LAS BASES DEL ENCUENTRO DE MELGAR EN MEDELLIN 1968. Olga Lucia Alvarez Benjumea ARCWP*


 

 

Inicio mi testimonio como mujer y ex secretaria en la 2ª.Conferencia Episcopal Latinoamericana-Medellin-1968.

Siento la necesidad de compartir con ustedes, el papel que jugó el Primer Encuentro Continental de Misiones en América Latina «realizado en Melgar-Tolima, del 20 al 27 de Abril de 1968, encuentro previo a la Asamblea de Medellín. En este Encuentro no estuve, pero ya trabajaba en las oficinas del CELAM.

Este encuentro fue convocado por Monseñor Gerardo Valencia Cano, Primer Presidente del Departamento de Misiones del CELAM. El Encuentro duró 8 días y al mismo asistieron 18 Obispos, misioneros y misioneras y expertos de diferentes ciencias y disciplinas.

Permítanme darles a conocer el breve discurso inaugural de Monseñor Valencia Cano, discurso que solo circuló en la primera edición del documento. En las otras ediciones del CELAM ya no se encuentra,  luego se entenderá el porqué:

«Hermanos, no tengo más credenciales para presentarme ante ustedes, como presidente del Departamento de Misiones del CELAM, que la experiencia de mi propia vida, que se especializa en mi ordenación sacerdotal al servicio de la Iglesia misionera en nuestra América Latina.

Desde mis primeros contactos con las culturas indígenas del Vaupés tuve la inquietud de que los misioneros nos veíamos forzados muchas veces a intuir o improvisar nuestra acción pastoral, por falta de un mayor conocimiento antropológico. He tenido la impresión de que nuestra labor pastoral fracasa muchas veces por falta de un planteamiento adecuado. Continuamente he añorado el día en que pudiéramos afrontar juntos un estudio y reflexión a fondo de nuestra común problemática particular. Hoy puede ser el comienzo de ese nuevo día.

Un planteamiento de este tipo es necesario para iluminar la pastoral en nuestros territorios misionales. Pero confiamos, además, que también tenemos un contenido riquísimo en el empeño común por una pastoral netamente latinoamericana en su triple proyección profética, sacerdotal y caritativa: la pastoral que necesita nuestro ‘hombre latino”. Porque no olvidamos que este hombre encuentra su expresión más diferenciada en los territorios de misión: Sea por su marginalismo, que lo tiene especialmente aislado del influjo de la cultura occidental, sea, principalmente, porque es allí donde están, en muchos casos, esas culturas que hemos dado en llamar primitivas, pero que es con su riqueza peculiar la clave para el entendimiento de un buen número de nuestros conciudadanos biogenéticos y culturalmente mestizosAmérica Latina necesita su propia pastoral. No hay dudas de que las diferencias adquieren sus expresiones más genuinas en los territorios de misiones (…)

Pido, pues, a los antropólogos y sociólogos que se hallan entre nosotros, que nos ayuden a evaluar el pasado. Pero que sobre todo nos presten su entusiasta colaboración para mejor planear el futuro. Porque esta es la razón de su presencia en este Encuentro: ayudarnos a buscar una presencia y una acción de la Iglesia en nuestras comunidades que resulten más en consonancia con el misterio de Cristo que se unió por su aplicación a las condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió.  (“Ad Gentes», 10).

Al situarnos ante la problemática de las misiones en nuestro continente nos encontramos con varios factores característicos. Nuestras misiones no son como las de otros continentes. Tal vez no existe ni siquiera en la Curia Romana una tipología de las misiones en América Latina que constituya un criterio claro para su existencia.

Seguimos insistiendo en que las llamadas misiones no admiten en América Latina, los mismos planteamientos que en otros continentes. Nos falta la tipología de las misiones en América Latina que, tomando en consideración sus características y peculiaridades, nos ayuden a esclarecer su ”qué” y su “para qué”, y en consecuencia el “cómo” de su actividad integrada en una pastoral de conjunto un nivel nacional y continental «.

Hay que resaltar que la Iglesia en América Latina está situada al frente del “Tercer Mundo” y que está comprometida frente al desafío que esto supone. Es necesario resaltar que la Iglesia en América Latina, con mayor razón en las áreas misionales, tiene que despojarse, en su acción profética y litúrgica de muchos elementos que le imprimen un carácter extraño y burgués que no está en consonancia con los niveles socio-culturales de nuestros territorios de misión «.

Sin comentarios …

¿Por qué hago referencia a Melgar, lugar donde se efectuó el encuentro, en vez de entrar al tema de Medellín? Porque la experiencia que viví en el CELAM, como secretaria, me lleva a compartir la incidencia de Melgar en los documentos de Medellín, a pesar de que dicho trabajo no fue aceptado oficialmente, por las acusaciones que llegaron a Roma llevadas por el Nuncio Sergio Pignedoli diciendo: “Ha sido una celebración realizada sin seguir los cánones establecidos por la Iglesia”.

Si conocemos los documentos de Medellín, no es exageración decir que ahí se reconoce la influencia y la preocupación de los Obispos de tierras de misión, de las misioneras y misioneros por llevar un Evangelio descolonizado, que no afecte a nuestra cultura, ni a nuestros valores e identidad.

