“¿Qué quiere decir cristiano?” Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


A muchos de nosotros/as, nos tocó responder muchas veces en la Catequesis esta pregunta: ¿Qué quiere decir cristiano? De manera individual, o colectiva respondíamos: “Cristiano quiere decir hombre de Cristo”. Esta es una pregunta que nos teníamos que aprender de memoria, así como el Catecismo del Padre Gaspar Astete s.j. y si no, lo hacías, no podías hacer la Primera Comunión.

Hoy, me hago, sin presión, sin derecho a premio o castigo, la misma pregunta: “¿Qué quiere decir cristiano?” y la respuesta me sale diferente: “Cristiano quiere decir mujer de Cristo”. Al respondérmela, me siento incluida, y aquí si entro asumir que quiere decir, ser mujer o hombre de Cristo.

Lo disfruto, y esto me lleva inmediatamente a pensar en la venida de Cristo al mundo…y se me cruzan muchas ideas y trato de ordenarlas para poderlas compartir.

No quiero decir, que estoy pensando en la celebración de las navidades, porque no se trata de eso y menos en la forma como tan hermosa fiesta se celebra.

Hay quienes, para la Navidad, no les significa nada. Otros critican la actitud de Dios Padre, en el hecho de enviar a su Hijo, para que sea supuestamente sentenciado y condenado a muerte. Ponen el grito al Cielo, “cómo se le ocurre a un papá, ¿enviar a su hijo para que sea detenido, torturado y asesinado?”

Qué fácil es juzgar. ¿Conocemos verdaderamente a Dios Padre, para juzgarle de esa manera? ¿Conocíamos cuáles eran sus intenciones?

No se crea que estoy cambiando de tema.

Para mí, el ser mujer de Cristo, hombre de Cristo, está ligado con la venida de Cristo. Es el Emanuel en medio de nosotros/as. Es sentir el amor y la ternura de Dios Padre-Madre, que, siendo un Ser tan Especial, todo un Dios, se abaja hacia nosotros/as, haciéndose humano. ¡Es Dios humanizado!

Y se quedó entre nosotros/as, con nosotros/as, para liberarnos. Su liberación no ha terminado. Su liberación, no es mágica, o automática, en ella estamos todos/as implicados/as, en la forma como vamos hacia el rescate de la dignidad del ser humano.

Es El, Cristo, quien nos enseña a liberarnos. La liberación no es gratis, porque lo que es gratis, no se aprecia, no se valora. No se agradece. Se aprecia lo que a uno/a le cuesta. Es esa lucha, la renovación, el cambio, la conversión, el discernimiento, lo que nos lleva a ganar terreno en la liberación.

El ser mujer de Cristo, hombre de Cristo, liberados/as, no se compra, se asume, se vive. Es la vida misma, expresada en salud, en rescatar, proteger de abusos contra el ser humano. Es sanar, dar vida, guardar, proteger la vida del indefenso, del débil, del marginado, discriminado, el inmigrante, del rechazado.

El ser Cristiano=mujer=hombre de Cristo, no nos excusa de participar, en la liberación nuestra y en la de los demás. Esta tarea no admite muros ni fronteras, no discrimina, es inclusiva, no tiene colores, ni pertenece a ningún partido político. El ser mujer=hombre de Cristo, su estructura es la diversidad donde se entreteje la unidad del UNO, con dignidad.

¿Qué hemos hecho para ser mujer=hombre de Cristo?

El día, que el ser humano, nosotros/as logremos la plenitud en el UNO, ese día, tendremos el Reino de Dios en medio de nosotros/as. Ese día escucharemos a Jesús decirnos, al igual que lo hizo con esta mujer: “Pero Jesús, volviéndose y mirándola, le dijo: “Ten ánimo, tu hija, tu fe=fuerza=coraje=entusiasmo, te ha liberado”. Mateo 9:22 . AMEN.

*Presbitera católica

Envigado, Octubre 12/18

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