Novena Carta a los Reyes Magos:a favor de las mujeres, yo acuso


02.01.19 | 09:29. Archivado en Opinión

Amigos Reyes Magos: Vosotros mismos sois tres varones, un signo más de la discriminación de las mujeres a lo largo de toda la historia, tanto en la sociedad como en las religiones, y no menos en la católica. Ya que al pasado no podemos volver para cambiarlo, os escribo a ver si por lo menos podemos cambiar un poco la cruda realidad de la cruel marginación de la mujer en el mundo actual. Fijaros en estos datos a ver si os conmovéis y hacéis algo por ellas:

“Las mujeres y las niñas son el grupo más numeroso de pobres y oprimidos del planeta”. Sexo por agua.

Yo acuso porque:

Hemos visto en Guatemala como el 98% de las mujeres adultas son analfabetas porque mientras los niños varones iban a la escuela, las niñas tenían que levantarse mucho más temprano que ellos a buscar agua muy lejos durante 4 horas de caminata entre ir y volver: cansadas, hambrientas y con sueño ya no querían ir a la escuela. Las mujeres sin formación siempre seguirán siendo inferiores y explotadas.

-En los países menos desarrollados, las mujeres son las principales responsables de garantizar el acceso al agua de la familia. Con frecuencia tienen que andar kilómetros hasta la fuente o río más cercano. Sobre ellas recaen también muchas otras tareas que necesitan agua, como limpiar, lavar algo de ropa, cocinar, cultivar. Esta presión las expone a prácticas de corrupción que van del pago de un soborno en dinero hasta verse obligadas a mantener relaciones sexuales a cambio de agua (El País 25/10/18).

Yo acuso porque:

-Las mujeres perciben entre un 31 y un 75 % menos ingresos que los hombres por el mismo trabajo (EUROSTAT).
-La pobreza afecta a más de 800 millones de personas en el mundo, de ellas el 70 % son mujeres, la gran mayoría de ellas en extrema pobreza. La feminización de la pobreza es un hecho. El hambre tiene nombre de mujer.
-El 85% del empleo destruido durante la crisis afectó a las mujeres.
-El peso de más del 90% de las familias monoparenterales cae sobre las mujeres.
-La mayoría de los usuarios de servicios sociales son mujeres entre 35 y 50 años, con hijos a cargo y cuyos ingresos mensuales están entre 350 y 500 euros.
-A nivel mundial, 7 de cada 10 mujeres son víctimas de violencia machista en algún momento de su vida.

Yo acuso porque:

-Cada 10 minutos un hombre asesina a su pareja o expareja.
-El 71 % de las víctimas de trata de seres humanos, son mujeres y niñas.
-Más del 80 de los propietarios de tierras son hombres, Por tanto las mujeres no llegan al 20 %. Hay países donde los hombres, antes de poner la tierra a nombre de él y de su mujer prefieren perderla.
-Según el INE, el 40 % de las mujeres sin hogar han sido agredidas, el 61% han sufrido robos, y el 24 % han sido víctimas de agresiones sexuales.
-Según el EUROSTAT, el 70 % de las mujeres trabajadoras, lo hacen a tiempo parcial.
-De los 758 millones de analfabetos que hay en el mundo 505 millones son mujeres. El analfabetismo también tiene nombre de mujer.

Yo acuso porque:

-Más de la mitad del trabajo que se hace en el mundo lo ejercen las mujeres, pero perciben solo un tercio de la remuneración global.
-El neoliberalismo capitalista coloca a muchos millones de mujeres en extrema vulnerabilidad.
-El patriarcado unido al dinero y al poder, son un pacto hermético histórico orquestado desde siglos contra los derechos más elementales de las mujeres.
-Un dato más cercano y concreto: En Gijón donde vivo, una ciudad con 272.000 habitantes, el Centro Asesor de la Mujer tuvo que atender, desde enero a octubre de 2018, a 550 mujeres, víctimas de la violencia de género.
-Un dato más lejano: En Guatemala hay 27 denuncias diarias por violencia contra la mujer. De enero a junio de 2018 se han registrado más de 50.000 embarazos en niñas y adolescentes, la mayoría por violación, y son asesinadas más de 2 mujeres cada día.

Yo acuso porque:

-El número de agresiones sexuales por cada 1000 mujeres en los últimos 5 años es de: España 1; Portugal 2; Francia 3; Alemania 4; Dinamarca 5; Países Bajos 6; Canadá 8; Suiza 9; Suecia 13; EE.UU: 14. (El País: 30/12/18).
-La dimensión de la violencia contra las mujeres y las niñas es ya tan grande, que la OMS (Organización Mundial de la Salud) la califica de Pandemia Global.

El Patriarcado en las religiones:

Vamos a citar solo dos: musulmana y católica.

Todas las religiones tienen una estructura manifiestamente patriarcal, androcéntrica y machista. “Consideran las mujeres inferiores, subalternas y dependientes. Las excluyen de los espacios de lo sagrado, las marginan de los puestos de responsabilidad, del ejercicio del poder y de los ámbitos de decisión. Generan en ellas actitudes de obediencia y sumisión, calificadas como virtudes» (37 Congreso de la Asociación de Teólogos «Juan XXIII»).

El patriarcalismo androcéntrico y machista, data de muy antiguo en la historia de la humanidad, como lo demuestran estos textos:

CODIGO DE HAMMURABI (1700 a. de C.): «Cuando una mujer tuviera una conducta desordenada y dejara de cumplir sus obligaciones de hogar, el marido puede someterla y esclavizarla».
ZARATUSTRA (¿1300 al 1200 a. C.?): «La mujer debe adorar al hombre como a un dios. Cada mañana debe arrodillarse nueve veces a sus pies».
EL CORAN: «Los hombres son superiores a las mujeres, porque Alá les otorgó la primacía sobre ellas, dio a los varones el doble de lo que dio a las mujeres. No se legó al hombre mayor calamidad que la mujer».
LEYES MANU (Libro sagrado de la India): «Aunque el marido se dé a otros amores, la mujer debe reverenciarlo como a un dios».
ARISTOTELES: «La naturaleza solo hace mujeres cuando no puede hacer hombres. La mujer, por tanto, es un hombre inferior».
LA BIBLIA (ECLESIASTICO): «Toda malicia es poca junto a la malicia de mujer».
ORACION DE LOS VARONES ISRAELITAS: «…Y te doy gracias, Señor, por no haber nacido mujer».
Los autores de estos textos tan negativos para las mujeres, no quiere decir que no tuvieran también valores positivos en general y también hacia ellas, pero las muchas cosas negativas que dicen de las mujeres no las dicen de los hombres.
La Religión Musulmana:

Mientras que a los hombres se les permite la polígama, a las mujeres se les prohíbe la poliandria. No se considera adulterio a las relaciones sexuales que un hombre musulmán pueda tener con mujeres esclavas no musulmanas.
En las sociedades islámicas más tradicionales, se justifica que el marido golpee a la mujer, y en cambio está prohibido, por razones religiosas, que la mujer utilice ningún género de violencia contra el esposo, porque Alá dio al hombre el doble que a las mujeres, que son la peor calamidad que se ha dado a los hombres.

El Corán es ambivalente respecto a la consideración de la mujer: En el capítulo del Corán dedicado a las mujeres, se afirma de modo taxativo la obediencia de la esposa al marido -por expresa voluntad de Alá- y el derecho del esposo a golpear a su mujer. Sin embargo otras veces utiliza un lenguaje claramente inclusivo: «Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes… La recompensa y la buena vida por las buenas acciones alcanzan a los hombres y a las mujeres creyentes por igual”.

Otra cosa es la interpretación que hacen del Corán los varones musulmanes, pues muchos de posición privilegiada engañan a sus esposas (tienen hasta cuatro) y contratan prostitutas de lujo.

No obstante, desde hace varias décadas se desarrollan en el islam importantes corrientes reformistas y feministas que denuncian el monopolio tradicional de los varones, y más en concreto de los clérigos, en la exégesis del Corán, así como su interpretación patriarcal, contraria a su espíritu originario y a su defensa de la igualdad entre hombres y mujeres. Estas corrientes reclaman el derecho de las mujeres a acceder directamente a dichos textos y a interpretarlos desde la perspectiva de género, que lleva a considerar el Corán como un importante instrumento en favor de la liberación de la mujer. (J.J.Tamayo: el País 19/01/2004).

A esto debemos añadir la Declaración Islámica Universal de los Derechos Humanos proclamada el 19 de septiembre de 1981 en la sede la UNESCO por el Secretario general del Consejo Islámico para Europa, que defiende “un orden islámico en el que todos los seres humanos sean iguales y nadie goce de ningún privilegio ni sufra una desventaja o una discriminación, por el mero hecho de su raza, de su color, de su sexo, de su origen o de su lengua”. Increíblemente a esto aun no ha llegado la Iglesia Católica y más aun, que se castigue con la excomunión a las mujeres ordenadas sacerdotes en la Iglesia Católica.

La religión católica:

La tradición bíblica es claramente androcéntrica, empezando por culpar a la mujer del desastre original y los males de la humanidad: cuando Dios le pide cuentas a Adán, le echa la culpa a la mujer. Para la cultura hebrea la mujer era la tentadora de Adán, y era necesario mantenerla sometida.

LA BIBLIA (ECLESIASTICO, 25,19): «Toda malicia es poca junto a la malicia de mujer».
La BIBLIA (Exodo 21,7): “Si un hombre vende a su hija por esclava, esta no saldrá de la esclavitud como salen los varones”.

ORACION DE LOS VARONES ISRAELITAS: «…Y te doy gracias, Señor, por no haber nacido mujer». “Bendito sea Dios…que no me ha hecho nacer mujer, porque de la mujer no se espera que observe los mandamientos (Berakot 7,18)
Para la religiosidad hebrea la mujer era ritualmente impura durante la menstruación y hasta siete días después de la misma. Si tenía un hijo varón era impura 40 días después del parto, pero si era niña hasta 80 días, por lo que tenía que ir al templo a purificarse. Durante ese tiempo nadie debía acercarse a ella. Incluso los objetos que tocaba quedaban contaminados. De todo esto derivaba su exclusión del sacerdocio ritual, de la participación plena del culto y de acceso a las áreas más sagradas del templo. La mujer era fuente de impureza. El propio Evangelio siguiendo la prescripción de la Biblia en el libro del Levítico (este data entre el siglo VI al IV antes de J.C.), nos presenta a María de Nazaret teniendo que acudir al templo a purificarse: o sea que era impura por ser nada menos que la Madre de Jesucristo. ¿Es que una mujer es impura por ser madre y queda manchada su sangre? (Ver Levítico 12,1-7).
El esposo podía repudiar a su mujer por una tontería, como que se le quemara la comida, o simplemente porque viese a otra que le gustase más, pero ella por ningún motivo podía repudiar a su esposo.
En tiempos de Jesús esta visión negativa de la mujer aún era más severa porque se la consideraba además frívola, sensual, perezosa, chismosa, desordenada, según la describe Filón de Alejandría contemporáneo de Jesús. Flavio Josefo lo resumen diciendo: “la mujer es inferior al varón en todo”.
Si es cierto que dentro de la casa era relativamente bien valorada, fuera de ella era como si no existiera. No podía alejarse de la casa sin ser con su marido, y fuera de ella no podía ni siquiera hablar con él, además de llevar el rostro oculto por un velo. No podía tomar parte en banquetes. En juicios su testimonio no era aceptado como válido. Las que se alejaban de casa sin la compañía de un varón eran consideradas de mala vida y sospechosa reputación sexual.
En el templo e incluso en la sinagoga debían estar separadas de los hombres y solo podían acceder al atrio de los paganos como los no israelitas. En las celebraciones religiosas bastaba con que estuviesen los hombres, ellas no hacían falta, porque ante Dios no tenían la misma dignidad. Por lo mismo no se les debía enseñar la Ley de la Torá (libro de la Ley de los Judíos) porque harían mal uso de ella: antes quemarla que confiarla a una mujer, decían los varones. (Ver: Jesús, de Pagola, cap.8).