Asi lo deseaba y quería Monseñor, cuando dejó dicho:

«El Encuentro de Melgar se efectuó con miras a la 2ª.Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, pues creíamos necesario que también los misioneros se hicieran presentes con el aporte de sus inquietudes, problemas y soluciones.» GVC

La reflexión, el arduo trabajo efectuado, la dedicación y esfuerzo llevados a cabo por los misioneros, el documento, no aceptado oficialmente, desconocido, fue calificado poco menos que de herejía, anatema, en cabeza de Gerardo Valencia Cano, como su gestor.

Ahora, entro a comentar sobre Medellín. Alguien me preguntaba en estos días: «¿Que es lo positivo a resaltar de la reunión de Medellín?» Y me atreví a responder: Sus errores. Porque es de los errores que aprendemos. Errores que hoy veo en positivo, y que son los que nos potencian para servir mejor en nuestra Pastoral y Ministerio.

En Medellín, miramos su pasado, su ayer con la realidad del hoy. En ese entonces, no se conocía lo que era un lenguaje inclusivo, nadie hablaba del feminismo, nadie reclamó la falta de presencia indígena, afro, incluso presencia de la Comunidad del LGTBI y menos se dio a la mujer un realce en el papel de la Iglesia.

Las mujeres, laicos y personas no católicas, participaron en las comisiones de mesas de trabajo con voz, pero sin voto. Su papel fue el de observadores.

No podemos negar que hubo mucha tensión, se percibía en el ambiente el miedo, un cierto olor a pólvora, recién habían pasado acontecimientos como el triunfo de la Revolución Cubana, la muerte de Camilo Torres, y otros, que se presentía, afectarían la estabilidad social y política en América Latina.

Los documentos de Medellín, para nosotras las secretarias, tenían un lenguaje de apertura a la realidad latinoamericana, que suponíamos sería asumido, no sólo por el clero de la Iglesia, sino por todo el pueblo de Dios. Era algo que disfrutábamos, y nos llenaba de alegre energía.

Fue un documento trabajado durante un año, hecho contra reloj y en breve tiempo, el trabajo fue agotador. Se había enviado el Documento Base de Trabajo, pero angustiaba el que las Conferencias Episcopales de América Latina, no enviaran a tiempo sus comentarios o sugerencias. No había en ese entonces, fotocopiadoras, internet, celulares (o móviles) menos WhatsApp. Dependíamos de las máquinas de escribir y el mimeógrafo.

Antes de terminar la Conferencia, estando solas las secretarias en nuestra oficina, se presentó Monseñor Luis Eduardo Henríquez (de Venezuela). No pasó de la puerta, salí para atenderlo y él me entregó un Documento (conocido como el contra-documento) y me dice: «Este documento para sacar ya, porque es el que será aprobado en la Conferencia». Lo recogí y lo compartí con mis compañeras: Beatriz Montoya y Helena Yarce. El comentario fue: “Pero, ese no es el documento, no vamos a sacar ese». Quedamos descompuestas, ¿qué hacer? Y mis compañeras me dijeron: «Pues, a usted fue a quien se lo entregó, usted, verá…». Todo el día quedé con esa preocupación, pensando cómo iba a enfrentar al obispo.

Antes de que viniera, se me ocurrió desbaratar el mimeógrafo y dejar las piezas sobre la mesa regadas. En mi juventud, sin conciencia feminista, con una formación tradicional, en la que si tenías inquietudes nada podías preguntar, «porque doctores tiene la Santa Madre Iglesia»… viene el obispo y me pregunta por su documento, se lo devuelvo y le digo: ¡Qué pena, Monseñor, el mimeógrafo, se dañó…!

¿Cómo se me ocurrió hacer lo que hice, y cómo me atreví a mentir a un obispo?. No tengo explicación alguna, solo puedo decir, que en la reunión de Medellín, hubo un nuevo Pentecostés, y en esa ocasión, nos tocó a las mujeres secretarias de la reunión.

Antes de terminar, no puedo pasar por alto, uno de los actos en los que participamos activamente, con nuestra presencia, fue en la Eucaristía que se celebró en la clausura de la Conferencia. En el momento de la comunión, se anunció que podían pasar a comulgar los invitados especiales no católicos, (ellos, habían pedido permiso). Fueron desfilando por la nave central, los 11 participantes, no latinoamericanos, entre ellos recuerdo al Obispo David Reed (Iglesia Episcopal Anglicana) y al Hno. Roger de Taizé. La comunidad presente irrumpió en aplausos que hoy continúan grabados en las paredes de la capilla del Seminario y nadie ha podido borrar. Este acontecimiento no aparece registrado en los documentos de Medellin, y tampoco se conocen fotografías de tal hecho

Solo en el 2006 al escuchar a la teóloga-feminista Maria del Pilar Aquino, (mexicana) en las aulas de las Eclesiásticas en Bogotá, es cuando tomo conciencia y empiezo a darme cuenta del papel que jugamos de manera invisible las mujeres en la Iglesia…

 

 

 

Bibliografía:  

Valencia Cano, Gerardo, «Discurso inaugural del primer Encuentro Continental de Misiones en América Latina». «Antropología y Evangelización», Colección Departamento de Misiones del CELAM No. 1.2a edición, Ediciones Paulinas, Bogotá 1972, pág.9.

Experiencia personal no editada.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: