no vivido hace 42 años”, expresó Camilo, quien contó que ya se reunieron con él y se abrazaron los tres, en un reencuentro que aún no es capaz de describir.

“Somos poquitas Abuelas”
La restitución “es saber que la vela de la esperanza todavía sigue encendida y que la lucha aún continúa”, agregó Camilo, en referencia a la búsqueda de los nietos que aún no han sido encontrados. “Como ven, somos poquitas Abuelas acá, somos cuatro. El resto ya no está, o está enfermita. Pero con nuestro equipo incansable de jóvenes que nos ayuda a seguir caminando, mientras tengamos vida seguiremos buscando a los centenares de nietos que aún faltan”, expresó De Carlotto rodeada de varios nietos recuperados.

Marcos fue localizado gracias a una denuncia realizada en 2013 en el Fondo permanente de recompensas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Argentina, en la que se facilitó información sobre un hombre que podía ser hijo de desaparecidos y apropiado por una persona imputada por crímenes de lesa humanidad en la provincia de Tucumán. Los datos fueron entregados a la Unidad especializada en casos de apropación de niños durante el terrorismo de Estado y se dio intervención a un juzgado, que ordenó la realización de un examen de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos, al que Marcos accedió voluntariamente. El resultado permitió conocer su verdadera identidad.

Marcos es el segundo nieto restituido en la provincia de Tucumán, donde fueron descubiertas fosas comunes en las que se identificó a más de un centenar de desaparecidos. “El caso de Marcos debería contribuir a acabar con el negacionismo, la justificación y el olvido que persisten en parte de la sociedad”, señaló Abuelas en el comunicado leído por De Carlotto. “Nuestros nietos y nietas pueden estar en cualquier rincón. Cualquier información, por insignificante que pueda parecer, quizá resulte la pieza faltante para dar con uno de ellos”, recordó.

El hermano del nieto 128 también fue apropiado y pudo escapar

Ismael Suleiman es el hijo mayor de Rosario del Carmen Ramos y fue quien en 1999 se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) para denunciar el secuestro de su hermano Marcos, que fue identificado hoy. Pero Ismael también fue secuestrado y apropiado. Vivió un año en la casa de la familia de un militar. Y se escapó. En realidad, huyó dos veces. La primera llegó hasta la estación de ómnibus donde trabajaba su tío. “Volvieron y me recapturaron. Me llevaron a la casa, sufrí todo tipo de desmanes.” La segunda llegó al hospital de niños. También lo agarraron y lo castigaron. Pero los trabajadores de la boletería de la estación, con quienes había hablado, pudieron avisarle a su tío, que junto con su padre logró rescatarlo.

Durante el anuncio de la restitución del nieto 128 | Atacaron la web de Abuelas de Plaza de Mayo

Por Victoria Ginzberg

“Marcos y yo estábamos en una casa del barrio San Cayetano. Mi mamá no volvía. Había sido secuestrada. Dos días después, nos levantan a nosotros y a tres personas más que estaban en esa casa. Nos llevan a Tafí Viejo. Nos tenían en una finca, una casa colonial, había palmeras, eso es lo que recuerdo. Y que una mujer me saca de los brazos a Marcos. Desde ese momento no lo veo más”. Así relata Ismael la separación de su hermano, cuando Marcos era un bebé de cinco meses y él un nene de seis años.

Al día siguiente de que se llevan a su hermano, Ismael vuelve a la ciudad de Tucumán. Lo dejan en una casa de la calle San Juan, con una familia de militares, donde pasa un año y medio.

–Me escapé dos veces. La primera llegué a la Terminal vieja. La conocía; a pesar de la corta edad que tenía, me quedaba todo grabado. Pude escapar. Llegué a la boletería. Tenía un pariente ahí, que era mi tío. Volvieron y me recapturaron. Me llevaron a la casa, sufrí todo tipo de desmanes.

–¿Lo castigaban?

–Tremendamente.

–¿Cómo fue la segunda huída?

–La segunda llegué a la maternidad y me agarraron. Pero en la boletería ya le habían dado toda la información a mi tío y él y mi papá organizaron para irme a buscar. Fueron por intermedio de un dirigente peronista, llevaron la documentación. Entre todo esto pasó un año y medio.

–¿Reconoció a su papá?

–De inmediato. Pero en esa época tenía que andar callado. Y así quedé.

–¿Supo algo más de las personas que lo habían apropiado?

–Sé que la señora falleció. Eran militares, de la fuerza. En la casa había otra chica, de 18 años, aparentemente no era hija de ellos.

Cuando Ismael y Marcos fueron secuestrados junto a su madre, su hermano Camilo estaba con su papá. Era un niño pequeño, de dos años. Un año después y medio después acompañó a su padre a buscar a Ismael. “Yo no tenía ninguna imagen de ellos en mi cabeza –reconstruye ante Página/12–. Pero entramos, había un pasillo largo, él me ve, viene corriendo desde la otra punta del zaguán y me abraza y eso es una cosa que nunca más me he olvidado. Ha sido una imagen que no me he sacado de la cabeza”.

http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/08/03/argentina-abuelas-de-plaza-de-mayo-recupera-al-nieto-128-es-la-restitucion-de-42-anos-de-amor-no-vivido/

Monjas abusadas por sacerdotes: un flagelo que la Iglesia prefiere callar


Escándalo en la Iglesia

Pese a las denuncias que sacuden a la jerarquía eclesiástica en Chile y  gran parte del mundo, las religiosas aún sufren estas prácticas, sobre todo en Africa.