Está claro que estamos ante una sociedad machista al máximo con discriminación total de la mujer, tanto en lo público como en lo religioso. Tal vez en las aldeas y pueblos pequeños esta discriminación, aunque era grande, no lo era tanto como en las ciudades. De su crudeza es un ejemplo la oración que recitaban todos los días los varones: “Bendito seas, Señor, porque no me has creado pagano, ni me has hecho mujer, ni ignorante”.
El comportamiento de Jesús con las mujeres fue verdaderamente rompedor y totalmente contrario a la tradición judía, y tiene tanto más valor cuanto que se desarrolló en un contesto tan hostil a la mujer. Señalamos solo algunos hechos:
-Las mujeres más pobres, marginadas y despreciadas encuentran en Jesús alguien que las acoge, las valora, y se acerca a ellas sin recelos; las toma muy en cuenta, como a la “pecadora” María de Magdala, la adúltera, la sirofenicia, las prostitutas. Ven en Jesús respeto, comprensión, cercanía, simpatía. A estas mujeres Jesús las defiende públicamente, como cuando acusa a los fariseos y escribas, que se consideraban santos y puros, de que son unos hipócritas y farsantes: “hasta las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos”. Estas mujeres no se consideraban dignas de nada, y menos de Dios, pero Jesús las valora y da la cara por ellas: sus palabras les llegaban al corazón porque le salían del corazón, como cuando llamaba públicamente dichosos a los pobres y desgraciados a los ricos.
-Jesús acepta a las mujeres en su compañía como Juana, María, Susana y Salomé y otras que lo acompañaban por Galilea, y se siente totalmente libre ante los prejuicios contra las mujeres de aquella sociedad machista. Jesús destaca el valor de cada persona ante Dios, especialmente de los pobres, marginados y oprimidos, como lo eran especialmente las mujeres de aquel tiempo, que encuentran en Jesús a alguien que les hace recobrar su dignidad, que hasta llegan a llorar de emoción como María Magdalena, que llora a sus pies sin importarle para nada que la estén observando y pensando mal de ella aquellos “ilustres” invitados a comer por Simón el fariseo.
-Jesús no les reprocha nada, ni las humilla, ni las condena, como cuando defiende a la adúltera que un grupo de hombres querían apedrear. Jesús les dice: “el que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. Todos dejaron las piedras en el suelo y se marcharon: no hay una adúltera sin que haya un “adúltero”.
-Está también el precioso relato de la mujer de Samaría: Jesús, fatigado, se sienta en el brocal del pozo de Jacob mientras los discípulos marchan en busca de comida. Una mujer llega a buscar agua. Jesús como buen pedagogo le dice: “mujer, dame de beber”. Ella se disculpa porque nota que Jesús es judío y ella Samaritana. Jesús le ofrece otra clase de agua que brota hasta la vida eterna, que calma la sed para siempre. Ella se interesa por este agua para no tener que buscarla más. Jesús le dice: “llama a tu marido y vuelve”. Ella contesta que no tiene marido. Jesús le dice que ya tuvo cinco y que la verdadera adoración a Dios no tiene lugar en Jerusalén, ni en los montes, sino en espíritu y en verdad. Por tanto ella puede adorar a Dios donde quiera. Entre tanto llegan los discípulos y se sorprenden de que esté hablando con toda naturalidad con una mujer. Ellos aun no habían superado los prejuicios judíos sobre la mujer a pesar de ver el comportamiento der Jesús con las mujeres. Ella, admirada de Jesús, deja el cántaro y marcha a anunciar a sus vecinos lo que le acaba de suceder. Ellos creen en sus palabras, llegan y le piden a Jesús que se quede con ellos. Jesús accede y se queda allí dos días, gracias al testimonio de esta mujer.
