La Actualidad Del Lenguaje Profético Como Forma De Protesta Contra Los Sistemas Neoliberales


enero 11, 2019

Para Jung Mo Sung quien me enseño el camino de la resistencia 
De los cinco continentes que componen nuestro mundo, al menos dos siguen siendo parte del retraso económico y social en nuestros días. África y América Latina son parte de una larga crisis económica. Crisis, que tuvo su punto de partida en la colonización de nuestro continente. Las monarquías Europeas no se cansaron de saquear el continente, la industrialización burguesa no tuvo reparo en usar a la religión como método hermenéutico para someter a nuestros ancestros. 

Mi intención en esta entrada, no es hacer un revisionismo histórico sobre cómo las monarquías usaron la religión para explotar nuestro continente. Tampoco es mi intención, culpar de la pobreza de nuestro continente a esas monarquías. Aunque es innegable que tuvieron la culpa. Mi intención, es mirar la forma en cómo los profetas del Antiguo Testamento usaron la imaginación para expresar mediante cierto tipo de lenguaje, su protesta contra la injusticia y el despojo. Además, intentaré ver de qué manera podemos emplear ese lenguaje, el lenguaje profético, como medio de protesta y resistencia usado en contra de los sistemas neoliberales de las democracias latinoamericanas.

Si bien, una crisis económica forma parte de un ciclo económico, del que, con una política llena de justicia social, se puede salir adelante, latinoamérica ha sido la excepción. Los modelos y las teorías económicas traídos de otros continentes, no se han adecuado a los problemas de retraso social, económico y educativo que tenemos los latinos. La peor consecuencia que sistemas económicos como el liberalismo y su heredero han traído a nuestros países ha sido el desequilibrio social. Este desequilibrio, además de hambre y miseria, también ha traído violencia. El ejemplo más notable son las guerrillas que se han formado como medio de lucha contra la explotación. 

 Desde una perspectiva teológica, cómo podríamos hacer una crítica a las políticas neoliberales que han empobrecido a nuestros países. Nuestra época, marcada por la globalización, ya no depende tanto de una crítica económica a un país o sociedad, sino a las instituciones que rigen las políticas de esos países. Esos organismos, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, surgieron de la necesidad de proporcionar ayuda a los países en vías de desarrollo. Estos organismos, supervisan y asesoran las políticas de sus países miembros para el correcto desarrollo de sus economías. Además, ofrecen préstamos y ayudas a los países que necesitan financiación para su crecimiento, sin embargo, toda esta ayuda no es desinteresada. En el discurso político, el propósito conmueve, pero en la práctica, la realidad ha demostrado lo contrario. Tales organismos, influyen en las políticas económicas de cada país, imponiendo no solo logros y metas, sino deudas incapaces de pagar que permitirán una forma de intervencionismo, con un costo desastroso para la sociedad que acuda a ellos. 

Latinoamérica ha sido el botín de organismos como el FMI. El imperio del norte, por medio de este organismo, ha impuesto modelos neoliberales y gobiernos títeres, que bajo el ojo orweliano del Imperio ha simulado tener democracias representativas. ¿Representativas de qué? De una élite oligárquica que tiene como dios al mercado (Sung) y como evangelistas a sus oligarcas. Sin embargo, el neoliberalismo que predica esta oligarquía se olvidó de su bien más preciado, la justicia. Todo sistema económico, de derecha o izquierda, capitalismo o socialismo, está sustentado en la justicia. Si, ninguno de los dos sistemas cumple con el propósito para el cual fue creado, entonces hay que someterlo a crítica.  

El sistema capitalista se supone Cristiano. Por lo tanto, como Cristiano que es, requiere un conocimiento teológico, es decir, el conocimiento de Dios. En este sentido, ya hubo un intento por alzar una voz crítica en contra del capitalismo, esa voz es la teología de la liberación. La teología de la liberación es una forma especial de conocer a Dios. ¿Por qué decimos que es especial? Porque para ella, conocimiento es sinónimo de justicia. Y la justicia según la palabra hablada por Jesús no es retributiva, sino es restauradora. Es decir, no existe una economía de intercambio, sino por el contrario, ofrece dignidad y amor al necesitado. 

Es precisamente en este punto, en donde el lenguaje profético del AT nos ofrece una opción para la denuncia, primero del Capitalismo explotador y carente de justicia, y segundo, de los organismos como el FMI que sirven como vehículos de coerción y adoctrinamiento de las masas empobrecidas. El lenguaje profético de la manera como fue usado por los profetas Judíos, es combativo y denuncia la deformación de la imagen de Dios (idolatría)

El sistema capitalista, en su idealización de lo individual ha desviado la justicia reservada para el pobre y necesitado. Al igual que un ídolo, se ha alimentado de la sangre de los pobres que han sido el sacrificio ofrecido para saciar su sed de sangre. La ambición desmedida, el poder, el lujo y la opulencia son los totems que el sistema capitalista ofrece a cambio de adoración. Solo la voz del profeta Cristiano es la autorizada para denunciar a este ídolo. El problema es que el lenguaje profético usado por el teólogo Cristiano, tiene tres limitaciones según Jung Mo Sung: 

  1. Hacer justicia es restablecer el orden violentado. ¿Puede el sistema capitalista restablecer este orden? 
  2. Si el sistema capitalista puede restablecer el orden de la justicia, entonces está justificado.
  3. Efectivamente, el sistema capitalista es capaz de ser justo con los pobres. Por lo tanto, como en el libro de Apocalipsis, este sistema además se convierte en la bestia que ha de ser combatida.

¿Cómo combatir al sistema capitalista, imagen de una bestia apocalíptica?
    La historia del Antiguo Testamento, es una historia de implementación y uso de lenguaje profético. El Pacto entre Yahvé y los Israelitas no es símbolo de piedad, sino es imagen de  resistencia. Yahvé es el Rey justo que dio y repartió la tierra a Israel, su pueblo. El propósito de esta entrega es que el pueblo debería ser administrador de la tierra, por medio de la agricultura, el pueblo debería subsistir y compartir el fruto de su trabajo en una comunidad entre iguales, una sociedad sin castas, teocrática. El rey de Israel como imagen de Yahvé, debería repartir equitativamente el tributo proporcionado por el pueblo y ser justo. El rey y el pueblo fijaban el precio de mercado. 

Si el rey de Israel  se desviaba de sus funciones, la figura del profeta surgía como contrapeso para evitar injusticias. El profeta, haciendo uso de su imaginación usaba lenguaje profético para propiciar la conversión del rey, lo mismo hacía el profeta para con el pueblo cuando éste practicaba el ritual del culto sin justicia. 

La misma relación entre el rey y el profeta o el profeta y el pueblo, puede servir de paralelo para la crítica de nuestro  sistema económico moderno. Entonces, el sistema capitalista es la imagen idolátrica de la bestia, y las instituciones de crédito su evangelista quien porta la Buena Nueva. La Buena Nueva es el progreso de la humanidad. El progreso justifica el préstamo monetario necesario para que un país salga de su atraso, pero tal préstamo genera intereses, impagables en la mayoría de los casos. La deuda generada por el interés invita a que organismos como el FMI intervenga en la política económica de un país, dictando la forma en que ha de manejar su justicia social. Así es como el sistema capitalista se ha auto divinizado, usando el desarrollo económico.

¿Cuál es el costo del desarrollo? El costo es un continente polarizado, en donde unos cuantos concentran todo el poder económico y político, mientras que las masas obreras y campesinas siguen siendo explotadas, migrando de un país a otro, o intentado llegar al imperio norteamericano para vivir el sueño americano. El engaño provocado por la imagen idolátrica de la bestia, no permite ninguna posibilidad de liberarse, es tan brutal que las masas y la pequeña burguesía compuesta por profesionistas y comerciantes, no pueden darse cuenta de la lógica del ídolo al que adoran. 

Conclusión
La idolatría tiene muchas formas, es como el dios Jano. A través del AT podemos ver como Dios de continuo liberaba a su pueblo del imperio opresor. Una de las formas de cómo Yahvé liberaba a Israel era por medio de la oración piadosa de un representante del pueblo. Sin embargo, tal medio de liberación carece de sentido dialéctico. Implica una visión mágica de Yahvé y por ende el pueblo pierde el sentido de su papel como sujeto histórico. 

El desarrollo del materialismo dialéctico de la historia implica praxis. Pero para una praxis correcta es necesaria una teoría. El profetismo israelita estructuró un lenguaje lleno de conciencia social, tal lenguaje profético podríamos decir que es la teoría. La teoría profética tiene la particularidad de ser denuncia y combate al mismo tiempo, ahí radica su importancia y su discurso. 

Marx dijo: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”. Los profetas de Israel y su lenguaje transformaron el mundo de su época, denunciaron la injusticia y combatieron la hipocresía, tanto de un régimen despótico propio o de un imperio que los oprimía. 

Hoy en día, el nuevo imperio ha erigido al dios mercado como el nuevo ídolo de la humanidad. Un ídolo que exige sacrificios por parte de las masas más desfavorecidas, es decir, de los pobres. Obreros, campesinos, amas de casa, y estudiantes siguen siendo sacrificados en el altar de la religión sacrificial. El imperio por medio de su Buena Nueva, es decir, el neoliberalismo, los esclaviza.

La labor de la teología Cristiana traducida en la teología política, no debe obedecer solo a los cánones de la erudición bíblica y al pietismo paralizante. La teología Cristiana al usar lenguaje profético, también debe superar la teología de la liberación, debe ser capaz de integrar en su lenguaje la imaginación profética, el materialismo histórico y la hermenéutica de la combatividad sin optar por la violencia. El predicador moderno, debe ser sujeto a la hermenéutica. No se trata de un Logos abstracto, sino también de la estructuración de un lenguaje que guíe a la práctica de la teología Cristiana. Porque el cristianismo del siglo XXI también tendrá que ser profético y liberador de sus pueblos.

http://lateologiasalealascalles.blogspot.com/2019/01/la-actualidad-del-lenguaje-profetico.html

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