Disculpas. Los obispos de Chile pidieron perdón esta semana por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, que desataron un escándalo global. /EFE

El caso de la Iglesia chilena, pleno de historias de abusos sexuales y complicidades de una jerarquía hundida en el desprestigio, ha funcionado como detonador atómico de los escándalos que desde principios de este siglo sofocan al catolicismo mundial, con serios contragolpes en el mismo Vaticano y el proprio Papa. El último alboroto lo protagonizan una parte de las 4000 monjas que hay en Chile, el doble de los sacerdotes, que han roto el silencio y denunciado los estupros y violaciones que sufrieron hasta de sus sacerdotes confesores.

El tema ha excitado nueva revelaciones del mismo fenómeno en otras partes del mundo, pero sobre todo sirve a destacar una desverguenza mayúscula que las altas esferas del Vaticano –el Papa de turno en primer lugar- llevan a cuestas sin resolver y utilizando la subcultura de siempre: tapar todo lo mejor posible, privilegiando “el bien de la Iglesia” por encima de las víctimas.

Es el caso de la Iglesia de Africa, que oficialmente resulta la realidad que más crece en un catolicismo que en Europa y América, cuna de la historia y del verdadero poder de una estructura que gobierna a 1.300 millones de bautizados, retrocede ante el avance de una mentalidad laica y agnóstica que domina en Occidente. En casos como Brasil, el “boom” de los evangélicos está por desplazar en número de fieles al que era el país con más católicos del mundo.

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Parece increíble, pero las monjas que se animan hoy a denunciar a sacerdotes y obispos que las han acosado y violado, remontan inevitablemente a las denuncias que hicieron superioras norteamericanas en la década de los años ’90 sobre lo que ocurría en las iglesias africanas, que empalidecen por su gravedad casos tan famosos como las andanzas del “santo” mexicano padre Marcial Macial, fundador de los Legionarios de Cristo, violador serial de menores, que salpicó la blanca sotana de su protector, san Juan Pablo II.

El 20 de marzo de 2001, el portavoz del Papa polaco, Joaquín Navarro Valls, tuvo que convocar a los vaticanistas después que se hicieron públicos cuatro informes presentados a la Santa Sede, en los que se denunciaron los masivos abusos sexuales de monjas por parte de curas y obispos, que incluían obligarlas a tomar anticoceptivos y a prácticar abortos si quedaban embarazadas.

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“El problema es conocido y está restringido a un área geográfica limitada”, dijo Navarro Valls. Ni siquiera reconoció que el área geográfica era Africa.

Las denuncias abarcaban centenares de casos que no se limitaban al Africa sino hasta la santa Roma, donde monjas, curas, obispos y cardenales africanos acuden en masa porque aquí están las centrales de las órdenes y las casas de estudio más prestigiosas.

Los cuatro documentos fueron publicados por el “National Catholic Report” de Estados Unidos, y su contenido es impresionante. La médica y monja misionera norteamericana Maura O’Donohue había consignado ya en 1994 un informe al cardenal Eduardo Martínez Somalo, prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada.

Varias superioras norteamericanos se asumieron el deber de hacer pública la más vasta epidemia de violaciones de los derechos humanos de religiosas cometidos en la historia bimilenaria de la Iglesia por sus clérigos y autoridades. No olvidemos que los obispos son los sucesores de los apóstoles y los cardenales visten de rojo porque deben dar hasta la última gota de sangre por el obispo de Roma, sucesor de Pedro.

La investigación de los casos superó todas las expectativas y la imaginación de las superioras norteamericanas, que comprobaron además casos de violaciones a monjas por parte de curas en 23 países.

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En Africa se había llegado al colmo. La religiosa madre de una comunidad explicó que en 1991, sacerdotes y más de un obispo las llamaron para que pusieran a su disposición a las monjas a fin de mantener con ellas relaciones sexuales. Ante la indiignacion, la cínica respuesta fue: “Pero esto para nosotros es un seguro de que no sufriremos la infección del SIDA”, que en aquellos años era seguramente mortal.

Las monjas servían de esclavas sexuales en el contexto de una relación que las relegaba a la condición de empleadas domésticas y a una obediciencia silenciosa. Una congregación africana debió alejar a veinte monjas preñadas por curas y obispos y otra madre superiora que protestó ante su arzobispo diocesano porque tenía 29 monjas embarazadas, fue destituída.

Un caso trágico fue el de un sacerdote que dejó encinta a una monja y la obligó a abortar. La religiosa murió y el cura ofició sus funerales, relató suor O’Donohue.

La superiora madre Marie Mc Donald afirmó que “en vez de mejorar la situación está empeorando”.

Sin castigos

Lo más escándaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra, escribió Simone de Beauvoir. Debe ser así porque hasta hoy, y han pasado tantos años, sobre las barbaridades cometidas por muchos varones del ministerio ordenado africano, curas y obispos, y también más de un cardenal, la Iglesia Católica ha echado gigantescas paladas de tierra para ocultar una práctica horrenda.

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No hay noticias de inspecciones, reformas, castigos a los culpables, ayuda a las monjas víctimas, especialmente las que abortaron y las que fueron madres, expulsadas de las órdenes religiosas. Aquí no ha pasado nada y lo más probable es que esté pasando ahora mucho más de estas noticias infernales. De la cuestión no hablaron nunca Juan Pablo II, ni su sucesor Benedicto XVI, ni Francisco el argentino.

Lo que sí dijo Jorge Bergoglio es que hay un fenómeno insistente de fuga de la Iglesia por parte de las monjas. Con los frailes suman 2.300 casos al año. Pronto habrá menos de 600 mil religiosas profesas.

La vaticanista de la Associated Press Nicole Winfield hizo una investigación con periodistas de la agencia norteamericana, la más grande del mundo, que le permitió descubrir que en los últimos tiempos han surgido casos de monjas violadas por sacerdotes “en Europa, Africa, América del sur y Asia, lo que demuestra que el problema es global y extenso”.

