La joven “oyente” en el Sínodo: sería bello que votaran las monjas


Nacida en México y crecida en los Estados Unidos, Yadira Vieyra, de Chicago, pide que la Iglesia ayude a los jóvenes migrantes no acompañados con los problemas traumáticos de salid mental

Yadira Vieyra con el Papa Francisco
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Pubblicato il 20/10/2018IACOPO SCARAMUZZICIUDAD DEL VATICANO

«Nuestras religiosas también hacen pastoral con los jóvenes, y entonces, ¿por qué no darles derecho de voto en el Sínodo?». Nacida en México y crecida en los Estados Unidos, Yadira Vieyra, de 29 años, es una de los 39 “auditores” que participan en el Sínodo que se está llevando a cabo en el Vaticano. Obtuvo su licenciatura en la Georgetown University de Washington, proviene de la diócesis de Chicago, es investigadora y asistente para familias de migrantes.  

«Muchos obispos escuchan, el Papa escucha, y luego comparte con intervenciones lo que piensa después de que diferentes obispos y jóvenes hubieran hablado. Para mí tiene un gran significado ser parte de los “auditores”, y sabemos que nos escuchan», dijo Yadira en una de las ruedas de prensa cotidianas sobre el Sínodo en la que participó. «Qué lástima no votar, pero nuestras voces son escuchadas y, en particular, en los círculos menores tenemos la posibilidad de decir lo que en nuestra opinión puede mejorar el “Instrumentum laboris”. Tenemos la libertad de presentar enmiendas, tenemos el micrófono cuando queremos tomarlo, prácticamente cada auditor joven ha intervenido, y hemos intervenido también en el tiempo dedicado a las intervenciones libres. Me parece un gran paso adelante. Estoy increíblemente agradecida de que el Papa haya convocado un Sínodo para discutir sobre la juventud y de que haya tantos líderes religiosos para discutir sobre este argumento y sobre cuál es el mensaje que la Iglesia quiere mandar a la juventud, y el mensaje es que los jóvenes forman parte de la Iglesia y, si no escuchan el mensaje de la Iglesia, acaso es porque el mensaje no ha sido comunicado en la manera en la que los jóvenes quisieran ser atraídos por la Iglesia». 

¿Qué sugeriría para mejorar el “Instrumentum laboris”? ¿Qué se espera que afirme este Sínodo? 

Comunicar que la juventud como fase de la vida humana es una fase alegre. Jesús era joven. No es un tiempo en el que la persona deba sentirse descuidada como ilegítima hasta que no alcance la edad adulta. Los jóvenes tienen una voz, tienen ideas, tienen capacidad de liderazgo y deberíamos darles una oreja para escuchar sus talentos, garantizarles un papel de líderes en la Iglesia. 

En relación con el tema de la sexualidad, usted dijo que hay muchas discusiones en el Sínodo y que son acaloradas: ¿cuál espera que sea la aportación sinodal? 

Es un tema difícil, porque cada periodista que busca un título escribe que la Iglesia se niega, por ejemplo, a aceptar a los homosexuales o a quien pertenezca a la comunidad LGBT, o que la Iglesia ha decidido que el Sínodo aceptará los matrimonios entre personas homosexuales. ¡Pero no funciona así! Es una cuestión difícil, y apreciamos que nos den la oportunidad para hablar aquí. No tenemos una respuesta definitiva, pero creo que tendríamos que trabajar en una pastoral para las personas homosexuales, para que no se sientan solamente reconocidas, sino también amadas, y acompañarlas. No se vive la misma situación en cada país, por lo que no se puede dar una respuesta general. Están los obispos que se confrontan con católicos homosexuales, por ejemplo en Estados Unidos; otros obispos dicen, “¿De qué están hablando? En nuestro país no hay”. Pero esta es la realidad, y hay que encontrar a las personas en donde se encuentran y encontrar la manera para mostrarles la enseñanza de la Iglesia de una manera que no los haga sentirse deshumanizados. 

Usted dijo que es na lástima que las mujeres presentes en el Sínodo no tengan derecho de voto. La objeción principal a este tipo de propuestas es que es un Sínodo de los obispos, por lo que no es el lugar adecuado para hacer este tipo de peticiones. ¿Qué le parece? 

Es un Sínodo de los obispos, pero tenemos también a gente joven aquí. Nuestras religiosas también hacen pastoral con los jóvenes, y entonces, ¿por qué no darles su voz? Tienen experiencias impresionantes con los jóvenes, pueden explicar las dificultades y qué ha funcionado bien en el trabajo con los jóvenes, entonces, ¿por qué no darles derecho de voto sobre un documento que les permita tener la misma voz en la Iglesia? 

¿Por qué hay que hablar sobre los migrantes en un Sínodo sobre los jóvenes? 

Nuestros jóvenes no acompañados que atraviesan las fronteras son llevados a centros de detención, a lugares de deportación que no solo tienen un impacto en la salud física, sino también en la salud mental. Si no invertimos ahora en su salud mental, ¿cómo podemos esperarnos que funcionen normalmente cuando sean adultos? Y nuestro país, Estados Unidos, no invierte en su salud mental, los países de los que huyen no invierten en su salud mental. ¿Quién los ayudará a elaborar un trauma de este tipo desde pequeños? Debe ser la Iglesia. Dentro de veinte o treinta años las investigaciones descubrirán que nadie se había dado cuenta de que eran personas que necesitaban ayuda. Por ello me apasiona tanto este tema, me niego a pensar que, como parecen estar bien por fuera, están bien por dentro: no están bien.

http://www.lastampa.it/2018/10/20/vaticaninsider/la-joven-oyente-en-el-snodo-sera-bello-que-votaran-las-monjas-Pq49VNP040LzWunHsOSYIL

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