RESCATANDO LA IDENTIDAD DE MARIA DE NAZARETH. Olga Lucia Alvarez Benjumea*


 

Qué sabemos, o conocemos de Maria de Nazareth? Humm, casi nada.

Fueron unas mujeres negras, mineras, en la población de Barbacoas, Nariño, a orillas del Rio Telembí, quienes un día me la presentaron. Me contaron, que el templo parroquia, había sufrido un robo, y la principal afectada fue la imagen de Maria de Nazareth, pues los ladrones, la habían atracado; arrebatandole todas sus hermosas joyas: corona, anillos cadenas, aretes, el cetro, el peine que sostenía su cabellera, el vestido tejido con hilos de oro, rosario de cuentas de oro, todas esas preciosas prendas, habían sido confeccionadas, por los devotos, en agradecimiento a algún favor recibido. El Jesús niño, tambien fue atracado, le quitaron sus juguetes, su corona, cadenas y anillos.

Escuchaba muy atenta, el impacto que en ellas este robo había dejado, pero, lo que más me llamó la atención, fue el siguiente comentario: «Ahora, si, Ella, ha quedado igual  nosotras». Haciéndome la que no había entendido, de por qué estaban diciendo eso, les pregunté: «¿Cómo así? ¿Por qué dicen eso?»

Hicieron sus comentarios…porque ellas, mujeres mineras, no son tontas. La imagen que ellas, veían ahora de Maria de Nazareth, esa era la que mas le convencía: una mujer modesta, sencilla, trabajadora, sin despligue de grandezas. Para ellas, Maria de Nazareth, seguía siendo, Maria, la Madre de Jesús, la hermana, la amiga, la compañera, a quien le cuentan  sus cuitas, y todas sus penas.

En su fiesta, le recuerdo, como Maria, la plena de gracia, la que en su pobreza no ha dejado de ser Reina.

La hija de Ana y Joaquin, ellos pusieron en ella, sus principios de la Torá, costumbres y reglas, la niña que estudia en la «Escuela» perdón, digo Templo, la que conoce el arameo (su lengua), la que un día no muy lejano, profetizó y canto con toda su alma, El Magníficat, visitando a su prima y amiga Isabel.

Ese cántico que hay que volverlo fiesta. Hay que volverlo esperanza, Hay que volverlo justicia. Es un canto de agradecimiento. Es un canto de historia. Es la experiencia de Maria, como mujer:

46Proclama mi alma la grandeza del Señor,
47se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
48porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
49porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
50y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

51Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
52derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
53a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

54Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
55-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Lucas 1:46-55

 

Esa es Ella, la esposa de José, el carpintero, la que desafía el peligro y las montañas, para visitar y compartir la Buena Nueva, con su prima Isabel. Viajar seis kilometros hoy, (de Nazareth a Judá) no es nada, por buen camino y carretera alfastada, en aquel entonces, los caminantes bien se podían demorar tres o cuatro días, según nos cuentan, quienes por allá han andado.

En su fiesta de Asunción, hoy canto con Ella, El Magníficat que nos hace vibrar de esperanza, ante una vida nueva, para todas las mujeres, libres de marginación, abusos, y discriminación, en nuestra cultura, sociedad e iglesia.

 

 

*Presbitera católica.

 

 

 

 

 

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