“¡HOY COMIENZA LA LUCHA!”: Gloria Gaitán


Esa fue la exclamación que le escuché a mi padre en la madrugada del 6 de mayo de 1946 cuando, despierta por el llanto de los gaitanistas que se habían reunido en mi casa para escuchar los resultados de las elecciones presidenciales, me senté en las escaleras para ver aquel espectáculo de gente adulta lamentándose. Vi entonces entrar a mi papá, Jorge Eliécer Gaitán, con la energía y la sonrisa amplia que lo caracterizaban – aún en ese momento – cuando  había quedado relegado al tercer lugar después del triunfo del genocida Mariano Ospina Pérez y el segundo puesto del liberal burgués Gabriel Turbay. En ese momento mi papá exclamó: “¡Hoy comienza la lucha!”. Fue entonces cuando recibí una lección que me ha marcado toda la vida. Porque, como lo dijo certeramente el teólogo peruano, Manuel Rodríguez Canales: “Hay derrotas que encierran victorias mucho más importantes que lo que uno ve en la tabla de posiciones…, no es un premio consuelo ni excusa de mediocridad alguna. No es disfraz de impotencia ni ceguera ante las limitaciones o los defectos del equipo. Es verdad: hay derrotas victoriosas“. Y, en efecto, a partir de ese instante la ascensión del gaitanismo hacia la conquista del poder se volvió inatajable. El optimismo, la fe, la esperanza, el carácter y la pasión los acompañó sin tregua y les dio una apabullante victoria en 1947.
 
Ayer los indignados no perdimos. ¡Ganamos! porque la clase dirigente está conminada a hacer las reformas que, como proyectos de ley, reflejarán la voluntad de más de doce millones de colombianos. Y no entiendo a los que creen y buscan acabar con la corrupción infundiendo pesimismo y tirándole piedra a la autoestima de los más de doce millones y pico de colombianos que salimos a votar o quienes se abstuvieron.
 
Los primeros, los votantes, pensamos que las reformas son trochas que le abren el camino a los cambios profundos. Pero no hay que desconocer que una inmensa proporción de abstencionistas son aún más radicales que nosotros. Y no están tan equivocados, ni son indolentes como algunos creen. Ellos ya no confían en el sistema y muchísimos de ellos sienten que solo cambiándolo radicalmente se logrará derrotar la corrupción. Han entendido lo que nos enseñó Gaitán: que el problema de la corrupción no es asunto de personas que delinquen, sino que es el sistema imperante, la Democracia Burguesa y el capitalismo, los que llevan en sí, indefectiblemente,  el virus de la corrupción y que lo que hay que cambiar es el sistema y no meramente echar a los corruptos del poder. Así lo señalaba mi padre:  “Cuando nos encontramos en la decadencia del proceso romano, de la Edad Media, del Renacimiento o de las Monarquías absolutas, ante un desmoronamiento profundo de la moral colectiva, es porque claudicaba en ellos lo que hay de más hondo y permanente en los valores de la vida histórica. Y por eso erramos al afirmar que la inmoralidad acabó con aquellas civilizaciones. No; la inmoralidad era apenas el índice de que se estaba clausurando internamente el ciclo histórico de cada una de aquellas civilizaciones. La inmoralidad colectiva no era la causa sino el síntoma. Y así diremos hoy: no es que la falta de moral esté minando este ciclo de civilización que hemos convenido en llamar capitalista; es que el mundo capitalista está minado por dentro y por eso tiene el índice de la inmoralidad”.
 
La mayoría de los votantes piensan que lo que hay que depurar es el sistema, porque para ellos el que impera está desacreditado. Así lo dijo Iván Duque anoche. Tomó los resultados electorales como una victoria de esta democracia burguesa que tenemos, pero también le dio valor a una suma enorme de votantes que superó la de cada uno de los candidatos presidenciales. Para otros, los que creemos que votar es solo una etapa que hay que superar para llegar al fin de la Democracia Representativa – sistema que la burguesía ideó para el desarrollo del capitalismo y de su poder -, el sistema no solo está desacreditado sinoDESLEGITIMADO, ya no creemos en él ni en sus cambios cosméticos. Pero, por el momento, unos y otros podemos caminar juntos y por eso no entiendo por qué hay que desconfiar y  expulsar de las filas de los descontentos a quienes todavía creen en el sistema. Podemos, por el momento, marchar juntos.
 
Me entusiasma ver que Álvaro Uribe no dio en el clavo al invitar, en sus twits, a  no votar en la consulta con argumentos de una mezquindad liliputiense, mientras que Iván Duque  no sirvió de títere, como muchos lo vaticinaban. Juliana Márquez, su madre, mujer que hace parte de las madres modernas, se atrevió a decir, con franqueza y valor: “Duque no es Uribe” y ella sabe por qué lo dice y mi intuición también así lo piensa.
 
Que nadie venga a decir, entonces, que comparto el modelo económico del gobierno actual, que me aterroriza, pero sí puedo y quiero apoyar su lucha contra la corrupción, así solo sea parte de esta trocha, porque la mía conduce al cambio de sistema, para instaurar una Democracia Directa, mientras que la de Duque y su equipo es pavimentar el camino sin modificar el rumbo.
 
GLORIA GAITÁN
 
P.D. Y para terminar, quiero saber si para el presidente Duque la corrupción es solo asunto de dineros públicos, o si la violación de la Ley y la Constitución por parte del sector gobierno también hace parte de la corrupción, como es el caso de la Universidad Nacional, que ha violado todas las normas jurídicas, éticas y morales en el manejo de la Casa-Museo Jorge Eliécer Gaitán para ejercer MEMORICIDIO, como fue la razón  para la cual, gobiernos anteriores, le entregaron su doloso y perverso manejo.   Vale, GG
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