El fenómeno es posible “en gran parte por una tradición en la que las monjas son vistas como personas de segunda clase en la Iglesia y a su arraigada subordinación a los hombres que las dirigen”, sostiene Winfield.

La AP informó que una religiosa católica en la India acusó ante la policía a un obispo que la violó “algo que hace un año era impensable”.

En 2013, poco después que Francisco fuera elegido Papa por el Cónclave, un famoso cura de Uganda denunció a sus superiores a sacerdótes “que tienen relaciones románticas con las monjas”. Fue suspendido de inmediato.

En Italia, una religiosa de 35 años africana de Burundi regresó de su país al convento del Amor de Cristo en el centro del país y pronto las hermanas descubrieron que estaba embarazada de un cura violador. Los tiempos han cambiado y recibió comprensión y solidaridad, se hicieron festejos cuando tuvo un bebé celebrado por sus tías con sotana. Del padre ni noticias, sigue predicando el bien en Africa.

En Bolonia las cosas fueron diferentes para una religiosa asaltada sexualmente por su propio confesor en la Universidad “alma mater” del mundo. Logró huir y no hizo la denuncia porque la hubieran echado, según explico. Un año después otro confesor intento violarla. Desde entonces “no me confieso”, salvo con su padre espiritual que vive en otro país. “La confesión debería ser un lugar de salvación, libertad y misericordia, pero para las que sufrimos esta experiencia es un lugar de pecado y abuso de poder”, dijo la religiosa a la AP.

La monja denunció todo a sus superiores que ocultaron “por el bien de la Iglesia” a ambos curas En Chile un grupo de ex monjas de la congregación de las Hermanas del Buen Samaritano en Talca, 330 kilómetros al sur de Santiago, denunciaron los abusos sexuales cometidos por sacerdotes Las seis abandonaron los hábitos. Eliana Macías contó del cura que la violó, que se metía en las piezas de las monjas. Celia Saldivia recordó que otro cura abusaba sexualmente de las hermanas en el convento, obligándolas a desnudarse.

No eran solo curas. Consuelo Gómez también denunció que su superiora abusó de ella. La vastedad de los escándalos sexuales en Chile tienen una magnitud tan grande que el diario El Mostrador, tituló: “No se salvaron ni las monjas”.

Las mujeres, postergadas en la Iglesia

Las religiosas son protagonistas de las injusticias que sufren las mujeres en la Iglesia. Representan la otra mitad del cielo y se esperaba que en estos tiempos de apertura se produjera una especie de milagro. Pero aunque Francisco ha colocado algunas personalidades femeninas en lugares importantes del Vaticano, aunque nunca al frente de un dicasterio, no se produjo tras más de cinco años de pontificado ni la más pequeña revolución que se esperaba.

Hubo sí algunos gestos inéditos y positivos. Como la publicación mensual en el “Osservatore Romano”, el diario del Vaticano, de “Mujeres Iglesia Mundo”, con una editora de gran nivel, Lucetta Scaraffia. Pero ella constata que “las mujeres no tienen ningún poder en la Iglesia”.

El 22 de mayo de 1994, en el único acto de su pontificado en el que usó el poder de la infalibilidad, Juan Pablo II declaró en la carta apostólica “Ordinatio Sacerdotalis”, en “forma definitiva” y para “quitar cualquier duda”, que “la Iglesia no tiene en algún modo la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal”.

Poco después de asumir el pontificado, Francisco confirmó que el Papa polaco había resuelto el tema del sacerdocio de las mujeres “en forma definitiva”. Muchas declaraciones y gestos del Papa argentino demostraron que mantiene una actitud de apertura en favor de las mujeres católicas dentro de la Iglesia. Pero se trata de medidas insuficientes. Hace dos mil años que la Iglesia Católica discrimina a su otra mitad, la mantiene el lado oscuro de la Luna, en una posición de neta subordinación. Ese contexto no ha cambiado hasta hoy.

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Bergoglio formó una comisión para que estudie la posiblidad de admitir a las féminas al diaconado. La Pontificia Comisión para la América Latina dió un paso por ahora sin respuesta, que en la práctica es más importante: pidieron que el Papa convoque un Sínodo sobre la mujer en la Iglesia. Sería una revolución porque en las estructuras de la Iglesia la mujer es la gran desaparecida. Sobre todo si en ese Sinodo las féminas pudieran ser las protagonistas activas. En los dos Sínodos sobre la familia que el Papa convocó, las mujeres tuvieron una presencia casi inexistente.Ocho teólogas que pidieron asistir fueron casi vapuleadas: solo tres pudieron seguir los Sínodos de la familia desde la última fila y se les prohibió hablar. Las expectativas sobre los cambios que podían llegar del Papa argentina, en favor del papel de las mujeres en la vida de la Iglesia, van camino de la desilusión.

https://www.clarin.com/mundo/monjas-abusadas-sacerdotes-flagelo-iglesia-prefiere-callar_0_Bk_YZwmSX.html

COLOMBIA: INSCRÍBETE al III Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña


“Los clamores de los pobres y de la tierra nos interpelan” #50AñosDeMedellín. San Salvador, del 30 de agosto al 2 de septiembre de 2018. Organizan: Amerindia y la Maestría en Teología Latinoamericana de la UCA http://congreso.amerindiaenlared.org

CONGRESO.AMERINDIAENLARED.ORG

José María Castillo: “La Iglesia va casi siempre rezagada para dar solución a los grandes problemas”


“¿LOS FIELES ABANDONAN LA IGLESIA, O ES LA IGLESIA LA QUE ABANDONA A LOS FIELES?”
Mujeres e IglesiaAgencias

Parece que es más solemne el poder de los obispos y de los sacerdotes a enfrentarse incluso al Papa, al Concilio Ecuménico y a millones de fieles abandonados, con tal de mantener firme su poder, su dignidad, sus criterios

(José María Castillo).- En una entrevista, que me hizo nuestro amigo Jesús Bastante, en RD, yo me preguntaba “por qué la Iglesia no permite que las mujeres puedan ser ordenadas como sacerdotes”. Ante esta pregunta mía, algunos comentaristas me han cuestionado con un reproche que, a primera vista, parece enteramente razonable: “Si el Evangelio no es una religión, ¿por qué tanta insistencia en ordenar a las mujeres como sacerdotes?”.

Agradezco sinceramente a quienes me han planteado esta pregunta. Porque me ofrecen una ocasión excelente para poder expresar algo que me parece importante. Me explico.

Una vez más, es conveniente repetir que no es lo mismo hablar de “igualdad” que hablar de “diferencia”. En pocas palabras, la “diferencia” es un hecho, mientras que la “igualdad” es un derecho. El hombre y la mujer son “diferentes” e “iguales”. Son distintos, pero tienen (o deberían tener) los mismos derechos.

Estos trasvases o desplazamientos (de un orden de cosas a otro) son frecuentes en la vida. Como he dio, es frecuente pasar, sin darse cuenta, del ámbito de lo “hechos” al de los “derechos”. Que son dos cosas completamente distintas. Pero, cuando se confunden, desembocamos en el lenguaje de las tonterías, las ignorancias o simplemente hacemos el ridículo.

Pues bien, por este procedimiento de los trasvases indebidos, ocurre también que, con bastante frecuencia, hacemos, de un “hecho sociológico“, una cosa que nunca se debería hacer, que consiste en montar o elaborar un “argumento teológico”. Es de sobra sabido que, en tiempo de Jesús, las mujeres, no sólo no tenían los mismos derechos que los hombres (Robert C. Knapp, “Los olvidados de Roma”, 67-145), sino que sobre todo no podían ser testigos oficiales de nada en ninguna causa (J. Jeremias, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 371-387). Este es el “hecho sociológico”.

Por eso Jesús, aunque siempre defendió la dignidad y la igualdad de las mujeres (Lc 8, 1-3; 7, 36-50; Mt 19, 1-12; Mc 10, 1-12; Jn 8, 1-11; 12, 1-8…), lo que no podía hacer es constituir a las mujeres como “testigos oficiales” suyos, en una sociedad que no admitía ni aceptaba tales testigos. Pero insisto en que esto es un “hecho sociológico” de aquellos tiempos y culturas.

Lo doloroso (y sin sentido) es que, después de veinte siglos, seguimos pensando y diciendo que aquel “hecho social” de la Antigüedad es un “argumento teológico” para la Iglesia de la Modernidad. Esto es un disparate tan monumental como sería el disparate de empeñarse en que deben seguir existiendo los esclavos, por la sencilla razón de que san Pablo justificó que entre los cristianos de la Antigüedad los esclavos fueran obedientes a sus amos (Flm 16; 1 Cor 7, 21 s; Ef 6, 5; Col 3, 22; 1 Tim 6, 1 s; Tt 2, 9).

La Iglesia va casi siempre rezagada. Y por eso llega tarde cuando se trata de dar solución a los grandes problemas que se le presentan a la humanidad. Ahora nos encontramos con el problema de la falta creciente y galopante de sacerdotes. Son miles las parroquias que no pueden celebrar la eucaristía.

Y estando las cosas como están, por lo visto, se piensa que es más importante mantener una “norma social” de la Antigüedad que dar la debida respuesta a un “derecho de los fieles cristianos”. No me estoy inventando este “derecho”. Lo dijo, con claridad, el Concilio Vaticano II, en la “Constitución Dogmática sobre la Iglesia”: “todos los fieles cristianos tienen derecho (“ius habent”) de recibir con abundancia de los sagrados pastores… los auxilios de la palabra de Dios y de los sacramentos…” (LG 37, 1).

Esta es la enseñanza solemne de la Iglesia. Pero parece que es más solemne el poder de los obispos y de los sacerdotes a enfrentarse incluso al Papa, al Concilio Ecuménico y a millones de fieles abandonados, con tal de mantener firme su poder, su dignidad, sus criterios y no sé si, en algunos casos, intereses inconfesables. ¿Y nos lamentamos de que los fieles abandonan la Iglesia? ¿No habría que decir, más bien, que es la Iglesia la que abandona a los fieles? Y si es que hablamos de los infieles…, entonces mejor es que nos callemos. O que gritemos todos al Cielo pidiendo misericordia. Que la necesitamos.

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http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2018/08/04/jose-maria-castillo-la-iglesia-va-casi-siempre-rezagada-para-dar-solucion-a-los-grandes-problemas

La Iglesia y las mujeres


04.08.18 | 08:37. Archivado en  Iglesia católica

En una entrevista, ¿quién es nuestro amigo Jesús Bastante, en RD, yo me preguntaba  “por qué la Iglesia no permite que las mujeres puedan ser ordenadas como sacerdotes”.  Ante esta pregunta, algunos comentaristas me han cuestionado con un reproche que, a primera vista, parece enteramente razonable: “Si el Evangelio no es una religión, ¿por qué tanta insistencia en ordenar a las mujeres como sacerdotes?”

Agradezco sinceramente a quienes me han planteado esta pregunta. Porque me ofrezco una ocasión excelente para poder expresar algo que me parece importante. Me explico.

Una vez más, es necesario repetir que  no es lo mismo hablar de “igualdad” que hablar de “diferencia” . En pocas palabras, la “diferencia” es un hecho, mientras que la “igualdad” es un derecho. El hombre y la mujer son “diferentes” e “iguales”. Son distintos, pero tienen (o tener tener) los mismos derechos.