-Jesús en medio de un sufrimiento horroroso, pues acaba de ser flagelado y cargando con la cruz que ya no puede más siente que, entre la multitud que le sigue, hay unas mujeres que lloran por él, se vuelve hacia ellas para decirles que no lloren por él, sino que lloren por ellas y por sus hijos. La preocupación de Jesús nunca es por sí mismo, sino siempre por los demás.
-Jesús asume la difícil tarea de iniciar un mundo nuevo, superador de muchos males, como la injusticia, el odio, la violencia, la guerra, la desigualdad, la intolerancia, el abuso del grande contra el pobre, la discriminación tanto para mujeres como para hombres (los leprosos/as, esclavos/as, enfermos mentales, mujeres y niñas eran los grandes marginados/as de aquella sociedad). Jesús asume este compromiso con los hechos y las palabras de su vida. Ese mensaje es claramente percibido como subversivo por los gobernantes político-religiosos de Jerusalén, que se ven duramente cuestionados por su mal comportamiento porque Jesús los acusa de vivir a costa del pueblo, de imponer a la gente grandes cargas, de ser hipócritas, de buscar los primeros puestos en los banquetes y que el pueblo los deja para seguir a Jesús, y por se reúnen y deciden: “hay que acabar con este hombre porque solivianta al pueblo contra nosotros, y vendrán los romanos y nos quitarán nuestros puestos”
-Es por lo que sobornan, como pasa muchas veces hoy, a uno de los suyos para poder localizar a Jesús, prenderlo, juzgarlo y condenarlo a muerte, y muerte de cruz, la más cruel de aquellos tiempos, importada de los persas por los romanos y los griegos, que estos no la aplicaban, pero los romanos sí la aplicaban a los esclavos, y como tal fue tratado Jesús. Su muerte fue un asesinato. El ya había anticipado que iba a terminar así, como lo fueron después de El grandes hombres comprometidos con un mundo mejor: Gandhi, Luther King, Oscar Romero, los Jesuitas de la UCA, etc.
-Jesús vino a compartir en todo la condición humana, menos en ser pecador y ser la imagen visible del Dios Trascendente e invisible que en este mundo no podemos ver ni conocer y que solo hemos conocido conociendo a Jesús a través de sus hechos y sus palabras que le condujeron a ser coherente hasta el compromiso final de la muerte. Pero, precisamente por esto, tiene lugar el hecho cumbre y decisivo de la vida de Jesús: su Resurrección, y es precisamente María Magdalena, la primera persona en encontrarse con Jesús Resucitado, pues es a ella a la que Jesús se presenta por primera vez de Resucitado, antes de mostrarse a los apóstoles. Esta elección de María Magdalena es, sin duda, la más significativa de Jesucristo para confiarle a María Magdalena el primer mensaje de la Resurrección, sobre el cual se funda el cristianismo, y su testimonio se difundió en el mundo entero mediante el anuncio evangélico, pero la Iglesia Oficial tardó demasiado tiempo en reconocer esto, prácticamente, solo de forma clara, hasta que llegó el Papa Francisco, que creó una comisión para estudiar las funciones de las mujeres en la Iglesia de los primeros siglos

Es una mujer, esta mujer, María Magdalena para quien Jesús reservó su primera aparición como resucitado, el hecho más decisivo y trascendental para El y para la Historia de la Humanidad, cuya muerte había sido para ella un gran trauma, porque habían matado a alguien que lo era todo para ella, que tanto amor le mostró a Jesús y Jesús a ella.
Ella va muy de madrugada al sepulcro, y lo encuentra vacío, pero más vacía está ella sin Jesús, que se presenta a ella envuelta en sollozos, pero está tan aturdida que no lo reconoce. Jesús le dice: “María”. Al oír su nombre pronunciado por Jesús ya lo reconoce y se arrodilla a sus pies. Jesús le dice: “vete a decir a mis hermanos que estoy vivo y que iré delante de ellos a Galilea”. Es por lo que con razón Rábano Mauro y Tomás de Aquino, la llamaron Apóstola de los Apóstoles, así como lo viene haciendo la Iglesia Ortodoxa. En virtud de lo cual, por expreso deseo del Papa Francisco, a partir de junio de 2016 la celebración litúrgica de María Magdalena, tiene el mismo grado de festividad que se da a la celebración de los Apóstoles en el calendario romano general.
Jesús tardó tiempo en convencer a los discípulos de que estaba vivo de nuevo, pero no a María Magdalena y a las mujeres que la acompañaron al sepulcro. Fueron las mujeres las primeras en creer que Jesús estaba vivo de nuevo, que había resucitado: de hecho, ellos, ni a María, ni a las compañeras que la acompañaron por segunda vez al sepulcro les creyeron. Jesús tuvo que darles numerosas pruebas a ellos, que no a ellas, de que estaba vivo de nuevo. Es cierto que cuando ya se convencieron, empezaron a anunciar la resurrección de Jesús con gran fortaleza, además convencidos de que era Dios, y por eso a partir de la Resurrección le empiezan a llamar Señor, nombre reservado en Israel exclusivamente a Dios.
Pues, si el hecho cumbre y más importante de Jesús, como fue su Resurrección, fue manifestado primero a una mujer y seguidamente a varias mujeres más, ¿cómo es posible que el androcentrismo eclesiástico siga tan en vigor, y margine a las mujeres tan absolutamente como lo está haciendo?
¿Cómo es posible que sigamos pensando que Jesús, solo invitó a hombres a la Ultima Cena y no a mujeres, y que por tanto solo los hombres pueden celebrar la Eucaristía? ¿Cómo no iba a invitar también a aquellas mujeres que lo acompañaron y atendieron por los caminos de Galilea? ¿Cómo es posible pensar que Jesús las marginó en este acto tan personal, importante y decisivo donde promulgó el Mandamiento del Amor Fraterno, cuando tantas veces las defendió, dio la cara por ellas, rompió todos los prejuicios sociales y misóginos contra ellas hasta aceptarlas públicamente en su compañía? Solo hay una explicación: los Evangelistas que narran la vida de Jesús eran varones, contaminados por el machismo, el patriarcado social y religioso y misógino total de aquella época. Si una mujer, pobre de un pueblo pobre como María de Nazaret, pudo ser y fue la madre humana de Jesús, ¿Cómo pudo El quitarles a las mujeres, solo por nacer mujeres, la posibilidad de celebrar la Eucaristía? Eso no lo podía hacer Jesús. Cuando en la Eucaristía decimos “el Señor esté con vosotros”, incluimos a todos: hombres y mujeres, aunque empleemos el masculino, y los que están presentes sean muchas más mujeres que hombres. Cuando Jesús en aquella Cena dijo tomad y comed todos, incluía a todos, y por tanto a los hombres y las mujeres. Y cuando dijo “haced esto en memoria mía”, se lo dijo a todos, por tanto también a ellas.
-Lucas en 24,10 agrega el nombre de “María, la de Santiago y las demás que estaban con ella”.
-En Marcos 15,40-41 se habla de las mujeres que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea y de otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén. En este Evangelio se agrega otro nombre: Salomé.
-En Mateo 27,55-56 se habla de muchas mujeres: aquéllas que le habían seguido desde Galilea para servirle, y a la madre de los hijos de Zebedeo. Aquí no a aparece Salomé, como en Marcos.
-En Juan 19,25 se habla de su madre, de la hermana de su madre, de María, la de Cleofás, como de otras mujeres más; una de ellas, con nombre propio, que se suman a las mencionadas. María Magdalena aparece, sin excepción, en los cuatro Evangelios.
-Hay más pasajes del Evangelio donde se habla de la relación cercana y afectuosa de Jesús con las mujeres, como cuando llora con Marta y María la muerte de su hermano Lázaro.
-En otros escritos del Nuevo Testamento se mencionan: Priscila, Febe, Junia, Cloe, Ninfa, Lidia, Tabita, que en aquel contesto es muy significativo.
A pesar de que el comportamiento de Jesús con las mujeres fue tan claro y decidido a su favor y la inclusión de las mujeres en la misión primigenia de la Iglesia, a partir de comienzos del siglo IV, el patriarcalismo primitivo renació tan de lleno, en el fondo y en la forma, en el seno de la Iglesia, que esta se fue escorando cada vez más hacia el machismo a medida que fue adquiriendo poder e influencia en la sociedad, de tal manera que el ADN del poder y del dinero se fue adueñando cada vez más de la Iglesia Oficial, no en la Iglesia pueblo de Dios, sino en su Jerarquía, sobre todo en los Obispos, pasando de ser una Iglesia Comunidad de Creyentes a una Iglesia Institución, androcéntrica, piramidal, asimétrica y elitista, donde el poder va de arriba abajo, como en una dictadura, y el que se mueve queda excluido, no sale en la foto.
Los primeros cristianos llamaban poderosamente la atención, en un mundo lleno de violencia y de profundas desigualdades sociales marcadas por la esclavitud como sistema social de vida y la opresión total de los pobres, sencillamente porque se amaban unos a otros: “mirad cómo se aman”. Los dirigentes-coordinadores de la Comunidad no se distinguían por ningún signo externo como vestimenta, honores, reverencias, lugares destacados, primacías, asientos relevantes, etc. que los distinguiera del resto de la Comunidad: no había rastro de clericalismo, porque no había clero. Pero entre los siglos IV y VI aparece el clero, es decir, personas con un cargo ligado a un beneficio. como casta separada del grueso de los fieles, encargada de la dirección de la comunidad, y con ello vuelve el androcentrismo, el clasismo, la asimetría, la desigualdad, los honores y los cargos para los de arriba y las cargas para los de abajo.
Posteriormente se fue creando la lista de los santos oficiales, mediante su canonización, cada vez más elitista a imagen y semejanza de quien la elaboraba, los varones, con lo que la presencia de mujeres en ella es mínima, de tal manera que el 75 % los santos oficiales son varones, y de las santas oficiales, las menos representadas son las mujeres que estuvieron casadas de por vida, es decir, que no se hicieron monjas, lo que demuestra que, si ser mujer representa ya una desventaja, ser mujer sexualmente activa hace casi imposible la idea de encarnar lo sagrado y ser canonizada, y las pocas excepciones que conocemos a esta regla son reinas o mujeres próximas a la realeza. La historia de la santidad de las mujeres ha sido en gran parte borrada de la memoria colectiva de la Iglesia. Esta ausencia debe reconocerse, echarse en falta, criticarse y corregirse. No es simplemente cuestión de añadir algunas. El reto es remodelar la memoria de la Iglesia, reclamando una participación paritaria para las mujeres, al mismo nivel y con las mismas funciones que los hombres y de esa manera transformar la Iglesia en una Comunidad de creyentes todos iguales, al servicio de la humanidad con una misión común: la liberación de toda la humanidad y toda la creación para que se cumpla el compromiso de Jesús: “Yo he venido para que todos tengan vida y vida en abundancia. (Reflexión y Liberación, 30/12/18).
Por todo lo dicho está claro que la exclusión de las mujeres del ministerio ordenado no responde a razones bíblicas, teológicas o históricas, sino que es el resultado de la pervivencia del patriarcado y la misoginia instalados en la cúpula del poder (aunque Francisco esté luchando por ser una excepción) y en la organización de las instituciones religiosas eclesiásticas.
En consecuencia, «valoramos positivamente el encuentro fecundo entre feminismo y cristianismo, que ha provocado la rebelión de las mujeres contra el sistema patriarcal y el nacimiento de la teología feminista, que reconoce el protagonismo de las mujeres en el movimiento de Jesús, entendido como movimiento liberador integral. Se abre pues una puerta al ministerio femenino, una puerta que hasta ahora parecía definitivamente cerrada. Confiamos que esta apertura pueda conducir a los demás ministerios femeninos en la Iglesia. Esto nos daría una imagen de Iglesia más fraterna y solidaria, menos jerárquica, menos hierática y poderosa, más humana, más acogedora y tierna, más alegre y sencilla, más cercana al pueblo y a los pobres”.
La mujer y el Papa Francisco.-“La iglesia no puede ser ella misma sin la mujer. Es necesario ampliar los espacios para una presencia más incisiva en la Iglesia. En los lugares donde se toman decisiones importantes es necesario el genio femenino”. “Me preocupa que en la propia Iglesia, el papel de servicio al que todo cristiano está llamado, se deslice, en el caso de la mujer, algunas veces, más hacia papeles de servidumbre que de verdadero servicio”. El Papa pide no reducir a mujeres y laicos a «siervos” de nuestro recalcitrante clericalismo.
El hermano Francisco dejó los palacios apostólicos y se fue a Santa Marta, pero el ADN del 99 por ciento de los Obispos sigue en los palacios episcopales.
Amigos Reyes Magos: por favor, traed para las mujeres el reconocimiento de su dignidad, en paridad de igualdad con los hombres en la Sociedad, en la Iglesia y en todas las religiones: y que esa dignidad sea plena como un bien inmenso para todas las mujeres, para todos los hombres y para toda la creación. Traedle a esta Iglesia el gran regalo de la reconversión total hacia la fidelidad absoluta al Evangelio de Jesucristo en todas sus dimensiones, con predilección por los más pobres de los pobres, que son las mujeres y las niñas.
Así, pues, hoy un abrazo muy especial e inmenso para todas ellas, que son las primeras cuidadoras que hemos tenido en nuestra vida, ya antes de ver la luz del hermano sol.-Faustino

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