Estos trasvases y desplazamientos de un cosas a otro son frecuentes en la vida. Como él dio, es frecuente pasar, darse cuenta cuenta, el ámbito de los “hechos” al de los “derechos”. Que son dos cosas completamente distintas. Pero,  cuando se confunden, desembocamos en el lenguaje de las tonterías, las ignorancias o simplemente hacemos el ridículo .

Por lo tanto, por este procedimiento de los trasvases indebidos, también ocurre, con bastante frecuencia, hacemos, de un “hecho sociológico”, una cosa que nunca se quiso decir, que consiste en montar o elaborar un “argumento teológico”. Es de sobra sabido que, en tiempo de Jesús, las mujeres, no solo no tenían los mismos derechos que los hombres (Robert C. Knapp, “Los olvidados de Roma”, 67-145), sino que sobre todo no era ser testigos oficiales de nada en ninguna causa (J. Jeremias, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 371-387). Este es el “hecho sociológico”.

Por eso Jesús, aunque siempre defiende la dignidad y la igualdad de las mujeres (Lc 8, 1-3; 7, 36-50; Mt 19, 1-12; Mc 10, 1-12; Jn 8, 1-11; 12, 1-8 …), lo que no podía hacer es declarar a las mujeres como “testigos oficiales”, suyos, en una sociedad que no admitía ni aceptaba cuentos testigos. Pero insisto en que esto es un “hecho sociológico” de aquellos tiempos y culturas. Lo doloroso es que, después de veinte siglos, seguimos pensando y diciendo que “hecho social” de la Antigüedad es un “argumento teológico” para la Iglesia de la Modernidad. Esto es un disparate tan monumental como el disparate de empeñarse en que debe seguir existiendo que los esclavos, por la sencilla razón de que san Pablo justificó que entre los cristianos de la Antigüedad los esclavos obedientes a sus amos (Flm 16; 1 Cor 7 , 21 s; Ef 6, 5; Col 3, 22; 1 Tim 6, 1 s; Tt 2, 9).

La Iglesia va casi siempre rezagada. Y por eso  llega tarde cuando se trata de dar solución a los grandes problemas que se presentan a la humanidad . Ahora nos encontramos con el problema de la falta de crecimiento y galopante de sacerdotes. Son millas las parroquias que no pueden celebrar la eucaristía. Y estando las cosas como están, por lo visto, se piensa que es más importante mantener una “norma social” de la Antigüedad que dar la debida respuesta a un “derecho de los fieles cristianos”. No me estoy inventando este “derecho”. Lo Dijo, con claridad, el Concilio Vaticano II, en la “Constitución dogmática Sobre la Iglesia”: “todos los Fieles Cristianos Tienen derecho (‘ius habent’) de Recibir con abundancia de los sagrados Pastores … los auxilios de la Palabra de Dios y de los sacramentos … “(LG 37, 1).

Esta es la enseñanza solemne de la Iglesia. Pero  parece que es más solemne el poder de los obispos y de los sacerdotes a la altura del padre, el concilio ecuménico y los millones de fieles abandonados , con tal de mantener la firmeza del poder, su dignidad, sus criterios y no sé si, en algunos casos, intereses inconfesables. ¿Y nos lamentamos de que los fieles abandonan la Iglesia? ¿No tienes que decir, más bien, que es la Iglesia la que abandona a los fieles? Y si es que hablamos de los infieles …, entonces mejor es que nos callemos. O que gritemos todos al Cielo pidiendo misericordia. Que la necesitamos.

http://blogs.periodistadigital.com/teologia-sin-censura.php/2018/08/04/la-iglesia-y-las-mujeres

El cardenal Ezzati renuncia a presidir el ‘Te Deum’


Cardenal Ezzati

Aunque me duele que sea mi nombre el que concite diferencias y dudas, quiero reiterar ante ustedes mi compromiso con toda víctima de cualquier abuso. Tengo la certeza de que nunca he encubierto ni he obstruido a la justicia y cumpliré con mis deberes

(J. B./Il Sismógrafo).- El cardenal Ricardo Ezzati, finalmente, no presidirá el ‘Te Deum’ del próximo 18 de septiembre. “Considero prudente no encabezarlo”, apuntó el purpurado en una nota, tras el anuncio del presidente Sebastián Piñera de no acudir si iba el arzobispo de Santiago.

La noticia se conoce poco después de que concluyera la Asamblea Plenaria Extraordinaria del Episcopado chileno, y después de que la Cancillería chilena solicitara a la Santa Sede que nombre ya al sucesor de Ezzati, quien presentó su renuncia el pasado mes de mayo.

Hay que recordar que el 21 de agosto próximo, Ezzati declarará como imputado en la trama de abusos sexuales y encubrimiento que azota a la Iglesia chilena. “Como pastor quiero contribuir a la construcción de un mayor clima de confianza y de convivencia nacional, y espero que esta decisión sea un paso en esa línea, que permita celebrar con mayor armonía una fecha importante para el país”, subrayó Ezzati.

“Aunque me duele que sea mi nombre el que concite diferencias y dudas, quiero reiterar ante ustedes mi compromiso con toda víctima de cualquier abuso. Tengo la certeza de que nunca he encubierto ni he obstruido a la justicia y cumpliré con mis deberes ciudadanos de aportar todos los antecedentes que contribuyan a llegar a la verdad”, concluyó.

Carta del Arzobispo a la Arquidiócesis de Santiago

Santiago, sábado 4 de agosto de 2018

Querida comunidad de la Arquidiócesis de Santiago:
Durante cinco días en Punta de Tralca hemos reflexionado acerca de la profunda crisis que vive nuestra Iglesia, la cual exige de nosotros cambios urgentes, partiendo por una opción concreta y preferencial por los que sufren. Comprendemos que debemos recorrer un largo camino para hacer que Cristo se engrandezca mientras nosotros nos empequeñecemos.
El Papa Francisco nos dice en su reciente carta que “discernir supone aprender a escuchar lo que el Espíritu quiere decirnos. Y sólo lo podremos hacer si somos capaces de escuchar la realidad de lo que pasa”. Tras una profunda reflexión sobre el sentido de esas palabras, considero prudente no encabezar nuestro tradicional Te Deum por la Patria del 18 de septiembre.
Como pastor quiero contribuir a la construcción de un mayor clima de confianza y de convivencia nacional, y espero que esta decisión sea un paso en esa línea, que permita celebrar con mayor armonía una fecha importante para el país.
Aunque me duele que sea mi nombre el que concite diferencias y dudas, quiero reiterar ante ustedes mi compromiso con toda víctima de cualquier abuso. Tengo la certeza de que nunca he encubierto ni he obstruido a la justicia y cumpliré con mis deberes ciudadanos de aportar todos los antecedentes que contribuyan a llegar a la verdad.
Le he pedido al Deán de la Catedral, monseñor Juan de la Cruz Suárez, quien tradicionalmente recibe a la comunidad y a todas las autoridades en su calidad de dueño de casa, que presida esta ceremonia republicana de carácter ecuménico al servicio de la paz y la unidad de la nación.
Por intercesión de Nuestra Señora del Carmen, pido para todos nosotros la abundante bendición del Señor.
+Ricardo Card. Ezzati Andrello, sdb
Arzobispo de Santiago

http://www.periodistadigital.com/religion/

YO SOY EL PAN DE VIDA


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José Cristo Rey García Paredes (Revista Vida Religiosa) – 
I. Meditación

Dejémonos impresionar en este día por el discurso del pan de vida, que el IV evangelista nos ofrece en el capítulo 6 de su evangelio. Este capítulo tiene un momento culminante: aquel en que Jesús se autoproclama a sí mismo como el Pan de la Vida. Dejadme que trate de ser un mero exégeta de sus pala­bras. Dejad que su mensaje se convierta para vosotros o vosotras en palabras de gracia o de juicio. Porque ante Él podemos adoptar dis­tintas posturas: la de la gente que lo busca, la de los judíos que lo rechazan, la de los discípu­los que lo abandonan, la de los Doce que lo proclaman en medio de su debilidad.

Jesús es buscado por la gente: en el desierto y en Cafarnaum, a la orilla del lago

(Leamos en primer lugar Jn 6,1-34. ¡He aquí nuestro comentario!)

El pueblo busca a Jesús porque encuentra en Él algo importante para su bienestar y su vida. El hombre fuera de la revelación vive en la insatisfacción, se hace muchas preguntas, busca. En el IV Evangelio aparecen personas que buscan y se cuestionan: los discípulos del Bautista y sus asociados, la madre de Jesús, Nicodemo, un fariseo, los samaritanos, un noble, la multitud de Galilea, María y Marta, los Griegos… Revela la universalidad de la búsqueda. En el capítulo 6, quien busca es una multitud de gente.

Al principio, el Jesús del IV Evangelio llama (Jn 1.19 – 2,11); después es buscado. Nos dicen los Sinópticos que una muchedum­bre seguía a Jesús porque veían «los signos» que realizaba sobre los enfermos. En el desier­to Jesús realizó un signo de liberación: la multiplicación de los panes. Apareció como un profeta-signo. Según las convicciones rabínicas, así como el primer redentor trajo consigo el maná, así debería hacer el segundo redentor. Era precisamente ésto lo que espera­ba el pueblo. En el desierto Jesús les dio el maná. El pueblo vio en Él al profeta (6,14) y quiso proclamarlo rey. Moisés era el profeta-rey; Jesús debía serlo.

A quien le busca Jesús corresponde con un don. Recompensó a la gente con alimento. Pero no respondió al intento de hacerlo rey. Jesús se separó de ellos. No obstante, la busqueda continúa: al día siguiente la gente se desplazó a otro lugar, a Cafarnaum.

Allá Jesús reconoció que el pueblo no lo buscaba por los signos, o porque Él fuera el profeta-signo, sino porque vio saciada su ham­bre. Entonces Jesús les habló de dos tipos de alimento: el que perece y el que da la vida eterna. Él mismo se autopresentó como el segundo:

«Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí. no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis».

Les pidió que no actuasen por el alimento perecedero, sino por el que permanece para la vida eterna. A la gente, obstinada, no le basta­ba el signo liberador de la multiplicación: querían otro signo parecido al maná del cielo. Jesús les replicó que Moisés no les dio pan del cielo. Aquel pan no daba la vida:

«Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron».

Quien da (no dio, ni dará) el verdadero pan del cielo es el Padre de Jesús. Ese pan es dado ahora y a este pueblo, no a los antiguos. Ese es el verdadero pan del cielo, el pan de Dios y que da vida al mundo.

En la multiplicación Jesús se presentó como el que da el pan. Ahora Jesús se identifica con el verdadero pan de vida bajado del cielo. Yo soy el pan de vida es una fórmula de reve­lación. Jesús se autorrevela, exige que se le reconozca en la fe y promete la vida. El pan de vida es su persona misma. Jesús-Pan tiene las tres características del maná: viene de manos del Padre, es enviado por él, ha descendido del cíelo y da la vida al mundo.

La palabra de Dios, descendida del cielo es el pan de vida. La única actitud válida ante este pan de vida es la fe en la persona de Jesús, único pan celestial dado por Dios y que da vida eterna. Comer en esta primera parte significa metafóricamente creer, come quien cree. Ante esta propuesta, que todavía resultaba ambigua, el pueblo suplicó:

«Señor, danos siempre de ese pan» (v.34).

La pregunta es, ¿cómo la gente le pide a Jesús el pan, si el que lo da es el Padre? Ello quiere decir, que al menos provisoriamente, la gente acoge a Jesús como enviado de Dios. Jesús y no el maná es el pan del cielo. De hecho, quienes comieron el maná murieron. «Del cielo» no indica el origen del pan, sino la cualidad de la vida que el verdadero pan ofre­ce: es la vida del mundo futuro. Jesús lo ofrece pidiendo un compromiso personal de fe. El pueblo llegará a ver saciado su deseo, su búsqueda, si se focaliza en la persona de Jesús.

Jesús es rechazado por los judíos en la sinagoga de Cafarnaum

(Leamos ahora Jn 6,36-60. ¡He aquí nues­tro comentario!)

Jesús no quiere echar a nadie que venga a él. Pero constata negativamente: «me habéis vis­to y no creéis». En este momento cambia la audiencia de Jesús y el lugar y el tiempo de la acción: ahora son los judíos en la sinagoga de Cafarnaum. Estos versículos delatan la lucha entre los cristianos joanneos y los judíos de la sinagoga. A quienes se dirige Jesús son los judíos de la sinagoga. Ya no se trata de la multitud galilea que ha seguido a Jesús y los busca, sino de la sinagoga hostil. Los judíos murmuran y objetan que Jesús no es el enviado de Dios, ni el pan bajado del cielo. Jesús responde que sólo aquellos a quienes el Padre atrae y enseña pueden venir a El. Quienes rechazan a Jesús demuestran así que no han sido elegidos por el Padre.

Jesús añade que el pan que ha de ser comido es su carne: «el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6,51 b). Jesús asevera la necesidad de comer la carne del Hijo del Hombre y de beber su sangre (6,53), lo que es mucho más provocador y escandalo­so. Este lenguaje está influenciado por la práctica eucarística de la primitiva iglesia -acusada de canibalismo. Antes, comer y beber eran símbolos del venir a Jesús y creer en él (6.35); ahora se intenta que se crea en la función de dar vida que tiene Jesús cuando da la vida por el mundo. Jesús no responde a la objeción que le habían propuesto, sino que la agrava hasta afirmar:

«si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en voso­tros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él».

Hay que creer en la eficacia de la muerte de Jesús. Los judíos rechazaron esta llamada.

Jesús habla de un comer y beber real, de un alimento y bebida reales: verdadera comida, verdadera bebida. Ahora los conceptos clave no son venir a mí, ni creer, sino dar y comer-beber. El don de Dios de la primera parte se convierte ahora en el don del propio Jesús a nosotros. El pan de vida es presentado como la carne que Jesús dará y entregará, para la vida del mundo. Jesús insiste en la necesidad de comer su carne y de beber su sangre. El térmi­no masticar tal vez resalte el carácter realista de la manducación eucarística. No se trata solo de creer, sino también de comer en el sentido material de la palabra.

Permaneced en mí y yo en vosotros (Jn 6,56) dice cómo la unión con Cristo no se resuelve en una disolución mística de la per­sonalidad humana. Es fórmula semejante a la paulina «Cristo en nosotros».

Controversia de Jesús con los discípulos

(Leamos ahora Jn 6,60-66. ¡He aquí nues­tro comentario!)

Se produce ahora otro cambio: desde la sinagoga a un lugar no especificado, en donde la audiencia está constituida por los discípu­los. Se habla de un amplio número de discípu­los. Al principio de este capítulo se habla de pocos discípulos, probablemente sólo de los 12. Ahora se trata de muchos. Estos encuen­tran muy duras las palabras de Jesús y se escandalizan de él hasta murmuran de él e incluso hasta abandonarlo. Todos lo abandona­ron. Lo que escandaliza a los discípulos en el discurso de Jesús es lo referente al comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre. Ellos, como los judíos esperaban un Mesías-Rey, y se encuentran con un Mesías que mue­re, que es triturado como el pan. Jesús respon­de a esta murmuración diciendo:

«¿Y cuando veáis al Hijo de! hombre subir adonde estaba antes?…»

Esta subida se refiere a la muerte de Jesús en la cruz a través de la cual él es exaltado en eficacia salvadora. El comer la carne y beber la sangre del Hijo del hombre no debía ser entendido en sentido materialístico. Con todo las palabras de Jesús sobre la necesidad de comer su came y beber su sangre provocaron un escándalo que llevó a la apostasía a muchos discípulos. Tal vez ésta haga referencia a la pérdida de popularidad de Jesús en la última etapa de su ministerio; o puede reflejar la división en la comunidad joannea que llevó al evangelista y sus seguidores a quedarse en minoría.

La ascensión del Hijo del Hombre y el Espíritu que vivifica en la resurrección, dan la clave de las palabras de Jesús. El es dador de vida o pan de vida no solo por la encarnación; también por su entrega hasta la muerte. Pero la carne no basta. Jesús es pan de vida, dador de vida, definitivamente por su exaltación y por la misión del Espíritu. Por ésto se dice que la carne no sirve de nada. La carne es fuente de vida en cuanto inmolada y ascendida al cielo: debe ausentarse para poder ser vivificadora. No se trata de comer una carne material. Lo que vivifica es el comer una carne espiritual, la del Hijo del hombre celestial. La vida otorgada en y a través del cuerpo de Cristo no se recibe más que si se percibe espiritualmente aquello que la persona de Jesús es y significa para nosotros.

Y los Doce: ¿recomendación o condenación? (Jn 67-71)

(Leamos ahora Jn 6,67-71)

La conducta de la mayoría de los discípulos no debe ser imitada. Sólo hay que emular la confesión de Pedro. La forma de confesión («Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes pala­bras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios») difiere de la de los Sinópticos y Jesús no hace referen­cia a su muerte, como en los Sinópticos, ni se opone a Pedro. Aquí, sin embargo. Jesús habla de Judas Iscariote como demonio. Parece como si el reproche a Pedro de los Sinópticos, fuera aquí transferido a Judas: «Y uno de vosotros es un diablo» .

En conclusión: El relato de la multiplica­ción de los panes dramatizaba en sus orígenes el rechazo por parte de Jesús de la función política de un profeta-signo y la proclamación de Cristo como Juez escatológico. Hijo del hombre. El evangelista transformó esta tradi­ción en una historia de búsqueda de Jesús. A la Samaritana en busca de agua Jesús le habla de dos tipos de agua. A la gente que busca pan Jesús le propone dos tipos de pan. Probable­mente el capítulo de la samaritana y el de la multiplicación formaban originariamente un todo: el agua de la vida, el pan de la vida. Eran una llamada a los simpatizantes de la sinagoga a buscar a Jesús.

Los símbolos del agua y del pan tenían un especial eco en el judaismo. La fuente es la ley. El pan, el maná, también se convirtió en signo de la ley. Usando estos símbolos Jesús se opone a Moisés y la ley como mediadores de vida. El hecho de que la gente busque a Jesús quiere decir que la ley no es fuente de vida. La gente exige que Jesús tenga por fin que decla­rar:
«Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí. no tendrá hambre, y el que crea en mí. no tendrá nunca sed» (Jn 6,35)

Es en nosotros donde el pan eucarístico puede multiplicarse

Tenemos hambre de vida, porque ella se nos ha concedido de forma precaria. Es frágil nuestro vivir. Se halla amenazado inierior y exteriormente. Este cuerpo, en el que vivimos, es sensible a todos los influjos. Esta alma que nos posee fácilmente entra en la noche, o se ofusca y siente agonía.

Tenemos hambre de vida, porque vivimos de los demás. Su amor nos hace vivir, configu­ra nuestra identidad. Nuestro amor nos hace sentimos vivos, útiles. Pero el amor que reci­bimos, o el amor que comunicamos, tantas veces nos parece escaso, insuficiente. Queda en nosotros una señal permanente que grita su insuficiencia.

Tenemos hambre de vida, porque hemos sido creados para vivir en abundancia. Hay en nosotros una capacidad de infinito, que sólo el Infinito puede colmar.

En el Paraíso del Génesis se habla del árbol de la vida. Sus frutos remediaban el hambre vital. Era el árbol medicinal por excelencia. Acercándose a él y tomando de sus frutos, el hombre, la mujer, podía saciar su hambre vital y superar cualquier enfermedad o eventuali­dad de muerte, cualquier pena o sufrimiento interior. Viviendo junto a aquel árbol se reci­bía el don de la inmortalidad, de la vida sin fin. El Apocalipsis, por otra parte, nos presenta la utopía de la Ciudad Nueva en la que están plantados dos árboles de vida: «A cada lado del río crecía un árbol de vida: da doche cosechas, una cada mes del año y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones» (Apc 22,2).

Hemos sido llamados por Jesús para parti­cipar en el gran acontecimiento de la Vida, como sus primeros discípulos. Pero, aun agra­ciados con su llamada, hemos de buscarle. Buscarle con tanta gente que le busca. Mezcla­dos, como los primeros discípulos, con la multitud.

Pero ¡qué fácil es buscar a Jesús únicamen­te por sus dones y no por Él mismo! Creer es siempre nuestra asignatura pendiente. Creer de verdad en Él, fiarnos de Él y del designio del Padre. La fe en Jesús nos lleva a convertir­nos también nosotros en pan que se entrega por la vida del mundo. Jesús no nos llama para saciar simplemente nuestra hambre, sino para que con Él estemos dispuestos a saciar el hambre del mundo. En en nosotros donde el pan eucarístico puede multiplicarse.

En medio de tanta muerte.¿a dónde vamos a ir? La fuente de la vida nos permite a noso­tros ser fuente de vida…, pero si estamos dispuestos -como Él- no a reinar, sino a morir.

Por eso, te buscamos… para que realices el milagro.


II. Resonancias

Oración

Jesús,
Tú nos has buscado,
nos has dirigido tu palabra,
te has convertido para nosotros
en Palabra.

Jesús,
te preguntamos dónde vivías
y Tú nos conmoviste con tu voz
y nos hiciste morar
allí donde logramos
la más sublime identidad.

Jesús,
no basta seguirte.
Constantemente hay que buscarte,
porque el sentido se nos escapa,
porque estamos hambrientos,
irremediablemente
hambrientos de vida.

Jesús,
no sabemos vivir,
se nos pierde la vida
nos desangramos sin remedio.

Jesús,
casi siempre te buscamos
interesadamente.
Tú eres el Pan que se entrega,
el desinterés hecho alimento.
Para creer en Tí,
es necesario desposeerse;
creer en Tí es convertirse en pan
en pan multiplicado y partido
que sólo busca ser para los demás
pan de vida.

Jesús,
¡es difícil entender tu mesianismo!
¡es difícil ver en la muerte
del grano de trigo
la posibilidad de la espiga
o del pan que da vida!

Jesús,
Tú en nosotros, nosotros en Tí.
¿A dónde iremos?
¡Sólo Tú tienes palabras de Vida!
¡Sólo en tí está la Vida!

https://www.ciudadredonda.org/articulo/yo-soy-el-pan-de-vida

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